SPOILERS DEATHLY HALLOWS.

Serie de drabbles sobre Albus Severus Potter, su entorno, familia y mundo verde. Con tintes Albus/Scorpius por ahí... o quizá algo más que tintes -smiles-

Disclaimer: Los personajes pertenecen a JK Rowling, a excepción quizá de algún oc por ahí
Fandom: Harry Potter.
Personaje: Albus Severus Potter.

La mayoría de las veces se seguirá una línea cronológica, aunque a veces habrá retrocesos :)

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Mentir

- Papá, papá...

Un hombre de unos treinta años levantó la mirada del periódico. Su cabello era color azabache, revuelto, y unas gafas hacían resaltar sus profundos ojos verdes.

- ¿Qué sucede?

El niño, copia exacta de su padre, no parecía tener más de seis años. Miró hacia ambos lados como si estuviera a punto de decir algo prohibido, y preguntó temeroso.

- ¿Es verdad que si dices mentiras te crece la nariz?

Harry parpadeó. De todas las preguntas que pudiera haberle hecho su hijo, esa era la que menos esperaba.

- ¿De dónde sacaste eso? – preguntó, riendo.

- Gemma me lo dijo – respondió Albus -. Me dijo que un amigo muggle se lo había dicho, porque le había sucedido una vez. Pero que luego se había operado y que había quedado como antes. ¿Es cierto?

- No, Albus. No te crece la nariz si mientes. Eso es un cuento muggle – respondió Harry, obviando el comentario de que seguramente Gemma habría sacado la idea de su madre. Ambas se parecían muchísimo.

- ¿Entonces, no te pasa nada si mientes?

Harry lo pensó. No sabía qué decirle. Era en esos momentos cuando deseaba tener a Ginny a su lado. Ella siempre encontraba alguna respuesta ingeniosa y correcta. Suponía que el hecho de haberse criado en una familia numerosa, con unos padres responsables, había ayudado. El nunca había recibido un muy buen ejemplo, y no sabía muy bien cómo enseñar a sus hijos. Había algo que hubiese querido decirle, pero era muy pequeño aún. Quizá más adelante.

- Tu madre sabe lo que sucede cuando mientes – se conformó con responder – Ve a preguntarle.

Albus no esperó a que le dijera nada más, y salió corriendo. Harry sonrió. Aquel pequeño solía creer con facilidad lo que le decían. Tendría que advertirle a James sobre eso, aunque seguramente su hijo mayor lo tomaría como una invitación en vez de una advertencia.

Antes de volver a concentrarse en El Profeta, se palpó inconscientemente el dorso de la mano derecha, donde las palabras habían quedado grabadas como cicatrices que permanecerían por siempre, en la piel y en su mente.

'No debo decir mentiras'.