Indignation

By Hermachis

Disclaimer:FMA no es mio. Ni lo es, ni jamás lo será. Los derechos pertenecen a la genial vaca con calzones (Alias: Hiromu Arakawa), a Square Enix y a BONES. Yo solo uso los personajes para satisfacer mis ansias de fan. A mi solo me pertenecen los sucesos del fic, por los cuales, por desgracia, no me pagan. Asique hago esto gratis, como todo pringado que se precie, pero con mucho amor.

Advertencias: Menciones de Shonen-ai (Relaciones chico x chico) Violencia.

(Explicaciones al final del capítulo)

Capitulo 2

"...Creo que siento algo por el coronel."

Debía ser una broma, era la única explicación que Alphonse veía.

El rubio se había marchado al cuartel tras recibir el recado de que Mustang le esperaba. La armadura no sabía bien si fue por librarse de la situación embarazosa en la que se había metido, o por ver al coronel de ojos oscuros, pero Ed se marchó de la habitación tan rápido como pudo.

"Claro, ahora por ver al coronel si que pierde el culo. Antes hacía lo inimaginable por tenerle lo más lejos posible" - Se decía Al mientras dejaba la habitación y tras saludar de forma educada a la recepcionista, salió a dar un paseo.

Aun le rondaba en la cabeza la posibilidad de que fuera una broma. ¡Cielos santo! ¡Era Ed! ¡El que siempre decía que odiaba al coronel y le saludaba llamándole bastardo...!

Era completamente inverosímil, pero no imposible. A sus catorce años, Alphonse había visto muchas cosas que nadie creería. Su cuerpo de metal era una prueba fehaciente de ello, por lo que había aprendido a pensar que todo podía ser posible. Incluso que Edward pudiera enamorarse de Roy Mustang.

No sabía por que, pero el menor de los Elric tenía la impresión de que aquello no podía terminar bien. Era demasiado difícil. ¿Por qué su hermano se complicaba siempre de esa manera? Al no quería que sufriera. Después de todo lo que el rubio había pasado, merecía ser feliz.

Tan absorto estaba en sus cavilaciones que apenas se dio cuenta de que había dado de bruces con un transeúnte y que irremediablemente el chico había caído al suelo. Por un momento, Al pensó seriamente que lo había matado hasta que vio que se movía un brazo, casi pidiendo misericordia.

- ¡Lo siento muchísimo! ¿Está usted bien? - Preguntó Alphonse ayudando al joven a ponerse de pie, notando por fin con quien había chocado.

- Tan bien como si me hubiera estado dando cabezazos contra al pared. Pero lo superaré, tranquilo.

- ¡Ling Yao! ¿Qué haces por aquí?

El chico miró a la armadura con sus ojos rasgados mientras que se rascaba la cabeza. Hacía casi dos semanas que estaba buscando a los hermanos Elric, en realidad, al hermano Elric ¿Dónde demonios estaba Ed?

- Pues antes de que me arrollara una enorme mole de metal, daba vueltas por aquí. El ejercicio es sano. Por cierto ¿Es mi impresión o te falta algo?

- ¿Qué me falta algo...? -La armadura notó como los ojos rasgados miraban a uno de sus costados - Si te refieres a Ed, está en el cuartel.

- ¡Ah si!¡Eso era!- Exclamó mientras se golpeaba la palma de la mano con el puño - "¿Está ese cuartel muy lejos de aquí?

- A unos minutos andando ¿Por qué...?

- ¡Oh, bien! Voy a visitar al enano. Seguro que que estará contento de verme ¡Nos vemos, Al!

Al observó como el moreno corría por el bulevar en dirección al cuartel. Ed estaría muchas cosas al ver a Ling, pero probablemente para ninguna de ellas se podría utilizar el calificativo de contento.

oOOoOOo

Edward pateaba una roca, mientras caminaba hacia su destino con las manos en los bolsillos. Llevaba casi toda la tarde dando vueltas por toda la ciudad y, por desgracia, no había logrado perderse. Al menos si lo hubiera hecho, ahora tendría una buena excusa para presentarse casi dos horas tarde.

De todas formas, no era al primera vez que Ed se presentaba escandalosamente tarde a recibir instrucciones. Dos horas no eran nada con los varios días e incluso semanas que había tardado a veces en el pasado en dar señales de vida.

Ver al coronel era lo último que quería en ese momento. Se sentía confuso. Cuando le había informado a Alphonse de sus sentimientos, lo cierto es que el rubio no había detallado más su situación por que él mismo desconocía esos detalles.

