Un despertador suena

Pesadilla.

La chica se despertó angustiada por el sueño que había tenido. Lagrimas en los ojos se derramaban en sus blancas mejillas. Se secó el sudor de su frente y se levantó aún con el corazón a cien. Bajó las escaleras mareada, necesitaba las pastillas. Cuando estuvo abajo se dirigió a la cocina que estaba al fondo de la casa , la puerta derecha. No se acostumbraría a la nueva casa, era muy grande y en su primer mes, aún no sabía donde estaba cada cosa. Por eso siempre recordaba constantemente cada cuarto y cada lugar. Llegó a la habitación y alzó su mano hasta una estantería encima del grifo cogiendo un pote con muchas cápsulas. 12, contó ella. Antes había 24, ya había tomado la mitad. Cogió una, y con un vaso que estaba en el fregadero, se lo tragó con ayuda de agua. Se sentó en un taburete alto, ya que su masa también era alta, a pensar sobre lo que había ocurrido. Llevaba un mes con el mismo sueño, ya no aguantaba más, era horrible. Cerró los ojos para relajarse, pero no pudo, el sueño volvía a su cabeza.

Estaba en una habitación, con color grisáceo, donde no se veía en final. Estaba de espaldas de un espejo, cuando se giró, se vio a ella con un cristal en la mano, pero cuando se las veía directamente, no había nada. ¿Qué significaba ese reflejo?. Pestañeó y la habitación había cambiado, Era blanca, con seis espejos, pero solo una brillaba. Se volvió a acercar. Estaba ella, su pelo corto y negro era azul, sus ojos azules eran de una color azul cristal y tenía dos alas tan blancas como las nubes. Su atuendo era de un camisón como el azul el de sus ojos. En el fondo de ese espejo se veía una pequeña luz que brillaba mucha más. Se giró pensando que era de detrás, pero no había nada, ese pequeño destello era de dentro. Se acercó mucho más al espejo y tocó la zona de la luz. De pronto, se veía dentro de esa luz. Donde habían esas alas blancas , ahora era hielo puro, sangraba, pero ese líquido que salía de su cuerpo era de color azul y viscoso. Dolor, angustia. Su pelo era largo y liso, sus pupilas se habían contraído y pequeños colmillos le habían salido. Con pestañeo volvió a transportarse a otro sitio. Era un templo. Cuando quiso levantarse, volvía a la realidad.

Volvió a abrir los ojos, volvían a estar húmedos, pero no sudaba. Aún le dolía la espalda, no recordaba esa parte. Se levantó y alzó la cabeza para mirar la hora. Las seis, dijo susurrando. Dentro de dos horas tenía que ir al colegio y llevaba mucho rato en vela. Se fregó los ojos y bostezó, el sueño le comenzaba a venir. Se dirigió a las escaleras para dirigirse a su habitación. Pasó por delante del cuarto de su padre. Dormía solo y al lado su gato que llevaba con él ya 3 años. Sonrió y prosiguió si camino hasta la cama y poder descansar. No volvió a tener ese sueño.

- Hija! Son más de las 8, llegarás tarde a tu primer día de colegio – decía su padre des de la cocina- Venga! Dormilona!.

La chica se despertó aún con las sabanas pegadas. Lo primero que hizo fue ir al baño a ducharse y vestirse. Salió del baño con una toalla rodeándola todo su pequeña figura. Su pelo iba mojando el parqué del suelo. Cogió su uniforme que estaba colgado de un pomo de su armario de madera. El atuendo estaba formada por dos parte. La camisa era blanca y de manga corta, era finales de verano y aún hacía calor, pronto tendría que ponerse la otra camisa. En las mangas y en la parte inferior habían dos líneas amarillas. Había un pequeño bolsillo en el pecho izquierdo donde estaba bordado a mano un estrella, el símbolo de su nuevo colegio. No habían botones así que tenía que ponérselo como una camiseta normal. En el cuello, donde esta el dobladillo, había dos líneas también amarillas que iban desde la nuca hasta un poco más abajo del cuello. La falda era azul oscura con muchos pliegues adaptados perfectamente a su figura y que tenía que ponérsela en la cintura, ya que la camisa era corta. La largada era antes que las rodillas. Los zapatos eran negros y llevaba unos calcetines blancos que llegaban por la mitad de los mellizos. Cuando se hubo puesto todo, bajó para desayunar un poco.

