¡Hola! ¡He vuelto!

Lamento si he tardado demasiado, he empezado a trabajar (en realidad son prácticas en empresa) y hasta que no me he hecho un poco con la nueva rutina no he sacado tiempo para poder ponerme a escribir en condiciones u.u

Bueno, no me entretengo, ya hablamos en la nota al final xD

Disclaimer: Ni Bleach ni sus personajes me pertenece.


Ichigo la observó, algo confundido. Había sido ella la primera en acercarse a él tras preguntarle con algo de mofa si estaba atrapado en la biblioteca. No pudo evitar sonreír ante la ironía, tanto tiempo intentado dar el primer paso, y al final había sido inesperadamente ella quien se había acercado a él.

―La pesadilla de todo estudiante, hecha realidad ―le contestó tratando de continuar con la broma.

Pese a su gesto fruncido, el cual Rukia ya había comprobado que mantenía siempre, la joven pudo adivinar un tono de humor que le hizo ampliar su sonrisa con picardía.

―¿Hacia dónde tienes que ir? ―le preguntó ella sin rodeos.

Tras un segundo de desconcierto, Ichigo comprendió qué pretendía al preguntarle eso cuando le mostró el paraguas que llevaba en la mano.

―Vivo cerca del parque ―se limitó él a contestar.

―Entonces tienes suerte, porque voy en esa misma dirección ―dijo la joven encaminándose hacia la salida. De pronto se volteó hacia él―. Soy Rukia.

―Y yo, Ichigo.

―¿Ichigo? ―preguntó Rukia, divertida.

―¿Algún problema? ―espetó él con cara de pocos amigos.

Lejos de amedrentarse, la joven le mostró una sonrisa inocente pese a que realmente sus pensamientos en ese momento fueran de todo, menos inocentes. Rukia decidió guardar mentalmente algunas de las bromas que se le acababan de ocurrir. Si finalmente llegaban a conocerse más tendría tiempo de sobra de ir diciéndoselas poco a poco.

―No, ninguno ―respondió con falsa inocencia― ¿Vamos? ―le instó.

Ichigo decidió seguirla pero en cuanto ella abrió el paraguas que llevaba no pudo evitar frenar en seco y quedarse boquiabierto. Rukia, ya en la calle resguardada bajo su paraguas edición coleccionista con caritas de Chappy, se extrañó momentáneamente por el gesto del joven, sin embargo, comprendió qué ocurría cuando comprobó que su mirada asombrada estaba posada sobre su paraguas. Frunció el ceño.

―¿Algún problema? ―le preguntó esta vez ella, con voz amenazante.

―No, ninguno ―repitió él resguardándose también bajo el paraguas―. Sólo que me esperaba algo más… adulto.

Rukia le lanzó una mirada furibunda pero no dijo nada. De modo que el delincuente era un hater de Chappy. Por mucho que en ese momento le hubiera gustado darle un buen puñetazo debía comprender que estaba bajo la lluvia y podría acabar empapándose, o peor, rompiendo su paraguas.

Echó a andar sin avisar a su compañero pero los reflejos de Ichigo fueron mucho más rápidos y consiguió mantenerse bajo el resguardo del paraguas. Caminaron varios metros en silencio. Realmente ninguno de los dos sabía muy bien qué decirle a otra persona a la que acabas de conocer y con la que estás compartiendo apenas un pedazo de tela con caritas de conejos bajo el diluvio universal. Rukia se preguntó si sería demasiado pronto para preguntarle por su familia. Quizá podría empezar hablando de sus estudios, aunque teniendo en cuenta todo el tiempo que llevaban en la biblioteca estaba segura de que a él le apetecería hablar de asignaturas y estudios tan poco como a ella. Si le preguntaba si se teñía el pelo, ¿se enfadaría mucho?

―Oye… ¿Te importaría subir un poco más el paraguas? ―escuchó que le decía.

La joven volvió en sí y descubrió que mientras estaba perdida en sus pensamientos, inconscientemente había ido bajando el paraguas dejando al pobre Ichigo cada vez más encorvado a su lado.

―¡Oh! No es mi culpa que seas un gigantón, si lo subo más me empapo yo ―se defendió ella tratando de ocultar lo avergonzada que estaba pero volviendo a alzar el brazo.

