La saga Crepúsculo, así como sus personajes, son propiedad de Stephenie Meyer. Esta historia me pertenece, todo lo escrito en ella es original y está inspirada en El Rey Pico de Tordo, obra de Jakob y Wilhelm Grimm.
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CAPÍTULO 2
—Y así están las cosas con Isabella. Estudia su MBA(1) en una universidad importantísima, pero no ejerce su profesión en una actividad lucrativa. Ni siquiera participa en beneficencias. Y su vida social es un completo desastre debido a su altanería — concluyó Charlie.
Tras quince minutos en el restaurante y con el café a medio tomar, Charlie finalizó su resumido relato sobre Bella. Aunque no había ahondado en detalles referente a la personalidad de su hija, principalmente para cuidar su imagen como padre que porque se enteraran que era una completa arpía, relató lo que a vista de todo su círculo social era cierto.
Analizó el lenguaje corporal de sus acompañantes. Carlisle tenía cruzados los brazos sobre el pecho, pensativo. Esme se tapaba la boca con una de sus delicadas manos y tenía el ceño levemente fruncido. Edward jugueteaba distraídamente con el platillo de tu taza de café, delineando el borde con un dedo. Por lo menos ninguno de los tres estaba escandalizado, y ese era su propósito, nada de escándalo, sino apoyo y solidaridad.
—Isabella es muy inteligente, de no ser así jamás hubiera ingresado a Georgetown y no la hubieran invitado para que realizara allí también su maestría — siguió Charlie —. Pero no ha demostrado hasta el día de hoy ninguna de sus capacidades o talentos, si es que los tiene.
—Es bastante triste lo que le ocurre a tu hija, Charlie — comentó Esme con preocupación —. Su comportamiento puede deberse a la temprana y trágica pérdida de Renné…
—Desde pequeña mostraba tendencias de altanería — la cortó Charlie, al percatarse de las intenciones de Esme en comprender a Bella, y en realidad no mentía —, pero en aquel entonces creímos que eran cosas de la edad, producidas por su vida de privilegios.
—¿Se ha interesado alguna vez por participar en tu negocio? — le preguntó Carlisle.
—Lo intentó, pero según sus palabras "no se sintió en su elemento". Y para evitarme vergüenzas no la recomiendo con mis amistades.
Y bien era cierto que Isabella no había dado la talla como directora financiera de la empresa. Grupo Empresarial Swan S. A. – GESSA- era una empresa de servicios integrales para ejecutivos. Se encargaba de la administración de sus asuntos en la ciudad. Sus clientes principales eran políticos nacionales y extranjeros que se instalaban temporalmente en Washington, y la empresa se encargaba de buscarles vivienda, servicio doméstico, afiliaciones a clubes, pago de servicios públicos, manejo de correspondencia, tiquetes de viaje o planes turísticos, directorio telefónico, alquiler o compra de vehículos. Inclusive tenía la administración de importantes edificios de oficinas y viviendas al rededor de todo el estado. En resumen, todos los servicios que facilitaba la vida a las personas que no eran oriundas de la ciudad. Contaba con veinticinco trabajadores, de los cuales la mitad habían discutido con su hija, y el resto no la consideraban lo suficientemente competente ni siquiera para servir el café durante las reuniones de todos los lunes en la mañana.
—En fin, creo que lo que necesita ella es tener una verdadera responsabilidad. Algo que la haga sentirse útil, pero que a la vez sea un reto.
—Por qué no le dices que me visite la próxima semana en la oficina. Podría ofrecerle un puesto acorde con su profesión. En caso de que sencillamente no le guste o que las responsabilidades del mismo no pueda abarcarlas, no pasará nada. Estamos comenzando en la ciudad y no hay grandes riesgos — le ofreció Carlisle.
—Agradezco mucho tu oferta y tu interés, Carlisle, pero no lo haré. Y antes de que repliques insistiendo, mi razón es la misma que das tú para este ofrecimiento. Tu bufete está comenzando, y tienen un contrato muy importante con el gobierno; no es justo poner en riego tu credibilidad y la de tu familia por las torpezas que pueda cometer mi hija.
