RATED M. Porque estaban hechos el uno para el otro, y los dos lo sabían. Eran como imanes que no acababan de acercarse nunca. Un vistazo a la relación de Harry y Hermione después de la batalla de Hogwarts, desde su reaparición en Reino Unido después de estar desaparecido 10 años, a su vida familiar.
RATING: M
PAIRING: Harry y Hermione
ACTUALIZADO 28/06/2018
CAPÍTULO 1: EL REGRESO DE EL ELEGIDO
¿En qué momento había pensado que sería agradable sentar la cabeza y llegar por las noches a una casa dónde le esperase alguien para cenar? Podía llegar a encontrarle cierto sentido a esa idea, pero de verdad, ¿en qué momento de enajenación transitoria se había dejado convencer de que sería agradable tomar algo con Cormac McLaggen?
Maldijo internamente en silencio a su secretario, a la secretaria de su secretario y a sus tres ayudantes. Por Dios, ese tío era un auténtico pelmazo. Desde que se hubieran sentado en el bistró más concurrido del callejón Diagon no había parado de hablar. Hermione deseaba estar en otro lugar, no porque el restaurante no fuese acogedor, sino porque hubiera escogido algo más discreto.
Recordó el odio visceral de Ron hacia Cormac, y eso le hizo sonreír. El aludido, envalentonado, lo tomó como un aliciente para seguir hablando de sí mismo sin darse siquiera tiempo para respirar.
Que no hable por Dios, si solo se limitase a la cama, el mundo sería un lugar mejor.
¿Por qué? ¿Por qué había aceptado salir con él? ¿A un lugar público? ¿Por qué era necesario el acto de hablar?
Ese era el motivo por el que había aceptado quedar con él. Sus necesidades. Pero después de un par de encuentros casuales espaciados en el tiempo, él había elegido convertirse en un caballero y sacarle a cenar. Ella se había reprimido para no decirle que no hacía falta.
Hermione tuvo ganas de darse cabezazos contra la mesa.
Hermione suspiró y miró alrededor. No es que ocupase muchas portadas desde hacía mucho tiempo, pero aun así la gente seguía sabiendo quién era. El foco que tenían apuntando al trío dorado había desaparecido, algo que había parecido decepcionar profundamente a Ron, que parecía haber hecho su fortuna en parte por el interés de la prensa. Tampoco le podía culpar, la verdad.
- ¿Qué te parece?
Volvió a la realidad de pronto. Ahora le preguntaba por su opinión. Como si supiera de lo que estaba hablando. Se dio cuenta de que llevaba asintiendo y contestando con la última palabra de sus frases un buen rato.
Le miró, el cabello rubio ceniza y ojos claros de un color indeterminado, intentando recordar de qué demonios llevaba hablando más de 20 minutos.
¿Su empresa? ¿La fortuna familiar? ¿La casa de verano en el sur de Francia? ¿Su pelo?
Abrió la boca dispuesta a contestar y jugársela, pero sabía que no iba a acertar ni de coña. Opción dos, salirse por la tangente.
-En realidad, estaba pensando, Cormac, - sonrisa seductora, - que no sé tú, pero yo ya no tengo hambre. Igual podíamos tomar el postre en tu casa.
Vio como tragaba saliva visiblemente. Su nuez subió y bajó con lo que le pareció, fue entusiasmo. Sacó treinta galeones y los dejó sobre la mesa. Tintinearon escandalosamente. Le dejó pagar sin remilgos.
-Tengo helado de fresa.
Hermione se levantó, cogió el bolso y la chaqueta. Le siguió ignorando la mano que le tendía.
Hermione odiaba la fresa, pero esa noche se tendría que conformar.
-o-
Llegó a su oficina, su secretario en la puerta de su despacho.
- ¿Qué tal anoche?
-Recuérdame que no te vuelva a hacer caso nunca.
- ¿Tan mal lo hizo McLaggen?
-Muy pasable, demasiado pagado de sí mismo. Me faltó tiempo para desaparecerme.
-Nadie te vale, tienes el listón demasiado alto.
-Será eso, - sonriendo cerró la puerta de su despacho tras ella, y vio el memorándum interdepartamental flotando en el aire.
Lo leyó en cuanto se quitó la gabardina. Era poco usual que la convocaran a una reunión tan pronto, y con carácter tan urgente. El ministro y su jefe. Debía de ser importante.
Se puso en camino y en el vestíbulo se cruzó con Draco Malfoy.
-Granger, hay algo que me gustaría comentarte.
-Tengo mucha prisa…
-Es importante, de verdad.
Hermione extrañada, se dio la vuelta en medio del pasillo. Draco había conseguido reconciliarse con la vida, había elegido y lo había hecho bien. No era especialmente querido ni popular, pero ella sabía lo que le había costado llegar hasta dónde estaba, y le respetaba por ello.
-Antes de que entres ahí, creo que deberías saber lo que te vas a encontrar.
Esto era nuevo. ¿Cómo era posible que un auror estuviera al tanto de lo que ocurría en el despacho del jefe del departamento de seguridad mágica, cuando era a ella a la que habían llamado primero? Draco debió de ver la pregunta escrita en su cara, y una sonrisa socarrona apareció en su rostro pálido.
-Lo sé, algo que Hermione Granger no sabe. ¡Qué misterio!
-En serio Draco, no tengo toda la mañana.
-Está bien. Tengo un amigo que trabaja en El Profeta, saldrá en la edición de mañana, y antes de que la mandíbula se te descuelgue ahí dentro, deberías conocer la noticia de antemano.
¿Noticia?
- ¿Qué noticia?
-El Ministerio va a colaborar con el MACUSA.
-Eso no es nada nuevo, - e hizo ademán de irse. Draco la agarró del brazo antes de que pudiera ir muy lejos. Cuando se volvió incómodo, la soltó y volvió a hablar.
-Déjame terminar. La colaboración es con la división internacional de seguridad. Han localizado y cogido a Rabastan Lestrange en Karlovac, una localidad cercana a Zagreb. No sé lo que planeaban, pero sé que Rodophus estaba con él y logró huir y que lo que hayan hecho es gordo. Están esperando una orden de extradición para que tú le puedas mandar a Azkaban a que se pudra.
-Ahora sí tienes mi atención.
-Cómo te he dicho los del MACUSA están aquí. Han mandado a tres aurores y la intención del ministro es una actuación conjunta a nivel europeo.
-Pero eso es genial, es por lo que llevo trabajando más de cuatro años. Parece ser que al final el señor ministro ha aprobado el decreto que autoriza a la actuación en territorio europeo de entidades de seguridad mágica extranjeras…
-Potter está al mando.
