Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, estos son obra de la gradiosísima Rumiko Takahashi. Sin embargo la historia es mía.

Cualquier uso de mi firma o de mi historia sin autorización esta prohibido.

Hola, después de tanto tiempo perdida, peleas amorosas y falta de inspiración, un buen día me puse a escuchar música y la idea me vino como torbellinos a la mente. Espero que les guste...

Por aquí va agregada una canción de las que me inspiró para hacer el fic y en cada capítulo irá una diferente pero sin embargo, el grupo será R5 ya que de esta manera demuestro mi frustración por que no puedo ir a verlos a la gira T-T

Saluditos a mis Hermanas del Circulo Mercenario


R5- Wishing I Was 23

Tal vez ella sólo está fuera de mi alcance
Tal vez su novio es un marino
Incluso aunque yo sea un sin nombre (¡Hey!)
Ella es famosa (¡Hey!)
Ella me tiene deseando
Deseando tener 23


One Last Dance

Capitulo 2- UN RETO

- Joven Uchiha- dijo el catedrático, que ponía con fuerza su mano sobre el escritorio en el que el joven se encontraba sentado

El muchacho que tenía la cabeza entre sus brazos y dormía profundamente, despertó sobresaltado por el ruido repentino, se despertó sobre saltado por el ruido.

- ¿Eh?- interrogó el oji azul al hombre de traje y cabellos rojizos que se encontraba frente a él, y lo miraba con furia.

Volvió la vista a sus apuntes, para percatarse que estaba en la clase de costos y salarios con Shinosuke-Sensei, "la piedra", era como le llamaban sus alumnos.

Era un hombre arrogante y frío que no soportaba que no le pusiesen atención.

Odiaba que durmieran en sus clases, que hablaran entre ellos y que estuvieran haciendo los deberes que se supone que deberían hacer en su casa, a toda carrera, en su propia cara.

Y ahora, su más frio y arrogante alumno, tenía babeado el pupitre, hipotéticamente hablando.

- Uchiha- decía el hombre con tono duro, que provocó que la azulina mirada del moreno se levantara para observarlo fijamente.

- ¿Si?- respondió con sorna el moreno. Era un duelo de miradas entre los más fríos y arrogantes ahí presentes.

Aún había resquicios de sueño en los ojos del atlético chico, lo que provocó que el coraje surgiera a borbotones en el hombre que se encontraba frente a él.

- Salga de MI aula, ahora mismo- dijo poniendo énfasis en el MI, quería que quedara claro en qué posición estaba cada quien, y quien era el que tenia el poder en esos instantes - Vaya de inmediato a…- pero no pudo continuar, ya que su perorata fue interrumpida por un suave toque en la puerta de la habitación.

Éste desencadenó que todos fijaran sus intensas miradas en la melena de cabellos azabaches con reflejos azulados, unos vivaces ojos chocolates y una piel tan nívea, que causó estragos en la mayoría de la comunidad masculina que se encontraba observando a la pequeña cabeza que se asomaba por la puerta del aula.

- Etto, disculpe Shinosuke-San- dijo una suave voz que lentamente se introducía al aula.

- Higurashi-San- gritó el profesor, para bajar corriendo cual bala del pódium, donde se encontraban sus alumnos mirándolo extrañados.

El joven hombre pelirrojo había bajado con una velocidad descomunal y sobre humana, y ahora se encontraba tomándole las manos a una incómoda chica de ojos cafés, que miraba a todos lados en busca de auxilio.

Shinosuke la veía con estrellas bailando en sus ojos, y las manos le temblaban por tener entre ellas las de una de sus mejores alumnas, y su amor platónico desde que ésta era una jovencita de quince años.

Era bien sabido tanto como la comunidad de profesores, como para la comunidad estudiantil, el interés que Shinosuke-Sensei le profesaba a la joven Kagome Higurashi, ya que éste no hacía ni siquiera lo mínimo para ocultar este hecho.

La chica se quitaba las manos del profesor de encima disimuladamente, mientras que buscaba con la mirada alguien que la sacara de ese embrollo para salir por completo del agarre del maestro, sin ser mal educada por completo.

