¡De un cumpleaños a otro ^o^! Ojalá os guste esta segunda parte, escrita a petición popular.


Había pasado un año, con sus doce meses correspondientes, y nuevamente una misión traía al Equipo 10 de Konoha hasta Suna. El equipo formado por el genio Shikamaru Nara, el fortachón Chouji Akimichi y la maestra de los besos Ino Yamanaka.

El rostro de la muchacha se dibujó detalladamente en la imaginación del joven Kazekage. Sí, Gaara había pensado un poco en ella desde la noche en que descubrió de su mano la maravilla que suponía besarse... o más bien, lo descubrió de su boca. No había podido olvidarlo, no que quisiera hacerlo tampoco, y así ocasionalmente se había encontrado rememorando aquel encuentro. Un poco muy poco, apenas dos o tres veces al día... o cuando veía un hermoso cactus en flor... o cuando bebía algo caliente y el calor y la humedad se extendía por sus labios... o cuando despertaba por la noche con cierta extraña protuberancia en la parte baja de su cuerpo, tras haber tenido algunos sueños que...

Ejem, como decíamos, pensaba en ella poco, muy poco. Él era un hombre ocupado.

Gaara era un hombre ocupado por ser el kage de Suna. Eso conllevaba numerosas responsabilidades, como estar siempre pendiente de la felicidad y bienestar de todos los habitantes; por ello mismo, preocuparse de uno mismo se convertía en algo secundario. Si tenía hambre, primero pensaba en si todos sus aldeanos y ninjas disponían de las provisiones necesarias; cuando quería ducharse, siempre se aseguraba antes de que las reservas de agua en Suna eran suficientes; si se despertaba en mitad de la noche con una incomodidad en su anatomía inferior, se preguntaba si habría más hombres en su situación... Tal vez por eso hacía relativamente escaso tiempo que el agua fría en casa de los hermanos Sabaku disminuía más rápidamente durante la madrugada.

Pero es que Gaara era un hombre ocupado.

Tan ocupado estaba que, de hecho, pensó que la llegada de los Konoha-nin podría suponer unas pequeñas vacaciones para él. Se tomaría unos días de asueto para darles un buen hospedaje, de paso ensayando sus habilidades como anfitrión. Y quizás, sólo quizás, si le sobraba tiempo por la noche, podría pedirle a Ino-san que le repitiese la lección de besos de un año atrás, a fin de comprobar que no se le había olvidado.

No es como si lo hubiera deseado durante doce meses, ni pensado en ello cada día desde entonces. No, claro que no, apenas lo había pensado un poquito. Él era un hombre ocupado después de todo.

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La bienvenida salió bien, todo fue correcto, tal como correspondía. El Equipo 10 de Konoha fue gratamente recibido y alojado en la propia casa de los hermanos Sabaku (es decir, en la mansión del Kazekage), y seguramente fue mera casualidad que la habitación de invitados de Ino quedara enfrente de los aposentos principales (esto es, el dormitorio de Gaara). A veces estas cosas pasan, las casualidades son así.

- ¡Kazekage-sama! - se dirigió a él Chouji, una vez que el recibimiento oficial hubo concluido y pudieron comportarse de un modo más informal - Me han pedido que le entregue un obsequio. Es de parte de Sai, el shinobi pálido de cabello negro que estuvo aquí también hace un año.

- Sí, le recuerdo - dijo Gaara con solemnidad - ¿De qué se trata?

Chouji sacó de su mochila un paquete cuidadosamente envuelto, y se lo tendió al pelirrojo.

- No sé qué es, pero Sai estaba sonriendo cuando me pidió que se lo diera. Dijo algo de que era el segundo tomo, o la segunda parte... algo por el estilo.

- Gracias.

Gaara cogió el regalo y se dirigió a su habitación para ver lo que era. Al desenvolverlo vio que se trataba de un libro, del mismo tamaño y diseño que tenía aquel otro que Sai había tomado de su biblioteca, y que luego el joven kage había leído también.

- Segunda entrega - leyó la portada - El arte del amor, por A.M., del País del Fuego.

