Lunes - 28/11/2016 -
Muy buenas, queridas lectoras!
He vuelto y esta vez sí con el capítulo final de esta mini historia. Muchas gracias por tan buena recepción y disculpen la demora, pero como sabrán toda espera tienes sus frutos (eso espero T.T ).
Espero que la conclusión sea de su agrado, y nada. Gracias por los futuros comentarios que dejen luego de leer, contestaré los que estén registrados con cuentas!
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Sin más dilación, dejo que lean!
Disclaimer:Los personajes y ambientes de Naruto y Noragami no me pertenecen, son propiedad de sus respectivos creadores. Yo solo hago uso de éstos en mi historia con el único fin de entretener.
- Las Deidades nunca se equivocan – Epílogo -
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—De acuerdo, será mejor que nos reunamos con los sobrevivientes de la Alianza —anunció Kakashi soltando un suspiro de cansancio, después de todo a una guerra no se iba a estar sentado.
Sus alumnos asintieron de acuerdo. El joven Kazuma se irguió de la roca en la que estaba sentado llevándose con él a la muchacha que aún no podía sostenerse completamente por sí misma por el repentino cambio de poderes.
—¿Qué ocurrirá cuando los demás te vean? —cuestionó el Uzumaki al de gafas, éste solo elevó una ceja en señal de no entender a qué se refería—. Nadie te ha visto antes y que llegues con Sakura-chan en brazos es muy sospechoso. Además, tu ropa ni siquiera parece la de alguien de la Alianza.
—Tienes razón —asintió el peli-castaño, luego de dar un vistazo a su traje—. Sin embargo, los Tesoros Sagrados estamos muertos, somos personas que han perdido el cuerpo más no el alma. Nadie, además de ustedes que poseen un especial lazo con Veena, podrá verme —explicó con tranquilidad.
Ante estas palabras el Uzumaki no pudo ocultar el tremendo escalofrío que le recorrió de pies a cabeza y le puso pálido cual papel.
—Mu... mu… mu…—comenzó a tartamudear, con la frente sombreada de azul, su voz apenas audible y muy aguda—. O sea que aquellos sujetos… quiere decir que tú… estás… e-estás ¿m-muer-to? —ante el apacible asentimiento del otro, el joven héroe de Konoha pestañeó un par de veces, luego mostró un rostro de comprensión y por último, que era lo que todos esperaban, dio el mayor grito de su vida en señal de miedo, pánico y terror—: ¡GYAAAAA! ¡FANTASMA!
Ni Pain, ni el Kyuubi queriendo matarlo o el mismísimo Juubi controlado por unos desquiciados Madara y Obito; lo único que podría quitarle las esperanzas de continuar al ninja más hiperactivo y perseverante del mundo shinobi eran los espectros fantasmagóricos. Si sus enemigos lo hubieran sabido antes…
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El fin de la guerra más sangrienta de la historia trajo consigo muchos sentimientos; felicidad, lágrimas de alegría y el gran sentimiento de un futuro brillante y pacífico aunado al gran honor y respeto por aquellos que derramaron sangre, sudor y hasta su vida para que ello se haga realidad. Pero así como la felicidad y el orgullo, también trajo consigo la tristeza por los seres queridos caídos en batalla, lágrimas de angustia y dolor por los que no podrán compartir con ellos ese ansiado futuro.
Mientras las naciones continuaban de luto y rendían homenaje por sus héroes caídos, en un campo de entrenamiento, tres personas del género masculino se encontraban en un silencio sepulcral esperando a la última integrante del, ahora legendario, equipo siete, héroes que pusieron fin a la Cuarta Guerra Ninja.
Una vez concluida la guerra, el equipo siete con el joven Kazuma se unieron al encuentro de la Alianza; Sakura, siendo custodiada por su guía que era invisible ante los demás, ayudó en la labor de curar a los sobrevivientes a la par de su maestra, a pesar de estar sufriendo una gran inestabilidad en su interior al recuperar poco a poco sus poderes de Dios, los que habían permanecido reprimidos por un largo tiempo. Sus compañeros de equipo, mientras tanto, se encontraban en una reunión improvisada para decidir el futuro del último de los Uchiha, quien se había entregado voluntariamente y aceptado con mucha tristeza interna la condena que le impusieran por sus crímenes.
