Buenos/as días, tardes, noches~ No puedo creer que lean y no dejen reviews D: Si no fueran por las gráficos de tráfico, ni me entero y caigo en depresión severa. ¿Cómo es posible que hallan leído aproximadamente 41 personas y ninguna se atrevió a decirme algo? Ojalá se queden sin cataclismo Ò_Ó
Necesito opiniones, así que... TU! Si TUUU~ Amable lector/a que se pasó el anterior capítulo sin dejar review, no te cuesta nada decir que te gustó.
Rated: T
Advertencia: Universo alterno
Parejas: AmuxIkuto-centric-, KukaixUtau
Declaimer: Shugo Chara © PEACH-PIT (#Respect)
Capítulo II: Cuando todo parece perdido.
El castaño sonrió enamorado. Haberse involucrado con una joven mayor que él no había sido tan malo. Al principio tenía miedo de que ella no lo tomara enserio, pero ahora tenía tanta confianza en sí mismo, que ya tenía vagos recuerdos de ese sentimiento.
La profesora de inglés de la preparatoria, era la más joven, había tenido una carrera de tres años al salir de la preparatoria. Y se encontraba trabajando el mismo día que se graduaba. Vivía sintiendo que el amor no era para ella, que si encontraba a un hombre mayor, que supiera cocinar y estuviera dispuesto para ella 24/7 estaría dispuesta al matrimonio. Porque prefería meterse con un viejo con plata a ser dejada de lado por un hombre que tal vez en algún momento buscaría a alguien menor por estar ella muy vieja. Lo que era ilógico teniendo en cuenta que no aparentaba la edad que tenía.
Había sido aceptada en la preparatoria en donde Ikuto le había conseguido un puesto, era de suplente al principio. Por el embarazo de una docente. Pero al notar su gran desempeño en la materia, no hubo duda en ninguno cuando la ascendieron rápidamente.
Sus alumnos eran difíciles, pero qué es la vida sin retos. Ya ahora podía decir que tenía el respeto de cada uno, no había alguien que se atreviera a bromear con la linda profesora de inglés. Ni si quiera sus compañeros de trabajo.
Entonces llegó nuevamente la ceremonia de apertura, le tocaba por vez primera –aunque no hubiese pasado más de un año de enseñar ahí- estar en la puerta de entrada. Bastantes de primer año la miraban asombrados, otros queriendo gastar alguna broma eran interrumpidos por su mirada cortante. Pero esa mirada cambió de semblante al notar como un alumno, al parecer también de primer año, estaba mirando su celular sin cruzar la calle mientras los demás entraban. Cabellera castaña desordenada, ojos esmeralda, camisa fuera del pantalón, corbata desajustada y zapatillas… ¿zapatillas? No tenía que tomar en cuenta los piercings de sus orejas para darse cuenta de que era uno de esos adolescentes rebeldes y sabelotodo. Pero sintió cierta duda cuando vio como una chica de su misma edad se le lanzaba al cuello. Cabello rosado, no muy largo, con una equis sujetando un mechón en lo alto de su cabeza. Blusa también fuera de la falda –no del todo-, corbata no muy ajustada, con su saco bien puesto. Zapatillas al igual que él, y medias tan largas que por un momento creyó que la falda era igual de corta que todas, las medias ayudaban a esconder este pequeño detalle. Se veía que eran pareja, estaban bien abrazados, conversando animadamente cuando alguien llamó a la joven y se abrazó a ella. La niña, porque parecía una niña, era un poco más baja que la pelirrosada y parecía una muñeca de porcelana. Su abundante cabellera rubia ondulada no se veía desordenada, a pesar de llevar suelto el cabello. Su flequillo abundante estaba por encima de unos ojos grandes que brillaban de sólo mirar a la que parecía ser su mejor amiga. A diferencia del par, ella iba con el uniforme correctamente puesto, usaba zapatos y sus largas piernas eran escondidas por pantis blancas. Adorable. Encima de su flequillo iba un lazo negro, resaltando bastante por el color de su cabello, se preguntó que champú usaría y si el acondicionador era tan bueno. No pasó mucho para que el castaño volteara en su dirección… o eso creyó al principio. Llamó a un rubio que estaba a punto de entrar, le gritó por su nombre y los demás se le unieron. El rubio de ojos rubí se giró sorprendido y con una gran sonrisa en el rostro cruzó la pista en dirección a sus amigos. Todos se abrazaron juntos al estar finalmente reunidos y cruzaron juntos la pista, el par de rubios hablando animadamente y el par rebelde también. Parece que hay nuevas parejitas este año.
Eso tenía la profesora al final del día, a final del mes, el par de rubios habían sido nominados como el rey y la reina, la pareja dorada. Y los rebeldes eran ahora: el As y la "cool & spicy" rompecorazones.
