¡Hoy es martes de actualización! —olvidé mencionarlo anteriormente: cada semana habrá un capítulo nuevo—.
También, es cinco de septiembre, lo que significa: ¡feliz cumpleaños a Hanji! Sin duda una de mis personajes favoritos en SNK. He de mencionar que, en uno de los capítulos se habla de su cumpleaños. Solo que, no coincidieron la fecha y el capítulo. Tal vez si hubiese subido el fic desde antes, sí que habrían correspondido.
Pero bueno, ahora sí doy comienzo al capítulo dos, que como ya ha de haber visto en el título: Levi.
PLAYLIST: Rise
CAPÍTULO II: Levi.
A cada paso que doy siento una punzada en el pecho; siento que me quedo sin aire. Las personas a mi alrededor, tienen la mirada fija sobre mí. Con recelo.
Tengo la garganta seca, y los labios partidos. Veo borroso, y mis parpados se sienten pesados. Podría caer en cualquier instante, pero no me lo permito. Ese aroma; cada pasillo, parece no tener fin. Mis piernas se encuentran afligidas. Me siento bastante mal.
Evado a toda persona que se me pasa por enfrente, y camino hacia la oficina del director Fritz, para quedar en acuerdos con éste. Empero, no me fue posible. Pues éste no se encontraba. Por lo que pasé a otra oficina, donde recogí mi itinerario, llaves; objetos y papeles de poca importancia.
Finalmente, después de haberlo hecho, me dirigí al Aula magna, respirando profundo.
Me siento un poco perdido. ¿Cuánto ha pasado? ¿Medio año?
Llegado al lugar, después de interminables minutos de caminata. Me dirigí hasta el otro extremo de la sala, en una orilla, en los lugares menos alumbrados, unánime coloco mi mochila sobre el escritorio de mi lugar, tomando asiento, aliviado.
Observo a las personas pasar, e instalarse en los lugares disponibles en las zonas bajas del recinto. Mientras que otros saludan a algunos de los docentes. Dos plantas por debajo de mí, lo que me dejó en mayor tranquilidad.
Pero entonces, en cuanto me giro a la entrada, puedo encontrar a Hanji mirándome fijamente, tratando de descubrir quién soy. De pronto, deteniéndose. Y tras examinar durante varios momentos, a paso lento, volvió a moverse, extendiendo sus brazos, unánime forma una sonrisa de oreja a oreja.
— L-Levi— titubea, conmocionada—. ¡Levi!—clama Hanji, lanzándose a abrazarme.
Las lágrimas comenzando a recorrer por su rostro, aprisionándome entre sus brazos con mayor fuerza—. ¡Levi!— insiste, mientras intento quitármela de encima, sin decir nada, pero es inútil. A lo que cedo a su abrazo—. ¡Levi! Te extrañé tanto, enano— me soltó finalmente.
—Ya cálmate— logro decir.
No me encuentro demasiado bien para poder entablar una conversación. No me ha sido fácil volver a la universidad después de todo lo ocurrido.
Hanji comenzó a examinarme con la mirada, y con sus manos y dedos, comenzó a detallar mi rostro, centímetro por centímetro. Sonriendo ante comprobar todo, volviendo a abrazarme, esta vez riendo y calmando su llanto.
—Tch…
—No sabes lo preocupados que estábamos por ti— revela, en un tono sosegado.
— ¡Levi!— reconocí al instante la ronca y grave voz de Mike, quien se acercaba alegremente. Y terminó atrapándome en un abrazo al igual que Hanji —algo inusual—.
Ambos mayores se separaron de mí, complacidos. Hanji tomándome de los hombros, fortuitamente. Mirándome a los ojos, con determinación—. Levi, lo siento mucho-
—No quiero hablar de eso— la interrumpí, antes de que pudiera terminar de hablar.
—E-entiendo— dijo, cabizbaja. Acallándole por completo como acto secundo. Hasta que volvió a su estado de ánimo—. ¡Lo importante es que volviste! —manifestó, sonriendo—. Y ya tengo algunos planes— sonrió ampliamente, y un tanto maliciosa. Como si del Gato Cheshire se tratara.
Extrañaba ver su sonrisa de psicópata por extraño que suene.
— ¿Dónde está Erwin?—consulté, buscándole con la mirada en el aula—. Necesito hablar con él.
Hanji se alarmó al mencionar a Erwin, dando esto a relucir con su esporádica expresión de incomodidad. Lo había olvidado. Terminaron.
No sé exactamente por qué su relación se fue a la mierda, pero eran buena pareja.
Aún recuerdo el día de su ruptura.
No se habían hablado durante todo el día. Y durante el entrenamiento, Erwin decidió hablar con Hanji, quien aparentemente se encontraba enojada con él. Y en un intento del cejudo por acercársele, fue golpeado por la Cuatro Ojos, al punto que sangró.
Con Erwin ya humillado y arrodillado, Hanji dio fin a su relación.
Nadie supo del motivo de su pelea. Y ninguno de los dos quiso contármelo a mí o a nadie más. Pero por lo que tengo claro, su relación no acabó en buenos términos, por lo que es difícil que estos dos hablen a solas. Y aunque rara vez lo hagan, solamente son por asuntos de estudios.
