"Desorden interno"
1.- Dudas.
-Ritsuka!!!- Gritaba una mujer desde la cocina.
-Qué?!?!?!- Le contestaba el aludido desde su habitación.
-Ven a desayunar!!!
-Ya voy!!!
Todas las mañanas iguales.
Sentados en la mesa, tomaban cada quien su desayuno.
-Mamá?- Le llamaba con la boca llena de pan.
-Traga.
-Hoy te toca turno hasta tarde?- Le preguntó luego de tragar lo que tenía en la boca.
-Sí amor.- Le respondió luego de beber de su café.- Por?
-Ah… no nada.- Respondió algo cabizbajo.
Pero en ese momento llamaron a la puerta.
-Yo voy.- Dijo el pequeño de nueve años, saltando de su silla. Ya en la puerta, la abrió.- Sí?
-Buenos días. Aquí vive Sakura Haruno?
-Sí, un momento.- Le contestó sonriente.- Mamá!!! Te buscan!!!
Gracias a los cielos, los vecinos estaban acostumbrados a los gritos y querían mucho a la pelirrosa y a su hijo.
-Sí?- Preguntó al llegar junto a su hijo.
-Haruno-san. Hokage-sama necesita hablar con usted.- Le dijo el ninja de no más de 16 años.
-Gracias. Puedes retirarte.- Le respondió.
Entraron nuevamente a la casa.
-Qué querrá el tío, mamá?. Le preguntó el niño colgándose de su brazo.
-No lo sé amor.- Le respondió dándole un beso en la cabeza.- Será mejor que vayamos. Me acompañas y luego paso a dejarte a la academia?
-Sí!!- Gritó en respuesta el niño.
-Entonces ve y prepara tus cosas mientras recojo la mesa.- Le dijo mientras le empujaba levemente por la espalda.
Sakura ya contaba con 27 años de edad. Luego de saber que estaba embarazada, decidió rechazar la propuesta de Lee, a pesar de que él decía que no importaba que el bebé no fuese suyo. Ella prefirió tener a su hijo por su cuenta. Trabajaba como directora del hospital de la cuidad y en casos especiales, daba clases a los avanzados, acerca de medicina y otras cosas.
Ella, a sus 19 años, fue nombrada Sannin junto con Naruto, por los logros.
-Estoy listo, mamá!- Gritó el niño desde la puerta principal.
-Ya voy.- Le respondió desde la cocina.
Ritsuka era un niño de 9 años. Tenía el cabello negro azabache, la piel blanca como la nieve y lis mismos ojos jade de su madre. Medía 1,45, era uno de los más altos de su promoción. A su corta edad, ya era Gennin y estaba a semanas de dar los exámenes para Chunnin, y había sido enviado a misiones de clase B fuera de la aldea. Traía su venda protectora en la frente.
Caminaban tranquilamente por las calles de Konoha, el día era soleado y estaba fresco, se podía sentir una leve brisa recorrer sus cabellos.
Llegaron a la oficina del Hokage y la llamaron a la puerta.
-Adelante.- Se escuchó desde el interior.
Sakura abrió la puerta y entró antes que el pelinegro. Él la seguía de cerca.
-Hola, Naruto.- Le saludó con una sonrisa en el rostro.
-Cómo estás, Sakura-chan?- Le devolvía la sonrisa. Seguía usando el chan para llamarla.- Cómo estás, Ritsuka-chan?
-Bien, tío… y tú?- Le respondió acercándose al escritorio.
-Bien, gracias.- Le respondió.- Si no me equivoco, Tatsuki te estaba esperando en la academia… no será mejor que vayas?
-Qué?!?!-Se sujetó la cabeza con ambas manos.- Se me olvidó!! Es que me emocioné tanto cuando mamá me ofreció venir… que se me olvidó!
-Pues… será mejor que no la hagas esperar.- Se le acercó su madre por la espalda y colocó sus manos sobre sus hombros.- Vete… yo luego te cuento…
-De acuerdo, mamá…- Se volteó, le besó la mejilla y salió pro la ventana saltando de tejado en tejado.