—¿Qué tal en mi taller de diseño de vitrales? — preguntó Esme sin mucha convicción.
Charlie le dirigió una mirada indulgente y negó con la cabeza. Entre más alejada estuviera Bella de Esme, mucho mejor.
Miró a Edward, esperando alguna sugerencia, pero permaneció callado, igual que en toda la conversación. De lo poco que conocía de él, podía estar seguro que su silencio se debía más al análisis de la situación que a su desinterés.
—Cambiando a temas más amables, gracias por confirmar su asistencia a la galería Volturi el próximo sábado. Jane es una pintora muy talentosa, lo mismo que Alec para la escultura. Estoy seguro que será de su agrado las obras de este par de adolescentes.
—¿Isabella asistirá? — preguntó Edward por fin, sin demostrar mucho interés.
—Sí.
—La causa que tu y la galería están patrocinando es muy loable, Charlie — repuso Carlisle —. Recaudar fondos para los tratamientos de niños con cáncer sin recursos económicos ayudará enormemente a las familias carentes de seguros médicos.
—La nueva ley de salud, activa desde el año pasado, no tiene el cubrimiento que tanto proclamó Obama para que fuera aprobada hace cinco años — replicó Charlie —. Así que solo le queda a la sociedad aportar un granito de arena para cubrir lo que la ineficiencia de nuestro sistema de salud ha dejado a un lado. No sé en qué pensaba la gente cuando reeligió a Obama.
—Resurgió al país de la crisis económica — repuso Carlisle, condescendiente.
—Lo resurgió la Reserva Federal (2), amigo — lo contradijo Charlie, con una sonrisita de autosuficiencia.
—No hablemos de política, ¿quieren? — pidió Esme.
Charlie asintió lentamente con la cabeza, dándole gusto.
Su pusieron de acuerdo para la hora del encuentro en la galería Volturi. Charlie les presentaría a su amigo Aro, por si en el futuro deseaban entablar negocios con él, o por si Esme estaba interesada en exhibir a mayor escala sus trabajos de arte.
Al salir del restaurante, Charlie acompaño a Carlisle y Esme hasta su Mercedes color negro. Espero al lado de Edward, pacientemente sobre el andén, hasta que el automóvil desapareció de vista.
—Charlie, me disculpará el atrevimiento, pero creo que el comportamiento de Isabella se debe más a la soledad por la pérdida de Reneé que a una naturaleza altanera de su personalidad — le dijo Edward.
—No es ningún atrevimiento, muchacho — repuso Charlie —, pero te repetiré lo mismo que a tus padres hace unos minutos, Isabella mostraba ese comportamiento desde antes de la muerte de Reneé.
—Por eso mismo. Es generalmente la madre, que está más tiempo con sus hijos que el padre, quien educa y corrige esos pequeños defectos de la personalidad. Trabajabas todo el día por el bienestar de tu familia — continuó Edward, al ver la cara de pocos amigos que le puso Charlie — y para ti era más difícil saber lo que ocurría en tu casa…
—Cuentan con una nana maravillosa — lo interrumpió Charlie. Habló el plural porque Tanya también había educado a Renesmee, y pese a que la desagradecida se había largado en cuanto cumplió la mayoría de edad, por lo menos tenía el suficiente cerebro para no ridiculizarlo como lo hacía Bella con tanta frecuencia —. Ella aun permanece en la casa, más que todo para aconsejar a Isabella, pero en muy pocas ocasiones la escucha… por lo menos la escucha más que a mi.
—Recuerdo que Reneé hablaba muy bien de las niñas…
—Como toda madre amorosa.
—Pero jamás escuché algún reproche en contra de la mayor. Quizás un tratamiento psicológico pueda ayudarle, y no lo digo porque la considere loca. A veces necesitamos de la ayuda de otras personas para crecer.
Crecer. Eso era lo que le hacía falta a su hija. A Charlie no le pasó desapercibido el interés de Edward por ella. Recordaba que en sus conversaciones telefónicas con Reneé mientras ella estuvo en Boston, le contaba del interés del adolescente muchacho por su hija, y Reneé con lo soñadora que era, se creía la Celestina de los futuros adultos que serían ellos.
