Tomandose de las manos/22 de junio de 2014
Palabras: 316
El aire frío se colaba por las ventanas, que aún cerradas, dejaban entrar un poco del aire que hacia afuera, donde la nieve se acumulaba en donde podía.
Romano, aún con cinco colchas encima, temblaba ligeramente al sentirlo. Su nariz rojiza, y sus mejillas teñidas de color rosáceo le daban un aspecto adorable.
Se acurruco más contra el español que tenía al lado, pasando uno de sus brazos alrededor de él, y tratando de sentir la calidez que su novio emanaba.
Sus manos, a pesar del contacto, seguían heladas. Ni frotándolas lograba algo. El frío de la habitación hacia que su oxigenación se hiciera leve, por lo cual sus manos no podían calentarse.
Ni sus labios entreabiertos y rasposos, el humo que se hacía cuando su boca tomaba la forma de "O" podría.
Miró al español a su lado, aún sin camisa, el frío no parecía inmutarle. Se maldijo mentalmente por no haber prendido el calentador, pero si salía de su cama, probablemente caería al piso congelado.
Pensó en pedírselo a España, pero su gesto apacible y su cara inocente, que tenía al dormir, hacia que despertarlo fuera algo difícil para él.
— Romano, ¿aún sigues despierto? — España sintió el movimiento que hacia el otro y despertó.
— Tengo algo de frío... no puedo dormir. — Se sinceró.
— Oh, mi cielo. ¿Porqué no me despertaste? Prenderé el calentador enseguida. — España se levantó de la cama que compartían, aún sin camisa, y prendió el pequeño aparato. — ¿Estas mejor ahora?
Romano asintió, sonrojado. Pero sus manos, aún se sentían heladas. Las saco de la colcha y tomó las de su novio.
— Mis manos están heladas.
España no dijo nada, sólo le sonrío, beso sus nudillos, tomando sus manos por completo y entrelazandolas con las suyas.
Aún con la nieve cayendo, las manos cálidas de España son el mejor remedio -pensó el menor-
