Capítulo 2

-¡Riiiiinnnngggggg!, el timbre del teléfono lo sacó de su sueño. Se había quedado dormido en el sofá, con el portátil sobre las piernas, mientras intentaba escribir un poco.

-Diga – contestó con voz somnolienta.

-¿Señor Castle? – preguntó una voz de hombre que le resultaba familiar, pero que en ese momento era incapaz de relacionar con nadie – soy Brian de "The Old Haunt".

-¿Brian? – preguntó intentando espabilarse - ¿ha ocurrido algo?

-Bueno, no sabía a quien llamar, pero la inspectora Beckett está aquí.

-¿Beckett?, ¿ahí? – preguntó sorprendido.

-Si señor, vino anoche preguntando por usted, y al no encontrarlo se quedó a tomar una copa y… creo que debería venir.

-¿Ir allí?, ¿pero está sola? – pensando que quizás había ido con Josh a tomar esa copa.

-Si, está sola, y no se encuentra muy bien.

-¿Está enferma?, ¿le ha pasado algo? – preguntó preocupado.

-Bueno podríamos decir que se siente un poco indispuesta – dijo evasivamente Brian.

-Pero, ¿qué le ha pasado? – preguntó Castle intentando despejar su mente.

-Le ha pasado una cerveza, varios chupitos de tequila y algo más de media botella de vodka.

-¿Me estás diciendo que está borracha? – preguntó un Castle ya bastante espabilado.

-Sí señor, como una cuba. Quiere irse y he tenido que esconderle las llaves del coche, porque se empeña en conducir hasta su casa, y no creo que esté en condiciones.

-No la dejes irse, me visto y voy enseguida para allá. Muchas gracias Brian.

-A usted señor Castle, haré lo posible por que no se vaya.

Castle subió rápidamente a su habitación, se cambió el pantalón de chándal que se había puesto para estar por casa, por unos vaqueros, se puso una sudadera y una chaqueta y cogió las llaves del coche. Al bajar a la calle vio pasar un taxi libre, así que decidió cogerlo y no entretenerse en sacar el coche del garaje.

Cuando llegó al bar, este estaba ya cerrado, así que llamó y Brian le abrió. Becket estaba allí sentada en la barra, con una botella delante.

-Pero, ¿cómo no has dejado de darle de beber, hombre?

-Me amenazó con tirarme, una botella a la cabeza, luego con detenerme, dispararme y destrozar el bar – contestó el camarero encogiéndose de hombros, y luego bajando la voz, para que ella no le oyese – pero ya hace un rato que le estoy aguando la bebida.

Castle se acercó a la barra y preguntó lo que era obvio:

-¿Becket?

-¡Hola Castle!, ¿dónde estabas que no te he visto? – contestó con voz pastosa debido al exceso de alcohol.

-Pues en casa, ¿dónde iba a estar? Son las dos de la mañana, ¿no se supone que tenías una velada con Josh?

-Ni me hables de ese – respondió enfadada – después de lo de hoy no quiero volver a verlo en mi vida.

-Pero, ¿qué ha pasado? – preguntó intrigado.

-No quiero hablar de ese – dijo con voz gangosa y tono despectivo - ya me iba, pero este tipo – señalando al camarero – no me deja, y ahora que has venido nos podemos tomar una copa.

-De eso nada inspectora – respondió Castle con voz firme – ahora mismo nos vamos a casa.

-¿A la tuya o a la mía? – contestó ella con voz que trataba de ser insinuante, pero que con la borrachera que llevaba le quedó de lo más cómica.

-¿Me está haciendo una proposición, detective? – preguntó Castle con burla y sin poder disimular la sonrisa.

-Si, chico escritor, una proposición deshonesta, jejeje, pero antes, esto se merece una celebración.

Y sin darle tiempo a reaccionar ni a él ni al camarero, cogió una botella de whisky que Brian estaba limpiando para poner en su sitio y se bebió un gran trago.

-¡Eh, eh, para ya!, ¿es que quieres que te de un coma etílico? – Castle intentó quitarle la botella, pero ella a pesar de su embriaguez lo esquivó y volvió a darle un gran buche a la botella.

-¿Es que no quieres tomarte ni una copita conmigo?, ¿Ya no te gusto?, porque yo te gusto, ¿verdad Castle?, aunque solo sea un poquito – le preguntó Becket entre hipidos y con voz lastimera.

-¡Hey, no irás a ponerte a llorar ahora! – le dijo él, pensando que iba a tener una borrachera llorona - ¡ver llorar a la implacable inspectora Becket!, ¿sabes que voy a poder chantajearte por esto una temporada?

Pero ella ni lo había oído, iba a lo suyo, así que siguió hablando con voz pastosa y entrecortada.

