Capítulo 1: Una ciudad peculiar

Los Skull Kids son una raza diminuta: seres cuya forma es parecida a la de una calavera o a la de un espantapájaros y que residen en las profundidades de los bosques. Cuenta la leyenda que cualquier persona que se pierda en el Bosque Perdido se vuelve un Stalfos, sin embargo, todo niño que se pierda en el Bosque Perdido se transformará en un Skull Kid.

Eso era lo que recordaba, al comenzar a razonar sobre lo que me sucedió.
Me había perdido, y era obvio donde me encontraba. Después de las risas, comencé a desesperarme, y golpeaba el suelo iracundo.

Ya no había solución, pero no quería quedarme en el bosque, viviendo allí, por supuesto que no. Aún no había explorado todo el mundo, y no podía hacerlo sin mi hermana. Debía encontrarla... Pero seguramente si me viera con este aspecto escaparía.

No sabía qué hacer, hasta que una voz se escuchó entre los árboles, acompañada de una risa:
- Ji ji, veo que tienes problemas...
- ¿Quién eres?

Una figura bajo del árbol, llevaba una trompeta en sus manos y expresaba una gran sonrisa loca, me observo desde todos los ángulo y dijo:
- Con que eres nuevo, ji ji ji. ¿Quieres acompañarme? Ji ji ji

Comenzó a correr, y decidí seguirlo para descubrir más sobre esto

Era bastante rápido, y me costaba seguirlo entre los árboles.
Mientras avanzaba, algunos Deku escondidos en la maleza me observaban curiosamente, con algo de temor. Finalmente llegamos a un callejón sin salida, tapado por un gran trozo de madera. El extraño personaje toco su "trompeta", y casi de inmediato la pared se desvaneció, dejando salida a un claro, con dos puertas.

Luego se detuvo, me miró fijamente y comenzó a hablar:
- Ji ji ji, puedes marcharte si lo deseas, la puerta de la izquierda lleva a la salida del bosque, la otra puerta lleva a lo más profundo de este, dónde no podrás salir jamás, ji ji ji

Obviamente decidí marcharme, hice un gesto de despedida al extraño, y me largué de ese lugar:
-Vuelve pronto, ji ji ji.

Comencé a salir del bosque, unos dulces rayos de sol rozaron mi rostro y me sentí más calmado. Volviendo a lo que debía hacer... ¿Cómo volvería con mi hermana? No sabía qué hacer en esos instantes, pero mientras pensaba, otra voz interrumpió mis pensamientos

- Que demonios... ¿Qué hace un Skullkid fuera del bosque perdido?

Se trataba de un soldado imperial, al parecer haciendo patrulla. Me dio una intensa furia al verlo, pero me contuve y le respondí:
- ¿Sabes dónde está el pueblo más cercano?
- ¿Que intenciones tienes?

No quise decirle nada, y me alejé lo más rápido que pude, hasta llegar a la cima de una colina


Bajando por la colina me encontré con un hermoso pueblo. Toda la gente que allí había era mayor que yo, pero me ignoraban totalmente por lo ocupados que estaban.

De improvisto, una joven me observo fijamente, y decidió hablarme:
-¿Cómo has llegado hasta aquí? - Me miró con curiosidad y luego sonrió
- Estoy buscando a alguien...

De improvisto agarro mi brazo, y comenzó a arrastrarme con ella, la multitud comenzó a verme ya que arme un escándalo, pero al observar a la joven se calmaron simultáneamente.

Me llevo a una casa de madera, dentro había varios adornos rústicos, instrumentos raros, plumas, armas y más. Me invito a sentarme, y yo acepté confundido, estuve a punto de hablar pero me interrumpió:

-Eres un Skullkid, ¿Verdad? Tu forma te delata, no mientas

- ¡Te equivocas! No me llames así, mi nombre es Estalt

-Estalt...O sea... ¿Aún recuerdas tu antigua memoria? - Ella comenzaba a anotar todo lo que respondía rápidamente en una hoja de papel

-Estoy buscando a mi hermana, déjame salir

- Con que aún recuerdas a tus familiares...

-¡Ya basta! Me largo de aquí

Ella se atravesó en la puerta, y contestó:
- Creo que eso no será posible
Dicho esto me golpeó, dejándome inconsciente, algo difícil en realidad si llevamos al tema que yo era de madera

¿Que estaría tramando? Desperté a duras penas, dándome cuenta de que estaba atado a la pared
-Debo saber todo sobre ustedes los Skullkid, ya que vivimos tan cerca del bosque perdido... no podemos andar con regalías

Yo intenté zafarme de las ataduras, pero no fue posible. La joven estaba obsesionada por saber sobre mí. Y cuando creía que no podría salir más, sentí un extraño impulso, que me ayudo a romper la soga que me mantenía atado.

