Bueno aquí esta el segundo capitulo, ya comenzamos a ver a Johanna con sus planes malignos jajaja bueno espero les guste mucho y dejen su review, THG y los personajes de esta trilogía que aparecen en esta historia son de S.C. y la trama y otros personajes son completamente míos.

ESTE CAPITULO VA DEDICADO A #CarolineOnFire ADMINISTRADORA DE Orgullosamente Tributo POR SER SU CUMPLEAÑOS FELICIDADES PASATELA SUPER TE LO MERECES


_ 2 _

No estoy muerta, al menos no todavía.

Toda mi vida pasa frente a mi, es como si pequeñas burbujas flotaran frente a mis ojos con cada una de mis vivencias y recuerdos atrapados en su interior, aquellas cosas que creía haber olvidado son mas claras que nunca.

Recuerdo mi primer cumpleaños, cuando plantamos un árbol de manzanas en el patio de atrás, el rostro amable de mi padre y su sonrisa hermosa.

Recuerdo también la enfermedad que lo consumió, su muerte cuando yo solo tenia doce años y el nacimiento de mi hermano una semana después.

Recuerdo cuando vi a Alfonso por primera vez, en el funeral de mi papá.

Nuestro primer beso en el bosque y cuando conocí a su familia, incluyendo a Madison quien fue elegida poco tiempo después para ir a los Juegos.

Rememoro los Juegos de ella con claridad, como soltaron a esos veinticuatro niños en un paramo helado, sin arboles, comida o agua, sin protección alguna y directo a su muerte.

Pero son la palabras de Darian, esas simples palabras las que retumban en mi cabeza, "nunca nadie nota a las lloricas", palabras dichas sin malicia, solo por vanidad, pero que para mi significan mucho mas que solo eso, significan esperanza.

Es una frase a la que puedo y debo aferrarme si quiero seguir con vida, porque es lo que planeo hacer, sobrevivir y regresar a casa.

Para abrazar de nuevo a mi madre, ver los ojos de mi hermana, oír la risa de mi hermano y besar los labios de Alfonso. Quizá llegue a parecer débil y necesitada, pero será mi estrategia, pasar desapercibida a base de llanto y tener un truco bajo la manga.

Es entonces, cuando caigo de rodillas y rompo a llorar, sollozo incontrolablemente mientras las lagrimas resbalan de manera veloz por mis mejillas, que deben estar sonrosadas.

A cualquier tributo que me vea, le pareceré débil e inofensiva y antes de empezar me habrán descartado.

Ante los espectadores, tanto de los distritos como del Capitolio, yo seré una niña boba que se esta derrumbando, pero para mi, este llanto son cimientos fuertes sobre los que se construye una nueva Johanna, este llanto no es el agua que apaga mi vida, estas lagrimas, son el combustible que puede hacer que la chispa de mi esperanza pueda arder, provocando así un incendio que termine de una vez por todas, con la opresión.

Dos agentes de la paz me ayudan a levantarme mientras sigo gimoteando sin control, lo hacen suavemente con cuidado de no lastimarme, me dan miradas alentadoras y compasivas.

Son personas crueles que azotan y ejecutan, y ahora están conmovidas por una simple chica del Distrito 7, así que quizá, solo quizá no sean realmente tan malos como la mayoría de las personas pensamos.

Entonces escucho sus gritos y el corazón se me encoge, quiero decirle que todo estará bien que esto es solo una actuación y que todo esta fríamente calculado, anhelo sostener sus rostro y decirle que no me perderá a mi también, pero no puedo y eso me desgarra el alma.


Era una tarde lluviosa, mi hermana decía que las nubes lloraban porque el cielo estaba triste, pero esta vez no solo el cielo, sino toda mi familia.

Hace varios meses que mi padre estaba enfermo, al principio pensamos que estaba resfriado, pero después, sus mejillas comenzaron a ponerse huecas, su cabello a perder brillo al igual que sus ojos marrones idénticos a los míos.

El diagnostico del medico me había confirmado lo que yo temía, mi padre estaba muriendo.

No había nada que nosotros pudiésemos hacer, solo las medicinas del capitolio podrían curarlo y esas son inaccesibles para personas como nosotros, de un simple distrito que solo produce madera.

Ese fue solo el comienzo, pero la parte verdaderamente fea vino después, se habían hecho llagas en su piel que supuraban pus después de unos días, su nariz sangraba y hasta el respirar le causaba dolor.

Yo me tuve que encargar de el, mi madre estaba embarazada y mi hermana aun era pequeña.

