Hoola!
Vampire Knight no es mío por más que lo desee.
Gracias a los comentarios, lectores anónimos y aquellos que colocaron el fic en sus favoritos.
Besos y abrazos.
Broken Wings
Capítulo 2
"Rescate"
Su sigilosa presencia se filtro por todo el recinto como si fuera simple aire, o un fantasma juguetón. Muy pocos, incluyendo cazadores, vampiros u otras criaturas podían llegar a notarlo si es que él no lo deseaba. Caminando por los pasillos sus ojos amatistas observaron con aire ausente la pulcra y monocromática decoración del edificio. Con un lugar así de feo y deprimente, cualquiera haría hasta lo imposible por recuperarse y largarse de ese lugar, pensó el joven Kiryu mirando momentáneamente el reflejo de la luna por uno de los ventanales del séptimo piso.
Con un cabeceo saludo a las enfermeras del turno de cuidados intensivos, y luego a los cazadores apostados regularmente de guardia afuera de la exclusiva habitación del presidente de la Asociación de Cazadores, Kaien Cross.
Con una soltura que hasta una pantera en plena cacería le envidiaría, entró a la habitación sin siquiera golpear. Sabía de antemano cual sería el panorama que vería. Yagari en el sofá durmiendo y Cross en la camilla haciendo alguna estupidez para enfadar al otro.
Sus ojos amatistas se abrieron con sorpresa. Su cuerpo se quedó clavado al umbral de la puerta después de cerrar esta última. Estaban muy cerca, delatando una intimidad en la que se rehusaba a pensar.
El cuerpo de Cross reposaba inmóvil sobre la blanca camilla del hospital, bien cubierto por las cobijas; Y Yagari a su lado, sentado en una fina silla de madera, sosteniendo una de las pálidas manos del ex cazador, en un firme agarre. Ambos descansando con los ojos cerrados, y una inusual actitud de paz.
¿Qué se supone que significaba eso? Aquello no le calzaba.
Zero frunció el ceño. No quería agregar más pensamientos a su lista de preocupaciones.
-¿Cuánto tiempo más estarán allí pretendiendo que duermen?-los cuestionó con voz dura, cruzándose de brazos-Se supone que son cazadores-los reprendió.
Una carcajada, casi maniaca, siguió a las palabras del joven vampiro, quien se ofusco aún más. Kaien tenía un estrafalario sentido del humor, todo el tiempo conseguía exasperarlo, y más aún desde que estaba en el hospital, y él se había transformado en su diana de bromas. Zero frunció los labios, controlándose. Lo que más le molestaba ahora de todo eso, era que su ex sensei le siguiera el juego al demente de su padre adoptivo. Afilando su mirada, miró reprobatoriamente a Yagari, quien indiferente los observaba.
-¡Zero! ¡Mi Zero! ¡No te enojes con tu adorado padre!-lloriqueó el rubio con lágrimas de cocodrilo escurriendo por sus mejillas, estirando los brazos para que su hijo lo abrazara.
-Idiota-murmuró el aludido-¿Cuándo vas a comenzar a comportarte como un adulto?
-Nunca lo hará-le respondió Yagari sonriendo con petulancia.
-¡Son malos conmigo!-les dijo Kaien haciendo pucheros para conmoverlos inútilmente.
Los dos cazadores lo ignoraron.
-¿Y a qué debemos tu presencia?-preguntó el de cabellos oscuros, acomodándose mejor en su silla.
El cazador definitivo, se removió incómodo, alertando a los otros dos. Kaien dejo su berrinche a un lado, y su ex sensei se puso aún más serio de lo habitual.
-Tengo problemas.
-¿Qué clase de problemas?-el rubio cuestionó a Zero, sintiendo un extraño temor mordiéndole los huesos de pura ansiedad-¿Qué ha pasado?
En los siempre fríos ojos amatistas, se filtro momentáneamente un chispazo de preocupación y tristeza.
-Es Sayori Wakaba. Fue secuestrada por esa organización de cazadores renegados, de los que aún no conocemos quien es su líder. He venido a informárselos porque ustedes son parte de las altas autoridades de la Asociación, y si alguno de esos bastardos le tocó un solo cabello a Yori, será una hecatombe, y no quiero amonestaciones después-Zero les habló con calculada serenidad, algo que no sentía para nada. De hecho, lo único que deseaba junto a su compañero de armas era destrozar a los malditos que se llevaron a la chica-Kaito y yo nos iremos en unas horas.
