Capítulo 2: Hermione.

-¡Eres un desconsiderado, Harry Potter!-gritaba con desespero una joven mujer al borde de las lágrimas.

-¿Por qué?

-¡¿Por qué!? Encima preguntas porqué…

-¡Claro, no entiendo tus reclamos!-respondió el joven dando un gran grito de desesperación.

-Te pasas todo el día metido en tú trabajo, cuando sales pasas por esa maldita chocolatería y te quedas rato allí dentro, sabe Dios haciendo qué… ¡Y por casa no pasas nunca! Solo para dormir-las lágrimas surcaban ya el rostro de la chica.-Estamos a punto de casarnos y ni siquiera me ayudas un poco con los preparativos.-concluyó sentándose en la alfombra junto al fuego de la estufa.

Harry no supo que decir. Pero era cierto, no hacía otra cosa que ir a visitar a los Weasley. Le encantaba pasar el tiempo con ellos, le encantaba ver como preparaban las diferentes cosas con chocolate, era muy dulce pasar el tiempo allí. Además, siempre lo escuchaban, siempre estaban para él, desde que habían llegado al pueblo, desde hacía ya 3 meses, siempre apoyándolo, se habían vuelto como su familia. A tal punto que se había olvidad que se casaría en un mes…

-Perdona-susurró Harry acercándose a la chica.

-No, no hay perdón, Harry.-Joanne rodeaba sus rodillas con sus manos como una pequeña con miedo.-No lo hago mala, Harry. Yo te amo y lo sabes.-dirigió su lindo rostro hacia el de Harry.-Yo solo quiero hacerte feliz, pero si no puedo… quiero que lo seas.-mientras acariciaba el lindo rostro de su prometido con un poco de miedo a sus palabras.-Piénsalo bien… ¿De verdad quieres casarte conmigo?

Harry quedó petrificado con aquella pregunta. Nunca se hubiese imaginado que su Joanne le dijera eso. Nunca.

-Necesito salir.-susurró Harry.

-Bien.-Joanne agachó la cabeza en señal de desconsuelo.

Ginny estaba muy concentrada ordenando todas las cosas con su varita. Habían pasado media hora y ninguna de las posiciones en que colocaba las cosas le gustaba. Resignada se sentó un rato en uno de los bancos del mostrador y miró por la ventana.

Afuera para en la vereda había una mujer que miraba atentamente hacia adentro. Ginny la observó con detalle y pudo ver que era una mujer joven, pero que la ropa que vestía y lo mal tratada que se veía la envejecía. La muchacha no la miraba a ella, sino a los chocolates que recién habían salido de la cocina. Ginny supo entonces que la mujer los deseaba.

La pelirroja se paró de su asiento, cogió una pequeña canastita y conjugando un hechizo la envolvió para regalo. Muy lentamente y con una sonrisa en la boca salió y se enfrentó a la mujer que se asustó al verla.

Era de mediana estatura. Con unos ojos que se veían muy tristes, su rostro era un poema, hermoso, pero mal tratado. Su cabello lleno de rulos sin definir haciendo que pareciera una maraña. Su cuerpo estaba un poco encorvado haciendo que pareciera sumisa. Tenía unos moretones en el rostro como si le hubiesen pegado. Tuvo la impresión de que esa mujer no la estaba pasando nada bien.

-Hola.-saludó con una enorme sonrisa, Ginny.

-Ho…hola-respondió en un susurró con un poco de miedo.

-Toma.-Ginny extendió la mano y le entregó la cajita de regalo con chocolate adentro.

-¡No!

-¿Por qué? Es solo un regalo.-insistió la pelirroja.

-¡Debo irme!

Ginny quedó totalmente anonadada con el comportamiento de aquella mujer. ¿Qué le sucedía?

-¡Harry! ¡Harry!-Ginny lo vio pasar por la vereda de enfrente a la chocolatería y no dudó en llamarlo.

El muchacho solo saludó y siguió su camino. ¡Qué diablos le estaba pasando a la gente en ese pueblo! ¿Acaso no le gustaba que la gente le prestara la más mínima buena atención?

Sin entender absolutamente nada entró a la chocolatería porque estaba empezando a nevar y se agarraría un buen resfriado.

-¡Ron! ¡Ron!

-¿Qué, Gin?-gritó también el muchacho desde la cocina.-Ven hasta aquí.- Ginny de mala gana se arrimó hasta la cocina.