―Disculpa pero no es MI culpa que tú seas una enan… ehm… ¿por qué no llevo yo el paraguas? ―preguntó repentinamente frenando en seco su última frase al observar la fría y aterradora mirada que le estaba dirigiendo ella en ese momento, exactamente la misma que a todos aquellos escandalosos en la biblioteca.

Rukia, todavía furibunda, le pasó el paraguas sin decir ni una palabra. Ichigo por su parte, trató de mantenerlo todo lo bajo que pudo, hasta el punto en que su cabeza tocaba con la tela impermeable. De pronto escuchó una pequeña risita viniendo de ella y la observó con cautela.

―Mira ahora qué adulto pareces ―se mofó Rukia.

El joven cayó en la cuenta de la imagen tan extraña que debía de dar portando aquel paraguas de conejitos. Frunció el ceño visiblemente molesto pero en seguida recobró una mirada maliciosa.

―De modo que reconoces que no es un producto para adultos.

Rukia le observó algo sorprendida pero no tardó en reaccionar.

―No. Pero sí reconozco que no es un producto para delincuentes como tú.

―¡No soy un delincuente! ―se defendió él algo molesto y dolido. El drama de su vida.

―Ya… ―respondió ella fingiendo indiferencia.

Esto sólo consiguió provocar aún más a Ichigo.

―Si de verdad lo fuera ¿cómo se te ocurre acompañarme hasta mi casa bajo este diluvio?

―Soy más fuerte de lo que crees ―contestó Rukia―. Puedo defenderme sola.

Pese a que intentó mostrar incredulidad, por dentro Ichigo sabía que tenía razón y que pese a su pequeña estatura, la joven sería capaz de pegar buenos puñetazos. No obstante, no podía evitar pensar en el hecho de que, al igual que todo el mundo, ella también le considerara alguna clase de delincuente antisocial, en cualquier otro ya no le afectaba, pero viniendo de ella, una casi completa desconocida… dolía.

―Realmente no creo que seas así ―dijo de pronto Rukia, notando la tensión en el ambiente y en el fondo sintiéndose algo culpable―. Los delincuentes no estudian medicina.

―¿Y cómo sabes tú que estoy estudiando medicina? ―reaccionó él.

En ese momento la joven agradeció que la noche y la lluvia pudieran ocultar el ligero rubor que había nacido en sus mejillas.

―Hace unos días me levanté a abrir la ventana debido al calor y tus apuntes me llamaron la atención ―contestó finalmente fingiendo indiferencia y felicitándose por sus grandes dotes de actriz.

―Oh, pues… tú… si pateas a un atacante igual que lo haces con las máquinas expendedoras, estoy seguro de que puedes defenderte sola ―afirmó este tratando de firmar la paz.

De pronto Rukia le dirigió una mirada curiosa.

―¿Me has estado observando, Ichigo? ―le preguntó con un tono ligeramente burlón.

―¿¡Qué!? ¡No! ―se apresuró él a negar con vehemencia lo cual provocó que Rukia se divirtiera aún más.

―¿Te has fijado en mí? ―preguntó de nuevo con el mismo tono de voz.

―¡Cómo no voy a hacerlo, si te sientas en la mesa de enfrente! ―se defendió Ichigo― Bastaba con levantar la cabeza medio segundo y siempre estabas ahí.

―¡Eso es que sí!

―Bueno, vale, sí. ¿Algún problema con eso? ―aceptó finalmente, derrotado ante la insistencia de Rukia y su propio nerviosismo.

Tras decir esto, la joven no pudo evitar observarle con cierto detenimiento. Ichigo miraba concentrado al frente, visiblemente avergonzado a la vez que molesto. Bajo la tenue luz de aquella noche, su semblante parecía mucho más misterioso, enigmático y apuesto. No obstante, el leve rubor en sus mejillas le hacía ver como lo que era, un chico. Simplemente eso. Como podría serlo cualquier otro. Y este mero pensamiento hizo sonreír a Rukia. Si hubiera sido cualquier otro, tras reconocer que había estado observándola, ella se habría escandalizado. Sin embargo había sido él, y no podía evitar cierta emoción al saber que, quién sabe por qué, se había fijado en ella, del mismo modo que ella le había visto a él.

