Capítulo 2: Comienzan los problemas

A la mañana siguiente me desperté con restos de sal por mi cara y la ropa arrugada, la cual me quité enseguida y me dirigí a la ducha. Todavía no había amanecido, así que me bañé tranquilamente y al salir me puse unos vaqueros y una camisa holgada. El pelo mojado escurría sobre la camisa, así que me apresuré a secármelo, pensando en que lo debía cortar ya... Suspiré. Si mi estado de ánimo no solía ser bueno hoy estaba peor.

Creo que hoy bastaría la más mínima cosa para que estallara, y presentía que el día no me deparaba nada bueno.

Salí del baño, cogí la mochila y sin desayunar ni nada me marché de casa, dejándole una nota a mi padre. "Hoy tengo que irme temprano, te quiero"

Bajé a la calle y en el portal me di cuenta de que estaba lloviendo y bastante la verdad, suspiré y miré las escaleras planteándome si subir a por un paraguas pero enseguida deseché la idea, no me apetecía subir y andar bajo la lluvia siempre me había relajado. Me enfundé bien en mi chaqueta y salí a la calle.

Caminé en dirección al instituto con la lluvia golpeándome y sin que me diese cuenta ya estaba en frente de él, había estado caminando pensando en mis cosas y me había abstraído de todo, hasta del tiempo.

Atravesé las puertas y me sacudí las gotas que inundaban mi ropa y mi pelo. No había servido de nada secármelo antes de salir de casa. Suspiré y me dirigí a mi clase, donde me senté en mi sitio y esperé a que llegasen los demás mientras miraba el cielo por la ventana.

A los cinco minutos comenzó a entrar gente, y noté como me señalaban y susurraban. No hice demasiado caso, ya que al ser la nueva supuse sería normal pero al poco llegó Charlie y me miró también de forma extraña.

- ¿Pasa algo? –pregunté confusa.

- ¿No te has enterado? Dicen por ahí que eres lesbiana... –dijo algo asustado susurrando cada palabra.

Lo miré algo sorprendida y miré a la gente de mí alrededor que rápidamente quitó la mirada intentando fingir que se ocupaban de sus cosas.

- ¿Quién dice eso? –espeté.

- San…Santana, además dice que la persigues... –dijo mirando a su alrededor asegurándose de que nadie le escuchaba.

Desde luego, no daba crédito, ¿que se creía esa niñata?

Me levanté de golpe y salí por la puerta en dirección a la entrada del instituto, como esperaba ahí estaba Santana hablando con un grupo de chicos esperando que diesen la ultima llamada para entrar a clase.

-¿De que coño vas? - le grité mientras la empujaba de improvisto sorprendiéndola.

-Jajaja -se rio en cuanto se recompuso y miró a los chicos que tenia al lado – lo veis, lo que os decía, no puede vivir sin mi.

-¿Y no será al revés? Desde que llegué no dejas de perseguirme y de hablar de mí. Si tanto te gusto pues me lo dices y ya esta, pero deja de tocarme las narices. Aunque he de decirte que ni muerta me fijaría en ti, por dios, que asco, si es que das pena, ¿no te has visto en el espejo o que? - le dije con la ira recorriendo mis venas.

Todo a mí alrededor se había quedado en silencio y todos nos observaban, esperando que Santana me respondiese y como siempre quedara como la chula del instituto, pero ella simplemente abrió la boca, supongo que esperando a que saliesen las palabras solas, pero no ocurrió nada. Volvió a cerrarla y salió por la puerta del instituto alejándose de allí.

Me quedé estática en el sitio mientras veía como se alejaba, tal vez me hubiera pasado un poco, pero no debía preocuparme más, ella sabrá lo que hace yéndose del instituto asi que subí a clase de nuevo y me senté con Charlie que me miró totalmente confundido. Las horas de clase pasaban rápidamente, hasta que a última hora la profesora nos mandó un trabajo en grupo. Como Charlie y yo no teníamos más contacto con gente de la clase aún, decidimos hacerlo los dos solos y así se lo comunicamos a la profesora, la cual nos dio su visto bueno.

- Podemos ir a mi casa a hacerlo, mis padres no están y comeremos tranquilos.

- Esta bien, no veo el problema.- le sonreí y rápidamente le escribí un mensaje a mi padre avisándole y a los pocos segundos me respondió que no habría problema ninguno.

A la salida del instituto fuimos caminando tranquilamente, lo que no me esperaba es que Charlie viviera al final de mi calle y el portal me sonase de algo, pero no terminaba de relacionarlo con nada, quizás simplemente pasé frente a él en mi caminata de ayer.