Así, sin introducción, sin tirita, sin aviso. Su cara debió de ser un poema.
- ¿Harry?
-Sí. Al parecer lleva trabajando para el MACUSA siete años.
-Si esto es una broma Draco, no tiene…
-No lo es Granger. Entra ahí dentro y compruébalo. - Señaló hacia las dependencias ministeriales. - La prensa se va a volver loca mañana, y pensé que quizá te gustaría enterarte en persona que leerlo en otro artículo ácido de Rita Skeeter.
Hermione asintió, sin saber todavía muy bien cómo reaccionar.
-Supongo que mañana a más tardar nos convocarán a una reunión con ellos. Supongo que ahora te pondrán al día ahí dentro.
- ¿Cómo sabes esto?
-Tengo mis contactos, pero digamos que últimamente no se me han dado mal las relaciones internacionales, - su mirada se desvío sin querer hacia el pasillo que daba a la pequeña oficina de colaboración del MACUSA en el ministerio por la que tanto había luchado Hermione. En ese momento apareció una chica espigada, alta y delgada con el pelo negro y piel aceitunada. No sabía cómo se llamaba, pero allí todo el mundo la llamaba La Americana.
Hermione sonrió para sí.
-Gracias Draco.
- ¿Por qué me das las gracias?
- Porque no tenías por qué decirme nada.
-Te equivocas Granger. Sí que debía hacerlo. No me gustaría que mi futura jefa hiciera el ridículo ahí dentro.
Y dicho esto se alejó riendo por atravesando el concurrido vestíbulo en dirección opuesta, derecho hacia La Americana.
-Ya soy tu jefa Malfoy, - le gritó desde donde estaba, a lo cual el rubio rio más fuerte.
Hermione inspiró fuerte y se dirigió al despacho del ministro.
Efectivamente y tal y como había predicho Malfoy, se convocó una reunión a la mañana siguiente a la que atendería el jefe del departamento de seguridad mágica Dean Munro, la comisaria de la oficina de aurores Ophelia Pritchard, los dos aurores jefes Malfoy y Longbottom y la adjunta de Munro, ella misma.
Por mucho que se dijera que había sido capaz de mantener la compostura dentro de la oficina del ministro, que lo había hecho, no había sido capaz, sin embargo, de hacer nada de provecho durante el resto del día. Ni tampoco fue capaz de pegar ojo en toda la noche.
-o-
EL REGRESO DE EL ELEGIDO, por Rita Skeeter
Hay famosos y famosos. Se habla todos los días sobre la actualidad mágica, pero no podemos negar que en Gran Bretaña se llora la ausencia de Harry Potter desde un mes después de la fatídica batalla de Hogwarts.
Desapareció del panorama británico sin ni siquiera decir un triste adiós, pero no se sientan ofendidos, ni siquiera sus seres queridos más allegados (que ya eran pocos) lo supieron. Aunque todo tiene su compensación.
El trío dorado pasó a ser la pareja de oro, y de ahí a nada. El compromiso que se anunció semanas escasas después de la batalla entre Ronald Weasley y Hermione Granger, fue cancelado sin motivo aparente, nadie quiso hacer declaraciones.
Aun así, la presión mediática le sirvió al siempre segundón Weasley para labrarse una fortuna, levantando de nuevo el negocio de artículos de bromas que otrora dirigieran Fred y George Weasley, llegando a abrir sucursales en Liverpool y en Edimburgo – ahora planean expandirse en territorio irlandés. No olvidemos que el señor Weasley está entre las veinte fortunas de Reino Unido.
Sin embargo, la vida de la infame rompecorazones Hermione Granger, nos ha sido más difícil de seguir. Después de una larga formación académica que parecía no terminar nunca, nos sorprendió siendo nombrada Primera Adjunta del Jefe del Departamento de Seguridad Mágica del Ministerio de Magia, Dean Munro. A partir de ahí la información es breve, los contratos de confidencialidad del ministerio nos impiden llegar más allá, aunque siempre hay almas solidarias que confirman los rumores a voces: el enlace de la señorita Granger y el señor Munro se celebrará la siguiente primavera en la casa de campo de la familia. No nos perderemos ese evento.
¿Y que fue del tercero en discordia?
Cuando la sociedad se había olvidado de él, cuando incluso habíamos aceptado la reinserción de Draco Malfoy como pilar fundamental de la seguridad – ¿de verdad alguien se lo cree? – cuando todos los muros de Hogwarts habían sido levantados de nuevo, nos llega este bombazo.
Ya no hay motivo para la tristeza, porque Harry Potter, el Elegido, ha vuelto.
Con los 28 años recién cumplidos y alguna arruguita que otra en el ceño, se ha deshecho de las distintivas gafas redondas que se convirtieron en su símbolo – qué decepción. (Al final, parece ser que ha madurado, y se ha dado cuenta de que eran más propias de un friki huérfano de doce años).
¿Y qué oculta esa barba? La famosa cicatriz en forma de rayo tiene compañía, hay quien dice que oculta una quemadura de fuego de dragón, otros un corte desagradable. Desde el profeta solicitamos aclaración al respecto a la Oficina de Relaciones Públicas del MACUSA, pero solo obtuvimos la respuesta usual: "No podemos hacer comentarios al respecto. Las actividades del señor Potter para con este congreso son confidenciales, se lo hemos dicho ya 200 veces señorita Skeeter, así que le rogamos no insista."
Quién se iba a imaginar que nuestro patito feo favorito volvería convertido en todo un hombre, un auror de renombre con toda una legión de seguidores a sus espaldas.
Y es que el señor Potter ha sido entrenado nada más y nada menos que por los gigantes de las montañas rocosas, según fuentes fidedignas. Allí se ha vuelto a labrar fama. ¿Quién iba a creer que le gustaba alejarse de los focos, cuando lo primero que hace al salir de nuestras fronteras es buscarlos de nuevo?
Una siempre duda a la hora de invadir la privacidad de las vidas de la gente, pero lo cierto es que, al ser una figura de interés público, Harry Potter recibe las mieles y las hieles del éxito. Ahora solo nos falta saber si se quedará con nosotros o volverá corriendo y huyendo de nuevo de dónde quiera que haya venido.
Y para todos aquellos ávidos de información que no puedan esperar a la siguiente tirada, a partir del día 10 estará disponible mi nuevo libro "10 Años de Silencio: La Cara Oscura del Éxito del Trío Dorado", en Flourish & Blotts.
-o-
Ese día llegó a trabajar más tarde de lo habitual. Había tardado mucho en vestirse, nada le parecía adecuado. Al final había optado por un vestido estrecho de manga corta burdeos, medias y zapatos oscuros y un abrigo de paño negro.
