Cuidar las palabras
Los demonios sabían que habían sido derrotados. A pesar de vencer a los Cerberos que Kokabiel había traído desde el Reino del Dios Hades, de haber destruido la espada forjada por Galilei, de humillar al exorcista pirado… su principal enemigo seguía en pie.
Kokabiel estaba flotando en el aire, sonriendo arrogante, pues ningún ataque había podido siquiera hacerle el más mínimo daño. Ni siquiera la esfera de Poder de la Destrucción, aumentado con los Boost de la Boosted Gear, de Rias Gremory había podido hacerle el más mínimo daño.
Él era un ser que se había enfrentado a su viejo, el Dios Bíblico, y había salido vivito y coleando. Era su mayor hazaña… aunque siempre se le olvidaba mencionar que no fue solo y que también lo enfrentaron los Reyes Demonios. Vamos, eso fue un despropósito en el cual el participó, lanzó un par de ataques, y luego salió huyendo sin que nadie lo notara, ganándose así su fama sin haber hecho casi nada… pero eso nadie lo sabría jamás… ¡Se lo llevaría a la tumba!
Todo estaba saliendo a pedir de boca. Destruiría a los Gremory, provocaría la ira de Sirzechs y ale, una nueva Gran Guerra. En verdad se había basado en los hechos de la Primera Guerra Mundial. Te cargas a alguien muy importante y bam, nueva guerra. Pero a pesar de todo, no contaba con un detalle.
Atravesando el cielo envuelto en su armadura blanca, cruzándose de brazos con toda su arrogancia, el Dragon Blanco hacia acto de presencia. Sabía que Azazel le había enviado. Su hermano era un puto gandul que ni siquiera se presentó cuando fueron a luchar contra Dios, Miguel y compañía, pues según el propio Azazel; 'nah, como que no me entran ganas de morir aún'. En parte tuvo razón, pues varios hermanos murieron. Pero eso es agua pasada.
-Dragón Blanco, ¿te ha enviado Azazel? – cuestionó el caído.
-Así es. Me ha ordenado detenerte y llevarte de vuelta. -
-Oh vamos. ¿No podrías dejarme matar a esa pelirroja y su grupo de niñatos? -
-Lo lamento pero… -
-¡Venga ya! ¡Estas planeando traicionar a Azazel! Te oi hablar con Katarea. Yo mantendré tu secreto si me dejas matarles. Además, sé que te encantaría luchar en una nueva Gran Guerra. -
El Blanco sopesó su propuesta, sonriendo contento bajo su casco.
-Bien. Estoy de acuerdo. Adelante. -
Kokabiel sonrió satisfecho mientras bajaba al suelo y apuntaba una lanza de luz a Rias Gremory ante la mirada horrorizada de sus siervos.
-¡¿Pero qué haces?! – exclamó furioso el Blanco.
-¿? ¿Pero a ti que te pasa? ¿Acaso no estabas de acuerdo? -
-Sí, lo estoy, pero si quieres matarlos uno a uno, no empieces por la que está más buena. Fíjate en esos melones, o en esa cintura, o en ese trasero, ¡o en esas piernas! En todo caso cárgate a la loli subdesarrollada. – Señaló a Koneko – Esa sí que no es ningún desperdicio. No tiene nada atrayente… bueno, quizás si para los lolicones enfermos. Ellos seguro estarían en el cielo ante tan poca cosa.
La peli platina se puso tiesa de pronto y poco después su cuerpo comenzó a temblar mientras una sed de sangre que Kokabiel no podía comparar surgía del cuerpo de la Torre Gremory. Su cabello ocultó sus ojos durante un instante para justo después mostrar unos ojos rojos que dejaban en vergüenza los del propio Kokabiel.
El Blanco no supo cuando pasó, pero en apenas un instante Koneko estaba frente a él. La joven adolescente había reunido todo su poder como Torre, golpeando con la punta de su calzado la entrepierna del poderoso Dragón. La armadura se rompió como si fuera un cristal tan delgado como un cabello, y lo siguiente que todo el mundo escuchó fue como dos huevos se rompían… bueno, más bien como si dos huevos reventaran de no buen modo precisamente.
Las muecas de dolor de los varones presentes no tenían precio, pues a pesar de no haber sido ellos los golpeados, entendían el profundo dolor. ¡No había nada más doloroso que una buena patada en ambos cojones! Por su parte, incluso las chicas hicieron una mueca de dolor.
-¡Kyaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! -
El grito afeminado del Dragón Blanco provocó que todos tuvieran que taparse los oídos. Sin duda alguna, fuera quien fuera el portador de Albion, acababa de quedarse sin descendencia y con una voz de pito para el resto de su vida.
-Joder con la puta loli tablaplanchar. – murmuró Kokabiel aterrado.
Fue entonces que se dio cuenta de su error, pues su cuerpo tuvo un escalofrió de puro terror. Jamás en su vida había sentido tanto miedo como cuando vio los ojos rojos de la peli platino. Un instante después sufría el mismo nivel de dolor que el Blanco.
Rias Gremory y el resto de sus siervos vieron con terror y respeto a la loli del grupo. Sin duda alguna, ahora Koneko Toujou era el miembro más poderoso del equipo luego de derrotar al Dragón Blanco y a Kokabiel.
Pocos segundos después Sona Sitri hizo acto de presencia con su grupo luego de notar como su enemigo ya no era peligroso. Su asombro no cabía en si al ver al Dragón Blanco y Kokabiel en el suelo, hechos ovillos, con las manos en sus destrozadas entrepiernas y llorando a moco tendido. Desvió su vista a su amiga y los siervos de esta, que aún estaban en el suelo observando maravillados a la Torre Gremory. Incluso la exorcista Xenovia hacia reverencias hacia la loli.
-¿Deberíamos preguntar? – murmuró Tsubaki en su oído.
-… creo que mejor que no lo hagamos… -
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El enamorado
Moraleja: "Tened cuidado con lo que digáis sobre una mujer, pues aunque penséis que es un halago… os podéis llevar un buen tortazo"
