Shade: ¡Habemus Papa…! ¡Digo, habemus nuevo capítulo! XD

Quiero desearles un Feliz Halloween a todos. Y a los que sean Wiccanos como yo, un gran Samhain digno de una calebración ^^.

Dejando las formalidades (Y patéticas disculpas XD) les traigo el segundo capítulo. :3

Advertencias: Este capítulo tendrá una escena bastante escabrosa. Advertidos fueron.

-.-

Capítulo 2: El Monasterio Lucifenia, Parte II

Se estremeció horriblemente al sentir su rostro siendo tocado por las largas uñas del monstruo, y su aliento que le rozaba su nariz... Sus penetrantes ojos azules, enmarcados por esa máscara de pétalos de rosa, la tenían entre fascinada y aterrada... Ni siquiera pudo moverse cuando este, sorpresivamente, cerró la brecha que había entre ambos y se habían besado. Una parálisis total le recorrió la espina dorsal al sentir el roce de sus labios, completamente incapaz de retroceder...

— ¡No! ¡No!

Rin abrió violentamente los ojos para ver una especie de estancia levemente iluminada.

Durante un instante creyó que todavía seguía en el jardín empedrado, en compañía de... Agitó la cabeza y se frotó los ojos. Su vista dejó de nublarse y enfocó un techo bajo abovedado... y no un cielo estrellado. Parpadeó varias veces, para asegurarse de que no se lo estaba imaginando. Al caer en la cuenta de ello, dió un grito ahogado, incorporándose de la cama de donde estaba acostada.

¿Será que todo lo que había pasado no fue más que una alucinación de la fiebre? Se palpó la frente y el cuello, notándolos levemente pegajosos, pero no ardía en fiebre. "De acuerdo... todo lo que pasó anoche fue SOLO un mal sueño... Me desmayé por la fiebre y solo eso" Y sin embargo... y sin embargo, su mano derecha se deslizó de manera inconsciente por sus labios, palpándolos. Recordó de súbito ese extraño rostro que se había acercado tanto y qué... y qué...

— ¡No, eso no pasó en verdad! ¡Eso no fue real!—gritó Rin imprevistamente, sin saber a quién le estaba gritando: Si al resto del mundo... o a sí misma. Se volvió a hundir en la almohada, ya repitiéndose una y otra vez que lo que había visto no fue real; pero aun así, por más que tratara de negarlo... el burlón rostro de esa criatura y su maliciosa sonrisa insistía en quedarse en su mente, como si se lo hubiera marcado a fuego... ¿Se habría vuelto loca? Jejeje... ¿Como puedes pensar eso, Rin? No hay manera de que alguien pueda vivir en un jardín, en un árbol lleno de... —...Naranjas.

Y la palabra murió en su garganta al articularla silenciosamente. Ahora lo recordaba: Antes de... no, mejor omitía esa parte de su cabeza; esa ¿cosa? sí, cosa, le había regalado una naranja.

Volteó a todas partes, para luego suspirar con alivio al no encontrar el dichoso objeto anaranjado. Se dedicó a mirar mejor a su alrededor, dándose cuenta que estaba en la enfermería del Monasterio. La luz amarilla de la mañana sobre la ventana abierta, dando un agradable sensación de resplandor a las blancas paredes. A lo largo de estas había muchos cuadros de Jesús y y otros santos. En la mesa más cercana a ella, había un jarrón de flores, todavía frescas, pues se veían las gotas del rocío mañanero en sus pétalos.

¡Ah, qué alivio! ¡Saber que esa cosa no fue real! Rin se acomodó mejor, esperando dormir un poco más, cuando...

— ¡Ah, estás despierta! —dijo una novicia abriendo de improviso la puerta, sobresaltándola—. Gracias a Dios, creí que te había dado un ataque, o algo peor. Bueno, te traje estos bizcochos; comételos ahora que están sacaditos del horno. —Siguió parloteando ensimismada, mientras dejaba una bandeja llena de bizcochos y una jarrita de leche. Era joven, aunque un poco mayor que Rin; tenía los ojos y el largo cabello de color azul aguamarina, que le caían en dos largas colitas sobre la toca blanca. Rin le dió un mordisquito al crujiente trozo de pan y se sorprendió al devorárselo en unos momentos, así como al segundo. — ¡Vaya que tenías hambre! ¡Menos mal que logré hacerme de estos dos, antes de que la Hermana Meiko se los zampara todos!

