Ok, se que me tarde muuuucho tiempo en actualizar, pero lo prometido es deuda y aquí tienen el segundo capítulo de este fic. Les agradezco a quienes dejaron Review y gracias por leer XD y esperar XD y bueno, pues les dejo el capitulo. Pero antes que nada, quisiera aclara unas cosillas:

Me equivoque en la fecha XD, es 1988, (igual ya lo corregí), a la actualidad son veintidós años, por lo cual, obviamente, los personajes crecen (ya verán a que me refiero).

Y Respondiendo a la pregunta de Ryoni-chan, como ya dije, no hay UsxUk por motivos de la historia (ya sabrán porque), pero tampoco es un UsxLiet (no porque no me agrade, sino porque tengo planeada otra cosa)

Pero bueno, ya sin mas preámbulos, el capitulo 2 (se oyen aplausos)

Ni Hetalia ni Cold Case son míos, solo uso personajes e ideas respectivamente para crear esta historia XD.

~º~

Una emoción creciente recorría su cuerpo, la adrenalina que hacía meses no sentía estaba emergiendo nuevamente y algo le decía que este caso era muy prometedor.

Cuando había abierto el archivero habían encontrado vanos detalles como los que Elizabetha ya le había contado; al parecer celebraba la noche buena con su familia, cuando inexplicablemente, había desaparecido de la vista de todos, lo siguiente que supieron fue que se había lanzado de la azotea del edificio.

Alfred presentía que toda la investigación los llevaría a algo grande, aunque a pesar de todo Vash le había dado la orden de llevar la fotografía con el especialista de la unidad, para que la analizara y se asegurara que no era un efecto de luz o algo por el estilo.

– ¿No crees que vas muy rápido, Alfred? – la voz de Toris se escuchaba algo nerviosa, no sabía cómo fue que el estadounidense le termino quitando las llaves del auto.

– ¿Rápido dices? Pero si voy a buena velocidad

– Por favor no hagas nada imprudente, no sea que esta vez nos manden a Groenlandia

– Jajaja, te preocupas demasiado

En la lista de invitados de la pequeña reunión de noche buena, figuraban varios nombres de personas que habían sido entrevistados, y ninguno supo dar una razón para el comportamiento de Berwald.

En esos momentos se dirigían a hablar con quien fue la pareja de Berwald, Tino Väinämöinen, un finlandés que al parecer conocía al sueco desde la escuela.

Después de unos minutos, (los mas aterradores en la vida de Toris), lograron llegar. La casa de Tino se encontraba en el centro, según habían investigado, ya que al parecer, había decidido cambiar de casa después de lo ocurrido con Berwald.

Bajaron del carro y Alfred se dirigió presuroso a la puerta, tocando, esperaron unos segundo antes de escuchar unos cuantos ladridos del otro lado un ligero grito de "ya voy". Un joven hombre rubio de ojos azules abrió la puerta.

– ¿Si?

– Buenas tardes, soy el detective Alfred F. Jones y el es mi compañero Toris Lorinaitis – se apresuro a presentarlos Alfred; en seguido una mirada confusa surgió del hombre frente a ellos– Buscamos a Tino Väinämöinen –

– Y lo buscan para… –

– Hablar con él sobre lo que consideramos podría ser un homicidio– la respuesta de Toris desconcertó un poco al hombre frente ellos, sin embargo, rápidamente cabio su expresión a una de irritación.

– ¡El no tiene nada que hablar con ustedes!, además… el ya ha hablado con suficientes policías hasta ahora– y dicho esto el hombre estuvo decidido a cerrarles la puerta en la cara, pero algo dicho por Alfred lo detuvo.

– ¿Te refieres a la navidad del 88?

El hombre detuvo sus movimientos en seco, volteando enseguida a mirar a las personas frente él, la irritación pareció irse, sin embargo fue reemplazada por un inmenso dolor y una sonrisa algo cínica apareció en su rostro.

– ¿Qué tiene que ver ese tipo con esto?, Tino ya sufrió suficiente por su culpa, no necesita que unos idiotas vengan a recordárselo

– Por la forma en que habla del señor Berwald pareciera que lo conocía

– ¿Conocerlo?, supongo que sí, o al menos eso creí, así como todos, hasta el día que decidió aventarse desde la azotea del edificio donde vivíamos

– ¿Quién es usted? – pregunto Toris, la intriga que le producía el hombre frete a él era demasiada como para quedarse con la duda.