Al concluir su labor, la joven Diosa de la guerra debió partir a la Asamblea Divina para tratar el asunto de su castigo en el mundo terrenal y el incumplimiento de este al usar sus poderes para ayudar en la derrota de Madara. A pesar de que Sakura estuvo con los demás dioses dos días y medio, en el mundo terrenal, donde el tiempo transcurría de manera diferente, había pasado un mes completo. En este tiempo Sasuke había permanecido encarcelado hasta su sentencia y Kakashi había asumido como Sexto Hokage; gracias a Naruto, el sensei del equipo pudo "salvarle el trasero al bastardo", en palabras del propio Uzumaki, donde el Uchiha quedó eximido de sus crímenes al ayudar en la guerra, por la injusticia hacia su clan y por ser tan afortunado de tener un amigo como el rubio.
Un día después, allí se encontraban, esperando por la chica del cabello rosa para tener noticias de ella luego de un mes sin su presencia. No debieron esperar mucho, un destello de luz se proyectó del cielo y cuando se disipó pudieron ver a la peli-rosa y su inseparable guía; ambos vestidos con unos trajes poco comunes en la aldea, el de Sakura era verde musgo y tenía el cabello recogido con una boina, y el de Kazuma era gris.
—¡Sakura-chan! —exclamó el rubio corriendo a abrazarla—. ¿Are? ¿Y esas pintas? —luego de soltarla.
—También me alegro de verte, Naruto-baka —soltando un suspiro—. Es mi atuendo formal para las reuniones.
Antes que el muchacho pudiera abrir la boca para responder, el maestro lo interrumpió.
—Entonces, ¿qué sucedió, Sakura? —habló mientras se adelantaba con Sasuke pisándole los talones.
—Sí, y ¿por qué tardaste tanto? Estábamos muy preocupados, los demás empezaron a preguntar por ti y se me estaban acabando las excusas —volvió a la carga un desesperado Uzumaki; ahora que su mejor amigo estaba libre y las guerras habían terminado, no quería que su otra mejor amiga deba cumplir otro castigo de Los–estúpidos –Cielos.
—Siento haberlos hecho esperar tanto. Allí el tiempo transcurre diferente al del mundo terrenal, estuve solo dos días y medio pero aquí ha pasado un mes; la asamblea duró un día, pero estuve ocupada resolviendo algunas cuestiones el tiempo restante. Sentí mucha nostalgia al regresar a casa a pesar de que no recuerdo cuando vivía allí; es muy grande, me asombré demasiado —explicó la chica con mucha tranquilidad, aunque solo era aparentada; para su mala suerte, el resto se dio cuenta que estaba evadiendo el tema y eso encendió las alarmas de todos—. También quiero decirles que estoy al tanto de todo lo que ha pasado, así que… Felicidades, sensei, o debo decir Hokage-sama; estoy segura que hará un buen trabajo con la aldea pero no se pierda por el camino de la vida con esos libros suyos. Naruto, me enteré que te has acercado más a Hinata en este tiempo; estoy segura que serán muy felices juntos. También me enteré de tus estudios para poder ser Hokage, ¡eso es genial! Al final conseguiste cumplir tus sueños y no me caben dudas que guiarás a todos con tu luz hacia un nuevo mundo. Sasuke-kun… Sasuke-kun, me alegra que todo se arreglara al final; espero que en tu viaje de redención puedas ver muchas cosas bonitas, encontrar lo que buscas y sí, también me enteré de eso. Ahora que puedes ver lo que antes no, es tu oportunidad de ver el mundo con otros ojos; Naruto ya cumplió su promesa al traerte de vuelta, pero no a la aldea, sino al camino de la luz, eso me deja tranquila. Espero que puedas encontrar a una persona que te haga muy feliz, después de tanto dolor. Ugh… kh…—dijo todo eso sin parar un segundo pero al final su voz se quebró, no pudo aguantarlo más y las lágrimas dieron rienda suelta por sus mejillas—. Por favor, sean felices. No permitan que nada les arrebate esa felicidad… por favor.
—¡¿Qué está pasando?! ¡¿Por qué nos dices esas cosas, Sakura-chan?! Es como si…
—…se estuviera despidiendo —completó Sasuke, luego de salir del estado estupefacto ante las palabras atropelladas de la chica.