Eso de "sentir algo" era demasiado amplio. Edward se decía así mismo que era normal y, probablemente, lo mejor. No estaba seguro de querer saber que sentía exactamente por el coronel.

Él sabía muy bien que aquello no venía de ahora. Llevaba ya algún tiempo sintiéndose bastante nervioso cuando estaba en presencia de Roy. Solía preguntarse a menudo que estaría haciendo el moreno mientras el rubio viajaba por todo el país e incluso hasta había llegado a preocuparse por él. Pero pensó que aquello estaba causado por la gratitud y aversión a partes iguales que sentía por el militar y no le dio importancia. Hasta aquel momento, cuando se dio cuenta de que las cosas se salían del orden lógico y empezaron a convertir su cabeza y su alma en un nido enredado de sentimientos confusos y preguntas sin respuesta. Y, desde luego, lo que pasó la noche anterior había sido la gota que colmó el vaso.

Celos. Había oído hablar de ellos, aunque le habían parecido completas memeces, hasta que los había experimentado en carne propia. Aquel furioso sentimiento que por poco no había hecho que abofeteara a la acompañante del coronel.

Ed pateó aquella roca tan fuerte que la mandó volando al otro lado de la carretera. Estaba enfadado con el coronel y consigo mismo. Con el coronel por salir con aquella mujer, y consigo mismo por dejar que aquello le importarse. Al fin y al cabo, Roy era un adulto ¿Qué más le daba a él lo que hiciera o dejara de hacer? Pues sin entender porqué, realmente si le importaba. El rubio agitó la cabeza, como intentando que aquellos pensamientos volaran lejos de su cerebro, sin lograrlo.

Edward sonrió con tristeza. Incluso en el caso hipotético ("Y poco probable"- añadió) De que el coronel le correspondiera, solo tendrían problemas. Edward era menor, y solo por eso, Roy sería degradado y encarcelado. Él jamás arriesgaría tanto por un romance, y menos por un romance con un chico.

Ed sabía que lo mejor es que el coronel siguiera interesado en las mujeres. Al fin y al cabo, una relación con él también repercutiría en la vida militar del rubio. Probablemente le retirarían el título de alquimista nacional. Demasiados problemas que podría evitar con facilidad ya que aquello no pasaría nunca. El joven se dijo que tendría que sentirse aliviado, pero en realidad, le dolía mucho, aunque no lo admitiría jamás, ni siquiera en la intimidad de sus pensamientos.

Antes de poder darse cuenta, se encontraba frente al enorme edificio blanco, presidido por la enorme bandera que representaba a la milicia.

"Creo que se me ha terminado el paseo" -Pensó Edward mientras comenzaba a ascender la enorme escalinata para acceder al edificio.

Edward pasó por los pasillos como un huracán, sin escuchar siquiera los saludos que le daban las personas con las que cruzaba, solo pensando en oír lo que ese bastardo quería decirle y en escabullirse de ese lugar lo antes posible.

entrar a la oficina, Ed se chocó contra Riza, logrando que todos los papeles que llevaba en las manos se extendieran por los suelos.

- Edward ¿Pero qué...? -Empezó a decir la mujer cuando vio que Ed evitaba y se dirigía directamente hacia la puerta que separaba el despacho del coronel de el de sus subordinados.

El rubio se volvió. Suspiró fuerte y se llevó la mano a la sien. Se estaba comportando como un completo imbécil. Fue de una zancada hacia los papeles que había hecho caer y se agachó para recogerlos en silencio.

- Lo siento - Se disculpó Ed con una sonrisa apenada. No podía pagar su frustración con los demás. No era justo.

- Edward ¿Te ocurre algo? -Inquirió Riza mientras dejaba los papeles sobre la mesa. El rubio negó con la cabeza.

- No. No es nada. No he dormido bien y no me apetece estar aquí. Eso es todo.

Riza asintió con la cabeza mientras Edward entraba al despacho de Roy sin llamar siquiera.

Y allí estaba el coronel. Dibujando garabatos en un papel, haciendo como que trabajaba. Tan absorto estaba, que ni había notado al joven rubio, que se quedó allí de pie, sin saber que decir.

Pasaron al menos cinco minutos hasta que Roy levantó la cabeza y vio a Edward parado cerca de la puerta. Al ver aquellos ojos negros mirándole fijamente con extrañeza, Ed se quedó en blanco.

- ¿Cuando tiempo llevas ahí?- Preguntó el moreno mientras bajaba la vista.

No le gustaba aquello, en absoluto. Podía sentir la profunda mirada de Mustang prácticamente traspasándole, casi como si intentara ver dentro de su alma. Se sentía realmente incómodo.