Ni siquiera había desayunado, había sido incapaz de ingerir nada.
Se había enfadado cuando, de camino, había leído El Profeta. Esa Rita Skeeter no tenía filtro, era una calamidad. Así que resultaba que se iba a casar, y nada menos que con su jefe. Contuvo la risa, seguro que a Munro le hacía gracia, y a su marido también.
Por mucho que intentase mantener la cordura y no andar como un torbellino, no había pegado ojo en toda la noche. No paró quieta hasta que fue la hora, y se dirigió a la sala de reuniones puntualmente. Se agarró las manos para tenerlas quietas. Cuando tomó asiento, e intercambió formalidades con sus colegas, fue cuando entró.
No pudo evitar mirarle descaradamente.
Desde luego no era como recordaba. El aspecto aniñado había desaparecido junto con las gafas. No, desde luego Harry Potter ya no era ningún niño.
Sus recuerdos no le hacían justicia. Rita Skeeter había dicho la verdad por una vez. Se había dejado crecer la barba. Sin las lentes, los ojos verdes brillaban más que nunca.
Le miró las manos. ¿Desde cuándo Harry tenía esas manos? ¿Desde cuándo los hombros le habían ensanchado tanto?
Sacudió la cabeza. Hacía diez años que no veía a Harry, que nadie veía a Harry, se corrigió mentalmente. Él no era el motivo por el cual se habían reunido allí. Aunque desde luego no podía evitar mirar de reojo.
Estaba impecable. La barba cuidada. Al estilo muggle, llevaba unos chinos azul marino y un jersey de cuello redondo gris perla de ochos.
Hacía ya tiempo que la moda muggle se había impuesto a las excentricidades de la mágica, sobre todo por un tema de comodidad, y de camuflaje. La ley que había sacado Hermione adelante hacía un par de años para la Protección Anónima de Personas No Mágicas también había tenido mucho que ver.
Se hizo el silencio cuando apareció y Hermione supo que todo el mundo estaba conteniendo la respiración. Por un momento sus miradas se cruzaron y sintió como el estómago le daba un vuelco cuando se detuvo más de lo necesario. Probablemente si hubiera querido, no hubiese sido capaz de formular una sola frase coherente en aquel momento. Se mordió la lengua y fijó la vista en el ministro.
-Buenos días a todos, podría extenderme en la introducción, pero todos ustedes saben que simplemente no es mi estilo. Todos y cada uno de los presentes han sido debidamente informados de la situación, así que por el momento y antes de dar la palabra al jefe del departamento de seguridad mágica, el señor Munro; para quienes no los conozcan, tengo el placer de presentarles a los señores Bernard Oltra, Edward O'Farrell y Harry Potter. Vienen desde el MACUSA, sé que han hecho un largo viaje y espero que su estancia aquí sea fructífera. Dicho esto, señor Munro, cuando quiera.
Apenas fue consciente de que su jefe y el ministro intercambiaban los sitios. Se volvieron a mirar, y aquella vez le costó mucho más volver a centrar la atención.
-Como ya saben, se ha encontrado una conexión en una serie de asesinatos muggle que van desde Boston a Nueva York, Manchester y Londres. Nos habría pasado desapercibida si no hubiera sido por el descubrimiento de un denominador común en todas ellas, la marca tenebrosa.
-Creemos que estamos ante una oleada de nuevos mortífagos, en principio una amenaza de clase menor, hijos, neo adeptos y perfiles por el estilo. A la cabeza se sabe que están los hermanos Lestrange, que llevan en busca y captura más de nueve años. Rabastan Lestrange está bajo custodia de las autoridades croatas y en los próximos días se espera que se haga efectiva su extradición…
Esa mirada escondía y prometía muchas cosas, y Hermione supo que tenían mucho de lo que hablar. Temía y esperaba ese momento a partes iguales.
Ya habría tiempo de hablar, se dijo.
-o-
La reunión había sido tediosa. No habían soltado el traslador, y ya estaban en el Ministerio escuchando hablar de la odiosa e inútil burocracia.
Volver a Londres era embriagador y abrumador a partes iguales. Diez años eran mucho tiempo, pero la ciudad no había cambiado. Sin embargo, los que vivían en ella sí.
No podía dejar de pensar en ella.
Bueno, en realidad, su mente había entrado en bucle desde que le ofrecieran el caso en el MACUSA al otro lado del océano.
No dejaba de componer su imagen una y otra vez, analizando cada detalle minuciosamente, estudiando sus expresiones, su lenguaje corporal, recreándose en ella al fin y al cabo.
Hermione siempre había sido preciosa, pero ahora...
Ya no tenía el pelo ensortijado ni manchas de tinta en la cara. No iba cargada de un montón de libros más grande que ella misma, y sin embargo era imposible no reconocerla. Hermione Granger se había convertido en una mujer preciosa, de la cabeza a los pies, y era absurdo negarlo.
Por un momento se preguntó dónde demonios estaría Ron, y si había dejado escapar la oportunidad de su vida. Todo parecía indicar que había sido así; Hermione no llevaba ningún anillo en el dedo, ni había cambiado su apellido.
Miró alrededor. Era ya tarde y los pasillos de la cuarta planta de daños provocados por hechizos del hospital de San Mungo estaban casi desiertos. Era requisito del ministerio un reconocimiento completo médico antes y después de comenzar cada una de las misiones.
La silla de plástico ya no era tan cómoda como al principio. Se revolvió inquieto, era el último de los tres en pasar, Eddie y Bernard ya habían salido. Qué les estaba llevando tanto tiempo a los sanadores ahí dentro, era un misterio que escapaba de su entendimiento.
Al final la puerta se abrió, y Harry tuvo que mirar dos veces hasta registrar quién era.
- ¿Harry Potter?
No pudo evitar sonreír, una sonrisa genuina que le inundó el rostro.
-Pero mira quién es sanadora. Esto sí que no me lo esperaba.
Se levantó, y por un momento dudó en acercarse, pero venció la resistencia y envolvió a Ginny en un cálido abrazo, que ella devolvió.
Ginny Weasley ya no le sacaba la cabeza, también era justo añadir que Harry probablemente había crecido 15 centímetros desde que tuviese 17 años. El pelo rojo seguía siendo su distintivo y los ojos azules seguían resaltando en un rostro lleno de pecas y una sonrisa fina y sincera.
Harry se alegraba de verla, y ella también.
-Imagínate cuando he visto tu nombre en mi lista de revisiones rutinarias de hoy. Casi se me salen los ojos de la sorpresa.
-No me extraña. Todavía se supone que es secreto.
