El día siguiente, me desperté poco a poco, retiré las sabanas algo cansado, me llevé la mano a la cabeza, acariciándome el pelo, y me incliné para mirar la hora en el reloj, las 12:30…
"¿Cuando me fui a dormir?" pensé, observando mi cuerpo, vi que estaba completamente desnudo, extraño, siempre dormía aunque fuera con calzoncillos. Unos golpes se escucharon al otro lado de la puerta.
-¿Estas despierto, brother? – Era mi hermanito, que abrió ligeramente la puerta, dejando entrar un rayo de luz que me obligó a taparme los ojos con el brazo.
-Yes, ya estoy despierto- dije sentándome en el borde de la cama, preparado para levantarme.
-Entonces vístete y baja a desayunar – me dijo con su típico tono tsundere, menudo hermanito me había tocado.
En cuanto me intenté levantar, mis piernas no me respondieron, y caí al suelo, haciendo bastante ruido.
-¡¿QUE PASA?! - abrió de un golpe la puerta, mirándome en el suelo, me preguntó confuso – ¿Que ha pasado…? –
- No se… las caderas, me duele mucho… y mis piernas no me han respondido bien… - dije con un tono dolorido, pero de chico fuerte, de esos que lo pueden aguantar todo. Me levanté un poco, apoyándome con los brazos en el suelo y mi hermanito se agachó delante de mí mirándome con una cara de confuso y juguetón.
-¿Me vas a ayudar o no? – le dije alzando una mano hacia él, con una mirada traidora.
-¿Qué se supone que hiciste tanto tiempo ayer en el baño?- me dijo levantándose.
-Tenía diarrea, ¡¿vale?! Y ahora, ¿me puedes ayudar a levantarme?
-Explícame antes tu dolor de caderas…y por cierto, tampoco vi a Francis el resto de la cena… - me dijo con una cara de perverso que no se la creía ni él. Sentía que no tenía ninguna excusa y lo acabaría sabiendo todo el fin y al cabo.
Aún con el dolor que tenia, me levanté sin quejarme, como si antes estuviera actuando, me dirigí al baño, me duché y me limpié la cara, me puse ropa interior, unos pantalones tejanos, y unas bambas blancas, y bajé al comedor, mi hermanito me esperaba sentado en la mesa, delante de un plato de comida que curiosamente tenía muy buena pinta, me dirigí a la mesa, me senté delante del plato, que estaba acompañado por un vaso de leche.
-¿No te podrías poner alguna cosa arriba? – me preguntó apartando la vista de mi torso.
-No, ¿y quién ha hecho esto? – dije señalando el plato que contenía dos huevos fritos, acompañados por un pan con forma de C.
-¿Qué te hace pensar que no lo he hecho yo?
-¿En serio me lo preguntas? Sencillamente no es de color negro, y no hace mal olor.
-¡¿QUE INSINÚAS CON ESO?! – me dijo gritando, dando un fuerte golpe con ambas manos en la mesa y levantándose enfadado.
- Pues que tu comida es horrorosa, no hay humano que se la pueda comer y esto tiene muy buena pinta, además un olor delicioso- dije con un tono pasota, cruzándome de brazos y piernas, apoyándome en el respaldo de la silla.
- ¡Pues América se la come sin rechistar!
-Lo que he dicho, no hay humano que se la pueda comer - dije girando la cabeza.
-Scott, mon amour~, ¿ya estas despierto? – una figura asomó por la puerta de la cocina, con un delantal, y una espátula en la mano, giré la mirada hacia mi hermanito, la típica de "ya te lo había dicho" o "me lo imaginaba", él, se sentó otra vez, ocultando su sonrojo de vergüenza tras sus manos. – Que hermoso estas así vestido, amour ~ - me dijo abrazándome por detrás y dándome un beso en la mejilla, algo sonrojada al sentir sus latidos sobre mi espalda.
