El bosque

- Rosie despierta.- le decía su abuela. Era temprano, se levantó de la cama sin hacer ruido, no quería despertar a sus primas pequeñas, se vistió y se puso las botas de caza, luego salió a la cocima.

- Buenos días.- le saludó su primo Albus, tenía dieciséis años, como ella, era moreno, bajito y flacucho, pero era rápido y hábil.- ¿Quieres tomar algo?

- Déjaselo a los niños.- siempre que podía, se quitaba de comer para dárselo a sus primos.- Nosotros podemos comer algo en el bosque.

- No me gusta que vayáis al bosque.- dijo preocupada su abuela Molly.

- Y nosotros te decimos cada domingo que no hay más remedio.- Rose tenía poco tacto, como su padre.- ¿Qué quieres que nos comamos? ¿Las plantas de la botica?

- Tu abuela tiene razón.- intervino el abuelo Arthur.- Y menos en un día como hoy, hay Agentes de la Paz,- así se llamaban ahora los neomortifagos,- por todos lados.

- Entonces si Albus o yo somos cosechados, mejor que tengáis comida en la mesa para ir tirando.- dijo mientras salían por la puerta.

- ¡Volver pronto para la ceremonia!

Estaba amaneciendo y por la calle no había ni un alma, era domingo y los domingos las minas permanecían cerradas, con lo cual la mayoría de los trabajadores aprovechaban para descansar. Llegaron a los límites del distrito, Albus lanzó una piedra contra la valla pero como cada domingo, no estaba electrificada, buscaron la parte por donde la valla estaba rota, pasaron y anduvieron más o menos un kilómetro, a su pequeño alijo de armas. Tener armas estaba prohibido por eso las escondían en el bosque, tenían un arco, varias flechas y cuchillos de caza, además, con el paso de los años habían conseguido aprender a colocar trampas.

- Creo que primero debemos buscar las plantas para la botica.- dijo Albus armándose hasta los dientes.

- Necesitamos esa planta que nos dijo la abuela para Roxanne, creo que es lo primero que debemos buscar.- la pequeña prima Roxanne de diez años estaba muy enferma desde hacía varias semanas.

- ¿Qué tal ha dormido esta noche?- preguntó Al mientras empezaban a buscar por el bosque.

- Mal, no puede casi respirar.- contestó tristemente Rose.- Si meto otra tesela tal vez con el sueldo de James, Fred y Dominique la podemos llevar al médico.

- No vamos a meter más teselas.- sentenció Albus recogiendo plantas.- Hugo me dijo anoche que quería añadir una más.

- Le dijiste que no, ¿verdad?- Albus asintió.- Si saliera cosechado esta noche... No sé si lo soportaría...

- Existe la probabilidad.- dijo Al, ambos se quedaron callados, en frente había una ardilla, Rose cargó su arco y disparó dándole de lleno en el ojo, la recogieron y metieron la primera presa del día en la mochila. Luego siguieron varias horas cazando, consiguieron varias presas entre ellas seis ardillas, dos perdices y cuatro conejos, comieron lo que habían preparado en casa y después se tumbaron a descansar. Esa siempre era la rutina de los domingos.- podíamos huir.- dijo Albus.

- ¿Cómo?- preguntó Rose.

- Huir, al bosque, huir del distrito, donde el Capitolio no nos pueda controlar.- dijo Albus convencido.

- Eso estaría muy bien si vamos tu y yo solos.- dijo amargamente Rose.- ¿Y llevamos a Roxanne enferma por el bosque? ¿Y los abuelos? Y Louis es demasiado pequeño... Y Victoire embarazada... Los Agentes de la Paz nos encontrarían fácilmente...

- ¿Por qué siempre eres tan pesimista?- dijo Albus enfadado.

- Pesimista no, realista.- dijo Rose.- todavía no sé por qué los mortífagos nos mantienen con vida, a veces pienso que hubiera sido mejor que nos matasen como a nuestros padres.

- ¡Nuestros padres no están muertos!- dijo irritado Albus.

- ¿Vamos a tener la misma discusión de siempre?- preguntó Rose.- Ellos lucharon en la guerra, sabemos que muchos murieron, ¿por qué ellos no iban a estar entre esas personas?

- Tu crees que si Harry Potter, el niño Elegido, hubiera muerto en la guerra, ¿los mortífagos no lo estuvieran pregonando? Yo creo que sigue vivo, y tus padres también.