La joven de ojos marrones se rascaba la nuca con nerviosismo, para posteriormente dirigir su mirada al moreno que no perdía detalle del encuentro y los observaba con una curiosidad disimulada.

- Etto, Shinosuke-Sensei, Takeshi-Sensei me envió a buscarle para informarle que le esperaban en la sala de maestros por una reunión de academia que surgió de improvisto.

- ¡Oh Kagome-San, tú siempre tan servicial!- exclamó el catedrático llorando a mares, lo que desencadenó que la chica mirara a otro lado avergonzada.

Y sus ojos, fueron a dar directamente en el campo de visión del moreno que revelaba una mirada que decía claramente: ¿Qué demonios sucede aquí?

- Por cierto, Shinosuke-Sensei- dijo la muchacha, provocando que la mirada estrellada del hombre que era tan… tan indescriptible de describir según la humilde opinión de sus alumnos, y no se trataba de un halago. –También, el director me pidió de favor que mi compañero Uchiha me acompañara para escoltarlo a su oficina-. Continuó la joven lo bastante alto como para que el moreno y todos sus compañeros, pusieran su atención en ella, y que esperaban con ansias la negativa de "La Piedra".

- Claro, Kagome-San-. Dijo el profesor con corazones y un aura rosada brillando a su alrededor, que cambió abruptamente para ser reemplazada por una de irritación y enfado, que desencadenó que los presentes que estaban en clase, se agarraran con fuerza de los pupitres, nadie sabía qué demonios era lo que tenía planeada la piedra para ellos.

- No se muevan de aquí, Uchiha, puedes salir-. Dijo con voz espectral.

Y salió con toda la dignidad que se permitía, brotándole por los poros, para después dirigirse con pasos apresurados a la sala de maestros, y gruñéndole a todo el desafortunado estudiante que se cruzaba en su paso.


El oji azul se levantó con parsimonia de su asiento, recibiendo las miradas de sus compañeros de facultad.

Maldijo internamente.

Odiaba llamar la atención.

Y más por una cosa tan insignificante como que el director estuviera solicitando una audiencia con él.

Les dirigió una mirada fría a sus compatriotas, que retrocedieron por la intensidad y las promesas que ésta mirada representaba. A nadie le gustaba ver al líder de los Shichinintai molesto.

Era aterrador siquiera pensarlo.

Vió a la joven de cabellos azabaches volver sus pasos, para posteriormente girar el pomo de la puerta y abandonar el aula. Sin darle el gusto a sus compañeros, esperó pacientemente antes de salir del aula.

No deseaba que se formaran rumores que involucraran a la azabache, o a él, o peor aún, a ambos.

Abrió la puerta, y en cuanto puso un pie afuera del salón, recibió un potente golpe en la cabeza.

Diablos.

Había dolido como el infierno.

Furioso, levantó la mirada, encontrándose a la dueña de los cabellos azabaches que lo miraba con la ira reflejada en sus ojos cafés. Apretaba las manos, que se habían convertido en puños, y que aún no había bajado totalmente la mano que lo había golpeado.

- ¿Me has visto la cara de la secretaria que tiene que pasar tus mensajes?- preguntó la joven con voz espectral.

- ¿Disculpa?- le replicó confundido el moreno, aunque su semblante no había cambiado ni un poco en la expresión fría e indiferente que tenía impresa en su rostro.

La joven le puso el dedo índice en el pecho, y lo presionó contra éste.

- No soy tu mensajera, estúpido idiota- volvió a hablar la chica.

- ¿Quién te crees que eres para hablarme así?- respondió el atlético joven de manera irónica.

Ésta mujer iba a reventarle la bilis si seguía adelante con su insolencia.

La chica pareció controlar un poco su genio con la pregunta, ya que sus manos abandonaron la forma de puños en la que previamente estaban.

Una sonrisa ladina se dibujó en su rostro, mostrando sus blancos y perfectos dientes.

"No es fea" le susurró su mente, lo que provocó que sacudiera la cabeza lentamente.

- Aprenderás quién es Kagome Higurashi con el paso del tiempo- mencionó tranquilamente la dueña de los ojos chocolates.

- Ya lo dijiste antes, y de nada ha servido. Eres de muchas palabras y poca acción- replicó el moreno, quitándole importancia al asunto.

