Capítulo 2

Belleza Escondida

べじぇさえすこんでぃだ

Nota de la Autora: Muchas Gracias por la cantidad de Review que me dejaron!!!, luego les respondo a cada uno… ténganme paciencia, apenas y me alcanza el tiempo para subir el Capítulo!!!, siento que esta vez sea tan corto… pero es lo que hay!!!, aún que sea déjenme comentarios con tomatazos, igualmente serán bien recibidos… en cuanto a la trama… debo decir que poner a Tomoe y a Kaoru en un mismo Fics, fue arriesgado… por que se iba a complicar las cosas, creo que es uno de los primeros Fics que hace esto, espero poder desarrollarlo de una manera en que les guste!!!… Los dejo y comenten!!!... es lo que hay!!!

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- Gracias… - Aunque la mirada de Kaoru, les dijo a ambas, que no estaba convencida de ello. La puerta de la habitación de azoto con violencia. Misao, Megumi y Kaoru gritaron y dirigieron sus miradas asustadas hacía el umbral. Okami estaba furiosa. Y se puso más furibunda cuando vio a Kaoru con un kimono puesto. Corrió hasta donde estaba la pelinegra y la agarro de los pelos, arrodillándola.

- Así que querías disfrazarte de Geisha, ¿no? — Kaoru sollozo, temblorosa. - … ¡Me desobedeciste!… y dejaste que la cena se echara a perder!!!… ¡te lo advertí! — La obligo a pararse. - … ¡Ahora conocerás las consecuencias! —

- ¡Okami, no! — Chillo Misao.

- Por favor… discúlpela… - Susurro Megumi. La anciana les dirigió una mirada rabiosa.

- ¡Con ustedes saldare cuentas luego… ahora prepárense lo clientes no tardan en llegar! — Cuando cerró la puerta, Okami la arrastro con fuerza hasta la cocina. La tiro al suelo y Kaoru se levanto y alejo cuanto pudo. La anciana la miro con odio. - … Pensaste que no me daría cuenta, ¿verdad? —

- Okami… por favor…- Susurro Kaoru, temerosa. La última vez la había quemado con agua caliente, Gracia a Dios no le había quedado cicatriz.

- ¡Conoces las reglas!… - Le grito - … ¡No puedes acercarte a las Geishas! — La abofeteo. - ¡Sabes perfectamente que tu no eres como ellas! — La golpeo con una cuchara de madera que tenía cerca. - ¡Y nunca lo serás! — Le tiro el pelo con rabia. Le dio varios golpes más, y cuando pensó que ya estaba lo suficientemente herida, la dejo. Kaoru cubría con sus manos su cabeza, asustada y tirada en el suelo. - … No vuelvas a desobedecerme otra ves, Kaoru… te lo advierto… - Okami agarro la olla y tiro su contenido - … ¡Vuélvelo a hacer! — Se levanto del suelo y recogió la olla, para lavarla. Su cara le dolía al igual que su cabeza. Okami le había dado duro esa vez. Volvió a cortar las verduras, puso a hervir de nuevo agua y preparo la mesa del Comedor para las Geishas y Okami. Le llevo media hora más terminarla y servir la comida. Llamo a Okami y le aviso a las Geisha que estaba lista la cena. Luego de eso, se refugió en la cocina. No quería que sus compañeras la vieran de esa forma. Observo atentamente su reflejo contra el agua. Su pómulo derecho y su labio, estaban hinchados. Un gran moretón cubría su ojo izquierdo, y sangre seca llenaba su cachete. Estaba hecha un harapo. Sonrió al recordar que Misao o Megumi habían fantaseado con hacerla pasar por una Geisha. Ella jamás podría ser una.

- ¿Kaoru? — La pelinegra se sobresalto e hizo caer al suelo un recipiente lleno de arroz. Kaoru mortificada miro al suelo, ahora tendría que recoger grano por grano. Alzo la vista. Kumatsu la observaba fijamente. - ¡OH, por Dios mira como tienes la cara! — se acercó hasta ella y le agarro su rostro, para verla mejor. Kaoru se corrió y se arrodillo para levantar el arroz.