Ambos hombres se quedaron pasmados ante tales palabras, por unos momentos creyeron que lo que el peliplateado les diría tendría que ver con los Kuran.
-Pero… ¿Qué tiene que ver esa chica?-habló Yagari, sin entender porque una simple humana estaría metida en ese lío.
-Es novia de Kaito. Es mi amiga.
-¿Irán solos?
Zero asintió a la pregunta del ex cazador.
-Esa es una locura. Son demasiados hombres contra ustedes dos. Podrían emboscarlos-Kaien se impaciento. Él, Yagari e incluso su hijo creían que su ataque había sido organizado por el líder de ese grupo. Su atentado había sido sangrientamente brutal, estaba vivo de suerte, y sin duda, sabía que parte de esos cazadores no eran humanos comunes.
-No necesitamos a nadie más. No confío en otros cazadores-aclaró el aludido-Tengo que irme.
Zero se giró, dando por terminada la conversación. Sus manos se detuvieron a unos centímetros de tocar el pomo de la puerta. Aunque odiara admitirlo, aún existía un tema que no habían hablado.
-Se me olvidaba-sus labios se curvaron en una dura mueca-¿Cuándo pensaban decirme que los Kuran iban a volver?
Los tres hombres se quedaron en silencio, la pregunta revoloteando alrededor de ellos como si se estuviera burlando.
-Zero…-intento justificarse el rubio, pero el aire pareció congelarse alrededor de los tres.
Ese aroma.
Esas presencias.
El peliplata apretó los puños hasta casi hacérselos sangrar, apartándose de la puerta como si esta quemara. Yagari viendo la reacción del más joven, y temiendo lo peor al ver al otro llevar su mano hasta su bien oculta arma, se movió con una inusual rapidez hasta alcanzarlo, y retenerlo por uno de sus hombros. La mano del cazador lo apretó con desmedida fuerza, casi haciéndole daño.
El único ojo visible del cazador de cabellos oscuros parecía gritarle a Zero "Tranquilo, muchacho", pero eso sólo fueron unos segundos que duraron hasta que un suave sonido pidiendo entrar los hizo cambiar su renuente atención.
-Pase-dijo Kaien con la voz repentinamente rasposa.
El tenso aire de la habitación, se ralentizo, y una pesadez abrumadora se apodero de los cuerpos de los presentes, como si sus miembros fueran ahora del más pesado plomo.
Por el resquicio de la puerta la imponente figura de los hermanos Kuran, Kaname y Yuuki, saturo el ambiente con sus embriagantes aromas a rosas. La pasmosa belleza de esos seres era tal que dolía incluso mirarlos, demasiado perfectos e inalcanzables en esa omnipresente aura de candidez en la fémina, y poderosa sensualidad en él. Kaname seguía siendo bello y atractivo. Más que atractivo: era absolutamente cautivador.
La trampa perfecta, pensó el ex sensei de Zero, mientras se aseguraba de mantener quieto a su antiguo pupilo, y además aprovechaba la situación para observar el comportamiento del mayor de los Kuran.
-¡Director!-gritó emotiva la menor de los Kuran, olvidándose de su correcto papel de princesa sangrepura, corriendo hasta los brazos de ese hombre que fue como un padre para ella.
-¡Yuuki! ¡Kaname!-la emoción también embargo al ex cazador sin que pudiera hacer algo para evitarlo. Envolvió entre sus brazos a la chica con una vieja nostalgia.
-Buenas noches, Kaien-Kaname, los saludo con voz sedosa, embrujándoles mientras inclinaba su cabeza en elegante cortesía-Yagari Touga. Kiryu.
Zero se mordió los labios, temblando de mal disimulada furia, demasiado consciente de la presión de las miradas puestas en él, todas esperando alguna respuesta.
-Me largo-el desprecio en su voz hería como armas afiladas. No soportaba estar más tiempo allí presenciando ese teatro formado por ese par de chupasangres. Aquella escena le asqueaba, y además tenía una importante misión que cumplir.
Los presentes lo miraron, pero él haciendo gala de su increíble velocidad, salió de la habitación, cabreado y tenso por la intensa mirada con la que el mayor de los Kuran lo escrutaba. En el camino se cruzó con dos de los nobles que eran parte del séquito de esos purasangres. Rima Touya, y Aidou Hanabusa, quienes lo miraron como si se acabaran de encontrar con el mismísimo diablo, pero a él no le importo, de lo único que quería saber en aquel momento era de la repentina oscuridad que invadió su interior al verlos a todos otra vez.