De inmediato salí por la puerta trasera, hacia un jardín pequeño, y comencé a trepar una liana que colgaba de la pared. Llegue al tejado, pero comenzaron a escucharse los murmullos de la gente, que me vieron subir.

No tuve más opción que lanzarme a la chimenea apagada de la casa contigua, dónde me di un fuerte golpe contra el suelo.
Era una casa abandonada, pero cerrada, y al tener la puerta del sótano abierta decidí ocultarme allí.

No sabía que la gente odiaba tanto a los Skullkid ¿Que atrocidades habrán cometido?
Tomé asiento y cerré los ojos, que lío.

A la mañana siguiente, había un silencio total, al parecer nadie se había molestado en buscarme. Subí a la habitación principal de la casa, y por un agujero en la puerta pude ver a la gente como siempre dando vueltas por la ciudad.

Dos mujeres se posaron enfrente de la puerta, y comenzaron a charlar:

-Esos Skullkid, son tan atroces...
-¿Sabías que se están pasando por aquí?
- Que horrible... ¿No les basta con llevarse a nuestros niños al bosque perdido, para crear más de los suyos?

"¿Al bosque perdido? No será... que ellos me hayan arrastrado allí para volverme uno..."

- ¿Y qué paso con él?
-Dicen que la señora Tara acabo con el
- Que suerte... Por cierto... ¿Conoces a la jovencita que perdió a su hermano hace dos días?

"¡¿Qué?"

-Por supuesto, dicen que fue a la posada a descansar de tan atroz acontecimiento

No podía creer lo que oía, y en lo que me había convertido... Mi hermana no sabía sobre los Skullkid, y si me viera, huiría. Que horrible destino.

Pero debía hacer el intento, cuando atardecía y la gente se marchaba a sus hogares, tomé una vieja capucha que encontré en aquella casa y me cubrí.
Busque la posada dónde mi hermana se encontraba, pero al intentar entrar, un hombre en la puerta me exigió que debiera pagarle 10 rupias.

Yo algo dudoso, le dije que cierta Ilse pagaría mi estancia, el hombre entro a la posada, y salió a regañadientes

- Te dejará entrar, ya ha pagado por ti
- Muchas gracias...

Entre a la posada. Allí había algunas criaturas muy raras, y la mayoría de los hospedados eran jóvenes como yo. Alguna razón debería haber.

Mientras pensaba, una voz me interrumpió:

-Tú debes ser el muchacho al que pague la estancia por pura bondad. Me presento, soy Ilse, ¿Quién eres tú?

Estaba algo emocionado, pero seguramente si le decía mi nombre allí se alteraría un poco. Le dije que subiéramos a la habitación

- Bueno... yo soy...
- Eres... oh...tu voz suena muy parecida a la de mi hermano... me pregunto dónde estará ahora

Estuve a punto de decirle quién era, pero por descuidarme, la capucha se me zafó, demostrando mi apariencia.
Me quedé petrificado mientras mi hermana comenzó a salir de la habitación rápidamente.
"Demonios" pensé, ahora volverían a atraparme
Pero vi una escalera en la habitación, y me animé a subirla, para escapar. La posada se encontraba justo al lado de las murallas del pueblo, y con el mejor salto que pude hacer, salí del lugar.

Me sentía desilusionado... ahora ya no podría volver jamás
Pero una extraña voz me alarmó. Se trataba de un anciano que salía del pueblo, tras una jovencita. Al verme, la joven corrió y me abrazó, alzándome en el aire.

Al dejarme en el suelo, con los ojos sollozos, me dijo:
- Sabía que eras tú Estalt, sabía que eras tú...

Me sorprendió, no huyó de mi apariencia, sino que volvió por mí
El anciano que acompañaba a Ilse, me vio, sonrió y dijo tranquilamente:
-Aquí tenemos un caso muy peculiar...

- Estalt, él es el señor Hone, nos ayudará

Yo, totalmente confundido, no sabía que decir. El anciano me entrego una capucha de colores y me dijo:
- Sígueme, hablaremos en mi laboratorio.

-¿En su laboratorio?

Pasamos por la ciudad, y llegamos a una extraña edificación. El anciano entró y comenzó a leer unos cuantos libros, mi hermana comenzó a hablarme:

-Al llegar al pueblo, creí que nunca te volvería a ver, pero escuche el rumor sobre los Skullkid...
-Seguramente debes odiar mi apariencia...
- *Silencio* ... Creí, que jamás te volvería a ver, creí que perderías tu mente como los demás, pero ahora que estás aquí, encontraremos la forma de devolverte a la normalidad

- Ojalá que lo que dices sea cierto

Ilse me da un fuerte abrazo, mientras susurraba que todo salga bien.
El anciano terminó de leer su libro y se dirigió a nosotros

- Ya se cómo devolverte a la normalidad