La pelirrosada era un imán, tanto de chicos como problemas, más de tardanzas que de otro tipo de problemas. En especial en la clase de su hermano, él tampoco parecía llevarse bien con la alumna, aunque el tratase de verse indiferente al tema no podía engañar a su hermana.
Pero a ella realmente no le importaba, eran otro grupo de esos peculiares que conocía. Nada fuera de lo normal. Ella tenía que seguir con sus clases.
Lo que no se esperaba era que el día de la entrega de ensayos, descubriera el del castaño tan interesante. El de la rubia hablaba de un programa de comedia, el rubio hablaba de un mundo mejor, la pelirrosada había hablado de su padre pero el castaño…
Mis mejores amigos serán siempre lo más importante a pesar de todo. Arriesgaría cualquier cosa por ellos.
Se enteró de que ninguno de los cuatro tenía relación con alguno. De las personalidades que contrastaban con lo que el resto creía saber. De lo importante que podía llegar a ser una persona para alguien que se lo tomaba enserio. Y pasó por su cabeza que si aquel castaño fuese al menos de su edad se permitiría fantasear. Claro que no. Intentó borrar entonces la idea de su mente. Intentó.
Las clases de inglés seguían su curso, ella sólo veía al grupo que aquel año compartían aula.
Se dio cuenta de que dejaron que una chica pelirroja de carácter infantil se uniera a su grupo y a la semana siguiente parecían ser amigos de toda la vida. Yuiki Yaya, parecía, conocer bien a los dos chicos del cuarteto, a la pelirrosa un poco menos y a la petiza casi nada. Después de encontrar su ensayo, descubrió que efectivamente así era. Conocía al grupo de años atrás, por motivos de trabajo de sus padre se había mudado y había vuelto para terminar preparatoria en Osaka. Aunque esa había sido la introducción, ya que la realidad era que había hablado de los niños.
—Hoshina-sensei… ¿qué capta tanto su atención?
La profunda voz de su hermano la sacó de sus pensamientos. Eran ya los últimos días de la primera mitad del año escolar. Las notas habían cerrado, algunos alumnos había desaprobado, no más del promedio que solía desaprobar el año anterior. Nada preocupante.
—Trato de entender el futbol—dijo con la mirada fija en la cancha.
— ¿Tu? ¿Utau, tienes fiebre?—preguntó preocupado.
—Hablo enserio—dijo mirándolo—. No le encuentro lo gracioso—dijo cuándo el mayor comenzó a reír.
—No me digas que hay algún niño que te inquieta—dijo divertido.
La bella profesora rubia se sintió ofendida. Por supuesto que no. Pero no dijo nada, no tenía por qué aclarar lo evidente. Era una pérdida de tiempo cuando a Ikuto le entraba algo en su cabeza, por lo que se limitó a seguir con su vista en la cancha.
—Souma juega bien—dijo de repente.
— ¿Disculpa?
Él la miró sin pestañear.
— ¿No lo estabas mirando a él?
— ¿Qué te hace pensar eso?
—Tus ojos brillosos al momento en que ha anotado el gol.
Rayos.
—Debes estar mal de la vista.
—Utau, no juegues con fuego… recuerda no darle alas a quien no puede volar.
—Los pingüinos no vuelan, aun así tiene alas.
Su hermano la miró sin comprender. ¿Acaso había escuchado bien? Ella se dio cuenta muy tarde de sus propias palabras.
—Utau.
—No quiero escucharte, ya tuve suficiente de-
Su hermano la detuvo poniendo una mano delante de ella, por lo que no pudo terminar de hablar y volteó en la misma dirección de su mayor. El partido seguía, pero sin el castaño, lo habían venido a buscar la pelirroja, junto a dos chicas más, una castaña y una peliazulada. El par de rubios que se encontraban mirando el partido también se acercaron, era obvio que algo pasaba. La expresión del deportista cambió muy rápido y se fue corriendo seguido de los demás que habían estado hablando.
—Algo anda mal—aseguró siguiéndolos con la mirada.
— ¿Me pierdo de algo?—preguntó ella mirándolo preocupada.
—Esa la típica expresión de alguien que está por meterse en problemas.
—Ikuto—dijo restándole importancia—, ellos siempre se meten en-
—Serios, problemas, Utau—dijo antes de comenzar a caminar en dirección a donde ellos habían ido.
—Si me explicaras, podría comprender—dijo un poco preocupada.
—Pelea.
¿Qué?
Se imaginó al oji esmeralda en una pelea… no le gustaba la idea. "Arriesgaría cualquier cosa por ellos."
Se estremeció tan sólo recordar lo que había leído, tenía miedo de que realmente arriesgara todo.
Se dirigían a la parte más alejada, habían árboles cerca de ahí. Así que fácilmente podrían quedarse sin ser vistos. Los docentes se apresuraron para no perderlos de vista, aunque el destino era obvio para ambos, aunque la situación no se la podían imaginar.
