Bueno, aquí está el segundo cap. Espero que les guste y que sigan dejando sus reviews. Por cierto, a partir de ahora todo será desde el punto de vista de Santana, y tal vez algunas veces del de Brittany, me parece que todos merecen saber lo que esta pensando la latina, ¿no?

Declamaciones: No... Glee sigue sin ser mío. Lamentablemente.

Ninguna advertencia, todos los errores son míos, blablabla. Disfruten.


Capítulo 2 – El pasado siempre regresa.

8 años después.

Desperté bruscamente, el sudor cubría mi frente y el corazón me latía a mil por hora. Otra vez esa maldita pesadilla, que aun después de tantos años, seguía atormentando mis noches de sueño.

Siempre despertaba con lágrimas en los ojos, y lo odiaba, odiaba seguir sufriendo por alguien que no lo merecía, pero no podía hacer nada, yo no controlaba mis sueños, porque si así fuera, todas las noches soñaría con el ángel que dormía plácidamente a mi lado, sin percatarse de absolutamente nada de lo que pasaba a su alrededor, era una de las cosas que amaba de ella, el sueño tan pesado que tenía. Con una sonrisa traviesa, decidí sacarla de los brazos de Morfeo y me puso encima de ella con delicadeza, no quería despertarla tan bruscamente.

Comencé depositando suaves besos en su nuca, cuando estaba despierta, eso la volvía loca, era uno de sus puntos más erógenos, y tras años de estar juntas, conocía el cuerpo de mi novia perfectamente. Eran las tres de la mañana, y dos horas antes habíamos hecho el amor, pero la verdad nunca se cansaba de estar con ella, no importaba el lugar o la hora. Estaba buenísima.

Me separé un poco para poder bajar la delgada sabana que apenas cubría su cuerpo, la dejé reposar en sus muslos y observé con deseo cada una de sus curvas, sin duda era una mujer muy atractiva. Éramos casi de la misma altura, su cabello era de un rojo intenso y tenía los ojos verdes más expresivos que había visto en toda mi vida, me encantaba todo sobre ella, su sonrisa, la forma en la que arrugaba la cara cuando algo no le gustaba, era una dulzura y yo amaba eso en una chica.

"Mmm… sabes que por muy dormida que este, cuando me besas la nunca me pones..." Dijo con la voz ronca. Sonreí ampliamente y la seguí besando a diestro y siniestro. "Cariño… si sigues por ahí no dormiremos en un buen rato." Me advirtió en juego, no le importaba en lo más mínimo desvelarse haciendo esas actividades, y a mí tampoco.

Me las arreglé para alcanzar uno de sus pechos con mi mano, y dejé muy claras mis intenciones, sobra decir que cuando decidimos parar el sol ya se asomaba por la ventana, anunciando un nuevo día, pero a ninguna de las dos nos importaba, era sábado, y nos podíamos quedar en cama todo el día si así lo deseábamos.

Emily había llegado a mi vida en un momento muy difícil para mí, la herida que Brittany había dejado en mi corazón me torturaba cada día, a pesar de estar tan lejos de Lima y de ella mis sentimientos seguían siendo los mismos, no podía dejar de amarla de un día para otro. Estaba asustada de estar en un lugar tan grande y diferente a mi pueblo natal y no tenía ni idea de lo que quería hacer con mi vida, estaba hecha un completo desastre. Pero entonces la conocí, y todo cambió, ella se hizo cargo de lo que yo era ese entonces y poco a poco fue curando mi dañado corazón con su cariño, amor, comprensión y amistad.

Porque nuestra relación comenzó con una amistad, yo desde el principio fui clara con ella y le dije que no estaba lista para algo más, Brittany había destrozado mi confianza y no quería que se hiciera ilusiones con algo que no era capaz de ofrecerle. Nunca me presionó, siempre fue paciente y me demostraba con creces lo mucho que me quería, y que me esperaría el tiempo que fuera necesario. Era como un ángel caído del cielo, y cuando por fin me di cuenta de que esa chica que estaba loca por mí, era la única persona con la que quería amanecer todos los días, me dejé de tonterías y decidí dar el siguiente paso, le pedí que fuera mi novia al viejo estilo, y por supuesto que ella aceptó. Me sentía bien estando a su lado, podía olvidarme del mundo y dejarme llevar por esa sensación de libertad que tenía cada vez que estábamos juntas.

