Capítulo 2

Un año de verano


Acostumbrarse a la presencia de Syaoran fue un proceso muy sencillo para Sakura y el resto de los empleados del restaurante, incluyendo a los clientes habituales, que eran prácticamente todo el pueblo.

Si bien Terada era un muchacho muy tranquilo y reservado, Syaoran era un poco diferente. También era un buen muchacho, y se esforzaba en su trabajo, pero si lograba tener un momento para animar a sus compañeros, o a la clientela, no dudaba en hacerlo.

Tenía una personalidad muy relajada, como si nada pudiera molestarlo, y siempre se mostraba sonriente. La ligera cojera que había tenido durante su primer día de trabajo, desapareció al poco tiempo. Parecía ser que sanaba muy rápido.

Quizá las cosas en el restaurante no hubieran cambiado mucho; después de todo Terada había sido un mesero, y Syaoran desempeñaba la misma función. Sin embargo, en casa de Sakura, las cosas sí habían cambiado notablemente.

Para empezar, era el muchacho quien preparaba ahora el desayuno. Las caminatas que Sakura realizaba todas las mañanas, por la playa, ya no tenía que hacerlas sola. Ahora, los dos jóvenes caminaban juntos, durante horas, sintiendo la cálida arena en sus pies, o dejándose mojar por el agua de mar.

Después del primer intento en saber qué hacían allí, y qué los había llevado a ese pueblito, ninguno de los dos muchachos había vuelto a sacar el tema. Aunque claramente, ambos tenían dudas sobre el otro, y qué era lo que escondían.

-¿Planeas vivir aquí toda tu vida? –preguntó Syaoran una tarde, sin poderse contener más.

Se encontraban en la playa, mirando la puesta de sol. Era domingo, el único día de la semana en que no tenían que trabajar, y podían perder todo el día, haciendo nada.

-Mira eso -Sakura indicó con la cabeza el horizonte. Podía verse al sol ahogarse en el mar, lentamente y sin retroceder. Syaoran no entendía cómo respondía eso a su pregunta-. ¿No es hermoso? –agregó la chica-. ¿Crees que me gustaría dejar esto? Estoy segura que esto es lo que me gustaría ver antes de morir. No una ciudad llena de rascacielos, o cubierta de contaminación. Con ruido, millones de personas caminando apuradamente, por llegar a casa, al trabajo…

Syaoran finalmente comprendió. Aquel atardecer había cumplido su cometido.

-No lo había visto así –confesó finalmente el muchacho-. Aunque tienes razón. Esto es mil veces mejor que el horizonte que muestra Tokio…

-¿Vivías en Tokio? –se apuró a preguntar Sakura. Syaoran se mordió el labio.

-Sí, aunque por cuestiones de trabajo nunca me encontraba en casa.

-Que horrible –susuró Sakura-. ¿Y de qué trabajabas?

-Hombre de negocios –el muchacho respondió tan rápidamente, que Sakura presintió que se trataba de una mentira, pero prefirió no insistir-. ¿Y tú? ¿En qué ciudad con rascacielos vivías?

-También en Tokio.

-Pudimos haber sido vecinos.

-No lo creo.

-¿Por qué?

-Mi familia vivía un poco retirada de la sociedad. A mis padres no les gustaba el bullicio de la ciudad, pese a necesitar estar cerca de ella, debido al trabajo. Además, nunca teníamos visitas en la casa.

-¿Y a qué se dedicaban tus padres?

-También a los negocios... Quizá hicieron algún contrato contigo alguna vez.

-No lo creo –fue el turno del muchacho en negarse-. Mis negocios no son como los que tú crees…

-Me haces pensar en algo ilegal –se apuró a decir Sakura. Syaoran no pudo evitar reírse.

-Tranquila, no son drogas, ni armas, tampoco sexo. Simplemente es diferente…

-El sol terminó de ponerse –anunció Sakura. Habían estado tan perdidos en su plática, que no se habían dado cuenta de que la noche los había envuelto ya.

-Será mejor que entremos a la casa –Syaoran se puso de pie, y ayudó a Sakura a incorporarse-. ¿Vemos una película?

-Esta vez me toca escogerla a mí.


Las tardes de verano caminaban por la playa, y cuando llegaba la noche, se dirigían a la cocina, a conversar mientras cenaban, y después de unas cuantas risas, se despedían y cada quien regresaba a su habitación.