La casa era bastante grande, la sala de la entrada tenía unos pocos muebles para sentarse y desde el fondo del pasillo se oían unas risas. Caminamos hacia ellas y lo que vi me dejó de piedra. Eran Quinn y Santana y en cuanto nuestras miradas se cruzaron dándose cuenta de mi presencia ellas se quedaron en la misma situación que yo dejando de reírse al instante.

-Charlie... Creo que se te olvidó decirme algo... –dije totalmente confundida.

- ¿Algo? - miró a Santana y a Quinn- Bueno... Santana es mi hermanastra. Y ella es Quinn, mi hermana –dijo como si nada.

No podía creerlo, realmente... ¿Por qué me pasaba esto? Yo nunca le había hecho daño a nadie. Santana y Quinn me miraban serias y yo sentía como las lágrimas amenazaban con escaparse de mis ojos.

- Hey, Charlie... me.. mejor voy a casa... tengo... cosas que hacer –dije con la voz entrecortada.

- No, espera Rach... –dijo preocupado.

- Enserio, otro día quedamos.

Miré a Quinn, ella no me apartaba la vista de encima.

-Firmado: Una tonta que tarda en leer.. –susurré.

Charlie y Santana me miraron extrañados y después miraron a Quinn que seguía penetrándome con la mirada hasta que por fin abrió la boca para decir algo, pero no la dejé, no me creía capaz de soportar cualquier cosa que me dijese y menos delante de todos ellos. Así que me di la vuelta y eché a correr escaleras abajo y no dejé de hacerlo hasta llegar a mi casa ya sin poder aguantar las lágrimas.

Entré dando un portazo y me arrepentí justo después de hacerlo, mi padre se preocuparía y mi hermano... bueno, no tenia ganas de aguantarlo.

Miré a mí alrededor intentando limpiarme las lágrimas del rostro y esperando que saliera mi padre de alguna parte para preguntarme que me pasaba, pero esperé en balde. Encima de la mesa del salón había una nota en la que me decían que se habían ido a comer por ahí, para no tener que cocinar y yo al leerlo no pude aguantar mas, arrugué la hoja y la tiré a alguna parte de la habitación, después me dirigí a mi dormitorio donde comencé a desahogarme.

Nada más entrar le pegué una patada a la cama y varios puñetazos a la pared, sabía que al día siguiente me arrepentiría pero no podía mas, así seguí durante unos minutos hasta que me derrumbé en el suelo llorando desconsoladamente.

Me abracé las piernas y lloré y lloré hasta que apenas me quedaron lágrimas que derramar, justo en ese momento me levanté decidida y me dirigí al baño. Busqué por los armarios hasta que encontré lo que buscaba, las tijeras. Me miré en el espejo unos segundos, cogí mi pelo y lo estire, acerque las tijeras a él y sin piedad comencé a cortarlo.

El pelo caía por mis hombros sin descanso, hasta que de repente me detuve, lo que vi ante mí me resultaba totalmente desconocido, ya no era yo, era... otra y eso era justo lo que quería.

Sonreí de lado al espejo y me volví a bañar por segunda vez en el día deshaciéndome de los pelos sueltos que quedaban en mi cuerpo y al salir del baño me puse algo de gomina de Lucas dejándomelo bien peinado.

- Esto ya es otra cosa... –murmuré para mi misma.

Estaba decidido, iba a cambiar, se acabó aquella Rachel, hoy empezaba una nueva. Fui a mi habitación y allí comencé a rajar parte de mis vaqueros, mis camisas antes con manga larga ahora la tenían corta y despuntada o simplemente no tenían. En ese momento me pregunté que diría mi padre y paré de modificar la ropa, con esa tendría por ahora. Me puse unos vaqueros y una camisa y salí de nuevo a la calle. La tarde caía sobre mí y me dirigí a un parque cercano, no tenía ganas de ver a nadie, ni de hablar, y pasó el tiempo mientras veía como los niños y sus madres huían de mi y de mis pintas. Sonreí, sola, eso era lo que quería.

Volví a casa al anochecer y nada mas entrar por la puerta mi hermano y mi padre se quedaron de piedra al verme.

-¿Qué... qué... te has echo? - me dijo mi padre sin salir del asombro.

Suspiré.

-Solo… necesitaba un cambio papa – le respondí.

-Pero... ya no pareces tú, no te reconozco -dijo con suavidad.

-Esa era la idea papa... -pasé por su lado en dirección a mi habitación.

-¡Rachel! -me llamó mi padre.

Me giré y le miré.

