SEGUNDO CAPÍTULO

Eran las dos de la mañana y ni Rachel ni Chris habían hecho acto de presencia. Santana ya estaba preocupada y se sentó en el sofá de la sala común a hacer figuras con su varita para entretenerse.

Media hora más tarde entraron ambos con caras totalmente blancas y cansadas.

-Bien me da igual lo cansados que estéis, uno de los dos se va a quedar aquí y va a contarme que es lo que mierdas ha pasado.-

-El lenguaje Santana.- reprendió Rachel.

-¿En serio Rae? ¿Ahora?

-Lo siento San, no estoy para saber lo que está bien o está mal.

-Bien ahora mismo, Chris, tu harás lo que te plazca, pero tú Rachel Berry te vienes conmigo y nos vamos a meter en mi cama y me vas a contar lo que ha pasado, ¿de acuerdo?

-Bien.- dijeron ambos Berry sin tan siquiera discutir.

Chris se despidió de las dos y subió a su habitación, mientras tanto, la latina y la morena se fueron a la suya a cambiarse y a meterse en la cama de Santana.

-Venga derrámalo todo Rae.- pidió la latina.

-Santana estoy cansada, ¿por qué no me despiertas mañana un poco antes y te lo cuento?, ahora probablemente te lo diga todo al revés.

-Bien vale duerme pero no te me escapas Rae lo sabes.

-Lo sé San y no sabes lo mucho que me alegro.

-Vale vale deja todo el sentimentalismo y duerme que mañana no te puedes olvidar del mínimo detalle.

Y así ambas se durmieron hasta las siete en punto que sonó la alarma que Santana había programado.

-Madre mía quién me mandaría a mí poner esa mierda.

-Concuerdo contigo Santana, ¿qué cacharro es ese?- interrogó la más pequeña.

-Es un objeto muggle que mi prima me trajo de Europa, allí lo llaman despertador y ella me juró y perjuró que funcionaba.

-Pues dile que tiene razón pero que se lo puede llevar de vuelta.

-Lo haré pero no te vuelvas a dormir Rachel Berry y dime qué leches ha pasado.

-Eso ni yo lo sé San, lo único que nos dijeron anoche a Chris y a mí fue que debíamos extremar la seguridad al máximo y que en unos pocos días iba a haber una reunión muy importante a la que nos tendríamos que asegurar de que fueran totalmente todos.

-¿En serio?, ¿y tantas horas para eso?- preguntó la latina.

-Pues sí la verdad es que a nosotros casi ni nos miraron pero a Quinn si le estuvieron dando la lata un poco más y antes de que me preguntes no tengo ni idea de por qué.

-Bueno pues ya puede ir abriendo esa boquita que para algo la tiene.

-La verdad es que ayer parecía cansada incluso más que nosotros, asique ten piedad.

-¿Y a ti desde cuando te importa Quinn?- interrogó.

-Desde nunca, sigue siendo igual que siempre, pero me compadezco de la gente ya que a diferencia de ella y de ti tengo sentimientos.

-¿Te recuerdo donde has dormido hoy?

-Eso ni tú sabes de donde salió o ¿me equivoco?

Santana se levantó de la cama sin contestar ya que era cierto, ni ella sabía de donde había salido eso.

Ambas se prepararon para ir a desayunar e ir a clase y se dirigieron hacia el Gran Salón pero por caminos diferentes. Santana se fue en busca de Quinn y Rachel en busca de Kurt y Finn.

Kurt Hummel, mejor amigo de Rachel y estudiante de sexto curso de Gryffindor.

Finn Hudson, hermanastro de Kurt, pareja de Rachel y estudiante de sexto curso de Hufflepuff.

Aunque eran de casas diferentes los desayunos no eran tan estrictos como las comidas y cenas y podían ponerse donde quisieran, por lo tanto, la mayor parte de la gente se sentaban en mesas de casas ajenas.

Hoy Santana se sentó al lado de Quinn.

-Sí que te levantaste pronto hoy que ni te pillé viniendo para aquí.

-Lo sé, la verdad que no dormí muy bien ni mucho asique me vine antes, lo siento Tana.

-Hey, no te preocupes pero me extrañó nada más. Y oye cuéntame que fue todo lo de anoche y lo que te dijeron anda, que Rachel no suelta prenda.

-Buff, no sé Tana, hay cosas que no te puedo contar.

-¿Estás de coña verdad?

-No Tana y créeme te lo quiero contar pero no insistas por favor.

-Bien no insistiré pero solo porque no te quiero dar el coñazo eh.

-Lo sé, eres la mejor Tana.

Y así pasó el desayuno hablando de cosas banales hasta que cada una se fue a la clase que le tocaba.

Santana marchó hacia Pociones mientras que a Quinn le tocaba Aritmancia, clase que compartía con Gryffindor.

La mañana pasó sin ningún incidente, cosa que se agradecía bastante después de lo que había pasado el día anterior. La última clase era Cuidado de criaturas mágicas que compartían Ravenclaw y Slytherin.

A Rachel le encantaba esta clase, le encantaban todos los seres, del tipo que fuesen.