—Oh. Créeme que si yo fuera su novio me encargaría de que no se metiera en este tipo de problemas.
El tono de voz sarcástico y enojado no era común en él, sus ojos amatistas no podían creer lo que veían. Tres chicos de último año, uno más cerca de Kukai. Detrás de este último, estaba el rubio que de tanto en tanto volteaba a ver a sus amigas, parecía también estar deteniendo a la rubia petiza. Mientras que las tres que habían ido en busca de Souma abrazaban a una pelirrosada muy asustada.
—Oye. Vámonos—le dijo uno de último año que estaba más atrás.
—Espera, necesita aprender una lección—dijo acercándose más al menor con claras intenciones de golpearlo.
La maestra estaba a punto de intervenir, pero el otro docente la detuvo.
Pronto se dio cuenta de que el As tenía su título por algo, de hecho que no pudo evitar de todo el golpe, pero la fuerza con que lo devolvió era de envidiar. Los tres chicos se miraron sorprendidos, ayudaron rápidamente a ponerse de pie a quien había caído.
—Tu reputación no estará arruinada, sólo lárgate—siseó el que parecía ganador de una gran lucha.
Los tres no dijeron nada y los dos que estaban bien parados ayudaron al que seguía tambaleándose.
—De ellos me encargo yo. Tú cuida de Souma, que le curen esa herida.
—Pero-
Ya se había ido detrás de los mayores.
¿Qué se supone que haga?
—Oh por Dios… Kukai, te ha roto el labio—exclamó la más infantil.
—Él quedó peor—dijo sonriendo, ella se preguntó cómo podía sonreír.
—Kukai, esto es serio…—intervino el denominado rey.
—Tranquilos, mírenme, estoy bien—dijo alzando sus brazos—. Ahora váyanse, falta poco para que suene el timbre.
—Pero-
—Amu—dijo tomándola del rostro—, estoy bien, iré a la enfermería.
—Lo siento—dijo con obvias ganas de llorar.
—No llores, si estuviese en el suelo tal vez te permitiría llorar—dijo riendo—, pero estoy bien—dijo cargándola de la cintura—, quiero que sonrías, ¿bien?
Ella asintió efusivamente antes de ser depositada en el suelo, sonriendo lo más sinceramente que podía.
—Apuren el paso, necesito estar solo para poder pensar en qué decirle a la linda enfermera—dijo con una mano en su mentón.
—Enfermo—acusó la reina divertida.
—Te vemos en clase Souma-san—dijeron el par de chicas extra en grupo.
Él levantó una mano en señal de despedida, aun sonriendo. Cuando se fueron, suspiró con algo de molestia y comenzó a caminar al gran lavadero. Mojó su herida, no pudo evitar una mueca de dolor cuando el agua hizo contacto con la comisura de su boca. Sacó su celular del pantalón de su uniforme y presionó un botón a un lado, la cámara se activó y la utilizó como espejo. Era obvio que si sus hermanos estuvieran en la ciudad le harían preguntas… Preguntarían si el otro quedó peor—pensó con una sonrisa, que también le dejó una mueca de dolor—. Genial, tampoco puedo sonreír.
Pero había podido proteger a su hermanita, y eso era lo que llenaba en ese momento.
Cuando la secundaria terminó, creyó que no podría con el examen para aquella preparatoria a donde Amu, Rima y Tadase estaban empeñados en entrar. Así que se desconectó del mundo y estudió día y noche para el examen. Cuando sus hermanos mayores se enteraron del logro, hicieron un "pequeño" regalo para el menor. Un departamento. Le dijeron que el hecho de que en ese momento comenzaba a vivir solo significaba que tenían la suficiente confianza en él. Porque les había demostrado que podía lograr todo lo que se propusiese y por eso podían dejarlo vivir por su cuenta. Todos habían conseguido trabajo fuera, de esa manera cada uno lo apoyaría con los gastos.
El primer día de clases, al ver a su primer amor correr hacia él supo que habían valido la pena todas esas noches sin dormir. Todas esas llamadas ignoradas hacia sus amigos. Porque ahora podría compartir tres años más con ellos. La muñequita de porcelana fue recibida de la misma forma entre sus brazos y por supuesto su pequeño rey también. Los cuatro juntos para un nuevo año, una nueva etapa en sus vidas, eso pudo expresarlo muy bien en el ensayo que le dejó su profesora de inglés… Una de las mejores sorpresas del año fue Yaya. A quien ahora verían todos los días después de tantos años separados. Fue incluida en el grupo casi tan rápido como que su amigo rubio se enamoraba de una alumna de intercambio, a quien él mismo le dejó una carta que el rey no tenía planeado entregarle ni en el más feliz de sus sueños. Su vida estaba cambiando en poco tiempo pero el gran cambio… fue ella.