-Ron, ¿no sabes que le pasa a Harry?-preguntó Ginny a su hermano, mientras este cortada con mucha delicadeza capas de chocolate blanco.

-No, ¿por?

-Porque pasó por la vereda de en frente, le grité y solo me saludó.

-Andaría apurado, Gin.-contestó su hermano con dulzura sin dejar su tarea.-No siempre va a tener tiempo para venir.

-Pero…nada.-Ginny no supo porqué pero sintió un nudo en su garganta, como de angustia al pensar en Harry.-Y no sabes nada de una mujer que tiene el pelo enmarañado y es bastante rara.

-Ni idea de lo que hablas.-Ginny se acercó hasta su hermano y tomó un cuchillo y empezó a cortar las capas de otro chocolate.

-Me pareció bastante rara, estaba mirando los chocolates desde la ventana y cuando salí a convidarla con algunos se fue como asustada.

-No lo sé… pero déjate de preocupar tanto por la gente.-sonrió su hermano con cariño.-Siempre igual tú…

Los días pasaron y las cosas siempre igual, se vendía bien, la gente era muy amigable. Ginny volvió a ver a esa extraña mujer un par de veces más y siempre anda igual, como decaída, cabizbajo.

En uno de esos días la pelirroja decidió hacer algo…

-Ya vengo, Ron-dijo rápidamente Ginny mientras se abrigaba y tomaba la pequeña caja de regalo con chocolates dentro que había preparado para la extraña mujer.

-¿A dónde vas?

-Ya vengo.

Salió a la calle poco transitada y siguió a la mujer que se dirigía con paso rápido hacia algún lugar no bastante alejado de allí. Ginny observó que había entrado a una especie de taberna bastante rara a donde las mujeres no solían frecuentar. Lo dudó un poco pero entró también allí.

El aire estaba viciado por el humo de los cigarrillos, había unas pocas mesas en donde había hombres muy ebrios jugando a las cartas, otros estaban en la barra totalmente dormidos sobre ella. Estaba un poco deteriorado el lugar y se veía que no era ambiente para una mujer ni para un hombre con dos dedos de frente. Trató de disimular un poco, pero los hombres la vieron enseguida y la acechaban como lobos hambrientos. Un que estaba muy borracho se acercó a ella y la tomo de brazo obligándola a girar hacia donde él estaba. Por poco no la besó, pero que alguien lo empujó y la llevó a ella a una especie de habitación.

-¡¿Qué hace aquí?! ¿Acaso está loca?-dijo una voz dulce a su espalda.

-¡Mil disculpas! Yo no sabía que esto iba a suceder.-Ginny se dio la vuelta y se encontró con esa mujer que tanto le había llamado la atención, se encontró con esos ojos llenos de angustia, apagados.-Mi nombre es Ginny.-concluyó con una sonrisa.

-Me llamo…

-¡HERMIONE!-una voz gruesa y ruda provino desde el fondo.

-¡Debe irse! ¡Debes irse, señorita!-de pronto se puso muy nerviosa, como si estuvieran a punto de matarla.

-¿Qué sucede?-Ginny poco a poco iba entendiendo la situación de esa mujer.

-¡Debe irse!-seguía diciendo la mujer cada vez más desesperada.

-Le pega, ¿verdad?-la muchacha se calló y dirigió su mirada hacia el suelo.- Le pega! ¿Verdad?-Ginny tomó el rostro de Hermione y lo levantó, le dedicó una hermosa sonrisa y le entregó el regalo que le traía.-Es para ti.

-Gr…gracias.-murmuró.

-¡HERMIONE TE ESTOY LLAMANDO!

-¡YA VOY!-vociferó la morocha.- ¡Debe irse ya!

-Ya sabe donde encontrarme, la ayudaré se lo prometo.

-¡Debe marcharse!-Hermione la tomó de la mano y la llevaba hacia la puerta.

-No deje que él lo haga de nuevo, no lo deje.-Hermione ya la había dirigido hacia fuera.- ¡Ya sabe donde encontrarme!-Hermione le cerró la puerta en la cara y se marchó a paso veloz hacia donde ese hombre la llamaba.

Ginny estaba totalmente conmocionada, quería ayudar a esa mujer, pero si ella no se lo permitía no podría hacer mucho. Después de todo cada uno es dueño de sus actos. Le había caído muy bien esa chica. Si ella se lo pedía la ayudaría sin duda alguna, aunque Ron la regañara por ser como es.