-¿Qué te pasa cariño? ¿Sabes que puedes contar conmigo, verdad? - dijo mientras se acercaba a mi.

-Lo se, lo se... -susurré.

Llegó frente a mí y me abrazó.

-Mi niña...

-Estoy bien papa, no te preocupes – dije separándome rápidamente de él y entrando en mi habitación cerrando la puerta, dejando a mi padre en medio del pasillo, sin saber que hacer.

Me cambié de ropa poniéndome el pijama y me tiré en la cama, mirando al techo hasta que mis tripas comenzaron a sonar, era casi medianoche y no había comido nada en todo el día. Me levanté y me asomé al pasillo, para saber si mi padre seguía aun por ahí, pero pude oír la tele de su habitación puesta, seguramente se había quedado dormido viéndola. Salí de mi cuarto y fui a la cocina, abrí la nevera y saqué lo necesario para prepararme un sándwich lo suficiente grande para quitarme el hambre, cuando lo terminé me senté en el sofá y mientras veía la tele me lo fui comiendo lentamente.

A esas horas no había nada que sirviera, tele tienda, porno de mala calidad y alguna que otra película antigua. Dejé una de esas películas sin hacer mucho caso a lo que decían mientras mi mente se encontraba ocupada en otra cosa, pensaba en Quinn, en sus labios, su sonrisa… Sacudí la cabeza, no, tenía que olvidarme de ella, solo ser yo, ser la única que controlara mi vida

Tras dejar el plato en el fregadero me dirigí de nuevo a mi habitación y me tumbé boca arriba sin poder dormir. Cogí el Ipod y puse algo de rock, y con esa música tan poco relajante me dormí.

El despertador sonaba y sonaba, pero no quería moverme a apagarlo, no quería ni levantarme de la cama pero mi padre entró en la habitación y me destapó.

- Vale que te cortes el pelo, vale que cortes la ropa, pero lo que no permitiré es que faltes a clase, arriba ya –espetó.

Lo miré y pude ver que aunque sus palabras fueran duras me miraba tiernamente. Mis pies se pusieron en el suelo y me levanté siguiéndolo a desayunar, nos sentamos en silencio y comimos tranquilamente mientras Lucas daba cabezazos sobre la mesa.

Lo miré extrañada.

-¿Qué haces? - le pregunté.

-Es que me duermo – me respondió mirándome con cara de dormido para después seguir con los cabezazos.

Me encogí de hombros y seguí comiendo. Cuando terminé me levanté y sin decir nada me fui a vestir, me puse lo primero que cogí, unos pantalones desgarrados del día anterior y una camiseta negra de un grupo de rock a la que le había quitado las mangas y encima una sudadera también negra, algo raída. Después de eso cogí la mochila y me dispuse a salir a la calle.

-¿Vendrás a comer? - me pregunto mi padre antes de que saliese.

-Seguramente – y sin mas cerré la puerta y bajé las escaleras.

Sabia que no me estaba comportando bien con mi padre, él siempre había sido muy bueno y comprensivo, pero me agobiaba cuando me miraba preocupado y no tenia ganas de hablar, ni con él ni con nadie. Al llegar al instituto la gente me miraba y me señalaba mientras cuchicheaban, nada cambiaba aquí, aunque por lo menos ahora si tenían razones para hablar de mi.

Subí a clase y tiré la mochila sobre la mesa, esta vez la mayoría de la gente ya se encontraba allí. Charlie se encontraba a mi lado, mirándome temeroso e imagino que esperándose alguna reprimenda y hasta a lo mejor algún golpe por la situación a la que me había visto obligada el día anterior, pero yo simplemente me senté en la mesa y me puse a mirar por la ventana.

-¿Estas bien? - preguntó aun temeroso.

Como empezaba a odiar esa frase...

Suspire y sin mirarle le respondí.

-Claro.

-¿Y ese cambio de look?

-Me apetecía -le respondí de forma seca.

-Esta bien – dijo rindiéndose por mantener una conversación conmigo – Oye, que siento lo de ayer, no sabia que te ibas a poner así, no era una encerrona ni nada de eso, pero es que tú eres mi amiga y Santana mi hermanastra, no puedo evitar que os veáis en algún momento, aunque me gustaría – siguió, intentando arreglar las cosas.

Parecía ser que no sabia que Quinn y yo nos conocíamos, tal vez era lo mejor, así no tenia que dar más explicaciones.

-No te preocupes, no es culpa tuya – le dije mientras le sonreía levemente para después volver a mirar por la ventana.