Isabella necesitaba crecer, aprender que la vida es dura, y que mejor escuela que un marido y un matrimonio. Y si confiaba en el criterio de su difunta esposa, Edward iba a proporcionar ambas cosas.
Bella ingresó en su magnífica habitación luego de dar un portazo. Lanzó sus tacones Christian Louboutin por los aires. Uno de ellos calló al lado de la cama, el otro salió volando por la ventana. Gritó de impotencia. Enviaría a uno de los criados a recogerlo.
Se desvistió con rapidez, y escogió unos jeans y una camisa blanca de Ralph Lauren para estar más cómoda. Mientras tomaba unos mocasines del armario alguien llamó a la puerta.
—¿Se puede? — preguntó la femenina voz.
—Si — gruñó Bella.
Tanya ingresó con paso majestuoso. A sus cuarenta y cinco lucía como una diosa. Conservaba el precioso rostro que Bella recordaba de su niñez. Era alta, delgada, esbelta, de nariz respingada, y ojos azul del mar. Su cabello, entre rubio y caoba, daba matices rojizos si estaba a la luz del sol.
Tanya ya no portaba en uniforme de nana, pero pese a eso no había dejado sus funciones, aunque las niñas ya hayan crecido, y una de ellas se hubiera fugado y casado en otro continente.
Tanya sonrió, de esa manera dulce y casi infantil que se ganó la confianza de Bella y Renesmee. Lo hizo como ofrecimiento de paz, al haberse percatado del estado tan alterado en el que Bella llegó a la mansión.
—¿Tan rápido terminó el servicio religioso?
—No fui. Me bajé del automóvil a unos tres kilómetros de aquí. Me devolví caminando.
—¿Cómo están tus pies? — le preguntó con preocupación, viendo como Bella se colocaba los mocasines.
—Estoy un poco adolorida… — admitió Bella de mala gana.
—Qué fue lo que ocurrió para que no asistieras, Bells.
—Ven, siéntate a mi lado — dijo ella, invitándola a la cama. Espero a que Tanya estuviera cómoda, respiró profundo y comenzó con su relato.
Tanya escuchó con atención, sin interrumpirla. Conocía a Isabella desde que cumplió los veintiuno e ingresó a trabajar en la mansión Swan como niñera de la bebé Isabella, y cuatro años después había nacido la preciosa Renesmee. Sabía que no se le podía interrumpir, pero en cuanto Bella finalizara con el relato podría dar su opinión y su consejo al respecto.
Después de la muerte de Reneé, Tanya se había convertido en la figura materna para Bella y Renesmee, razón por la cual había dejado de usar su uniforme, según Charlie, para que las chicas le tuvieran más respeto. Pero la relación que entablo Tanya con el par de hermanas no estaba basado en el respeto ni la autoridad, sino en la confianza y la amistad. A veces se preguntaba si le hizo falta un poco de mano dura con las chicas, ser más estrictas con ellas, de esa manera hubiera evitado la rebeldía de Renesmee y el difícil y déspota carácter de Bella. Pero ella las conocía como la palma de su mano, y sabía que eran buenas chicas, con sus virtudes y defectos, como todos los seres humanos. Sospechaba que la personalidad de Bella había cambiado drásticamente luego de aquella visita en su niñez a la exposición de la Familia Tudor, cuando, la misma semana de la muerte de Reneé, Charlie las obligó a ir para que se distrajeran un poco. Tanya creyó que dicha visita con el senador Black y su hijo sería cancelada, pero quedó sorprendida ante la orden de Charlie, y luego Bella regresó a casa llena de cucarachas en la cabeza sobre Isabel I, su personalidad neurótica, dominante, inteligente y altiva, y la descabellada idea de conservar la virginidad como un arma política, igual que la monarca. Desde ese entonces Bella se catalogó como una mujer inalcanzable e incomparable, pero en el fondo seguía siendo la misma niña vulnerable que lloró amargamente la muerte de su madre.