- ¿Qué hora es?- preguntó con una tostada en la mano.

- Las 8:40. Si no te das prisa no llegarás a tiempo- dijo él enfadado.

- No es culpa mía que duerma tan mal aquí- reprocha. Cogió su última tostada, su cartera negra, se puso los patines en la escalera y se dispuso a salir. Su padre le paró con un grito- ¿Qué pasa?

- Te dejas el pañuelo, te lo he planchado- Saca de su bolsillo un pañuelo amarillo, se lo pone en el cuello y le hace un nudo- Ya esta. ¡Corre y llega pronto a casa!

- Si- le dio un beso y se marchó patinando dirección a la escuela. Por el camino iba pensando si se adaptaría bien a su nueva escuela. Hacía dos meses que estaba viviendo en Nueva York. Era una ciudad que ya poco quedaba de ella, solo la mitad de lo que había sido. La nueva capital se había apoderado de todo dejándola indefensa como un conejo. Ahora solo era una ciudad cualquiera, más bien parecía una pueblo grande. Con dos rascacielos un muchos parques. Las industrias nucleares y térmicas habían sido destruidas y ahora la única fuente de energía era las industrias hidráulicas, que sólo eran dos y estaban muy lejos. Lo único que quedaba eran las escuela, pero más modernas. Su instituto- universidad tenía bachillerato humanístico, artístico y científico-tecnológico. La universidad se especializaba en todo. Era una escuela exclusivamente para ricos y era tan grande como dos campos de fútbol. Su padre podía pagárselo gracias al ascenso, por eso fue trasladada de su ciudad, el estado Ice, hasta a aquí. Trabajaba en una de las Empresas más importantes y ahora jefe de un planta, ganaba millones. A ella no le había echo gracia, pero era su única familia, su madre había muerto hace 12 años, cuando ella tenía solamente seis

Cuando estaba justo a la esquina de al lado torpemente se topó con algo cayéndose dejándola debajo.

- Lo siento, no miraba por donde iba y yo...- le miro a los ojos y hizo un vuelco su corazón . Era un hermoso chico con el pelo rubio y un poco largo, pero recogido con una cola. Sus ojos eran iguales que la de ellas.

- La culpa a sido de los dos- dijo riendo. La chica se levantó y con un disculpa se fue rápido al colegio- Chica! Espera! Te dejas tu cartera!- Se había dejado el monedero con todo.

Cuando llegó a la escuela, se fue directa a un árbol a sentarse. Comenzaba a sentirse mareada. Buscó en su mochila, no estaba. Las pastillas no estaban. "Se me cayó cuando topé con el chico! Tengo que ir a buscarlas!" Se levantó y con pasó rápido se dirigió al sitio de antes. De pronto comenzó a ver doble y cayó al suelo. Toda la multitud fue a ver lo que pasaba. Oía el ruido de la gente y le hacía sentirse peor. Vomitó.

- ¡Qué alguien avise a un médico o profesor, rápido!- Las voces iban chillando y armando más jaleo, pero nadie venía. De pronto todo el mundo se calló. La chica miró quien era el que había parado todo el ruido

- Tu...- dijo ella. Era el de antes. Su corazón latía mucha más fuerte al ver otra vez al guapo chico de ojos azules

- Tranquila, te llevaré a la enfermería. Tu cierra los ojos, ya verás como después se sientes mejor- Ella asintió y se quedo dormida.