Me hacía olvidar todo ese odio y rencor que tenía enterrado muy profundo en mi corazón.

"¿En qué piensas? Cuanto te pones así me da miedo…" Escuché a Emily decir con un deje de tristeza en su voz. No me había dado cuenta de que había pasado tanto tiempo callada. "En nada, tengo un caso un poco difícil y me estoy comiendo la cabeza con eso." Me apresuré a decir, no quería preocuparla. "También pensaba en lo afortunada que soy al tenerte a mi lado." Dije con un tono más dulce. "¿Lo sabes verdad? No sé qué haría sin ti Em." Ella sonrió abiertamente y se abrazó a mí con timidez. Dios como amaba a esa mujer, era la cosa más dulce. "No me digas esas cosas que me pongo roja, y antes de que te pongas a dedicarme poemas de amor cual Shakespeare, voy a preparar el desayuno, que me muero de hambre." Con eso y un pequeño beso en los labios, mi pelirroja novia salió de la cama como dios la trajo al mundo y se escabulló a la cocina, no sin antes lanzarme una pícara sonrisa.

Sí. La vida era buena.

Me costó un huevo y parte del otro levantarme, y al lograrlo me puse una camiseta y unos pants para no salir en pelotas. En la cocina, enfundada en su bata de baño, me esperaba Emily con una taza de café y unas tostadas recién hechas.

"Oh, dame, dame, dame." Dije casi arrebatándole el café de las manos, al darle un sorbo puse cara de placer y la miré con adoración. "Sé que te he dicho esto muchas veces, pero haces el mejor café de todo el mundo." Me senté en uno de los bancos que estaban junto a la barra y le di un mordisco a una de las tostadas.

"Eres una aduladora, pero tienes razón. Creo que de algo sirvió haber trabajo en esa cafetería por tanto tiempo." Respondió con una sonrisa, disfrutando de su propia taza. "Yo me alegro de ser una adicta el café, si no lo fuera, jamás te habría conocido en ese lugar." Confesé con la boca llena, Emily hizo un gesto de desagrado, y tragué rápidamente, ella odiaba que hiciera eso. "No creo que eso sea verdad… si estábamos destinadas a estar juntas, nos habríamos encontrado de alguna forma u otra…" Dijo con mucha seguridad. "Pero estoy feliz de habernos conocido en esas circunstancias, me encantaba lo nerviosa que te ponías al ordenar tu café."

Me sonrojé al recordarlo, Emily me intimidaba en cantidades considerables cuando la conocí, no podía evitarlo, cada vez que iba a la cafetería, me ponía de los nervios solo de pensar en que volvería a ver a esa linda pelirroja. Pero una vez superé esa etapa, me di la oportunidad de conocerla mejor y darme cuenta de que era una mujer excepcional, muy segura de sí misma, de sus creencias y de lo que quería.

"Bueno, eres increíblemente hermosa bebé, es entendible el haber sentido nervios en tu presencia." Dije estirándome sobre la barra para darle un beso. "Ahora cada vez que estás cerca de mí siento… todo lo opuesto a nervios." Susurró en su oído lo más sensualmente que pude.

"Cariño, por mucho que me duela decir esto, y créeme que me duele, no creo poder aguantar otra ronda… estoy exhausta." Dijo haciendo pucheros. "Anda, no te eches para atrás, recuerdo que alguien, hace algunas horas, me dijo que teníamos que romper nuestro récord." Moví mis cejas graciosamente y Emily se tapó la boca aguantando la risa. "Además, el sexo adelgaza cariño, mientras más tengamos, mejor."

