N/A: Terriblemente tarde, pero es que me salió más largo de lo que esperaba. Al menos en mi país no me he pasado de la hora xD Va sin editar, por aquello. Otra cosa... Esto cuenta como vida de casados, ¿no? Técnicamente creo que sí, así que:

Semana OkiKagu Día 3: Vida de casados [Grupo de Facebook: Amamos el OkiKagu/We love OkiKagu]


Ya una vez en sus respectivos futones, cada uno repite los sucesos del día en su mente e inevitablemente terminan pensando en el beso. En ese jodido beso…

No era el primero de ninguno, pero si el primero que compartían y tal vez, quizá, puede ser, que mentirían al decir que nunca se les pasó por la mente besar al otro. Pero hasta ahí. En cuanto la idea llegaba, la desechaban e ignoraban por el resto de sus vidas y por supuesto que jamás se lo dijeron a nadie.

Que sentirse atraído a otra persona no es un crimen. Pero sentirse atraído al otro era suicidio. Una insensatez. Una vergüenza. Y, mucho más importante, totalmente inaudito.

Malditas hormonas.

Ambos dejan salir un suspiro de alivio al recordar que el día finalmente acabó sin que la hayan cagado de alguna u otra manera. Eso sí, no en la boda, después. Fue al terminar que las cosas se pusieron peligrosas. Por suerte el maestro de ceremonia se entregó y los hizo enfocarse en la misión. La pelea que vino luego se dio de manera natural pero mentirían una vez más al decir que no se esforzaron en continuarla esta vez.

Si se acercaban al otro, sus pulsos se aceleraban y batallaban consigo mismos para no pensar en los labios del otro.

O en su pecho contra ellos.

O en los cabellos entre sus dedos.

O en los pequeños gemidos y gruñidos y la respiración entrecortada.

O en el calor de sus cuerpos.

…Lo dicho, malditas hormonas.

Lleva tres semanas evitándolo y aún no decide si ha sido mucho o poco tiempo. Les prohibió hablar a todos acerca de ese fatídico día pero eso no evita que no se lo pueda sacar de su cabeza.

Detesta con su alma que aunque no le dicen nada a la cara, cuando se adentra a la habitación donde Shinpachi y Gintoki hablan, estos callan y evitan su mirada y más de una vez los ve sudar a pesar de que el clima esté fresco.

Los hijos de puta se han de estar divirtiendo bastante.

Ha alcanzado las cinco semanas sin verla y ha tenido más de un sueño húmedo en el cual la somete y, por qué no, ella lo somete a él. Se suponía que esto se le pasaría rápidamente pero no, cada vez se pone peor.

Le tiene ganas, ¿ok? Le tiene muchísimas ganas.

Al inicio de la semana seis lo deciden: necesitan calmar la frustración.

Kagura lleva todo el día esperando que anochezca para ir a buscar a ese ladrón de impuestos y hacer de las suyas. Que si no se le pasó haciendo nada, tal vez haciendo lo contrario sí.

Es como tener hambre, se dice, hasta que no comas, no se te quita. Segundos después está estrellando su cabeza contra la pared porque esa fue una muy, muuuy mala comparación.

No ha visto a China en todo el día y se pregunta si ella también lo estará evitando. Bueno, no. Él no está evitando a nadie. Simplemente se dio la casualidad de que no ha pasada por los lugares que suelen frecuentar para en su lugar ir a los que muy curiosamente nunca la ha visto. Eso era todo.

Ve a los trabajadores dirigirse a sus casas y decide que ya él también ha trabajado suficiente por hoy. Camina hacia las instalaciones del Shinsengumi cuando algo capta su mirada y su estúpido corazón enloquece en su pecho porque reconoce esa sombrilla morada.

Sus pies parecen tener vida propia y se encuentra a sí mismo acercándose a ella. Que él no la buscó, ella se le apareció.

Como si lo supiera, levanta la mirada y lo ve a unos cuantos metros de ella. Se detiene en su lugar y él imita la acción. Sus miradas se cruzan y ninguno dice nada, ninguno se mueve.

Se quedan al menos un minuto así, mirándose sin expresión alguna, y lo siguiente que sabe es que están en medio de un callejón comiéndose la boca.