Yo lo cuide y trate de darle ánimos para que siguiera luchando y no nos abandonara, pero eso no fue suficiente ya que su corazón se rindió dejándome así mas sola que nunca.

Un virus, dijo el doctor, una infección dijo mi madre, pero lo mas preocupante fue lo que dijo aquel señor con el rostro surcado de arrugas y el cabello lleno de canas que demostraban su edad avanzada.

– Niña – me dijo cuando pasaba por un lado suyo – tu padre no mejorara –.

– ¿Solo porque usted lo dice? – dije con un grito, estaba furiosa y al mismo tiempo me sentía abatida.

– Claro que no, pero su enfermedad no tiene cura, la llaman la Enfermedad de los Rebeldes –.

– ¿Por qué? – dije ya llena de curiosidad.

– Porque cuando luchábamos por la libertad de Panem, había infiltrados, que se encargaron de llenar las bebidas con ese virus, solo unos pocos no enfermaron, pero la mayoría lo hizo y después de unos meses murió, no era contagioso, ellos no querían arriesgarse –.

– Mi padre no tiene esa enfermedad – asegure con voz titubeante.

– ¿No? Pues yo creo que si, la pus, el sangrado, las llagas, el dolor abrazador cada vez que intenta hacer un movimiento, incluso respirar le cuesta. – tose un poco y sigue hablando – después comenzaran a rompérsele los huesos sin explicación, el cabello se le caerá y quizá después morirá de un paro cardiaco, pero si no lo hace tendrá que soportar las ampollas que se le formaran en las plantas de los pies y en las palmas de las manos –.

– En los libros de historia no se dice nada de eso –.

– Claro que no niña, el Capitolio solo cuenta lo que lo hace parecer bueno y piadoso, pero algunos de nuestros ancestros quienes sobrevivieron a la rebelión sabían la verdad y la han contado, pero ellos quienes nos vencieron, solo cuentan mentiras e historias falsas, ¿cómo crees que se gana una guerra? ¿dialogando? No, se gana peleando, y en el caso del Capitolio, haciendo trampas y quitando de su camino, todo aquello que le estorba –.

– Usted esta completamente loco –.

– Claro, como quieras, solo después no digas que no te lo advertí –.

Y me fui, llorando y rogando para que lo que aquel anciano me había dicho no fuese real, queriendo creer que era solo un viejo chiflado y que no valía la pena escucharlo, pero que equivocada estaba.

Paso lo que el había dicho, un día mientras el sostenía la cuchara con la cual estaba comiendo, un crujido y un grito saliendo de sus labios alteraron la hora de la cena, su brazo estaba roto.

Así siguió pasando muchas veces mas, primero una pierna al moverla, después una mano al hacer una seña, un hombro ante una caricia, su pelo también se cayó, poco a poco, día tras día una almohada llena de cabellos castaños.

Entonces empecé a desear que el dejara de luchar, porque lo que probablemente venía era mucho peor, pero nunca se lo dije.

Siempre seguí dando ánimos y aun así siempre creí que el sabía que era lo que yo anhelaba. Mis deseos se cumplieron su corazón dejo de luchar, de latir y así el murió de un paro cardiaco tal como aquel que creí un loco lo había dicho.

El día del funeral, lo había visto ahí, elegante y vestido de negro tenía trece años, solo un año mas que yo e igualmente había parecido fuerte.

Mi tristeza no me había impedido ver su belleza y galanura, nuestros ojos se cruzaron y fue en ese día tan triste que todo comenzó.

El dolor me había cegado haciéndome pensar que ese era el fin, pero el y su cariño incondicional me habían quitado la venda de los ojos demostrándome que mas que el fin, era el principio.


– Johanna –.

El ha dejado de gritar, ahora esta frente a mi y su voz es solo un susurro, un lamento cargado de dolor y de perdida.

Rodeo su cuello con mis brazos y beso su mejilla olvidándome de las cámaras y las personas que me están viendo, de mis ojos se derraman mas lagrimas, tan saladas como siempre, pero estas son diferentes, han cambiado por completo ya que por primera vez en el día estas son verdaderas y no solo parte de una actuación.

Dos agentes de la paz nos separan y me escoltan a los escalones, después hago mi camino sola hasta llegar al lugar del tributo femenino, mi lugar, donde todos me verán, donde mi actuación debe ser aun mas convincente que nunca.

– Vamos Johanna, no llores eres muy bonita, además iras al Capitolio – dice Ditriana.

