2. Gula
Para Lily Evans no es fácil mantener esa silueta de sirena que tiene. Sino más bien todo lo contrario. Supone un esfuerzo de cada día y de todo el auto control que posee –y que no posee también- en las mañanas que es cuando más hambre tiene, y sobretodo en el período de exámenes cuando sucumbe ante el stress.
El desafío comienza con el desfile de muffins que ve en su mesa al desayuno. Son dulces, suaves, deliciosos, de vainilla, chocolate, glaseados, con bellos y perfectos decorados, algunos están cubiertos de crema… Y tienen ojos que le hacen señas y le guiñan, y los muffins tienen bocas que le dicen que los pruebe, que no los abandone, que no permita que su venida al mundo sea una pérdida, que por el amor de Dios, los coma, todos y cada uno de ellos…
Entonces Lily se levanta de la mesa con su taza de café antes de dirigirse a la enfermería alegando pérdida de cordura.
Sigue al almuerzo cuando ve las patatas asadas, y al lado ve ensaladas. Se decide por las ensaladas y las acompaña con carne. Se siente orgullosa de ella misma, pues ha resistido a la tentación de mezclar carbohidratos con proteínas. Pero cuando aparecen los postres… Eso es otra cosa. La chica es fuerte, pero nadie es de hierro, y frente a sus ojos hay un desfile de exquisiteces dulces que le quitan el mal genio y el stress.
Y sucede lo trágico.
Lily se lanza casi en picada a los helados, coge el de chocolate y lo mezcla con frutillas naturales, lo baña en salsa de manjar y le agrega una porción obscena de crema batida.
La primera cucharada que se lleva a la boca es un orgasmo de sabores. Cierra los ojos y se siente en el nirvana. El chocolate se funde con la crema batida y el manjar, y las frutillas le dan el toque perfecto de frescura a esa bomba hiper calórica que mientras dura, come sin remordimientos.
Sabe que en unos días más se arrepentirá de ello, pero no puede evitarlo. Está en período de exámenes y necesita algo que la relaje. Total, en las vacaciones ya tendrá tiempo de quemar esas calorías que los exámenes dejan en su cintura.