—¿Sakura? —cuestionó el sensei dando un paso a su llorosa alumna que no para de hipar e intentar en vano limpiarse las lágrimas que salían sin control.
—Veena reanudará sus responsabilidades. El castigo acabó —habló Kazuma atrayendo la atención a él mientras ponía una mano en el hombro de su ama—. Debe volver a Takamagahara y ser Bishamonten, la diosa de la lucha y la justicia, otra vez.
—P-pero… podremos vernos —solucionó Naruto con el corazón encogido, no era justo; recuperaba un amigo y perdía otro—. ¿Cierto? Cuando tengas un momento libre. Reunirnos como antes, es lo que queríamos y ahora podemos hacerlo.
—Uzumaki-san. El tiempo transcurre de forma diferente, ya fueron testigo de ello.
—Esto es una mierda —gruñó en un murmullo Sasuke al entender, para él tampoco era justo; era su momento de ver todo con otros ojos y eso incluía a Sakura, la niña molesta que siempre se preocupaba por él; y esos sentimientos que le confesó aquella vez, ¿eran ciertos? Era su oportunidad de preguntar, sentir, entender y conocer mejor a sus compañeros y no era justo que nuevamente le arrebataran la felicidad.
—¿Qué ocurrirá ahora? —cuestionó Kakashi, con aire desolado; al parecer nunca dejaría de perder a las personas que le importaban—. Pretendes que sigamos nuestras vidas, como si nunca hubieras existido, olvidándote con el tiempo. ¿No es así? Sabes que eso no pasará.
—No se preocupen por eso, yo me encargaré que no sientan mi partida —habló mientras se recomponía del llanto, más una que otra lágrima escapaba de sus preciosos jades.
—¿A qué te refieres con eso? ¡Eres nuestra compañera, nuestra amiga, mi familia! ¡¿Cómo pretendes que te olvide así como así?! ¡Me niego, Sakura-chan! ¡No lo permitiré, ttebayo!
—Cortaré los lazos que he creado en este mundo. De esa manera, olvidarán todo lo relacionado a mí. Nadie nunca sabrá de mi paso por el mundo terrenal. A fin de cuentas, Haruno Sakura jamás existió —puso la voz más dura que podía permitirse en ese momento.
—¿Estás de acuerdo con eso? —para sorpresa de todos, Sasuke se plantó frente a ella con el rostro más serio que tenía pero reflejando en esos pozos negros la desesperación que sentía en ese momento. No quería que su nueva vida comenzara de esa manera—. ¿Es lo que quieres realmente?
—Ya está decidido —respondió apartando la mirada del muchacho con mucha tristeza, después de todo ella albergaba en su interior sentimientos por el chico; esto la destrozaría por el resto de su eterna vida.
Sakura dio unos pasos hacia atrás, alejándose del chico, con la cabeza gacha; al momento de levantar el rostro pudieron ver sus orbes jade resplandeciendo y pupilas alargadas como felino.
—¡Ven…—exclamó alzando la mano derecha sobre su cabeza—. …Saiki!
Los hombres del equipo siete vieron como una luz zigzagueante se acercaba desde el cielo y se posaba en su mano, cegándolos por su brillo y luego aparecía aquella gran espada parecida a la de Zabuza.
—¡Sakura-chan! —intentó alcanzarla Naruto, pero era muy tarde, se vieron envueltos en un mundo diferente, repleto de hilos que iban desde Sakura hacia ellos y a otras partes que no podían ver hacia donde llegaban.
—Por favor, cuiden de Tsunade-sama, Shizune-san, Ino-puerca y los demás. Gracias por todo, nunca los olvidaré —se despidió la chica con una sonrisa triste pero que reflejaba todos los sentimientos que tenía por ellos y que había conocido gracias a todas esas personas—. Con mi llegada, yo, la Diosa Bishamon, por la presente ¡cortaré estos lazos con Saiki! —recitó mientras pasaba su poder por la gran espada y la alzaba hacia el cielo, para después con un movimiento cortar cada hilo que salía de ella y que la conectaban al mundo terrenal—. ¡Divide!