―No, ningún problema ―dijo finalmente Rukia con voz calmada.

Esta vez fue el turno de Ichigo de observarla algo desconcertado. Trató de no girar la cabeza y limitarse a dirigir su mirada hacia ella, pues ya había tenido suficiente con su pequeña charla anterior como para volver a darle una razón que demostrara que, efectivamente, se había fijado en ella. Debía reconocer que tenía ciertos sentimientos encontrados respecto al poco tiempo que estaban pasando juntos. Por un lado, prácticamente lo único que habían hecho era discutir, lo cual no era muy buena señal. Por otro, jamás se había divertido tanto discutiendo con una persona. En definitiva, podía decir que se alegraba de haber conocido por fin a esa enana del demonio (no es que se atreviera a decírselo en persona, al menos todavía), pero tenía la impresión de que estaba dejando pasar la oportunidad que había surgido sin esperárselo.

―¿Ahora hacia dónde? ―escuchó de pronto decir a Rukia.

―Uhm… mi edificio es el último de esa calle ―le respondió volviendo en sí y señalando a su izquierda.

―Oh, bien, así no haces que me desvíe mucho.

Dicho esto, ambos echaron a andar de nuevo. Esta vez se hizo el silencio entre ellos. No un silencio tranquilo sino un silencio incómodo, al menos así lo sentía Ichigo. Observando a su acompañante nadie podría decir si se encontraba cómoda o no, pues fijaba su rostro serio al frente con decisión.

―Y… ¿cuándo tienes el último examen? ―trató él de romper el hielo de nuevo.

―Mañana, ¿tú? ―le contestó ella.

―El viernes.

―Ya queda poco.

―Sí…

De nuevo, silencio. E Ichigo más nervioso. Nunca había sido una persona de hablar por hablar, más bien al contrario, él apreciaba la tranquilidad y la confianza que se demostraban las personas con los silencios, sin embargo esta vez era distinto. Apenas quedaban veinte metros para llegar al portal de su edificio y sentía que en todo el trayecto lo único que había hecho era perder el tiempo. En definitiva, debía decir algo, pero ¿el qué?

Y así, pensando, antes de que pudiera darse cuenta, ya estaban parados frente a la puerta de entrada.

―Bueno, aquí es ―fue lo que dijo finalmente sin poder evitar un leve tono triste en la voz.

―Sí… ―suspiró Rukia.

―Gracias por haberme acompañado, de verdad.

―No ha sido nada, la verdad es que me daba algo de pena al verte atrapado en la biblioteca ―le respondió.

Justo cuando Ichigo le iba a responder algo para salvar la poca dignidad que le quedaba después de su trayecto juntos, la mirada de ambos se encontró y nuevamente le faltaron las palabras. Supo entonces, que si lo permitía esos ojos violeta podrían acabar siendo su perdición.

―Supongo que aquí nos separamos ―continuó Rukia sin dejar de observarle directamente―. Ha sido un placer conocerte, Ichigo ―le dijo con sinceridad y una pequeña sonrisa.

―Igualmente, Rukia.

Tras unos segundos sin moverse, la joven le mostró una mueca extrañada.

―¿Vas a entrar o…? ― le preguntó.

―¡Oh, sí!

Dicho esto, Ichigo reaccionó por fin algo avergonzado y, sacando las llaves de su bolsillo se acercó a la puerta y entró al portal. Mientras esta se cerraba se volteó para despedirse de ella con la mano y no pudo evitar fijarse en que su rostro parecía algo decepcionado, o quizá triste.

Se giró de nuevo y se dispuso a subir las escaleras, pero justo en el mismo instante en que la puerta se cerró con un sonoro clic, algo en su interior le hizo frenar en seco. Era un idiota, definitivamente. Tanto tiempo en la biblioteca buscando el momento de poder hablar con ella, de decirle algo, y ahora que había surgido la oportunidad, la había desaprovechado por completo. ¡No podía haberlo hecho peor! Realmente "idiota" era una palabra muy suave para definir cómo se sentía en ese momento.

Dio media vuelta y se encontró con la imagen de la calle vacía. Casi por instinto, cruzó el portal de dos zancadas y salió corriendo a la calle. Miró a derecha y a izquierda, y fue entonces cuando encontró a Rukia, a unos metros de allí, alejándose con rapidez y sujetando su paraguas lo más bajo posible.