-¿Por qué no te quieres tomar una copa conmigo, Castle?, claro siempre te trato tan mal que te has cansado de aguantarme y ya no te gusto nada, si yo lo sabía, que llegaría un momento que te cansarías de mí, pero no volverás a irte ¿verdad?, porque yo pensé que no me iba a afectar, pero sí que me afectó que te fueras con Gina a Los Hamptons, y aunque quería disimularlo, me puse muy contenta cuando volviste y ¿sabes qué?, en realidad en el primer caso que resolvimos después de tu vuelta, en el que asesinaron a tu amiga la escultora, ese de las falsificaciones, yo averigüe antes que tú de que se trataba, jejeje, pero no dije nada porque quería que volvieras a trabajar conmigo y …

-Tú no me tratas mal, es que yo soy un poco pesado, que siempre me lo dice mi madre. Oye, ¿de verdad no te apetece que te lleve a casa? – dijo Castle tratando de intervenir en el monólogo etílico de Becket, y bastante sorprendido por la confesión de esta sobre su viaje a Los Hamptons, pero esta no le hizo caso y siguió a lo suyo.

-Es que tú eres mi mejor amigo, bueno y Lanie también, y claro Ryan y Esposito, yo sé que ellos harían cualquier cosa por mí, pero tú eres el que siempre está ahí y nunca me hubieras hecho lo que me ha hecho Josh, ese imbécil, tu jamás me hubieras hecho eso, porque tú eres mi amigo, no solo mi amigo, sino mi mejor amigo…

-Si eso ya lo has dicho antes, pero… - Castle no sabía cómo cortar la perorata de Becket – anda déjame llevarte a casa.

-¡Qué no quiero ir a mi casa!, ¿no entiendes que no quiero verlo? – respondió ella – nos tomamos la última aquí y luego vamos a tu casa, ¿vale?

-Pero ¿se puede saber porque no quieres ir a tu casa?, ¿eh?, ¿qué es lo que te ha hecho Josh, que te ha molestado tanto y que no quieres verlo? – preguntó Castle muerto de la curiosidad.

-A él no voy a volver a verlo, lo eché, lo que no quiero ni ver es lo que ha hecho en mi casa – comentó ella entre hipidos.

-¿Ha convertido tu cocina en un quirófano?, o acaso ¿ha transformado tu salón en una sala de urgencias?

-No, no seas bobo, ha sido mucho peor que eso, ha sido horrible.

-Peor que eso, no sé déjame pensar, ¿roba cadáveres para experimentar con ellos?

-No, claro que no, eso quien lo hace es Lanie.

-¿Lanie roba cadáveres? – pregunta sorprendido Castle.

-No, pero experimenta con ellos y les hace cosas raras.

-Bueno creo que esas cosas raras que dices se llaman autopsias y creo que ya es hora de que nos marchemos. Brian – dijo dirigiéndose al camarero – dame las llaves del coche que nos vamos.

-¡Pues vas a irte solo, porque yo de aquí no me muevo! – exclamó Becket. Ya te he dicho que no quiero irme.

En vista de que aquello iba para largo y viendo la cara de cansancio del camarero Castle le dijo a éste:

-No te preocupes, Brian, yo me quedo y cierro, ya veo que está todo recogido, déjame la copia de las llaves para que mañana puedas abrir.

-Gracias señor Castle, la verdad es que estoy cansado, tome, aquí están las llaves del coche – dijo Brian sacando éstas de debajo de la barra.

Pero antes de que Castle pudiera cogerlas, Becket se le adelantó y las cogió ella.

-Es mi coche, así que yo conduzco.

-¡De eso nada!, ¿quieres que nos matemos? – esta vez conduzco yo.

-¡Que no, que lo llevo yo!

Brian miraba entre divertido y sorprendido el forcejeo entre los dos, que terminó cuando Becket revoleó las llaves y estas fueron a parar justo debajo del piano. Brian no pudo evitar poner expresión de fastidio, era lo que le faltaba, ya estaba un poco harto de aquella policía y de lo que menos tenía ganas ahora era de ponerse a buscar las llaves.

Castle que lo vio le dijo:

-Déjalo, ya mañana buscas las llaves, no te preocupes nos iremos en un taxi.

-Gracias señor y que le sea leve – dijo mirando a Becket.

Castle acompañó al camarero hasta la puerta para volver a cerrar y cuando volvió vio que Becket no estaba ya sentada en el taburete, estaba detrás de la barra sacando botellas y mezclando cantidades indecentes de alcohol en una coctelera.

-Vamos Castle, ven que te invito a una copa, yo misma te la estoy preparando.

-Definitivamente tú lo que quieres es matarme con esa mezcla explosiva. Si me tomo un solo trago de eso mi hígado explotará como una granada de mano.