Sin embargo, cuando el invierno llegó, las largas caminatas por la playa fueron sustituidas por conversaciones en la cocina aún más largas y profundas, acompañados por una taza de café, o chocolate caliente. Además, ahora que no podían salir tanto a la playa, se reunían frente al televisor de la salita, donde veían películas sentados el uno al lado del otro, en el pequeño sillón, acompañados por un gran bowl de palomitas recién hechas. Inclusive se cobijaban bajo la misma manta, para mantenerse calientitos durante la noche.

Se habían acostumbrado tanto a la presencia del otro, que no se habían dado cuenta de lo cercanos que se habían hecho. Había ocurrido de manera tan natural, que ellos mismos se sorprendieron cuando sus compañeros de trabajo les hicieron notar que ahora llegaban y salían del restaurante, tomados de las manos.

-¿Están seguros de que no son novios? –preguntaron varias veces los cocineros y meseros. También había sido pregunta de varios de los clientes más comunes. Sakura no podía evitar sonrojarse, sobre todo porque Syaoran siempre respondía que aún esperaba el momento perfecto para preguntarle si quería ser su novia.

Sakura se encontraba un poco confundida. Si hubiera sido por ella misma, nunca se hubiera percatado de que realmente Syaoran tenía ciertas actitudes hacia su persona, que hacían suponer que el muchacho sentía algo por ella. Eran siempre los demás quienes le hacían notar aquellos gestos, y la chica no podía evitar sonrojarse y asustarse un poco. No podía enamorarse de él. Simplemente no tenía permiso de hacerlo. ¿Qué pasaría si en algún momento, un día, súbitamente aquella burbuja que era su vida en Ibusuki llegaba a su fin, y ella tenía que regresar a la realidad?

No se podía permitir romper el corazón del muchacho, y el suyo propio.

Pero le era ya imposible resistirse a su sonrisa, a su forma de reír, a sus brillantes ojos castaños. A esas caricias cuando caía la lluvia y ella necesitaba de alguien que la protegiera de los truenos y relámpagos. No podía zafarse ya de los abrazos cuando se cubrían con las cobijas, para ver películas juntos. No podía retirar su mano cuando él la tomaba, y caminaban así por la playa, durante horas.

Sabía que iba a pagar caro por aquello, y aun así, no podía evitar seguir dejándose querer. Había algo en él que la hacía perder la razón.

Habían vivido ya un año juntos, y cada día que pasaba, se tenían más confianza. No supo cuando fue que Syaoran dejó de dormir en la otra habitación, y se había metido debajo de sus cobijas, pero le gustaba. Sobre todo porque siempre la abrazaba por las noches, y así se sentía menos sola.

De vez en cuando, el muchacho le regalaba detalles, como flores o chocolates. Sakura no podía prohibírselo, pues le encantaba las atenciones que tenía hacia ella. Inclusive había empezado ella a hacer lo mismo.

En el trabajo, los otros meseros, los cocineros y sus ayudantes, no dejaban de molestarlos llamándolos "Tortolitos". Lo peor del caso es que ellos no podían defenderse, pues realmente se comportaban como tales. Para algunos clientes frecuentes, era una verdad absoluta que, si trabajaban juntos, y vivían juntos, aquellos dos estaban casados. Sakura, como siempre, se sonrojaba y se quedaba callada, muerta de vergüenza. Syaoran, por su parte, seguía la broma, y simplemente respondía que aún estaba ahorrando para comprar el anillo para proponérsele.

-Deja de darles armas –le dijo Sakura una noche, cuando salían del restaurante. Había sido una larga jornada, entre clientes, trabajo y bromas, que lo único que ella quería era ir a casa a descansar.

-¿Por qué? –preguntó Syaoran, fingiendo hacer un puchero. Habían subido ya al auto y se encontraban poniéndose los cinturones de seguridad.

-Porque no me parece correcto que les digas que somos novios y vamos a casarnos, si no hay nada entre nosotros.

-Pero…

-Vivimos juntos, lo sé. Hacemos todo juntos, eso también ya lo sé. Pero… Eso no significa que haya nada oficial entre nosotros.

-No hay nada oficial porque aún no he tenido la oportunidad perfecta para preguntártelo.