Estaba convencido de que si hablaba, se le atorarían la paradas; pero si se quedaba callado, Mustang podría oír sin mucha dificultad los latidos de su corazón. Asique decidió ir al grano para salir de aquello lo antes posible.

- ¿Para que quería verme, coronel? - Preguntó amablemente, con una cortesía que realmente asustó a Roy.

- Tú has tomado algo raro hoy, definitivamente. Normalmente entras a gritos, pateando la puerta ¿Desde cuándo eres tan educado?

No supo porqué, pero aquello le enfado.

- Soy educado desde que me da la real gana, bastardo. Si no le gusta, dígame lo que me tenga que decir y deje que me vaya de una maldita vez. No me apetece perder mi tiempo con usted.

- Vale - Dijo Roy encogiéndose de hombros - Este es mi Edaward. Y yo que pensaba que habías aprendido modales...

Esta vez, Ed se mordió al lengua.

- Tengo dos regalos para ti. Toma - Le tendió un folio. Con desconfianza, Edward se acercó, y cogió el papel con rapidez para regresar a su posición junto a la puerta - Espero que lo valores.

Edward observó un momento el mapa de la ciudad de Central antes de parpadear un par de veces. Poco faltó para que echara humo por las orejas "¡Será imbécil! Yo preocupado con mis dramas personales y el burlándose de mi sentido de la orientación ¿¡Qué demonios vi yo en este tío!?"

- Bonito ¿Eh?

- Muérete, Mustang.

- Sabía que te gustaría. Y esto no acaba aquí. Hoy estoy generoso - Le mostró otro papel, que Edward ni se molesto en ir a coger - Un hermoso viaje con todos los gastos pagados a una ciudad sin ningún interés especial, en la que tendrás una visita guiada por un laboratorio abandonado y lleno de ratas para ir a recoger unos documentos que algún imbécil olvidó allí. Todo eso acompañado con un par de horitas de tren ¿No te sientes afortunado?

- Retiro el "Muérete, Mustang" - Dijo Ed, comenzando a sentir la ira fluir a través de sus poros - ¡Yo mismo voy a matarte! ¿Quién te has creído que soy yo? ¿Tú secretaria?

- No. Mi secretaria tiene cosas más importantes de las que ocuparse. Por algo te envió a ti...

- ¿¡Acaso crees que yo no tengo nada mejor que hacer o qué!?

- ¡Oh, venga! Te pasarías el día en la biblioteca, intentando acumular el suficiente conocimiento como para que te explote el cerebro. Además, no se si te has dado cuenta, pero es una orden. Y yo, como tu superior, te lo ordeno, y tú te callas y obedeces. Así funciona el ejercito.

Edward iba a contestar, pero se contuvo, rechinando los dientes. Sabía que dijera lo que dijera, terminaría yendo. Se acercó al escritorio y le quitó a Mustang el papel de las manos con brusquedad y se dirigió hacia la salida.

- No hace falta que te lo tomes así, Acero. Yo solo...

Antes de que el moreno terminara de hablar, el chico ya se había marchado dando un fuerte portazo.

"Que irascible" - Se dijo Mustang mientras giró sus silla para poder mirar por al ventana. No tardó ni un par de minutos en ver al rubio corriendo para salir del cuartel. Roy suspiró mientras se volvía a su escritorio. Arrugó el folio lleno de garabatos y lo tiró a la basura para ponerse con un bufido a terminar lo que le quedaba de papeleo.

oOOoOOo

Comenzó a ponerse el sol y las farolas iluminaron las principales calles de la ciudad. Edward se sorprendió a sí mismo al pararse bajo una de ellas para poder observar el mapa que le había dado el coronel hacia unos momentos.

"Ya que se burla de mi, por lo menos me da algo de utilidad" - Se dijo el rubio mientras guardaba el mapa en uno de los bolsillos de su pantalón. Siguió caminando con la cabeza mirando a la acera. Le quedaba un buen paseo hasta llegar a la posada, asique se lo tomó con calma.

Pasaron unos cuantos minutos cuando empezó a sentir que algo no andaba bien. La calle estaba desierta, pero oía pasos justo detrás de él. Pensó que eran paranoias suyas, pero aun así, se mantuvo alerta. Hizo bien porque, poco después, dos hombre saltaron desde el tejado, quedando justo delante de él. Ed se giró y vio a dos hombre más. Le tenían rodeado. Fuesen quienes fuesen, tenían todo planeado.