-¡No me digas! ¿Francis, has venido solo para ver a mi hermano? ¿Y yo…? ¿Qué pasó ayer?
-Nada que tú debas saber – dije devolviéndole el beso en su mejilla, y empezando el delicioso desayuno, el mejor de mi vida me podría atrever a decir, pues siempre lo preparaba mi hermanito, y acababa desayunando en el bar de la esquina, por seguridad...
Cuando acabé de comer, me relamí los labios, y justo en ese momento, de la cocina salió Francis, sin el delantal ni la espátula, y observó mi movimiento, creo que le había dado una idea, y por su pervertida sonrisa, podía intuir que nada bueno se pasaba por esa rubia cabeza.
Intentando ignorar su pervertida mirada, me senté en el sofá, encendiendo un cigarrillo y llevándomelo a la boca, acto seguido, encendí la televisión, poniendo el primer canal que encontré, un documental de una ciudad, curiosamente, hablaba de París, pero me daba palo cambiar, así que lo dejé, aunque teniendo en cuenta que tenia al francés a mi lado (no sé cómo ni cuándo se había puesto ahí), era un poco arriesgado. Noté como un brazo se deslizaba por mis hombros, rodeándome el cuello, y unos labios se volvían a posar sobre mi mejilla, mientras me atraía hasta su cuerpo, haciendo apoyar mi cabeza sobre su regazo, un poquito sonrojado, me acabé de estirar en el sofá, mientras sentía como una mano recorría el desnudo lateral de mi torso, hasta llegar a mi trasero, donde ahí se paró, y acariciándolo estuvo todo el rato, de mientras, el programa no paraba de decir casi siempre lo mismo: que si París es la más hermosa de las ciudades, que si es la ciudad del amor… cosas de estas todo el rato, aunque no les hacía mucho caso.
Por otro lado, mi hermanito, durante los primeros movimientos, estuvo observando, hasta que se retiró a su habitación, ha saber que iba a hacer… pero no me importaba, al menos, teniendo a gabacho a mi lado.
-¿Estás viendo algo? – le pregunté, restregando mi moflete contra su pierna.
-Por supuesto, te estoy observando a ti – levanté mi mirada, y vi como sus ojos azules estaban sobre mí, y tenía la impresión de que llevaban así todo el rato, baje otra vez mi mirada, me giré, poniéndome las manos en la nuca, y mi cabeza, a la vez que todo mi cuerpo; mirando hacia el techo, el francés, dejó de acariciar mi trasero, para ir acariciando con la yema de sus dedos mis abdominales, subiendo hacia el pecho, y bajando otra vez, así todo el rato, mientras inclinaba su cabeza hacia la mía, retirando el cigarrillo de mi boca; hasta que nuestras lenguas se juntaron, acariciándose lentamente, pero no tardó en aumentar el ritmo, tanto de las caricias como de la respiración de ambos, retirando mis manos de la nuca, y apoyando mis antebrazos en el sofá, levantando la parte superior del torso, para mayor comodidad.
Sin separarme del beso, me levante dándome la vuelta, poniendo mis piernas alrededor de las del gabacho (arrodillado claro está), y mis brazos alrededor de su cuello, para llegar hasta el fondo de su boca, mientras, él tenía sus manos sobre mi cintura, acercándome más a su cuerpo.
Una de sus manos se puso sobre mi trasero, acariciándomelo otra vez hasta que la levantó un poco, acariciándome la parte baja de la espalda, y bajando, empezó a meter su mano por debajo de mi ropa, acariciándomelo otra vez el trasero, hasta que noté como intentaba lubricar mi entrada.
-¡No!
-¿Qué pasa amour~? ¿No lo quieres hacer? – me preguntó con la típica mirada de cachorrito, curiosamente, me hizo caso, y retiró su dedo de mi agujero, pero no sacó su mano de mi pantalón.