—Supongo que aún no llega— comentó Hanji, dimitida. Encogiéndose de hombros—. Por cierto, Levi. Creí que hoy tampoco vendrías…— cambió de tema repentinamente—. ¡Me preocupé demasiado! ¡¿Cómo demonios se te ocurre faltar más de lo que ya?!
—Kenny me obligó a venir— respondo, serio.
Ese fósil ya no hallaba ni qué hacer conmigo en casa. Su única opción fue mandarme devuelta aquí.
Y ante mi réplica, Hanji rio, cabeceando—. Creo que le debo una grande a Kenny, ja — exclamó, burlona—. Y para celebrar que volviste… Terminando clases deberíamos salir a algún lado a comer— propuso—. Es más, yo invito— agregó, altanera.
— ¿Con qué dinero?— inquirí, cáustico. Mirando fijamente mis dedos sobre la madera del escritorio.
— ¡Oye! Ya me recuperé— denunció, haciendo pucheros. No logrando mantener estos—. ¿Entonces qué dices? ¿Sí?— instó, cercándose a mi rostro. a lo que empujé su rostro, afirmando con la cabeza, ya hastiado.
Acto secundo rodando los ojos, advirtiendo así de soslayo el cómo Auruo se acercaba a mi lugar con una mueca de disgusto en su rostro.
— ¡Finalmente decides aparecerte, Rivaille!—protestó, irritado. Al sobresalto, alzando la mirada, recibiendo un golpe directo en el rostro por parte de Auruo.
— ¡Mocoso de mierda!— gruñí, por inercia, llevando mi mano hacia la zona atacada. Sintiendo un líquido caliente recorrer a mi muñeca, encontrando sangre en esta tras darle un vistazo.
Entonces dirigí mi mirada hacia Brossard, fulminante. El de cabellos castaños, no inmutándose a ello, respirando con agitación unánime se mantiene fijo a mis ojos, con desprecio.
Y aprovechando de su estado de reposo y distracción, traté de alcanzarle, pero Mike jaló de mí, impidiendo que le regresara el golpe a Brossard.
— Maldita sea. Suéltame, Mike… — mascullé, agitando mi cuerpo. Con mis brazos, buscando apartar los del más grande.
— ¡¿Qué te sucede, Auruo?! — intervino Hanji, metiéndose entre los dos. Moviéndose de lado a lado, bloqueando la vista tanto a Auruo como a mí.
— ¡Deje de estorbarme, este bastardo debe pagar!— exclamó Brossard, persistiendo.
— ¿Qué-carajos te hice?— bramé, sofocado. Tratando de librarme del agarre de Mike. Pero entre más intento zafarme, me retiene con más fuerza.
— ¡Dije que dejara de estorbarme, o no tendré de otra!—instó Auruo, intentando sacudir a la castaña. Ésta, conteniendo los puños de Auruo, empujándose el uno al otro.
— No, ¡hasta que expliques tu comportamiento! —replicó Hanji, fastidiada. Por lo que Brossard, ya cansado soltó un quejido, y jaló a Zoe hacia él, golpeándola con el codo, tirándola a su vez.
— ¡Oe!—vociferé, y a su vez, Erwin.
Éste último, interviniendo en la pelea. Inmovilizando al fastidioso de inmediato.
— ¿A qué se debe esto, Brossard?— preguntó el rubio. A lo que Auruo guardó silencio, observándome con furia. Fue en ese momento, cuando el más alto notó mi presencia—. ¿Levi? — miró, desconcertado.
No se había dado cuenta de que estaba aquí.
«Eres demasiado obvio, Smith.»
— ¿Hablarás o no, estúpido?—refunfuño, en contra de Brossard, al cual Erwin fue soltándole—. ¡Habla ya, maldita sea!—espeto, enfadado. El aludido bajó la mirada, y terminó arrodillado.
Su cuerpo se encogió contra el suelo, afligido, y comenzaron a escucharse gimoteos de su parte, los cuales, pronto se convirtieron en un fuerte llanto incesante. Ante la escena, dejando atónitos a los presentes.
— ¡Todo fue tu culpa, maldito! ¡Por tu culpa estoy así, por tu culpa he sufrido todo este tiempo!— chilla—. ¡¿Cómo demonios puedes vivir con eso?!— aulló, en su voz denotando el dolor.
Ahora comprendo lo que sucede. Sé de lo que habla; sólo es un mocoso de mierda arrogante e impertinente. ¿Y viene a decirme esas estupideces?
—Creo que deberían terminar con esto. Están llamando demasiado la atención— desvió Mike, dándonos a caer en cuenta el que personas seguían entrando en el lugar.
Empero, Brossard siguió clamando, aumentando la atención hacia nosotros, incluso por pisos debajo.
— Cierra el hocico—ordené, frívolo. Pateándole, para después, levantarle y estamparlo contra la pared detrás de mí. Amenazándole con golpearle. Mi respiración es agitada. Pero con este pesado aquí, me es casi imposible tranquilizarme.
