Charles Dickens es considerado uno de los pioneros y grandes impulsores de la novela por entregas que se publicaban quincenal o mensualmente en el siglo XIX. De hecho, solía pasar bastante tiempo con los ilustradores hasta asegurarse que los dibujos se correspondieran fielmente con el ambiente que pretendía describir. Su primera novela por entregas fue Los papeles póstumos del Club Pickwick, publicada de 1837. Salvando las distancias de tiempo, espacio y género, este aspecto le hermana con Rumiko, pues algunas técnicas como la búsqueda del climax constante para garantizar la fidelidad del lector, es común a ambos.

Muchas gracias por leer y comentar. Un saludo especial a Minefine7, L-na012, Faderiana, Akarly, eternalminami y Jacquesita Saotome por interesarse por este corto fic.

Segunda parte: Daños colaterales.

Desde entonces pasaron tres años. El funeral fue doloroso. Todas las imágenes bonitas mías y de Akane, compartiendo próximamente una vida en común fueron reemplazadas por lúgubres recuerdos del maestro. Era tonto, pervertido y egoista pero era mi maestro. El más fuerte de todos. Imposible no respetarle, imposible no quererle. Creo que tardé una semana en pronunciar palabra de nuevo. Y volver a caminar con destreza o respirar aire puro con ganas hasta inflar los pulmones, eso costó mucho más. Al menos tres meses. Peor lo pasó Akane. Al principio no me di cuenta pero también le había afectado. Tanto que de la boda ya ni hablábamos. Mutuo pacto de mudo silencio hasta que el dolor se disipara. Pero el maldito dolor, no cedía. Era un invitado más en el Dojo que parecía que nunca se iría. Era increíble cuánto le queríamos sin darnos cuenta. Creo que fue recién a las cinco semanas que le encaré por fin.

-Oye, Akane. Ya ha pasado algo de tiempo. ¿Te gustaría casarte conmigo antes de fin de año?

-No.

La respuesta fue tan cortante, tan directa, tan monosilábica que ya ni osé preguntar por sus motivaciones. Tan solo me entretuve durante las tres semanas siguientes en estudiar al nuevo ser humano en que se había convertido mi prometida. Fría, sombría, callada. Peor aún, reservada. Imposible saber si odiaba, sufría o le hacía gracia algo. Su misma fórmula de rechazo era una manifestación de intenciones: "no". Simple, corto, frío. Y reservado. ¿No qué? ¿No te gustaría casarte conmigo? ¿No piensas volver a intentarlo conmigo ni con nadie? ¿No lo harás este año? No. No…Desde luego no era mi Akane. Como si se hubiese muerto con el maestro ese mismo día. ¿Por qué le afectaba tanto? Si casi ni le conocía. Si era yo el que había pasado la mayor cantidad de experiencias positivas con él…

Desde entonces me pasé dos meses más, confuso. A veces odiando al viejo demonio por habernos separado otra vez, aunque fuera sin querer. En otras, extrañándole. O simplemente deseando que todo volviera atrás. Al instante en que ingresé por primera vez en el Dojo Tendo. Volver a vivir en aquel bucle infinitio de constante felicidad sin cambios.

Pasados esos dos meses. Volví a juntar las fuerzas necesarias para hablarle. Esta vez no aceptaría un simple "no" por respuesta. Ya bastante tenía con que no me hablara ni en casa ni en el instituto para que encima se burlara así de mis sentimientos. Si no estaba preparada para llorar su muerte conmigo, vale. Lo entendía. A saber cuánto sufrió cuando perdió a su madre. A lo mejor, a Happosai, había llegado a quererle como a un abuelo. Pero por lo menos que me lo dijera. Que me dejara ayudarle. Volver a ser parte de su mundo. Por muy sombrío que fuera. Ese día ni fui al instituto. Tan solo monté guardía junto a su cuarto esperando a que regresera. Cuando finalmente lo hizo, divisé a una mujer normal y corriente, mi Akane, pero envuelta en tal inexpresiva melancolía, que no pude más que olvidar todo el cuidadoso plan de acción y fui al meollo de la cuestión.

-Akane, ¿seguimos siendo prometidos?

-No.

Se giró hacia su cuarto, inexpresiva y gélida. Tan bella como siempre pero sin chispa. La puerta de su cuarto seguía desnuda, sin patito ni adornos. El interior, un misterio. Nadie osaba invadir su intimidad de nuevo.

-Espera -le corté el paso-. Dime, al menos, qué te ocurre.