No estaba preparado para ese encuentro, y probablemente nunca lo hubiera estado.
Zero Kiryu introdujo de un golpe el cargador en su pistola "Bloody rose", y le lanzó a su compañero una mirada furibunda.
-Esto es una trampa, Kaito. Se huele de lejos.
Kaito Takamiya resopló con sorna.
-Lo sé. Son demasiados.
El peliplateado echó una mirada a su alrededor, percibiendo con todos sus sentidos los inminentes peligros. Había algo por allí, al acecho, que lo inquietaba.
-Tú decides. ¿Lo intentamos o tiramos la toalla?-le espetó Zero con expresión sombría.
Los ojos cafés de su compañero brillaron, indicándole claramente su respuesta.
Kiryu se preparo entonces, cerrando su mente a todo lo demás: la oscuridad de la noche, el frío cortante, la adrenalina que le invadía la sangre reclamando un poco de acción. El lugar donde se encontraban era una gran bodega industrial demasiado accesible. No se podía registrar todos los depósitos del lugar sin quedar expuestos. Por lo tanto, todo decía a gritos que era una trampa, irónicamente su padre adoptivo había acertado, habían ido a parar directamente hacía una emboscada.
-Voy a entrar-gruñó Kaito, y sin vacilar se coloco un transmisor a la altura de los labios. Aquel artefacto solían utilizarlo en las misiones grupales-Si Yori esta allí, voy a intentar sacarla. Tú me cubres las espaldas.
Menudo plan, pensó el ex humano, pero no era el momento para ponerse a planear otra alternativa.
Ambos hombres se pusieron en movimiento, apenas y se podía distinguir sus figuras en la oscuridad.
De pronto, un gritó les helo la sangre. Conocían esa voz y temieron lo peor.
Zero habría traspasado la puerta primero, pero Kaito lo empujo con el hombro a un lado. Lanzándose después al interior de la bodega, se revolcó por el suelo hacía su derecha intentando ponerse a cubierto en alguna parte, y estudiar el lugar. Lo que vio no le gusto nada, en aquella bodega habían tal cantidad de productos químicos almacenados que podrían volar toda la ciudad con pasmosa facilidad. Oyó el ruido de las balas que pasaron zumbando junto a él antes de empotrarse en un cajón de embalaje que tenía a sus espaldas. Le pareció que había hecho una señal de aviso a Zero, pero ya no estaba seguro. Todo estaba ocurriendo demasiado rápido, y lo único que deseaba era encontrar a Yori, y sacarla de aquel infierno.
Entonces, su mirada frenética la vio hecha un ovillo en medio de los encarnizados disparos.
Kaito le dio alcance. Sus miradas hicieron contacto, la furia lo recorrió de pies a cabeza. Su novia lucía agotada, sucia, y algo magullada. Intento controlarse por el bien de los dos.
-No digas nada, amor-Cortó lo que Sayori iba a decirle-Tenemos que salir de aquí.
Takamiya cogió por debajo de los brazos a Sayori, y tratando de mantenerse agachado y a cubierto, emprendió el camino de vuelta hacía la puerta. Les parecía un camino eterno. Una lluvia de balas les cayó, y como alguien deliberadamente estaba esparciendo los productos químicos por el suelo, empezaron a producirse fuertes explosiones por todas partes.
Ardía el fuego por todos lados.
Kaito sintió la punzada del primer tiro en el cuero cabelludo. El segundo le dio directamente en el brazo derecho. Sin quererlo soltó a su novia, y ambos cayeron al suelo.
Entonces apareció Zero. Su compañero de armas. El eterno luchador que nunca paraba, y nunca abandonaba a nadie en apuros. En aquella bodega, Zero iba a morir antes de abandonarlos. Mientras corría hacía ellos, los cubría con sus disparos.
-Levántate, Kaito. No estás tan mal herido-el peliplata los ayudo a levantarse-Salgan de aquí.
-Zero…-Sayori intento hablar, pero se contuvo embargada por las emociones, aferrándose al cuerpo de su novio.
-Nos has metido en un lío del demonio, Yori-le habló Zero en voz baja, pero con una extraña amabilidad- Va en serio. Muévanse y salgan de aquí.
Obviamente era una orden, y tanto Sayori como Kaito sabían que no era bueno contradecir a Kiryu.