—Levi— llama Hanji, con un timbre suave; diría, materno. Sostuvo mi brazo durante largos segundo, hasta que me giré. En su semblante, denotando la preocupación y la tristeza, dando a saber que, comprende el porqué de la situación.
La señal para comenzar sonó, por lo que solté a Brossard, dejándole ir. Para cuando el melodramático hable, y después de la escena montada aquí, seguramente tendré alguna llamada de atención. Pero ahora es de lo menos que debo preocuparme.
Pasados los minutos, la gente comenzó a pasar al interior del lugar, ocupando la mayoría de los lugares. Invadiendo lo que antes era la parte vacía del auditorio.
—Tch—chasqueé, tomando mi lugar. Siendo secundado por Hanji y Mike. Ésta primera, algo inerme, acariciando la mejilla donde Auruo le golpeó. Absorta.
Mi atención se desvió a los pies de la sala. Ahí, encontrando a diferentes docentes colocarse para comenzar la conferencia.
Y una vez listo todo, el silencio prevaleció en el lugar, llevando la atención hacia la tribuna. En esta, presentando de primera, al director Fritz dar la bienvenida. Algo que fue de extrañar, teniendo en cuenta el que la reunión es para los grados superiores, con ello, por supuesto, excluyendo a los freshman.
— ¿La bienvenida no fue la semana pasada? — murmuré a Hanji, difuso.
—Sólo para los de ingreso— respondió la Cuatro Ojos—. Esto es algo… especial. O bien puede ser, exclusivo para nosotros. No nos han dicho por qué, pero serán varias conferencias, debido a que el mensaje será difundido a los estudiantes de todas las facultades— reveló, a lo que le miré, alzando una ceja.
—Sólo una parte de cada una está aquí en este momento— mencionó Mike, serio—. Nanaba estuvo en la anterior, y por lo que dijo, hablarán seriamente tanto de los incidentes ocurridos con las fraternidades, como de las muertes que hubo— soltó, helándome.
Ante su revelación, ambos volvimos la mirada al escenario, prestando suma atención al discurso.
Después de un rato sin nada de información relevante, pareció olvidársele a Hanji, a quien pude notar, el cómo su mano fue acercando a la mía, deslizándose por el escritorio. Dando a deslumbrar una nota bajo esta.
«" ¿Estás perdido? Porque yo no veo ni a Blanca Nieves ni a los otros seis enanos, gruñón."
—Hanji.»
Leí, y me giré a verle, chasqueando la lengua. Se carcajea en silencio, casi llorando. Y en respuesta, hice pelota el pedazo de papel. Regresándole esta con un tiro a la cabeza.
— Sólo era una broma… Tómala con humor— dijo Hanji, riendo todavía, en bajo. Gafas de mierda.
— ¿Y ya le diste las gracias al cejudo?— inquirí, logrando desconcertarle.
—Eh, ¿quién, yo?— me miró, confundida. Y asentí, resoplando—. Hm…— titubeó, girándose. Dando con Erwin entre la multitud, dudando al mirarle—. Bueno… Probablemente después de que termine esto— dijo, acariciando su mejilla.
Momentos después, volviendo su vista hacia mí, instando—. Levi, ¿me ayudarías? Es algo importante— sacó.
— ¿Hm?— cuestioné.
—Para la autorización de un club— reveló.
— No creo que yo sea de gran ayuda— comento, hastiado.
— ¡Por favor! No puedo yo sola— insistió, entre dientes. Cansándome después de varios intentos.
— ¿Por qué no le pides ayuda a Erwin? Ya que hablarás con él, podría ser una oportunidad— comento—. Tiene muy buena reputación entre los profesores y el director. No creo que se lo vayan a negar— susurré.
—No lo sé, Levi… —se detuvo —. ¿No sería… demasiado?
—Solo estás tratando de evitar tener una conversación con Erwin— solté, mordaz.
Hanji se volteó, y rascó su nuca.
— Tampoco creo que se rehúse a ayudarte— agregué.
—Hmph— sopló, insegura—. Trataré— expresa, no muy convencida.
Pero de nuevo, su atención se vio centrada en la tribuna, justo cuando se hizo mención de los presidentes de las hermandades, invitando a estos a pasar al escenario. Algo que provocó el aumento de tensión en el ambiente. Notando a Hanji bastante nerviosa por ello.
Y fue así. Como lo mencionó Mike. Se habló sobre las muertes accidentales durante la rush week en diferentes hermandades de otras universidades; un problema que también llegó a presentarse en el campus en años pasados.
Pero el final, fue algo que conmovió a toda la sala. Provocando disturbio entre los presentes, quienes mascullaron y miraron por todos lados.
— ¿Qué piensas?— preguntó Hanji, curiosa, pero aprensiva.
—Nada— suspiré, fastidiado.
Deslizó sus gafas por el puente de su nariz, posicionando éstas en su lugar—. ¿Te quedarás a capacitación?
Tomé mis cosas en un rápido movimiento, abandonando el aula sin previo aviso. Siendo observado por Hanji mientras me alejaba.
