MALOS TIEMPOS PARA LA LÍRICA
Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.
Este fic participa en el Reto Anual "Nuevo año, nuevas historias" del foro "La Sala de los Menesteres"
Personaje 2: James Potter.
Palabra 2: Cumpleaños.
2
El peso del mundo sobre sus hombros
Aunque Sirius intenta sabotear la canción, basta una mirada de Lily para que se lo tome todo un poco más en serio. James, que ha captado el breve intercambio de miradas, ahoga una risita y se concentra en entonar la melodía lo mejor que puede. Nunca ha sido demasiado bueno cantando, pero Harry parece muy contento. Seguramente se deba a la fascinación que le produce la velita que ilumina su tarta, aunque James prefiere pensar que es porque su fiesta de cumpleaños le está gustando.
Parece mentira que ya tenga un año. Los últimos meses se han pasado volando y James se siente muy distinto. Por supuesto, aún hay tiempo para las bromas y la camaradería merodeadora, pero desde que nació Harry nada es igual. Antes, la guerra le preocupaba, aunque también la veía como un juego. Un juego peligroso y letal que ponía a prueba su valía como mago y en el que participaba encantado, dispuesto a luchar por sus ideales y por las vidas de los inocentes hasta que se quedara sin fuerzas.
Ahora es distinto. Ya no se trata sólo de él. Ni siquiera de Lily o unos amigos a los que quiere como si fueran sus hermanos de sangre. Se trata de Harry, de un bebé indefenso e inocente que es capaz de ver el mundo con la ingenuidad de los niños y que ignora que su vida corre un gran peligro. Un bebé que, para colmo de males, es el principal objetivo de un brujo demente.
La sonrisa se le borra de la cara. Sirius hace una broma y procura seguirle el rollo, pero no puede. Harry tiene un año, Voldemort desea matarlo y él no está seguro de poder cuidarlo como se merece. Porque, ¿qué tiene James Potter de especial? Sacó buenas notas en Hogwarts, es diestro con la varita y tiene un cerebro prodigioso cuando se trata de idear bromas, pero duda de sí mismo y de sus capacidades para proteger a Harry.
¿Qué pasaría si los mortífagos irrumpieran en su casa en ese momento? Lily y él han escapado de sus garras en tres ocasiones pero, ¿una cuarta? Es demasiado. Nadie puede tener tan buena suerte. James teme que sus pesadillas se hagan realidad, esas en las que llega a casa y se encuentra con los cuerpos de todos sus seres queridos, y de pronto se queda sin aire. Mira a Lily, quien trocea la carta al más puro estilo muggle, y agita la cabeza antes de abandonar la sala de estar.
Necesita respirar. El verano no está siendo especialmente caluroso, pero siente cómo se asfixia y ni siquiera el aire puro del exterior le ayuda a sentirse mejor. Se aferra a la barandilla del porche y cierra los ojos. "Uno. Dos. Tres"
—James. ¿Qué te pasa?
Es Sirius. No le pregunta si está bien porque le conoce lo suficiente como para saber que le ocurre algo. Incluso cabe la posibilidad de que lo haya enviado Lily, adivinando tal vez lo convulso de todos sus pensamientos.
—Esto es… —Masculla entre dientes, sin saber muy bien qué decir—. Harry tiene un año.
—Sí, colega —Sirius le planta una mano en el hombro y aprieta con fuerza—. ¿Quién nos iba a decir que serías el primero en tener un hijo? Después de lo difícil que te lo puso la pelirroja, y teniendo en cuenta que soy infinitamente más atractivo que tú, lo más normal hubiera sido que yo fuera padre en primer lugar.
Bien. Justo lo que necesitaba. James se deja apoyar por esa mano firme y un poco pesada y respira hondo. Ahora está un poco menos ahogado, aunque algo le oprime con fuerza en el pecho. Algo que seguramente no desaparezca en toda su vida.
—No te ofendas, Sirius, pero no te imagino siendo padre.
—¿Por qué no?
—Siempre dices que eres un espíritu libre. Seguramente te olvidarías del crío a las primeras de cambio.
—¡Qué dices, hombre! A lo mejor me olvidaría de cambiarle los pañales y darle el biberón, pero del crío no. Sería tan guapo que resultaría imposible olvidarse de él.
—Das por hecho que saldrá a la madre.
Sirius resopla de risa y decide que ha llegado el momento de ponerse serio nuevamente. Se inclina sobre la baranda, apoyando los codos y clavando la vista en los árboles que tienen delante. Aunque no sean buenos tiempos para el mundo mágico, la naturaleza luce en todo su esplendor.