Observó durante un momento las ropas de sus atacantes. Vestidos de negro y encapuchados, armados con un puñal en cada mano. Aquello era planeado sin duda. Pensó en mediar palabra cuando uno de ellos se abalanzó hacia él. Edward lo evitó sin mucha dificultad, logrado así salir del circulo que los extraños habían formado a su alrededor. Convirtió su automail en una afilada cuchilla destrozando el guante blanco en el proceso. Los hombre lanzaron varias estocadas rápidas hacia el adolescente, el cual evitó cada una como le fue posible. Pero no había manera. Le superaban en número y el cansancio acumulado de la noche anterior le pasaba factura. Si al menos Al estuviera con él....

No había otra opción. Aquellos frikis se lo habían ganado. Tendría que usar la fuerza bruta.

Juntó sus manos para utilizar la alquimia, pero antes de que pudiera hacer nada, un pequeño complemento de metal le dio en toda la frente. Miró el arma que habían usado contra él y vio que era un colgante de plata, con una joya roja engarzada. Ed se quedó a cuadros. ¿Qué clase de táctica era la de ir tirando joyería a la cara de tu oponente? ¿Es que el mundo se había vuelto loco o que?

Los compañeros del hombre que había tirado el objeto contundente gritaron al hombre en cuestión en un idioma que Edward desconocía. Aquello era el colmo. Ed frunció el ceño al ver que los encapuchados estaban tan ocupados dándole patadas a su compañero que se habían olvidado totalmente de él.

No es que se quejara, pero para parecer guerreros profesionales a primera vista, eran bastante ineptos. Pensó que era un buen momento para evitar la pelea. Al fin y al cabo, cada vez que tenía una trifulca, terminaba destrozando el mobiliario urbano. Y no le apetecía que le obligaran a pagar.

Cuando pensó que podría irse tranquilamente, sintió la punta de un arma afilada rozar su espalda. Claro, no podía ser tan sencillo.

- Un solo movimiento y tendrás más acero que entrañas dentro de tu pecho - Dijo el extraño ajustando un poco más el contacto entre el arma y Ed. El rubio levantó las manos en señal de rendición.

- ¿Más acero todavía? Me va a acabar saliendo por las orejas...

El hombre agarró el brazo izquierdo de Ed y tiró de el hacia atrás, colocando después la hoja afilada en al garganta del rubio.

- No te pases de listo, niño. No estás en condiciones de hacerte el gracioso. Una salida de tono más y estás muerto.

- Si quisierais simplemente matarme, ya lo habríais hecho. No se que buscáis, pero sea lo que sea, me necesitáis con vida.

El hombre que le sostenía rechinó los dientes. Ed se sorprendió de su propia habilidad. Un farol que había dado en el clavo. Eso le daría un poco más de tiempo.

- Eso no significa nada. Puedo matarte si quiero.

- Adelante. Ya estás tardando - Se la estaba jugando. Sabía que se la estaba jugando de verdad. Pero no iba a dejar que un gallito le torease. Y menos uno que ni se atrevía a dar la cara.

Ed sintió como el arma se separaba de su cuello y se clavaba directamente entre la unión de su hombro y el automail. El rubio gritó de dolor.

- Puede que no te pueda matar, pero eso no significa que no pueda hacerte colaborar por las malas ¿Lo entiendes? ¿O quizás necesitas otro ejemplo práctico? - Preguntó hundiendo aun más la hoja en al herida, logrando que Ed prácticamente emitiera un alarido lastimero, mientras que sus ropas se empapaban de sangre. - Portate bien ¿Quieres? No me gustaría tener que hacerte gritar. Tus gritos son muy desagradables.

"Maldito desgraciado" - No le quedaba otra. Tendría que "portarse bien", al menos hasta que se le ocurriera algo. El hombre con el que había estado hablando le agarró por las muñecas, mientras que otro más volvía a amenazar su garganta con un arma.

-¿Sabéis? Puede que sea cosa mías, pero no creo que esas sean formas de tratar a alguien. - Dijo una voz justo detrás de Edward. - Mejor que salgáis por patas si sabéis lo que os conviene.

El hombre que sostenía a Ed volvió la cabeza

- ¿Pero que demonios...? - A penas pudo articular esas palabras, una espada le atravesó.

Ed se alejó como pudo del cuerpo ahora sin vida, intentando ignorar las punzadas de ardiente dolor que sentía y la sangre saliendo a borbotones de su hombro.

Los compañeros del encapuchado caído se dirigieron directamente hacia Ed. Un figura agil saltó por encima del rubio y se situó justo delante de él, atravesando son su arma a cada uno de los atacantes sin piedad.

Ed quedó de pie junto a aquel chico que le había salvado, rodeado de cadáveres.