—Muchas gracias, ¡están deliciosos!—le interrumpió Rin devolviéndole la bandeja— ¿Cómo te llamas?

La otra se abofeteó la frente— ¡Ah, que tonta! ¡Ni siquiera me he presentado!—Soltó una risita—. Me llamo Miku Hatsune, o Hermana Miku, como debemos llamarnos aquí, jejeje. Tu debes ser la Hermana Rin, pues Madre Sweet Ann me ordenó cuidarte mientras estuvieras incohnsciente... A propósito, ¿qué te pasó?

"La verdad... no tengo idea" pensó la rubia en su fuero interno, ", ni creo que quisieras saberlo o lo creerías" —Eh... quise... quise salir afuera, pues tenía mucho calor. Tenía un poco de fiebre, además...—Rin no muy buena mintiendo, por lo que fue todo un logro inventar eso.

—Ah, ya veo. Ardías en fiebre cuando te encontraron... ¡Ah sí! Tenías esto en la mano...—Salió un momento y entró trayendo un pequeño plato con... la naranja partida ern pequeñas rodajas. Miku no se esperaba que Rin ahogara un grito y se aferrara a las sábanas tan bruscamente, como si hubiera visto un espectro—. ¿Eh? ¿Qué te ocurre? ¿Eres alérgica a las naranjas? ¡Wao, yo también!

— No, no es eso... yo...—boqueó Rin sintiéndose enrojecer bajo las sábanas... Dos segundos después, se sintió muy estúpida, pues eso no significaba nada... Solo se había desmayado al tomar la naranja, porque la fiebre fue demasiado... ¿cierto?

—No te preocupes. Debes seguir aturdida por el desmayo—dijo Miku con optimismo—Seguro que tras un día de guardar cama, te sentirás como Negi fresco... Ups, quise decir como "nueva", jejejeje—Se levantó sonriente—. Tengo que irme, toca la campanilla si necesitas algo.

— E... está bien—Ya estando sola, Rin soltó un largo suspiro. "Definitivamente, necesito descansar" pensó mirándose las manos.

Automáticamente alargó el brazo y tomó el platico de naranjas, hincándole el diente a una de ellas... maravillándose por el delicioso y dulce sabor de la pulposa fruta.


Ya acerca del mediodía, Rin ya se sentía mejor. Sus cabellos amarillos estaban perlados de gotitas tras lavarse la cara y el pecho en una bacía de agua que le habían dejado ahí poco despúes. Ya se había colocado la túnica cuando de pronto, tocaron a su puerta— ¡Esta abierto!—dijo Rin colocándose la toca sobre sus cabellos. —Volteó alegremente... Pero en vez de ver a Miku o a alguna de las Hermanas, se encontró cara a cara con la Abadesa Sweet Ann.— ¡Se-señora Abadesa!—tartamudeó esbozando una reverencia y bajando la cabeza.

—Todo está bien, hija mía—dijo la Abadesa en tono suave, sin embargo, su mirada parecía ausente—. Dime, ¿cómo te sientes?

—Mucho mejor, muchas gracias, yo...

—Bien, pues me gustaría hacerte unas preguntas... si no te molesta.

Desconcertada, Rin asintió—No; adelante.

—Muy bien...—Madre Sweet Ann enfocó en ella sus lánguidos ojos y prosiguió: —Anoche te encontramos por casualidad en el jardín amurallado de la Abadía. ¿Me puedes explicar que hacías allí?

Oh, oh. Llegó la hora de las explicaciones... ¿Qué debía hacer? ¿Cómo tratar de explicarle siquiera de lo que se había... imaginado en ese jardín? Una vez más, los penetrantes ojos azules de la criatura se clavaron en su mente, aturdiéndola. Miró fijamente a la Abadesa: A pesar de que su tonó fue suave, casi maternal... por alguna extraña razón, los ojos tristes de Basset (1) le resultaban un poco turbios... Decidió entonces decir... simplemente, la verdad:

—Es mi culpa, Madre... —las cejas de la mujer se elevara un centímetro—.Tenía fiebre y me estaba muriendo de sed; Llamé y llamé, pero nadie vino a traerme agua... Entonces me... acordé de un naranjo en el... jardín amurallado que vimos durante el tour... No debí hacerlo, lo siento mucho.—terminó Rin bajando la cabeza.

—No te preocupes, tenías sed...—replicó Madre Sweet Ann. Rin suspiró aliviada—...pero no respondiste mi pregunta: Cogiste la fruta, sí... ¿por qué no regresaste a tu habitación?