-Entonces la prensa estará a punto de aparecer por el pasillo.
Se separaron y no pudieron más que reírse. Probablemente eso fuera con certeza lo que iba a ocurrir, las noticias volaban.
-Seguramente.
-Entonces mejor entramos.
A Ginny Weasley no le iba nada mal. Su consulta hablaba por sí sola. Hacía rato que ya había anochecido, pero desde la ventana se podía ver las luces brillantes de las orillas del Támesis. Todo estaba lleno de pergaminos y libros, en un caos que parecía tener sentido. Una puerta entreabierta daba a la sala de examen. Se sentaron.
-Me alegro de verte.
-Yo también. Pensaba que no te iba a volver a ver.
Harry alzó la mano, admitiendo la culpa como hacían los jugadores de baloncesto cuando les pitaban falta. Tanta NBA al final había calado.
-A eso no puedo decir nada, te voy a dar la razón a todo.
Ginny rio, una risa cristalina y franca que no dejaba lugar a dudas, todos los problemas que otrora hubiese habido entre ellos hacía tiempo que se habían olvidado y perdonado, y eso no pudo hacer menos que hacer sentir que un peso invisible se evaporaba sobre sus hombros.
Extendió la mano, y Ginny la cogió. Sobre su anular izquierdo había un fino aro de oro coronado por un topacio amarillo.
Fue el turno de Harry de poner los ojos en blanco.
-Esto quiere decir que debo darte la enhorabuena, ¿no?
-Así es, por supuesto, si aún sigues por aquí y no te desapareces antes de tiempo estás cordialmente invitado.
-Eso duele.
-Es tan cierto como la vida misma, sabes que llevo razón.
- ¿Y quién es el afortunado?
-Oh, le conoces de sobra. Dean Thomas.
-Me alegro un montón, de verdad Ginny. ¿Qué tal todos los demás? ¿Tu padre, tu madre, tus hermanos?
-Genial. Mi padre se jubiló el año pasado y desde entonces están renovando La Madriguera, cualquiera diría que iban a estar solos pero la casa se les ha llenado de niños de un momento a otro. Victoire, Molly, Fred y Roxanne acaba de nacer. Te perdiste la boda de George, eso sí que fue para recordar, u olvidar, todavía no lo tengo muy claro… Bueno ¿y tú qué? ¿Qué has hecho todo este tiempo? ¿Alguna mujer escondida en el armario con un montón de niños chillones y ruidosos?
-Qué va, -rio Harry, -me he dedicado a portarme bien y a ser discreto.
-Y tan discreto… Y ¿ya has visto a Hermione?
-Sí,- de pronto encontró los cordones de sus zapatos la mar de interesantes y la conversación no le parecía tan divertida-resulta que es mi nueva jefa al parecer. ¿Por qué lo preguntas?
-Oh, vamos Harry. Yo era joven pero no ciega. Se veía a leguas. -Ginny parecía tremendamente divertida con ese tema de conversación en particular. - Deberías hablar con ella.
-¿Qué te hace pensar que no lo he hecho ya?
-Harry que nos conocemos…
-¿Por qué no empezamos ya con el reconocimiento?- cortó con una mirada descarada al reloj que había junto a la puerta.
-Como quieras, - Ginny aceptó la derrota y volvió su atención al expediente que tenía encima de la mesa con su nombre. Lo señaló- Esto sin duda, tu historial médico, ha sido una lectura muy entretenida.
-Respecto a eso, te tengo que pedir una cosa.
-Por supuesto. Dime.
-Lo que pone en ese informe es confidencial, y me gustaría que siguiera siendo así, y que no saliese de esta consulta.
-La confidencialidad sanadora paciente está asegurada.
-Gracias.
-Vale, pues empecemos.
Las preguntas se sucedieron una tras otra, algunas fáciles otras incómodas, otras simplemente, no estaba preparado para contestarlas.
Exposición a explosiones y detonaciones; accidentes recientes, dolencias musculares; heridas provocadas por criaturas mágicas; exposición a enfermedades contagiosas, embrujos y maleficios… la lista seguía. La revisión, al final, duró más de una hora.
Cuando acabaron, se despidieron en la puerta con un abrazo y un beso.
-Harry, ven a casa algún día, se alegrarán de verte, sobre todo Ron.
-Te prometo que iré. Me alegro de verte Ginny, estás espectacular.
Y con un guiño de ojos, desapareció en el pasillo.
La caminata que le llevó hasta Grimmauld Place le llevó prácticamente otra hora. La ciudad vibraba, la gente había salido de trabajar y entraba en los pubs. Se despejó con el paseo.
Cuando traspasó el umbral, se dio cuenta de la realidad. La casa era un auténtico nido de mierda. Desde que se fuera, le había pedido a Kreacher que se quedara en Hogwarts. Le preguntaba de vez en cuando a Minerva por él en sus cartas y parecía que el elfo doméstico era feliz. Le alegraba. Grimmauld Place necesitaba un cambio, y eso incluía al elfo.
Pero eso no significaba que fuera a dejar de ser un nido de porquería, moho y suciedad en cuanto chasquease los dedos. Suspiró y bajó a subió a la habitación principal. Sí, definitivamente si quería que aquello pareciese un hogar habría que empezar por ahí. Reprimió una arcada cuando abrió la puerta del baño. La cerró tan rápido como pudo y consideró seriamente alquilar una habitación en el Caldero Chorreante, pero aquello habría sido como poner una gigantesca flecha de neón apuntándole.
Se puso manos a la obra, hacer esa habitación habitable le iba a llevar un rato, y a saber que sorpresa le esperaban dentro de los cajones y debajo de las sábanas.
-o-
¿Por qué le resultaba más sencillo cruzarse medio Londres y meterse en el callejón Diagon, que cruzar los escasos dos metros que le separaban del despacho de Hermione?
Desechó rápidamente el pensamiento. No quería pensar en eso, no todavía, no ahora.
Harry había cambiado, ya no era el niño que se fue, pero aún así, algunas personas se le quedaban mirando al pasar. La barba no era tan efectiva como se había pensado. Se rascó distraídamente, mientras divisaba al final de la calle lo que andaba buscando.
El callejón Diagon parecía haber recuperado mucho más que su esplendor. El bullicio era contagioso, la magia se palpaba en el aire, los comercios prosperaban, y Sortilegios Weasley se había convertido en la joya indiscutible de la corona, una auténtica mina de oro.
Cruzó la puerta.
Los artículos se amontonaban en un delicioso caos, en pilas y torres que amenazaban con caerse en cualquier momento. Las varitas falsas, sombreros acéfalos, surtidos saltaclases, detonadores trampa, pociones de amor, plumas invisibles… La lista era interminable.