Abrió la primera página, y después... pasaron las horas, muchas horas. La Luna tomó el lugar del Sol, y el asfixiante calor del día dejó paso al intenso frío del desierto. En Suna ya todos se habían retirado a dormir, a excepción de los ninjas que les tocaba patrullar, pero en la mansión del Kazekage una luz seguía todavía encendida.

- "Reincidiendo nuevamente en lo dicho en el capítulo III, es importante saber distinguir cuándo la química entre dos cuerpos es buena y cuándo no hay nada que hacer. Incluso un hombre y una mujer expertos en el arte del amor pueden experimentar una unión totalmente insatisfactoria juntos si sus esencias no están en sintonía..." Esto es todavía más confuso que en el libro anterior. ¿Cómo sabes que estás en sintonía con la otra persona? - pasó aleatoriamente las hojas ya leídas, captando fragmentos sueltos - Temperatura, cosquilleo, respiración... ¿qué es el frotamiento? ¿Y a qué se refiere con el jugueteo previo?

No comprendía nada, y dudaba que lo fuera a hacer sin la ayuda de alguien que se lo explicase. Al parecer, una vez más debería acudir a la extensa sabiduría de Ino Yamanaka.

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Unos golpecitos en su puerta sacaron a Ino de la nube somnolienta en la que estaba sumergida. Sin llegar a estar completamente dormida, se trataba todavía de un sitio lo suficientemente confortable como para protestar que la sacaran de allí. En un primer momento optó por ignorar el llamado, pero al repetirse los golpecitos, se recordó a sí misma que no estaba en su casa sino en la del Kazekage, y que denegar la atención a quienquiera que estuviera importunándola a altas horas de la noche seguía siendo una total falta de respeto.

De modo que, adecentando en lo posible su aspecto y su fino camisón, se levantó para atender la puerta. Al abrir, no pudo contener un gesto de sorpresa al ver frente a ella al Kazekage en persona.

- ¿Gaara? - preguntó - ¿Qué se te ofrece?

- ¿Podrías explicarme esto? - al igual que hace un año, el pelirrojo entró al dormitorio sin previa invitación - Esta vez no he terminado de leerlo, pero mis dudas son incluso mayores.

Un sentimiento enorme de dejà vu invadió a la mujer cuando observó el libro que el joven kage le mostraba.

- El arte del amor, por A.M., del País del Fuego - sonrió perversamente - Parece que te has aficionado a este tipo de lectura.

- No es mío - un leve sonrojo cubrió las mejillas de Gaara - Chouji-san me lo entregó hoy, es un regalo de parte de Sai-san.

- Conque Sai, ¿eh? - Ino se acercó despacio hasta él, con un brillo pícaro en sus ojos azules y una ligera huella de burla en su voz - Así que en realidad cpmpró lo que le pedí. No estaba segura de si se acordaría.

Un abrumador silencio inundó la habitación, mientras el pelirrojo retrocedía sin darse cuenta los pasos que Ino avanzaba, hasta que su espalda chocó contra un mueble dejándole sin escapatoria. No que tuviera muchas ganas de escapar tampoco.

- Tú... ¿le pediste a Sai-san... que me enviase este libro?

- Sí - descaradamente, Ino acarició el pecho de su presa por encima de la ropa, comprobando el ya acelerado latido de su corazón - ¿Recuerdas que hace un año te dije que necesitabas leer otro libro para... solucionar lo que ocurría cuando... hacemos esto?

Y sin contenerse más, su boca reclamó los labios de Gaara con una pasión tal, que él no pudo sino corresponder con ganas. Sólo con unas poc... oh, para qué engañarnos... con muchas, muchas ganas. Aprovechó al máximo para asegurarse de que no, no había olvidado nada de lo que la rubia le enseñó un año atrás. Y al igual que entonces, todo su cuerpo reaccionó de manera más que satisfactoria.

- Me pregunto si esto significa que... estamos "en sintonía" - comentó el inexperto muchacho, viendo una vez más lo que Ino provocaba dentro de sus pantalones.

- Sabes, hay una muy buena manera de comprobarlo, Gaara-sama.

Esa noche, absolutamente todas las dudas de un ex-confuso Kazekage fueron resueltas.

F I N


Muchas lo adivinasteis, K.H. del País del Fuego era Kakashi Hatake. ¿Os imagináis quién puede ser A.M.?

¡Gracias por leerme y bye ^o^!