Disclaimer: Todos los personajes y situaciones que reconozcan le pertenecen a Rowling, la pespectiva y comentarios son de mi imaginación.

Desde aquel viaje llamado muerte.

By Ivenus - Valens.

Batallas de expectación.

Maleficios y contrahechizos cruzaban el aire por doquier. Los gritos aguerridos, algunos osados, otros temerosos y muchos cargados de odio, llenaban la atmósfera del lugar. La gente corría, atacaba, se agachaba, se defendía, se mantenía en constante movimiento procurando seguir con vida. Mas nada de aquello podía ni siquiera rozar a la pareja de magos que con más fuerza alentaban a los demás. El hombre de gafas se dedicaba a correr de un lugar a otro murmurando hechizos, pasando por alto el hecho de que nadie podía escucharlo. La mujer pelirroja, en cambio, estaba quieta, casi inmóvil, rodeando en forma permanente al muchacho de la cicatriz, a pesar de que éste no podía notarlo.

Parecía increíble que nadie advirtiese su presencia, pues destilaban energía y ansias de luchar en exceso. Constituía un crimen no permitirles ser partícipes de aquella batalla, sabiendo la magia que poseían, y que sin embargo ya no corría por sus venas, sino que se mantenía estática dentro de ellos, incontenible, queriendo abrirse paso cual mariposa dentro de su capullo. Ellos no podían estar presentes, no podían ser uno más, sus almas sólo los dejaban merodear, permaneciendo como meros espectadores de la vida de aquel grupo, tal como habían hecho desde hace ya catorce años. Porque ellos estaban muertos, no pertenecían al mundo de los vivos, y por más que murmuraran, gritaran o lloraran, nadie podía oírlos, observarlos ni aún palparlos, porque no tenían un cuerpo para ser percibidos.

Y aunque podían estar tranquilos observando aquella batalla, sabiendo que nada de lo que ahí ocurriera podía afectarles a ellos, no lo estaban. La furia se esparcía por sus rostros, las lágrimas empapaban la ropa y las mejillas, la preocupación arrugaba cada una de las líneas de expresión. Porque quienes luchaban eran sus amigos, quien estaba arriesgando la vida era su hijo, quienes estaban a punto de dejar de respirar constituían su familia.

Durante años James quizo que Sirius se le uniera. Mejor muerto que prisionero, solía comentarle a Lily. Sin embargo, ahora que había logrado limpiar a medias su imagen, ahora que estaba apoyando a Harry y siendo un verdadero padre para él, como nadie lo había hecho, realmente era muy egoísta desearle la muerte.

También estaba Remus, el pobre de Remus, quien nunca había tenido oportunidad de disfrutar las bondades de la vida, él definitivamente no merecía morir.

Y Tonks, aquella muchacha alocada que habían conocido cuando apenas caminaba, y que además recientemente se había fijado en su adorado Lupin, ella tenía toda una vida por delante.

Y era frustrante, porque veía como todos se enfrentaban a un grupo de asesinos por salvar la vida de SU primogénito, porque veía como todos habían literalmente corrido en la ayuda de SU hijo. Y él ¿él que podía hacer?. Nada, absolutamente nada. Observar como todo aquello sucedía no se contabilizaba entre las opciones de acción frente a una batalla, más cuando mirar le provocaba que aquel nudo en la garganta se apretara cada vez más.

Lily estaba preocupada por lo que podía suceder, enfurecida por estar de manos atadas, entristecida por la situación, agradecida del actuar de todos los presentes, y sin embargo, tranquila por la eventual muerte de alguno de ellos.

Se acercó hasta su esposo, a pesar de que no quería alejarse de Harry, y tomándole la mano lo desplazó hasta uno de los rincones.

- ¿Qué es lo que temes? –su mirada profunda le caló hasta los huesos a James.

Su esposo se quedó en silencio durante unos minutos, meditando por primera vez en aquella noche que es lo que sentía, hasta que al fin encontró la respuesta.

