-K: ¿Quieres decirme que no te operaron? ¿Que nunca has estado convaleciente?

-R: Exacto.

-K: Ábrete la camisa.

-R: ¿Cómo?

-K: Desabróchate la camisa. Si ves la cicatriz quizás te acuerdes.

Castle estaba más que seguro de sus palabras pero la convicción de Beckett también lo hizo dudar mínimamente. Se arrodilló en el suelo y se quitó la chaqueta, bajo la atenta mirada de Beckett empezó a desabrocharse la camisa. Ella no decía nada, así que no paró hasta llegar al último botón sacándose la camisa del pantalón.

Beckett lo miraba extrañada y cuando él acabó con su operación se quitó uno de sus guantes y alargó la mano hasta el centro de su pecho. Pasó la mano por el interior de la camisa abriéndosela ligeramente. Deslizó sus dedos por donde ella había visto la herida y luego deslizó la mano al costado izquierdo de Castle. Bajo la luz de la linterna no veía ninguna cicatriz.

Castle aún no entendía porqué ella lo había llamado cariño y ni por qué ella esperaba encontrar en su cuerpo la cicatriz que debería llevar ella. Por un momento pensó que si eso era cierto entonces esa Kate Beckett que se encontraba delante de él no era la Kate que él conocía, pero eso era demasiado… extraordinario. En cualquier caso pensó que esa era la primera vez que ella lo acariciaba y empezó a recorrerle un escalofrío por toda la espalda. Fuese o no fuese ella de verdad el tacto de sus dedos era tan embriagador que le obligó a cerrar los ojos centrándose únicamente en la zona de piel que ella acariciaba.

-K: ¿Quién eres tú? – Preguntó Beckett mirándole su costado.

-R: Richard Castle. ¿Y tú?

-K: Kate Beckett. Pero… tú no eres tú – Castle abrió los ojos.

-R: Creo que tú tampoco eres la Kate que conozco.

-K: ¿Cómo lo sabes?... Rick, ¿cómo puedes estar seguro?

-R: Nunca me llamas Rick. Y mucho menos cariño. Para ti sólo soy Castle.

-K: ¿De verdad?

-R: ¿Tienes una cicatriz en el costado izquierdo?

-K: No – levantándose el lateral del jersey donde debería estar la cicatriz si la tuviese ella.

Castle asintió mientras volvía a abrocharse la camisa y a ponerse la chaqueta. Miraba de reojo a Beckett y vio que ella hacía lo mismo.

-K: Rick, ¿sabes qué nos puede haber pasado?

-R: No sé… Yo estaba contigo… con la Beckett que conozco, estabas arriba buscando las evidencias y encontraste unas piedras… una blanca y

-K: Y otra negra, con rastros de sangre. Llevaba las piedras en la mano y cedió el suelo, luego… ya estaba encima de ti.

-R: Eso es lo mismo que recuerdo.

-K: ¿Y cómo es que ha pasado esto?

-R: Ehhh… Yo estaba hablando con Beckett sobre la posibilidad de que hay lugares y objetos con cualidades…

-K: ¿Especiales?

-R: ¿Tú también estabas hablando de eso, antes que ocurriese?

-K: Sí. Lo definiste como… las frecuencias de la televisión.

-R: Yo dije las frecuencias de la radio.

-K: Parece ser que hay algunos detalles que cambian en nuestras vidas.

-R: Aunque en lo esencial parece que todo es lo mismo.

-K: Creo que no.

-R: ¿No?

-K: Dices que yo… que mi otro yo no te llama Rick… ni cariño ¿No estáis juntos después de lo del funeral?

-R: No. ¿Vosotros?

-K: Sí.

Castle agachó la cabeza, no podía seguir mirándola a los ojos. No estaba seguro si alegrarse porque algún Richard Castle había conseguido tirar ese muro y estar definitivamente con Beckett o apenarse porque otro había conseguido estar con ella mientras que él no lo había conseguido.

-K: Lo siento, Rick.

-R: ¿Lo sientes?

-K: Creo que sí tienes razón. Creo que en lo esencial todo es igual – apretándole la mano. Castle levantó la vista y la vio mirándole con una tierna sonrisa.

-R: ¿Qué hice?

-K: ¿Cómo?

-R: ¿Qué hice para estar contigo?

-K: Nada en especial. Siempre has estado a mi lado. Siempre – Recalcándole su palabra especial - Me enamoré de ti y… lo más difícil fue admitirlo y decírtelo.

