Gui: Planteo estos dos primeros capítulos juntos, porque así se entiende mejor y la historia tiene algo de chicha. Digamos que ocurren más o menos a la vez, y en este se aclara lo que en el anterior fue un poco rápido. Ya va mascándose la tragedia...

Mi fuente principal es el precioso manuscrito del Archimaestre Gyldayn de la Ciudadela de Antigua, la Historia de las Causas, Orígenes, Batallas y Traiciones de la Más Trágica de las Masacres, Conocida como la Danza de Dragones, recogida por un ser humano servicial llamado George Martin, en una antología llamada Mujeres Peligrosas (Dangerous Women, en su título en inglés).

Discalimer: Los hechos y dichos recogidos en esta historia salen expresamente de la cabeza de nuestro querido grrrr George Martin.


Dragones Bailando
o la Más Humana de las Tragedias: la Guerra Testaruda


Visenya, La Que No Fue

–¡Sal de mí! ¡Sal! ¡Fuera! ¡Fuera! –los gritos de Rhaenyra retumbaban en los gruesos muros de Rocadragón. La frustración y la ira se mezclaban con el dolor y le cegaban los sentidos. El monstruo que le desgarraba las entrañas no era un bebé, sino Aegon, abriéndose paso con la corona del Conquistador. Ese niño tolerable, inmundo fruto de una bruja... Podía oír las maldiciones que pesaban sobre su cabeza de boca de Alicent. Seguro que estaba deseando que muriese de parto, esa ladrona traidora y avariciosa. Que muera dando a luz. Que muera dando a luz y su hijo nonato también. No le bastaba con ser la reina, no, tenía que poner a su descendencia en el trono.

No había entendido que con la sangre del dragón no se juega. Los Hightower podían haber tenido la suerte de mezclarse con los Targaryen, pero de ahí a poner a polluelos de sangre del Dominio en el trono había un abismo.

Ella tenía sangre de dragón por los dos lados. La misma sangre que había creado el engendro que le salía de entre las piernas.

–¡Fuera! –ya no tenía muy claro qué gritaba. Se estaba haciendo eterno, y necesitaba ese tiempo. Necesitaba ese tiempo para contrarrestar las intrigas de los Hightower, de la puta de Alicent y de su gordo y feo padre. Mano del Rey. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Otto Hightower quería poder, quería prestigio y quería un linaje regio que desafiase a la muerte. Y su padre había caído en su vil trampa. Su padre, que la había nombrado sucesora a ella, tenía una mano verde de envidia.

Se despertó de repente. Había perdido el conocimiento. No había gritos en la habitación. La septa le enseñó a la niña deforme, muerta, con un agujero en el pecho en el lugar en el que debía haber estado su corazón y una cola retorcida y repugnante. La rabia se apoderó de la garganta de Rhaenyra, de sus labios y dientes, y de sus ojos.

–¡Ellos! –le costaba respirar y las lágrimas le cegaban la vista–. ¡Ellos!

Se le escaparon varios sollozos y gritos, a medias, porque necesitaba respirar.

–¡Ellos, asesinos, traidores, intrigantes, ellos han matado a mi hija!

Su única hija. La llamó Visenya, como la hermana más hermosa de Aegon el Conquistador, y culpó públicamente a los Hightower de habérsela arrebatado. Creó su propio consejo, el Consejo Negro, contra el Verde de Desembarco del Rey. Verde como las florecillas de primavera que mueren tan rápido… Y se coronó. Aún quedaban hombres leales, que recordaban el día en que Viserys I la había nombrado sucesora: ser Steffon Darlyn, de la Guardia Real, había robado la corona de su padre y se la había traído, al amparo de la noche. Con él, tenía tres capas blancas a sus órdenes.

No tenía mucho más, señores que le jurarían lealtad, la mejor flota de Poniente… pero tenía dragones, muchos dragones, con cola escamosa como su hija muerta. No pensaba ponerse a merced de los caprichos de los hombres de primavera. Sería la reina, por el fuego y la sangre.


«¡Has despertado al dragón!» -Viserys, el Rey Mendigo.

Porque sus palabras ilustran bien este capítulo.

Los reviews calman al dragón, por si acaso tenéis miedo.

Gui
SdlN