Emily jadeó indignada. "¿Estás diciendo que estoy gorda? Porque si es así, olvídate de obtener algo de mí el resto de la semana." Joder. Mi cara cambió al instante. A veces se tomaba muy en serio ese tipo de promesas, y no me apetecía para nada estar a pan y ajo el fin de semana, rodeé la barra a toda prisa para tomarla por las caderas. "Claro que no Em, estás estupenda, la única persona que conozco con un cuerpo mejor que el tuyo es…" Me callé al instante al darme cuenta de lo que había estado a punto de decir. Emily se tensó entre mis brazos he hizo el intento de separarse, pero se lo impedí sujetándola con más fuerza. "Lo siento… no quise… lo siento." Me disculpé mordiéndome el labio con culpabilidad, habíamos empezado tan bien el día e iba yo y arruinaba todo con un comentario estúpido. Bien hecho Santanita.

Desde que formalizamos nuestra relación, Emily odiaba que yo, o cualquier otra persona, mencionaran el nombre de Brittany en su presencia. En sí, no odiaba a Brittany, lo que odiaba era todo el daño que me había hecho, y yo lo sabía, así que trataba de mencionarla para nada, pero a veces, cuando mi cerebro me traicionaba, no podía evitarlo y se creaban las situaciones incomodas como esa.

"No pasa nada, hay que terminar de desayunar. Ok?" Dijo queriendo cambiar de tema, ninguna de las dos queríamos pelear por una tontería. No rechisté, se le pasaría en un rato, y preferí callar para no meter más la pata.

Después de que se le olvidara lo que había pasado en el desayuno, pasamos un día increíble. Vimos unas cuantas películas abrazadas en el sofá a tal punto que parecíamos un solo cuerpo, compartimos un bol de palomitas y nos robamos besos cada vez que podíamos. Yo jugaba con los dedos de Emily distraídamente y ella dejaba de prestarle atención a la pantalla para mirarme cuando creía que no me daba cuenta.

Nos la pasábamos bien juntas, las cosas entre nosotras eran naturales, normal, llevábamos muchos años de conocernos y todo era así, nos conocíamos perfectamente. Yo era muy consciente de que a Emily le encantaba pasarse el fin de semana así, recostada en el sofá mirando televisión, no le gustaba el desorden y cuando no dormía bien se ponía de muy mal humor, a no ser que se pasáramos toda la noche haciendo el amor, como habíamos hecho anteriormente, en ocasiones como esa su estado de ánimo era mucho más alegre. También sabía que su banda favorita era Coldplay y que las canciones tristes le daban escalofríos, su película favorita era Los Ángeles de Charlie porque amaba el personaje de Natalie. Era enfermera y tenía como ejemplo a su madre, amaba a los perros y era vegetariana desde los quince años, cuando estaba triste lloraba por cualquier cosa y le tenía pavor a las cucharas.

Lo sabía todo de ella y ella de mí.

A los ojos de todos éramos tal para cual.

Y para mi pesar, el fin de semana pasó volando y al llegar el lunes me presenté a trabajar con energía renovada. Algunos me miraban extrañados, en el trabajo yo era una mujer muy seria y verme sonreír era un poco sorprendente para mis compañeros, mucho más a esas horas de la mañana. A mis 26 años era una de las grandes promesas en el mundo de los abogados, no quiero verme como una creía, pero desde mis inicios en la escuela de leyes sorprendí a todos mis maestros en Harvard, demostrándoles que sería una de las mejores abogadas de todos los tiempos y poco tiempo después de graduarme, entré a trabajar en el bufete Rose & Wilde, uno de los más prestigiosos de la ciudad.

Amaba mi trabajo, y lo haría gratis si me lo pidieran.

"Buenos días Andrea, te ves muy bien hoy." Saludó a mi secretaria con todo mi encanto.

"Buenos días señoritas, usted se ve radiante. ¿Se puede saber a qué se debe tanto entusiasmo?" Preguntó la simpática chica con timidez.