Opté por dirigirme a la facultad. Pero los pasillos se encuentran atestados de personas, apenas permitiéndome moverme.
Y mientras intento avanzar, me puedo percatar que, algunas de las caras lucen asustadas, otras sorprendidas, molestas, e incluso tristes ante mi presencia. Muchos tienen la mirada fija sobre mí.
A pesar de ignorarlos, logré sentirme raro.
En alternativa, colocándome los audífonos, encaminándome al área de comida.
«I won't just survive» entono, en bajo.
Camino, nuevamente ignorando a todos en mí alrededor, disfrutando del contralto de Katy resonando en cada bocina de mis audífonos.
En sus canciones hablando del empoderamiento, la autoestima y situaciones de la vida cotidiana; se mudaba constantemente, hubo una época en la que su familia luchó financieramente, trató de ser la típica chica californiana practicando cosas de un típico adolescente.
Estos, y otros paralelismos, me hicieron sentirme identificado tanto con la cantante como con sus canciones.
«Can´t write my story»
Divagué por la zona, revisando los menús de los establecimientos. Empero, en mi billetera, no contando con lo suficiente. Teniendo que concurrir a otra alternativa. Me formé en la fila de McDonald's y esperé a mi turno.
Ya avanzando un poco, me detuve a observar el mostrador, y decidí deslizar mis dedos por la superficie. Miré la punta, y pude así comprobar la suciedad acumulada en uno de los rincones del tablero.
Da asco. Se supone que la zona de comida debería ser una de las áreas con mejor higiene.
— ¡Siguiente!— gritó la mujer del mostrador.
Después de haber comprado lo que consumiría, me alejé de los puestos de comida, y comencé a buscar alguna mesa disponible en la zona, la cual como siempre, se divide en distintas secciones.
Con suerte, logrando encontrar una mesa sola. Finalmente pudiendo disfrutar de la comida y la música en paz.
Coloqué el popote en el vaso de té frio, y desenvolví mi Hash Brown. Crujiente y grasoso. Por un momento, dudando si comerlo o no. Pero lo necesito.
Por el momento será lo único que trague hasta la salida con Hanji y Mike, y hasta que Kenny me mande el dinero que he dejado en casa.
Ya pasado un rato de tranquilidad. Me relajé, creyendo que nada me molestaría. Empero, fue algo erróneo de mi parte. El idiota volvió.
— ¡Levi!
— ¿Qué quieres ahora, estúpido?— ladré, mostrando desdén. Recibiendo una queja de su parte.
Sus labios se mueven, pero su voz no es audible. Esto, debido al volumen de la música.
Dejé mis cosas de lado, resoplando antes de deshacerme de uno de mis audífonos. Para encararle.
— ¿Qué decías?—pregunto, con indiferencia. Alzando una de mis cejas.
— ¡¿Acaso te estás burlando de mí, maldito enano?!—espetó Auruo, jalándome fuera de la mesa y tirando un golpe con su rodilla cerca de mi entrepierna.
—Maldito…— mascullé, pasando mis mano a la zona atacada.
Claramente, tiene ventaja por su estatura. Pero decidió un mal momento. Pues ahora, no hay nadie que pueda intervenir.
Alcé mi puño, y encesté el primer golpe en su rostro. Por inercia, Brossard pasó su mano a su mandíbula. Y furioso, devolvió el ataque.
— ¡Hey!— clamó un chico, molesto tras haberle empujado accidentalmente; trató de regresar el empujón. Pero terminé golpeándole después de haber dejado a Auruo en el suelo. Herido.
— ¡Eren!— escuché gritar a una femenina voz, preocupada y molesta.
Simplemente me alejé, hastío.
Recorriendo por el largo sendero, buscando algún lugar más tranquilo en el que pudiera estar a solas. Estoy harto.
— ¡Oye, tú!—escuché gritar, pero ignoré por completo a la persona.
Y momentos después, súbitamente, me golpeé contra la pared, o bien, alguien me azotó.
— ¡¿Por qué demonios golpeaste a Eren?!— brama la azabache, tomándome por la chaqueta.
El repentino ataque, y su autora, dejándome pasmado por momentos. Hasta que reaccioné.
— Primero escúchame tú, mocosa de mierda— espeté, empujándole, librándome de su agarre. Provocándole caer sentada—. No sé quién carajos es Eren. Y me importa una mierda— mascullé.
—Infeliz— soltó, a regañadientes. Buscando irse en contra de mí nuevamente, algo que previne, sosteniéndole. Escuchándole gemir a ello.
—No batallaré con una mocosa— gruñí, tirando de sus brazos, de forma que solté éstos de manera brusca. De forma que protestó.
— ¡Ackerman!— exclamaron, a la distancia. Acercándose rápidamente a pesar de su avanzada edad—. Conmigo, ahora— ordena, tras alcanzar mi posición.
Aborreciendo la situación.
Nos llevó a ambos a la biblioteca del campus, e interrogó por separado en uno de los apartados del lugar. Posteriormente, integrando a los dos.
Me dispuse a tomar asiento seguido del lugar de la mocosa, o bien, a su lado por órdenes de Zackly, quien se retiró tras recibir una llamada.