El campo de entrenamiento apareció nuevamente, rodeándolos. En varias partes del mundo ninja, personas que fueron importantes para Sakura y quienes forjaron un lazo con ella, sintieron de pronto un enorme vació haciendo que detuviesen lo que hacían por un momento, más al siguiente segundo volvieron a la normalidad con la excepción que todo rastro de la peli-rosa se había borrado de sus mentes para siempre sin ellos ser conscientes.
—Regresa, Yugi —la espada desapareció de sus manos y ella dejó caer la cabeza intentando ocultar sus lágrimas, el movimiento provocó que su boina cayera.
—Con eso ya nadie recordará a Haruno Sakura —pronunció Kazuma abrazando a la muchacha que se había acercado a él en busca de consuelo.
—Yo no estaría tan seguro —oyeron la profunda voz de Kakashi.
Luego del hechizo ninguno de los dos se atrevió a voltear hacia los tres hombres, no era necesario ya que ninguno de ellos podría notar sus presencias. Por lo que la pareja se miró a los ojos, estupefactos, era imposible, Saiki cortaba todo perfectamente. Lentamente voltearon hacia el sonido de la voz. Allí estaban los tres hombres del equipo siete, cada uno mostrando una sonrisa a su modo.
—¿Qué? N-no lo entiendo —musitó la chica sin salir de su estado de shock—. No deberían poder verme, corté nuestros lazos.
—¿No lo entiendes, pequeña? —sonrió con su ojito cerrado y pose despreocupada.
—Tú misma lo dijiste, Sakura-chan.
—¿Eh?
—Ni siquiera un dios puede cortar nuestros lazos, ¡dattebayo!
—Sakura —la nombró la única persona que pronunciaba aquél nombre de esa manera tan profunda; Sasuke recogió su boina y se acercó a ella para devolvérsela, más para hacer contacto visual con ella que por cortesía.
—No —ella negó y dio un paso hacia atrás—. Algo debe haber fallado. Intentaré de nuevo —dijo desesperadamente, no quería prolongar más su dolor, tenía que volver cuanto antes a Takamagahara donde podría ocultar sus penas en esa enorme mansión.
Sasuke se alarmó al ver su acción, iba a activar su doujutsu para desmayarla pero alguien se adelantó.
—¡Ven, Sa…! —antes que pudiera levantar la mano y terminar de llamar a su Shinki, otra mano más grande la detuvo e impidió que hiciera cualquier cosa—. ¿Kazuma?
—No servirá de nada, Veena. Podrás intentar cortar los lazos cuantas veces quieras, pero no lo conseguirás —habló calmadamente y con ternura al ver la angustia de la que podría considerar como una hermanita luego de criarla—. Ve. El destino así lo ha querido —le alentó su guía.
Sakura se giró hacia Sasuke nuevamente, mordió su labio inferior en forma dubitativa y luego de unos segundos levantó la mirada para enfocarla en esos pozos negros que ahora brillaban como nunca antes había visto. Lentamente aceptó la boina que el chico le ofrecía, más no pudo soportarlo ya; se lanzó a abrazarlo con fuerza, para sorpresa del joven que tardó un poco en corresponderle de forma torpe. La chica una vez más dio rienda suelta a sus lágrimas que esta vez eran de felicidad extrema; había cortado sus lazos con todos pero saber que podría mantener a esos tres la llenaba de felicidad. Naruto no tardó en correr para unirse a tan emotivo abrazo apretujando a esos dos, su familia estaba completa nuevamente. El nuevo Hokage no se quedó atrás, se arrimó a sus alumnos y revolvió los cabellos de la chica, posándose luego junto al muchacho de las gafas para contemplar ese momento que los marcaría para siempre y que abriría un nuevo camino para ellos, uno lleno de luz que brillaría mientras permanecieran unidos en alma y corazón.
La vida volvía a sonreírles a estas personas, devolviéndoles por todo lo sufrido una pequeña probada de la felicidad que les esperaba de ahora en adelante.
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—Pueden retirarse, y la razón es que la cla…—Aburame-sensei no pudo terminar su monólogo, y la razón es porque sus alumnos salieron como rayo fuera del salón; si dejaban que el sensei continuara hablando, su saludo terminaría en la noche.