Ella esta tratando de tranquilizarme, lo que hace que mis sollozos se hagan mucho mas fuertes, me da una mirada compasiva y exasperada al mismo tiempo, para después volver a componer el rostro y poner la sonrisa mas radiante que puede.

Pide voluntarios, pero no hay nadie dispuesto a ponerse en mi lugar.

Así que toca con sus manos su cabello y va hacia la urna de los chicos, para después repetir el mismo procedimiento anterior hasta encontrar una papeleta que le gusta.

Solo puedo esperar que no tenga tan mala suerte como para que Alfonso sea elegido también, pero gracias al cielo no sucede eso, sino que el nombre es diferente.

Es Maximiliano James.

No puedo creerlo, es el, genial al parecer mi mala suerte no demasiado grande.


Fue hace unos meses, en el colegio, Maximiliano o Max como suelen llamarlo sus amigos, estaba fuera del colegio cuando pase yo.

Traía un vestido de color amarillo ya que era día de clase de artes y me gustaba ir guapa, al pasar frente a el y todo el montón de sus estúpidos secuaces comenzaron a silbar.

– A donde vas Johannita, una chica tan guapa no debería ir tan temprano a su casa – dijo el.

Yo seguí mi camino ignorando por completo su comentario tan estúpido, pero el me alcanzó y tomo mi brazo demasiado fuerte haciendo que mis ojos se llenaran de lagrimas y mi boca formara una mueca de dolor.

– Vamos Johanna solo quiero ser tu amigo, porque no vienes conmigo y jugamos un juego –.

En ese momento me di cuenta de sus intenciones y trate de zafarme, pero era casi imposible.

El me atrajo aun mas hacia el, yo sentía su aliento asqueroso en mis rostro cuando el trato de besarme en los labios y me resistí, así que en vez de ir a mi rostro fue a mi cuello y con su mano derecha bajo un tirante de mi vestido.

Ahí fue cuando le di un buen golpe que hizo que me soltara y al mismo tiempo, Alfonso iba saliendo así que me defendió dándole una paliza a ese idiota.

Pero a pesar de que no se volvió a acercar a mi gracias a esa golpiza, en mi mente aun estaba grabado ese día, tan grabado que no me volví a poner ese ni ningún otro vestido amarillo.


Una vez mas Ditriana pide voluntarios y una vez mas nadie quiere ocupar su lugar, realmente no los culpo, ofrecerse sería un suicidio, además de que obviamente este mundo sería mucho mejor sin un gusano como ese.

Si alguien se ofreciera seria porque en verdad no le quedan ganas de vivir, pero al parecer el día de hoy no hay tan deprimido como para evitar que ese idiota vaya a la arena y yo estoy realmente agradecida.

El Alcalde termina de leer el Tratado de la Traición durante el cual no dejo de llorara ni un solo minuto, después hace que Max y yo nos demos un apretón de manos.

Su mano tiembla un poco pero la mía es firme y yo furiosa por su rostro de satisfacción al ver mis lagrimas, sonrío casi imperceptiblemente y alzo una de mis cejas tratando de decirle con mis gestos "¿En verdad te lo creíste?"

Al parecer el me entiende ya que la sorpresa se abre paso en su rostro suplantando su estúpida pequeña victoria personal.

Quizá ahora soy cruel con el, pero al menos así una persona sabrá que no soy completamente débil y, que mejor que mi rival, además nada de esto me pone en peligro pues si el intentara algo nadie le creería realmente.

Me doy la vuelta para ver a la multitud y para que ella me mire tan débil como planeo mientras el himno suena sin que yo de una pausa a mis gimoteos.

Max me mira de reojo y veo furia porque solo el sabe que estoy engañando a todo el mundo y que quizá lo hubiese engañado a el de no ser por mi insinuación.

«Bien – pienso – hay veinticuatro tributos y aunque me haría parecer una traidora, me encantaría matarte.»

Empiezo a pensar que quizá mi compañero sepa leer la mente ya que en vez de mirarme furioso me mira asustado y aunque el día ha sido una completa desgracia, creo que al fin tengo buena suerte.

«Max, esto va por mi vestido amarillo.»

Y antes de que el himno acabe, de mis labios sale una risa irónica y cruel, que nadie excepto el escuchara.


¿Qué les pareció? ¿tomatazos y abucheos?, ¿ovaciones y azucarillos? dejen su review y digan que onda por favor y espero les guste besos y un azucarillo un pan quemado para ustedes.