Abrió lentamente los ojos y se levantó un poco mareada. Por un momento se sintió ligera, pero después cayó de rodillas. Alzó la mirada, eso no era el colegio y menos la enfermería Titubeó por un momento, pero después comprendió lo que pasaba, otro sueño. Parecía una gran cámara, mas bien un templo. Se volvió a levantar, mejorando todos sus sentidos. Se acercó a la pared y con la mano recorría con admiración esos dibujos tan primarios, pero a la vez hermosos. Al cabo de un rato de estar observando todo con sumo detalle, se acercó a un altar que había. "Hay seis montículos.." pensó. Se acercó uno a uno mirando los dibujos y algunos jeroglíficos desconocidos para ella. ¿Qué significado tenían? ¿Porqué solo a ella?. Muchas preguntas le vinieron a la mente. En instante su mirada se fijo en uno que le resultaba familiar sin saber el por que. Sin poder reaccionar, se aproximó para después agacharse y ver mejor las inscripciones. No lo creía, podía leerlas. Era imposible, pero cierto. ¿Porqué los otros que son del a misma familia no puede descifrarlas?. Comenzó a leerlo en voz alta

- Frío, puro, uniforme, indiferente. Aquí reside el quinto.- calló. Se levantó y observó el símbolo que había en la base. Era rombo. Comenzó a palparlo y después alzó la cabeza hacia arriba- Cielo y Sol- dijo. Ese sueño parecía de verdad. Se adelantó hasta al medio y poniendo cerca de una columna enorme que se alzaba hasta el tragaluz, volvió a reseguir con el dedo los dibujos. Se paró. Unos de los dibujos era igual que el símbolo que había en el montículo. Con curiosidad, puso poco a poco su dedo dentro del rombo, cuando de pronto sintió que se le engullía la torre. Quiso alejarse, pero demasiado tarde, la había entrado dentro.

Se despertó sudorosa y llorando. Su corazón iba ha cien y aún tenía esa angustia en el pecho. Miró alrededor, estaba en la enfermería. Suspiró, nunca había estado tan feliz de estar en un sitio de estos. En su antiguo colegio siempre estaba en la enfermería a causa de su debilidad. Comenzó a buscar con la mirada a la enfermera, pero no había nadie. Estaba estirada en una cama blanca, así que se levantó y se dirigió a un pequeña ventana que estaba cerca del pupitre donde seguramente la encargada del sitio apuntaría a los alumnos. No había nadie en el patio. "Estarán el clase" dijo por si misma

-Están comiendo en casa- respondió una voz. Ella se asustó y rápidamente se giró a ver quien era- Veo que estas mejor- sonrió. Era el chico, pero ahora que lo veía mejor parecía más un hombre que un joven de 16 años.

- Si...gracias- respondió fríamente.

Me llamo Cristian y soy el enfermero de aquí – dijo él- ¿y tu?

- Eh...me llamo Ofelia- sus mejillas se volvieron de un color carmesí

- Bonito nombre. Eres de Italia por lo que veo- el chico sonríe y ella asiente un pequeño gesto de cabeza- ¿Qué haces aquí? Es muy raro ver a iceanos por Mikdash

Mi padre fue ascendido y tuvimos que ser trasladados aquí. Vivimos mi padre, yo y mi gato nieve- responde a la pregunta de él

- ¿Tu madre?- pregunta intrigado. Pensó que a lo mejor se habían divorciado a algo semejante, pero por la cara de tristeza que puso la chica le aclararon muchas cosas- Lo siento yo...

- No pasa nada, lo he superado con el paso del tiempo. Pero la gente que siempre lo sabe le doy pena, como la cara que has puesto tu ahora- interrumpe la chica

Lo siento. No volveré a poner esa cara. Aunque es la mía. - Ella ríe por el comentario por parte de él- Por fin ríes.