Paseé mi mano por encima del bolsillo de mi chaqueta, traqueteando hasta lograr sentir la caja rectangular y asir ésta.
Me coloqué los audífonos, y desbloqueé la pantalla. Dirigiéndome a la aplicación de música, divagando en ésta hasta seleccionar una de las pistas; la canción comienza a reproducirse, pero no se escucha en ninguna de las bocinas. Mierda. No hace más de una semana que los tengo, y ya se han descompuesto.
Guardé el par, celular y audífonos, fastidiado.
El ambiente es tranquilo, y bastante silencioso. Empero, los únicos sonidos presentes son los de las astas del ventilador encima de nosotros, y el reloj haciendo «tic tac».
Sin nada más que hacer, examinando a la chica.
Parece ser de ascendencia asiática, siendo delatada por sus finos rasgos, y la palidez de su piel; ojos de aspecto grisáceo; y cabello negro en contraste, corto a los hombros, con un mechón atravesando su rostro.
En cuanto a vestimenta, lleva una blusa gris sencilla, shorts de mezclilla y unos high hops negros con cremalleras plata a los lados; llevando la muñeca de su mano derecha vendada, finalmente, una bufanda roja rodeando todo su cuello, resaltando del resto de sus prendas.
Cabe mencionar, es aproximadamente diez centímetros más alta que yo —tomando de referencia a Hanji cuando se encuentra a mi lado—.
El silencio imperó, provocando una atmosfera estática. Siendo únicamente interrumpido por las leves resonancias de nuestra respiración, y ahora, también por pequeños golpes. Desvaneciendo mi concentración.
—Levi, ¿cierto?— soltó de repente la azabache a mi lado, piqueteando repetitivamente el soporte del brazo de la silla, haciendo sonar ésta.
Puede que esté nerviosa, pero su expresión me hace dudarlo, pues se ve muy tranquila.
Esperé antes de proseguir, fijo en el librero frente a nosotros. Cruzado de brazos, volviendo a otearle de reojo.
—Sí— afirmo, corto.
Mikasa
Después del mal rato, volví a la facultad, fastidiada. Teniendo que lidiar con ello en mi cabeza, algo que por lo menos, hasta el momento disminuyó.
Llevo esperando quince minutos, ¿dónde están? ¿Ya se habrán ido? No, no lo creo.
Marqué varias veces pero ninguno contestó a mis llamadas. Estoy preocupada, necesito buscarlos. No hay ni rastro de Eren. O Armin siquiera.
— ¡Mikasaaa!— gritaron a lo lejos.
Volteé a ver. El movimiento siendo apenas visible para mí, en el momento que Sasha me atrapó en un fuerte abrazo.
— ¡Mikasa!— exclama, se escucha muy contenta. Y sin poder librarme, consentí a su abrazo. Apenas ha pasado una semana y media desde que entramos pero, realmente me estoy llevando bien con Sasha—. ¡¿Dónde estuviste?!
— ¿Sabes algo de Eren y Armin? — evadí.
—Eren y Armin… Oh, sí. Están en enfermería— soltó, masticando un pedazo de pan.
— ¿En enfermería? —salté—. ¿Están bien? Necesito ir a verlos— farfullé, tomando mis cosas rápidamente. Disponiéndome a ir en su búsqueda.
— ¡Mikasa, no!—me detuvo Sasha—, están bien, no te preocupes. Armin se desmayó, es todo— explicó—. Aparte, al venir para acá miré a Eren por los pasillos. Hay que esperar aquí, no tardarán en aparecer— insistió.
Y después de ello, y otras palabras, Sasha logró convencerme de quedarme. Aunque no dejándome tranquila del todo.
— Por cierto, ¿quieres?— consultó, mostrándome el interior de su mochila. Montones y montones de golosinas.
—No…— refuté, negando con la cabeza, cubriendo con mi mano.
Sigo sin explicarme cómo es que puede tener tanta comida en su mochila… Por otra parte, es raro que Sasha ofrezca comida —aunque siempre me ofrece. Empero, únicamente cuando la miro raro y cree que quiero de ello—.
Posteriormente, dando veracidad a Sasha. Sorprendiendo a Eren llegar a toda velocidad, acompañado de Jean. Ambos agitados.
Por suerte aún pudieron hacer las pruebas. Entretanto, Sasha y yo nos dedicamos a observar el entrenamiento. Yo me mantenía en silencio mientras que Sasha no paraba de hablar y comer.
Entre el bullicio, logrando escuchar la voz de Armin a las cercanías. Por inercia, girándome a buscarle. Hecho esto, comprobando que, efectivamente, es Armin. Pero no viene solo. Annie le acompaña…
— ¡Mikasa! — saludó Armin, alegre. Alzando su brazo en señal, acercándose hacia las gradas, dejando atrás a la rubia. Y llegado a los asientos, tomó lugar a mi lado.
— ¿Qué pasó, Armin? ¿Estás bien?—inquirí, examinándole—. Estás pálido — advierto.
—E-estoy bien, Mikasa, no te preocupes— aseguró, sonriendo. Apartando mis manos de su rostro, algo incómodo.
