June: Hola June, me alegro de que te parezca que voy bien. Hago el mejor intento. Sí, se parece mucho al libro y es mi idea. En algunas partes, habrán coincidencias y por eso el cartel de Spoiler. Espero poder solucionar las comas. ¡Gracias por el comentario! Espero te vaya bien.


Ron no dejaba de felicitar a Harry mientras caminaban a través del pasillo hacia el comedor. Hermione estaba consternada. ¿Cómo Harry había conseguido ganar, si nunca había prestado la más mínima atención a los deberes?

Al entrar en el gran comedor su aspecto era terrible, estaba acalorada, tenía las mangas arremangadas hasta sus codos y se encontraba ligeramente despeinada. Sus mejillas tenían un ligero tono rojizo.
Por el aspecto de su rostro, Ginny dudó preguntar qué tal les había ido con Slughorn en su primera clase de pociones, aunque Gryffindor no dejaba de hablar sobre aquel logro y se convertía en el tópico a discutir en la mesa.

Por supuesto el triunfo de Harry ya eran noticia en la mesa de profesores y Horace no dejaba de hablar sobre ello de forma atolondrada. Se sentía realizado como profesor, teniendo al gran Harry Potter como alumno prodigio, éste le recordaba a su madre, a la gran Lily Evans. Severus escuchaba con atención, estupefacto, mientras él relataba el asunto de forma heroica.
Snape tenía entendido Harry Potter era, virtualmente, un inepto para su materia, no lograba sacar más que ceros. Horace lo miraba sin comprenderlo y aseguraba que Harry era todo un as en su materia. Quizás era un talento sin explorar, una amatista que necesitaba ser lustrada con el incentivo correcto… Severus ladeó la cabeza fastidiado y decidió ignorar el tema.
En cambio, Dumbledore estaba muy complacido de que Harry se hubiera encontrado a gusto con la materia. Lo último que había dicho Horace, era que no pretendía herir el orgullo de Snape.
La mirada asesina que Severus le había dedicado, le hizo guardar silencio. Tosió un poco y apresuró su copa de jugo de ciruela.

La cena transcurrió sin mayores detalles más que una pequeña charla sobre los entrenamientos de Quiddicth.
Hermione casi se atragantó con un pedazo de pavo, al escuchar que Ron aspiraba postularse a guardameta. La mesa entera se miró en silencio.
Sin embargo, Harry creía que él podía conseguir el puesto. ¿Qué tan malo podía llegar a ser? Eso lo descubriría en la práctica. Tenía buenos rivales. Quizás eso le animaría a destacarse, y, sin duda alguna, no había nada mejor que poder jugar con su mejor amigo.

Esa noche, Hermione no dejaba de mirar aquel libro con antipatía. Según ella, lo que Harry estaba contando no podía ser cierto. Había estado escuchando, de sus palabras, como el libro simplemente le había dicho qué hacer.

Esos no eran sus logros. Eran logros de otra persona. Y por supuesto, insistía en que devolviera el libro a su dueño. Ron la había llamado aguafiestas cuando ella había comenzado a subir las escaleras hacia el dormitorio de chicas enfurecida. Según Ron, solo estaba celosa por no haber podido destacar en aquella clase.

Había sido superada por un libro sin gracia. Harry no había hecho prácticamente nada y sin embargo, él se llevaba toda la gloria.

Era su amigo, pero no estaba de acuerdo con la situación. Se lanzó a la cama y contempló su copia avanzada.

Mientras Harry y Ron se dirigían hacia sus dormitorios, Hermione les habló desde su cama, seguía enfadada. Ron se apoyó contra el marco de la puerta, para escucharle, y Harry se quedó parado, percibiendo todo sin interrumpir.

— Yo también habría ganado, de haberle hecho caso a un viejo libro que me dicta todas las respuestas de forma misteriosa. ¡Quién sabe qué demonios es eso! Puede ser peligroso.

Harry intentó entrar al cuarto, para arreglar las cosas, pero Ron lo tomó del antebrazo;

— Te digo que es solo una envidiosa. No soporta que le hayas superado en algo donde siempre tiene un "supera las expectativas" o un "extraordinario".

— ¿¡Ah sí! ¿Eso crees? ¡Pues por lo menos he logrado más calificaciones que ustedes dos juntos! ¡Y no necesito ayuda de un libro que me diga las instrucciones! Eso es trampa. – Hermione había escuchado todo, y se irritaba aún más.

— Pues mira, Harry lo ganó honestamente, después de todo son solo instrucciones y él las siguió. Incluso yo quisiera tener un libro como ese. Debí haberlo tomado en cuanto lo miré.

— Claro, sigan sumidos en la mediocridad en la que les gusta estar. A este paso, Slughorn notará que Harry no ha sido el ganador, notará que sus habilidades no son auténticas. ¿Qué pasaría si olvidas el libro, Harry?

Harry no pensaba olvidarlo, si él era el causante de haber confundido a Snape y que éste le dedicara una mirada cargada de curiosidad, le había encantado sonreírle, mientras escuchaba nuevamente el cuento y Horace sostenía su brazo para que le explicara a Severus lo que había hecho.

Sonrió como tonto y solo habló de lo muy motivadora que había sido, su clase de pociones, que se había sentido tan identificado, que había podido trabajar minuciosamente y había tenido éxito.
Severus no dijo nada, sólo un seco y soso: "Felicidades".

Hermione miró el rostro de Harry y comprendió que no iba a llegar a ninguna parte. Inspiró violentamente y pasó junto a ellos para cerrar la puerta a la habitación de las chicas. Por supuesto, dejándolos con la palabra en la boca.

— Envidiosa.

— ¡Cállate, Ronald!

Aunque Harry insistiera; ella descubriría la procedencia de aquel libro. No quería arruinar su victoria, no era capaz, pero no se fiaba de un curioso libro que como por arte de magia contuviese toda la información exacta sobre la preparación de pociones.

Algo oculto estaba debajo de todo eso y en realidad se preocupaba por sus amigos. ¿Y si resultaba algún artefacto maligno?
Ya Ginny lo había experimentado con el diario de Tom Riddle. Podría ello tratarse de algo muy similar…
Por ende no tenía nada de malo que investigara. Estaba en contra de su uso, sí, pero tenía que ir más allá del tema.

— Ese libro debe tener algún secreto y no importa cuál. Voy a descubrirlo y les demostraré que no estoy equivocada.