—Creo que nos precipitamos en tener a Harry —Dice James en un susurro. Mira de reojo hacia la puerta porque no quiere que Lily le escuche—. Quizá debimos esperar hasta que la guerra termine.
—Estás pensando tonterías.
—A mí no me lo parece. Mira lo que les pasó a Marlene y a los suyos.
—Es verdad que nadie está salvo, pero no podemos olvidarnos de vivir —Sirius aprovecha que están en el exterior para encenderse un cigarrillo. La pelirroja no le deja fumar ni en su presencia ni en la del bebé—. Harry nació cuando debía hacerlo.
—Pero… Ahora que sabemos que ese monstruo va tras él…
—Quizá Dumbledore exagere. Sea quien sea su espía, es posible que le mintiera o que la cosa simplemente no sea para tanto.
—¿Cuándo ha exagerado Dumbledore?
Sirius no dice nada. Le da una larga calada a su pitillo y permanece en silencio mucho más tiempo de lo que es habitual en él. Las cosas no eran fáciles antes de que el viejo les hablara de la profecía, pero ahora todo parece mucho más terrible. Si bien es cierto que él no es el padre de Harry, lo quiere como si lo fuera y le horroriza la idea de que pueda pasarle algo. Es sólo un bebé y ese atajo de monstruos se merecen arder en el infierno por plantearse la opción de acabar con él.
—Tenéis que esconderos.
—Ya lo sé.
—No será fácil.
—También lo sé. Y me jode, Sirius. Cuando entré en la Orden lo hice para luchar contra esos hijos de puta, no para ocultarme como un cobarde.
—No es una cuestión de cobardía, sino de supervivencia. Hay que proteger a Harry.
James aprieta los dientes. Está asustado, cansado y frustrado y en ese momento bien hubiera podido matar a todos los mortífagos con sus propias manos.
—¿Te acuerdas de los primeros días en el cuartel de la Orden? Cuando Meadows y Dearborn nos entrenaron.
Sirius consigue que su amigo sonría. Aquellos sí fueron buenos tiempos pese a todo lo malo que les rodeaba.
—¡Oh, sí! Meadows te hizo aparecer unas bonitas orejas de burro. Captó a la perfección tu esencia mágica.
—Sí. Y Peter logró acabar con la paciencia de Dearborn. Los Prewett dijeron que llevaba aproximadamente diez años sin enfadarse.
—Pobre Peter.
—Me gusta pensar que lo hizo a propósito. ¿Sabes? Realmente no es tan torpe.
James asiente. Sigue sonriendo un poco más, pero no tarda nada en ponerse melancólico otra vez. Sirius sabe que poco más puede hacer para ayudarlo porque ahora que es padre debe sentir que tiene todo el peso del mundo sobre sus hombros.
—No vamos a dejar que a Harry le pase nada —Afirma con contundencia. Y aunque normalmente sea un tipo guasón que no se toma casi nada en serio, es obvio que está dispuesto a cumplir con su palabra—. Aunque tenga que dar mi vida por él, no le va a pasar nada.
—No digas eso, Sirius.
—Es la verdad.
—Tampoco quiero que te pase nada a ti.
James gira la cabeza y le mira fijamente. Hay muchas emociones en esos ojos castaños y Sirius se siente abrumado. Ese chico siempre dice que es como un hermano para él, pero nunca antes le ha mirado de esa manera. La última persona que le miró así fue Regulus, antes de que decidiera fugarse de casa y perdiera sus derechos como miembro de la familia Black, y por una vez se queda sin palabras.
—Saldrá bien, James. No nos va a pasar nada y estaremos juntos hasta que seamos unos viejos decrépitos. Incluso entonces tendremos ganas de hacerle alguna broma pesada a Quejicus, no te olvides.
James sonríe. Por norma general, sus conversaciones no giran en torno a temas como aquel, pero resulta reconfortante para él haberse confesado. Las emociones que tanto lo angustiaron unos minutos atrás desaparecen y se siente con fuerzas para regresar a la fiesta. Tal y como Sirius ha señalado, no pueden olvidarse de vivir. Piensa disfrutar del primer cumpleaños de su hijo y se promete que vivirá para ver muchos más. Como que se llama James Potter.
He aquí el segundo capítulo. Me he centrado en James Potter durante el primer cumpleaños de su hijo y me ha quedado algo más corto que el anterior porque siempre que escribo sobre los Merodeadores ando más justa de ideas. Es que hay tanto sobre ellos que resulta casi imposible escribir algo medianamente original. En cualquier caso, ya me he quitado de encima un personaje más, y lo he hecho usando exactamente 1.428 palabras.
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