Tatsuki lo iba a matar, sin duda. No le gustaba que la hicieran esperar.
Luego de unos segundos, pudo divisar a una niña de la misma edad que él, de cabello rubio, ojos plateados y tez pálida. Ella era la hija de Naruto y Hinata. Eran como hermanos. Él pasaba en su casa, y ella en la suya, se conocían desde que tenían memoria y hacían todo juntos.
-Llegas 3 minutos tarde, Ritsuka Haruno.- Dijo de mala gana la niña.
El pequeño temió por su vida. Ella solo le llamaba por su nombre completo cuando estaba realmente enojada.
Sujetó con su pequeño puño, los pantalones verde musgo que hacían juego con su polera negra holgada y de cuello alto.
Ella levaba una polera de un morado pálido, unas calzas negras hasta las rodillas y sobre ella una falda del color. Su cabello le caía lacio hasta la cintura. Ambos portaban en su lugar correspondiente su porta kunai, en la cintura, y el porta shuriken, en el muslo.
-Lo lamento, Tatsuki-chan.- Inclinó un poco la cabeza.
-Ufff… ya ni modo.- Le contestó ella dándole la espalda.- Mejor nos vamos, Jitaku y Kiba-sensei nos están esperando.
-Bien.- Y alcanzó a su compañera en un par de zancadas.
-Para qué me necesitabas, Naruto?- Le preguntó tomando asiento frente al moreno.
-Cómo que para qué?- Le miró con algo de molestia en el rostro.- Hoy es 28…
-Qué?- Le dijo con cara de burla.- Hoy es 27…
-Ja! No me digas que nuevamente estás corrida en los días.- Se burló de ella y le alcanzó un pequeño calendario que tenía sobre el escritorio.- Como sabrás, yo no puedo estar corrido en las fechas, ya que soy Hokage… pero por lo visto… a ti te ocurre con frecuencia.
-Lo olvidé por completo.- Susurró al dejar el calendario luego de corroborar el hecho de que estaba equivocada,
Naruto se levantó de su puesto y se dirigió hacia donde estaba ella sentada. Se agachó hasta quedar a su altura y la abrazó.
-Feliz cumpleaños, Sakura-chan…- Y le besó la frente.
-Gracias, Naruto…- Le respondió suave.
-Hoy vendrás a comer a mi casa, cierto?- Le habló el rubio luego de soltar el agarre y apoyarse en el escritorio frente a ella.- De seguro Hinata te preparará un gran banquete.
-Hmp…-Rió ante el comentario.- Le preguntaré a Ritsuka. Si él dice que sí, de seguro vamos.
-Muy bien…- Y se dirigió a su asiento nuevamente.- Ah… una cosa más…
-Sí?- Ya se había levantado de su asiento.
-Hoy tomate el día libre.- Le decía sin mirarla y cogiendo unos papeles en sus manos.- No le di misión a Ritsu-chan para que estuviera contigo.
-Él te lo pidió?- Sonrió por todo aquello.
-No, no fue él.- Dijo levantando la mirada hacia ella.- Fue Tatsuki… le debía un favor a tu hijo.
Ambos rieron luego de unos segundos de silencio.
Luego de eso, se despidieron y Sakura emprendió camino entre las calles sin rumbo alguno.
Pasó fuera de la florería Yamanaka. Decidió comprar unas flores.
-Sakura-chan.- Le habló la mujer desde el mesón.
-Cómo está Yamanaka-san?- Le dedicó una sonrisa al acercarse.
-Bien, pequeña.- Le correspondió el gesto.- Dime… en qué puedo ayudarte?
-Pues…- Se sonrojó un poco por la actitud de la señora. La conocía desde que conocía a su hija.- Quería un arreglo para mi mesa… algo sencillo.
-Pues…- Se acercó a un estante donde tenía unos preparados para casos rápidos.- Este está ideal.
-Gracias…- Le contestó al recibirlo.- Cuánto es?