Hoshina Utau no era para él una alumna más lamentablemente. Aquel primer día de clases, la había visto en la entrada al llegar al frente de la institución. Limpiaba sus lentes para luego sacar su celular y sonreír divertida al mirar la pantalla, pensó que nunca antes había visto a una mujer sonreír tan sinceramente. Una mujer. Se dio cuenta entonces por la vestimenta que traía puesta, que no era una alumna y se sonrojó mucho por sus impuros pensamientos hacia la mayor. Pero no podía detener su mente, mucho menos cuando entró junto con sus tres mejores amigos. Al pasar a su lado y notar su mirada en ellos, se permitió pensar en que tal vez sólo lo miraba a él. ¿Por qué no soñar un poco? Había pensado.
Las clases de inglés fueron más tortuosas de lo que pensó, quería verla todo el tiempo… Eso se estaba convirtiendo en un gran problema, no estaba bien, no moralmente. No podía evitar que sus ojos se desviaran al cuerpo de su profesora cuando estaba escribiendo en la pizarra o paseándose por el aula en algún examen. Se dio cuenta de que le gustaba el color lila. Aún más, se dio cuenta de que a ella le quedaban perfectamente bien, hacían juego con su piel clara y sus cabellos rubios.
Sin embargo, no estaba satisfecho, no la había visto sonreír como aquella vez en la entrada. Los chistes que hacía en clase sólo hacían ladear su sonrisa, no podía ni si quiera lograr que mostrara su perfecta dentadura. Así que uno de esos días, el día que fue a buscarla para entregarle su ensayo que estaba terminando a última hora, estaba pensando en mil y un maneras de sacarle una sonrisa. Metido en sus ideas estaba cuando escuchó la más linda melodía que jamás había escuchado… Hoshina-sensei cantaba y su voz era hermosa, no, más que eso, no había un adjetivo que pudiese describir tanta perfección. Sintió su corazón latir apresurado y sus manos sudorosas, comprendió así que estaba perdido y no había vuelta atrás. Entró a la sala de profesores que estaba vacía a excepción de ella, quien lo miró sorprendida, el sonrojo en sus mejillas hubiese pasado por alto si él no hubiese estado tan interesado en ella.
—Debería ser cantante.
Esas fueron sus palabras antes de dejarle el ensayo en su escritorio y darse la vuelta, no sin haberse percatado de su evidente sonrojo antes de abandonar el despacho. Se permitió esta vez soñar con ella, soñar que las diferencias entre ellos no eran tantas y ella podría estar a su lado. Esas ilusiones se fueron por el caño cuando la vio reír, carcajearse junto a él.
Tsukiyomi Ikuto, el profesor de música, el profesor "favorito" de su mejor amiga. Ahora sentía que compartía el mismo odio que ella hacia aquel hombre. Pues él había logrado con dos palabras lo que el castaño había intentado en incontables clases de inglés.
Ese viernes no había sido diferente a muchos, pero las cosas amenazaban con serlo en el receso después del almuerzo. Todo había comenzado cuando llegaron Yaya, Wakana y Manami al partido, se veían preocupadas, y no era para menos. Unos chicos mayores estaban hostigando a la primogénita de los Hinamori. Ella se había ilusionado con un chico de último año, pero este tenía otras intenciones. El oji esmeralda sintió hervir la sangre cuando el chico en cuestión había tomado de la cintura a la fuerza a su amiga. La pelea que tuvo terminó en empate, al menos así quiso dejarlo el mayor, quien no dijo nada por vergüenza a haber perdido con alguien menor que él.
Cuando se estaba lavando su herida sólo pensaba en cómo tal vez si Amu no se hubiese metido en problemas, Utau lo habría seguido mirando jugar. Podría jurar al cielo que lo estaba mirando durante el partido tanto o más como podía jurar que había sido ella su motivación para ese gol. Aunque en ese momento su traicionera mente le trajo el recuerdo completo, percatándose de que Tsukiyomi-sensei había estado a su lado durante ese momento. Otra vez ilusiones abajo.
—Deberías verte la herida—dijo una voz femenina detrás de él.
Empero ahora que estaba a su lado, él con la cara mojada y un tanto sudorosa… herido también, las ilusiones afloraban una vez más.
—Hoshina-sensei…
Los ojos esmeraldas estaban sorprendidos, no se esperaban encontrarla, no a ella. No cuando él se sentía en el estado más humillante posible. Y ella lo miraba con pena, él no quería su pena, no la de ella, mucho menos la de ella.
—Vamos, te acompaño a la enfermería—dijo fríamente.
En ese momento pudo percatarse de que estaba hablando en japonés y no su usual inglés. Lo hablaba tan perfecto como el otro idioma, lo hizo recordar cuando la escuchó cantar.