Sakura estaba por encender el motor del auto, pero aquella confesión la había tomado por sorpresa, por lo que se olvidó de girar la llave.

-¿Espera, qué?

Syaoran se encogió de hombros.

-No esperaba decir algo como eso en este auto, en este momento… -y se rió por lo bajo-. Mejor vayámonos a casa.

-Syaoran, yo…

-Tranquila, te puedo asegurar que no estoy jugando contigo. Simplemente dame tiempo, ¿sí? Tengo que ordenar algunas ideas en mi cabeza, además de que realmente no mentí al decir que quería hacer de ese momento algo especial.

-Syaoran, yo no… -repitió Sakura, pero Syaoran volvió a hacerla callar.

-Te juro que no es un juego –sonaba tan seguro de sí mismo que Sakura no supo que replicar a ello-. Me crees, ¿no es así?

-Claro, pero…

-En ese caso, vayamos a casa. Estamos ambos cansados, y necesitamos dormir.

El muchacho se reclinó en el asiento, y miró por la ventana. Las luces de la calle iluminaban todo muy tenuemente. Se respiraba una calma absoluta.

Sakura suspiró, algo conmocionada, y giró la llave para encender el auto, sin darse cuenta. Aún en su estado de shock, arrancó y comenzó a recorrer el habitual camino, rumbo a casa.

Cuando hubieron llegado, unos diez minutos después, Sakura detuvo el auto, y ambos salieron de este. Entraron a la casa, y sin encender las luces, se dirigieron a la habitación.

-Buenas noches, princesa Sakura –le susurró el muchacho, mientras la arrullaba para que se quedara dormida.

Pero ella no podía dormir. Estaba asustada, aunque no sabía porque. Estaba por cumplir ya tres años viviendo en Ibusuki, y nunca había pasado nada. Su antigua vida no se había presentado frente a ella, de manera abrupta, y todo había transcurrido tranquilamente. Era casi como volver a nacer. Así que, ¿por qué la presencia de ese muchacho debería de cambiar algo?

Intentó tranquilizarse a sí misma. Si su corazón le indicaba que Syaoran era el muchacho correcto, ¿quién era ella para negarse a sus deseos?

Y con este pensamiento en la cabeza, finalmente se quedó dormida.


Cuando abrió los ojos, se encontraba sola en la habitación. La brisa marina agitaba las cortinas, que dejaban entrever la puerta abierta que llevaba al balcón trasero. Se incorporó y se levantó de la cama. Se cepilló el cabello y salió de la habitación. Apenas se detuvo en el rellano, pudo percibir el dulce aroma del pan francés, inundando toda la casa. Sonriente, se apuró a bajar las escaleras, y dirigirse a la cocina.

-Buenos días, Sakura –fue el acostumbrado saludo matinal de Syaoran. La había escuchado bajar las escaleras, y se giró a verla en el momento en que ella se detenía en el marco de la puerta.

-Buenos días, Syaoran –respondió la chica de ojos verdes, con una sonrisa-. Que rico huele –agregó, mientras entraba a la cocina, y se sentaba a la mesa, donde se encontraban ya las tazas de café caliente, los cubiertos, servilletas, miel y canela.

Syaoran se apuró a servir los platos, y se sentó el también, junto a la muchacha.

-Adelante pues –le dijo sonriente, y con esto, ambos comenzaron a comer.

Cuando hubieron terminado, recogieron y limpiaron todo, como acostumbraban ya.

El verano había llegado nuevamente, y con esto, las caminatas por la playa habían vuelto a hacer acto de presencia. Sin embargo, estaba ya casi por terminar, por lo que los dos muchachos se decidieron a darse un remojón en la playa, antes de que el frío invierno los obligara a quedarse encerrados en la casita, sin poder divertirse en el mar.

De este modo, salieron de la casa, se quitaron los zapatos y caminaron por la playa, mientras conversaban tranquilamente. Poco después, cuando el frescor de la mañana dio paso al calor de la tarde, se metieron al mar, mojándose las ropas.

-¡Me encantan los domingos! –exclamó Sakura, mientras salpicaba a Syaoran, y ambos reían.

-Lo dices porque no tienes que ir a trabajar.

-Obviamente –esta vez fue Syaoran quien salpicó a Sakura, y rieron de nuevo-. No es que no me guste mi trabajo, ¡lo amo! Pero de vez en cuando necesitamos un descanso.

