ACTO 2
Después de terminar su café y luego de revisar la contestadora toma una chaqueta que estaba colgada y se la lanza a Makoto.
- ¿Que quieres que haga con ella? – Pregunta sorprendida.
- Por si tienes frio – Responde colocando su arma en el correaje – Baja la temperatura después del mediodía.
- ¿Quieres que te acompañe?
- Es eso o serás la primera en estrenar un calabozo en mi gestión – Responde con un tono burlón
- ¿No me dejaras ir? – Pregunta Makoto con seriedad.
- Por el momento no, además no tienes documentos, dinero y no sabes a donde ir, eres mi responsabilidad ahora.
- No sé qué decir – Responde Makoto sonrojada.
- No digas nada. Debajo del mostrador hay un termo tómalo y cuando esté listo el café de la cafetera cárgalo y saldremos. Tengo que ver unas cosas y ya estaría listo. – Dice Robert caminado a una de los escritorios.
Makoto ve el termo y a su lado encuentra unas fotos viejas enmarcadas, levanta la vista y ve que era un joven Durán con una bella joven, ambos con un cachorro que supo que era Ganimedes, detrás de ellos había una pequeña, pero acogedora cabaña. Vuelve a levantar la mirada y Robert estaba terminado las cosas por lo que deja la foto donde estaba. Toma el termo, sin hacer mucho ruido y se dirige a la pequeña cocina del destacamento. Lo carga con café y mira en la alacena, para su sorpresa solo había latas de comida de perro y comida para hidratar.
- No es sano, pero me evito cocinarme. – Dice Robert.
- Lo siento no quise – Responde Makoto cerrando rápidamente la alacena.
- No te preocupes, con permiso - Ella se corre y de la alacena inferior saca un paquete de magdalenas. - ¿Te gustan?
- No lo sé, no las probé aun. – Responde Makoto con una sonrisa.
- Mas tarde con el café las probaremos, se las compro a un colega en la frontera, parece que los vecinos tienes mejores snack que aquí.
- ¿Va a ser una vuelta larga? – Pregunta Makoto llenado el termo con café.
- Es posible, además tengo que recorrer un poco la frontera y ver que todo siga como hasta ahora, después veremos.
- Ya está el café - Dice Makoto poniendo la tapa.
- ¡Bien salgamos!
Tras dejarle una lata de alimento al perro deja el cartel en la puerta y cierra con llaves. Suben a camioneta y tras unas cuadras salen del pueblo por uno de los caminos menos transitados. Condujeron varias horas, casi sin hablar, ella estaba contrariada por lo sucedido y él pensaba como poder sacarle información, y más aún, saber quién es verdaderamente.
Cerca del mediodía, Durán detiene la camioneta en el camino y baja seguido de Makoto.
-¿Recuerdas algo? – Pregunta Robert parándose delante del cráter, ella se para al lado de él y ve la profundidad.
- Debo decir que no, pero debe haberme dolido la caída. Además… ¿Como llegaste aquí, es un camino horrible, pareciera que casi nadie lo usa? Digo por lo desmejorado que esta. – Aclara Makoto mirando el camino.
- Si es un camino feo, pero debo andar por los caminos. Al final de este camino – Señala con la mano uno de los senderos – viven dos ancianos, no tienen teléfono ni luz ni nada, así que al menos dos veces a la semana paso y les llevo los víveres que necesitan, por aquel otro sendero vive Perro Loco Dave, un hombre que tiene cerca de 50 canes y si bien no es muy amigable me interesa saber si está vivo. Así que esa es la respuesta, estaba recorriendo la zona y en medio de la tormenta apareciste.
- ¿Te cause algún percance? – Pregunta mirando el cráter.
- Si hubiera sido unos segundos más, habrías caído encima de mí. Y eso sí que habría dolido.
- No sé cómo pude terminar aquí… ¿Tan poderosa es la guardiana de la puerta? - Dice claramente pensando en vos alta.
- ¿La guardiana de la puerta? – Pregunta Robert sorprendido.
- Cuando pueda demostrarte lo que soy en realidad, te aclarare todo.
- ¿Por qué no ahora, cuál sería el inconveniente?
- Creerías que estoy loca, este no es mi lugar, es todo. - Dice incomoda mientras se da la vuelta.
- Si no me dices no podre ayudarte. – Responde con sinceridad sacándose la gorra de la cabeza y pasándose la mano por la nuca.
- Es que yo... – Makoto ve dentro del cráter un reflejo en el fondo. Inmediatamente comienza a descender y llega hasta donde estaba el reflejo, Durán llega a su lado y ve cuando desentierra lo que parecía un cristal verde. - ¡Gracias al cielo aquí está! – y con ambas manos se lo lleva al pecho.
- ¿Qué es eso? - Pregunta Duran observando a Makoto y al Cristal.
- Lo que me llevara a mi lugar y veras la verdad. - Da unos pasos para atrás y levanta el cristal. Cierra los ojos y queda inmóvil, los abre sorprendida de que no funcione. - ¿Que le sucede, porque no funciona? – Dice extrañada con los ojos llorosos.