—Cuando no es Renesmee, son las cosas que digo y los desplantes a sus ilustres amigos — concluyó Bella al finalizar el relato —. Charlie únicamente se encarga de resaltar lo malo de nosotras, pero jamás ha estado satisfecho u orgulloso de las cosas buenas que hemos hecho.
—Lo que pasa es que tu padre tiene ideas bastante retrógradas sobre el papel que debe tener la mujer en sociedad. Para él es un signo de rebeldía el que tú y tu hermana no compartan su estilo de vida ultraconservador, donde la mujer debe estar siempre de acuerdo con lo que diga el hombre. Pero lo que más le ofende a tu padre es que Renesmee está en un lugar donde no puede vigilarla y controlarla, como intenta hacer contigo.
—Esas son excusas sin fundamento, Tanya — replicó Bella con altanería —, de ser así no me insistiría tanto con la idea de buscar trabajo y de ser una mujer independiente. Lo que pasa es que Charlie es un tacaño miserable que no le gusta compartir su preciada fortuna con una de sus hijas. Y claro, está el hecho que no soy el perrito faldero de sus amigos.
—Creo que más bien eres la leona que los espanta.
—Peor, ¿y quién no? Son hombres y mujeres oportunistas, que ven en mi padre un padrino financiero para sus aspiraciones políticas, robar el dinero de los contribuyentes y aumentar los niveles de corrupción de nuestra nación.
—No te consta nada de eso, Bella — la contradijo Tanya.
—Así se ven todos — repuso Bella —. Las pajarracas esas con sus cirugías plásticas hechas en Beverly Hills y los tipejos esos con su cara de avaricia para poder tener un puesto de poder político en el que puedan robar y conspirar entre sí. Y seguramente papá querrá que me fije en uno de ellos para un matrimonio y así dar forma a una nueva familia política, donde los Kennedy serán relegados a su estigma de traficantes de licores, como lo fueron a inicios del siglo XX.
—¿Lo fueron?
Bella le lanzó una mirada de suspicacia.
—Claro. ¿En qué país vivías cuando debías estar en clase de historia americana?
—En Canadá.
—Lo siento, se me olvidaba que eras de Quebec.
Bella se levantó de la cama, y comenzó a pasearse de aquí para allá a los ojos de Tanya.
—Hace unos minutos hablé con Renesmee. Volvió a insistirme en que me fuera para Alemania.
—Aun no comprendo por qué sigues en esta casa y no aceptas la invitación de tu hermana. Tienes demasiados problemas con Charlie y la convivencia entre ustedes dos es un completo caos.
—Sigo aquí para conservar mis intereses y los de Renesmee — le informó Bella sin dejar de caminar —. Aun no la ha desheredado porque tengo ojo de águila sobre él. No quiero que ella se quede sin un solo centavo. Las cosas son muy vulnerables hasta que cumpla los veintiuno y puedan darle la herencia de mamá.
—Falta más de un año para eso.
—Sí. Pero he soportado estoicamente todo este tiempo, un año más es nada en comparación. Por otro lado yo invertí la mía en la compañía, así que también estoy fiscalizando mis ganancias.
—Es increíble que en tres años que llevas siendo socia de tu padre, aun no hayas invertido tus ganancias en algo más — le reprochó Tanya sin miramientos.
—Por supuesto que si — le dijo Bella, escandalizada —. Lo invertí en viajes, en vestidos, en spa…
—Esas son cosas triviales, Isabella — la cortó Tanya —. Yo me refiero a verdaderas inversiones, como bienes raíces, acciones en otras empresas, inclusive crear una propia… algo tangible que puedas tener en caso de una emergencia.
—Hay otra cosa que me impide moverme, y es terminar mi maestría. No puedo dejar abandonado cuando voy a mitad de curso — siguió Bella. Sencillamente no iba a hablar sobre el tema.
—Entonces deberías aprovechar este tiempo para poner en práctica lo que has aprendido.
—¿Tu también, Tanya?
—Oye, trabajar no es deshonra.
—Por supuesto que no, pero no voy a ser subordinada de nadie. Suficiente tengo con tener que ser subordinada de papá.