Sougo recorre el cuerpo femenino con sus manos y, si se puede, con su boca; ella rodea su cuello con los brazos y comienza a halar su cabello. Pero él esta vez está preparado y la acción no le provoca ningún sonido. Ninguno que no pueda suprimir, al menos.

Posa su mano en el trasero de ella y sonríe al escucharla jadear. Se lo merece por perra.

El muy bastardo la agarró desprevenida, pero dos pueden jugar a este juego y los cielos saben que de eso se trata todo esto.

Su blusa tiene los tres primeros botones desabrochados y siente al sádico lamer, morder y succionar ahí donde nacen sus pechos. Ella sube su pierna y la apoya en la cintura masculina y siente como una de sus manos la sostiene por el muslo, terriblemente cerca de su centro.

Si sigue así va a perder.

La suavidad de su piel lo distrae un momento cuando siente a la muy maldita poner su mano ahí.

Casi se atraganta con su propia saliva.

Se separa un poco para tomar un par de bocanadas de aire y Kagura aprovecha para hablar.

–Aquí no…

No sabe cómo le entiende entre tanto jadeo y suspiro pero lo hace y como pocas veces en su vida, está de acuerdo con ella.

Llevan mes y medio durmiendo juntos cuando la Yorozuya y el Shinsengumi se vuelven a encontrar en una misión y se muerden la lengua para no reír al ver a los demás más incómodos que ellos mismos, aunque tratan de actuar con naturalidad.

Por supuesto que no tienen ni idea de lo que están haciendo.

Para el mes tres desde que iniciaron a tener relaciones también sacan tiempo para conversar entre sus sesiones de sexo y descubren que hasta se caen bien.

Al cumplir los cuatro, comparten comidas de vez en cuando y una que otra salida a cualquier lugar que ofrezca alguna forma de entretenimiento.

Para cuando se dan cuenta ya llevan medio año en esas y aún no se cansan.

¿No se suponía que iba a ayudar detenerlo?

Llevan ocho meses juntos y reconocen en un rincón de sus mentes que prácticamente están saliendo, pero siempre acallan la vocecilla antes de que hable de más.

Ninguno ha dicho nada al respecto y no tienen planes de hacerlo.

Al mes nueve se llevan un susto y se dejan.

...

Un mes después vuelven y deciden formalizar su relación.

Kagura ve la televisión sin realmente prestar atención, hoy es el día que le contará al resto de la Yorozuya su noviazgo con Sougo.

Ya entrada la noche y con cada intento resultado en falla, se resuelve a hacerlo de la manera más fácil. Se despide de ambos chicos anunciando que dormirá donde Soyo y no es sino hasta que está a punto de cerrar la puerta que finalmente lo dice:

–Ah, Gin-chan, Shinpachi. Estoy saliendo con el sádico.

A él no le importa, pero Kagura le ha dicho que si ella lo dice, entonces él también debe hacerlo. No es su estilo ir e informarles de algo como eso pero es lo que hay. No ha dado ni diez paso cuando una espada de madera se le atraviesa en el camino.

Bueno, China ya les dijo.

Al final todo el Shinsengumi se acaba enterando gracias al escándalo causado por Gintoki amenazando a Sougo, Hijikata amenazando a Gintoki, Shinpachi tratando de calmarlos y Kondo vomitando flores por la boca de la felicidad.

...

–Deberíamos decirles.

–¿Acaso estás loco, Shinpachi?

–Gin-san, tarde o temprano se enterarán. Con mucha más razón ahora que están saliendo. ¿Qué haremos si deciden casarse?

–Pues eso no se puede, ya están casados.

–Hijikata-kuuun, todo esto es tú culpa.

–¿Qué culpa tengo yo de que no se puede anular su matrimonio?

–Ya, ya, Toshi, cálmate. No le veo el problema. Si se quieren lo suficiente como para casarse, ¿no estarán felices de que ya lo estén?

–Kondo-san, por favor no diga estupideces.

–Debimos decirles desde un inicio y hacer que consiguieran un divorcio.

Kagura y Sougo bromean que dentro de una semana será su "aniversario de bodas" y los cuatro que saben del secreto ríen muy exagerada y fingidamente.

No les gusta para nada.

–Oi, ¿por qué están aquí?

–Sougo nos dijo que viniéramos.

Miradas confundidas se intercambian y un sentimiento de inquietud se apodera de la habitación.

Esto no va a acabar bien.