- Tranquila Makoto, sea lo que sea funcionara cuando deba - Dice Robert al ver que derramo unas lágrimas.
- Es que no puedo quedarme aquí, tengo una obligación, un deber que cumplir. – Explica preocupada.
- Tranquila, hagamos lo siguiente... Si es cierto lo que dices te ayudaré en lo que pueda, y cuando estés lista me dirás lo que te paso.
- Gracias... No sé como agradecerte.
- Por lo pronto te quedaras en la dependencia, así te tendré vigilada y nadie estará hurgando en tus asuntos.
- ¿Que dirá la gente? – Pregunta impaciente.
- Que eres una prima lejana o una vieja amiga y que te quedaras unos días.
- ¡Gracias Robert!
El toma su hombro para darle apoyo y ambos salen del cráter. Tras subir a la camioneta ella seguía viendo el cristal tristemente. Robert toma el termo del asiento trasero y el paquete de magdalenas, los pone al medio.
- ¿Me lo permites? - Ella duda unos segundos y se lo entrega, no mira del derecho y del revés - Es muy bonito, suerte que lo recuperaste. ¿Es muy especial para ti? ¿No?
- Al igual que el bolígrafo son importantes para mi misión.
- Ya funcionara. Por lo pronto, tomemos algo antes de continuar. – Dice tomando el termo que estaba detrás del asiento.
Ellos toman unas tasas de café y comen las magdalenas, aunque a gusto de Makoto sabían a plástico. Unos minutos después ella levanta la mirada y como observando a través del grueso follaje seriamente dice.
- Sería bueno que nos apresuremos, una fuerte tormenta va a caer en unas pocas horas. Asegura la joven.
- ¿Tú crees? - Pregunta Robert sacando la cabeza a través de la puerta del vehículo, observando que el cielo estaba despejado.- ¿Estás segura?
- Sí, ya verás. – Responde con confianza.
Sin discutir salió despacio con el vehículo. Para sorpresa de alguacil a los 15 minutos comenzó a nublarse el cielo y para las dos de la tarde parecía casi de noche.
- Deberías trabajar para el canal del tiempo, eres más exacta que ellos - Asegura Robert al ver unas gotas en el parabrisas.
- Es un don. - Responde con una sonrisa.
Luego de transitar despacio y con precaución dado que se veía muy poco el camino por la tormenta, llegan al pueblo, casi al final de la calle, que no serian más de seis o siete cuadras, llegan al consultorio médico donde atendió a Makoto. Robert apaga la camioneta y le dice.
- Aguárdame unos minutos que ya vuelvo.
Ella le responde con una sonrisa y antes de bajar de la camioneta ve como ella sacaba la piedra y se la quedaba viéndola. El alguacil entra y al llegar a un escritorio toca una campana que estaba delante. Unos segundos después aparece una doctora, la misma que habría atendido a Makoto en un principio. Puntualmente la única medica de la ciudad desde que se jubilará su padre años atrás.
- Hola Robert. ¿Qué haces a esta hora? – Pregunta dejando unos papeles en el escritorio.
- No mucho Jenny en realidad venia a recoger la ropa de Makoto, si está seca, claro.
- Si lo está, por cierto ¿Que has averiguado? - Pregunta dejando su delantal blanco en una percha.
- No mucho, tiene una historia extraña, pero no parece estar loca ni ser peligrosa, pero quiero ver si puedo ayudarla. – Responde apoyándose en un escritorio.
- ¿La llevaste a tu recorrida? – Pregunta Jennifer sacando la ropa de un modular delante del escritorio.
- ¿Como lo supiste? – Pregunta sorprendido.
- Es un pueblo chico, una forastera es llamativa, y aun mas con el único policía del pueblo.
- No podía dejarla en el calabozo o encerrada en la oficina. – Aclara Robert.
- Lo sé, pero la gente ya está hablando, si piensas ayudarla di que es una amiga o... tu prima. – Sugiere la joven doctora dándole la ropa en una bolsa de papel.
- Si ya se lo había dicho... ¿Quieres cenar?
- Dame unos segundos, cierro la puerta trasera y voy. – Responde tomando un juego de llaves.
- Te espero afuera. - Dice Robert caminado hacia la puerta.
Robert se sienta rápido en el vehículo debido a la copiosa lluvia que caía.
- Traje tu ropa – Dice dándole la bolsa.
- Gracias. - Abre la bolsa y siente un delicado perfume a lavanda - Que delicioso aroma, quien se encargo de esto...
- Fui yo - La doctora entra rápido por la puesta trasera y se acomoda, estrecha su mano - Hola soy Jennifer Rosetti.
- Encantada - Respondiendo el saludo - Soy Makoto Kino.
- Tendrás que cambiar eso Rob, por lo menos si será tu prima.
- ¿Cambiar qué? - Pregunta Makoto sorprendida.
- Para que no llames la atención te harás pasar por mi prima, hasta que soluciones las cosas.