—¡Sarada! Iremos a comer dango, ¿te vienes? —gritó ya fuera de la academia la hija de Chouji mientras masticaba papitas, detrás de ella estaban una aburrida mini copia de Shikamaru y un niño rubio de tez pálida golpeándose la frente ante los modales de su amiga.
—¡Lo siento, Chouchou! ¡Iré con papá a ver a mi madre! —se despidió la niña con el brazo en alto mientras se alejaba todo lo rápido que le permitían sus piernecitas.
—¡Está bien! ¡Algún día debes traerla a comer! —le gritó de vuelta recibiendo un sí de la chica que estaba muy lejos ya—. Siempre se pone así cuando van a ver a su mamá. ¿Me pregunto cómo será? Da igual, tengo hambre. ¡Vamos! —exclamó a los otros resignados, abriendo otro paquete de papitas.
Uchiha Sarada, siete años, cabello corto y negro como sus preciosos ojos que eran ocultados por unas gafas de pasta roja. Haciendo gala de la velocidad heredada por su padre y pulida durante sus entrenamientos, la peli-negra corrió como si la vida le fuera en ello hacia su hogar, el antiguo barrio Uchiha.
Al llegar a su casa, luego de quitarse los zapatos velozmente, siguió corriendo hacia su habitación al mismo tiempo que se descolgaba el bolso. Sin parar un momento tomó su peine parándose frente al espejo y cepilló sus cortos cabellos, dejando su peinado impecable como siempre; limpió sus lentes y revisó que todo en ella estuviera en su lugar y perfecto. Sonrió al aprobar su imagen y entonces se percató del reflejo tras ella que le mostró una foto postrada en su mesita de noche; se giró, la tomó y sonrió con suma felicidad. En esa foto se encontraba ella de bebé, su padre estaba a un lado con una pequeña sonrisa que intentaba en vano disimular su felicidad, y por último una hermosa mujer sonriente de largos cabellos rosados que la sostenía en sus brazos como si fuera el mayor de sus tesoros.
Al ver a la mujer salió rápidamente de su mundo y se apresuró hacia la cocina, en busca de su silencioso padre. Sin embargo, lo único que encontró fue una nota sobre la mesa, la tomó y leyó.
"Me adelantaré, no te tardes. Papá."
Sonrió ante las pocas palabras de su padre, al parecer no era la única que estaba emocionada con ver a su mamá. Dejó caer la nota, ya después la recogería; salió nuevamente disparada hacia el santuario que había en el barrio, donde allí encontró a su padre intentando disimular su impaciencia ante la demora de su única hija.
—¡Papá! Lamento la tardanza —se disculpó recuperando el aire y verificando que sus cabellos se mantuvieran en su lugar.
—Está bien —respondió con una pequeña sonrisa a la niña, ofreciéndole su mano derecha que ella tomó de inmediato.
La razón de tal emoción en los Uchiha podría describirse con un solo nombre: Sakura. Quien al ser un dios debía residir la mayor parte del tiempo en Takamagahara debido a sus responsabilidades; lo que impedía muchas veces bajar al mundo terrenal para ver a su familia.
Cualquiera que vea tal situación diría que la pobre Sarada debía llevar una vida muy dura con una madre que vivía lejos de Konoha, que era lo que pensaba la mayoría de los aldeanos; otros más osados murmuraban que el joven Uchiha engendró a la niña en su viaje y había quedado viudo tras la mujer dar a luz y morir. Pero nada más alejado a la realidad ya que, igual que ese momento, cuando su madre se ausentaba más de la cuenta, debido al diferente transcurso del tiempo, ellos podían ir a visitarla.
Este hecho lo descubrieron cuando la niña era muy pequeña y quería ver a su madre con mucha desesperación, escapó de casa dejando a un preocupado Sasuke buscándola como loco y se dirigió al lugar donde se despedía de su madre: el santuario. Nadie sabe cómo, pero la niña logró subir al mundo al que pertenecía Sakura, para asombro de ésta. Kazuma dio su teoría al decir que Sarada, al ser la hija de un dios, heredó algunas habilidades; no indagaron más al respecto, solo se concentraron en que Sasuke y su hija podrían ver a Sakura las veces que querían.
—Papá, ¿estás listos?
—Aa.