―¡Eh! ¡Rukia! ―exclamó dirigiéndose hacia ella.

La joven se volteó sin poder evitar reflejar en su rostro una gran sorpresa. Antes de que pudiera decir nada, Ichigo volvió a hablar.

―Quizá sea un poco precipitado, sé que apenas nos conocemos pero… ¿qué te parece si quedamos este viernes en el café de detrás de la facultad de derecho? ¿Sobre las siete y media?

Pasaron varios segundos y la joven no respondió. Lo único que Ichigo podía escuchar era el sonido de la fuerte lluvia rebotando contra el suelo. De pronto observó como ella le dirigía una mirada furibunda.

―¡Pero serás idiota! ¿¡Acaso ya se te ha olvidado que está diluviando!? ¿¡Qué haces ahí plantado en medio de la calle!?

La realidad cayó sobre él haciéndole reaccionar. Mascullando un leve "joder" se apresuró en volver a su portal pero ya era tarde. Habían bastado unos segundos para acabar calado hasta los huesos. Y por si esto fuera poco además se sentía como un completo estúpido.

Antes de que pudiera caer en una espiral de autocompasión, una voz le sacó de sus pensamientos.

―¡Eh! ¡Ichigo!

Esta vez, Rukia había retrocedido hasta encontrarse frente a él, todavía en la calle y bajo su paraguas. No obstante, su rostro era diferente y mostraba una pequeña sonrisa, junto a un ligero brillo en sus ojos.

―Mejor a las seis y media ―dijo finalmente, haciendo su sonrisa más amplia.

Tras esto, Rukia comenzó a andar de nuevo y esta vez se marchó definitivamente dejando al joven todavía algo descolocado. De pronto, todo cobró sentido. Había sido ella quien se acercó a él. Ahora se daba cuenta de que había mencionado que se interesó por saber qué estudiaba cuando todavía estaban en la biblioteca. De modo que no había sido el único que había estado fijándose en alguien. Y además estaba el rostro de tristeza que le había mostrado cuando se despidieron, quizá no era tristeza sino más bien, decepción. Quizá la había idealizado demasiado al observarla a lo lejos y no se había dado cuenta de la realidad.

Ella era sólo una chica, y él sólo un chico. Ambos, pobres estudiantes atrapados en época de exámenes en la biblioteca. Es ahora, y no antes, cuando se abría ante ellos la posibilidad de ser algo más.

Aprovechando la soledad que le acompañaba, Ichigo sonrió ampliamente con verdadero optimismo. Al final las largas horas de estudio habían dado sus frutos. Todavía estaba por ver si en forma de aprobados, de lo que estaba seguro es de que sí había sido en forma de una pequeña joven de ojos violeta, y estaba convencido de que no iba a dejar pasar su oportunidad.


FIN

¿Qué os ha parecido esta segunda parte? La verdad, me ha resultado un poco complicado porque la relación tan especial que tienen Ichigo y Rukia en el manga se debe sobre todo a las circunstancias en las que se conocieron y en el fic, directamente no existen.

Otra cosa más, al principio cuando ideé la historia pensé que la clasificación T sería apropiada, pero después de escribirlo, me parece que quizá sea un poco exagerada ya que realmente lo único más subido de tono que llegan a decir es "idiota" y "joder" bueno... y si cuenta "vagina" en el primer capítulo XD ¿Creéis que K+ sería más correcto o lo dejo en T?

MUCHAS GRACIAS por vuestros follows, favoritos y reviews! He tratado de contestaros a todos (si me he dejado a alguien lo siento, habrá sido un descuido, prometo compensarlo en este capítulo xD), también gracias a basi y a AS Carabajal (sí, me encanta usar la lluvia para unir a estos dos :P) que como son "guest" no puedo contestarles personalmente.

Si me queréis decir cualquier cosa, me gustaría conocer vuestra opinión sobre el fic, si tenéis alguna crítica constructiva, lo que sea, me gustaría y os agradecería que me dejarais un review ^^

Bueno, pues me despido ya!

Muchas gracias por haberos pasado a leer esta historia y espero que os haya gustado. Estoy deseando ponerme a trabajar con más Ichiruki lo más pronto posible.

¡Un saludo!

Almar-chan