¿Por qué lo dices?- dice ella con curiosidad

Por que hasta ahora solamente has estado seria y respondiendo a mis preguntas con frialdad

Antes no era así.- baja la cabeza- cuando me operaron hace un mes poco a poco me volví fría y distante...me dijeron que fue porque fue la primera vez que estuve tanto tiempo en el hospital y como me hicieron aquí la operación me sentía sola. Mi padre trabaja todos los días.

Entiendo. Mejor será que vuelvas a la cama y descanses. Ya te llamaré cuando sea la hora de ir al colegio- ella asiente y con paso lento se estira en la cama. Él se acerca y la tapa con la sabana- que descanses. Adiós- y sale por la puerta dejándola ella en la enfermería

Si...adiós- dijo. Lentamente va cerrando los ojos hasta quedarse dormida.

XXx

Suena el timbre de las tres y todo el mundo entra en clase. Ofelia sale de la enfermería acompañado de Cristian para saber en que clase le ha tocado. Por los pasillos se oyen susurros de la gente, hablaban de lo sucedido esta mañana, ella lo sabía. Comienza a sentirse incómoda. De pronto sintió una mano en su hombro. ¿Qué estaba intentando con eso, relajarla? Solo hacía que se pusiera mucho más nerviosa, así la gente podía pensar mal . ¡No! Se dijo. La sangre le hervía, su corazón iba muy deprisa, sus mejillas estaban rojas y lo que más quería era separarse de ese chico y salir corriendo. Eso iba hacer

No hagas caso de lo que digan, preocúpate de ti misma- le susurra. Con un pequeño empujón le aparta- ¿Qué pasa?

- Lo siento por las molestias, ya puedo ir yo a clase. Gracias por cuidarme- hace una pequeña reverencia y se dirige a su clase asignada con paso rápido para poder apartarse del , aquel chico que hacía que todo su cuerpo le hiciera sentir muchas cosas. Se paró. "No sé en que clase tengo que ir" . Abre su cartera y busca el papel donde pone el número de la clase. "Lo tengo. Clase número 132". Miró en la cifra que había en una de las puertas que había a su derecha. Número 128, dijo en voz alta. Volvió a reprender la marcha hasta llegar a la puerta. Suspira y con decisión entra.

- Oh! Tu eres la nueva verdad?- dice la profesora. Ella asiente- muy bien- Se levanta- Chicos escuchan, por favor- todo callan- esta es la nueva alumna de intercambio. Se llama Ofelia y viene del estado Ice. Llevaos bien con ella- todo asienten con un si.- Ofelia, por favor, siéntate al lado de Kumiko, ella también es de intercambio- la chica asiente y se va al final de la clase. Cuando pasa por delante la miran. Incómodo.

- Hola, Ofelia- dice la chica de su lado- soy Kumiko, encantada

- Encantada- le contesta. Kumiko, por sus rasgos, es del estado Kaji. Sus facciones son achinadas y su pelo es negro como el carbón, pero llega mechas de color rubio por todo el pelo. Sus ojos son de un verde muy oscuro. Su piel es de un tono rosado muy blanco. Su figura es delgada, no como la de Ofelia, ella la tiene más gruesa y más pecho.

- Ofelia...- susurra. La joven se gira- después si quieres quedamos para ir juntas algún sitio y mañana te enseño el colegio- dice con un sonrisa

- No puedo, mi padre dice que vuelva pronto- responde ella

- ¿Es por la enfermedad de tu corazón?- pregunta. Ella asiente- Oh.. entiendo, lo siento

- No es culpa tuya, des de pequeña he sido muy enfermiza y un corazón Débil. Hace un mes me operaron- responde

Pero, igualmente, mañana te enseño el colegio. ¿Vale?

- Vale

Las 5, las clases han acabo. Kumiko y Ofelia salen juntas de clase hablando. Se habían contado por qué estaban aquí. La chica se había mudado por qué su padre se casaba con una de Nueva York. Se conocían por qué la mujer estaba de negocios cuando por una casualidad, se encontraron. A Kumiko nunca le gustó mucho, pero tuvo que hacer como Ofelia, callarse y obedecer.