Zero colocó de un golpe otro cargador en su querida pistola, con la intención de cubrir a sus amigos, atrayendo los disparos hacía sí mismo, se echó a rodar por el suelo, se puso de rodillas y disparó hacía los almacenes del piso superior. Mientras Kaito arrastraba a su novia con él, pudo vislumbrar fugazmente como caía un hombre desde arriba. La satisfacción fue inmediata. Zero era el mejor tirador que conocía, no tenía igual. Si disparaba contra algo, lo derribaba seguro. Incluso si morían esa noche, al menos se habrían llevado al enemigo por delante. Algo le hizo volver la cabeza justo en el instante en que una ráfaga alcanzó a Zero, empujando su cuerpo más de tres metros hacía atrás.
Una mancha oscura se fue extendiendo a su alrededor.
Enfurecido y rabioso, Kaito intentó alcanzar su propia pistola con la mano libre que no sostenía a Sayori, pero su brazo no respondía, y el temblor incontrolable que dominaba a la muchacha no ayudaba del todo. Impotente vio como el peliplata, desde el suelo, volvía su cabeza ligeramente para mirarlos.
-No, Zero. No me hagas esto-balbuceo entendiendo sus intenciones.
-Váyanse de aquí.
Sayori abrió sus hermosos ojos horrorizada mirando a ambos hombres.
-¡Zero, no!-sollozo la chica-¡No te dejaremos aquí!
-¡Maldita sea! Háganme caso.
De pronto, a sus izquierdas, se cerró de golpe la puerta de acceso, dejándolos atrapados en el interior. Allí habían demasiados productos químicos para catapultarlos y esparcir sus restos por todo Tokio, ellos lo sabían. Los tres se quedaron a la espera, aguardando a que la muerte les llegara de un momento a otro.
Fue entonces cuando empezaron los gritos, gritos de pavor, horribles y desgarradores. Entre el humo y el resplandor de las llamas pudieron ver cuerpos cayendo al suelo. No daban crédito a sus ojos: un lobo gigantesco, salvaje, se abalanzaba sobre un hombre que intentaba huir, atravesándole el pecho con sus poderosas fauces hasta alcanzarle el corazón. El lobo, de un espeso pelaje negro, y profundos ojos marrones, parecía estar en todas partes a la vez, abatiendo cazador tras cazador, desgarrando tejidos y carne, quebrando huesos con sus afiladas mandíbulas. Los tres mudos espectadores, lo vieron retorcerse para cambiar su forma por la de un cuervo colosal que se precipitó sobre otro de los cazadores renegados, para arrancarle, con sus garras y pico, los ojos de la cara. Fue una macabra pesadilla de sangre, muerte y merecido castigo.
Zero se había quedado inmóvil ante el sangriento espectáculo de ese ¿Ser? ¿Animal? Sintió sueño; los párpados le pesaban tanto que ya no los podía mantener abiertos. Mientras su cuerpo se quedaba aletargado, hubiera podido jurar que había visto al lobo retorciéndose de nuevo y adoptando la forma de un hombre.
Los latidos de un corazón despertaron a Zero Kiryu. Latía alto y fuerte, rápido y agitado. De forma automática buscó a tientas su "Bloody rose". Siempre tenía su arma a mano, pero no la encontró bajo la almohada, ni junto a su cuerpo. El corazón latió con más fuerza aún, y notó en la boca el sabor de la sangre. Mientras se llenaba los pulmones de aire y valor, se obligó a abrir los ojos. No pudo menos que quedarse mirando estupefacto la habitación en la que estaba, No era un hospital, ni desde luego, la habitación de su departamento.
Su cabeza comenzó a doler ¿Dónde estaba? ¿Qué había pasado con Kaito y Sayori?
Quiero agradecer especialmente a:
Kira Kuran: Gracias por el review, me dio muchisimo ánimo. Ojala hayas salido de algunas dudas jajaja aunque aún faltan intrigas por resolver. Eso si Kaname quiere tanto joderle la vida a nuestro Zero como joderlo jajaja XD. Cariños!
Lilith Kiryu: Gracias por tus palabras, que linda eres! jajaja sí, es posible que Kaname se ponga medio pervertido XD. Sayori también me encanta y tendrá como un trío amoroso (Aidou, Kaito y Zero) jajaja es que es cute la chica, y Yuki deja mucho que desear. Abrazos!