Charlie parecía dispuesto a decir algo más, pero en ese momento entró el profesor de matemáticas, así que tan solo cayó y atendió a la clase, mientras yo por mi parte comencé a dibujar en uno de los márgenes del libro perdida en mis pensamientos.

- Rachel, ¿le importaría volver a clase?

Levanté la vista y el profesor se encontraba detrás de mí viendo los dibujos que había hecho. Al principio eran meras rayas, pero luego se había ido transformando en el nombre de Quinn con ellas.

- Tal vez debería dejar de pensar en su novio y hacer caso a los logaritmos... –espetó malhumorado.

En se instante Charlie miró mi libro y vio el nombre de Quinn aunque intenté evitarlo y automáticamente comenzó a unir hilos y me miró algo sorprendido.

El pobre chico estuvo intentando hablar conmigo todos los cambios de clase, pero yo solo le respondía con monosílabos. Al toque del timbre cogí mis cosas rápidamente y me fui, intentando llegar lo más pronto posible a casa, pero en la salida me esperaba una sorpresa, Quinn, apoyada en su moto buscaba con la mirada a alguien, y al verme, sus ojos se iluminaron. Opté por seguir de largo, pero al pasar por su lado me agarró la mano.

-¿Qué te has hecho? – preguntó observando mi pelo.

- Cortarme el pelo, es obvio ¿no? –dije intentando no darle demasiada importancia.

Puso una mueca de disgusto y me dio un casco subiéndose a la moto.

-Sube y calla pequeña rebelde –dijo con una sonrisa divertida en su rostro.

Cogí el casco pero no me subí y la mire levantando una ceja.

-¿Y porque crees que voy a subir? –solté.

-Porque yo te lo estoy pidiendo... - me dijo con un tono de tristeza y de suplica.

Suspiré y me subí a la moto para después ponerme el casco.

-Vamos – le dije y ella arrancó la moto poniéndonos en marcha hacia un lugar que ahora me resultaba desconocido mientras una figura nos observaba alejarnos con el ceño tremendamente fruncido.

Cuando me di cuenta Quinn ya había detenido la moto y nos encontrábamos en un pequeño embarcadero de una de las playas cercanas, en ese momento se encontraba desierto, supongo que así seria más fácil para hablar. Me bajé de la moto y después lo hizo ella, se quitó el casco y su pelo se liberó del aprisionamiento que le ocasionaba el casco, como siempre lo tenia revuelto, aunque de esa manera le daba un aire casual, misterioso e interesante. Me miró y me sonrió tímidamente para después caminar hacia uno de los bancos cercanos.

Yo me quedé cerca de la moto, sin saber muy bien que hacer, hasta que vi como ella me invitaba a sentarme a su lado, me acerqué y me senté, un poco apartada de ella.

Estaba nerviosa, mucho, no sabia que decir, seguramente me tenia que disculpar, pero ella también y era la que me había dicho de venir, así que empiece ella si quiere. Miré al suelo y suspiré mientras ella simplemente me miraba, sin hacer nada mas, solo me miraba. Pasaron los minutos y ninguna de las dos hacia nada, ni, evidentemente, decía nada.

Volví a suspirar cansada y me levanté de golpe, ella pegó un pequeño salto, asustada por mi repentina reacción, mientras yo por mi parte me giré y la miré.

-Para estar aquí sin hacer nada mejor me voy a casa – le recriminé.

De repente sentí como me cogía de la mano, se había levantado y se encontraba a mi lado, mirándome de forma penetrante, como solía hacer. Yo estaba cansada de ponerme nerviosa, cansada de que esa chica me controlara con solo una mirada, pero no podía evitarlo.

-Mira Rachel, lo siento mucho ¿vale? No debí tratarte así el otro día, y realmente no sabía que conocías a mi hermano... Fue un golpe también para mí verte ayer...

-¿No querías verme? - le pregunte confusa.

-No... Quiero decir, si, claro que quería verte, pero no me lo esperaba, no en ese el momento - dijo intentando explicarse.

Suspiré.

-Siento haberte dejado plantada la otra noche... - susurré.

-No te preocupes, lo importante es que ahora estamos aquí - me sonrió dulcemente.

-¿Estas segura de querer verme? Me refiero... a, si no prefieres olvidarte de mi y seguir con tu vida -mientras decía eso desvié la mirada para que no pudiera ver mi expresión de tristeza.

Ella cogió mi rostro e hizo que la volviese a mirar.

-Estoy segura, quiero conocerte, llegar a conocerte de verdad - susurró mientras me acariciaba la mejilla.

Me sonrojé ante ese gesto y me acerqué a ella besando su mejilla. Manteniendo ese contacto durante mas segundos de lo necesario.