—Isabella, nadie comienza siendo gerente en su primer trabajo. Se hace carrera dentro de una empresa para llegar a dirigirla. ¿Cómo vas a saber administrarla sin conocer cómo funciona, basándote solo en los conocimientos teóricos que tienes en tu cabeza? ¿Y qué me dices del funcionamiento del mercado, de los costos de producción, los impuestos…?
Bella se paró en seco, y cruzándose de brazos la miró con seriedad.
—Ya no quiero hablar de eso.
—Algún día tendrás que abrir los ojos a la realidad, Bella.
—Gracias — replicó con acidez.
Tanya arqueó una ceja ante la actitud insolente de la chica.
—Voy a dejarte sola, ya que andas de tan malas pulgas.
Se levantó de la cama con elegancia y miró su reloj.
—Le diré a la cocinera que comience a preparar el almuerzo.
—Antes de que se me olvide, el sábado saldré de la casa antes de las tres para la exposición de los gemelos Volturi. ¿A qué hora te recojo?
—Desde que me enteré del evento te dije que no iba a asistir, Bella.
—Pensé que habías cambiado de opinión.
—No lo he hecho.
—Pero, ¿por qué, Tanya?
—Mi hija tiene el partido de futbol más importante de toda su temporada. No voy a dejarla sola. Por qué no dejas de asistir a la galería y más bien nos acompañas — le propuso Tanya —. Irina te adora.
—Tu pequeña hija es genial — dijo Bella con cariño, dejando de lado por unos segundos su actitud contrariada —, pero ya sabes, esta exposición está patrocinada por la compañía, debo asistir.
—Invita a alguno de tus compañeros de clase.
Bella resopló, produciendo un sonido muy impropio de una dama.
—No me interesa que estén allí.
Tanya negó suavemente con la cabeza, admitiendo por fin que su pupila no tenía amigos.
—Te dejo.
—¿Le podrías decir a alguien que bajo mi ventana hay un zapato? — le gritó Bella cuando Tanya salió de la habitación.
Durante el resto de la semana la relación de Bella y su padre fue como siempre, llena de tensión. Por alguna extraña razón, Charlie no había tocado el tema del altercado en la limusina, lo único que le interesaba en esos días era que la exposición de Jane y Alec fuera un éxito. El 70% del dinero recaudado ese día sería para la fundación de lucha contra el cáncer infantil, la obra benéfica que más entusiasmaba a la difunta Reneé.
Por fin llegó el día de la exposición y Bella programó su tiempo para estar unos minutos en ella y luego ir al partido de futbol de la hija de Tanya. Recordaba con claridad como diez años atrás había informado sobre su embarazo. Ser madre soltera era algo con lo que Charlie no estaba de acuerdo, y tanto Bella como Renesmee pensaron que despediría a Tanya por ese motivo. Pero increíblemente Charlie recapacitó, siendo consciente que necesitaba de la presencia de Tanya para el crecimiento de sus hijas y permitió que ella viviera con su hija en la mansión hasta que Renesmee cumplió la mayoría de edad y se hubiera fugado de la casa, aunque al final había sido decisión de Tanya el independizarse. Extrañaba la ternura de Irina, no sabía como una niña tan tierna podía jugar futbol con niños.
Al llegar a la galería se dirigió a la terraza trasera, donde se llevaba a cabo la exposición al aire libre. La galería Volturri siempre se había distinguido por ser innovadora en sus estilos de exhibición, y no iba a ser la excepción cuando dos de los integrantes de dicha familia daban a conocer su trabajo, más para una obra benéfica. Ellos hacían todo por lo alto.
El sol de lo que se podía considerar los últimos días de verano estaba con un esplendor un tanto opaco. A través de sus lentes de sol, Bella vio la nube que pasaba. Luego reparó en su vestimenta por última vez, el vestido color caramelo le llegaba hasta las rodillas y no alcanzaba a tapar la altura de sus botas negras de tacón mediano. La chaqueta de cuero negra que llevaba en los brazos se hubiera visto fenomenal si por lo menos estuviera haciendo frío, pero la necesitaba por si le cogía la noche con Tanya e Irina. En el bolso YSL llevaba unos tenis Sneakers para el partido, ni de chiste iba a estropear sus botas Gucci en el césped.