- Srta. Kumatsu, ¿Qué hace por aquí? — Preguntó nerviosa. Kumatsu se arrodillo a su lado y no le quito la vista de encima.

- Fue Okami, ¿verdad? -

- ¿Necesita algo? — Volvió a insistir.

- Si, que me digas la verdad… - Kaoru clavo su mirada en la de Kumatsu.

- ¿Quiere que me vuelva a castigar? —

- Por supuesto que no… - Dijo la Geisha, firmemente.

- Entonces vuelva al comedor y cene, por favor… - Kaoru se trago las ganas de llorar allí mismo. Kumatsu había mostrado ser una amiga de confianza y benevolencia - … Okami no tardara en llegar, si nota que usted esta demorándose en la cocina… -

- Kaoru… si necesitas hablar con alguien… yo estoy aquí… - Sonrió la mujer, maternalmente. Kaoru le agradeció con la mirada. Se levanto y salió de la cocina, llevando una servilleta. Kaoru se dispuso a levantar el grano y cuando termino, limpio toda la cocina. Después de una hora, en la cual había lavado los recipientes donde las geishas comían y limpiado el comedor, se pudo sentar a cenar. A las nueve de la noche comenzaba el negocio. Sus amigas trabajaban sin parar hasta altas horas de la madrugada, y a ella se le tenía terminantemente prohibido salir de la cocina. Un gran bullicio y el sonido de pasos, dieron la pauta de que los hombres habían llegado. Era la misma rutina de cada noche, algunas eran elegidas para el dormitorio, donde tenían intimidad con ellas; y otras, simplemente bailaban provocativamente mientras los hombres las miraban libidinosamente tomándose una copa de sake frío. Ciertamente esa era la peor parte de ser Geishas, el uso de su cuerpo. Pero tenía que admitir que de vez en cuando venían hombres verdaderamente apuestos, como algunos Inshin shishi. Lavo sus platos y puso todo en su lugar. Debía estar alerta por si Okami necesitaba algo. Muchas veces soñaba despierta que un hombre guapo iba por ella al Okiya y la sacaba de allí. Agradecía mucho la ayuda de Okami, pero ella deseaba más de su vida. Sin embargo, en los últimos meses, había despertado a la cruda realidad. Ella no era nada, y no tenía a nadie. Sin dudas en un tiempo de guerra como aquel, ningún asesino tendría compasión alguna y la mataría al instante. Sus más anhelados deseos habían desaparecido de forma aplastante ante aquella propia revelación, al salir de "Gaia" no tendría más de dos minutos de vida. Los tiempos eran violentos, y la guerra entre los Inshin shishi y los partidarios del Shogun, era encarnizada. Muchos inocentes habían muerto en medio de estos dos bandos, y al parecer aquello duraría más de lo previsto. El Shogun tenía poder y los Inshin shishi estaban obteniendo fuerzas, esas hostilidades y asesinatos no tenían fin. Un golpe contra la puerta, una risa y dos personas entrando a la cocina hizo a Kaoru volver a la realidad. Un hombre y una Geisha se besaban apasionadamente. Kaoru se sonrojo, nunca antes había visto a dos personas besarse, y al parecer aquel gesto era demasiado intimo para verlo. La Geisha la vio y se separo del hombre, quien se recompuso al instante.

- Sabes que no pueden entrar aquí, Hitomi… - Reprendió ligeramente Kaoru a la joven Geisha castaña.

- Lo sé… lo siento, no vi donde entrábamos… - Se disculpo. El hombre tenía ambos ojos puestos sobre Kaoru, mirándola con fijeza. Hitomi saco su cabeza por la puerta, espiando. Agarro al hombre por la manga. - … ¿Me esperas aquí, Kojiro? Quisiera ver si hay habitaciones libres arriba… - Y salió inmediatamente de la cocina. Kojiro quedo en su lugar, observándola con insistente molestia. Kaoru se removió incomoda.

- ¿Quién eres? — Pregunto el hombre. Kaoru lo miro de frente y fue cuando se dio cuenta de que la miraba hipnotizado. - ¿Cómo te llamas? — Dudo en decirle, pero por sus ropas azules, reconoció que era un Inshin shishi. Y no era recomendable negarles algo a los restauradores.