-Oh… mi niña.- La mujer se acercó al mesón y colocó las manos dentro de su delantal.- Tómalo como un regalo de cumpleaños.
-Gracias…- Sonrojada, se despidió de la mujer y se dirigió a su hogar.
En el camino, las personas que la conocían, y sabían sobre la fecha, le saludaban y le deseaban un buen día.
Cuando llegó a su hogar, se sentía vacío, el hecho de que su hijo no estuviera en él, era extraño.
El terminaba de entrenar cerca de las 12 del día y después, normalmente tenía misiones o clases en la academia. Decidió que iría por él a esa hora e irían a comer a algún lugar.
.-
Cuando les dieron las 12 de la tarde, su maestro, luego de haberlos sobre explotado todo lo que tenía permitido hacer, les indicó que podían retirarse.
-Ah…uff… estoy muerto…- Dijo su compañero al caer al suelo.
-Ni que lo digas…- Su compañera lo imitó.
-Si no fuese porque mi mamá no llega hasta tarde, ya estaría invitándola a comer a algún sitio.- El tercero ya estaba en el suelo con los otros dos.
-No puedo creer que Kiba-sensei nos hiciera dar 10 vueltas a Konoha y luego ponernos a subir… "arbolitos".- Reprochó el primero.
-Jitaku… por lo menos ahora no tenemos ninguna misión…- Le sonrió como pudo la rubia.
-Sí… gracias Tatsuki.- Le respondió dándole un suave codazo en demostración de cariño.
-Ritsuka?- Le llamó una voz familiar.
El aludido, que sentía que sobraba en el trío, se levantó al instante al sentir su nombre.
-Mamá?- Tenía una ceja alzada.
-Hijo… al fin te encuentro.- Saltó de un árbol con la mayor facilidad del mundo.
-Y tú no que tenías turno hasta tarde?- Si no hubiese sido por el tono de voz, Sakura hubiera jurado que su hijo le estaba reprochando.
-Bueno… si quieres me voy a encerrar a mi oficina.- Dijo eso y después se volteó.
A los pocos segundos, pudo senti1r como unos pequeños, pero trabajados brazos, le rodeaban la cintura por la espalda.
-No, gracias.- Le respondió contra la tela de su chaleco de shinobi.
-Bien.- Y colocó sus manos sobre las pequeñas que le aprisionaban la cintura.- Por qué no vamos a almorzar a algún lugar?
-Sí!- Gritó y la soltó para dar brincos y llegar frente a ella.- Te parece Ichiraku Ramen?
-De nuevo?-Le miró con un poco de fastidio en la mirada.
Él amaba ir a ese lugar,. Ya que su "tío" Naruto siempre le invitaba para que hablaran cosas de hombres.
-Bueno… entonces tú escoges el lugar.- Miró hacia un lado con pesadez y cruzándose de brazos.
-Ichiraku Ramen te parece bien?- Le preguntó al tiempo que le colocaba una mano sobre su cabeza.
-Sí!!!- Le respondió al saltas y colgarse de su cuello. Siempre obtenía lo que quería.
Pasaron la tarde en todos los lugares que se les ocurría.
Llegaron las 7 y 30 de la tarde y decidieron encaminarse a su hogar. Cuando entraron, el pelinegro vio el arreglo de flores.
-Y esas?- Dijo apuntándolas.
-Ah… me las regaló la abuela de Hime- Le contestó dándole un codazo a la altura de las costillas, para lo cual tuvo que agacharse un poco.
-Ah?- Le miró con un leve sonrojo en las mejillas.- Mamá!!!- Le gritó al caer en cuenta de la broma.
-Mi niño ya á creciendo. Si ya tiene novia.- Y para molestarlo más, sacó de su bolsillo un pañuelo y simuló secarse un par de lágrimas.
Ritsuka con solo una mirada, le dio a entender a su madre que no era divertido, y ésta al instante recobró su compostura.