Yo... —Definitivamente, la pregunta la cogió fuera de base; es como si supiera...—. Me desmayé por la fiebre... no sé más, Madre.

—Entiendo... entiendo—murmuró Madre Sweet Ann casi como para sí—. Bueno... en este caso, no debemos lamentarnos más por esto. Ciertamente... yo me habría lamentado que nos... dejaras, querida mía—Y le palmoteó suavemente la mejilla de la rubia novicia—. Tanto candor y juventud no se pueden desperdiciar... —Agregó deslizando hacía abajo las llemas de los dedos como si estuviera... acariciándola. Aunque Rin lo tomó como si fuera una caricia maternal, y sintió emoción por ello.


Pasaron los días y Rin fue acostumbrándose, junto a las demás muchachas, al tranquilo y a la vez ajetreado ritmo del Monasterio Lucifenia. Se levantaban siempre al alba, para rezar el Rosario de la Aurora y comerse un pan dulce con chocolate al desayuno. Tras una rápida ducha, se dedicaban a los oficios religiosos. Cantos, lecturas y rezos se oían constantemente en todos los rincones de la abadía desde la mañana hasta la noche.

Rin se sentía satisfecha; el convento le ofrecía la estabilidad y tranquilidad, que desde niña había anhelado, sin preocuparse más por tutores inestables o prometidos pedófilos… Solo se concentraría en sí misma y en su devoción a Dios. Se hizo de varias amigas en el convento, principalmente de Miku, pues las dos chicas se la pasaban hablando casi sin parar en las horas de esparcimiento. Monseñor Kaito, por su parte, solía quedarse a conversar con ellas, contándoles sus experiencias en otros lugares, sus interpretaciones de la Biblia y sus chistes sobre el helado. Por su parte, Madre Sweet Ann por su parte, era cálida y amable con todos, y cuando veía a Rin, siempre la saludaba con una caricia a su mejilla. Sí, las cosas no podrían ser mejores para Rin.

Y ya estaba completamente convencida de que esa… "cosa" o lo que fuera un producto de su imaginación. ¡Por favor, solo fue una alucinación de la fiebre que había tenido! Sobre ese punto, Rin se olvidó del asunto… aunque por esos días, ella no se volvió a acercar al jardín amurallado.


― ¡Oh, hola Rin! ―le saludó Miku desde la entrada de la capilla, al ver a la rubia acercarse a ella.

― Hey, ¿Cómo estás? Quisiera darte las gracias por ayudarme cuando me… accidente―La chica de coletas verde cerró los ojos, sonriendo―. Humm, ¿hay algo en lo que pueda ayudar?

―Por hoy no, no te preocupes…―Pero al ver la cara de desilusión de Rin, Miku se apresuró a añadir―: Madre Sweet Ann, habló hace poco de repartir ropita, juguetes y cosas así a los niños de la aldea cercana, ¿te gustaría?

― ¡Sí! ―Rin se emocionó mucho, porque hasta ahora no había salido del Monasterio. Moría de ganas de salir, de conocer la aldea y, sobre todo, de jugar con los niños.

―Estupendo, le diré a Madre Sweet Ann que te incluya en mi grupo… ¡Weee, será emocionante trabajar juntas! Oye, vamos a comer alg…

De pronto se escuchó un grito que las había tomado desprevenidas, erizándole los cabellos. Todos en el corredor se quedaron petrificados ante el sonido... que parecía provenir del piso inferior. Se volvió a oír, esta vez mucha más fuerte y clara:

— ¡Ahhhhh! ¡NOOOOOO! ¡No, no, no...!

— ¡Viene del vivero! ¡Corran todos!—chilló Monseñor Kaito saliendo de la capilla, corriendo hacía la escalera que llevaba a los pisos inferiores. Todas las novicias y jovenes sacerdotes se lanzaron detrás de él, atravesando el túnel de piedra que llevaba hacía abajo.

El vivero de la abadía se encontraba dentro de la segunda torre, en el Keep (2) que había sido acondicionado de tal forma que se pudiera cultivar tanto frutas como ciertas plantas que se sabía que eran medicinales. La única entrada posible a ese jardín cerrado era una abertura de piedra situada en uno de los muros, sirviendo también de salida. Rin y Miku se abrieron paso entre la muchedumbre para tratar de ver mejor lo que habría provocado ese sonido... Luego, un silencio sepulcral y total invadió a los que se encontraban en primera fila, seguido por gritos de pavor.