- Kaoru… - Respondió. Kojiro camino hasta llegar cerca de la mesada que había entre ellos. Los turbados ojos de él, no le daban buena espina.

- ¿Eres una Geisha? — Cuestiono mirándole las ropas que llevaba puesta. Kaoru negó con la cabeza, avergonzada con aquel detalle. - ¿Vives aquí? —

- Si… -

- Eres hermosa… - Soltó casi sin aliento, Kojiro. Aquella mujer era la más linda de los Ángeles. No podía dejar de mirarla. Kaoru sorprendida clavo su mirada en él. - … Tus ojos… - Jadeo. Hitomi entro alegre y agarro del ogi al hombre, sonriéndole a Kaoru.

- Gracias, Kaoru… - Le dijo - … Vamos Kojiro… - El siguió mirándola hasta que desapareció detrás de la puerta. Kaoru se sentó en el suelo, sorprendida. Era la primera vez que un hombre le decía un cumplido, Y realmente no sabía como sentirse. Era real que jamás había tenido contacto con ningún hombre, Okami se había encargado que fuera así. Pocas veces había visto a una persona del género masculino, y esa era la segunda vez. La primera vez había sido una mala situación. Okami había llevado un amante y ella los había visto intimar; aquella fue una de sus más grandes palizas cuando fue descubierta. Estuvo toda la noche despierta, ayudando a Okami desde la cocina. Si había que hacer más te, servir sake en los pocillos o simplemente lavar sabanas, ahí estaba ella, por supuesto sin poner un solo pie fuera de la cocina. Por alguna extraña razón, Okami le había prohibido terminantemente salir de allí. Y si no quería terminar nuevamente golpeada, era mejor obedecerla. Así estuvo toda la noche, hasta que el ultimo cliente se fue, con algo de suerte podría dormir un poco.

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Inhalo el aire fresco de la madrugada, le gustaba levantarse temprano. La Sra. Aiko, dueña del Hospedaje ya le había advertido acerca de no hacer ruido, pero era inevitable cuando quería entrenar y estar en forma. Katsura más de una vez lo había reprendido por romper algunos arbolados que pertenecían a la casa. Sonrió al recordar la gran perorata que le había lanzado también, Battousai Himura, quien era su amigo. Lo quería como a un hermano sin dudas, y junto a Yahiko, un pequeño informante de los Inshin shishi, se llevaban de maravillas.

- ¿Algo te dio en la cabeza? — Pregunto una voz - … ¡Es raro que estés despierto tan temprano!… - Sanosuke se dio vuelta.

- Es raro que arriesgues tu vida así… - Dijo - … ¿Queres morir joven? — Yahiko se sentó a su lado, aquel jardín interno, era precioso.

- Si me matas, el Sr. Katsura va a enfurecerse… - Predijo. Sanosuke sonrió.

- Si lo hago parecer un accidente, no… - Yahiko lo miro con pánico.

- Solo te estaba jodiendo, Yahiko… - Susurro una voz, ronca. Sanosuke rodó sus ojos, fastidiado. Yahiko sonrió al verlo. Kenshin estaba en el umbral de la puerta que daba al jardín. Serio, impasible e imponente. Battousai tenía una fama, innegable. Terrible si, pero grande. - … Sabes que Sano, solo alardea… -

- ¿Solo alardeo, eh? — Bramo tenso el moreno, acercándose hasta Kenshin. - … Yo solo hablo y nunca cumplo… - Kenshin fijo sus ojos ámbar en los castaños de Sano.

- Me conoces… - Siseo, seco - … Sabes que no quise decir eso… - Sanosuke abrió sus boca, pasmado. Yahiko lo imito.

- ¡Este es un gran día! — Chillo el chico. Sano asintió.

- ¡Kenshin, dijiste más de dos palabras seguidas! — Battousai abrió su espada, molesto. Sanosuke y Yahiko se alejaron.

- Casi me olvido que es Battousai… - Gorgojeó Yahiko.