- No quiero que mueran antes de tiempo, pero sobre todo, y aunque suene extraño, no quiero que Harry nos acompañe todavía, y me angustia saber que no puedo hacer nada para evitarlo –finalizó con voz pausada.

- Cada uno tiene su tiempo, y lo que tenga que pasar, pasará, James. Lo importante es que estemos preparados para recibirlos. No temas por ellos, nosotros ya sabemos que la muerte no es el fin de la existencia.

- Tiene 15 años, Lily. –desde hace mucho que James Potter no se exasperaba, pero en ese momento su corazón no le permitía estar tranquilo- Quiero que conozca gente, que viaje, que se divierta ¡que se enamore! que tenga la vida de un adolescente normal, sin pensar en que la vida de otros depende de él.

- Y lo hará, James, confío en que tendrá esa oportunidad –puntualizó su esposa con la mirada fija en él, al momento en que una sonrisa se reflejaba en sus labios- Y si no es así, si muere ésta noche…

La iluminación constante de sus ojos verdes por un instante fugaz se opacó. Tomó aire en forma profunda y carraspeó para continuar, tenía que encontrar las fuerzas necesarias para hacerlo.

- Si eso ocurre –prosiguió con voz suave- estaré orgullosa de él, y feliz, porque él es feliz enfrentando a sus enemigos y no quedándose de brazos cruzados. Es igual a ti, James Potter.

- Lo sé –el tono de voz era ahora aún más angustiante- y a veces me hubiese gustado que se pareciese más a ti, o al menos tuviese un poco de tu sensatez.

- ¿James Potter hablando de sensatez?

- El amor cambia ciertas opiniones, Lils.

No pudieron seguir hablando, porque una voz comenzó a escucharse a lo lejos, y de pronto un grito hizo que todo se paralizara.

- ¡NOOOOOO! –gritaba desesperado Harry, mientras que James y Lily escuchaban una inconfundible voz grave y juguetona. "¿Hay alguien ahí?" "¿Por qué estoy acá, que sucedió?" interrogaba el hombre.

James abrió inmensamente los ojos. Una mezcla de alegría y tristeza aceleró los latidos de su corazón. No podía ser, su amigo, su compañero, su hermano… estaba ahí, nuevamente. Una lágrima explotó de su pupila, sin poder contenerse más. Se escuchaban los gritos de la gente, Harry corría desesperado, su amigo también comenzaba a desesperarse sin saber dónde estaba o cómo había llegado hasta allí, y James no sabía si acercarse a Harry o ir donde su amigo. Observó a Lily, quien tenía una mueca indescifrable en el rostro, que bien podía ser de tranquilidad o bien de perplejidad.

Tomados de la mano aún, en un segundo aparecieron a un lado de Harry, no querían dejarlo, querían acompañarlo e infundirle seguridad, pero sabían que en ese momento otro ser los estaba necesitando más.

Cerraron los ojos para poder caminar hacia la voz lejana, y al avanzar unos pocos pasos, notaron el cambio de ambiente. Estaban en un lugar oscuro, con piso empedrado, cuyas paredes parecían difuminarse en los contornos. Al frente estaba Sirius, con el rostro de un joven de 20 años y la ropa de un muggle que se preocupa de estar a la última moda.

- ¿James? ¿Lily?... el arco era un traslador –La voz de Sirius era cada vez más dudosa- ¿Qué… está… ocurriendo?.

- No era un traslador, Sirius.

Fue Lily quien intentó aclarar las cosas, pues siempre era ella la que se hacía cargo de las situaciones difíciles, la que dirigía el barco cuando todos estaban a punto de caer por la borda. James aún estaba sin palabras, con las pupilas cada vez más húmedas y brillantes, pero sabía que debía reaccionar, él era el anfitrión ésta vez, debía acoger a su amigo como siempre lo había hecho.

- Sirius Black, de nuevo reunidos. ¿Pensaste que te habías librado de mí tan fácilmente? –la voz de James sonó fuerte y clara, parecía tan seguro de si mismo como siempre, en especial por la sonrisa de medio lado que logró reflejar en su rostro. A pesar de ello sonó muy extraña a los oídos de Sirius, quien no la había escuchado en años.