— ¡Dios mío! ¡¿Qué está pasando?!—gimió Miku agarrándose fuertemente del brazo de Rin, como hacía siempre que estaba nerviosa.

Rin finalmente lo vio... Y tuvo que agarrarse a su vez de Miku para evitar desplomarse al suelo:

Lo que causó horror a los presentes estaba en una de las paredes: Era una gran mancha de sangre salpicada que se extendía a lo largo de la pared hasta el hueco que hacía de entrada al jardín... Era como si hubieran explotado o masacrado a alguien contra la pared. Debajo de las gotas chorreantes de sangre que se deslizaban lentamente hacía el suelo, se veía una forma oscura y apretujada sobre un ariete de flores. Se acercaron con miedo, temiendo lo peor... Y en efecto, lo era:

Apretujado sobre un ariete... estaba el cuerpo de Lily. Yacía de lado, en posición fetal, como si estuviera durmiendo... Pero al voltearla para verla mejor, un grito de terror se expandió por todos los presentes... pues su rostro estaba pálido como la tiza, con una palidez espectral. Sus ojos estaban completamente abiertos, como si lo último que hubiese alcanzado a ver antes de morir, hubiera sido algo aterrador u horrible. Lo peor era el hilillo de sangre que se le escapaba de la comisura de sus labios... lo cual era algo inverosímil, al observar la enorme mancha de sangre en la pared, y cuyo punto donde empezaba la mancha, era donde estaba posado el cuerpo de la mujer.

Algunas novicias salieron corriendo entre gritos de pánico, otras no tuvieran tanta suerte y terminaron vomitando sobre el césped. En ese momento, entraron varias personas, entre ellas Monseñor Akaito. Este último apartó de un empujón a Monseñor Kaito (que se había quedado petrificado en su puesto... tras vomitar el helado que se había comido hace horas). Se acercó al cadáver y apoyó la mano en el pecho de Lily, al parecer buscando los latidos de su corazón... sin éxito.

—Está muerta—murmuró el sacerdote pelirrojo levantándose y haciendo el signo de la cruz al cuerpo de Lily—. Dios, ten compasión de ella y acógela en tu seno... Amén.

—Amén—musitaron los demás presentes, bajando la cabeza...

—...Amén—susurró Rin casi mentalmente, luchando con todas sus fuerzas de no venirse abajo: Pues había notado que alrededor del cuerpo de Lily, estaban esparcidos pequeñas manchas amarillas, como si fueran pétalos amarillos.

Esos pétalos amarillos la sobrecogieron, pues ya había visto esos deslumbrantes pétalos de un amarillo dorado en...

—Habrá que levantar el cadáver y darle cristiana sepultura—dijo una voz tenue detrás de Rin, haciéndole sobresaltarse y voltearse a un lado: Era Madre Sweet Ann—. Monseñor, ¿le molestaría designar un grupo de ayudantes para... despacharla?

—En absoluto—asintió el sacerdote Shion quién volvió a arrodillarse sobre el cadáver, esta vez, acariciando levemente su helada mejilla—, pobrecita... tanto desperdicio de candor y juventud...


Pronto llegó la noche y una vez más, el Monasterio quedó en silencio. En su pequeña habitación, Rin se deshizo de su túnica y se arrebujó en su camisón. Se sentó de forma insegura sobre la cama, esperando que algún espanto se le apareciera de repente. El recuerdo de la imagen del cadáver de Lily seguía incrustado en su mente, sin dejarla en paz ni un momento.

Suspiró con tristeza mientras se deslizaba sobre el colchón. Madre Sweet Ann les había dicho que se iba a realizar una investigación a fondo: "Haremos una investigación para esclarecer que le pudo haber pasado" y agregó mirando a Rin "Es mejor que todos y todas descansen de esto, ¿no creen? Ella ya está a salvo con el Señor." En el fondo, eso no la hacía sentirse mejor. Pues Lily había sido muy buena amiga suya desde el colegio de señoritas y su extraña y repentina muerte suele le hacía dolerle más…

Además… recordaba con aprensión los… pétalos amarillos.

Pétalos amarillos… Pétalos amarillos que estaban alrededor de su mano, como una serpiente… Pétalos amarillos alrededor de sus penetrantes ojos azules…

―Y bien… ¿Todavía te debates si fue un sueño… o un producto de tu imaginación?

Rin se levantó bruscamente donde segundos antes estaba hecha un ovillo en la cama, medio dormida. Esa voz… Estaba segura de que NO se lo había imaginado… pues sonó tan clara y nítida… qué solo podía significar que…. La voz provenía de su habitación.