– Yo soy…

– ¿Peter?, ¿Con quién hablas? – la conversación se vio interrumpida por la voz de otro hombre, que segundos después abrió completamente la puerta que Peter (al parecer el nombre del hombre frente ellos) mantenía casi cerrada.

– ¿Quiénes son?

Frente a ellos se encontraba un hombre, al parecer mayor que Peter, sin embargo con facciones jóvenes, cabellos rubios y ojos violetas. Los miro unos segundos con algo de confusión (muy similar a los de Peter minutos antes), sin embargo cambio rápidamente esa expresión para reemplazarla por una sonrisa y mirar a Peter, quine suspirando respondió:

– Vienen a hablara contigo

– ¿Entonces qué esperas?, ya te he dicho miles de veces que es descortés dejar esperando a las visitas – Tino miro a los detectives, aun con la sonrisa en su rostro, y haciéndose a un lado (y forzando un poco a Peter para que se moviera, ya que parecía estar dispuesto a no dejar entrar a los detectives) les condujo al interior de la casa.

La casa era más bien pequeña, pero acogedora, la sala contaba con dos sillones blancos de dos plazas, situados enfrente de una chimenea que se encontraba apagada. Un árbol de navidad relucía en una esquina, debajo de este se encontraban unos cuantos regalos perfectamente envueltos con los típicos colores navideños. Alfred se percato de que encima de la chimenea había varios retratos, al parecer familiares; en la mayoría se encontraban los dos rubios frente él, en otras, salían con otras personas, todas rubias (aunque en distintas tonalidades).

Pero la que llamo la atención de Alfred entre todas, fue una en la que se encontraban Tino, más joven y sonriente, Peter de niño (lo reconoció por las, un poco grandes, cejas) , junto a Peter un joven de unos catorce años, de cabellos plateados ( un rasgo único) y ojos violetas, que estaba sujetando el brazo de otro rubio, que calculó, era de la edad de Tino, solo que tenía el cabellos un poco más oscuros sujetados por un lado con un pasador en forma de cruz y sus ojos eran azules; abrazándolo por detrás, se encontraba un joven más alto, de cabellos rubios y de ojos azules, con una sonrisa de suficiencia en los labios. Detrás de Peter, se encontraba otro joven de grandes cejas, y ojos verdes, su mano reposaba en el hombro del niño. Y por último, otra persona se encontraba detrás de Tino, tenía una casi imperceptible sonrisa en el rostro, y parecía tener un aura amenazante, llevaba lentes y era de ojos azules. No era más que un retrato familiar, todos parecían contentos, y sin embargo algo misterioso y perturbarte tenia la foto.

Alfred, había aprendido en sus años de detective, que cada cosa ocultaba secretos, que no se podían ver hasta que se topaba fondo y este, al parecer, era uno de ellos.

"¿Qué secreto esconden detrás de esa perfecta escena familiar?"

– ¿Les gustaría tomar algo? ¿Té, chocolate caliente? Hace mucho frio afuera, en esta época Estocolmo se pone especialmente helado– Tino les indico a los detectives que tomaran asiento.

Alfred se reprendió mentalmente por pensar que Tino mas parecía un ama de casa que otra cosa, le resultaba sorprendente como conservaba la sonrisa en su rostro, incluso sin conocerles.

En su país de origen, la idea del ama de casas perfecta se asemejaba a lo que tenía enfrente, pero en versión masculina. Ciertamente, Tino parecía darle un cierto toque más hogareño al lugar, sin embargo algo molestaba a Alfred, algo no cuadraba en el del todo.

Desde pequeño, Alfred había tenido el don de descifrar a las personas, tomando en cuenta su entorno y sus acciones, sus gestos y su modo de hablar y moverse; era un experto en eso.

Solo había una persona que no podía descifrar aun, no del todo, y fue gracias a esa persona que Alfred había comprendido y elegido su camino a seguir…

"Deja de usar gestos, mover tu entorno y de hablar para que las personas vean en ti algo que no eres. Deja de analizarte a ti mismo y de cambiar las cosas a como sabes que la gente las prefiere; solo se tu. Y si lo que quieres es usar esa habilidad tan grandiosa que tienes, úsala para algo útil"

Ahora, frente a él, Alfred tenía a un joven muy enojado y aun hombre con una máscara que deseaba quitar, pues sabía que eso posiblemente le ayudaría averiguar qué había pasado con Berwald.