La muchacha se impulsó por el agua hasta llegar frente a Syaoran, quien la alzó por la cintura. Sakura lo sujetó por los hombros, y en una broma común, lo empujó para hundirlo.

Como acostumbraban, Syaoran se dejó hacer, pero sin soltarla, la hundió a ella también.

Cuando ambos salieron del agua, respirando profundamente aquel anhelado oxígeno, no pudieron evitar reírse.

-Por cierto, hoy tenemos que celebrar –dijo Sakura, mientras agitaba la cabeza, para quitarse el cabello de la cara. Syaoran hizo lo mismo.

-¿Celebrar? –preguntó el muchacho.

-¿Es que acaso no sabes qué día es hoy? –Sakura se tapó la boca con las manos. Abrió los ojos lo más grande que pudo.

-Hoy es el día en que casi me matas, ¿no es así?

-¡Oye! –le reprochó Sakura, con lo que volvió a mojarlo-. No lo digas tan golpeado…

-Golpeado como me dejaste tú a mí…

-¡A veces puedes ser tan insoportable! –Sakura fingió que estaba enojada, pero no pudo evitar reír al ver como el muchacho sacaba un chorrito de agua por la boca.

-De acuerdo, de acuerdo –se rindió el chico-. Hoy se hace un año desde el día en que nos conocimos, esa noche…

-No tienes tan mala memoria entonces.

-Pues claro, me golpeaste la pierna, no la cabeza.

-¡Eres un tonto, Syaoran!

-¡Más tonta eres tú! –y volvió a sujetarla de la cintura, hundiendo a ambos en el agua.

Cuando volvieron a salir, las risas no se hicieron esperar. Siguieron jugando de este modo, salpicándose el uno al otro, mientras intentaban no reírse tanto, para no tragar agua salada.

-¡Lo digo en serio! –insistió Sakura, mientras seguían mojándose el uno al otro-. ¡Debemos celebrar!

-No tienes que preocuparte por eso –le dijo Syaoran, mientras se sacudía el cabello mojado de la cara-. Ya lo tengo todo planeado.

-¿Y qué planeaste?

-Es una sorpresa, ya lo verás.

Duraron un rato más dentro del agua, hasta que el frío de la noche los obligó a salir del mar. Como no habían llevado toallas, corrieron hasta la casa, tiritando un poco, y entraron apresuradamente, cerrando la puerta tras de sí.

-Iré a bañarme –dijo Sakura, mientras subía a su habitación, para buscar ropas para cambiarse, y toallas-, o el agua salada endurecerá mi cabello.

-De acuerdo –respondió el muchacho, mientras Sakura le pasaba una toalla a él, y empezaba a secarse el cuerpo-, mientras yo prepararé la cena.

-¡Pero la cena siempre la preparo yo!

-Ya lo sé –gritó Syaoran desde la cocina-, pero te dije que celebraríamos, ¿no es así?

Mientras el muchacho de ojos avellana se encontraba en la cocina, trabajando en la cena, Sakura se encontraba en el baño. Se había entretenido bastante, pues se había lavado el cabello tres veces, para asegurarse de que se quitaba toda la sal, y se había enjabonado mínimo cuatro veces, pues quería estar segura de que olía a rosas y no a sal de mar. Sabía que simplemente celebrarían el haberse conocido, pero no podía evitar ponerse nerviosa, pues algo dentro de ella le decía que la noche sería especial por otra cosa. Algo dentro de ella le decía que debía verse impecable para tal ocasión.

Así que cuando finalmente salió del baño, con el cabello ya seco, un bonito vestido negro de tela vaporosa, y un rico aroma a flores de cerezo, se dirigió a la cocina, algo nerviosa. Quizá se había arreglado demasiado, pese a verse tan simple.

Sin embargo, cuando llegó a la cocina, no vio a nadie. De hecho, las luces se encontraban apagadas. Algo confundida, susurró al aire:

-¿Syaoran? –pero no obtuvo respuesta.

Confundida como estaba, salió de la cocina, y se asomó a la oscura sala. El muchacho de cabello castaño tampoco estaba ahí.

-¿Syaoran? –volvió a preguntar, un poco más alto.

-¡Estoy arriba! –escuchó la voz del muchacho, proveniente del segundo piso.