-Bueno…- Se acercó a la puerta de su habitación y continuó.- Arréglate que iremos a cenar a la casa de Naruto y Hinata.
-Sí!- Volvía a dar saltitos de la emoción.-Tía Hinata cocina como los dioses!
-Ja!...- No dijo más y se adentró a su habitación para coger algo de ropa.
No sabía qué ponerse. Sería formal o no?
Buscando entre montonera de tela, encontró un sencillo vestido blanco, era de tirantes con un escote "normal", como le decía ella, ajustado a la cintura y suelto de las caderas hasta las pantorrillas donde terminaba con un bonito bordado de flores de cerezo en su mayor apogeo. Pero se deprimió al recordar que lo tenía desde el matrimonio de Neji y Tenten… de seguro no le entraba ya…
Lo dejó sobre una silla y continuó con su búsqueda.
-Mamá?
-Qué?- Se volteó para ver que su hijo observaba el desorden que ella causaba.
-Qué ocurre?- Nunca había visto a su madre causar tal desorden.
-Es que no sé que ponerme…- Dijo de modo infantil mientras miraba al suelo y jugueteaba con sus dedos.
-Y ese vestido de ahí?- Le indicó el objeto del que hablaba.- Es bonito.
-No creo que me quede…-Dijo mirando la tela blanca y luego a su hijo.- Lo tengo desde que tengo 17…
-No seas tonta… pruébatelo.- Dijo con un deje de aburrimiento.
-A quién llamas tonta?- Se levantó y le apuntó con un dedo amenazadoramente.
-Te dije que no lo fueras, no que lo fueses.- Le respondió serio al tiempo que cerraba los párpados con pesadez y se cruzaba de brazos.
-Ahora veo porqué estás adelantado.- Decía bajito mientras lo miraba por el rabillo del ojo y tomaba la tela entre sus manos.- Te vas a quedar ahí parado mirando como me cambio?
-Qué?-Se había sonrojado.- Claro que no.- Y le dio la espalda y se fue a su habitación.
Luego de reír por lo vergonzoso que podía llegar a ser su querido retoño, tomó la suficiente valentía y se desvistió, para así ponerse el vestido de una buena vez.
Qué diablos! Pero si le quedaba perfecto, mejor que antes! Aunque tenía que admitir, que luego de amamantar a Ritsuka por casi ocho meses, sus pechos estaban mucho más grandes que cuando compró el famoso vestido, así que su cintura se acentuaba más y su escote estaba más voluptuoso.
Se acercó al espejo de cuerpo completo que tenía en su habitación y se miró en él.
Traía unos tacones no muy altos de color blanco. Había decidido dejar su cabello suelto, hasta la cintura, y tan solo lo sujetó por un lado con una traba sencilla; tenía la partidura hecha a un lado, y el lado con menos cabello era el que iba sujeto.
Cuando salió, vio como su hijo tenía un vaso con algo en las manos. Él traía unos pantalones negros de tela algo holgados y una camisa azul marino, la cual iba dentro de sus pantalones, mal puesta, y con los primeros botones sin ser abrochados.
Sakura sonrió al verle. Se sentía tan orgullosa de él cuando se veía así. En realidad… se sentía orgullosa de él por todo lo que hiciera. Hasta por el hecho de que viviera, él era su todo.
El pequeño al voltear, no pudo salir de su asombro. Su madre se veía hermosa.
-Te gusta?- Le preguntó mientras daba una vuelta y le sonreía.
-Te ves preciosa…- Le contestó en voz baja.
-Gracias, mi vida.- Le contestó con voz melosa.- Pero será mejor que nos marchemos si no quieres quedarte sin comida.
Y salieron con rumbo a la residencia Uzumaki, pero algo no le concordaba a la pelirrosa. Las luces no estaban encendidas.
Sin más se acercó con su hijo, llevándolo de la mano, y tocó el timbre.
Tras unos segundos, les abrió la puerta la sonriente Tatsuki.
-Vengan.- Le cogió la mano, el que tuvo que soltar la de su madre para seguirla.