Una vez sentados y declinando a la oferta de algo de beber que Tino les había hecho, Alfred decidió que era hora de trabajar.

– ¿De qué es lo que quieren hablar conmigo?

– Vera señor Tino, mi compañero y yo queríamos hablar con usted sobre un incidente ocurrido hace ya veintidós años

Tino los miro comprendiendo enseguida de que incidente le hablaba Toris. Bajando la mirada, Tino suspiro cansinamente y retomo la conversación.

– ¿Qué más les puedo decir que no haya dicho ya hace veintidós años? – a oídos de Alfred, las palabras de Tino salían dolorosamente de su boca, y el tono de la pregunta le recordó a un pequeño niño tratando de dar a entender que por más que leía, no entendía alguna especie de problema matemático.

– ¿Ahora entiendes por qué no los dejaba pasar? – reprocho Peter, en sus ojos, Alfred casi pudo leer la palabra "te lo dije"

– Esta vez es distinto – Toris llamo la atención de los dos rubios frente a él – leí los informes, y en ese tiempo los investigadores solo indagaron un poco en cosas como si mostraba comportamiento suicida o si había estado deprimido o agobiado; lo típico para un caso de suicidio…

–Sin embargo – le robo la palabra Alfred – Ahora las preguntas serán distintas, ya que no tratamos con un suicidio, si no con un asesinato.

Ante esto último, Tino y Peter miraron sorprendidos a Alfred, mientras que Toris lo miraba dándose una palmada mental por el poco tacto de su compañero y por el hecho de que hubiera sido preferible decir "posible asesinato"

– Pe-pero los detectives dijeron que… que era un simple suicidio – la voz de Tino ahora sonaba afectada, sus labios temblaban y sus ojos se cristalizaron por las lágrimas que luchaba por contener.

Peter por su parte, parecía haber entrado en algún tipo de estaba de shock, estaba inmóvil en su asiento.

– Es importante para nosotros saber si Berwald tenía problemas con alguien, cualquier persona que pudiera intentar lastimarlo, ya fuera por dinero o problemas personales – la expresión en el rostro de Alfred era seria, como pocas veces.

Tino, derramando algunas lágrimas aun algo consternado por la información recibida, abría y cerraba la boca, intentando articular palabra alguna, sin embargo cuando estaba a punto de hablar, Peter le interrumpió, al parecer saliendo del shock momentáneo.

– No conozco a alguien que deseara hacerle daño, es simplemente imposible…

– Mathias KØhler – los detectives miraron a Tino quien seguía llorando, pero controlándose un poco logro articular esto último – El y Berwald eran… amigos, pero ninguno de los dos se soportaban mutuamente, siempre discutían, se insultaban y aveces llegaban a los golpes.

– Pe-pero, Mathias sería incapaz de… haber hecho esto

– Esa noche discutieron – Tino obvió el comentario de Peter. Alfred comenzaba a extrañarse con la situación, vale que quería nombres, pero se sorprendió un poco ante la insistencia de Tino en afirmar que había sido el tal Mathias el posible culpable. Fue entonces que Alfred pudo notar un brillo particular en los ojos del rubio, algo que conocía de sobra y que nacía en si mismo cada vez que pensaba en cierta rana francesa.

"Rencor"

– Cuéntenos que paso – pidió Toris

... Tino se encontraba preparando los últimos arreglos de la cena cuando Kristian entro a la cocina, con la mirada un poco perdida. Kristian era un amigo de la infancia de Berwald, rubio y de ojos azules, era de Noruega pero al igual que ellos vivía en Estocolmo por cuestiones de trabajo. A pesar de esto, hacía mucho tiempo que no lo veía, ni a él ni a su hermano y a su prometido, Einnar y Mathias, este ultimo también amigo de la infancia de Berwald. Kristian se sentó en un banco que se encontraba en el lugar y aun al parecer perdido en sus pensamientos observo a Tino un rato.

¿Falta algo? –pregunto Kristian al notar que Tino comenzaba a buscar entre las bolsas que había llevado Berwald horas atrás.

Mmm… si – respondió derrotado Tino – ¡Pero no te preocupes, le pediré a Berwald que vaya a la tienda de la esquina!

Mejor no vayas a la sala – Tino miro extrañado a Kristian, tenía la mirada baja y su habitual rostro inexpresivo parecía algo perturbado. Tino le resto importancia con una sonrisa.

Fue a la sala a buscar a Berwald pero al acercarse comenzó a escuchar gritos que lo alertaron un poco.