-R: ¿Cómo ocurrió? ¿Qué hice para que me lo dijeras?

-K: Protegerme… Diste tu vida por mí… - se le estaba quebrando la voz – Tuve que verte morir en mis brazos para reaccionar. Estabas desangrándote y sentía que tu vida se iba entre mis manos, yo… no podía dejarte ir, yo…

-R: Tenía que saber lo que sentías aunque fuese en el último segundo de mi vida.

-K: Sí. Exactamente es lo que iba a decir ¿Cómo lo sabes?

-R: Es lo que yo hice – Levantó la vista hacia ella - Contigo.

-K: Y… después de eso ¿no estáis juntos?

-R: No. Al menos hasta que resolvamos el asesinato de tu madre no te has planteado estar con nadie. Ni conmigo.

-K: ¿Asesinato de mi madre? ¿La han matado?

-R: Claro. A ella la asesinaron hace 12 años. El capitán Montgomery murió protegiéndonos por intentar atrapar a quienes hicieron eso.

-K: No. Te equivocas, hace 12 años mi padre murió en un operativo. Lo asesinaron porque estaba custodiando a alguien que podría declarar quien se quedó con las extorsiones del capitán, de Raglan y McAllister. Nos queda poco para atrapar al que está detrás de todo esto.

-R: En mi mundo tu padre está vivo… El resto es casi igual.

-K: ¿Papá está vivo? – Dijo apenada pero ilusionada.

-R: Mira – Castle toquetea el móvil y le enseña la única foto que tenía de Jim y Kate Beckett juntos, se la tomó un día en una visita fugaz a la comisaría – Llevas el anillo de tu madre al cuello por la vida que perdiste y el reloj de tu padre porque lo salvaste de autodestruirse.

-K: ¡Que viejo está! – Dijo emocionada – Está… vivo.

-R: En mi mundo.

-K: Yo… también llevo el anillo y el reloj, pero es al revés. Salvé a mi madre pero… perdí a mi padre. Quise seguir sus pasos en el cuerpo – Sostiene el móvil de Castle unos minutos para memorizar su imagen – Seguro que hace buenas migas con tu padre.

-R:¿Mi…? ¿Mi padre?... ¿Quieres decir que conoces a mi padre?

-K: Sí, y a tu hija, Alexis. ¿Quieres decir que él no está en tu mundo?

-R: No. Yo… vivo con Alexis y mi madre. Él ni siquiera me conoce.

-K: En mi mundo tú no conoces a tu madre, te criaste con tu padre.

-R: ¿Tienes una foto de él?

-K: No. Lo siento… te puedo decir que Alexander y tú os parecéis bastante. Cuando él tenía tu edad.

-R: ¿Alexander?

-K: ¿Ni siquiera sabes cómo se llama? – Castle lo niega – en parte es lógico, el Rick que yo conozco tampoco conoce el nombre de su madre.

-R: Martha – dijo apresuradamente – se llama Martha Rodgers.

Beckett le sonríe y le devuelve el móvil. Se quedaron mirándose sin decir palabra. Eran dos personas que sentían que se conocían hasta la médula pero que a la vez se encontraban a eones de distancia.

-K: Tenemos que arreglar esto.

-R: Sí. Tenemos que volver cada uno a su mundo.

-K: ¿Pero cómo hemos venido hasta aquí? ¿Por qué estamos aquí? Cada uno de un mundo distinto.

-R: Esto es… una interferencia.

-K: Rick… Por favor.

-R: ¿Todavía no te crees que existan los fenómenos paranormales?

-K: Ahora mismo no encuentro otra explicación… Pero… te la daré.

-R: Lo último que hiciste fue sostener las piedras ¿verdad?

-K: Sí – Beckett alumbra a su alrededor y las encuentra en el suelo.

-R: ¿Hiciste algo con ellas?

-K: Las sostenía una en cada mano, la blanca en la derecha. Al notar que el suelo se hundía apreté los brazos contra mí – Beckett hizo el gesto – creo que al caer las golpeé. ¿Así volveré a mi mundo?

-R: Es posible. ¿Te subo de nuevo al piso de arriba?

-K: ¿Acaso quieres proponerme algo? – Le preguntó provocativamente.

-R: ¿De qué hablas?

-K: ¿Acaso tu no me…? Déjalo, sólo debe de haber ocurrido en mi realidad.