—No es necesario… no quiero incomodarla.
Ella miró en otra dirección y luego suspiró.
—Si vas solo, la linda enfermera te hará preguntas—dijo dejando una de sus manos en su cadera.
Él respiró profundamente, estaba seguro que si no se controlaba, terminaría por cumplir una de sus más profundas pero inocentes fantasías.
—Está bien—dijo girándose, comenzando a caminar mientras la profesora lo seguía detrás.
Caminaron en silencio hasta la enfermería. Al llegar abrió el deportista la puerta, ambos cayeron en cuenta de que -convenientemente- la enfermera no se encontraba. Así que después de tanta insistencia Souma aceptó que ella le curara una herida, tenía práctica de cuando Ikuto se metía en problemas y no quería decírselo a su madre.
—Lo siento—se disculpó preocupada y arrepentida cuando el menor se quejó—. He estado fuera de práctica.
Esto lo sorprendió.
— ¿Era enfermera?
—No—dijo volviendo a acercar el algodón con alcohol yodado a la comisura de sus labios—. Solía curar a mi hermano cuando llegaba de alguna pelea.
—No sabía que tenía hermanos, Hoshina-sensei.
Ella le sonrió sin dejar su trabajo.
—Trabaja aquí—dijo aún con una sonrisa, dándose cuenta de la sorpresa del castaño—. ¿No adivinas quién es, Souma-kun?
—Para nada—dijo el sonriendo del lado que no estaba herido—. Surprise me.
Ella rió botando el algodón al tacho cercano.
—Tsukiyomi Ikuto es mi hermano mayor, nos llevamos dos años—dijo buscando alcohol en el botiquín.
—Es broma, ¿verdad?—preguntó sintiéndose ridículo al caer en cuenta de que se había sentido celoso del hermano de ella. Soy patético.
—No—dijo en inglés, volviendo a acercarse a él—. Tenemos apellidos diferentes porque crecimos con nuestros padres separados, aun así somos muy cercanos. Creo que esto si te ardera, mucho.
Dicho y hecho. Kukai vio estrellas por un momento.
—Así que Tsukiyomi-sensei se metía en problemas en la preparatoria—dijo cuando ya había detenido el ardor en su rostro.
—Demasiados—admitió la profesora dirigiéndose al baño—. ¿Tú tienes hermanos, Souma-kun?
—Kukai—dijo sugiriendo su nombre—. Y sí, cuatro hermanos mayores.
Ella estaba sorprendida ya de que lo dejara llamarlo por su nombre, más sorpresa hubo en ella cuando le dijo que era el menor de cuatro hermanos.
—He sido el encargado de los recados por largos años, interminables peleas y luchas para decidir quién se quedaba con el último pedazo de pizza o quien iba a comprar el pan en las mañanas.
—Debe haber sido difícil.
—Divertido—agregó él sonriendo—. Pero sí, difícil.
Se imaginó al castaño pequeño, de sonrisa risueña y grandes ojos esmeraldas. Pero cuando ese pequeño vino corriendo hacia ella diciéndole mamá, se preocupó. Basta Utau.
—En la noche tal vez podría ver nuevamente esa herida—dijo dejando algunas cosas en su lugar.
— ¿En la noche?
—Somos vecinos, ¿recuerdas?
Y ahora recordaba él porque cada día su obsesión se retroalimentaba. Ella vivía en el departamento frente al suyo.
—Claro, espero no molestarla por eso…
—Para nada—dijo dirigiéndose a la puerta—, puedes llamarme Utau, me haces sentir vieja cuando yo te digo Kukai—agregó guiñándole un ojo antes de salir.
Ambos al estar lejos del otro no comprendían del todo lo que acababa de pasar. Mientras que la mayor se recriminaba por haberle guiñado un ojo el menor sentía como la felicidad desbordaba de él.
La última clase se la pasó en la luna, estaba pensando en lo linda que era su profesora cuando sonreía y decía su nombre. ¿Cuándo me volví tan patético? No tenía la respuesta para eso, se sentía tan contento. La sola idea de que su maestra fuese a ver como estaba lo torturaba, ¿estaría bien si le invitaba a cenar? Sólo sería para agradecerle por curarle, no tenía por qué haber otra intención. ¿Desde cuándo estoy lleno de intenciones ocultas? Otra pregunta que no podía responderse, trató de concentrarse lo más que pudo en dibujar bien una jarra pero le resultaba imposible. Amu lo notó, pero no dijo nada, creyó que aún pensaba en por qué se metía en tantos problemas. Lo creyó aún más cuando él desapareció sin dejar rastro al acabar el horario escolar. Todo el grupo lo hizo, pues era costumbre que caminaran juntos a sus casas. Lo llamaron al celular, pero no contestó, supusieron que era algo importante lo que lo había obligado a salir prácticamente volando.