- Gracias Robert, no sé qué decir - La doctora finge tos - y gracias a usted también señorita Jennifer.
- Por nada, pero solo Jennifer.
El trió se dirigen hacia el restorán del pueblo y tras saludar a algunos parroquianos toman asiento en una de las esquinas. La iluminación era pobre pero acogedora. Tras pedir el plato del día, Robert se dirige al baño y quedan las jóvenes hablando.
- Bien… entonces no eres de aquí y no puedes decir de dónde vienes. – Comienza la joven doctora.
- Por el momento no puedo, no sabría como explicártelo… lo siento. – Responde Makoto apenada.
- No sé lo que habrá visto Robert, pero también me llamas la atención, cuando te cure, sanaste en cuestión de horas y eso es imposible, al menos para una persona normal. - Aclara Jennifer.
- Eso tampoco puedo explicarlo – Responde por lo bajo – Pero espero terminar con esto rápido y dejar de traerles problemas.
En ese momento ingresan al lugar un par de cazadores furtivos de un pueblo cercano, los cuales ya habían tenido problemas con Durán y algunos vecinos. Pidieron una cerveza aun sin el consentimiento de la dueña del lugar.
- ¡Dame la maldita cerveza bruja gorda! – Dice el primero de bigote ancho
- ¡No es forma de hablarle a una mujer patán! – increpa Makoto poniéndose de pie casi sin pensarlo.
- ¿Y tu quien te crees que eres… - se acerca desafiante y la toma del rostro- me parece que me divertiré contigo?
- ¿Tú crees? – Responde Makoto mostrando una sonrisa de confianza.
Ante la incrédula mirada de los presentes ella toma la mano del cazador y con un poco de fuerza pone de rodillas al violento y cuando el compañero se acerca a ayudarlo con una cuchilla en la mano sale del baño Robert y coloca su arma en la cabeza.
- No te lo aconsejo Macoy… - Monta su revólver – Déjalo en el piso. Y tú de pie – Dirigiéndose al que tenía reducido la joven.
Este último se pone de pie acatando la orden del alguacil, da unos pasos y se da vuelta rápidamente para golpear a Makoto creyéndola desprevenida, esta esquiva el golpe y tras sujetar con su mano derecha el gira su cuerpo y hace caer al sujeto volviendo a girar y dejándolo con su brazo haciendo una perfecta palanca en su espalda.
- ¿Quieres que saque la basura? – Pregunta Makoto con una sonrisa a Robert.
- ¿Por qué no? Molly abre la puerta por favor, los caballeros se retiran. – Dice Robert a la dueña del lugar sin bajar el arma que apuntaba a Macoy.
Rápidamente la dueña fue hasta la puerta para evitar que se produzca algún daño, mientras que Makoto levanta al cazador aun haciendo palanca y al llegar a la puerta esta le da un fuerte empujón haciendo que caiga de cara al barro, mientras que el otro sale caminado de mala gana.
-Esto no quedara así Duran…
- O queda así o terminas encerrado un largo tiempo, es tu decisión, además no están en condición de amenazar a nadie, mas aun si una joven saca al gorila de tu hermano sin mucho esfuerzo – Finaliza Duran guardando su arma en la funda.
Ambos cazadores se retiraron de mala gana y tras algunos insultos salieron en su camioneta, Robert gira a ver a Makoto y pone su mano en su hombro con evidente preocupación.
- ¿Estás bien Makoto?
- Si no te preocupes, no son tan rudos. – Responde mostrándose un poco más relajada.
Al entrar al lugar todos miraban a Robert y especialmente a Makoto, sin decir nada, ante lo cual Robert da un paso adelante y tratando de no errar con lo que diría comenzó.
- Bien no pensé que sería así, pero les presento a mi… amiga… del ejército… Abi O`Brian, pero le dicen Makoto. – Ante la presentación de Robert ella hace una reverencia a los presentes a modo de saludo y desde el fondo de las mesas la doctora se pasa la mano por la frente y la cabeza negando lo que acababa de pasar.
- Entonces Abi hoy serás mi invitada – Dijo Molly la dueña del local – Un gusto ver a una jovencita que sabe cómo manejar a esos patanes.
- Puede llamarme Makoto, es mi… apodo señora – Responde amablemente.
Como casi todos los presentes eran oriundos del lugar interrogaron a Robert como nunca había nombrado a su amiga, a lo cual tras sacarse de encima lograron llegar hasta la mesa donde los esperaba Jennifer.
-¿Tú… amiga… Abi O´Brian? – Dice Jennifer sarcásticamente. – Es tan creíble como mi gusto por la carne de res.
- No se me ocurrió otra cosa delante de casi la mitad del pueblo, además tú sugeriste que la haga pasar por mi prima.
- Si pero lo pensé y te sugerí que fuera tu prima, cuando lo dijiste que era tu amiga del ejercito no supe que era más creíble, me di cuenta de que era una mala idea. – Finaliza Jennifer tomando su vaso de agua de la mesa.