- Si… es igual a esa mujer suya que tiene… - Bramo el luchador - … ¡Unos agrios, los dos! —

- Sanosuke… - Advirtió en un tono helado de voz. Aún no sabía con seguridad que era, pero Sanosuke parecía tenerle mucha adversión a Tomoe. Desde la primera vez que la vio, no pudo quedarse en el mismo lugar, era conocido por todos que Sanosuke no toleraba a la mujer de Himura. El año pasado, las fiestas, las había aguantado junto a Tomoe solo por Kenshin, quien se lo había pedido. Pero en cuanto pudo, le aclaro a Kenshin, sus puntos.

- ¿¡Que?!… - Bramo - … ¡Es la verdad!, nunca sonríe y nunca se enoja… ¡Esa mujer tiene la frialdad de un cubito de hielo! — Kenshin sabía que tenía razón, pero no iba a dársela. Miro con frialdad a Sano.

- Es mi mujer… - Siseo - … Y no me gusta que hablen así de ella… - Yahiko trago en seco. Sanosuke era testarudo, pero Kenshin lo era más. Sanosuke hizo un gesto de indiferencia.

- Como quieras… mientras no me vuelvas a obligar a salir junto con ella… - Reclamo fastidiado. - … Sabes lo que opino… no me obligues a repetírtelo…-

- No será necesario… - Exclamo parco. Yahiko sonrió a ambos, pese a las diferencia en caracteres y pensamientos, ambos se querían como hermanos, y lo sabían.

- Dejen de jugar y vamos a desayunar… nos esperan… - Kenshin, Sanosuke y Yahiko observaron a la Sra. Aiko señalarles el camino. Cuando entraron al Comedor, la mayoría de los Inshin shishi, estaban sentados y desayunando. Kenshin recibió unos cuantos saludos y sonrisas de parte de sus otros compañeros, un gesto obsceno de parte de Idzuka quien recibió un golpe de Sanosuke y una sonrisa conciliadora de parte de Katsura. Sabía que debía tener paciencia. Sanosuke e Idzuka, eran peor que niños. Se sentó junto a Tomoe, a quien le dio un beso. Yahiko se sentó cerca.

- ¿Por qué me golpeas, idiota? —

- ¡Exacto, eres un idiota! — Reclamo Sano

- ¡No, tú eres un idiota! — Idzuka bramo.

- ¡Y tú un imbécil! —

- ¡Vaya!, puedes inventar más de un insulto, ¡tú vocabulario ha avanzado! —

- ¡No molestes, Baka! — Sonrió Sano, Idzuka estaba rojo como la grana. Katsura levanto su mano, ambos callaron y lo miraron.

- ¿Podríamos desayunar en paz? — Sano e Idzuka se sentaron en sus lugares, molestos. Akira, desde su lugar, le mando una mirada fulminante a Kenshin. Yahiko bufo, le daba mala espina aquel hombre. Sanosuke lo miro.

- ¿Y a ti que te sucede enano? —

- ¿¡A QUIEN LE DICES ENANO!? — Se sonrojo el niño. Kenshin bufo y Tomoe los miro.

- Yahiko… no grites, es de mala educación… - Corrigió la mujer. Sanosuke tenso su rostro y Yahiko frunció su ceño.

- También es de mala educación meterse donde no la llaman… - Tomoe le lanzo una mirada fría al luchador. Kenshin, le advirtió con la mirada.

- Corregir a un niño, para que el día de mañana no tenga los modales de un cavernícola, como usted… no me parece mala educación… es solo prevención… - Remato. Sanosuke le hizo un gesto molesto a Kenshin, dándole a entender que no soportaría más la situación, si él no se dignaba a pararla. El pelirrojo tomo la mano de Tomoe entre las suyas. Ella no necesito más para entender.

- Bien… enano, come o te desmayaras… - Yahiko comió, molesto. Sanosuke desvió su mirada hacía donde estaba Kojiro, Oda y Akira. Estaban hablando tan fuerte que era imposible no escucharlos. Tomoe salio de la habitación, para ayudar a la Sra. Aiko, mientras Kenshin prestaba atención en la misma dirección que lo estaba haciendo Sano.