Camino a su casa el deportista se pasó por un konbini(1), compró lo que necesitaba y se dirigió a su humilde hogar. Debía apresurarse si quería sorprenderla, porque estaba completamente seguro de que algo como aquello no se volvería a repetir.
Mientras que la profesora no sabía si podía permitirse dejar de corregir los exámenes o irse a su hogar y no atrasar más el "evento". No quería ir de noche, algo le decía que ir de noche podría traer otras consecuencias. Podría ir a la cárcel por esto.
La noche llegó rápido, más para ella que para él, que cuando tocaron a su puerta, tenía todo listo. Bueno, casi todo.
—Disculpe… yo-o… no creí que… uhm…
Sus mejillas se habían tornado tan rojas, que pudo por un momento separar sus ojos de su torso desnudo –y bien formado- a sus mejillas, era la primera vez que lo veía tan avergonzado y... tartamudeando. Kukai había abierto la puerta a toda velocidad con la intención de no hacerla esperar de pie afuera, terminando sólo con sus jeans gastados y la toalla alrededor de su cuello. Realmente había estado esperando aquel toque por casi cuatro horas, no hab{ia sido consciente de que no terminaba de vestirse al abrir la puerta. Nunca pensó tartamudear nervioso frente a una mujer.
—Sólo ponte… algo—dijo sonriendo, desviando su mirada.
—Claro—dijo corriendo a su habitación y cogiendo un polo blanco.
Tsukiyomi menor pudo respirar tranquila cuando él se fue, no sabía si alguna expresión en su rostro la había delatado. Esperaba que no fuera así. Después de golpearse ligeramente ambas mejillas, pasó con una caja entre sus manos, y una bolsa blanca colgando de su muñeca izquierda. Cerrando la puerta.
— ¿Ya cenó, sensei?
Utau lo miró esta vez con el polo puesto, de alguna manera sin el uniforme podría verse de su edad. Lo mismo pasaba por la cabeza del menor. Su profesora se veía de la misma edad que su mejor amiga vestida con esa ropa, la cual le había sido difícil de escoger a ella. Era muy consciente de que no debía ponerse un short, pero ese no era muy corto, y el polo era como cualquiera. Se había permitido peinarse como lo solía hacer antes, dos coletas altas… y sin lentes. Esto no ayudaba a Souma, quien no podía dejar de fantasear.
—No, tengo que calentar mi cena…
— ¿Calentarla? ¿Comerá su almuerzo?
Un ligero sonrojo apareció en sus mejillas antes de mirar en otra dirección claramente avergonzada.
—No… es comida pre preparada—admitió aún sin mirarlo—. No sé cocinar.
Perfecto.
—En realidad cociné, para dos, como agradecimiento—dijo sonriendo ya al lado de ella.
Lo miró hacia arriba, recién ahora podía darse cuenta de la gran diferencia de estaturas. Debido a los zapatos de taco le resultaba imposible percatarse en horario escolar.
—Me gustaría probar tu sazón—dijo sonriéndole.
Se quedaron en silencio, mirándose, como si nada existiera, como si sólo fueran vecinos que querían compartir un momento fuera de la rutina. Ambos analizaban cada facción del rostro del otro, tratando de leer mentes, tratando de darse cuenta de cada mínimo detalle. Ella fue la primera en volver a la realidad al ver la gaza en la comisura de él.
—Veamos esa herida—dijo aclarándose la garganta—. Por cierto, traje tartaleta de fresa…
—Gracias…
La invitó a sentarse en su sillón más grande, así lo hizo, sentándose uno al lado del otro.
Quitó la gasa de su lugar y analizó la herida nuevamente.
En lo que ella se demoraba en limpiarle la herida y volver a curarla, el moreno se dedicaba a pensar en cómo podría aprovecharse de la situación. Sentía que si no lo hacía ahora, más tarde no volvería a tener esa oportunidad. Pero el perfume de ella y su shampoo no lo hacían pensar bien, no sabía que decirle realmente.
— ¿Me dirá si jalé el examen?
—No—dijo en inglés divertida, la verdad no había jalado pero no quería darle el gusto de estar tranquilo.
— ¿No jalé o no me va a decir?
—I don't know—dijo casi terminando con su trabajo.
Trató de pensar en algo más cuando ella botó lo que ya no le servía en la bolsa blanca donde había traído aquellas cosas.
— ¿Tiene novio?
Genial. La verdad es que quería poder ser directo sin sentirse avergonzado.
—No—dijo mirándolo extrañada—. ¿Te interesa mi vida amorosa, Kukai?
Bien, ese fue el detonante.