Ella me miró con ojos brillantes y me abrazó, sin apenas hablar nos subimos en la moto y me llevó a casa. Me dejó delante de la puerta y repitió el gesto del beso que antes había hecho yo.

-¿Quedamos mañana? –preguntó con un leve tono de esperanza en su voz.

-No se si podré... Últimamente tengo a mi padre preocupado –suspiré.

-Bueno, no importa - me sonrió-. Te dejaré tiempo, y cuando estés dispuesta a hablar, tienes mi número.

Asentí sonriendo y subí a mi casa, nada mas abrir la puerta lo primero que vi fue a mi padre, frente a mí, con los brazos cruzados y cara de enfadado. Yo lo miré un poco asustada.

-¿Donde estabas? - me gritó.

-Por ahí - le dije sin mas.

-¿Como que por ahí? -se acercó a mi aun mas enfadado haciendo que yo tuviera que retroceder - Me estoy cansando de tu estúpido comportamiento y no lo voy a consentir mas. Estas castigada, no vas a salir de esta casa en mucho tiempo, a ver si así vuelves a ser la persona madura, responsable y seria que eras antes.

Lo miré sorprendida, había faltado a comer, pero no era para tanto.

-¡No pienso quedarme aquí! - le grité yo también.

-Harás lo que yo diga, no puedo estar preocupándome por ti constantemente, ya eres mayorcita para comportarte como es debido –sentenció.

-¡Exacto! y como soy mayorcita no tienes ningún derecho a castigarme solo porque no haya venido a comer.

-¡No es solo por eso y lo sabes! –respondió.

-¡Me da igual, no pienso hacerlo! -grité aun mas enfrentándome a él.

Él iba a responderme pero no le dejé hacerlo, me di la vuelta, abrí la puerta y salí, baje corriendo las escaleras y no dejé de hacerlo hasta que llegué a un parque cercano, mientras intentaba retener las lágrimas de rabia que estaban a punto de salir.

Me subí a un parque infantil, para resguardarme de la gente y me senté entre la madera y cerca del tobogán para después limpiar las lágrimas que ya habían salido. Me tapé el rostro y me desahogue. ¿Como podía ser tan inflexible? No era justo, siempre había sido una buena chica y por una cosa que hago mal, solo una, mi padre me había castigado, se veía que nunca hacia suficiente para tenerlo contento. Se había mudado por él, había cuidado de su hermano desde pequeña, había cocinado, limpiado y hecho de todo por él y ahora que quería vivir mi vida me retenía para que siguiera siendo su niña obediente y sumisa.

Suspiré y justo en ese momento oí unas voces acercándose a mi posición y curiosamente una de esas voces me resultó conocida.

Me escondí aún más para evitar que me vieran. Eran dos chicas, las cuales se sentaron en un banco y se pusieron a hablar, la que tenía enfrente de mi era rubia y de unos ojos tan verdes que parecía que te ibas a perder en un bosque inmenso, la otra se encontraba de espaldas a mí, asi que no podía decir como era, solo morena de pelo largo. Me dije a mi misma que quedarme allí podría ser mala decisión, parecía como si las estuviera espiando, y eso no me gustaba nada.

Noté como la rubia se acercaba y le susurra algo al oído a la otra chica, al separarse tenía el rostro algo sonrojado y una sonrisa pícara, la otra miró a su alrededor y entonces pude ver que era Santana. No entendía aquél comportamiento, pero cuando mi cerebro aún procesaba la información vi como se besaban.

Decidí salir de allí sin hacer ruido, pero mientras me deslizaba de espaldas apoyé mal la mano y caí dando una voltereta hacia atrás. Rápidamente Santana se viró y me vio allí tumbada pero me levanté al instante y sin sacudirme la ropa de arena salí corriendo mientras oía como me llamaba, pero no le hice caso y seguí.

Tras unos cinco minutos de recorrer calles y calles me di cuenta de que no sabía donde estaba, y ya empezaba a oscurecer e irremediablemente me asusté.

Apenas unas farolas iluminaban la calle y yo caminaba y caminaba lentamente, mirando en cada esquina y tras cada cubo. Notaba como alguien venía detrás de mí, siguiendo mis pasos, pero no me atrevía a mirar atrás, de repente sus pasos aceleraron y algo tocó el hombro.

-¡Ahhh! - Me di la vuelta y comencé a pegar a quien se encontraba detrás de mí.

-¡Pero para, para joder! - Enseguida reconocí la voz y miré avergonzada a Charlie.

Este se encontraba sobándose los brazos y me miraba algo enfadado, hice un gesto de disculpa y le di un beso en la mejilla.