― ¿Q-q-quién está ahí? ―susurró Rin totalmente crispada― ¡¿Q-quién está ahí?!

Escudriñó con pánico las cuatro esquinas de su pequeña habitación, respirando de forma acompasada, tratando de calmarse… Pasaron varios minutos, sin que pasara algo… Tal vez… tal vez, se trató solo de su imaginación… sí, sí… Estaba estresada por la extraña muerte de la hermana Lily, y ahora se estaba imaginando cosas. Ahora era cuestión de descansar, por todo lo que había pasado hoy.

Volvió a acostarse, esperando volver a dormirse…. Hasta que notó una mano en su dorso… y una respiración leve… que no era la suya… Haciéndole abrir los ojos.

―Buenas noches.

Rin quiso gritar, pero la criatura fue más rápida, tapándole la boca sin abandonar su posición. Rin se retorció desesperadamente, sintiendo las afiladas uñas contra sus mejillas, hasta zafarse de su presa y retrocedió hasta caerse de la cama. La criatura se incorporó levemente, observándola con atención y al parecer, estiró la mano para ayudarle a levantarse, pero Rin no se lo creyó y empezó a retroceder, respirando agitadamente, sintiendo el sudor frío correr por su espalda, llenándose a cada segundo de un fuerte terror.

― ¡T-TÚ….!―Lo señaló con un tembloroso dedo― ¡¿Qué haces aquí?! ¡¿Qué quieres de mí?! ―La voz se le quebraba a cada segundo y ella esperaba sonar firme y sin miedo― ¡¿Qué rayos eres?!

La criatura arqueó las cejas y se sentó sobre la cama―Bien, en este orden: me estoy sentando en la cama, solo quise ir a saludarte, y… ―Una sonrisa se coló por su agraciado y a la vez terrorífico rostro―…soy un antiguo y distinguido habitante de este castillo.

Rin se quedó sin habla, completamente confundida, mientras el ser la miraba expectante… ¿de qué? ¿Qué clase de criatura podría ser? Una posible explicación se coló por su mente… haciéndole asustarse aún más― ¿Eres un fantasma?

―Ni frío… Ni caliente―repuso la criatura con una sonrisa torcida―. Puedo… atravesarme, desde luego. Pero soy algo más que una triste huella de un difunto.

― ¿Eres… ―La voz de Rin sonaba cada vez más crispada, mientras su mano se deslizaba hacia el rosario que colgaba de su cuello―, eres… un demonio?

―…Quizás.

― ¡No estoy para adivinanzas! ―protestó la rubia levantándose del suelo y él soltó una risita―. ¡Esto no es gracioso!

―Jajajaja… Discúlpame, pero para si lo es―repuso la criatura sin dejar de sonreír―, ¿Qué es la vida, señorita, sino un juego? ¿Acaso no los humanos apuestan sus vidas cada día? Pierden y ganan, sin orden ni concierto―Se levantó lentamente de la cama―. Si tú crees que soy un demonio… te lo dejo a tu criterio. Por mi parte… seguiré diciendo que soy un antiguo habitante de este monasterio.

―Está bien, está bien―rezongó la rubia sin dejar de cruzarse de brazos y escrutándolo sin piedad―. Supongamos que creo en lo que dices… ¿Cómo te llamas… cosa?

―Soy Len―se presentó la criatura esbozando una reverencia y alzando una mano, simulando quitarse un sombrero imaginario―… y no "cosa". Para servirle, señora.

― ¿Len, eh…? Pues para mi seguirás siendo "cosa" ―masculló Rin entrecerrando los ojos: Si él iba a ser pícaro, ella no se quedaría atrás… Len parpadeó rápidamente y luego compuso una sonrisa torcida.

―Juegas rudo, ¿eh? Bueno, eso me deleita mucho más que lo de… la vez pasada ―dijo Len casi ronroneando… Y logró el efecto deseado: Pues la muchacha dio un fuerte respingo.

― ¡Dios mío, tu…! ―La sangre agolpó el rostro de Rin, dejándola turbada… y tres segundos después, muy enojada―. ¡¿Cómo te atreviste a hacer eso?!

―Tenía que aprovechar, pues un verdadero caballero siempre sorprende a su Dama―dijo Len con sencillez. A Rin no le gustó NI PIZCA el "su Dama" que usó. ―, aunque reconozco que debí darte una desagradable sorpresa… por lo que te pido disculpas―agregó la criatura haciéndole una reverencia.