Sakura siguió a los niños, pasaron por un pasillo que estaba oscuro.
Al llegar al final del pasillo, se llevó una gran sorpresa.
-Feliz cumpleaños Sakura!!!
Todos sus amigos estaban en el gran patio de la casa del Hokage.
Con una sonrisa les agradeció el gesto.
El lugar estaba adornado con luces y hacían que la belleza natural del lugar se incrementara. Había mesas con cosas para comer y unos cuantos Chunnin bien vestidos, repartiendo las bebidas.
-Sakura-chan!- Le llamó Naruto al acercarse y entregarle una bebida en las manos.- Te gusta la sorpresa?
-Sí, Naruto.- Le sonrió gentilmente.- Muchas gracias a ambos.- Agrego mientras Hinata se acercaba.
-No hay de qué, Sakura-san.
-Frentezota!!- Le llamó una voz familiar que hizo que voltease.
-Ino-puerca!!- Le contestó feliz de ver a su amiga.- Has venido! Tanto tiempo!
-Cómo perderme el cumpleaños de una frentona?- Le bromeó mirándola con los ojos a medio cerrar.
-Veo que no cambias, cerda…- Le miró de la misma manera. Pero al segundo las dos estaban desbordadas de risa.
-Hime?- Llamó algo avergonzado el pequeño Haruno, al reconocer a su amiga.
-Ritsuka!- Le gritó al verlo y saltó encima para abrazarlo, cosa que coloreó el rostro del pelinegro- Cómo estás?! Tanto tiempo!!
Una niña de la misma edad de Ritsuka con cabello rojo como el de su padre, y ojos azules verdosos como la madre. A su lado, su hermano mellizo, con las mismas características, aunque más morocho, de nombre Gatte, llevaba de la mano a la más pequeña de los hermanos Sabaku… Chito. Rubia como su madre y de ojos verde agua como el padre.
-Ya te extrañaba!- Le decía feliz la niña aún teniéndolo entre sus brazos.
-Etto… yo también, Hime…- Se avergonzó de su confesión y decidió cambiar el tema.- Cómo estás, Gatte?
-Bien… y tú?- El niño no era de muchas palabras.
-Bien gracias…- Respondió con algo de dificultad ya que su amiga no quería soltarle el cuello.- Te diviertes, Chito?
-Si, Gracias!- Le contestó la pequeña igual de efusiva que su hermana.
-Vengan… vamos con los demás.- Les decía para que se movieran. A pesar de que Hime le había soltado el cuello, ahora llevaba su brazo.
Llegaron a un rincón del patio donde habían unas bancas y una mesita.
Ahí se encontraban: Tatsuki y Jitaku sentados en una de las bancas, este último era hijo de Neji y Tente, junto con Natsu, de 7 años, que conversaba con Takeshi, de la misma edad, hijo menos de Naruto y Hinata, y Taitsu, de 8, hijo del Nara y Temari.
Apenas llegaron, Chito soltó la mano de su hermano para ir a jugar con Midori, hija de Kiba y Hanabi (hermana menor de Hinata), que tenía su misma edad, 4 años.
Con sus correspondientes saludos, los que llegaron del brazo se sentaron en la banca que quedaba y el pelirrojo tan solo se apoyó en el respaldo.
Entre los mayores del grupo, comenzó una conversación sobre sus misiones y cosas por el estilo.
Todo estaba resultando bien hasta que llegaron al tabú para Ritsuka, el trato con los padres…
No es que a él no le gustara hablar de su madre ni de la buena relación que tenían. Era solo que cuando nombraban aquella palabra, de ella solo conocía la mitad, la parte masculina de ésta la desconocía por completo.
-Mi papá es un payaso.- Dijo con algo de fastidio la mayor de los mayores. Tatsuki.
-Por lo menos el tuyo hace algo.- Decía divertido Jitaku. Tenía los mismos ojos que su padre y el cabello lacio de color café claro.- El mío con suerte y bromea por el clima.