Un poco más tranquila, pero aún confundida, se apuró a subir las escaleras que llevaban al pequeño rellano.

-¿Dónde estás? –preguntó al ver que las luces también estaban apagadas en esa parte de la casa.

-En la terraza –contestó el muchacho.

Sakura entró a la habitación que compartía con Syaoran, y pudo ver una tenue luz que se colaba por las cortinas que indicaban la puerta que llevaba al balcón ubicado en la parte posterior de la casa. Se miró una vez más en el espejo del tocador, se acomodó el cabello y se alisó la falda del vestido.

Después de respirar tranquila, separó las cortinas y salió al balcón.

Lo que vio la hizo abrir la boca y mirar todo, maravillada.

Había un montón de lucecitas de colores, adornando el barandal, las columnas y el techo del balcón. Brillaban alternándose, y al verlas más de cerca, pudo notar que había pequeñas flores aquí y allá, enredadas en el cable de todas aquellas luces.

Entonces, miró al centro del balcón, donde Syaoran había llevado la pequeña mesita de la cocina, y dos sillas. Había cambiado el mantel a cuadros rojos, por uno blanco de encaje, y había puesto un par de velas en medio, así como una botella de Champagne.

Y hablando de Syaoran, el muchacho se encontraba de pie, junto a la mesa, mirando a Sakura, sonriente.

No vestía un traje, pero sin duda se veía elegante con sus jeans rectos y esa camisa azul marino, de manga larga.

Extendió una mano, invitando a Sakura a que se acercara. La chica así lo hizo, y con esto, el muchacho la ayudó a sentarse a la mesa.

-Pensé que cenar en la cocina sería demasiado aburrido –fue lo primero que le dijo el muchacho.

-¡Te ha quedado hermoso! –respondió Sakura, en un susurro, visiblemente asombrada-. ¿Cómo lo hiciste todo tan rápido? ¿Me tarde tanto así?

-Claro que no –Syaoran no pudo evitar reírse-. Los muchachos vinieron a ayudarme. A decir verdad, mientras ellos ordenaban todo, yo fui a bañarme también.

-Eres un tramposo…

-¿Te gusta o no?

-Sí, pero…

-Pues con eso me basta –Syaoran se había sentado también, y tomó la botella de Champagne y el descorchador-. Después de todo, el plan fue cosa mía.

-¿Al menos la cena la hiciste tú?

-¡Me ofendes! –Syaoran fingió que lo había golpeado en el corazón. Sakura no pudo evitar reírse-. Si, lo hice yo. Aunque obviamente pedí ayuda a los muchachos. Espero que te guste…

-Ya lo veremos –bromeó ella, mientras tomaba su copa vacía.

-¿Has tomado Champagne antes? No quiero que te emborraches porque la noche será larga.

-Me asustas –esta vez ella fingió ser la sorprendida-. Pero sí, ya la he bebido antes. Pero nunca nada más fuerte…

-En ese caso, iré despacio –Syaoran abrió la botella y se apuró a servir la espumosa bebida en la copa de Sakura, y después en la suya propia. Dejó la botella a un lado, y alzó su copa-. ¿Un brindis?

-¿Y por qué brindamos?

-Por un año juntos. Y por todos los años que nos faltan.

-Suena bien –ambos se rieron y chocaron las copas. Dieron un rápido sorbo a la espumosa bebida, y volvieron a reír.

-Iré por la cena.

Syaoran se levantó de la silla y se dirigió al otro lado del balcón, donde había otra pequeña mesa, en la cual había colocadas fuentes de comida. Sirvió dos platos y los llevó a la mesa.

-Me he puesto fino –dijo el muchacho de broma-, así que te serviré una cena de tres tiempos.

-Eres un tonto –sonrió Sakura, y una vez que el muchacho de cabello castaño se hubo sentado de nuevo, ambos se dijeron bon apetite, y comenzaron a comer.

La entrada era una pasta con chícharos y crema de champiñones, adornada con una pequeña hoja de laurel. Cuando hubieron terminado con ello, siguió el plato fuerte, que resultó ser una pechuga de pollo rellena de jamón y queso, bañada en una salsa de chipotle. Finalmente, para el postre, Syaoran sirvió un pequeño pay de limón para cada uno.