¿¡Porque demonios hiciste eso! – enseguida identifico esa voz como la de Berwald, profunda y un poco tosca. Se acercó sin hacer ruido y se quedo parado mirando la escena desde la entrada de la sala. Berwald estaba de pie con el puño fuertemente cerrado enfrente de Mathias y dándole la espalda; Mathias tenía una mejilla enrojecida y el labio partido, fue obvio para Tino que se estaban peleando como de costumbre.

No sé en qué te molesta, deberías estar acostumbrado

¿Por qué viniste? Pensé haberte dicho que no te quería volver a ver por aquí

Tino vio como una sonrisa burlona se formaba en el rostro de Mathias.

¿Qué, temes por Tino? No te preocupes Berwald, si es eso no me volveré a pasar por aquí – Mathias tomo una copa que se encontraba en la mesa de centro y bebió su contenido – por ahora, deja que termine la fiesta en paz.

Espero que esta vez cumplas, Mathias– Berwald permaneció de pie mientras este se dirigía lentamente hacia donde Tino se encontraba, pero al pasar al lado de Berwald, se detuvo y le susurro al oído, Tino tuvo que agudizar el oído para alcanzar a entender.

Seria más fácil cumplir eso si estuvieras muerto, Berwald

Tino se quedo estático en su lugar, ni siquiera reacciono cuando Mathias pasó a su lado ignorándolo para dirigirse al cuarto de Peter, donde se encontraba con Einnar jugando.

Lo que realmente sorprendió a Tino, fue el desprecio con el que Mathias pronuncio el nombre de Berwald…

– ¿Siempre discutían?

– Si, pero nunca había visto a Berwald así, tan exaltado y Mathias parecía de verdad molesto.

– ¿Por qué discutían? – Alfred estaba curioso y entusiasmado a la vez, tenía su primera pista en el caso y no la iba a dejar pasar.

– No estoy seguro, pero después de eso, Berwald y Mathias apenas se dirigían la mirada.

Después de que Tino les diera la dirección, Alfred y Toris se dirigieron enseguida hacia el lugar donde se encontraba su principal sospechoso.

A mitad del camino, el celular de Alfred comenzó a sonar.

– ¡Por favor no hables por teléfono mientras manejas! – El pobre Toris sentía que se le salía el alma por la velocidad a la que Alfred conducía, sumándole a esto que había contestado el teléfono y ahora solo conducía con una mano.

– ¡Esta bien, contesta tu! – grito, debido al ruido del aire golpear el carro, pasándole el celular a Toris.

– Bu-bueno

– Osea tipo, como que tardas siglos en contestar

– ¿Feliks?

– No tipo, Santa Claus, osea, obvio soy yo, llamaba para decirte que Vash como que dio la orden de que empezaran a investigar, acaba de salir del laboratorio la foto y como que es real y eso.

– ¿¡Co-como que acaba de dar la orden! ¡Alfred!

– Ups – Alfred soltó una pequeña risita al verse descubierto. Había ocultado a Toris el pequeño detalle de que la investigación un no estaba autorizada por Vash, estaba muy ansioso por comenzar como para detenerse por pequeñeces.

– ¡Alfred! ¿¡Que hueras hecho si la foto resulta ser una broma o era una simple mancha o algo! ¡De seguro Vash nos mata!

– No te preocupes Toris, the Hero lo tenía todo calculado, ya sabía yo que se trataba de un homicidio – dicho esto comenzó a reír a todo pulmón.

– Pero…

– Osea tipo, ignórame.

– Lo siento Feliks, ¿hay algo más?

– Si, que no se te olvide nuestra cita de mañana, como que, ya elegí que me voy a poner y va a ser súper wow, así que ponte algo genial tipo, como que algo rosa sería estupendo.

– Mmm, ok, te veo mañana – y colgó rápido, había comenzado a salir con Feliks poco después de llegar a Estocolmo, era un chico un tanto… peculiar, pero de gran corazón. Solo que aveces su rarezas lo sobrepasaban o le hacían pasar vergüenzas, siempre trataba de hacer eso de lado cuando salía con él, muy, muy de lado. Fuera de eso, Feliks era el Forense de la unidad de homicidios, un experto en su rama, y Toris lo respetaba por eso.

– Ok, casi llegamos Toris– Alfred volvió a reír como loco.

– Tú y yo, tenemos una muy larga charla

~º~

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