-No sean, chicos.- Les decía divertida la pelirroja.- Por lo menos los suyos tienen tiempo para estar con ustedes… el mío y con suerte aparece por la casa…
-Habladora…- Le decía su hermano a sus espaldas
-Tú cállate Gatte…- Le ordenó mirándolo feo.
-Uff... creo que iré por una bebida.- Se levantó y colocó sus manos en los bolsillos, para dirigirse algo cabizbajo a la mesa de los refrescos.
Sus amigos sin entender muy bien, siguieron con la conversación. El tema ahora era "Los Senseis".
A pesar de continuar con la conversación, Tatsuki supo muy bien el por qué del estado del pelinegro, pero prefirió dejarlo, no le gustaba que le sintieran lástima.
La noche terminó luego de soplar velas y comer pastel. Todos los invitados se dirigían a sus hogares o al lugar donde hospedaban. Los únicos que quedaban eran la familia Uzumaki y los dos Haruno.
-Sakura-san, Onegai.- Le decía una nerviosa Hinata.- Deja eso ahí, no te molestes, por favor.
-No es molestia, Hinata.- Le respondía sonriéndole.- Después de todo lo que hicieron por mí, es lo mínimo que puedo hacer.
-O dejas eso, o te echo del hospital.- Le dijo de broma el rubio, a pesar de estar usando un tono de voz serio y potente.
-Uff… como quieras.- Le contestó la amenazada algo frustrada.
-Ahora será mejor que se vayan a casa.- Le decía en su tono normal el Uzumaki.- Por lo que veo Ritsuka se cae del sueño.
Después de despedidas y agradecimientos, la familia Haruno se dirigió a su hogar. Sakura llevaba a su hijo en brazos. A pesar de ya ser grande, ella tenía la suficiente fuerza como para cargar sus 38 kilos.
Cuando entraron a su casa, el pelinegro se dirigió directo a su habitación, luego de darle un desanimado beso a su madre.
Ese comportamiento le extrañó, pero de seguro estaba muy cansado. Debía ser eso.
Entró en su habitación, se colocó su pijama y se acostó.
Un par de horas después, se despertó al sentir una mano en su hombro y como su hijo le llamaba con voz débil.
-Ritsuka?- Le miró a los ojos detectando un deje de tristeza.- Qué ocurre, amor?
-Puedo dormir contigo?- Le preguntó con un susurro, mirando al suelo.
-Claro, mi vida.- Le decía mientras levantaba el cobertor.- Ven
El pequeño se introdujo en la cama y se arrimó al cuerpo de su madre.
Ella, sin decir nada, le acariciaba la cabeza. Sabía que sin necesidad de preguntar, su hijo le diría de todas formas. Él no tenía secretos con ella, y eso era recíproco.
Luego de unos segundos le escuchó hablar.
-Mamá?- Hablaba bajito, en susurro.
-Sí?
-Hoy… los chicos…- Se detenía. No sabía si decirlo o no.- Los chicos hablaron de algo que me incomodó.
-Qué cosa, amor?- Le decía con voz dulce.
-Hablaron de algo de lo cual yo no puedo hablar…- Volvía a decir con menos voz que antes.
-Y qué es eso de lo que tú no pudiste hablar?
-De un padre…
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Bueno… muchos se preguntarán que qué pasó con lo del chap anterior… simplemente era el prologo… así que lo que ocurre aquí sucede 9 o 10 años después.
Si se desilusionaron porque algún personaje no sale en este chap, no se preocupen que aparecerá más adelante… ya que promete alrededor de unos 12 capítulos… o por ahí… mínimo.
Agradezco enormemente a todas las personas que me dejaron review! Ya que fueron como 7… y para un simple prologo… es suficiente nn!!
Espero q no dejen de enviar Reviews y no dejen de leer el fiC que es lo que más me importa nn!
Todo comentario será bien recibido! Así que no teman a escribir!
Si es que hay faltas, por favor háganmelo saber!!
Muchisimas gracias a todos!
Bye!
conchito!