-Es verdad, gracias por recordarme que lo que me falta es jugo de granada para completar mi cóctel – dijo Becket que seguía a lo suyo.

-Un cóctel molotov va a ser eso, como sigas echándole alcohol, ¡quieres parar ya!

-Toma – dijo sirviéndole una copa – vamos a brindar por el fin de una relación ¡chin chin! – dijo mientras se bebía la copa que se había servido - ¿tú no bebes Castle?

-¿Beberme eso?, ni que estuviera loco, prefiero beberme un tarro de colonia, seguro que me hace menos daño al hígado. ¿Vas a contarme que te ha pasado? – preguntó Castle dudando si ella sería capaz de decir algo coherente en ese momento.

-Me dijo que estaba mal y lo ha quitado todo, todo – gimoteó ella.

-¿Qué estaba mal y qué es lo que ha quitado?

-Todo, las fotos, los recortes de prensa, las pistas, las notas, todo lo que tenía recopilado sobre el caso de mi madre, todo.

-Pero ¿así por las buenas? – preguntó él imaginando lo que habría supuesto eso para ella.

-No lo sé, dijo que necesitaba un psicólogo, que eso no era normal. Debe pensar que estoy loca – dijo mientras las lágrimas empezaban a caerle por las mejillas.

Verla llorar así y ver de primera mano el estado en que ella se encontraba a causa de ese cretino le partió el corazón, así que se acercó a ella y la abrazó.

-¿Sabes lo que vamos a hacer? – preguntó él cariñosamente.

Ella se refugió en sus brazos aspirando su olor.

-¡Hummm..., qué bien hueles! – exclamó.

-Pues tú precisamente no hueles muy bien que digamos, pareces una destilería ambulante.

-Me gusta la colonia que usas, siempre me ha gustado – y malinterpretando su abrazo y su pregunta, debido al exceso de alcohol en la sangre empezó a darle besitos en el cuello, mientras bajaba las manos y le acariciaba la espalda.

-Pero, ¿qué haces?... no, no vayas por ahí, no Becket – no pudo evitar gemir cuando la boca de ella chupó y mordisqueó el lóbulo de su oreja a la vez que le metía las manos por debajo de la camisa y le acariciaba el torso y la espalda.

-Pero ¿por qué no?, somos adultos y yo te necesito – gimió ella antes de dirigir sus labios a su boca y empezar a besarlo con desespero a la vez que tomaba las manos de él y las colocaba sobre sus pechos, y ella empezaba a forcejear con la hebilla del cinturón de sus pantalones.

-No, Becket, Kate, así no, no estás bien, esta no eres tú – dijo mientras le quitaba las manos de sus pantalones y la apartaba.

-Pero ¿es que no me deseas, Ricky, no quieres hacerme el amor? – otra vez intentó poner un tono de voz sugerente pero no le salió.

-No es eso Kate, ahora no estás en condiciones – le dijo mientras pensaba que hacerle el amor a esa mujer era lo que más deseaba en el mundo.

-¿Entonces? – preguntó volviéndose a echar encima de él e intentando otra vez besarlo.

-¡No, Kate! – exclamó – ¡que no soy de piedra mujer!, además yo te respeto muchísimo.

-Pero es que yo no quiero que me respetes, Ricky – otra vez ese intento de tono sugerente.

-¡Qué no!, que mañana cuando te acuerdes de esto vas a querer matarme si hacemos algo.

-¡Pues tú te lo pierdes! – exclamó ella con tono ofendido – me voy a casa.

Y dando algún que otro tropezón se dirigió hacia la puerta del local. Después de forcejear un rato consiguió abrir el cerrojo y abriendo la puerta salió a la calle. Mientras Castle cerraba, ella se dirigió hasta su coche que estaba aparcado allí cerca, y empezó a buscar las llaves del coche dentro de su bolso.

-Pero ¿no te acuerdas que las tiraste debajo del piano? – preguntó – mira, ahí viene un taxi. ¡TAXI! – gritó a la vez que hacía señas para parar el vehículo.

-Pero yo me quiero ir en mi coche – insistió ella – no puedo dejarlo aquí.

-No te preocupes, mañana venimos a recogerlo, venga móntate en el taxi.

Y a regañadientes y protestando se dejó conducir por él hasta dentro del taxi.

-Anda, dame las llaves de tu casa, que mientras tu duermes yo volveré a poner las fotos y todo lo demás en su lugar.

-Las llaves de casa están en el mismo llavero que las del coche – dijo ella mientras bostezaba y recostaba la cabeza sobre su hombro.

-Entonces ¿adónde vamos amigo?, ¿se han decidido ya? – preguntó el taxista.

-Si, a la calle Broome, esquina con Crosby - dijo dando su propia dirección.

CONTINUARÁ…