— ¿Está bien si voy hoy?— consulté.
—Claro— afirmó, encogiéndose de hombros—. ¿Y cómo va Eren? —prosiguió.
—Supongo que bien— señalé, ambos volviendo la mirada a la cancha. Divisando a Eren aún en una de las pruebas, luciendo algo ya extenuado. Empero, buscando continuar, esforzándose por ello. Obstinado.
Y así lo hizo, siguió con la prueba. Finalmente, llegando a la última de éstas, enfrentándose a los demás cuerpo a cuerpo. Superando a éstos de uno a uno.
No obstante, momentos después, en un abrir y cerrar de ojos, Eren yace en el suelo, retorciéndose.
— ¡Eren!— exclamé, sobresaltada. De inmediato me puse de pie, y me hice paso entre los asientos, hasta llegar al pasillo de las escaleras.
— ¡Espera!— gritaron Armin y Sasha, detrás de mí.
Con rapidez, atravesé la yarda, hasta alcanzar la posición de Eren, arrodillándome a su lado alzándole entre mis brazos—. ¿Estás bien, Eren?— farfullé.
— ¿Mikasa?— dudó, mirándome con extrañez, como si no creyera que me encuentro aquí—. Estás bien…— dijo, suspirando, aliviado.
No entiendo lo que acaba de pasar.
De repente, una sombra se posó sobre nosotros, invadiendo mi campo de vista. Alcé la mirada, logrando vislumbrar el contorno de una figura masculina. No reconociendo a ésta hasta que se deshizo del casco.
—. Tú… ¡Maldito enano!— bramé, lanzándome contra Levi. Empero, sintiendo algo impidiéndomelo. Eren me sostiene por detrás con fuerza, evitando mi alcance contra el más pequeño—. ¿Por qué demonios volviste a golpearlo? —mascullé.
—Se supone que esta es una prueba de resistencia, igualada— espetó Levi, con sumo desdén.
— ¿Pero acaso era necesario esto?—cuestiono, furiosa, encarándole.
—Los exámenes físicos se hacen con la finalidad de saber si la persona puede aguantar el esfuerzo físico de una temporada completa y realizar lo que se le pide. Si no pasa la prueba no vale una mierda. ¿Entiendes bien, mocosa?— ladró, chasqueando la lengua en el acto.
Sus ojos se retiraron de los míos, y se dio la media vuelta, alejándose. Dando así, la vista de la parte trasera de su jersey «Levi R. 25».
Lo he visto antes.
—Estoy bien, Mikasa— manifestó Eren, persuasivo—. Déjalo así.
Ante la petición, y de que me soltara, me giré hacia él, desorientada—. ¡Pero ya es la segunda vez que te golpea!— declaro, señalando al azabache alejarse.
—Por favor, Mikasa, hay que dejarlo así. No quiero meterme en problemas con el capitán Levi— dice, sosegado.
Algo que por regresión, hizo que me tranquilizara con el asunto, aunque no dejando de sentirme inquieta por ello. Sin embargo, entre mis meditaciones, algo logró sacarme de mis casillas.
— ¿Dijiste capitán?— consulté.
—Sí. Es el capitán de la línea defensiva— aclaró Eren.
Número 25; línea defensiva…
Hanji
— ¡Por fin! — expresé, con un aire de alivio—. Creí que no terminarían nunca con eso de la capacitación— comenté, extendiendo mis brazos al subir al estacionamiento. Apenas avanzados unos metros, llegando al auto de Zacharius.
Mike soltó un ligero soplido burlón, y se adelantó a acomodar los asientos. Entretanto, me recargué en la parte trasera del auto, divagando en a qué lugar podríamos ir a comer, y que fuera del gusto de los tres. O cuatro.
Pero entonces, un sonido llamó mi atención, sacándome de mi ensimismamiento; y giré mi cabeza, buscando la proveniencia del ruido.
Probablemente fueron los tacones de Frieda —capitana del equipo de porritas, y presidenta de sorority— repiquetear en el concreto. O el pitido del auto.
La Reiss caminó hacia un Maxima negro a dos espacios de nosotros. Algo que me hizo caer en cuenta, es el de Erwin. Éste último y la pelinegra, intercambiando palabras. No sé qué han dicho, pero el más alto abrió la puerta del acompañante y Frieda subió.
Erwin le dio vuelta al auto por la parte de atrás, dando zancadas al otro lado. La escena, recordándome un par de cosas.
Y justo antes de subirse al auto, nuestros ojos se encontraron. La determinación de sus azulejos reflejándose contra los míos. Y al darme cuenta de mi error, retiré la mirada al instante, unánime Erwin entraba en la estructura del Nissan. Momentos después, el motor encendió, y el auto marchó.
— ¿Celos?— pregunta Levi al llegar, mordaz.
— ¡N-no!—titubeé, volviéndome hacia el enano.
Mierda, ¡titubeé! Siento mi rostro arder de vergüenza. Maldición. Me tomó desprevenida.
—Ya está listo— anuncia Mike, terminando de tirar la basura restante que sacó.
