Con cariños para Sushi Roll, Mitsuki y Luci!

Let me think in the future

Ellos se miraron, y se dieron cuenta que una oportunidad como esa tal vez no se iba a repetir. La verdad tenía mucho que no se veían y de hecho, el verse les había provocado por un lado a Ren cierto escozor en la garganta; a Horo unas extrañas cosquillas en las entrañas. Lo más molesto, para ambos, fue la punzada directo en el pecho de cierto dolor angustiante del amor escurridizo que antes los había separado a los dos.

-¿Entonces?- Horo habló medio serio, su voz sin duda había cambiado; era bastante más grave. Lo más impresionante era su altura y su desfachatez. Ren había arqueado una ceja, el sin duda en todo ese tiempo había logrado solo una cosa "ser más hermoso" o al menos eso pensaba Horokeu Usui.

-¡Entonces! ¿Qué?- sin duda Horo no se había hecho muy inteligente en ese tiempo, pensó Ren. Realmente le sorprendía que no dijera nada más que eso después de verse de nuevo por casi 5 años. Tal vez se haría una costumbre eso de verse después de largos periodos de espera.

-¿Cómo esta Jeanne? – el Tao casi se quedó atónito, pero luego suspiró al ver la cara de molestia del otro. Eso no era una plática normal, era un reproche.

-En casa supongo, ¿y Tamiko? – Touché, Horo arrugó el cejo y suspiró, no iba ser bueno que hablaran así, después de todo no iban a arreglar nada.

-Te amo Ren, aún lo hago – el Tao mi miró y sintió de nuevo ese dolorcito intenso en el pecho y luego esos sentimientos cremosos que se desbordaban. ¡Ahh! Escuchar eso de sus labios era simplemente perfecto, su cuerpo aún reaccionaba con el resonar de su voz.

-¿Entonces? – Horokeu sonrió un poco y luego de mirarlo simplemente dio una carcajada. Así había comenzado su pequeña plática. Ren lo miró molesto y se asomó afuera donde estaba su hijo de ya 6 años leyendo tranquilamente, una de esas revistas de muñequitos que tanto le gustaban.

- Te voy a besar Ren - el chino se giró de nuevo cuando sintió una señal de alarma en su cabeza, había dicho "besar" lo miró con los ojos completamientos abiertos y un pequeño sonrojo, que ya era un poco cursi para su edad.

- No harías algo así- Ren suspiró y le dio la espalada al otro dirigiendo la mirada a un punto inexistente en alguna parte de la pensión donde estaban ambos, al menos por esas dos semanas hospedados. Ren se alteró un poco cuando sintió que ese Ainú estaba muy cerca de su espacio personal y había osado a tocarle un hombro. Pero por lo menos no era tan preocupante hasta que lo escuchó hablar.

- No quiero alejarte de tu familia, sé que los amas… me doy cuenta al ver como miras a tu hijo y sé que también quieres a ella.- Horo no pudo disimular ni por instante como le dolían esas palabras, después de todo, lo amaba y ese gran amor ya no era suyo. Así de simple.

- ¿Qué piensas que lograrás haciéndonos esto? ya supéralo Horo.- Ren apretó un poco los puños al decir eso y agradeció estar de espaladas porque sin duda en su cara solo se podría ver una mueca de dolor.

- Sé que también que me amas- Ren chasqueó un poco y se separó de nuevo a la ventana solo para alejarse de él y de esa gran verdad. Tal vez la distancia, ayudaría a ese ainu a ubicar sus ideas.

-¿Yo? No estés tan seguro, eso ya pasó- Ren de nuevo, fue a dar la mirada a su hijo, mientras que el joven de cabello azules no hizo otra cosa más que ir directo a abrazar a Ren por la espalda. Tenía la sospecha que aún podría abrazarlo protectoramente. No lo iba a negar, el chino había crecido y lo había hecho muy bien, pero eso no le quitaba que aún tenía una deliciosa y delgada cintura y un respingado trasero que lo hacía por demás apetecible. Y su cabello, dios ese chino sí que lo volvía loco… aún más que antes.

-Tú no eres de esa clase de personas, tú… tú tienes un corazón complemente gentil, que aparentes no sentir, no quiere decir que no lo hagas… Eres bueno Ren, tanto que te alejaste de mí para no lastimar a alguien que ya estaba muerta. –genial ahora resultaba que Horo pensaba; Ren ya no podía soportarlo, Horo simplemente le podía, y estar abrazado con él lo estaba desesperando, esa sensación de querer girarse un poco más y llegar a su labios le estaba provocando que su corazón latiera rápido, muy rápido.

-Me alejé porque eres un idiota- el Tao manoteó un poco y, como pudo se escabulló; ya había sido mucho por un día y temía que el aire lleno de endorfinas excretadas por Horo fueran contagiosas.

-Ren, hagamos el amor- esta vez los dos se miraron a los ojos ¡no podía ser cierto! Pensó Ren, mientras Horo solo miraba al otro serio. Sí, estaba hablando en serio.

- Primero me dices que me vas a besar y luego me quieres llevar a la cama a… ¡a eso!- el chino gritó alterado con lo que logró que el Usui solo suspirara.

- No... No quiero que pienses mal, no te quiero separar de tu familia… tampoco quiero solo pasarla bien- Horo había empezado su discurso muy seriamente a lo que el chino, por un momento decidió que lo mejor era hacerle caso - para eso tengo el porno - error.

-Me estás dando asco- Ren no podía concebir la idea de "su" Horo corriéndose entre las sábanas viendo "mujerzuelas" en revistas xxx.- luego de eso vio la linda y cándida sonrisa del Usui.

- Ren… hagámoslo, y prométeme que algún día tendremos la oportunidad de regresar juntos- mierda, ese comentario ya lo había convencido. Sin duda Horo era mejor cuando no pensaba tanto.

- Sabes que esto ya no es tan simple- aún así el lindo chino, si algo tenía es que no era fácil Horo, ya lo debía de saber… y para ser honestos, desde que el de Hokkaido le había dicho que lo besara, ya estaba su cuerpo, más que dispuesto a darse un acostón.

-Por favor… solo esta noche- Claro si Usui usaba esa carita de niño bueno, que para sorpresa de los dos aún le quedaba, nadie se resistía. Ren, por supuesto era un blanco fácil para él.

-Lo haremos en… un hotel, no quiero que por alguna razón mi hijo o alguien de la pensión se llegue a enterar- Ren se cruzó de brazos pensando en las posibles consecuencias, pero… lo amaba y si de alguna forma iba a demostrárselo era ahora o tal vez nunca. En unos días regresria a China y una vez ahí no pensaba traicionar a Jeanne. Como sea era un buen esposo. Al menos hasta ese momento lo había sido.

-claro- Horo lo miro feliz y solo se limito a sonreírle y expresarle en una mirada lo agradecido que estaba por esa oportunidad, la única que tendría -Ren-

-hum-

-te amo-Horo lo tomó de la muñeca lo jaló hacia él y simplemente junto sus labios con el otro delicadamente. No abrió sus labios, no pasó sus manos por la cintura del otro… solo habló lentamente en los labios del otro – te estaré esperando…

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