Asesinos
Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Kishimoto-sensei
Asesinato II
Ángeles.
Se despertó más temprano de lo que estaba acostumbrado, pero tenía esa sensación en el pecho que le hacía sentir… confuso, dolido. Sentía tristeza, angustia y no sabía bien porque era, a que se debía. Tenía esa saensación extraña en la boca del estómago que le decía que algo malo sucedió o estaba por suceder, y eso, en cierta manera, no le gustaba.
Consultó el reloj-despertador que estaba en la mesita de noche, eran las cuatro y media de la mañana, y trató de contener un bostezo. Ya estaba desvelado y una vez despierto, nunca podía volver a conciliar el sueño.
Maito Lee, de diecisiete años, estudiante del último curso de la preparatoria se desperezó y se dirigió al curto de baño, evitando hacer ruido para no despertar a su mejor amigo, Uzumaki Naruto.
Lee y Naruto se conocían desde que tenían memoria, ya que sus padres eran grandes amigos y socios, ambos dueños de la famosa y respetada empresa Ma.Ki., herencia familiar, y ellos, prácticamente, crecieron juntos.
La madre de Lee falleció el día de su nacimiento, y todos pronosticaban que su marido, Maito Gai se hundiría en la tristeza y en la depresión, ya que amaba con locura a su esposa. Pero cuando tuvo en brazos al pequeño y recién nacido Lee, dejo que sus lágrimas fluyeran y prometió que saldría adelante por él, por su hijo, al que nunca le faltaría nada y lo criaría con mucho amor, y nunca permetiría que alguien le hiciera daño, primero, tendrían que pasar sobre su cadaver. Igualmente, nunca volvió a casarse, el vivía, respiraba y trabajaba solo por su hijo Maito Lee.
Lee se parecía físicamente a su padre, tenía su color de cabello azabache y sus ojos negros. Era muy atlético, pero tenía su cuerpo delicado y frágil, igual que sus rasgos delicados, iguales a su madre.
Prácticaba deportes hasta el cansancio y era el capitán del equipo de futbol, siempre trataba de dar lo mejor de sí.
Lee se tomó todo su tiempo para bañarse y prepararse, aunque aún era muy temprano, pero tendría tiempo de sobra para repasar antes del examen de esa mañana, y luego despertaría a Naruto, para que desayunaran y se dirigieran hacia la preparatoria.
- Naruto… despierta, Naruto.
Eran las seis de la mañana, cuando Lee decidió despertar a Naruto, aún era temprano, pero era mejor que su rubio mejor amigo se vaya despavilando si no quería reprobar ese examen, porque Iruka-sensei era muy bueno y condescendiente, pero tampoco iba a permitir que Naruto desaprobara… otra vez.
- Vamos Naruto…
Lee siempre tenía paciencia, pero a veces, Naruto le hacía perder parte de ella, aunque luego sonreía y todo estaba bien.
Se acercó a la cama de su mejor amigo (que se querían tanto y se consideraban hermanos) y comenzó a sacudirlo suavemente.
Después de dos minutos Lee se dio cuenta de que eso no daba resultado, cuando su amigo seguía dormido y murmuraba cosas que Lee no llegaba a entender.
A veces, hay que llegar a medidas que uno no quiere, pero todo era por su bien.
- Naruto, despierta… - suspiró, no quedaba otra.
A Lee no le gustaba gritar… pero en este caso…
- NARUTO… ¡¡NO HAY MÁS RAMEN EN TODO EL MUNDO!!
Un cuerpo salió de debajo de un par de sábanas y frasadas, como si hubiese ocurrido una explosión y estaba preparado para salir huyendo.
- ¿¿QUÉ??
La cara de Naruto en ese momento hizo que Lee se riera, aunque luego tuvo que aguantar sus gritos y sus quejas y un sermón de "10 razones por las cuaes NO hay que meterse con SU AMADO Ramen".
El Ramen era la comida favorita del joven, y si fuera por él, viviría a ramen por el resto de su vida, pero Tsunade-obaachan no lo permitiría ni en mil años.
Naruto vivía con su tía Tsunade y su padrino Jiraya, a los cuales quería y adoraba, y él, era la adoración y el orgullo de ambos. Sus padres habían fallecido en su trágico accidente de auto, y él había quedado a cargo de su padrino hasta que su tía regresó a la ciudad a hacerse cargo del pequeño de seis años. A pesar de la pérdida de sus padres, Naruto siempre sonreía, un poco para esconder su dolor, y otro poco para que los demás no se preocuparan tanto por él.
A las siete Naruto y Lee estaban terminando su desayuno (Naruto estaba comiendo Ramen), ya alistados y cambiados con el uniforme de su preparatoria.
Ese día, el padre de Lee no los acompañaba a desayunar porque había salido muy temprano, cosa que había extrañado a Lee, pero era mejor no preguntar, aunque temía que se relacionara con esa sensación extraña que aún no lo abandonaba, pero mejor decidió dejar eso de lado por un rato y concentrarse en sus estudios, para que su padre se sintiera muy orgulloso de él, más de lo que ya estaba.