Levi decidió irse en la parte de atrás, sonoramente daba un casi indefinido alago a Mike por su trabajo de limpieza; mientras que yo subí de co-piloto,
Entrada al vehículo, siendo invadida por una dulce y refrescante esencia; el aromatizante es bastante agradable. Es como la fragancia de aquel perfume… ¡No! ¡Demonios!
Siento cómo repentinamente mi rostro vuelve a colorarse; esto no me ha dejado muy bien. No lo estoy. Volteé a Mike, quien rio por un momento ante mi expresión.
Me giré hacia atrás, en dirección a Levi, esperando que este no viese mi reacción. Encontrándome con que éste se mantenía indiferente a la situación —como sería de costumbre —. No obstante, en su abstracción, notándose alicaído. Lo que me hizo volver en mí.
El rubio ya había encendido el vehículo desde momentos antes, pero parecía estar esperando algo. Que fue cuando me di cuenta, y tomé el cinturón, asegurándome. Y comenzó a andar.
Perdiéndome entre recuerdos y pensamientos, enfrascada en éstos. De reojo, viendo a Levi a través del retrovisor.
Al salir he visto a Eren esperando en la banqueta. Pero no me di la tarea de saludarle, pues me encontraba distraída, tratando de borrar algunas imágenes de mi cabeza.
Eren
Dada terminada la capacitación, me di un momento de respiro antes de retirarme, descansando sobre la yarda unánime seco mi sudor con una toalla. Ante mi tardanza, viendo a Mikasa y Armin acercarse desde las gradas.
Al alcanzarme, ayudándome a levantarme. Para después, ofrecerse a acompañarme. Últimamente han insistido en ello, por lo que mientras caminamos, damos un repaso de lo hecho en el día.
A veces es genial, pues casi no tengo tiempo para hablar con ellos; no compartimos clases, yo vuelvo a casa con mi madre. Sólo durante el o los descansos en los que coincidimos es cuando puedo hablar con ellos.
Llegados a la salida, me despedí de Armin y Mikasa. Acto secundo, se retiraron.
Y esperando mi transporte, pude admirar a varios salir en el suyo, como los capitanes, y algunos que otros estudiantes.
Empero, llevándose mi atención, un Mustang rojo. El cual, se detuvo a unos metros de mí. La ventana de éste bajando, dando a ver parte del interior y los pasajeros en éste.
— ¡Jaeger! —resonó la estridente voz de Reiner—, ¿quieres un aventón?— invitó, levantando sus gafas.
Junto a él viajan Annie y Bertholdt, este último reclinando su asiento para permitir la vista de Reiner, o simplemente para no toparse contra el techo. Mientras que la rubia mantiene la mirada fuera de la conversación.
—N-no, gracias— niego con la cabeza, ensimismado.
Detrás de Reiner, sonando el claxon de otro auto, proviniéndole a avanzar.
—Bueno... Nos vemos mañana— exclamó, despidiéndose. Entonces colocando sus gafas nuevamente, preparándose a andar.
El auto de atrás volvió a sonar, advirtiendo a Braun. Éste lanzándole una señal, para después acelerar. A velocidad, desapareciendo en la lejanía.
Decidido. Un deportivo rojo.
Después del largo viaje, llegué a casa. Esperando descansar después de todo lo ocurrido, y poder reposar mi cuerpo posteriormente de los golpes propiciados en éste.
Al entrar en la casa, me quité el par de tenis y calcetas, disfrutando del alfombrado suelo color carne. Arrastrando los pies por éste.
Caminando un poco más, miré hacia la esquina de la sala, aproximándome a ésta. Encontrándome entonces con el piano de Mikasa posado frente a mí, paseando mis dedos por la lucida superficie de éste.
Desde que recuerdo, tiene bastante tiempo sin usarse. Probablemente desde antes de la graduación…
A pesar de su tamaño, no ocupa mucho espacio en el salón, y hace ver elegante la estadía. Además de propiciar cierta tranquilidad.
—Eren, ¿quieres hablar?— escuché la grave voz de mi padre, irrumpiendo en mis pensamientos. Y volteé al instante, recibiendo invitación de su parte a sentarme a su lado en la mesa.
Hanji
Después de divagar un rato entre localizaciones y dar varias vueltas por diferentes lugares, terminamos por detenernos en la Plaza Ermich, y buscar ahí. Entre varios locales entrando finalmente a uno de los restaurantes.
Tomamos asiento en una de las mesas al lado de las ventanas, teniendo doble vista; a la calle y al estacionamiento. Este último no solo del restaurante, sino de la Plaza Ehrmich en general. Viendo pasar cientos de autos y personas por aquí.
Un mesero ha venido ya a tomar nuestra orden un par de veces, pero pedimos tiempo. Hasta que después de un rato, llegó Nanaba y tomó asiento al lado de Mike, saludando a este con un beso en los labios.
Conversamos un rato, hasta que a nosotros se acercó la dueña del restaurante —supongo, por cómo le respetan el resto de empleados—, y nos atendió ella misma.
Es una mujer muy amable; su piel con un delicado bronceado, de cabello negro y grandes ojos ámbar. Por alguna razón siento que la conozco, pero es la primera vez que la veo. O eso intuyo.