De tan concentrada que estaba en sus pensamientos no se había dado cuenta de que ahora estaba parada frente a la plaza del pueblo y que ya era de noche y que estaba haciendo un frío enorme.

-Te vas a resfriar si sales así a la calle-Ginny se dio vuelta de inmediatamente y sonrió dulcemente al ver quien era el que le hablaba.

-La verdad no me había dado cuenta que tenía frío.-sonrió.-pero como al parecer tengo a alguien que me cuida no me preocupo demasiado.-Ginny besó el rostro de Harry en señal de amistad, pero muy dentro suyo sintió como todo daba un vuelco.- ¿Vienes a casa y tomamos unos chocolates calientes de Ron?

-No creo que pueda, Gin.

-¡Dale, vamos!-empezó a rogar como una niña pequeña.

-Está bien, pero solo un ratito porque Joanne me espera.-Ginny no supo porqué pero al escuchar el nombre de aquella mujer le produjo como un nudo en la garganta.

-Bien, vamos.

Ya dentro de la chocolatería había un calorcito rico, y más al acercarse a la estufa que Ron había prendido seguramente. Ginny dejó todo el abrigo que llevaba sobre una silla y quedó solo con un pantalón y un buzo que le quedaban muy bien. Harry no podía dejar de observarla, a tal punto que Ginny se dio cuenta y se ruborizó tanto como su cabello. Por suerte en esa situación tan embarazosa apareció Ron con la cara llena de chocolate, quedaba muy gracioso.

-¿Qué te pasó, Ron?-preguntó Ginny muy divertida.

-Se estropeó la máquina esa que inventé hace unas semanas y cuando estaba terminando de hornear unas tartas explotó y me dejó así.-habló con una voz muy irritada.

-No te preocupes quedas muy sexy.-bromeó Harry.

-Ja, ja… muy gracioso te crees.-dijo un poco enojado.-Voy hasta la casa de Dean a que me preste algunos libros de reparación.

Ginny y Harry se descostillaron de la risa al darse cuenta de que Ron había salido a la calle sin limpiarse la cara y seguramente mucha gente se reiría de él y como consecuencia vendría con un humor de perros.

-Bien, como mi hermanito no está voy a necesitar tú ayuda para preparar el chocolate caliente.-dijo Ginny dirigiéndose a la cocina.

-¿Yo? ¿Qué puedo hacer yo para ayudarte? No debe haber persona más inútil para la cocina en esta vida que yo.

-No te preocupes va a salir bien.

Los dos se acercaron a la gran mesada donde había todo tipo de artefacto para cocinar, muchas cosas que a simple vista parecían inútiles pero según Ginny eran las cosas que más los ayudaban.

-Bien, tienes que ayudarme a moler este cacao.-explicó Ginny a un perdido Harry en la cocina.-Tomas esto.-Harry no supo que era lo que tenía en las manos, pero era como un palo de madera que en la punta era chato.-Luego en ese especie de vaso debes apretar fuerte con este palito al cacao y molerlo.-

-Espero hacerlo bien.-sonrió Harry.

Los dos estaban muy entretenidos moliendo el cacao, hablando de muchas cosas, divertidas, serias, en fin, muchas. En uno de esos tantos juegos a Ginny se le cayó un poco de cacao al piso y cuando lo fue a levantar se chocó contra Harry quedando muy poca distancia entre ellos dos; lo cual ocasionó una situación lo bastante embarazosa. Harry no supo porqué tonta razón, pero tomó a Ginny por detrás de la nuca y rompió la distancia que había entre sus labios. Fue una sensación de bienestar mezclada con confusión. A ninguno de los dos les importó si en ese momento aparecía Ron, o si el mundo se venía a bajo. Harry por un instante se olvidó de que estaba comprometido y a punto de casarse y se abocó a gozar de ese momento que muy pocas veces en la vida había sentido. Para Harry los labios de Ginny eran hermosos, dulces y suaves, como ella, como el chocolate…

Se tocó sus labios, recordando ese primer roce que había tenido con su pelirroja. Había estado en la gloria, había sido él una vez más.

Justamente en ese lugar había sido, junto a esa gran mesada. Y tal y como había pasado en ese momento un ruido lo desconcentró.