Se notaba que estaban en época escolar. Un puñado de niños de alrededor de seis años corrían como locos por los pasillos imposibles bajo la atenta mirada de los padres, que se negaban a adquirir pantanos portátiles o fuegos artificiales.
En el mostrador había una chica con el pelo de un color indeterminado que variaba gradualmente del verde pistacho al amarillo pollo. Estaba inmersa en un libro enorme y se afanaba en escribir en letra minúscula pedido tras pedido. No alzó la cabeza.
-Buenos días, me gustaría ver a Ron.
- ¿Tiene cita con el señor Weasley?
-No, pero creo que no tendrá ningún problema para recibirle.
-El señor Weasley está en su oficina. Ha pedido que no le molesten.
-Dígale que soy el socio capitalista.
Fue entonces cuando la chica levantó la vista hacia él. Harry calculó que no podía tener más de 17 años. No le reconoció. Harry sonrió, le encantaba el anonimato.
-Deme cinco minutos.
-No te preocupes, conozco el camino.
Era cierto. Subió las escaleras, y alcanzó la pequeña oficina ubicada en la planta superior de la tienda. Tocó con los nudillos.
-Pasa Vera.
-Bueno, no soy Vera, pero creo que no te importará que pase.
Ron se quedó de piedra. Harry se echó a reír, una risa nerviosa que delataba el histerismo de su estado de ánimo.
-Cualquiera diría que acabas de ver un muerto.
-Si mal no recuerdo, el único que ve fantasmas aquí eres tú.
-Solo oía voces que nadie más era capaz de oír, bueno y algún que otro muerto sí que he visto.
Se levantó y se acercaron. La escena le recordó un poco a un perro que se acerca oliendo.
Ron también parecía otro. Se parecía a cuando habían tenido que entrar en Gringotts disfrazados. También lucía una barba hirsuta con un bigotillo más poblado del distintivo color rojo. Tenía el pelo más largo, quizá para disimular un atisbo de calvicie hereditaria que luchaba por abrirse paso. Pero estaba genial, había perdido torpeza y no pudo evitar pensar que se había convertido en un hombre, un niño que había crecido bien. Le gustó lo que vio.
-Vi a Ginny ayer por la tarde, y hoy tenía el día libre. Me dijo que me pasara a verte.
- ¿Has venido porque Ginny te lo ha pedido?
-Claro que no.
Ron abrió los brazos y los dos se fundieron en un abrazo sincero. Duró mucho. Era un abrazo de dos hermanos perdidos y reencontrados, dos personas que se había dicho de todo y que eran capaces de haberlo olvidado. Ahora volvían a estar juntos y eso era lo que importaba.
Cuando se separaron, los dos tenían los ojos vidriosos, y no se avergonzaron cuando se restregaron las manos para apartar las lágrimas a manotazos.
- ¿Cuándo has vuelto? Esto se merece el mejor whisky de fuego.
-Ron, son las diez de la mañana…
-Me da igual. Mi mejor amigo acaba de entrar por esa puerta después de diez años, vamos a brindar, eso te lo aseguro.
Harry se dejó caer en uno de los butacones junto a la ventana y dejó escapar un suspiro contenido, notó como un peso enorme se le quitaba de los hombros. Había temido el reencuentro con todo su corazón. La última conversación que había mantenido con Ron había sido de todo menos cordial, y se había saldado con un puñetazo, Ron fuera de sus casillas, Hermione llorando y suplicando, sujetando a su prometido y Harry sintiéndose una auténtica mierda. En aquel momento no lo sabía, pero aquel había sido el punto de no retorno, un punto de inflexión que había desembocado en todo lo que vino después.
Ron se acercó con dos vasos llenos hasta el borde.
- ¿Sin hielo?
- No sabes el pedo que nos vamos a coger hoy tú y yo.
Harry se rio a carcajadas y Ron se unió a él.
- ¿Dónde coño has estado?
- ¿Pensabas que estaba muerto?
-No. Curiosamente, sabía que en algún sitio seguías vivito y coleando. Sabía que te iría bien, y veo que no me equivocaba. -Le palmeó sonoramente la espalda.
Harry frunció el ceño, pero no digo nada.
-Hermione fue harina de otro costal, -siguió. -Removió Roma con Santiago, pero evidentemente no encontró ni rastro. Le dije que parara, que lo dejase, que te habías ido y ya estaba. Que debía respetar tu decisión. Al principio era evidente que yo no quería que regresaras, pero después, cuando todo se calmó supe que donde estuvieses, estabas bien, y que regresarías cuando estuvieras preparado.
-Sobre eso Ron, te debo una disculpa.
Ron tragó e hizo un gesto con la mano, barriendo el aire.
-Ni de coña. Era un niñato de mierda. Un inconsciente, egoísta que no era capaz de ver más allá de mí y de mi propio dolor. Retiro todo lo que te dije de Fred. Tú no tenías la culpa de que muriera. Todos éramos conscientes de dónde nos estábamos metiendo. Lo vi claro después. No era tu guerra, era la guerra de todos.
-Al final parece que lo único que necesitábamos era tiempo. Me costó entenderlo demasiado.
-Éramos muy jóvenes, no niños desde luego, porque con lo que nos tocó vivir era imposible, pero aun así éramos muy jóvenes. Parece que han pasado mil años desde aquello.
-Yo también tengo la misma sensación.
Se quedaron en silencio un momento, los recuerdos invadiendo cada rincón de la habitación y haciéndose tangibles y palpables.
-Por mi parte esta todo olvidado.
-Me alegro de que hayas vuelto.
-Tenía que volver en algún momento.
- ¿Dónde coño has estado? - repitió.
-Pues un poco en todas partes, pero he estado viviendo en Estados Unidos los últimos años.
-Viviendo el sueño americano, así que al final te convertiste en auror.
- ¿Cómo lo has adivinado?
-Joder, tío, ¿de qué si no, ibas a tener esos pedazos de brazos? Casi me aplastas antes, - y se rio. Harry asintió.
-Delegación de Nueva York hasta el año pasado, y desde entonces he estado en el departamento de operaciones exteriores.
-Entonces has vuelto por trabajo.
-Bueno, yo solicité esta misión. Cuando acabe, me replantearé seguir aquí o no. Solo llevo aquí un día y medio y ya todo es muy abrumador.
Fue el turno de Ron para asentir.
-Sé a qué te refieres. Fue como quedarse después de que desaparecieras. Todo el mundo se volvió loco, Hermione… En fin, perdió la cabeza. ¿Le has visto ya?
