AXEL

-Inspirada en la serie de Televisión: Dexter.

"Diálogos"

Pensamiento de Axel

CAPITULO I

Qué bien me siento tras asesinar asesinos… Debería de haber alguna palabra para definir cómo me siento tras hacer esto. El sentimiento es… Glorioso.

Aun seguía en mi coche de camino a casa. Edward, mi padre, solía levantarse temprano los viernes para llegar el primero a la comisaría. Después de todo… era el jefe. Supongo que fue gracias a eso el hecho de que nunca me faltara nada en mi niñez, e incluso ahora. Mi padre siempre ha querido lo mejor para mi, fue él quien pagó mi ingreso a la universidad. Lo que me gusta de él… es que, lo que conoce de mi, lo entiende. Es un hombre con el que puedo hablar y aprender, es un claro ejemplo de bondad… Demasiada bondad. Un policía ejemplar, eso si.

Aunque Edward se volvió tan bondadoso y bueno tras la muerte de mi madre, hace cinco años, que cosas ¿eh?

Hablando de eso… creo que su muerte también me afectó a mí. Me afectó para bien. Gracias, mamá.

Entré al fin en mi barrio, Armstrong Wall. Uno de los lugares más limpios de la ciudad. Casas bonitas, con sus jardines, garajes, patios… Muy bonito todo. Personalmente yo preferiría vivir en un apartamento, pero eso llegará pronto, cuando me independice.

Aparqué el coche frente a mi casa, justo donde lo tenía antes de usarlo esta noche, y me dirigí a paso ligero hacia el jardín trasero. Entrar por la puerta principal sería arriesgado, así que comencé a escalar usando los salientes y ventanas de la pared hasta llegar a la ventana de mi habitación que, por supuesto, estaba abierta tal y como la dejé. De un último impulso salté dentro de la oscura sala, de mi hogar.

Mi habitación… limpia y ordenada, amplia. Prácticamente vivo allí. Tengo un sofá frente al televisor, tengo mis libros, que son muchos, en mis estanterías, el ordenador en el escritorio, el armario de la ropa al lado de la ventana, y la cama con su respectiva mesilla al lado.

No hay más en mi habitación, no tengo adornos en las paredes, ni una videoconsola, ni figuritas de esas que les gustan a muchos. Mi habitación puede parecer… seca. Seguro que los demás chicos y chicas de la universidad tienen sus habitaciones totalmente adornadas con cualquier cosa, posters de famosos, chicas guapas, de todo. Pero yo no soy como los demás, eso está claro.

A mi me gusta mi cuarto tal y como está, con esa pared de color gris oscuro, y el suelo de parqué, de un color marrón claro.

Me quité los guantes y los guardé en el primer cajón del escritorio, comencé a quitarme las botas cuando de repente mi padre me sorprendió entrando por la puerta…

"Te pillé." Me dijo a la vez que yo me caía de culo por su inesperada aparición. "¿Estás bien?" Añadió al ver mi caída.

Mierda.

"Si, si. Es solo que… me has asustado. Yo…"

"Ya lo sé, me lo imaginaba. Tantas noches seguidas saliendo de casa por la noche y llegando más tarde aún entrando por la ventana… Lo sabía. Estás saliendo otra vez con esa chica, ¿verdad?" Su deducción me sorprendió más que su aparición.

"¿Con Sarah?" Pregunté aun desde el suelo, reincorporándome. Sarah fue mi primera y única novia, solo la quería para… Lo cierto es que no sé por qué salía con ella, no la soportaba. Supongo que para experimentar cosas nuevas.
"Si… Tendría que habértelo dicho, lo siento. Me escapo a su casa por las noches." Mentí a la vez que me levantaba finalmente, mirando a los ojos azules de Edward. Ojos que yo heredé.

"Tendrías que habérmelo dicho, sin duda. Sabes que no me importa que salgas con chicas, eres mayor y responsable, puedes hacer lo que quieras. Pero, hijo… intenta quedar con ella un poco más pronto, ¿quieres?" Dijo el hombre sabio mientras cerraba mi puerta con un "buenas noches" por delante.

Por un momento pensé que me había descubierto de verdad. Menuda sensación más extraña. Casi se me sale el corazón. ¿Esto se siente cuando estás a punto de ser descubierto por algo que no quieres que nadie sepa? Probablemente si. Pero no tengo de qué preocuparme, él solo conoce el lado bueno de su hijo. El lado mejor es todo un secreto.

Tras el leve susto, seguí desvistiéndome hasta quedarme en ropa interior y meterme posteriormente en la cama. No estaba muy cansado, pero lo mejor sería que durmiera un poco, lo cual… no me gustaba. Como dijo DaVinci, dormir es una perdida de tiempo. Tiempo que yo podía emplear para meterme en los archivos policiales de mi padre y seguir buscando criminales a los que asesinar. Aunque en ese momento tenía un objetivo más grande, toda un mafia… Astro.

Llevar una doble vida nunca ha sido demasiado fácil. No tienes tiempo para casi nada… Entiendo perfectamente a los superhéroes de las películas y comics. Ellos son como yo, la verdadera máscara es cuando se hacen pasar por personas normales… y solo son ellos mismos cuando castigan al mal, cuando desatan sus poderes sin temor. Admirable.