El más alto tomó su níveo rostro entre sus manos tan delicadamente, que ella pensó que era tan frágil que podría romperse. Cerró sus ojos cuando vio los de él entrecerrados y se dejó llevar por lo inevitable, porque muy en el fondo sabía lo mucho que quería eso. Los labios de él se movían lentamente sobre los de su mayor, intentando captar cada segundo en su memoria, cada sensación y cada detalle. Quería asegurarse que no estaba soñando como siempre lo hacía… porque sinceramente era lo único que soñaba, en besarla, sólo eso, sólo se conformaba con un beso. Era obvio que no sería él su primer beso, ni para él era el primero, pero ambos podían asegurar que era el primero con tantas emociones acumuladas.
—Utau, yo… realmente lo siento—dijo cuándo se separaron—. Pero no puedo hacer nada en contra de esto—dijo llevando su fina mano con uñas pintadas a su corazón agitado, ella sintió el latir rápido de este y la sonrisa que se dibujó en su fino rostro era una que él nunca antes había visto…
—Let me teach you something new…
Ella juntó sus labios nuevamente pero logró internar su lengua dentro, jugando un rato con la de él.
¿Estoy soñando?
No podía dar crédito a lo que pasaba en ese instante, su amor platónico ya no lo era más… era correspondido, ¿verdad? ¿Eso quería decir el que ahora lo estaba besando tan ferozmente, verdad? Dejó las preguntas para después y se concentró en aprender algo nuevo, era lo que le había pedido la rubia, él obedecería. Aun cuando no sabía si aquella sensación de dedos femeninos enredándose en su rebelde cabellera se podía sentir más placentera. Aun cuando pensó que ese posesivo agarré de sus brazos alrededor de su estrecha cintura podría quebrarla. Pero no pudo más cuando sintió una molestia entre sus piernas, necesitaba saber si sólo podía soñar o podía seguir viviendo aquello como algo futuro.
—Yo necesito saber…—dijo agitado—Siento que te quiero tanto que me podría quemar en este momento… And you?
Ella lo miró enternecida y depositó un dulce beso en nariz.
—I love you kid.
Lo siguiente, ella no se lo esperaba, no del todo, si bien sabía que los adolescentes de ahora eran menos reservados… Terminar en una habitación, enseñándole algo más que otro idioma no estaba entre sus planes, no cabía en su cabeza cómo podía llegar a eso. Cómo él la pudo convencer de hacerlo. Después de tantos años de haber estado en abstinencia, un adolescente casto la había seducido para hacerlo nuevamente. Vaya que le había dolido, su cuerpo se había desacostumbrado a la presencia de un hombre… No es como si ella se hubiese acostado con muchos hombres, sólo habían sido dos, un amigo de su infancia del que creyó haber estado enamorada y otro tonto que no valía la pena detallar. Pero fue inevitable comparar su desastrosa primera vez con esta tercera –y aseguraba sería él la última- vez.
Souma Kukai, si bien le había admitido al principio, cuando estaban a penas sin polo cada uno, que nunca había tenido relaciones sexuales con ninguna mujer… no lo había demostrado realmente o tal vez ella había sido buena dando indicaciones. Había sido una buena idea, él la había convencido completamente de ello… Aunque se recriminaba una y mil veces que estaba mal, que había abusado de un menor y que había roto el taboo entre maestro y alumno… no merecía llamarse profesora. No después de eso.
Sin embargo, cada vez que el deportista la buscaba, la acompañaba, la miraba y compartían esos momentos que ella consideraba errores… Todo valía la pena, porque realmente deseaba ser profesora, pero no podía ignorar como latía su corazón cada vez que estaba a su lado. Eso se escuchó tan cursi…
Todo estaba bien, ya a medio año ambos sabían que hacer y qué no hacer, como actuar y como no actuar… que decir y que no… Ambos estaban estables emocionalmente, y se veían beneficiados de una u otra forma. Kukai había subido considerablemente sus notas de inglés, ahora hasta ayudaba a sus amigos. Utau podía hacer guisos, no se le quemaba el arroz, podía hacer ensaladas y buenos panqueques. Pero aún no habían pasado el filtro mayor: Tsukiyomi Ikuto.
Su hermano siempre insensible e indiferente parecía, por primera vez para Hoshina preocupado y algo reacio a la relación que mantenía su menor. En cuanto se lo comentó al castaño no pudo evitar que el mismo se dirigiera a hablarle del tema. ¿Qué habrían conversado aquel martes al final del horario escolar? Para ella siempre será un misterio.
Ahora estaban mejor que antes, a ella le gustaba verlo de esa manera. Pues si al principio hubieron peleas por algún tema de confianza, ahora parecían haberlo solucionado… Aunque de hecho el menor era el más celoso, como cuando todos comentaban que Ikuto y ella se habían casado por tener ahora el mismo apellido. Ellos no se molestaron en aclarar la situación, no vieron necesario ningún tipo de aclaración. Así que se tuvo que conformar ante todos los comentarios que hacían sus compañeros sobre la supuesta pareja. Eso no quiere decir que no aprovechaba cualquier oportunidad para celarla, como el día anterior que estaban en el salón de clase.