Hagrid empezó su clase mostrándoles una criatura particularmente curiosa. Era una pequeño animal, parecía un gatito tímido y escurridizo, pero con los ojos del mismo color que el fuego.

Y eso era la criatura, un balseig, con forma de felino el cual puede convertirse en una fiera que desprende fuego, pero que a la vez puede llegar a ser una mascota si se entrena bien.

El gatito se quedaba detrás de una roca mientras Hagrid explicaba sus características y lo que podría llegar a hacer. Antes de que acabara de explicarlo, el gatito salió de detrás de la roca y caminó despacio hacia Rachel que lo miraba fijamente a los ojos.

-No te muevas Rachel, no te hará ningún daño.- tranquilizó Hagrid.

Cuando el gato llegó donde Rachel se encontraba, se paró en seco y ladeó la cabeza sin quitar la mirada. Así pasaron unos minutos hasta que el gato valiente frotó su cabeza contra la pierna de la morena ronroneando a lo que la más pequeña se agachó y empezó a acariciar al pequeño gatito.

-Por lo que podéis ver estas criaturas pueden ser amaestradas, cosa que Rachel ha hecho sin tan siquiera saber cómo.

-¿Lo he amaestrado?

-No exactamente pero el principio ha sido excelente. Te propongo una cosa: quédatelo, amaéstralo y entrénalo, y a final del curso si me parece que lo has hecho correctamente, te aprobaré la asignatura.

Todos alrededor de Rachel se quejaron pero el profesor ni se inmutó.

-¿Y bien?, ¿qué dices Rachel?

-Acepto.

Después de comentar a la clase algunos datos más sobre la criatura y algunos trucos sencillos a Rachel, Hagrid dio por terminada la clase, y los alumnos se dirigieron hacia el castillo. Rachel llevaba en brazos a su nuevo amigo el cual no dejaba de jugar con el pelo de la morena.

Por otro lado Quinn adelantó a la pequeña ya que se dirigía a los baños pero esta repentina pasada hizo que el gato se pusiera alerta y tirara de la morena para que siguiera a la rubia.

-Oye, ¿dónde me quieres llevar eh?- cuestionaba al gato la más pequeña.

Y en un descuido de la morena el gato bajó de los brazos de ésta y se fue en dirección a los baños. Rachel corrió detrás del minino y entró a los baños donde la escena que se encontró le pareció muy particular.

Estaba Quinn pegada completamente a la pared mientras que una chica de la casa de Gryffindor la miraba fijamente. Quinn estaba paralizada y no decía nada al igual que la chica. El único ruido que se escuchó fue el maullido que el gatito le hizo a Quinn mientras se frotaba por su pierna. Ante esta repentina interrupción, la chica dejó de mirar a Quinn y se fijó en el gato, el cual le echó un bufido y sus ojos empezaron a convertirse en fuego.

Quinn sorprendida acarició al gato entre las orejas e inmediatamente este se calmó. Rachel permanecía en shock por lo que acababa de ver e inmediatamente fue en busca de su gato.

-¿Quinn estás bien?- cuestionó la morena.

-Si claro estoy bien, pero tú chica…

Ambas se giraron para mirarla pero ésta ya se había esfumado.

-Habrá que contárselo a Dumbledore, ¿no?

-No hace falta Rachel, ya bastante tiene el profesor como para darle más.

-Pero Quinn has estado a punto de…- -de nada Rachel, tu gato ha sido mi héroe. Por cierto, no sabía que tenías un gato de mascota. Santana nunca lo comentó.

-Oh ya es que vengo de la clase con Hagrid y esta es mi oportunidad de aprobar la asignatura si lo cuido y entreno bien.

-Vaya eso sí que es una suerte.

-Pues he de reconocerte que sí porque este gatito es un sol.

-Ya lo veo ya.

-Es más él fue el que me trajo hasta aquí y es raro que se acercara a ti, Hagrid nos dijo que para que se encariñe con una persona tiene que pasar un tiempo.

-No sé.

-Bueno pues entonces yo me llevo a mi gatito y nos dirigimos a la biblioteca a ver si encontramos algo de ti eh pequeñín…

Rachel se marchaba hablándole al gato mientras Quinn la veía marchar con cara de embobada. En ese instante entró Santana por la puerta.

-¡Oye rubia!, que te has quedado embobada.

-¿Eh?, no no.

-Sí sí, y ya veo por qué.

Rachel se había parado en medio del pasillo para hablarle al gato y se le escuchaba:

-Oye está muy bien que quieras salvar a la gente pero has de tener cuidado, ¿de acuerdo?, no quiero que te pase nada.

-¿Salvar a la gente?, ¿se puede saber qué ha pasado Q?

-Pues la verdad no lo sé Tana. Una chica muy rara de Gryffindor se me ha quedado mirando fijamente y reconozco que me dejó helada.

-¿Qué raro, no?

-Pues sí pero el pequeño gato de Rachel se puso entre nosotras y la chica se esfumó.

Y mientras ambas hablaban y se marchaban por el pasillo, había un par de ojos que las vigilaban de cerca.