"No hay ninguna razón en especial, estos días de descanso me cayeron muy bien y bueno, se puede decir que me di cuenta de que la vida es genial. Sabes, las cosas más sencillas en este mundo se pueden convertir en lo mejor si se comparten con la persona adecuada." Andrea me miraba miraba embobada, estaba segura de que creía que un alíen me había abducido y por eso me comportaba así. "No quiero arruinar su día señorita López, pero ya tiene tres casos para hoy y la señorita Fabray llamó varias veces el viernes, me dijo que se había olvidado de darle su nuevo número y que regresa a LA hoy en la tarde." Dijo poniéndola al día con su trabajo y mensajes, esa chica mantenía su vida en orden, después de Emily por supuesto. "¿Quinn regresa? Qué raro, creí que eso no sucedería hasta dentro de un mes. Bueno, siempre es bueno ver a la rubia." Dije casi par mi misma.

"Ah, y tiene una visita. Cuando llegue la estaba esperando, le dije que aún era temprano y que regresara después pero insistió en esperarla." Eso captó toda mi atención de nuevo y fruncí el ceño. ¿Una visita? "¿Te dijo su nombre?" Andrea negó con la cabeza. "Apenas y dijo nada, es una mujer un tanto rara, dudé en dejarla entrar en su oficina pero dijo que era una vieja amiga." Agregó un poco arrepentida de su decisión. "No te preocupes, iré a ver quién es."

La curiosidad me estaba matando, no tenía ni idea de quien podría ser, entré a mi oficina y me petrifiqué en el marco de la puerta. Mi corazón comenzó a latir como loco y sentí mis rodillas convertirse en gelatina ante la persona que estaba sentada en mi escritorio, ahí, tan hermosa como la última vez que la había visto, estaba Brittany, mi Brittany.

El mundo se me vino abajo, sentía que la tierra bajo mis pies desaparecía y yo caía al vacío irremediablemente. Mi garganta se secó y mi cuerpo se olvidó de cómo moverse.

"¿Abrí la puerta al pasado?" Pregunté casi inaudiblemente.

"Hola San…" Susurró Brittany mirándome directamente a los ojos.

"No me digas así… solo mis amigos lo hacen." Le dije apretando los dientes. El corazón se me iba a salir del pecho, incluso creía que si Brittany prestaba atención podría escuchar mis latidos.

"Sé que soy la última persona a la que quieres ver, pero necesito decirte algo muy importante." Pidió con la voz quebrada. La miré durante unos segundos, tratando de asimilar lo que estaba pasando. No era una ilusión, de eso estaba más que segura.

"¿Qué estás haciendo aquí? ¿Qué demonios quieres tu conmigo?" Pregunté logrando moverme de la puerta.

"Mi hija está enferma." Soltó de sopetón, mi boca terminó por los suelos. ¿Brittany tenía una hija con él idiota de Sam? ¿Y esa hija estaba enferma? Y lo más importante. ¿Qué tenía que ver conmigo todo eso? "Tiene leucemia, se lo diagnosticaron hace un año y ha avanzado muy rápido, ha recibido varios tratamientos como quimio y radioterapia y al principio funcionaron, pero ya dejaron de hacerle efecto… se está quedando sin tiempo y el doctor dijo que si no encontrábamos a un donador ella… va a morir." Me explicó a duras penas, se veía muy afectada, lo cual era comprensible. Es su hija de la que está hablando Santana, no seas idiota. Me regañé a sí misma.

"Lo siento mucho Brittany, de verdad." Dije con pena. "Pero no entiendo que tiene esto que ver conmigo. ¿Por qué no le donas lo que necesita?" Pregunté.

"No es tan fácil Santana, no somos compatibles, si lo fuéramos no estaría aquí, pidiéndote ayuda." Yo seguía sin entender. "¿Qué hay de Sam?" Volví a cuestionar con cara de asco.

"Él tampoco puede hacerlo porque no es el padre de la niña." Ahora sí que estaba totalmente perdida. ¿Brittany le había sido infiel a Sammy? ¿Otra vez?

"Mira Brittany, no tengo ni puta idea de lo que está pasando. Sigo sin entender nada, realmente no veo el punto de tu presencia en mi oficina, si quieres ayuda con algún asunto legal con gusto te recomendaré con un colega mío, pero ahora no tengo tiempo, así que haz el favor de irte."

"Es tu hija Santana." Me interrumpió con tono firme.

De todas las reacciones que podría haber tenido, reírme, fue la que menos me esperaba. Me reí como una tonta cuando me dijo eso, y ella me miró incrédula. Entonces me puse blanca como la leche.