Habían estado conversando durante toda la velada, por lo que les había tomado algo de tiempo el terminar de comer tan exquisita comida.

-No puedo creer que tu hayas cocinado todo esto –lo felicitó Sakura, sonriente, mientras terminaba de relamerse el sabor del pay.

-Bueno, ya te dije que conté con ayuda –respondió Sayoran-, pero gracias.

-Creo que de ahora en adelante, serás tú quien prepare las cenas –bromeó la chica, mientras el muchacho de ojos avellana volvía a servir Champagne en las copas.

-Creo que tendré que aprender a hacer algo que no sea crema y pollo –bromeó él, y volvieron a brindar y beber.

-Sinceramente, esperaba una celebración no tan fina –suspiro Sakura, sonriente, mientras miraba de nueva cuenta a su alrededor-. Pensé que simplemente cenaríamos y veríamos alguna película…

-Yo estaba pensando lo mismo, pero los muchachos insistieron, y me ofrecieron su ayuda… Después de todo, querían que lo que sigue fuera realmente especial.

-¿Lo que sigue? –Sakura volvió a mirar a Syaoran a los ojos. Se había puesto sonrojada, y al parecer lo mismo le había pasado a él.

-Te dije que quería que fuera especial… -comenzó a decir, algo nervioso-. Y creo que esto se ve un poco especial…

-Syaoran…

-Te dije que no era un juego –continuó el chico, con lo que Sakura sintió que se le iba la voz-. Y que te preguntaría aquello que ambos estábamos esperando, cuando estuviera listo. Y creo que no solo yo, sino tú también lo estás. Es por ello que quería preguntarte… Sakura… ¿Te gustaría ser mi novia?

La muchacha de hermosos ojos verdes sintió que le temblaba la mano y por un momento su copa de Champagne amenazó con caerse. Sus ojos se abrieron de par en par, e inclusive su boca se abrió un poco, sorprendida y asustada.

Pero no había nada de qué preocuparse, ¿o sí? Llevaba ya tres años sin ser descubierta, viviendo en aquel pueblito. Tres años era bastante tiempo, y si había podido sobrevivir hasta ese momento, ¿qué le indicaba que no seguiría así, para siempre? Si no la habían encontrado aún, quizá ya no la encontrarían nunca. Quizá ya ni la estuvieran buscando.

-Sayoran yo…

Estaba nerviosa. No quería romperle el corazón. Suspiró profundamente. Estar junto a él la hacía tan feliz, que sentía que nada malo podía ocurrir. Esperaba que la suerte que el muchacho llevaba consigo, también se hubiera pegado en ella.

-Sí quiero ser tu novia.


Espero y estén pasando un bonito viernes de vacaciones. También espero que este capi haya sido de su agrado. Siento que no explica muchas cosas sobre a donde va todo este misterio entre Sakura y Syaoran, pero necesitaba explicarles un poco sobre la relación que mantienen estos dos. No me parecía justo simplemente hacerlos novios desde el primer capi, además de que me gustó explicar el porqué se gustan, ya que se llevan tan bien y se hace feliz el uno al otro.

Pasemos a las aclaraciones del capi anterior, ¿gustan?

Primero que nada, gracias por los reviews que me dejaron. siguen siendo tan adorables como siempre. Besos por ello. Para la personita que me pidió que describiera un poco más a los personajes, intentaré hacerlo con los que aparezcan a continuación. Si te referías a describir a Terada... pues creo que el verdaderamente es un personaje de relleno y por esa razón no tomé como algo importante el describirlo. Si es sobre Clow Reed, lo haré más adelante, cuando vuelva a aparecer.

Segundo, sobre Ibusuki (que se me pasó explicarlo en el capi anterior), realmente es una ciudad de Japón. No encontré mucha información en wikipedia (LOL, si ya se...) pero por lo que pude ver en google maps realmente es un poblado pequeño, y como lo que buscábamos era algo alejado de Tokio... Ehem, digo, algo retirado de el resto del país, pues como que funcionaba muy bien.

Tercero, pues los invito de nueva cuenta a dejar un review sobre este capi, de relleno. ¿Estamos teniendo un mal comienzo? Prometo arreglarlo para el que sigue. Se llevarán varias sorpresas. Gracias por el apoyo, leerme, sus reviews, y como ya saben, nos vemos de nueva cuenta el lunes. Sigan bellos!