-¿Para qué quieres casarte con un monstruo? -dejó por fin los odiosos monosílabos-. No seas tonto, Ranma. Búscate a otra prometida. Si Shampoo y Ukyo no siguen disponibles, no desesperes. Pregúntale a tu padre y seguro que se acuerda de alguna otra. Y si no…siempre te quedará Kodachi.

-No tiene gracia, Akane -repuse, nervioso-. Ya da igual si quieres casarte conmigo o no. Dime qué cojones te pasa. ¿Dónde quedó la Akane pletórica de energía y ganas de vivir de la que me enamoré? ¿Qué es eso de que eres un monstruo?

-Lo soy. Déjame.

A continuación me empujó con su habitual violencia. Solo que el contacto con su piel me reveló algo inaudito. Estaba dura y seca. Fría como su estado de ánimo. Y muy fuerte. Es verdad que yo no entrenaba mucho últimamente…para no recordarle…pero aún así. Su fuerza era desproporcionada. Como si me pegara por primera vez con su máxima potencia. Como si algún sello que contenía sus emociones y poder se hubiese roto también. Aquello llegó a enfurecerme -reconozco que fue algo infantil pero vamos, que me escondiera su sentimientos era aceptable, yo también lo hacía pero…¿su verdadero poder? ¿Cuántas veces se había dejado ganar en el pasado? ¿Desde cuándo era más fuerte que yo?

-Espera -volví a cortarle el paso. Esta vez justo antes de que entrara en su habitación-. Si no quieres responder por las buenas, será por las malas. No creas que te tendré compasión por ser mujer.

Akane ni siquiera se puso en guardia. Su rostro seguía igual de impermeable a los sentimientos, igual de indescriptiblemente opaco. Parecía un robot.

-¿No me tendrás compasión? Nunca lo haces, idiota.

Y volvió a golpearme. Esta vez calculé mejor la trayectoria y logré dilucidar el exacto punto de impacto. Su velocidad, indescifrable para mi entonces, ya era otra cosa. Por muy bien que supiera a dónde iba el puño y de de dónde venía, una cosa era saber cómo esquivarle y otra muy distinta, conseguirlo con mis, entonces, movimientos de tortuga. Al final, solo conseguí reducir mínimamente el daño y caer de bruces sobre la puerta. Esta se abrió de golpe y yo, por primera vez en meses caí en su habitación. Todavía estaba vacía.

-¿Qué significa esto, Akane? ¿Y tus cosas? Si ni tu cama veo.

-Duermo en el suelo. No necesito posesiones. Ya te lo he dicho. Soy un monstruo. Ahora vete, no deseo lastimarte más.

-No me iré.

Cómo única respuesta me cayó una lluvia de manotazos y patadas sobre la cabeza y el torso durante unos cuantos minutos más. Tiempo más que aceptable para que de pronto comenzara a ver todo borroso y estuviera a punto de perder el conocimiento. Solo que no lo hice. Su cara por fin mostraba emociones. Lloraba a mares.

-¡Dime qué te pasa! -alcancé a gritar mientras me cubría- ¡Los monstruos no lloran, pechoplano!

Akane cayó a mis pies, exhausta. Normal, si casi no comía. En esas condiciones podría ganarme en fuerza y velocidad pero nunca en resistencia.

Le abracé y susurré.

-¿Vas a decírmelo ahora?

-Ya te lo he dicho tres veces. Soy un monstruo. Solo uno puede desearle la muerte durante toda la noche a un anciano inocente. Y mira por donde, el pobre me ha hecho caso. Es mi culpa. Estaba tan dolida por la boda fallida que me pasé horas imaginando que se moría atragantado por el "sake" que se bebió o ahorcado entre las bragas que se solía robar. Soy mala. Horrible. Pensar esas cosas de un moribundo.

Lloramos juntos. Al rato le miré a los ojos, se los sequé con un pañuelo y le dije:

-No seas, tonta. Tú no sabías que iba a pasar. Y no lo pensabas de verdad. Si no, no estaría sufriendo así ahora. A veces, yo también pienso cosas horribles. ¿Cuántas veces deseé hundirle la cara de un puñetazo a Happosai, mi padre, Ryoga o incluso alguna vez, a ti misma? Es normal. ¿O acaso realmente pretendes hacerme daño cuando me das con el mazo?

-A veces, un poquito.

Akane esbozó una media sonrisa. La primera desde el funeral.

-Lo único monstruoso que has hecho en tu vida, es intentar contener tanta tristeza y sentimiento de culpa tú sola.

Fin del Capítulo 2

Nota final: A partir de mañana la historia entrará de lleno en el argumento navideño. ¡Felices Fiestas!