- Odio a esa mujer, siempre con esa sonrisa tan falsa- se queja- Mis padres se divorciaron cuando tenía 3 años, y ahora ya no puedo a ver a mi madre.

- Tu tienes madre- responde- mi madre murió cuando yo tuve 5 años- dice golpeando una piedra con el pie

Pero tu no tienes una madrastra- Las dos se miran y comienzan a reír- Sabes, si no hubiera venido aquí, nunca te hubiera conocido. Eres una amiga

Si, tu también lo eres- dice. Mira su reloj- Oh! Cielos! Tengo que irme a casa- exclama, rápidamente se pone los patines- Nos veremos mañana!

Si, vale. Adiós- responde despidiéndose con la mano viendo como la chica sale corriendo

Rápida como el viento, cruza las calles esquivando las personas y saltando los obstáculos. Eran más de las cinco y media, su padre estaría preocupado, pero también furioso. Así que decidió llamarlo por el móvil, pero en un descuido de no mirar por donde iba, tropieza y cae el suelo.

Au…- se queja. Intenta ponerse de pie, pero ve que una rueda de los monopatines se ha roto.

- ¿Estas bien?. Te has tropezado con un agujero. La chica levanta la mirada- oh... otra vez tu. Eres muy torpe.

- No sea así doctor.

- Soy enfermero.

La chica le mira son vacilar. Se levanta, pero cae por la rueda rota- Auch...- se queja

- ¿Qué pasa?- pregunta el hombre

- No ves que mi rueda se ha descolocado de su sitio, pensaba que era más listo- responde sarcásticamente, a él no le sentó muy bien ese comentario. Cuando ve su error, se arrepiente – lo siento, pero hoy no es mi día

Él sonríe- tranquila, todo el mundo tiene un mal día. Te voy a ayudar a arreglar tus patines.

- Como lo hará?- pregunta

- Fácil, te llevo a mi casa- responde con una sonrisa. La chica se pone roja- no te pongas nerviosa- ríe- a demás, estas delante de mi puerta- dice señalando la casa que tienen a la izquierda

- Es enorme!- chilla

- shhh- la hace callar – Ya te contaré todo, pero ahora entra en casa. Ella asiente y descalza entra en esa mansión. Seguramente tendría 12 habitaciones, y por lo que veía por el hueco de las escaleras había 4 pisos- Impresionante- salió de la boca de la chica

- Ven aquí- señaló. Entraron en una cámara que parecía ser su habitación- Siéntate, ahora vendré con una botiquín y las herramientas para tu patín- ¿Botiquín? ¿Para qué lo necesitaba? Oh, cuando vio su rodilla derecha, se dio cuenta que estaba sangrando, que tonto por su parte, si le hubiera visto su padre..

Comenzó a mirar cada rincón de esa desconocida habitación. Había dos puertas, una daba con el pasillo y otra para el baño. El color de la pared era amarillo claro, pero el techo era blanco. Sus estanterías estaban echas de una madera muy resistente, ya que sostenía muchos libros. Se levantó para mirar de que iban. "Medicina" murmuró. Muchos de esos eran del campo de trabajo donde había estudiado él, otros eran más de ocio. "Le gustan los libros de aventuras y fantasía". Comenzó a leer los títulos y uno le sorprendió. "Los dos dragones" dijo. Comenzó a hojear y leyó un párrafo " Dice la leyenda que el dragón blanco estaba formado por 6 cristales: blanco, rojo, azul, turquesa, amarillo y verde. Cada unos con los elementos que la Tierra necesitaba..."