—¡ESPEREN! —oyeron gritar, se voltearon y pudieron divisar a un grupo de personas a lo lejos.
El Séptimo Hokage, con su familia, y el Sexto Hokage, hicieron acto de presencia frente al santuario de Bishamonten; habían llegado a tiempo.
—¡Boruto! ¡Séptimo, todos! —exclamó con un poco de asombro Sarada, no se esperaba tal visita.
—Qué bueno que llegamos a tiempo —musitó el rubio mayor, recuperando el aire de manera exagerada—. Queremos ver a Sakura-chan. Hinata y los niños… la están olvidando, de nuevo. Así que…
—Está bien —fueron las escuetas palabras del moreno al entender la angustia de su mejor amigo de que su familia olvidase a alguien tan importante para él—. Sarada.
—¡Sí! —exclamó con alegría, su madre se pondría muy feliz por la sorpresa que le llevaban—. Por favor tómense las manos —pidió mientras tomaba con su mano libre la mano grande y cálida de su héroe.
De esa manera, Naruto tomó la mano de su esposa, ésta tomó la mano de su hijo mayor quien a su vez tomó la mano de su hermanita, y por último la pequeña Himawari tomó la mano del abuelo Kakashi. Una vez todos estuvieron listos, Sarada cerró los ojos y se concentró; un brillo los envolvió una milésima de segundo y se disipó en otro. Frente a ellos se alzó una enorme mansión, ya habían llegado a la casa de su madre en Takamagahara.
—¡Bienvenidos! —exclamaron con alegría los Shinki.
Tsuguha, Aiha, Kinuha, Yugiha, Akiha, Kuraha y los gemelos Karuha y Kazuha, recibieron a los recién llegados en la puerta de la mansión.
Luego de los saludos hacia los acompañantes del Señor Sasuke y la princesa Sarada, fueron guiados hacia el interior de la residencia, más específicamente al salón que utilizaban usualmente para el té.
—¿Sakura? —cuestionó el paradero de la mencionada el Uchiha mayor intentando no sonar desesperado por ver a su mujer, no lo consiguió ya que su infierno personal, es decir Tsuguha y Aiha, gritaron de ternura y emoción ante la necesidad del Señor Sasuke por ver a la Señora; avergonzándolo de sobre manera.
—Discúlpelas, ya sabe cómo son —intervino Kuraha con una gota en la sien—. La Señora está en el manantial, Kazuma-san está con ella. Iré a llamarles.
—No hace falta —resonó la voz de cierta peli-rosa—. Sean bienvenidos —saludó con una sonrisa de felicidad al ver a tan agradable visita, con Kazuma tras ella.
—¡Mamá! —corrió a abrazar a su progenitora, su padre se levantó del sillón y también fue al encuentro aunque con más calma.
—Mi niña —levantó a su hija del suelo no sin un poco de dificultad debido al kimono que llevaba—. Hola, cariño —se dirigió esta vez a su esposo, en un murmullo.
—Sakura —fue lo que obtuvo como respuesta, pronunciado solo como él lo hacía—. Te ves preciosa —le susurró al oído, solo para ella, haciendo que se sonrojara hasta la coronilla.
—¡No te la acapares, Teme! —rugió cómicamente Naruto, que no había cambiado su hiperactividad con el tiempo.
—Hahaha —Sakura rió, aún con las mejillas arreboladas, por la mirada hostil que su esposo le dirigió al rubio—. Qué alegría verlos. Los he extrañado.
Y esta es la vida de los integrantes del equipo siete, aprovechando al cien por ciento los momentos que la vida les devolvía. Algunas veces no era fácil, sin embargo afrontaban cada situación de la mejor manera posible y siempre con una sonrisa. Mientras estuvieran juntos nada les arrebataría la felicidad.
Cada momento de su vida Sakura piensa que tomó la decisión correcta al hacerle caso a Kazuma y conservar estos lazos. Después de todo…
—Las deidades nunca se equivocan —murmuró la diosa de la lucha y la justicia, soltando una risa.
—¿Qué has dicho, mamá?
—Nada, querida. ¡Vamos! Disfrutemos el momento.
Fin.
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Gracias por leer! Nos leeremos en otro de mis escritos!
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Ja ne!
-Editado: 16/05/17-