- Procuraré no hacerte enfadar nunca.- Me sonrió-. ¿Qué haces aquí a esta hora?

Lo miré y le conté la discusión que había tenido con mi padre, la posterior huida y que había terminado perdida, pero omití lo de Santana y aquella chica.

-Ven y quédate en mi casa esta noche, mis padres no están. Solo estamos Santana y yo.

-¿Y Quinn?

-Fue a visitar a nuestra madre, que hacía mucho que no veía –le informó.

-Oh... -dije pensativa – de todas maneras no me puedo quedar en tu casa, no quiero encontrarme con Santana o que a media noche me intente ahogar con la almohada – bromeé.

-Jajaja, tranquila, yo la mantendré alejada de ti –aseguró.

Lo miré levantando una ceja.

-¿Tú? Entonces si que no llegaré a mañana – le saqué la lengua.

Él se volvió a reír y me empezó a hacer cosquillas.

-Que poca confianza tienes en mí -dijo mientras yo me reía e intentaba huir.

-Vale, jajajajaja... vale, jajajajaja... ¡vale! - casi grite muriéndome de la risa.

Charlie paró y me miró sonriendo triunfante.

-Anda vamos – dijo y comenzó a caminar.

Me coloqué caminando a su lado aunque no dejaba de mirar alrededor algo temerosa, apenas giramos un par de calles y me topé con su casa, yo que me creía perdida por la ciudad y estaba al lado de mi casa... Suspiré y le seguí al interior del edificio.

Subimos a su casa y él entró primero, yo le seguí, con cuidado y con un poco de miedo por encontrarme con Santana porque en esos momentos, era lo último que quería que ocurriese.

-¿Tienes hambre? - me preguntó Charlie.

La verdad es que estaba muerta de hambre, llevaba todo el día sin comer nada y mi estomago ya estaba rechistando así que simplemente asentí.

Él me sonrió y me llevó al salón, donde para mi desgracia se encontraba Santana, viendo la televisión sumida en sus pensamientos hasta que se dio cuenta de mi presencia. Me miró sorprendida y después desvió la mirada algo sonrojada, debido lo ocurrido en el parque seguramente.

-Siéntate- me dijo Charlie.

Yo le obedecí, sentándome lo más lejos posible de Santana, ella no dijo nada, solo siguió viendo la tele.

-Se quedara a dormir – le informó.

Ella le miró dispuesta a contestarle algo, pero se lo debió pensar mejor porque solamente asintió.

Él me dedicó una sonrisa y se perdió en la cocina para aparecer pocos minutos después con un gran plato de macarrones con tomate.

Le miré a él y luego al plato.

-¿Quieres cebarme verdad? - bromeé.

-Si, luego te comeremos entre toda la familia – dijo riéndose.

Yo también me reí, para después ponerme a comer mientras Santana nos miraba con la ceja levantada.

En menos de cinco minutos el plato de macarrones estaba acabado, limpio y colocado en su sitio. Los tres nos encontrábamos sentados viendo la tele, un programa algo aburrido pero realmente no le prestábamos atención. Esa noche me quedaría en el salón, rehusé quedarme en la habitación de Quinn pues me parecería una violación de su intimidad y ni hablar de dormir con Santana. Charlie en su pose de caballero me ofreció la suya, pero me reí y dije que no.

Cuando el programa terminó apagamos la tele y cada uno se fue a dormir. Yo me quedé allí, tumbada, mirando al techo pensando en todo lo que había ocurrido en ese día. Primero lo de Quinn, ¿realmente quería estar con ella? Si, me gustaba mucho pero ¿como era estar con alguien? Yo nunca antes había tenido pareja y las dudas me asaltaban constantemente.

Una lágrima cayó por mi mejilla la cual limpié rápidamente, si no le importaba a nadie no dejaría que vieran que me dolía. Entre pensamientos y planes de como salir adelante pasaron unas horas hasta que noté como alguien se levantaba y cuando miré hacia la puerta de la sala ahí estaba Santana. No tenía expresión ninguna en su rostro, tan solo me observaba.

-¿Tú tampoco puedes dormir? - Se acercó a mí y se sentó en el suelo.

-No... - La miré desde el sillón.

Me sonrió de lado y vi como intentaba decirme algo, pero las palabras no salían de su boca.

-No diré nada sobre lo que vi esta tarde.- Me miró algo sorprendida.

-Yo voy por ahí diciendo rumores falsos sobre ti, y tú, sin embargo... Eres buena .- Bajó el rostro algo avergonzada.