"Espera… ¿Qué?" ¿Qué coño estaba pasando? Todo esto era un sueño. O tal vez estaba ebria o drogada.

"Ella. Es. Tu. Hija." Volvió a repetir palabra por palabra, asegurándose de que esta vez sí lo entendiera.

Me eché para atrás por la sorpresa con todo y la silla en donde me había sentado, estaba tan confundida, ya no escuchaba nada de lo que Brittany estaba diciendo, veía como movía los labios un poco asustada, pero no escuchaba ni una sola palabra. No podía ser, esto no estaba pasando, solo lo habían hecho una vez, no podría haber quedado embarazada. Dios, me siento estúpida solo de pensar en eso. ¡Claro que tener relaciones con una mujer es suficiente para embarazarla! ¡Y más si no usas condón imbécil!

¿Por qué? ¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Qué fue lo que te hice dios? Yo soy feliz con Emily. ¡Mierda! Emily. ¿Cómo le iba a explicar esto? Dejará mi trasero en cuanto se lo diga.

"¿Cuántos años tiene…?" Pregunté saliendo de mí lío mental, era solo para asegurarme, todo tenía que encajar para que mi mente lo procesara. "7 años… cumplirá 8 en dos meses."

Brittany permaneció en silencio esperando por mi siguiente movimiento. No podía estar mintiendo. ¿Qué ganaría con inventar algo así?

Aun shock cogí el teléfono que estaba en mi escritorio y marqué la línea de Andrea.

"Andrea, por favor cancela todas mis reuniones de hoy y mañana, y también quiero que localices a la señorita Fabray en cuanto llegué a Los Ángeles, dile que necesito hablar con ella urgentemente. Nos vemos el miércoles, si te necesito estos días te llamaré." Ordené sin dejar de mirar a Brittany.

"Sí señorita López." Dijo Andrea sin dudar. Ella me conocía y sabía que lo que sea que me estuviera pasando, tenía que ser importante para darle esa orden, y ella no la iba a cuestionar.

"Voy a hacerme las pruebas, claro que antes quiero conocerla, no quiero que la primera vez que la vea sea un hospital. Pero primero que nada, quiero que me expliques, ¡¿por qué demonios no me dijiste que tuvimos una hija juntas?!" Gritó explotando por fin. "¡¿Por qué?! Éramos mejores amigas Brittany, sabías lo mucho que te quería, yo me habría hecho cargo de ella, de ti. ¿Por qué me negaste el derecho a verla? ¿A mi propia sangre?" Las lágrimas amenazaban por aparecer en mis ojos, pero mi voz estaba tan llena de rabia. No podía evitarlo, la situación me estaba superando.

"No quería atarte a nada, teníamos 18 años, nuestra noche juntas fue fruto de una borrachera. Éramos muy jóvenes, había muchas razones y las sigue habiendo." Dijo con la cabeza gacha, la conocía lo suficiente como para saber que estaba mintiendo.

"No, no las hay. Tengo un buen trabajo ahora, un departamento, estoy en la cima de mi carrera, puedo ofrecerle una buena vida, me mecería una maldita oportunidad para ser parte de la suya." Concluí esperando por una buena explicación, una que no me hiciera sentir de esta manera.

"Sé que es así, y me arrepiento de no haberte dicho nada… y puede que ahora seas una mujer exitosa, pero hace ocho años no sabías ni en donde tenías la cabeza…" Bueno, esa no era una forma de tranquilizarme, solo estaba empeorando las cosas e hiriendo más mis sentimientos. "Además… no estaba segura de quien era…" Ok. ¿Qué? "Dos noches antes de que estuviéramos juntas, yo también había estado con Sam…" Comenzó a explicar avergonzada. "Cuando noté mi retraso llamé a Rachel histérica y le pedí que comprara unas pruebas de embarazo… ella estuvo conmigo todo el tiempo, y al ver los resultados no tenía ni idea de lo que iba a hacer, me sentía como una zorra." No me extraña. "No sabía de cuál de los dos era el bebé que estaba esperando… esa fue una de las razones por las que no te dije nada. No quería retenerte en Ohio, tú estabas destinada a ser alguien en este mundo de mierda, no te podía quitar eso."