Harry se revolvió el pelo, y se rascó la barba de nuevo. Estaba demasiado larga. Asintió distraídamente.
-Resulta que ahora es mi jefa.
-No jodas.
-Sí tío. Estamos a sus órdenes, aunque creo que tengo derecho a veto. Al fin y al cabo, no es nuevo. Tú y yo, - Harry le señaló, - siempre hemos estado a sus órdenes.
Ron rio, asintiendo.
-Y supongo que no me puedes contar a qué has venido.
-Supones bien.
-Putos contratos de confidencialidad.
-Y qué lo digas…
-Mamá se va a volver loca cuando te vea.
-Tengo muchas ganas de ir a La Madriguera, pero si te digo la verdad temía tu reacción, necesitaba verte antes.
-Todo ha cambiado, ahora podemos ver lo que ocurrió con perspectiva. Crecimos muy rápido y nos tocó vivir cosas que no le desearía a nadie, y mucho menos a un niño.
El líquido que llenaba el vaso hasta el borde fue desapareciendo gradualmente, y con él la torpeza, las sutilezas y las precauciones. Eran Harry y Ron, siempre habían sido uña y carne, incluso en sus peores momentos. Se pusieron al día rápido; Ron no paraba de hablar emocionado de lo que habían conseguido con la tienda, de la nueva sucursal y de la ampliación internacional, Harry habló de su entrenamiento en las Rocosas, del placer de vivir una vida anónima, omitiendo detalles descaradamente.
También le habló de Cassidy, una rubia impresionante de piernas largas y sonrisa contagiosa que le había robado el corazón. Le contó como al principio le había ignorado, no le habían gustado nunca los focos, era compañera de Ginny en San Mungo. Así fue cómo se conocieron. Llevaban juntos cerca de tres años, y la cosa iba viento en popa. Para su cumpleaños pensaba regalarle un anillo.
¿Y que había sido de los demás?
Neville había seguido su pasión, había estado varios años estudiando en el Amazonas, realizando la investigación más ambiciosa hasta el momento de plantas mágicas en Sudamérica. La tesis le había valido varios premios internacionales, cuando Ron le preguntó a Harry si no había oído hablar de ello Harry asintió. Recordaba el día en el que la cara sonriente de un nada aniñado Neville le sonreía desde la portada de El Heraldo de Norteamérica. Sin embargo, había decidido sorprender a todos cuando hacía apenas unos meses solicitó un puesto en la oficina de aurores del Ministerio.
Luna se había hecho cargo de El Quisquilloso después de que su padre se retirara. Seguía tan excéntrica y perceptiva como siempre.
Lo que llevaba a una pregunta inevitable.
-Hermione trabaja en el Ministerio, en el Departamento de Seguridad Mágica. Ha ascendido mucho en muy poco tiempo. ¿Te acuerdas del P.E.D.O.? Consiguió institucionalizarlo, tiene la sede junto a Picadilly Circus, y el número de afiliados ha subido a siete millones el último año. Alucinante, ¿verdad? Ha sacado un montón de leyes adelante. Es un monstruo del derecho, no para nunca. Se la rifan en los bufetes, pero no va a dejar la fiscalía del ministerio ni de coña.
Percibía la admiración y el cariño detrás de cada una de las palabras, y Harry no pudo contenerse más.
-Desde luego, - el whisky les había soltado la lengua y no le costó preguntar lo siguiente. - ¿Qué pasó entre vosotros?
Ron hizo una mueca.
- Cuando me fui estabais prometidos, -insistió.
-Pasó lo que tenía que pasar. -Frunció el ceño mientras recordaba, y se rascó el bigote. -Mira Harry, Hermione y yo no estábamos hecho el uno para el otro, pero yo me obcequé. Una gran y feliz familia Weasley, la tribu de los Brady, pero en versión mágica, demasiado idílico para ser cierto. Después de todo, de la batalla, de la guerra, de la muerte de Fred, creo que yo quería que ocurriese algo feliz, algo bueno, pero era forzado. Ella me lo intentó decir, pero yo no la quería escuchar. De aquellos días recuerdo que todo muy rápido y borroso.
Harry se sorprendió de que Ron supiese qué era la tribu de los Brady, pero se cayó. Sabía que si permanecía en silencio Ron continuaría hablando.
¿Qué coño había pasado entre Ron y Hermione? Cuando se fue dejaba a una pareja ¿bien avenida? y una suegra hiper emocionada organizando una boda por todo lo alto para olvidar de esa manera la pérdida de un hijo. Todo estaba mal, absolutamente todo. Nada ocurría al ritmo que debía, se adelantaban los acontecimientos a su alrededor y le parecía que el único que no se movía era él. Terminó abandonando La Madriguera por la presencia acosadora de la prensa las 24 horas del día y las caras largas de su alrededor, y elogió evadirse, alejarse y quedarse solo en Grimmauld con la sola presencia de Kreacher.
-Cuando te fuiste, todo se precipitó. Como te he dicho, ella perdió la cabeza. En serio, nunca la había visto así, y entonces lo vi claro. Sé que Hermione me quería mucho, que de hecho me sigue queriendo, pero me di cuenta de que nunca me iba a querer como te quería a ti.
Harry abrió la boca para contestar, pero fue incapaz de decir nada.
-Y tú también la querías demasiado. Ese fue el principal motivo de que te fueras, ¿verdad?
La cosa se había puesto seria, habían dejado los preliminares atrás y habían entrado en materia sin aviso ni tirita para poner sobre la herida. Harry miró a los ojos a Ron y decidió que, si había regresado, si había ido a verle, lo único que le debía a estas alturas era la verdad. Una verdad sin artificios ni suavizantes que a veces dolía mucho más que una mentira.
Asintió lentamente, y vio a Ron sonreír de medio lado, confirmando una teoría que llevaba guardando años para sí.
-Ella nunca dijo nada. Puede incluso que ni lo supiera.
-Yo no lo supe hasta que me alejé.
Tremendísimo error. ¿O quizá un acierto? No se iba a ir sin averiguarlo.
-o-
-Buenos días.
La cabeza se giró automáticamente, y localizó a Harry sentado en uno de los escritorios, con la mesa llena de pergaminos, y un mapa inmenso en la pared más cercana, trabajando con Neville. Se sorprendió, nunca pensó que Harry fuese de los que madrugaban para ir a trabajar, en el pasado siempre se le habían pegado las sábanas.
-Buenos días, -contestó, y no dijo nada más, aunque se tuvo que morder la lengua para no decir en voz alta que aún estaba esperando una conversación pendiente con él. Una conversación que ya se retrasaba diez años.
-Supongo que debería felicitarte por las nuevas nupcias, ¿no?