Kagura entra con una sonrisa en su cara y les ofrece té que obliga a Shinpachi a hacer. Ve a Sougo apoyarse en la pared y cuando le da leve asentimiento pone en marcha el plan.

Espera el momento justo en que la mayoría toma de la bebida caliente y quitándose del camino dice:

–El sádico y yo nos vamos a casar.

Sonríe internamente al ver como se escupen entre ellos y siente orgullo al notar que Kagura hace un buen trabajo aguantándose la risa.

–Es tal y como China dice. Necesitamos testigos así que ustedes elijan quienes serán. Decidimos hacerlo en dos días, para que caiga la fecha en la que hicimos la última.

Rostros horrorizados se miran entre ellos y luego giran hacia él y Kagura, para volver a la posición inicial.

Dulce venganza.

Como no han podido inventar una buena excusa, se dirigen todos hacia el ayuntamiento para celebrar la unión en matrimonio de Kagura y Sougo. Se bajan de los autos y echan a andar hacia la entrada. Ignorando los murmullos mal disimulados a sus espaldas, la pareja se adentra en el edificio.

–¡Gin-san! ¡Debemos decirles!

–¡Deberíamos huir!

-Estoy de acuerdo con el de la permanente, aún tengo las llaves del auto.

–¡Chicos, están pidiendo la forma!

–Cállate, gorila, llamarás la atención.

La pareja se acerca con el papel y un lapicero en manos y les piden firmen ellos primero. Como necesitan ganar todo el tiempo posible lo hacen pero, Kagura termina enredando los kanjis y necesitan firmar una segunda hoja.

Kagura es la última en llenar la forma y la risa se le escapa. Sougo le lanza una mirada de advertencia y ella se muerde el interior de la boca tan fuertemente que lo siente sangrar.

Tan solo debe resistir un poco más.

Un idiota se tropieza con Kagura y la hace tirar los papeles. La ve congelarse por un segundo para luego girarse y comenzar a gritarle al infeliz que la empujó. Como la estúpida China no va a servir de nada, se abalanza él hacia las hojas que cayeron peligrosamente a los pies de Gintoki.

Mierda.

Gintoki se agacha a recoger las formas y sus ojos no dan crédito a lo que ve. ¿Cómo que "Nombre de la esposa: Hijikata Toshiro" y "Nombre del esposo: Sakata Gintoki"? Se fija en el segundo papel y esta vez la esposa es Shinpachi y el esposo Kondo. Una mano se mete en su campo de visión y le arrebata los papeles y es cuando mira a los ojos a Sougo que lo entiende.

Hijos de la muy…

–¡Nos han engañado!

Kagura escucha el grito y maldice en voz alta.

Sougo se levanta rápidamente y comienza a correr hacia las plataformas mientras que Gintoki lo persigue e instruye a los otros a hacer lo mismo. Como los ha tomado por sorpresa, ninguno se mueve y ella se encarga de mantener siga así.

Está cerca, lo puede ver, solo unos cuantos pasos más. A menos de un metro, algo—o alguien—cae sobre él y comienza un tira y afloja por los papeles.

Maldita sea, estuvieron tan cerca.

.

.

.

–Así que lo sabían y trataron de casarnos entre nosotros.

–No sé porque se enojan, ustedes supieron que estábamos casados y no nos lo dijeron por todo un año, sí.

–Eso es diferente, Kagura-chan.

–Sí como no. Es simplemente justo que ustedes también se casen, ¿no?

–¡Sougo, cómo pudiste! ¡Yo quiero casarme con Otae-san!

–Kondo-san, ese no es el problema aquí.

–Bueno, ¿y qué piensan hacer? ¿Divorciarse? Porque me imagino que eso de que se iban a casar era mentira.

Sougo se encoge de hombros y Kagura desvía la mirada. El resto los miran incrédulos.

–Ya que estamos casados, parece una pérdida de tiempo y dinero pedir un divorcio. Además, mejor así. Si China realmente queda embarazada, al menos podremos decir que fue dentro del matrimonio.

–¿Cómo que "realmente"?

.

.

.

Después de cuatro años de casados, tres años y diez meses y medio de relación, tres años de vivir juntos y un hijo de dos años; Sougo y Kagura se encuentran en una ceremonia parecida a la de hace ya mucho tiempo pero esta vez renovando sus votos matrimoniales.

Hasta que la muerte los separe.