"¿Crees que eso me habría importado? No tenías ningún derecho a decidir por mí. Me habría quedado a tu lado sin dudarlo, porque era mi responsabilidad, y yo nunca le doy la espalda a mi familia." Sentencié con voz dura. "Ya te pedí disculpas. ¿Qué más quieres?"

"¡Una disculpa no va a compensar todos los años perdidos!" Me estaba sacando de mis casillas.

Estaba tan furiosa, con Brittany, con el mundo entero. No podía creer que esa persona a la que alguna vez había amado tanto, se había callado durante tanto tiempo. Me había perdido tanto en la vida de mi hija, y ahora que por fin sabía de su existencia, lo hacía en estas circunstancias.

"¿Puedes… puedes decirme cómo es?" Pregunté ya más calmada. "Puedo hacer algo mejor que eso." Dijo sacando algo de su billetera. Dios, era una foto. Iba a conocer a mi hija, y no me importaba que fuera en un pedazo de papel, solo quería verla.

Brittany me la tendió y yo la tomé con una de mis manos temblorosas.

Las lágrimas comenzaron a salir sin mi permiso. Era lo más hermoso que había visto en toda mi vida.

"Es preciosa." Susurré acariciando la foto con mi dedo índice. "Se parece a mí."

Tenía los ojos y la palidez de Brittany, pero en todo lo demás era idéntica a mí, su nariz, la boca, sus pómulos y su cabello largo y negro como la noche, era todo mío. No había duda alguna de que era mi hija.

"Ese foto es de hace un año… ya no luce así, con las terapias se le comenzó a caer el cabello y me dijo que se lo quitara todo…" Dijo soltando un par de lágrimas. "Está muy cansada para ir a la escuela, pero es muy inteligente, todos los días lee un capítulo del libro de turno… ha perdido peso y se le nota el cansancio, aunque el carácter no se lo quita nadie. Lo heredó de ti." Sonrió y yo la miré sin saber porque me contaba eso. "Quiero que estés preparada para cuando la conozcas. La que vas a ver no es la misma niña que está en esa foto." Susurró abatida.

"Sí… lo comprendo." Dije casi sin pensar. "Brittany, quiero que Quinn lleve su caso a partir de ahora, ella es traumatóloga pero estoy segura de que conoce a uno de los mejores oncólogos del país. Si alguien va a tratar a mi hija, tiene que ser alguien en quien yo confíe completamente, y Quinn Fabray es esa persona."

"No sabía que Quinn se había convertido en médico." Dijo impresionada. "No muchos lo saben, en cuanto terminó la carrera se unió al ejército." Brittany abrió mucho los ojos sin poder creérselo. "Dijo que quería ayudar a todos los que peleaban por nuestro país, le han disparado dos veces, pero siempre regresa, se niega a dejarlo." Por más que yo le insistía a Quinn ella siempre me contestaba lo mismo.

"Tú nunca has estado ahí Santana. La gente muere todos los días en ese lugar, son muy pocos los doctores que se unen. Ellos me necesitan, y mientras yo siga respirando, los voy a seguir ayudando."

Esa chica era muy valiente.

"Está bien, no tengo ningún inconveniente con eso." Al menos concordábamos en algo. "No puedo creer esto… hace unas horas yo estaba en mi departamento desayunando tranquila, como cualquier otro día… y ahora." Dije llevándome las manos a la cabeza. "Es increíble lo rápido que puede cambiar la vida de alguien."

"Lo sé… y no quiero presionarte, es mucho lo que tienes que asimilar, pero si no regreso a casa pronto se va a poner de mal humor. ¿Te importa si nos vamos?" Preguntó rascándose la cabeza. "No, claro… vamos." Dije levantándome de la silla.

Respira Santana. Tienes que ser fuerte, no te acobardes ahora.


Es un poco corto porque inicialmente quise que Santana conociera a su hija en este mismo cap, pero la cosa iba a terminar siendo masiva, así que lo dividí y la segunda parte la subiré mañana por la noche.