Las esculturas de Alec, y las pinturas de Jane estaban esparcidas por toda la terraza. Pequeños grupos de gente, de no más de cuatro personas cada uno, visualizaba con interés las pinturas, o detallaba el estilo con el que Alec manejaba el acero para darle forma a sus ideas.
Se acercó hasta Charlie, quien estaba un poco apartado de la exposición, acompañado por Aro Volturi y una pareja adulta sacada de una revista.
—Isabella — le dijo Aro, besándole ambas mejillas —. Luces maravillosa.
—Gracias, Aro — se limitó a decir ella.
—Isabella, déjame presentarte a los señores Cullen — intervino Charlie ante la acritud de su hija hacia Aro.
Bella los miró con interés. Una pareja que podría estar iniciando los cincuenta. Él lucia como si fuera el hermano mayor de Brad Pitt, ella se veía como recién salida de un spa. Esta pareja había sido grandes amigos de su madre, en especial la mujer, Esme. Les ofreció una tímida sonrisa, emocionada de conocer por fin a las últimas personas que habían visto con vida a Reneé, y les ofreció la mano para presentarse.
—Mucho gusto, soy Bella.
El caballero fue el primero en tomar su mano, y la apretó con energía.
—Buenas tardes, Bella, soy Carlisle Cullen, y ella es mi esposa, Esme.
Bella estrechó la mano de la mujer, aunque el apretón fue mucho más delicado.
—No has cambiado mucho desde las últimas fotos que tenemos de ti — le dijo Esme —, simplemente te vez un poco más madura.
—Cuestiones de la edad, ya sabe — repuso Bella, encogiéndose de hombros —. ¿Y sus hijos?
—Sólo vino uno, los gemelos no son muy dados a este tipo de eventos — le contó Esme, sonrojándose levemente.
Bella no recordaba el nombre de los hijos de la pareja, mucho menos sabía con exactitud si eran dos, tres o diez.
—Lo entiendo — dijo Bella con sinceridad. Si fuera ella estaría en el partido de futbol de Irina —. Por cierto, bienvenidos a Washington.
—Gracias — contestaron Carlisle y Esme al unísono.
Hablaron unos minutos más sobre el evento del día, y luego Bella se despidió para dar una ronda por el lugar. Si todo salía como tenía planeado, en pocos minutos estaría camino al encuentro con Tanya.
Se detuvo a contemplar un hermoso cuadro que mostraba el paisaje de Volterra, la ciudad de donde era oriundo Aro. Para poder apreciar mejor la pintura subió sus lentes de sol, dejándolos sobre su cabeza, usándolos de esta manera también para retener su cabello suelto.
Tuvo inmensas ganas de estirar la mano y tocar la pintura. Las verdes colinas que estaban allí plasmadas, acompañadas por edificios de la edad media parecía muy real. En contraste de los colores con el azul del cielo asemejaban una fotografía en HD de la zona.
Miró a su derecha e izquierda, para saber si había gente cerca. No se iba a quedar con las ganas de tocar la pintura, así fuera políticamente incorrecto. Al no haber moros en la cosa, estiró delicadamente la mano derecha y puso los dedos entre las dos colinas, justo donde a lo lejos estaba pintado el castillo de la plaza central.
La textura de la pintura era gruesa y tiesa, pero suave al tacto. Admiraba el talento de Jane para ser tan detallista con las imágenes.
—Isabella — llamó alguien a su lado, en voz baja.
Bella chilló, asustada, y miró a la persona que la había descubierto en el delito.
—¿Quién diablos eres? — replicó en un susurro. Se llevó la mano derecha al pecho al darse cuenta que por el susto veía estrellitas.