- Les juro… nunca había visto algo igual… - Dijo - … de todas las mujeres que habían allí, ella era la más hermosa de todas!!! — Kojiro miro hacía un punto desconocido, como si estuviera soñando despierto - … Es la viva imagen de una musa… tiene sus cabellos negros como la noche… - Oda sonrió - … Y la piel más blanca, perfecta y tersa que jamás haya visto… - Akira, frunció su ceño, curioso - … Sus manos, pequeñas y delicadas… -

- Hablas como si ella fuera una diosa… - Opino Sanosuke. Kenshin desvió su mirada a su plato.

- Apuesto a que si la vieras, dirías lo mismo que yo… - Indico Kojiro, sonriente - … pero lo que más llama la atención de ella… son sus ojos… - Fascino Kojiro a Sano. Kenshin miro al interlocutor, incauto - … Son del color más raro y precioso que haya visto en toda mi vida… - Akira se removió, atento. - … Y entonces me di cuenta, que estaba viendo al alma más pura que existe en Kyoto… por que sus ojos, eran los espejos de su alma… - Kenshin dejo de comer. Había algo en el relato de Kojiro que lo inquietaba. Nadie, en esa época, eran tan puro como decía. Sano sonrió.

- ¡Una mujer te dejo, tarado! — Se burlo - … ¿Y como se llamaba la Geisha? — Kojiro sonrió, arrogante.

- ¿Y saben que es lo más interesante de esto? — Cuestiono, sin hacer caso de los comentarios.

- ¿Qué? — Pregunto Oda, curioso. Akira tomo un poco de Sake.

- Que ella no era un Geisha… - Akira escupió su bebida sobre Sanosuke. Oda rió a carcajadas y Kojiro sonrió de forma, triunfal.

- ¡Imbécil! — Bramo Sagara, levantándole - … Eres miope, ¿o que? — Akira miro a Kojiro, sin prestarle atención al luchador manchado.

- ¿No era una Geisha? — Pregunto, pasmado - … ¿Qué otra cosa puede ser estando en un Okiya? — Kojiro levanto sus hombros.

- No sé… lo único que se es que vive allí… - Sanosuke estaba rojo de la rabia y Yahiko estaba peleando con Oda, por un bocadillo.

- ¡Es mío! —

- ¡Yo lo vi, primero! — Rugió Yahiko, molesto.

- ¡Idiota! — Insulto, Sanosuke a Akira.

- ¿Seguro que no era una Geisha? — Pregunto Akira, Insistente. Kenshin vio a Tomoe entrar, nuevamente al Comedor.

- Ella misma me lo dijo… - Aseguro Kojiro, desconcertado. Tomoe se sentó junto a un molesto Kenshin. No le gustaban las mañanas latosas. Katsura, sonrió y levanto la mano, llamando la atención.

- Si bien me alegra que esta mañana, todos estén tan vigorosos… - Kenshin bufo, irritado - … pero tenemos cosas más urgentes que tratar… - Katsura miro a Idzuka.

- Bien… como sabemos dentro de poco será el festival de Bon, donde asistirán feriantes, civiles y opositores… - Explico Idzuka, mirándolos atentamente a través del duro silencio - … Al parecer el Shogun enviara de sus hombres a hacer un poco de revuelo… -

- Por eso quiero que ustedes estén ese día, mezclados entre la gente… - Ordeno Katsura, serio - … No maten a ningún civil, pero si es necesario, háganlo por el futuro de una nueva era… No importa cuantos mueran… lo único que importa es la nueva era que será construida para nuestras generaciones venideras… -

- Entonces, señor… ¿habrá lucha en el festival? —

- Así es, Sanosuke… - Afirmo Katsura - … Quisiera que se prepararan… habrá Shinsengumi, también… - Kenshin clavo sus ojos ámbar en los castaños de su jefe.

- ¿Saito? —Pregunto parco. Katsura sonrió.

- Todavía no olvidan la vieja rivalidad, ¿eh? — Sonrió Kogoro - … A veces pienso que ustedes dos, cuando pelean juntos, lo hacen por diversión… -

- Si… Battousai es solo un niño… - Opino hiriente, Akira. Kenshin desenvaino, velozmente, su katana y la coloco en el cuello de su rival. Katsura lo miro preocupado, la ira de Kenshin podía ser muy vengativa y destructiva. Akira jadeo, sorprendido. Lo había pillado con la guardia baja. Tomoe, Yahiko y Oda, los miraron atónitos. Idzuka sonrió. La puerta del Comedor se abrió y la Sra. Aiko entró.