- ¿Qué haces?- dijo el chico enfadado.-No deberías coger las cosas de los demás- cogió el libro de la chica y lo puso en su sitio

Lo siento yo...- estaba muy avergonzada. Se sentó en la cama y levantó la rodilla- ¿me curas por favor?. Mi padre me estará esperando...-El chico asintió. Se acercó a ella y sacó algodón y agua oxigenada, después sacó una venda y le vendó la rodilla. Sin decir nada, se dirigió al patín, sacó de su bolsillo un destornillador y sacó la rueda. Durante mucho rato estuvieron callados- Cristian

¿Si?- responde él alzando la mirada hacía ella

¿El libro que he cogido, es real lo que he leído?- pregunta ella

No lo sé. ¿Qué has leído?

Qué un dragón hizo el planeta que conocemos.

Solo son leyendas. No hagas caso.

Pero...- la chica coge de su maleta y comienza a rebuscar algo. Cuando lo encuentra lo alza para que lo vea él- Yo tengo un cristal... el azul...- dice ella tímidamente. EL chico se queda perplejito. ¿Cómo podía esa niña tener eso? ¡Sólo era un estúpida leyenda!- Puedes reírte si quieres- dos lagrimas cayeron de sus mejillas- no se por qué te lo he dicho, ni siquiera se si es verdad. Serás coincidencia

El chico se acerca y le seca con un pañuelito- No digas tonterías- sonríe- ¿Cómo lo has conseguido?- pregunta

Apareció en mi mano cuando me desperté de la operación de pecho hace 1 mes y algo más. Mi padre dice que no es suyo, pero era tan bonito que me lo quedé- responde ella. El chico se queda pensativo un momento, después se levanta y se dirige a su pupitre, abre un cajón y de allí saca un objeto. La chica lo mira con asombro- Tu tienes otros, pero en amarillo...- por un momento siente alivio, sin saber por que- ¿Cómo lo conseguiste?- la chica se pone nerviosa, puede que sea algo que les una, tiene un certeza que no son los únicos. Si lo que leyó es cierto, hay 4 más.

Siempre lo he tenido conmigo, es un reliquia de mi familia. Mis padres están divorciados y mi padre me lo dio. Soy hijo único- responde él con una cálida sonrisa.

Ah..- sale de su boca- Lo siento, pero me tengo que ir. Hablamos mañana, y gracias por la herida y el patín.

Te acompaño a la puerta.

No hace falta, se ir sola- responde. Se dirige a la puerta y la cierra lentamente- Adiós Cristian- dice por último antes de irse de esa casa dejando a los dos con un temor en el cuerpo

XxX

Ofelia llega a casa, poco a poco abre la puerta. No hay nadie. Respira aliviada.

-Miauu- maúlla su gatita

Buenas tardes- sonría ella- Ahora voy a darte de comer- Se dirige al armario y saca un lata de comida de gato. La pone en el bol de la gata- Toma glotona – Cansada, se dirige con dolor en la rodilla a su habitación, subiendo a su cámara comienza a pensar en lo sucedido- Raro- dice en voz alta. Entra en su habitación y se tira de golpe en la cama. Suspira. Vuelve a sacar de su maleta el cristal azul. Es muy pequeño, casi como la palma de su mando. Lo coge por una cuerda que puso su padre para que lo pudiera llevar colgado, pero siempre lo lleva escondido por si se llevan. De tanto observarlo, encuentra unos escritos dentro- ¡Esto antes no estaba!- chilla. No son escritos, parece mas un puzzle. Sin pensarlo, comienza a gira el cristal, ya que ve que esta divido por una línea por la mitad. Cuando lo monta, el pequeño rombo comienza a brillar. Ofelia comienza a sentir frío. La chica tiembla. Tira al suelo el cristal, y este a la vez forma una esfera grande al su alrededor. Con sumo cuidado, lo coge. Por delante parece no haber nada, pero por dentro hay un mapa, que parece ser de donde ella vive. De pronto, la esfera desaparece y el cristal no brilla, pero antes ve unas letras escritas:

"Vuestras pisadas serán borrados en cada camino"

¿Qué significaba esas palabras?