―Quisiera creerte, pero es bien sabido que los demonios no conocen el arrepentimiento―repuso Rin con crudeza. Len volvió a parpadear rápidamente, al parecer desconcertado... Luego se rió.

―Oh, ¿es decir que solo por Dios se conoce el arrepentimiento? Hum, admiro tu analogía, pero una vez más, lo dejo a tu criterio―Len se cruzó de brazos―. Es interesante hablar contigo, me pregunto qué más sorpresas tienes… ―Se acercó más a ella―, y voy a descubrirlos… ―Rin retrocedió al sentir las garras de Len a punto de tocar su mejilla... Este se quedó estático y luego la bajó lentamente.―Muy bien… será como tú quieras―musitó finalmente―...Solo te ruego que me dejes seguir viniendo a verte.

― ¡¿Seguir?! ¡¿Vas a seguir viniendo?!

―Te lo ruego, y es mejor que me lo permitas… pues aunque me lo prohíbas, seguiré viniendo. ―repuso Len con una sonrisa irónica―. Te ruego además que dejes de gritar; despertarás a todos… y te tomarían por loca.

― ¿Por-por qué? ¿Por qué me-me haces esto? ¡¿Que hice para merecer esto?! ―gimió Rin cubriéndose la cara con las manos… De pronto sintió sus brazos empezar a rodearle, por lo que trató de resistirse, pero el demonio era mucho más fuerte.

―No hiciste nada… Simplemente pasó―musitó Len con tono conciliador dándole unas palmaditas en la espalda, haciéndola soltar un respingo y ahogar un gemido―. Venga, no es el fin del mundo… solamente conseguiste un… nuevo amigo, jejejeje.

―Qué suerte la mía…―musitó Rin, ya sin ganas de pelear o de resistirse… Si Len pensaba devorarla, descuartizarla o hacerle algo peor, que lo hiciera. Ya no le importaba… Tembló levemente al sentir las garras de Len posarse en sus hombros, pero este la empujó hacia atrás, volviéndola a sentar en su cama, para luego retroceder.

―Ya verás que encontrarás muy… interesante tener un amigo como yo―dijo Len bajando los párpados―, te dejaré dormir ahora… Buenas noches, Rin ―Y se fundió con la oscuridad de la habitación.

― ¿…Qué? ¿C-cómo sabes mi nombre? ¡¿Cómo lo sabes?! ¡Regresa! ―exclamó la rubia a la oscuridad, sin que ni Len ni prácticamente nadie le respondiera.

Se quedó completamente quieta por unos minutos, apenas atreviéndose a respirar, creyendo que Len volvería a seguir atormentándola… pero no sucedió nada. Tras recorrer su habitación varias veces, volvió a acurrucarse en su cama, formando un ovillo… pero en vez de volver a tratar de dormir, se puso a sollozar.

Ya no sabía que creer. Ya no sabía si esto era una alucinación o si realmente era algo real. ¿Por qué? ¿Por qué tuvo que pasarle esto? ¿Solo porque tomó una maldita naranja, le tenía que pasar tal cosa? "No te dejes vencer, Rin" se dijo limpiándose las lágrimas y mirando hacia el techo, "siempre fuiste una luchadora, has soportado de todo… podrás con esto"

Eso haría. Fuera Len real o no, no iba a ceder ante él… Se mantendría firme, y seguramente, Len se aburriría de ella y la dejaría en paz. Que buen plan.

A la mañana siguiente, cuando Rin abrió los ojos, lo primero que enfocó… fue una magnífica rosa amarilla en la jarra de agua de su mesita. A la luz de la mañana, la flor literalmente resplandecía, hasta el punto que se notaba las gotas de rocío de sus pétalos… Rin se levantó de un brinco y la tomó… Y sin molestarse siquiera en admirar su belleza o en olerla, la novicia la estrujó fuertemente entre sus menos, como si apretara una fruta madura, hasta hacerla trizas, para finalmente arrojarla por la ventana.

Empezó la "batalla" entre el Bien y el Mal.

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Author`s Note:

(1) Es una raza de perro de compañía, caracterizada por sus piernas combadas (torcidas), cuerpo pequeño y ojos tristes.

(2) Keep: nombre inglés del torreón en algunos castillos de estilo normando (Procedientes de la región de Normandía (Francia)). Este torreón posee la particularidad de que en su centro, posee un patio descubierto.