Hermione rio. Así que era eso. Decidió jugar un poco, al fin y al cabo, Harry era un recién llegado y todavía no se había puesto al día.
-Ya sabes que estás cordialmente invitado, te guardaré un sitio en la mesa de honor junto a Ron.
- ¿Y a mí no me vas a guardar un sitio, jefa? - preguntó Malfoy con ironía, que entraba en ese momento por la puerta, -y yo que pensaba que ya me había hecho un hueco en tu corazoncito…
Hermione rio, se encaminó a su despacho y Malfoy la siguió. Harry no perdió detalle. Entraron al despacho y Malfoy cerró la puerta tras ellos.
-Entonces, ¿es cierto? ¿Se casa? Nunca hubiera pensado que Rita Skeeter dijera la verdad. - La sorpresa de Harry era genuina. Era incapaz de formarse una imagen mental de esa situación.
-La tergiversa más que nada, - dijo Neville, - a veces oye campanas y no sabe de dónde vienen. Dean Munro ya está casado con Rolf Scamander.
-Oh.
Eso ya le cuadraba más a Harry.
-Entonces eso, ¿a qué venía? - no entendía nada.
-Era una broma. Si no te conociera…
- ¿Qué?
-Diría que estás celoso de Draco Malfoy.
-No estoy celoso. - Cada palabra pronunciada con cuidado, con una tremenda lentitud y con todavía muchísima más contención. – Solo me extraña esa relación que tienen.
- ¿La de compañeros de trabajo?
- ¿También se comporta así contigo, Neville?
-Sí Harry, también. Conmigo y con el resto de la oficina de aurores. Trabajamos codo con codo todos los días, a veces incluso las noches. Y si tan celoso estás…
-No estoy celoso, Neville.
- …deberías saber que, si te hubieras quedado aquí, sería igual entre vosotros.
-Ouch. Eso duele.
Y era cierto, dolió. Harry no quería que lo tratase como a un compañero de trabajo más. Ni mucho menos. En ese momento Malfoy salió del despacho y le hizo un gesto con la cabeza.
-La jefa quiere verte.
Allá vamos, pensó Harry. Cruzó el umbral de la puerta y en la antesala del despacho, su secretario le indicó que tomara asiento.
Llevaba más de media hora sentado en ese imponente despacho, primero esperándola tras haber ignorado las peticiones de su secretario de esperarla fuera. Después observando en silencio cómo le ignoraba descaradamente mientras trabajaba.
Harry simplemente se hartó de tanto rodeo.
- ¿Te han pedido que me des la charla? No soy un novato Hermione. Sé de qué va todo esto.
A Hermione le hubiera gustado gritar, y de haber estado en la calle probablemente hubiera sucumbido a sus deseos. Pero estaban en el ministerio, en su despacho y aquello era el trabajo, no un patio de colegio. Ignorarle le exigía toda la fuerza de voluntad con la que contaba. Ya se sabía lo que decían, el mejor desprecio es no hacer aprecio.
Aun así, la mirada que le dedicó no dejaba lugar a dudas; la impotencia que sentía estaba lejos de ser normal. A Harry le puso los pelos de punta la frialdad que emanaba. Notaba que estaba a años luz de él, que si alzaba la mano y la tocaba se desvanecería de un momento a otro. Estaba subida a un podio desde el que se dedicaba a juzgar todo y a todos.
Una semana, siete días, ciento sesenta y ocho horas… eso era lo que había esperado Hermione a que Harry se acercase a ella.
Pero no lo había hecho, ni amago de hacerlo. Con lo cual la decisión había sido relativamente sencilla: si Harry la trataba de ese modo después de todo el bagaje emocional que acarreaban a sus espaldas, la relación que tendrían sería estrictamente profesional.
Diez años era demasiado tiempo.
Ver a Harry allí, delante de su escritorio, sabiendo que había llegado a ser auror… Se estremeció.
Los aurores no envejecen.
Había una razón por la que ella debía dar la charla a todos los aurores nuevos que llegaban al departamento; un bodrio acerca del trabajo en equipo, la autopreservación y la de los compañeros.
Había una razón muy clara por la que el departamento de seguridad mágica tuviese por estadística la plantilla más joven. Era la que más puestos oficiales sacaba al año, en comparación con el resto del Ministerio.
Era el departamento más necesario y, aun así, era el que más dinero perdía.
La oficina de aurores tenía la culpa.
- Ya sabes lo que se dice.
-Los aurores no envejecen.
-Porque no llegan a vivir lo suficiente, - Harry no añadió nada, no podía decir que en Estados Unidos fuera distinto. De la experiencia que había tenido en la delegación de Nueva York había extraído las mismas conclusiones, la esperanza de vida de los aurores apenas alcanzaba los 40 años. -Desde fuera siempre pareció que no le tenías mucho apreció a la vida.
Harry se inclinó hacia delante, aliviado de romper el silencio. Al fin estaba hablando con ella. La verdad era que no sabía cómo acercarse a Hermione, y había tenido que esperar a que ella le llamara a su despacho para que se vieran cara a cara.
Buen movimiento genio, parece que la estás evitando.
-Tú sabes que eso no es verdad.
-Tienes razón. Cada vez que llega un nuevo auror al departamento me encargo de hablar con ellos. Pero contigo no hace falta, ¿no?
Harry no respondió.
-Vamos al grano entonces. Tu jefa es la comisaria Ophelia Pritchard, así que te dirigirás a ella para cualquier duda, - Hermione abrió el primer cajón de su escritorio y le entregó unos documentos. -Formarás un equipo con tus compañeros además de con el auror Malfoy y el auror Longbottom. Según el acuerdo que tenemos con el Congreso, tú estarás a cargo del equipo, aun así, el Ministerio conserva la potestad para cesarte en cualquier momento si así lo juzga oportuno. A este respecto no se tolerará ningún tipo de discusión interna. Las diferencias de opinión se hablarán civilizadamente.
- ¿No estás de acuerdo con que esté al mando?
-En absoluto. Si algo te sobra es capacidad de liderazgo e iniciativa.
- ¿Eso es un cumplido o un insulto?
-Tómalo como quieras, - le miró a los ojos y Harry supo que no iba a entrar al trapo y prosiguió como si aquella reunión tuviera lugar todas las semanas. Como si no le afectara tenerle delante de ella. -Los informes ministeriales no son una opción, cada vez que se acabe una misión deberán estar debidamente cumplimentados. Para cualquier duda sobre los procedimientos te puedes dirigir a tus compañeros o a la comisaria.
- ¿Entonces para qué estás tú?
-Para destituirte si fuese necesario.