-Nadie domina sus sentimientos... No te preocupes - Me di la vuelta y me tapé con la manta - Buenas noches.

Oí como Santana se levantaba y volvía a su habitación No se en que momento de la noche conseguí dormirme pero cuando abrí los ojos parecía que apenas habían pasado unos minutos. Lo que me despertó fue el ruido de la puerta de la calle al cerrarse. Abrí los ojos mientras me los restregaba y me estiraba desentumeciendo los músculos de mi cuerpo. Justo en el momento en que estaba en una extraña postura ante mi apareció la figura de Quinn, mirándome entre asustada y sorprendida. Nos quedamos unos segundos así hasta que ella comenzó a reírse a carcajadas y yo me sonrojé avergonzada.

-Jajajajaj – se reía ella – que linda recién levantada, jajajaja

Instintivamente le tiré un cojín el cual esquivó y yo puse morritos.

-¿Eres mala eh? Te pasas el día riéndote de mi.- Ella se sentó a mis pies y me sonrió.

- Es que me lo pones muy fácil - En ese momento pareció darse cuenta de algo-. ¿Qué haces en mi casa, durmiendo en el sillón a las siete de la mañana?

Sin muchas ganas volví a relatar toda la historia y ella me miró con cara de desaprobación.

-¿Por qué no me llamaste? –dijo cuando terminé de hablar.

-No se me ocurrió...- Y realmente era así, ni se me pasó por la cabeza llamarla.

Ella pasó una mano por encima de mis hombros y me atrajo hacia ella. Me apoyé en su pecho y cerré los ojos.

- Quiero estar tu vida, y eso es para lo bueno y para lo malo ¿si?

Me limité a asentir y cuando levanté la cabeza los labios de Quinn estaban a escasos centímetros de los míos Me sonrojé instantáneamente y justo cuando nos íbamos a besar apareció Santana en la puerta.

- Rachel, es hora de... - Se quedó allí de piedra.

Quinn y yo nos separamos y dirigí mi mirada hacia el suelo.

-Si, ya estoy despierta -murmuré

- No, si eso ya lo veo ya - Sonrió divertida y se fue - Por cierto, el desayuno ya esta .

Quinn y yo nos miramos y tras arreglarme un poco y lavarme la cara fuimos a desayunar. La comida transcurrió tranquila y apenas hablamos. Cuando terminé me dispuse a lavar la taza pero Quinn me lo impidió.

-Tenéis que ir al instituto, yo recojo esto.

-Pero... - Puso un dedo sobre mis labios.

-No digas nada, ve - Me guiñó un ojo y yo desaparecí tras Charlie con el rostro totalmente sonrojado.

Cuando íbamos saliendo por la puerta mochilas en mano me viré hacia él.

-¿Te importa que hoy compartamos los libros? No quiero pasar por casa - Bajé el rostro.

-Claro que no me importa tonta - Me sonrió y me pasó una mano por los hombros, gesto que hace una media hora había hecho Quinn.

Me giré para despedirme de ella y pude ver como observaba el brazo de Charlie sobre mis hombros con el ceño fruncido. Estaba celosa. Me reí y le saque la lengua.

-Hasta luego - dije intentando parar la risa.

Ella puso cara de indignada.

-Pasadlo bien.

Me reí aun más y me acerque a ella, le bese la mejilla y seguí a Charlie a la calle, pero antes de atravesar la puerta me giré y le dije:

-Celosa - y antes de que pudiera contestarme yo ya me había deslizado escaleras abajo reuniéndome con Charlie y con Santana.

-Yo me voy, he quedado con mis amigas – dijo Santana mientras se alejaba calle abajo.

Charlie y yo nos miramos y nos encogimos de hombros para después ponernos en camino hacia el instituto.

-Si sois hermanos, ¿Por qué Santana te trata así en el instituto? –pregunté confusa mientras caminábamos.

-La mayoría de la gente no lo sabe, ella se ha encargado de ocultarlo y como yo siempre he sido como el bicho raro de la escuela y ella la mas popular, simplemente sigue manteniendo su estatus –explicó con tono triste.

-Nunca me imagine que pudiese llegar a ser así –murmuré mas para mi misma que para Charlie.

-¿Eh? –preguntó confuso.

-Nada –dije solamente.

El resto del camino hablamos de cosas triviales, reímos y por un momento me olvidé de todo lo que pasaba a mi alrededor. Llegamos y nos sentamos comenzando el largo día escolar. Una clase tras otra, aburridas y monótonas que solo hacían que pensara en terminar por fin el instituto. Cuando por fin terminó salimos de la clase hablando animadamente, decidiendo que haría ahora cuando delante de mí apareció mi padre, con unas ojeras y sin afeitar.