- OH… Himura, deja ya de jugar y ayúdame con esto… - Kenshin guardo su arma y corrió al lado de la dueña del hospedaje. Katsura sonrió, a pesar de todos los asesinatos crueles cometidos por su mano, él tenía su corazón intacto. La Sra. Aiko repartió bebidas para todos. Akira bufo, molesto. Cuando Katsura terminó de dar las ultimas indicaciones, Kenshin salio hacía el patio interno de la casa junto a Tomoe. Quería estar un rato a solas con ella.

- El festival de Bon… es único en todo Japón… - Susurro la mujer, sentándose en una de las bancas que adornaba el jardín. Kenshin se sentó a su lado, indiferente. Los arbolados se mecían tranquilamente al compás del ligero viento, aquella mañana estaba soleada y prometía un hermoso día. El cielo azul y sin nubes, mostraba su mejor cara. — va a haber mucha gente… quizás vea a alguien conocido… - Kenshin se levanto de su asiento, con el ceño fruncido.

- Tú no iras al festival… - Reto seco. Tomoe volteo su cara y fijo su mirada en el rostro de Kenshin. El pelirrojo trato de entrever alguna expresión, pero ella se mantenía inalterable. A veces esa clase de actitud, sacaba de sus casillas a Kenshin. No podía creer que ella no pudiera gritarle o increparle en algo. Generalmente, cuando discutían, solo Kenshin exteriorizaba sus sentimientos con cierta agresividad. Tomoe se mantenía firme y exasperantemente serena, como si la situación no la afectara en lo más mínimo.

- ¿Por qué? — Pregunto. Kenshin bufo. Simplemente a eso se limitaban sus discusiones, si es que se le podía llamar así. Kenshin le decía que no podía hacerlo, ella pedía explicaciones, y sin siquiera replicar, asentía a lo que él le ordenaba. Muchas veces sentía la necesidad de que ella le llevara la contra. Para poder apreciar la participación de ambos en la relación. Aquellas aptitudes de parte de ella, le molestaban. A veces, sentía que la relación se estaba extinguiendo. Pero él la amaba. Y por sobre todo, la quería a su lado.

- Por que estarás en peligro… oíste bien lo que dijo Katsura, estarán los Shinsengumi y no podré luchar si tengo que defenderte… - Tomoe se levanto de donde estaba y se acercó, hasta quedar a un palmo del pelirrojo.

- Gracias por cuidarme… mi amado… - Le tomo la mano. Kenshin cerró el espacio que los separaba, besándola. Un beso dado con ternura y devoción, pero que solo consiguió la frialdad e indiferencia acostumbrada - … A cambio, yo seré tu funda… - Le acarició el rostro - … Y te protegeré de tu locura… -

- Lo que necesito… es que muestres entusiasmo al tenerme a tu lado… - Tomoe se separo, y lo miro, extrañada.

- No puedo darte algo que no soy… - Kenshin, suspiro - … Solo se amarte, a mi manera… -

- Y lo aprecio, realmente… Yo te protegeré… - Prometió. - … De cualquier cosa… - Kenshin acerco su cuerpo al de ella, y la abrazo. - … Te necesito… - Tomoe cerró sus ojos. - … más de lo que te imaginas… -

- Eres muy impulsivo y pasional, Battousai… - Susurro, contra su oído - … Pero no importa… yo te contendré… - Kenshin aspiro su aroma, se sentía vació. …l no quería que lo domaran, quería liberarse. Ser impetuoso y arrebatado. No quería contenerse. Pero sabía que era necesario. Katsura había otorgado a Tomoe como su funda, y él no iba a separarse de ella.