La puerta era golpeada fuerte y desesperadamente, quien fuera que la golpeaba no estaba muy tranquilo que se diga. Ginny se separó de improviso de Harry rompiendo ese momento que tanto le había gustado. Lo observó con otros ojos, lo observó como preguntándole "¿y ahora que sigue?".

La puerta volvió a ser golpeada con fuerza y Ginny no esperó más y fue hacia ella. Al abrirla se encontró con aquella muchacha de la taberna: Hermione. Estaba colorada de cara a pesar del frío que hacía y muy agitada como si hubiese corrido mucho. Ginny sin preguntarle nada la hizo pasar. Notó que llevaba un bolso junto a ella, pero no le preocupó demasiado.

-¡Lo logré! ¡Lo logré!-decía Hermione con una sonrisa en su boca. Quedaba realmente hermosa así de alegre.- ¡Lo logré! Me fui, no lo quiero ver nunca más en mi vida.-Hermione parecía en el cielo, saltaba por todas partes. Ginny no podía hacer otra cosa que observarla y reír junto a ella.-Ya nunca más me volverá a poner una mano encima, ya nunca más volverá a gritarme borracho.-Hermione se detuvo frente a Ginny y la observó con cariño.-Gracias.-susurró.

-No, todo el logro es solo tuyo.-sonrió Ginny a la vez que limpiaba algunas lágrimas que caían del rostro de Hermione.-Puedes quedarte aquí todo el tiempo que quieras.-le dijo Ginny.-Me vas a ser útil porque nos vas a ayudar mucho con la chocolatería.

-¡Gracias! ¡Muchas gracias!

Ginny dirigió su mirada hacia la cocina y Harry estaba apoyado en el marco de la puerta con sus manos en los bolsillos, observando la situación con una cara de sorpresa. Ginny le sonrió y este le respondió con el mismo gesto, pero inmediatamente su cara se volvió totalmente gris. ¡¿Qué demonios estaba haciendo?! ¡Se suponía que debía estar en su casa con su mujer! Ginny lo notó y bajó la mirada con una tristeza absoluta, como si estuviera resignada a eso. Todo aquella alegría se había esfumado al darse cuenta que Harry no era suyo y que nunca lo iba a ser.

Hermione volteó su mirada hacia donde Ginny la tenía clavada hasta hacía unos segundos y se encontró con ese apuesto hombre que ella conocía de toda la vida: Harry.

-Debo irme.-dijo Harry cuando pasó por al lado de las dos mujeres.-Adiós.

-Adiós.-dijo Hermione sin entender la actitud de ambos.

-Ven.-dijo Ginny con una vos triste y aún mirando por donde se había retirado ese hombre que le había causado ese sentimiento tan lindo pero innecesario.-Te voy a mostrar donde dormirás.

¡Él la había dejado ir! ¡Él era el culpable de todo lo que le estaba pasando! ¡Él y nadie más que él! Con resignación se sentó en el piso de aquella cocina que tantos recuerdos le traía, en el piso de esa cocina donde el cacao molido y todas las cosas de las cocinas los habían observado.

¿Algún día la volvería a ver? ¿Algún día vería volver esa melena roja corriendo hacia sus brazos? ¿Algún día la volvería a besar? ¿Algún día le volvería a hacer el amor? Pero eso es historia.

¡Hola! Muchas gracias por haberme dicho esas cosas tan lindas, me emociona de verdad.

Este capítulo va dedicado a Mariana: Tú sabes muy bien que te quiero.

Gracias y espero que les guste este cap. Nos vemos en el siguiente.

Suerte a todos.

Male Weasley: Muchas gracias por haberte molestado en dejarme un review. Quiero que sepas que para mí es muy importante le opinión de la gente y le tuya me dejó muy contenta. Gracias y nos vemos…jeje

Haides: Muchas gracias. Espero que te siga gustando y que este capítulo sea de tú agrado. Muchas gracias.

Jazu Potter: Gracias, muchas gracias. Si es cierto que es raro ver a Harry con otra chica, pero bueno… je je… ¿Qué te pareció este capítulo? Desde ya gracias y espero verte de nuevo en la zona de review.

Bongio: Hola y gracias por dejarme el review, espero que sigas leyendo la historia y que te agrade este capítulo. Nos vemos en los reviews… BESOS Y SUERTE CON TÚ FICT.