Sin decir nada, me bajé de su regazo, obligándole a retirar su mano de mi ropa; arrodillándome en el suelo, delante de él, entre sus piernas, con la cabeza algo gacha, le fui desabrochando el pantalón y bajando la cremallera, mientras él acariciaba mi rojo cabello. Cuando París asomó, mi lengua fue recorriendo cada centímetro, besando y lamiendo sin parar aquella "maravillosa" capital (según el programa), con los ojos cerrados, para mayor placer.
Cuando separé mi lengua, un hilo quedó entre la capital y mi boca, antes de introducirla dentro de mi boca, masajeándola tanto con mi lengua como con mis labios, haciendo gemir al francés, que me agarró del pelo más fuerte, empujándome la cabeza aún más hacia su miembro, haciendo que rozara el fondo de mi boca, produciéndome arcadas. Pero no me quejé, ni paré de hacer aquello que estaba haciendo. El francés gemía, no muy fuerte, con la boca cerrada, yo quería conseguir algo mas sin necesidad de que él me tocara, así bajé un poco más su ropa, y poco a poco, reemplacé mi boca por mi mano, masajeándoselo, apretando mientras movía mi mano con fuerza arriba y abajo, recorriendo todo París, haciendo que la erección creciera sin remedio. Aun habiendo retirado mi boca, mi lengua la dejé fuera, pues segundos después, bajé un poquito más mi cabeza, lamiendo y mordisqueando sus testículos, masajeándolos con mi lengua, mientras gabacho empezó a gemir más fuerte, y justo después, un líquido blanco y pegajoso me cubrió el rostro, aparatándome un poco, me levanté, con las manos en la cara, intentando quitarme esa sustancia de mi cara.
-Lo siento, mon amour~ - me dijo con un tono muy lindo, al que no pude responder con nada más que con una sonrisa, y él me la devolvió, ya que sin usar palabras, él había entendido mis intenciones desde el principio.
Se levanto del sofá, puso sus brazos alrededor de mi cintura, yo rodee su cuerpo con los míos, y apoyando tímidamente mi cabeza sobre su hombro, mientras él me besaba el mío, y también el cuello.
De repente, me alzó en brazos, cogiéndome como si fuera una princesita, cosa que hizo que mí rostro tomara unos colores rojizos, y me abrazara más fuerte a su cuello. En esta postura me llevó hasta la habitación, tirándome encima de la cama, suerte que mi hermano no nos había visto, sencillamente me abría muerto de vergüenza. Desabrochándose la camisa, se puso encima de mí, privándome de cualquier escapatoria posible, metió bruscamente su lengua en mi boca, tiró su camisa por la habitación, y en unos segundos, me quitó el pantalón junto a la ropa interior, tan rápida que ni me dio tiempo a reaccionar.
-¡NO PLEASE, NO! TODAY NO… - dije poniéndome las manos enzima de Edimburgo, para intentar que gabacho parara., cosa que no era muy probable.
-Tú has hecho que me venga sin que tu lo hicieras, ahora te tengo que castigarrr~ - me dijo con un tono, mirada, risa… todo de manera pervertida.
Viendo su rostro, quise escapar, la única salida… por arriba, era el único sitio por el que no me cubría, así que rápidamente me giré y me intenté escapar por arriba, arañando las sabanas, como si estuviera escalando, pero creo que cometí un grave error , porque gabacho me agarró con una mano por Edimburgo, masturbándome, y con el otro brazo, me agarró por la cintura, evitando mi movilidad.
Intenté alzar una mano, para agarrarme a algún sitio, pero ya era muy tarde, empecé a notar como algo apretaba mis paredes, rozándolas, y cerrando el puño, bajé mi rostro, gimiendo sin posibilidad de hacer otra cosa, noté como sus piernas rozaban mis nalgas, y su lengua acariciaba mi espalda, mientras su respiración chocaba contra mi piel, sudando como nunca, no tardé mucho en venirme, manchando completamente las sabanas con mi semilla, y cayendo dormido de cansancio.