- Así que estoy muerto –comentó el aludido como quien comenta el tiempo que habrá al día siguiente, con voz monótona y sin un solo gesto que evidenciara sus emociones.

Silencio. Las miradas de las tres almas se cruzaron tratando de descifrar lo que estaban sintiendo las otros dos.

- De modo que así se siente –el recién llegado se estaba tomando las cosas con liviandad, tal como había hecho con todas las cosas en su vida- claro, si es que esto es sentir. –Ninguna expresión en las líneas faciales, nada que delatara ni uno solo de sus pensamientos, por el momento. –¡Ven acá cuatro ojos engreído! -Sirius se abalanzó sobre James abrazándolo estrepitosamente, con una sonrisa de lado a lado en el rostro. –¡Y tu también zanahoria!.

Lily se acercó al par de adultos que se abrazaban revolviéndose el cabello como niños juguetones, prorrumpiendo en carcajadas. Estaba feliz, no podía ser ajena a la alegría que emanaba de ambos merodeadores reunidos, quienes lloraban ruidosamente, quizá por una extraña mezcla de tristeza y felicidad, con certeza con una sensación que ninguno de ellos podría explicar.

Pero había una preocupación que el corazón de Lily no podía olvidar ni dejar de lado, y por ello al concentrarse en su hijo, la imagen que los envolvía se fue desvaneciendo hasta que se encontraron en un amplio salón en cuyo centro dos magos de enfrentaban a muerte.

Se posicionaron detrás de una estatua que protegía a Harry, todos a su lado, con las palmas sobre sus hombros para infundirle apoyo. Estaban tranquilos, pues con Dumbledore cerca nada malo podía sucederle a él. Sin embargo en el momento en que Voldemort penetró en el interior de Harry, James y Lily sintieron que mil agujas le clavaban cada uno de los miembros. Se arrodillaron junto al chico, y acariciándole las mejillas, comenzaron a susurrarle palabras de amor, frases con ternura que todo padre y madre dedica a su hijo en algún momento de su existencia, y que ellos no habían alcanzado a pronunciar.

Los pensamientos de Harry comenzaron a sonar como tristes notas musicales. "Que detenga este dolor…que nos mate. Termina ya, Dumbledore. La muerte no es nada comparada con esto…Así volveré a ver a Sirius."

El mencionado no pudo evitar derramar lagrimones desconsolados, era tan doloroso ver al chico en ese estado y no poder ayudarlo. Lo abrazó, lo zarandeó, lo tomó entre sus brazos murmurándole que reaccionara, que no se dejara vencer, mientras James y Lily entonaban la canción de cuna que habían inventado para él cuando era tan sólo un bebé.

"La luna apareció, y el brujito de ojos verdes la admiró

Junto a sus padres se acurrucó, y así fue como durmió

Respira hondo y seguro, que aquí estoy yo

Para velar por tus sueños, mi dulce volador"

El vestíbulo comenzó a inundarse de voces, y en ese momento sucedió lo que más tarde Dumbledore narraría como "el momento en que Harry se llenó de amor". La criatura roja que abrazaba por dentro al chico, no tuvo más opción que abandonarlo, y sólo en ese momento James Potter pudo respirar con tranquilidad. Lily Evans y Sirius Black sonreían a su lado, porque una vez más el chico había sobrevivido, y aunque no podían hablarle ni tocarle, observarlo y saber que el chico los amaba era más que suficiente para ser felices desde la muerte.

N/A: Este fue uno de los momentos que más me emocionó de toda la saga, y por ello deseaba escribirlo al principio, aunque me costó mucho plasmar la mezcla de sentimientos que debían sentir Lily y James con la situación. Me gustaría saber si así se lo imaginaron también, o si me estoy alejando mucho de lo que pensarían los personajes.

Espero que les haya gustado, realmente fue difícil escribirlo, jeje.

Tanto por si o por no, dejen Reviews, ya saben que con sus mensajitos alimentan las ganas que impulsan al escritor.

¡Nos leemos!