-Sigues siendo responsable, has venido a clase...

-Si, bueno, que remedio, me obliga.- señaló a Charlie con la cabeza, el cual se había posicionado a unos metros.

-Mira Rach, lo siento mucho, pero se de padres a los que sus hijas se han metido en líos y...

-¿Crees que yo me metería en líos? –le interrumpí.

- No, sé que no pero... Es una nueva ciudad, nuevas influencias... –intentó explicarse.

- Papa, te prometo que no me meteré en líos, pero debes dejarme más libertad.

En ese momento miré por encima de su hombro y vi a Quinn hablando con Charlie. Miraron hacia nosotros y ella comenzó a acercarse.

-Papa... ¿Te acuerdas de la chica del otro día? –dije rápidamente antes de que se acercase.

- S...

-Hola, soy Quinn - Ya había llegado a nuestra altura

-Encantado - le respondió algo confuso.

-Quería explicarle que el otro día Rachel no fue a comer a casa por mi culpa, necesitaba hablar con ella y nos entretuvimos, no me di cuenta de que la estaríais esperando, así que no se enfade con ella, fue mi culpa –explicó y me miró - es una chica muy responsable, la verdad es una de las mejores personas que conozco - me sonrió dulcemente.

Mi padre nos miraba alternativamente y sonrió con tristeza.

-Lo se... siempre lo he sabido - una lágrima se escapó de sus ojos.

Lo miré y me acerqué para abrazarlo. Él cerró los ojos y me correspondió con fuerza, como si no me hubiese visto en meses.

-No quiero perderte como a tu padre... - susurró.

-Eso no ocurrirá papa... - le respondí.

Suspiró y se separó limpiándose los ojos.

-Esta bien, confiaré en ti. Pero no me ocultes las cosas... sabes que puedes confiar en mi - me dijo.

-Lo se papa - me volví a acercar y le bese la mejilla.

Quinn nos miraba sonriendo y miró a mi padre.

- Yo venía a invitarla a comer, pero supongo que querréis estar juntos... Así que ¿me la prestaría esta noche? –preguntó de manera educada.

Mi padre la miró de arriba a abajo, luego a mi y por último otra vez a ella.

- Esta bien, pero no más tarde de las doce en casa .- Puso el dedo en alto intentando ser imponente.

Las dos reímos ante esto y después de que Quinn asintiera nos despedimos. Me subí al coche y por el camino íbamos hablando de Lucas.

Mi padre decía que no paraba de preguntar por mí. Que me había echado muchísimo de menos y yo sonreía. ¿Que haría sin ese pequeñín?

Al entrar en casa vino corriendo hacia mí colgándose de mi cintura. Lo abracé y le revolví el pelo. Pero aun así se pasó la siguiente media hora colgado. Mi padre reía lo cual remarcaba las ojeras que denotaban que no había dormido la noche anterior. Me daba algo de remordimientos, pero bueno, no podía hacer ya nada al respecto.

-Suéltame ya pequeñajo - le dije después de un rato y le revolví el pelo de nuevo.

Me miró con carita de cachorrito abandonado.

Suspiré

-Bueno... - me reí suavemente.

Sonrió y cuando por fin estuvo la comida lista nos sentamos a la mesa.

-¿Qué tal en clase? - le pregunte a Lucas.

-Muy bien, ya tengo un montón de amigos y me he echado novia - dijo sonriendo ampliamente.

Me reí y vi como mi padre le miraba sorprendido.

-¿Novia? - dijo.

-Si, una niña de mi clase, Laura.

-¿Sabes en que consiste tener novia? - le pregunté divertida.

-Por supuesto - dijo ofendido - yo le doy regalos y ella me deja cogerle de la mano.

Mi padre y yo estallamos en carcajadas.

-Que razón tienes... - dijo mi padre entre risas.

Mientras me reía los miré a los dos y entonces me di cuenta de cuanto los había echado de menos. Eran los dos hombres de mi vida, y realmente sentía que sin ellos no era nada. Tras la comida y recoger los platos llegué a mi habitación y me dispuse a estudiar, a fin de cuentas debía darme prisa si esta noche quería salir con Quinn.


Muchas gracias a toda la gente que se ha molestado en dejar un comentario y también a la gente que ha comenzado a leer la historia.

Creo que tenéis demasiada fé en mi con las historias, si luego siempre os hago sufrir xD

Quinn y Santana hermanastras, ¿que os parece? xD

Cambio de look de Rachel, porque ella también esta increíble siendo rebelde xD

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SaraChana1