Había ido Kukai a hablarle sobre salir el sábado temprano, pero ella le había dicho que era imposible, tenía que corregir exámenes el fin de semana y programar el control de lectura. Había festividades acercándose y ella era tutora de un salón de primer año… Gracias al cielo que tenía un buen alumno como delegado, era el hermano menor de una de las profesoras de la preparatoria. Aunque realmente no se parecían mucho en las personalidades.
Volviendo al tema, el menor había estado preguntando el por qué a todo lo que le respondía, parecía que realmente estaba motivado en convencerla de que se fueran de viaje. Hasta había tomado su mechón de cabello como siempre hacía cuando quería algo. No contó con que su hermano también tratara de convencerla para que se fuera, obvio que detuvo la acción porque ya había logrado conocer todos los indicios de cuando ambos querían algo más. Su comentario provocó que hablara en japonés mordazmente y de esta manera ambos comenzaron a discutir. El estudiante se dio por vencido y se despidió de ambos. Grande fue la sorpresa de los docentes al escuchar que Souma saludaba a su bien conocida mejor amiga. Tsukiyomi mayor, preocupado por el tema, se comenzó a acercar, para que la alumna no sospechara de aquella relación. La sorpresa fue mayor cuando vieron como Hinamori era alzada cual saco de papas en el hombro de su mejor amigo, estaba sonrojada. Era nuevo para los hermanos ver ese detalle, nunca habían visto sus mejillas rojas ni su expresión avergonzada… ni si quiera cuando el joven de tercer año intentó hacerle daño.
Obviamente ese gesto de cargarla en su hombro era para celar a la rubia, que en efecto se encontraba un poco fastidiada después de este hecho. Lo extraño fue que su hermano no la molestara con ello ni tampoco se quedase para torturarla, pero no perdió más tiempo, tenía que ir de compras. Se encargaría de que él no se arrepintiese de no haber viajado, en realidad si quería viajar, pero tenía demasiado trabajo y era una adulta responsable.
Se fue a un supermercado, compró los alimentos de su lista, luego compró una torta… llevó tranquilamente las cosas a su departamento y se cambió. Tenía tiempo de sobra, el joven le había comentado que iría al karaoke con sus amigos para compensar el supuesto viaje. Se sentía un poco mal por ello, les había mentido sobre un viaje con sus hermanos para pasar todo el día con ella. No estaba segura de cómo resultaría eso, si bien quería pasar tiempo con él ese día por no haberlo hecho el año anterior… no sabía cómo resultaría. Quería que fuera especial. Y cuando hablaba de especial, se refería a ese tipo de especial.
Vio llegar a Kukai a su departamento, tuvo que salir volando porque aún faltaban verduras… a él le gustaban las ensaladas frescas. Tenía que comprarlas ese día y ponerlas en el refrigerado para poder hacer la cena.
La cena salió bien al final, se tomaron tantas fotos que hasta ahora no podía creer lo obsesiva que podía llegar a ser con las selfies cuando estaba con él. Obviamente todas las fotos estaban en su ordenador y no en alguno de los dos celulares, sólo una en el celular de él en donde no se veía el rostro de ella.
Ahora que había terminado de bañarse era momento de ir a su departamento para demostrarle que había aprendido más de lo que él podía creer. Todo iba a ser perfecto como la estupenda noche que compartieron.
Se puso un overol de jean y debajo un polo de mangas cortas, rosa pálido y sujetó su cabello en una cola baja. Tomó algunas de las verduras que había dejado en su refrigerador y se dirigió al de él.
—Niño, no crees que debes encender las luces…
No obtuvo respuesta.
Lo vio sentado en un sillón para uno, mirando hacia la ventana, parecía perdido, su mirada no tenía brillo. Supo entonces que algo andaba mal.
—Sólo decía… no tienes que tomártelo tan enserio… te digo niño porque-
—Lo sabe, Amu lo sabe.
El mundo entonces dejó de ser perfecto, al menos en ese instante.
(1)konbini: En español se traduce exactamente como tienda de conveniencia... No me gusta como suena, convenience store suena mejor, pero quise dejarlo en el idioma original por si los quesos.
Aish~ Justo en la friendzone. Pobre Amu-chi. Lo sé, lo sé. ¿Por qué Amu no muere por el sexy neko hentai? Porque siempre se hace la difícil, pero caerá, igual que las demás pero diferente [?] Por cierto, ¿sabían que Utau podría ir a prisión por abuso a menores de edad? Ayer leí algo así en una página ponja. Pero no sé si la ley Romeo y Julieta -de USA- aplica... Aunque igual Ikuto hubiese ido a prisión en el anime, a menos que sus padres lo aprobaran n3n
Attn. Kiriha-chan