Ya tomada nuestra orden la mujer se retiró, y continuamos con la charla.
— Por cierto, Levi— marcó Nanaba, dejando su vaso de lado. Pasando el sorbo, carraspeando—. Escuché que te metiste en problemas apenas llegar— comenta. A lo que el azabache rodó los ojos, indiferente e irritado.
Hoy no ha sido de sus mejores días.
—Oe, enano—llamé—. ¿Tienes algún familiar dentro de la universidad?— consulté, notando cómo el Ackerman alzaba una de sus cejas.
—No— contesta, tajante—, ¿por qué la pregunta?
— ¿Ni una prima o algo?—insisto.
—Ya te dije que no— replica, gruñendo. Fastidiado—. Ahora dime por qué preguntas.
—Está bien— suspiré—. Pues, de los recién ingresados, entró una chica de apellido Ackerman. Entonces creí que podría ser familiar tuya— mencioné, encogiéndome de hombros, unánime Levi me observa con ceño.
A nuestro lado, la mujer que nos atendía pareció tropezar con algo, casi tirando uno de los platos sobre nosotros, pero rescatando éste.
— Disculpen— hizo una pequeña reverencia, abrupta. Para acto secundo comenzar a colocar todo en la mesa, unánime Levi le observaba, absorto. Algo llamó su atención.
— Levi…— lo llamé un par de veces, pero parecía no reaccionar. Incluso después de que la mujer se retirara, Levi le siguió con la mirada—. Vaya, no sabía que te gustaran las mujeres grandes, eh— insinúo.
— ¿Hm?— volteó a verme—. No— respondió, refutando—. Mira su mandil— puntuó, fijando nuevamente su mirada en la mujer, y cuando ésta se dio la vuelta aproveché para examinar.
Su mandil es de un verde cazador, con unos bolsillos en la parte inferior de este, en el cual se encuentra la libreta de pedidos y unas plumas; y en el centro se encuentra el logo del restaurante «Magnolia's».
Todo quedándome claro de alguna manera. Pero sigo sin entender el interés de Levi en ese mandil.
—No entiendo— confieso—. ¿Quieres uno? Te lo consigo— bromeé.
Levi me miró, indiferente, pero finalmente bajó la mirada y cruzó los brazos—. Olvídalo— me dice, volviendo su cabeza para atrás.
—Bueno, a comer o esto se nos enfriará—irrumpe Nanaba, advirtiendo.
La comida fue realmente deliciosa, incluso pedí una segunda ración; en cuanto a Nanaba y Mike, ellos se han comido solo un plato. Y Levi, él apenas y tocó su comida.
— Hey— lo llamo—. Deberías comer, enano. ¿O cómo piensas crecer?
—No tengo apetito— responde, cortante. Demasiado pensativo, diría; al punto de ignorar mi burla.
Después de otro rato, por fin acabamos. Levi tuvo que pedir para llevar, en realidad no probó ni un solo bocado. Sinceramente, lo he notado decaído desde que lo vi hoy en la mañana, y necesito animarlo de alguna manera.
Y aquí, es donde comienza el RivaMika. Ahora a esperar a que se den las cosas...
FanFiction es mágico. Me acabo de dar cuenta de que las partes donde narran Hanji y Mikasa son cortas —en Word no parecía así... :'(—. Mientras que, de este capítulo eliminé la parte donde narra Armin —poco más de 1,000 palabras—, pues ya no la vi necesaria. Ya que eso en realidad era parte de la versión preparatoriana.
Al momento es uno de los capítulos más largos o de longitud promedia —tomando en cuenta los que llevo escritos hasta ahora y las ediciones que he hecho—.
A Levi le gusta el pop. O bien, es versátil. Sé que es un tanto extraño que esté en la onda de Katy Perry, pero ¡por favor! Hay letras que quedan con él. Y como mencionó: el historial.
Bueno, creo que era todo lo que tenía que decir. Pero antes de irme, como ya he mencionado, su opinión es importante para mí... Por lo que no duden en exponer sus dudas, quejas o sugerencias.
Ya con esto, ¡hasta el próximo capítulo!
Love Stories On My Mind: ¡¿Quién es Abel?! —perdón, me dejé llevar xD—. Respecto a Sasha, es la del toque cómico , es la loquilla del grupo :v. Jean se gana un lugar en el corazón de todos (?) z3. Y en cuanto a Eren, cuando gustes. Ok no xd —tal vez más adelante lo ames...—. Muchas gracias, enserio. ¡Nos leemos!
Gaia Neferet: Me alegra mucho escuchar —leer— eso. Vaya, no creí que lo del golpe en la cabeza fuera a provocar esa reacción, pero igual es divertido saberlo xD. Y bueno, tienes razón, pero Eren es Eren (?). Lol. Sobre Hanji, ¿komo lo zupo? :0. De hecho, no fue. Es porrista —sólo que,como dijiste, lo aclararé/se menciona más adelante—. Saludos :D.
ficssonlomejor: Por supuesto que continuaré ;). Saludos.