-
La preparatoria a la que asistían era una de las mejores del pais y generalmente iban hijos de prestigiosos magnates, famosos y personas muy influyentes. A Naruto y Lee no les gustaba llamar mucho la atención, pero a veces, era inevitable.
Naruto medía mas o menos 1.70, como Lee, sus mechones rubios caían sobre su rostro, y le daban un toque tan angelical, que era un crimen. Sus ojos azul cielo eran hermosos y más de uno quería perderse en ellos.
Pero ambos estaban solos, y bastante despreocupados al respecto, nadie les llamaba la atención, por eso, nunca habían salido ni a un cita, con nadie.
Ambos tenían muchas admiradoras, que solían seguir a Lee a los entrenamientos de fútbol, en los cuales eran un poco escandalosas y querían linchar a cualquiera que osara cometerle aunque sea un ínfima falta a su adorado Lee.
A Naruto le parecía muy divertida esas situaciones, aunque a Lee no tanto, porque si no entrenaba en serio con sus compañeros, (ya que no lo marcaban mucho), en un partido real sería una desventaja, ya que los otros contrincantes si irían a por él.
Lee era el genio del trabajo duro, siempre se esforzaba el doble de lo normal y nunca se rendía, porque el no nació siendo una estrella del deporte, sino que lo logró con dedicación y entrenamiento.
Naruto era gracioso e ingenioso, y tenía a muchas babeando por él, aunque él, tan despistado como siempre, nunca se había dado cuenta. Era ingenuo y soñador, testarudo y tenaz, pero una de sus cualidades más presentes, era que tenía un corazón de oro, tan amable, sincero, dispueso a ayudar a todos, y a la vez tan sensible, suceptible y tan frágil… que habría que tenerlo en una cajita de cristal para que no se rompiera y nadie lo quisiera lastimar o jugar con él.
A él le gustaba el Ramen por sobre muchas cosas, también practicaba deportes, pero estaba en el club de tenis, y al igual que Lee, era el capitán.
También había chicas que iban a su entrenamiento, pero no eran ruidosas ni escandalosas, ya que las miradas que les dirigía el sub-capitán las hacia quedarse bien tranquilitas.
Generalmente, Lee y Naruto siempre estaban juntos, y se les sumaba su amiga Hyuuga Hinata, una chica de cabelo azul, bastante tímida y que estaba enamorada de Naruto, aunque este no lo supiera ni lo sospechara.
- Llegamos temprano, exagerado.
- Es mejor llegar a tiempo, sigamos repasando, tienes que apobar esta vez, si no, Iruka-sensei se enfadará contigo.
Naruto suspiró resignado, pero sabía que le iría bien, porque sino, el esfuerzo de su mejor amigo no valdría la pena.
Pero es que literatura a veces le aburría.
Lee y Naruto siempre se quedaban un momento fuera, ya que a esa hora siempre pasaba Tenten de camino a la universidad.
Tenten era dos años más grandes que ellos dos, y el tiempo que compartieron preparatoria, ella era como la hermana mayor, que los protegía de las "acosadoras".
Siempre era puntual, y les extrañó que aún no llegara.
- ¿Todavía no contesta? – preguntó Naruto.
- No… espero que no le haya pasado nada.
- Llama a la casa.
Mientras Lee marcaba el número de la casa de Tenten, los dos muchachos no se percataron de que un pequeño grupo de tres personas los estaban espiando, controlando sus movimientos, su entorno, sus horarios.
Ellos eran el grupo de reconocimiento, el que se informaba de cada detalle, señalando minusiosamente en un informe que luego sería presentado a Temari y Kankuro, y luego estos se los enseñaban a los asesinos, generalmente de mayor rango, porque cuando tenían que tratar con asesinos de bajo rango, se encargaba otra persona.
Uno de ellos anotaba en su cuaderno, mirando de vez en cuando a los muchachos. Los otros dos se removieron un poco en sus asientos, preguntándose que harían los jóvenes, al ver que Maito Tenten no llegaría hoy a saludarlos, porque por lo que veían, aún no estaban enterados de nada.
Ellos sabían que Maito Lee y Uzumaki Naruto eran los legítimos herederos de Ma.Ki., y a pesar que no les interezaba mucho los negocios, algún día ellos se tendrían que hacer cargo de la empresa, y por ello, eran la amenaza más fuerte de la persona que contrató los servicios de los Sabaku.
Pero también sabían, que al ser los herederos, serían a los últimos que los dos asesinos de elite tendrían que eliminar.
- Nada, nadie contesta. – se mordió el labio inferior, preocupado - ¿Y si les pasó algo, Naruto?
- Yo también estoy preocupado… ¿Y si vamos a la casa de tu prima?
Lee lo meditó un momento. Estaba muy preocupado por ella, pero faltar a clase y aun examen estaba mal, y si iban y no había pasado nada, luego su padre y Tsunade les regañarín e Iruka-sensei los desaprobaría y Naruto suspendería.