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La mañana del Festival de Bon, las Geishas amanecieron entusiasmadísimas. El festival de danzas comenzaba al alba, y aún faltaban muchos detalles por terminar. La Sra. Okami estaba histérica, gritaba, aullaba y gruñía mejor que cualquier otro animal en todo Kyoto. Por suerte Kaoru no podía ser el blanco de sus quejas, por que se mantenía bastante ocupada atendiendo a las Geishas del segundo piso. Kumatsu parecía una verdadera líder, al dar ordenes y establecer mandatos a todas las demás. La expectativa de salir a un festival tan importante, al que acudían personas de todo Japón, y poder ver el cielo y respirar el aire fresco pegarte en la cara, era el motivo más fuerte por el cual las mujeres del Okiya estaban tan alteradas.

Cada una de las Geishas, debían salir con el Kimono más elegantes y bonitos de sus guardarropas. Resaltar al máximo su belleza y promocionarse como Geisha del "Gaia". Función que esperaba Okami, cumplieran bien. Danzar y cantar en el festival, era una de las tareas que debían cumplir si querían salir. Misao había hecho movimientos raros, según ella, para bailar mejor. Megumi, tocaba el arpa, maravillosamente. Y Kumatsu era la mejor danzando. Cada una tenía un don para resaltar. Era costumbre que la Okami, acompañara a sus Geishas al festival. Por eso, Kaoru se quedaría sola en la Casona. Kaoru estaba terminando de arreglar un moño en el cabello de Hitomi, cuando se sintió arrastra al interior de una de las habitaciones.

- ¿¡Pero que… -

- Shh… cállate, ¿acaso queres que nos oiga, Okami? — Pregunto una voz familiar. Kaoru abrió sus ojos y vio a una sonriente Megumi, mirándola.

- Explíquenme que sucede… - Exigió saber, reacia. Soltándose de Misao.

- Te vas con nosotras al festival… - Asevero feliz, Megumi. Kaoru las miro con el ceño fruncido. ¡no podía creer cuan insistentes eran!

- No voy… - Dijo firme - … Okami llega a reconocerme y me mata!!! ¿Pueden entender eso? — Replico enojada por que no entendieran algo tan sencillo. Misao puso ambas manos en jarra.

- ¡Tú iras!, mereces salir de aquí tanto como nosotras… - La tomo de la mano, empujándola hacía la cama - … No tenemos tiempo para discutirlo, salimos en menos de veinte minutos… - Y junto a Megumi, no le dieron tiempo a replicar. La desvistieron, le pusieron un Kimono azul con flores bordadas, moradas. La peinaron y por ultimo la maquillaron. Cuando terminaron, Kaoru no tuvo ni tiempo para mirarse al espejo o hablar con sus amigas, Okami estaba golpeando la puerta.

- ¡Nos vamos! — Rugió a través de la puerta. Kaoru se sentía ridícula, grotesca y fachosa. Ella no era una Geisha, no era una mujer atractiva y por sobre todo, no sabía como atender a un hombre, sencillamente por que nunca había estado con uno. Se sintió nerviosa al darse cuenta de que habría personas del género masculino, esperando su atención. Miro a Misao y a Megumi con pánico. ¿Qué debía hacer si un hombre se le acercaba? ¿Cómo reaccionaria si un hombre la besase de la misma manera que había visto a Hitomi y aquel hombre, en la cocina? ¡Por merlín, estaba a punto de darle un sincope! Misao le tiro la manga y salieron por la puerta. Kaoru bajo su rostro al pasar junto a Okami. Estaba segura que las chicas del burdel estarían celebrando pronto de su velorio, si Okami la descubría. Camino autómatamente entre Misao y Megumi, al parecer el resto de las Geishas no se habían dado cuenta de su disfraz, todas menos Kumatsu, quien le guiño un ojo, cómplice. Le sonrió escuetamente, devolviéndole el saludo.

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Dejen Review!!! Gracias!!!… Ténganme paciencia!!!, soy media despelotada!!! Los quiero!!!

.:Adelanto Del Próximo Capítulo:.

Se tambaleo al levantarse y levanto la cabeza para observar hacía donde se dirigía. Se sorprendió cuando encontró dos orbes doradas mirándola fijamente y paro de golpe; era más alto que ella y llevaba su precioso cabello pelirrojo en una coleta alta, su piel algo tostada y sus labios rectos le daban un aire peligroso…

Besos!!!, nos vemos!!!!...