- Eres un iluso...- ella había perdido toda esperanza, lo único que la mantenía con vida era llevar comida a casa para que su familia pudiera sobrevivir.- Y vámonos a casa, quedan solo tres horas para la Cosecha y tenemos que ir al Quemador.

- Antes quiero coger unas fresas para Scorpius.- dijo Albus.- nos las pagará bien.

- No quiero su limosna.- dijo Rose con asco mientras Albus cortaba las fresas y las metía en una cesta.

- Me lo recuerdas cada día.- dijo Albus poniendo los ojos en blanco.

- No sé por qué sigues siendo su amigo.- dijo Rose mientras regresaban al distrito.- Te dije que los Malfoy eran malas personas ¡Y tenía razón! Fíjate como enseguida, después de acabar la guerra, nombraron a su padre alcalde del distrito, ¡maldito mortífago!

- Pero él no es malo, en Hogwarts era mi mejor amigo.- dijo Albus, habían llegado al punto de la valla y volvían a comprobar si estaba electrificada, al ver que no, pasaron por el hueco.

Se dirigían al Quemador, comúnmente denominado mercado negro, allí ellos vendían algunas de las cosas que cazaban en el bosque, el resto se lo quedaban para la casa, ese día se quedarían con dos conejos y tres ardillas. Después de vender el resto se dirigieron (a regañadientes) a la casa del alcalde, Scorpius les abrió la puerta, era un chico de la misma edad suya, un poco más alto que Rose, rubio con los ojos grises, y tenía un cuerpo mucho más desarrollado que Albus. Claro, era uno de los pocos chicos del distrito bien alimentado.

- ¿Ya te has cambiado?- dijo Albus mientras le sacaba las fresas de la cesta viendo que Scorpius iba con traje de gala.

- Claro, tengo que estar guapo por si salgo cosechado esta noche, ¿no?

- ¡Tu no vas a salir cosechado esta noche!- dijo Rose indignada, odiaba a Scorpius, lo odiaba incluso antes de estallar la guerra, su rivalidad venía ya del colegio, en Hogwarts, donde Scorpius y Albus eran los mejores amigos y Rose pasaba a ser su segundo plato.- ¿Cuántas inscripciones tienes? ¿Seis? Yo tenía nueve con trece años.

- No es mi culpa Weasley.- a Scorpius tampoco le caía nada bien esa castaña, si no fuera porque era familia de Al y los demás, más de una vez habría pensado en denunciarla por entrar en el bosque.

- No es culpa de nadie, las cosas son como son.- dijo Albus mientras Scorpius le pagaba, Scorpius siempre le daba dinero de más y aunque le doliera, tenía que aceptarlo.

De regreso a casa caminaron en silencio, Rose pensaba en cuanto odiaba a la gente del capitolio, y cuan injustos eran sus métodos, como por ejemplo, el sistema de la cosecha, donde los pobres se llevan la peor parte. Te conviertes en elegible para la cosecha cuando cumples los once años, entonces ese año tu nombre entra una vez en el sorteo, a los doce, dos veces, y así hasta los diecisiete, que es el último año de elegibilidad, y tu nombre entra en la urna siete veces, este sistema incluye a todos los chicos y chicas de Gran Bretaña, incluidos los snobs y ricos como Malfoy.

Sin embargo hay gato encerrado, digamos que eres pobre y te estás muriendo de hambre, como a la familia Weasley. Tienes la oportunidad de meter más veces tu nombre en la urna a cambio de teselas; cada tesela vale por un suministro de creales, aceite y pan para una persona. También puedes añadir tu nombre por un miembro de tu familia y cada año todo es acumulable motivo por el cual Rose Weasley, a sus dieciséis años, en vez de tener seis inscripciones, tenía veinticinco. Albus tenía exactamente las mismas, a Lily no le dejaron coger teselas hasta cumplir los catorce, por lo que llevaba diez papeletas, Hugo tenía trece años y había cogido, a escondidas de su familia, por primer año tres teselas por lo que llevaba seis inscripciones y la pequeña Lucy solo llevaba la obligatoria a los once años. Era un milagro que ninguno de sus primos mayores fuera cosechado Fred y James cumplieron los diecisiete con más de cincuenta papeletas cada uno.

Rose y Albus entraron en casa y apartaron las penas, al menos, ese día, comerían carne fresca.