Harry lanzó una carcajada seca cargada de ironía. No, definitivamente no le convenía estar a malas con Hermione. Sabía por experiencia que se podía convertir en una auténtica zorra.
-Perfecto.
-Nada de maniobras encubiertas, absolutamente todo se lo comunicarás a Pritchard por escrito y verbalmente cuando sea posible. Los turnos se indican en el tablón en la sala de reuniones y se envía una lechuza al domicilio de cada auror cada viernes a primera hora; el ministerio no se hace cargo de las horas extras sin previa comunicación.
¿Por dónde empezaba? ¿Siento mucho llevar diez años sin dar señales de vida? ¿Siento no haberte mandado una postal navideña? Quizá debería haber traído algún souvenir con la imagen de la Estatua de la Libertad, o un imán para la nevera con la forma del Empire State Building. Harry frunció el entrecejo y se masajeó las sienes. ¿Por qué era todo tan complicado?
-Hermione, yo…
-Pasarás controles médicos rutinarios cada tres meses, y excepcionalmente al finalizar cada misión.
-Hermione, para.
Como novedad, le ignoró olímpicamente.
-Tendrás que hablar con la oficina de personal para que domicilien tu nómina en tu cámara de Gringotts. Asegúrate de llevar todos los documentos en regla para que agilicen el trámite. La oficina de recursos humanos y demás seres mágicos está en el nivel seis junto al departamento de transporte mágico.
Cuando se hizo evidente que había acabado con su perorata, Harry volvió a hablar.
-Me lo estás poniendo muy difícil.
- ¿Qué te estoy poniendo difícil?
-Hablar contigo.
-Estamos hablando, auror Potter.
- ¿Auror Potter? ¿En serio, Hermione? - Harry se rio, una carcajada seca salió de su garganta, y se levantó de la silla, paseándose por el despacho. - Te entiendo, de verdad que sí.
Pudo con ella, todo el auto control que llevaba comiéndola por dentro desde había más de una semana, se desvaneció ante sus palabras, y sucedió lo predecible, Hermione explotó.
- ¿Qué coño entiendes? ¿Qué coño vas a entender tú? - Ella también se levantó. - Te largaste, te fuiste sin decir nada a nadie. Pensaba que te habías muerto, joder.
-Es evidente que no.
-Vete a la mierda Harry.
-Hermione, estoy intentando hablar contigo.
-Si quieres hablar con alguien, puedes volver derecho al callejón Diagon a ver a Ron a cogerte una cogorza legendaria. O mejor vete a ver a Ginny a San Mungo, a tomarte un café con Neville. Joder Harry, has hablado con Malfoy incluso.
-Así que por eso te estás portando así…
-Ya hemos hablado todo lo que teníamos que hablar, si tienes alguna duda habla con la comisaria, así que ahora haz el favor de salir de mi despacho.
-Tendría que haber venido antes, ya lo sé.
- ¿Qué vas a saber tú?
Hermione giró la cabeza a sus pergaminos, y se esforzó por tratar de leer dos líneas seguidas del informe de la nueva regulación de pensiones. Harry no se iba a rendir tan fácilmente. La cogió por los hombros para forzar algún tipo de reacción y entonces se miraron a los ojos.
-Lo siento, ¿vale?
Se le empañaron los ojos, no pudo evitarlo. ¿Por qué coño tenía los ojos tan verdes, tan mentirosos, tan llenos de secretos?
Cogió aire por la boca, e hizo la pregunta que tanto tiempo la llevaba carcomiendo.
- ¿Dónde has estado?
- Estados Unidos, acabé los estudios en Ilvermorny.
-Dime algo que no sepa, dime algo que no aparezca en tu informe.
Recibió el silencio por respuesta, y con los dientes apretados y sus manos aun aferrándola por los hombros volvió a insistir.
- ¿Dónde fuiste en el verano de 1998?
Harry bajó la cabeza y la soltó. Hermione se dio cuenta que no pensaba hablar.
Se separó de él y volvió a sentarse al frente de su escritorio.
-Cierra la puerta cuando salgas.
Cuando Harry salió del despacho con un enorme peso sobre sus hombros, se sentió culpable y avergonzado, pero se decía que aún no estaba preparado para hablar del pasado. Sí. Era cierto que lo había digerido y lo había aceptado. No podía cambiar que había crecido con la cruz de ser El Elegido, pero las consecuencias habían sido demoledoras.
Pero Hermione… ¿Tenía miedo a que le juzgase? Sin duda. Había visto las preguntas acumularse en sus ojos, aunque lo cubriese con indiferencia, era Hermione, y Harry sabía que tarde o temprano sería incapaz de morderse la lengua y volver a exigirle que confesase qué había sido de él ese verano de 1998.
Más tarde, se dijo. Cuando estuviese en casa ya tendría tiempo para pensar en ello, ahora había otra cosa que reclamaba su atención.
Volvió a su plano en la pared, lo miró con detenimiento intentando establecer algún patrón en los ataques.
-Vaya genio que tiene la jefa, ¿no?
Eddie le sacó de sus cavilaciones. Tanto él como Bernard habían llegado a la oficina cuando Harry estaba en el despacho de Hermione. Por el comentario, se dio cuenta de que su conversación no había pasado inadvertida para sus compañeros.
-Ni te lo imaginas, - contestó. Desde luego si a Harry le sobraba capacidad de liderazgo e iniciativa a Hermione un genio de mil demonios.
- ¿Os conocéis de antes?
Oyó como Neville y Draco se partían de risa a un metro escaso. Harry sonrió. Ambos se acercaron, incapaces de no participar en la conversación.
- ¿Sabes una cosa, O'Farrell? Creo que Potter ha estado en su salsa viviendo Estados Unidos. ¿De verdad no sabéis quién es? – la curiosidad de Neville era genuina.
- ¿Deberíamos conocerte, Potter?
- Depende de a quién le preguntes. – Malfoy dijo, -creo que esta colaboración con el congreso me va a gustar, - dijo cogiendo el informe que había llegado esa mañana y pasando las hojas distraídamente.
-Digamos que me cuesta esfuerzo pasar desapercibido por aquí.
- ¿No te has enterado? A Rita Skeeter le ha faltado tiempo para escribir un artículo a tu llegada, ¿no lo has leído? – Neville le tendió El Profeta y tanto Oltra como O'Farrell se acercaron para poder leer la noticia que ocupaba la portada.
EL REGRESO DE EL ELEGIDO, por Rita Skeeter
Comenzó a leer, lo primero que le vino a la cabeza fue: "bienvenido a casa."
A/N: Dejadme saber lo que os ha parecido. Xxx
ACTUALIZADO 28/06/2018