- ¿Estás bien? - Preguntó el joven moreno volviéndose hacia Ed con una sonrisa amable.

- ¿Tú? - Edward miró fijamente a Ling Yao, como si no se creyera lo que veían sus ojos - ¿Por qué has hecho eso?

- Bueno ¿Hubieras preferido que dejara que te mataran?

- Yo no te he pedido ayuda.

Ling sonrió abiertamente.

- Tranquilo, ni siquiera te estaba pidiendo que me dieras las gracias. No te pongas a la defensiva.

El moreno se acercó a Ed, el cual se quedó parado.

- Pero supongo que tendré que dártelas...

- No es necesario. - Ling miró directamente a los ojos dorados de Edward, el cual comenzó a sentirse un poco incomodo. - Se me ha ocurrido una buena forma de cobrarme el favor.

Yao acortó la distancia que los separaba y besó los labios de Ed sin miramientos, pasando sus brazos alrededor de la cintura del rubio. Edward se resistió, pero antes de que pudiera separarse de él, Ling se alejó con suavidad y una sonrisa en el rostro.

- ¡Nos vemos! - Se despidió tranquilamente el moreno, caminado con tranquilidad hacia el final de la calle.

- ¿Como que...? - Ed tardó unos segundos en reaccionar - ¿¡Pero como que...!? ¡Tu estás chalado! ¡Pervertido!

Ling solo levantó la mano en forma de despedida y desapareció tras la esquina.

Aun le dolía la herida, pero se sentía tan ultrajado por lo que había hecho Ling que apenas lo recordaba. ¿Pero que demonio tenía aquel imbécil en la cabeza?

Ed resopló ofendido, para fijar sin querer la vista hacia el suelo y poder ver aquella joya que le habían tirado hacia un rato. Ed se agacho y utilizó su brazo izquierdo para hacerse con ella. Era una autentica pieza de artesanía, hermosa y cuidada. Había símbolos grabados alrededor de el soporte de plata que sostenía la gema roja. Ed pudo saber sin mucha dificultad que esos símbolos tenían que estar relacionados con la alquimia. Lo confirmó por completo al observar con sorpresa el símbolo que se hallaba dibujado dentro de la gema roja: Un sello de sangre, tal y como el que tenía la armadura que ahora contenía el alma de su hermano.

¿Qué demonios era aquello? No lo sabía con exactitud, pero si estaba seguro de que esa joya podía usarse para mucho más que para abrir brechas en las cabezas de las personas.

Ed guardó el colgante en el bolsillo de su pantalón. Fuese lo que fuese, iba a averiguarlo.

Mientras se dirigía a la posada tras romper su abrigo rojo y hacer un torniquete en su herida, se apuntó una nota mental importante: Tenía que ajustarle las cuentas a Ling Yao por cara dura. Preferiblemente de una manera muy dolorosa para el moreno.

Ed marchó, observado muy de cerca por unos brillantes ojos negros.

Continuara...

El rincón de las estupideces de Hermachis.

Y aquí el segundo capítulo, bastante más largo que el anterior (el doble o más) Vuestros reviews me han animado mucho y agradezco que el tiempo que tomasteis para comentar que os ha parecido. Muchas gracias a Murder Alchemist, haneko-chan, Yoana-capricornio y Maria-Elric ^^ Intenté contestar los reviews. Espero que llegara mi respuesta (Es la primera vez que uso el modo replay) . Para Murder Alchemist, decir que no me aparecía tu correo, asique te contestaré en mi perfil. Si volvieras a dejarme un comentario, deja espacios entre los caracteres para que aparezca la dirección y pueda responderte ahí n.n Ya que la gente se molesta en comentar, como mínimo es mi deber contestarles.

Bueno, aclara un par de cosillas. (Que debería haber aclarado antes, lo se ) El fic se desarrolla mayoritariamente según los sucesos del manga (De ahí, la aparición estelar de Ling Yao) Pero probablemente haré una mezcla entre sucesos del manga y del anime según me convenga. Siento el chapurreo xD

Intentaré no soltar muchos spoilers sobre el manga por si alguien no lo ha leído y lo quiere leer o se lo está leyendo (Tampoco es que pueda soltar muchos, ya que solo he leído los 10 primeros volúmenes...) De todas formas, si se diera el caso, pondría la advertencia, asique tranquilidad.

Nuevamente, si alguien quiere dejarme un reviews, estaría muy agradecida. No puedo mejorar ni saber si lo que hago va bien sin vuestras opiniones.

Gracias por vuestro tiempo y por leer ^^

¡Hasta pronto!