Ja! ¡Ahí tienes internet desgraciado! Finalmente consigo que funciones, ahí va: la segunda parte.

Disclaimer: Inazuma Eleven GO no me pertenece.


Dream of Life

Segunda parte: Taiyō.

Por Blue-Salamon.


La primera vez que Taiyou lo vio…

Yuuichi era un joven de 18 años, edad en la que uno supondría estar teniendo su graduación de preparatoria y estar por dar el primer paso en el camino que lo guiaría a la proximidad de la vida adulta, tras comenzar los estudios universitarios.

Debido a su condición, el asunto de los estudios para el mayor de los Tsurugi, a esas alturas, era algo más parecido a otro de los muchos diferentes tipos de pasatiempos que excluían la habilidad motriz de las piernas y lo mantenían de alguna manera activo en su imposibilidad de salir y andar mucho por su propia cuenta; es decir, algo que en cuestión de priorización acababa en segundo plano con respecto a su salud.

En ese momento se encontraba en medio de la rehabilitación que le ayudaría a obtener de vuelta el movimiento de sus piernas. Su enfermero, quien lo cuidaba, había decidido dejarlo probar por si mismo dándole un poco de espacio, cosa que Yūichi agradeció de sobremanera.

El Amemiya se encontraba entonces haciendo uno de sus recorridos diarios, buscando no llamar la atención para conseguir salir del recinto. Estaba buscando una habitación en la que no hubiera nadie para poder esconderse, por que Fuyuka ya se encontraba tras su pista.

En ese momento, se asomó a la sala de rehabilitación en donde se encontraba el mayor de los Tsurugi dando su mejor esfuerzo.

Lo primero que hizo Taiyō fue ver cuantas personas había en el interior. Al reconocer al enfermero como uno de los más estrictos que conocía, estuvo a punto de darse media vuelta y dirigirse a la siguiente habitación, pero entonces su mirada cayó en Yūichi, cuando este dio un paso en falso y estuvo a nada de caer.

Tanto él como el enfermero reaccionaron soltando una muda exclamación de sobresalto, pero Taiyō no podía hacerse notar en aquel momento, por lo que simplemente se aferró al marco de la puerta como si él fuera a caerse en cualquier momento. El enfermero, por su parte, se acercó de inmediato a Yūichi, quien ya había conseguido volver a erguirse, aunque ahora su cuerpo estaba tenso.

—Tsurugi-san… —llamó el enfermero para preguntar si se encontraba bien, pero antes de que pudiera decir nada Yūichi alzó la cabeza.

Taiyō se llevó una sorpresa al verlo sonreír como si lo de antes no hubiera sucedido. Fijándose bien en sus ojos, Taiyō buscó algo así como miedo de forma inconsciente, pero no encontró nada que le mostrara que su sonrisa era falsa.

—Estoy bien, descuide —dijo Yūichi anticipándose a la pregunta que le haría, sin desaparecer ni un instante su sonrisa amable. Y entonces Taiyō sintió como algo en su pecho se encendía.

Taiyō estaba tan encandilado con aquella persona de la cual ni sabía su nombre, que su guardia bajó y no se percató de que por detrás de él Fuyuka ya lo había localizado.

Pero Fuyuka no dijo nada cuando vio a quien observaba: el joven Amemiya tenía un brillo especial en la mirada al verlo. Porque él nunca había conocido a alguien que tuviera un espíritu luchador tan incansable. A alguien que estuviera en sus mismas condiciones (encerrado en aquella cárcel de paredes blancas y ambiente tan deprimente) y que parecía realmente estar viviendo.

Taiyō lo notó en cada pequeño paso que daba y se sentía alegre de no ser el único así en el hospital.

Todos los demás pacientes siempre se veían completamente diferentes a él, muchos se veían tristes y cansados, ninguno tenía la intención de sonreír o luchar con sinceridad.

No le gustaba la forma en la que se pintaban ahí. Lo hacía sentir mal consigo mismo, como si él estuviera actuando de manera antinatural.

Taiyō pensaba que por lo menos la mitad de ellos no tenían que pasar por lo que él había pasado, porque la mitad de ellos no habían tenido que estar en aquel lugar desde incluso antes de cumplir los 4 años y no tendrían que estar el tiempo que todavía le faltaba a él por cumplir ahí.

Que Yūichi luchara y se mantuviera de esa manera tan distinta a la de los demás le causaba alivio y una gran alegría. Con solo verlo una vez, ya tenía ganas de conocer a esa persona a fondo, pero ese no sería el día en que lo hiciera, pues en ese momento sintió la mano de Fuyuka posarse en su hombro.

Taiyō supo lo que significaba aquello, sonrió con pena y se resignó a ser llevado de nueva cuenta a su habitación. Sin embargo, Taiyō no podía decir que había sido realmente una pérdida de tiempo, porque había conocido a aquel chico y ahora sabía que había alguien más como él.

Era probable que fuera unos cuantos años mayor, pero Taiyō ya se estaba planteando el comenzar a visitarlo. La cosa estaba en saber cómo y cuándo. Pues ahora que se detenía a pensarlo ni siquiera sabía como se llamaba y así se le complicaría saber en que habitación estaba.

Bueno, ya después arreglaría eso, tenía todo el tiempo del mundo y el hospital no era realmente un lugar muy grande.

Después… ya sería después...


Cisne-chan: vuelvo a ponértelo que esto es para ti, no causas ninguna molestia y también que quería escribir de ellos así que:

Happy-happy birthday :D