II

— Te estaba esperando.

Merlín se dio la vuelta. Allí se alzaba una figura enfundada en una caperuza gris que le cubría cuerpo y rostro.

— Por algo me llamaste—respondió la figura. Esta se quitó la capucha, dejando ver su rostro.

— Llegaste algo tarde—reprochó Merlín.

— No especificaste cuando debía de venir. Vine cuando creía que debía venir.

Merlín soltó una risa irónica.

— Tan soberbia como siempre. Por favor, pasa.

Morgana permaneció en su sitio, con la cabeza en alto. Poco quedaba ya de aquella joven Ravenclaw de rostro sonrosado y de mirada inocente. Ahora, tenía las mejillas hundidas, los ojos caídos y unas enormes ojeras que los acompañaban, a pesar de solo rozar la veintena. Su pelo antes largo se lo había cortado justo por debajo de las orejas, pues solo le era una molestia.

Merlín se acercó a ella y le levantó delicadamente la barbilla. Morgana apartó el rostro.

El muchacho sonrió y se apartó de ella. Se asomó a la ventana, a observas como la tormenta empeoraba y los rayos comenzaban.

— Quítate la capucha, por favor. Quiero verte el rostro.

Se giró, a la par de Morgana dejaba ver su cara.

— ¿Podemos terminar esto ya?

Merlín le dirigió otra sonrisa pícara. Pasó de largo de Morgana y se acercó al caldero.

— ¿Qué es eso?—preguntó Morgana, como la niña caprichosa e insolente que era.

— Acércate, si quieres saberlo.

Morgana se acercó, suspicaz.

— Es…—asombrada, La Fey retrocedió nada más saber qué poción era.

— Sí, lo es—afirmó Merlín.

— ¿Por qué la has preparado?—cuestionó Morgana, casi acusándolo.

— Bueno, a veces los humanos hacemos actos sin motivo alguno, ¿sabes?

Morgana soltó una carcajada irónica, recorriendo el cuarto con la mirada.

—Oh, Merlín, te quejas de mi soberbia, pero tú no eres más que un presuntuoso con aires de grandeza cuando solo eres un simple villano*

— Si mal no lo recuerdo, Morgana, tú también**—Morgana se sonrojó—. Además, seré un plebeyo y un arrogante, pero vivo en un castillo y soy una de las pocas personas en las que confía nuestro rey. Y soy feliz. Pero en cambio, ¿tú que tienes?

— Lo necesario—respondió—. Pero no estoy aquí para hablar de nosotros, Merlín. Estoy aquí para acabar con esto de una vez.

— Como desees—replicó el muchacho. Desenfundó su varita al mismo tiempo que Morgana. Se puso en guardia.

— ¿A muerte?—preguntó La Fey.

— A muerte—respondió Merlín, permitiéndose un segundo para pensar de cómo habían llegado a esa situación, partiendo de aquellos veranos que estudiaban juntos en los lugares más recónditos del castillo…


— ¡No me sale! ¡Es imposible!—se quejó Morgana, y se tumbó en el suelo con los brazos en la cabeza. Era un verano frío en el Castillo de Uther Pendragon. Morgana y Merlín se encontraban juntos en la cocina de los criados, estudiando para estar lo mejor preparados posibles para el ÉXTASIS que se desarrollarían el próximo curso.

— Solo tiene que intentarlo una vez más, mi señora. Casi lo tiene—por aquel entonces, Merlín trataba a Morgana tal y como una princesa lo merecía. El contacto entre ellos era mínimo y Merlín bajaba la vista cada vez que ella lo miraba. Morgana se quejaba de ello frecuentemente: su compañero mago era un gran amigo y detestaba no poder nunca mirarle a los ojos.

— ¿Cómo va la poción?—preguntó la joven, cambiando de tema.

Merlín se acercó al enorme caldero que a pocos metros yacía. Estaba llena de una poción muy familiar que todo mago preciado debería de escribir.

Armotentia.

— Bien—respondió Merlín.

Morgana se acercó por detrás a comprobarlo.

— Sí, es verdad—casi no lo tocó, pero Merlín sintió como cada músculo de su cuerpo se tensaba con tan solo el roce de los dedos de Morgana—. Huele bien.

— Huele a lo que te atrae—comentó Merlín, girándose. Se encontró con el rostro de Morgana a centímetros del suyo. Tragó saliva.

— ¿Tú que hueles?—preguntó la muchacha, en un susurro apenas audible. Su mirada pasaba de sus ojos a sus labios cada poco, y su boca se curvaba en una sonrisa pícara.

Merlín entonces se fijó en que Morgana tenía pecas alrededor de la nariz, casi invisibles, pero no por eso menos adorables. Había una pequeña niña que vendía naranjas en la esquina que tenía toda la cara cubierta de ellas. Era imposible no reconocerla: era una ricura de niña con un aspecto muy peculiar. Y, al igual que Morgana, tenía una sonrisa para todo el mundo.

El chico se apartó de Morgana y fingió oler el caldero. Pero él ya sabía a que olía.

A naranjas.

— Nada reconocible, la verdad—comentó Merlín, y su compañera se encogió de hombros.

— Bueno, sigamos estudiando. Este año quiero ser Premio Anual.

Merlín sonrió, y se sentó junto a la joven.


*Con villano me refiero a "Antiguamente, [vecino] de una villa o aldea, frente al noble o hidalgo"

** La historia de Merlín y Morgana es larga y escribiré sobre ella. Pero, si hace el fic incomprensible, lo aclararé en mi perfil. Solo necesito un PM

Nota: Básicamente no he tenido tiempo de revisar el capítulo( de hecho, como notaran, es bastante más corto que el primero), pero espero que esté bien. Si ven algún error, háganmelo saber, por favor.

Gracias por leer,

Besos,

Liz

P.D: ¿Me dejan un review? Son gratis ;)