La persona a su lado, que resultó ser un hombre, parecía mirarla detenidamente, analizándola. Y se dice "parecía" ya que el hombre usaba unos lentes de sol que no se había quitado. Ante el desconcertante silencio del tipo metido, Bella también lo miró de pies a cabeza. Más alto que ella, por lo menos una cabeza. Parecía joven, quizás le llevara algunos años, pero no podía estar segura al respecto ya que su rostro lo adornaba una barba tipo candado, tan común y de moda en hombres jóvenes. Vestía seguramente de Ralph Lauren o Tommy Hilfiger y llevaba el cabello pulcramente peinado.
—Disculpa, no pretendía asustarte — repuso el hombre, con una voz muy masculina aunque suave como un terciopelo.
—No lo conozco, me disculpará si le pido que no me tutee.
—Por supuesto que no, ha sido una descortesía de mi parte — admitió él.
—Vaya que sí — reprochó Bella.
—Soy E… Anthony. Anthony Cullen — dijo el hombre, estirando la mano.
—Oh, eres el hijo de Carlisle y Esme — Bella estiró su mano para apretar la de Anthony —. Soy Isabella, como bien sabrás, pero prefiero que me llamen Bella.
Al estrechar la masculina mano sintió una corriente eléctrica que la recorrió de pies a cabeza. Bella retiró la mano de un jalonaso, asustada ante la sensación. Al parecer el hombre también estaba algo contrariado, porque su boca hizo un gesto de disgusto.
Seguramente el tipo había estado manipulando con las manos alguna de las esculturas de Alec, y la energía estática de ella se había alojado en su cuerpo, o por el contrario, era un producto de manipulación genética y tendría súper poderes… aunque esto último era lo más tonto que se le pudo pasar por la mente.
—¿Te acercaste a mi por algo en especial? — le preguntó Bella.
Anthony metió sus manos en el bolsillo de su pantalón, y miró la pintura que había estado tocando Bella.
—Papá me dijo que había arribado a la galería, quería saludarla, eso es todo.
—Me di un susto de muerte. Eso es muy poco educado.
—No la asusté a propósito, Bella. Usted estaba tan concentrada palpando la pintura de Jane Volturri que no me escuchó cuando llegué a su lado — repuso Anthony, mirándola nuevamente.
Bella frunció el entrecejo.
—Estaba apreciando la textura, que es diferente — le informó ella —. Cuénteme, ¿le ha gustado la exhibición?
—Por supuesto, hay obras maravillosas aquí. Me gustó especialmente El Árbol de la Vida, una escultura muy abstracta de Alec.
Lo último que dijo afirmó las sospechas de Bella. Anthony había tocado una de las esculturas y debido a la continua fricción se produjo la energía estática que almacenó su cuerpo.
—¿Piensa adquirirla?
—Sí, me gusta mucho para colocar en mi oficina — contestó él.
—Gracias, su compra ayudará a nuestra causa — Bella miró su reloj, lista para volar del lugar —. Espero siga disfrutando del evento.
—¿Se va tan pronto?
—Si — dijo Bella, y no se atrevió en ofrecerle la mano para despedirse, posiblemente la electrocutara.
Se alejó un par de pasos de Anthony y luego le dirigió una mirada sobre su hombro, recorriéndolo rápidamente de pies a cabeza.
—Ojalá que se anime a comprar algo más. Buenas tardes.
Edward la miró alejarse con rapidez. Suspiró profundamente y comprendió que Charlie estaba en lo cierto con su hija. Era una completa altanera. Se imaginó a su hermana Rosalie entablar amistad con Isabella, no, con Bella, y el producto sería el fin del mundo o que se mataran entre ambas.
…
FIN DEL CAPÍTULO
©Queda prohibida la distribución parcial o total de esta historia sin autorización.
(1) MBA: Master of Business Administration o Maestria en Administración de Negocios, es un programa académico a nivel de postgrados de negocios, que abarca ramas como finanzas, marketing, logística, negocios sustentables, recursos humanos, etc.
(2) Reserva Federal: es un banco privado encargado de guardar todos los fondos privados de los bancos del sistema bancario norteamericano. Se encarga de conducir la política monetaria de los Estados Unidos, definir las tasas de interés para los créditos, supervisa y regula las instituciones bancarias, entre otros.