- Mejor entremos, si para el almuerzo no sabemos nada de ella, iremos a ver. Será lo mejor.
Naruto asintió, y ambos echaron un vistazo por el camino que siempre venía Tenten, y que nunca más volvería a recorrer.
-
A pesar de querer concentrarse en el examen, Lee no pudo lograrlo del todo, pensando una y otra vez en Tenten y en Kurenai, que tampoco había contestado. También pensó en Eiji, pregutándose si realmente todo estaba tan bien como quería creer.
Cuando salieron de las clases, y al no tener noticias, Lee y Naruto decidieron ir a la universidad de su prima a buscarlo.
- Lee-kun, Naruto-kun… ¿Siguen preocupados por Tenten-senpai?
- Iremos a ver si fue a la universidad, ella no suele faltar, salvo que se lo pida Kurenai, pero como tampoco contesta.
- No tardaremos mucho, estaremos del vuelta para la hora siguiente Hinata-chan.
Ambos jovenes se despidieron de Hinata y comenzaron a salir del edificio.
Lo que le sorprendió a Lee fue reconocer a uno de los guardaespaldas de su padre esperándolo fuera de la preparatoria.
- Lee-san, Naruto-san – saludó educadamente. – He venido a acompañarlos hacia un lugar, los escoltaremos. A ambos. Gai-sama y Tsunade-sama los están esperando.
Lee le había pedido expresamente a su padre que no necesitaba guarda espaldas, ya que la preparatoria era segura y nunca le pasaría nada, y le parecía sumamente extraño que uno de ellos, y de gran confianza de Gai, haya ido por ellos dos.
Algo malo sucedía.
- ¿Sucedió algo?
- Es mejor que ambos suban al auto.
Lee y Naruto intercambiaron una mirada llena de preocupación, pero no discutieron y subieron, si Gai y Tsunade los llamaban, era algo muy importante.
-
Aún estaban en estado de shock, conesternados, anonadados, con las lágrimas en los ojos y una opresión en el pecho.
Ninguno de los dos aún podía a asimilar lo que le habían dicho.
Ahí estaban, vestidos de negro, y en el fondo de la sala, los tres cajones con los cuerpos de la familia Maito, Kurenai, Tenten y Eiji.
Ni Lee ni Naruto pudieron acercarse, aún en la mente de Lee resonaban las palabras de su padre.
"Kurenai, Tenten y Eiji están muertos, los han asesinado"
no puede ser cierto´ pensaba Lee.
ellos no pueden estar…´
Varias lágrimas salieron de sus ojos sin poder contenerlas, estaba retrocediendo, negando fuertemente con la cabeza.
¡¡Ellos no podían estar muertos!!
Salió corriendo con todas sus fuerzas, haciendo oidos sordos a los llamados que le hacían, sumido en la negación y en la desesperación.
Naruto salió inmediatamente detrás de él, sabía como debía estarse sintiendo, Tenten-oneechan era como una hermana para él, que siempre estaba ahí para pedirle consejos, con su sonrisa tan cálida…
Y pensar que nunca más la verían…
-
Hacía ya más de tres horas que estaban sentados ahí en ese parque, uno al lado de otro. Lee había corrido bastante y fue bastante dificil alcanzarlo.
Naruto lo consoló y le prestó el hombro para que llorara, le partía el alma ver a su siempre sonriente mejor amigo Lee en ese estado tan depresivo.
Daría todo para poder animarlo.
Lo que fuera.
Ya estaba bastante oscuro, y no tenían ni idea de que hora era y menos en el lugar donde estaban. No habían traido los celulares y seguro Gai y Tsunade estarían muertos de preocupación.
Lee y Naruto se levantaron y comenzaron a caminar envueltos en el silencio de la noche. El rubio miraba para todos lados, para poder guiarse y saber donde estaban, pero el lugar no le parecía familiar.
Caminaron más y más, y el lugar les resultaba un poco escalofriante, aunque aún Lee seguía tan absorto en lo que había pasado que aún no reaccionaba.
- ¿Pero que tenemos aquí? – dijo una voz a sus espaldas.
Ambos jóvenes dieron un salto involuntario y se dieron vuelta, un hombre con una sonrisa de depravado los miraba como queriendo comerselos con los ojos.
- No es hora para que los niños como ustedes estén fuera de casa.
Tragaron con dificultad y retrocedieron dos pasos, eso no les estaba gustando nada.
- ¿Ya quieren irse? – dijo otra voz detrás de sus espaldas, cortandoles la posible huida.
- Mejor quedense a jugar un rato.
Y sin darse cuenta, ámbos estaban acorralados, sin poder huir, siendo amenazados por esos dos hombres con unas navajas, y vayase a saber que intenciones tenían para con ellos.
Siento mucho la tardanza, pero al fin pude escribir algo que me gustara, ya que mi inspiración está de regreso.
Muchas gracias por sus reviews.
Nos vemos en el Asesinato III.