Entonces… ¿qué soy yo? ¿Un villano? No lo creo, pues mato a los malos. ¿Un antihéroe? Como… ¿Punisher? Héroes que matan. En fin, los hay de todo tipo…

Una vez tumbado en mi cama, metido entre las suaves sábanas blancas y negras, no tardé en conciliar el sueño. Cuando me quise dar cuenta ya había abierto los ojos de nuevo y contemplaba los rayos de Sol entrar por mi ventana. Me levanté y salí del cuarto, me paré en el pasillo y vi a Edward en el piso de abajo caminando hacia la cocina. Yo entré en el baño a darme la ducha de las mañanas. Me gusta quedarme bajo la ducha un buen rato… me relaja.

Al salir viene la mejor parte, algo que a mi me gusta mirar y observar. Tras secarme el pelo y rodear mi cintura con una toalla, me miro al espejo. Mejor aun, le miro a él… Al "asesino de asesinos". Pelo negro y corto, ceño fruncido por naturaleza, como si odiara todo, ojos de asesino… Al menos yo los veo así. Además tenían ese toque japonés, algo rasgados e inclinados. No lo había dicho, pero… mi madre era japonesa. Siguiendo la descripción del hombre que me gustaba mirar… Tenía la piel muy clara, parecía que nunca le hubiese dado el Sol, suave, labios carnosos de claro color también… Pero sin duda lo que más me gustaba era esa "primera impresión". Daba la sensación de mirar mal a todo el mundo, de estar enfadado por todo, de estar asqueado. Seguía mirando a ese hombre y me daba cuenta de que estaba en buena forma física, no me gustaría pelear contra él…

Bueno, basta de mirarme.

Oí los pasos de mi padre subiendo las escaleras hasta que llegó al baño, me aparté para que él se mirase al espejo y se acicalara como todas las mañanas hacía.

"¿Te afeitarás al fin?" Pregunté con tono alegre, burlándome de su barba descuidada.

"Me afeitaré cuando te peines". Respondió él mientras se untaba ligeramente los dedos de gomina y los llevaba a su canoso cabello para echárselo todo hacia atrás.

"Ya me peino, viejo, lo que pasa es que el peinado es así: Despeinado." Le aclaré finalmente. Siempre hacíamos esa broma, yo me quejaba de su barba y él de mi peinado.

Edward soltó una carcajada y salió del baño para dirigirse ahora a su cuarto y ponerse el traje. Como buen jefe de policía que era, vestía con un traje formal y corbata… A pesar del calor que hacía últimamente.

Sonreí. Es curioso pero solo con Edward me lo llegaba a pasar bien. Él era el único capaz de hacerme sonreír. Él es la prueba de que soy humano.

"Date prisa o llegarás tarde a tus clases." Me dijo desde su habitación.

Sus palabras me activaron como una alarma y seguí preparándome. Entré a mi cuarto y me vestí con unos pantalones vaqueros y una camiseta de manga corta azul, de calzado me puse mis zapatillas favoritas, las "All Star Converse".

Ya estaba preparado para ir al lugar donde más idiotas había visto en mi vida: La universidad Gisborne.

Aquel sitio no me gustaba para nada, allí conocí a esa chica que mencionó mi padre, Sarah. Toda una belleza, como casi todas las del lugar, pero era simple, no me entendía ni quería saber nada de mi. Yo solo era un novio atractivo del que alardear con sus amiguitas. Como ya dije, salí con ella para… experimentar. Fue costoso, pues las de su estirpe me dan asco, y socializar con la gente es algo que me cuesta mucho.

Supongo que es por eso que soy el "amigo de los pringados", los empollones, como también se les conoce. Todos ellos me consideran su amigo por el hecho de que soy "raro", como ellos… No les entiendo, ni me esfuerzo en hacerlo. Y creo que también me consideran su amigo porque tengo cierta tendencia a partirles la cara a los matones de la universidad; los que se aprovechan de los débiles. Mi padre me dijo una vez que un matón es un futuro delincuente… Así que de nuevo, y de algún modo, hago un favor a la comunidad.

Aunque por culpa de eso casi he sido expulsado en varias ocasiones, y también por culpa de eso han querido darme palizas o incluso matarme. Pero la gente conoce al jefe de policía Edward Sibley, y unos simples matones no se arriesgarían a matar al hijo de tan reconocido agente de la ley.

De todas formas, no les tengo miedo. Sé defenderme bastante bien…

Y lo que realmente me gustaba cuando luchaba contra esos primates, era que tenían miedo. Estaban experimentando lo que sentían sus víctimas gracias a mí. Les hice compartir sus miedos… Buenos momentos aquellos.

Ahora ya conocéis algo más de mí…

A diferencia de los superhéroes que fingen ser quienes no son cuando van de ciudadanos… Yo lo único que hago es ocultar el hecho de que mato criminales, el resto de mi… Soy yo.

No puedo fingir sonrisas, ni puedo hablar por hablar. Yo solo tengo la mitad de la máscara, la otra mitad es totalmente visible… Y no suele gustar.

Si supieran lo que esconde esa otra mitad, no quiero ni pensar lo que sucedería… lo que pensarían. Soy un asesino al fin y al cabo.

¿Soy bueno? … ¿Soy malo?

Cuando empecé a hacer lo que hago me hacía esas preguntas, ahora ya no… Porque no tengo la respuesta…

¿La tiene alguien?