-R: ¿Yo qué a ti?

-K: Ehhh. – Beckett estaba indecisa en contárselo, pensaba que había ocurrido en los dos mundos pero se le ocurrió que sólo podía haber sucedido en el suyo. Se cohibió para contárselo, ahora era como contar una intimidad a un extraño.

-R: ¿Qué pasó? Tal vez sea importante para cambiar de realidad.

-K: ¿Tú no me…? ¿Tú no me tocaste el culo?... Entre… las piernas para ser más exactos.

-R: ¡FUE UN ACCIDENTE! – Gritó suplicante – ¡SE RESBALÓ LA MANO! ¡No lo hice adrede! ¡YA ME DISCULPÉ! LO SIENTO ¿Vale? ¡ME DISCULPÉ ENTONCES Y LO HAGO AHORA! ¿OK? LO-SIEN-TO.

-K: Ja, ja, ja. ¿Te disculpaste?

-R: SÍ – creía que Beckett iba a darle la cachetada que no pudo hace un rato.

-K: Ja, ja, ja. ¡Qué tierno! Definitivamente no eres el Rick que conozco.

-R: ¿Yo… no me disculpé?

-K: Nop.

-R: ¿Tú no te enfadaste? – Veía que Beckett se estaba riendo, todo lo contrario de la reacción que esperaba.

-K: Nop.

-R: Pero…

-K: ¿Cómo me voy a enfadar si te dije que reservaras eso para después?

-R: ¿Qué? – Aún no estaba seguro de haber escuchado correctamente su contestación.

-K: Yo siempre te he dicho que el trabajo es el trabajo – acercándose a escasos centímetros de Castle añadió - pero fuera de él… lo que sea.

Castle tomó una gran bocanada de aire y levantó la cabeza al techo, parecía que estaba haciendo una alabanza al cielo. Después de volverse a recordar la situación podía escuchar la débil risa de Beckett.

Bajó la cabeza y se encontró con su rostro junto a él riéndose. No tenía claro si se estaba riendo de él o de la situación. Ella, con sus manos, siguió el ribete de las solapas. Al final las agarró y le dijo dulcemente.

-K: Si ella te quiere lo mismo que yo quiero a Rick… espérala, vale la pena. Para los dos.

Apoyándose en las solapas acortó la escasa distancia que los separaba y lo besó suavemente. Sin acabar el primer beso buscó su labio inferior y volvió a besarlo de nuevo. Él, que se dejó hacer en primera instancia, descansó sus manos en la cadera y espalda para atraerla más hacia él y le devolvió la caricia besándola igual de suave que lo hacía ella.

-K: Rick. Súbeme arriba. Esta vez, empújame sólo de las piernas.

-R: Ok.

Castle la aupó hasta arriba. Le dio las dos piedras y volvió a caminar debajo de sus pies.

-R: El boquete lo tienes a 10 pasos.

-K: Lo veo, ¿Sabes?

-R: Dime.

-K: No me gusta la idea de volver a caeeeeeeeee

Beckett volvió a romper el suelo bajo su peso antes de llegar al boquete y volvió a caer encima de Castle.

-R: Cooffff, cofff, coffffff.

-K: ¿Estás bien?

-R: Cofff, coff, cooooffffff.

-K: Contesta ¿Estás bien?

-R: Sí, cofff.

-K: Dime algo más, por favor.

-R: ¿Quién eres?

-K: Beckett.

-R: ¿Cómo me llamo?

-K: Castle.

-R: ¿Tienes una cicatriz en tu costado? Coofff, coff.

-K: Sí.

-R: ¿Entonces vuelves a ser tú?

-K: ¿Y tú?

-R: Sí. ¿Tú también has visto a…?

-K: Creo que sí. ¿Tu otro yo?

-R: Esto ha sido rarísimo.

-K: Ha sido espeluznante.

-R: Sugiero irnos de aquí.

-K: Es la mejor idea que has tenido en toda la noche. Levanta – Le coge de la mano y tira de él para levantarlo.

-R: ¿Tienes las piedras? ¿Las pruebas?

-K: Sí. – Pasa el brazo de Castle por encima de ella para que se apoye y se dirigen a las escaleras de salida.

-R: ¿Cómo piensas poner esto en el informe?

-K: Creo que pasaré directamente de la primera caída a la última. No sé ni cómo definirlo.

-R y K: Interferencias.