- Con el paso del tiempo lo sabrás- afirmó la joven azabache con actitud seria.

Ésta comenzó a caminar por el pasillo, siendo seguida de cerca por el moreno que no articulaba palabra alguna.

- Acostumbras a no decir ni pío, ¿no es asi?- dijo la chica, en un vano intento para que el dueño de esos fríos ojos azules conversara con ella.

Sin embargo, el líder de los Shichinintai siguió en silencio.

La joven miró por encima de su hombro para cerciorarse de que el moreno la siguiera, y efectivamente, el chico iba tras ella con las manos en los bolsillos del pantalón y mirando a su alrededor distraído.

Salieron del edificio de la facultad, e iban caminando tranquilamente por los adoquinados caminos de la universidad de Tokio.

La azabache estiró sus brazos hacia el cielo y exclamó:

- ¡Qué bonito día!, ¿no lo crees, Bankotsu?-. dijo la joven que miraba por sobre su hombre al moreno.

- Tch, tonterías- replicó éste en tono seco.

Al llegar al punto de reunión que era la fuente que se encontraba en el centro del campus universitario, al contrario de lo que pensaba el moreno, no se giraron en dirección al noreste, que era donde estaba la oficina del anciano director. Si no que continuaron caminando recto a la dirección contraria del área de la facultad de administración de empresas, hacia el oeste.

- ¿Qué demonios planeas?- cuestionó el moreno, instando para que le dieran una respuesta directa, como las que él siempre requería, y como las que comúnmente por no decir siempre, recibía.

Sin embargo, lo único que salió de los rosados labios de la chica que se encontraba delante de él, fue:

- Quiero un helado-.

Al pasar por los verdes campos de la universidad, su mente hacia un debate interno entre él y su conciencia, preguntándose por qué razón seguía a la peli azabache, si desde hacía mucho rato, se había percatado que no se dirigían a la oficina del director Bokuseno.

Analizándolo fríamente, sabía que los asuntos que el viejo hombre tenía, los resolvía personalmente, sin que terceros interfirieran.

Algo extraño estaba sucediendo, y era completamente consciente de que la dueña de esas lagunas chocolates era la responsable.

Miraba a su alrededor distraído, pisándole los talones literalmente, a la chica que resoplaba con fastidio.

Su mente estaba divagando en otro lugar, y cuándo regresó en sí, se dio cuenta de que por poco chocaba con la azabache, que había detenido sus pasos en las puertas de un lugar en particular que él conocía más que bien. Perfectamente, a decir verdad.

El gimnasio de la escuela.

- Está cerrado- mencionó el joven lo obvio de manera irónica. Siempre que estaba en reunión, el viejo Takeda cerraba con llave el establecimiento.

La chica lo encaró y soltó un bufido. El desafío estaba impreso en sus ojos marrones.

De los bolsillos del abrigo gris que la joven llevaba, sacó un manojo de llaves que al moreno le parecía completamente familiar.

- ¿Ahora te dedicas a robar?- preguntó con sorna el de ojos azules como el hielo.

La colegiala rodó los ojos olímpica y lentamente, y le dió la espalda al moreno, tomando entre sus delicadas manos el gran manojo de llaves.

Tomó una de considerable tamaño, y la introdujo en la cerradura de una de las puertas dobles del gimnasio.

El dueño de los ojos zafiros, tan fríos como el hielo, la miraba con desconfianza por la extraña familiaridad con la que se desenvolvía la joven con los instrumentos y con el gimnasio.

Tal vez tenía un novio que había pertenecido al equipo anteriormente.

No lo sabía a ciencia cierta, y eso lo frustraba de sobre manera.

Era una de las desventajas de no tener mucho tiempo en el plantel.


Debido a los repetitivos viajes que tenía su padre, él y su madre tenían que cambiar de domicilio constantemente.

El viejo se había enfurecido cuando el moreno le hizo alusión a que ese era el lugar en donde iban a quedarse a vivir, permanentemente.

Por lo que el gran Ryu Uchiha, un maestro para los negocios, salió furibundo de la vivienda, azotando la puerta y maldiciendo todo a su paso, lo que ocasionó que su frágil madre, Midoriko, se desarmara de corazón, y cayera sobre sus rodillas echa un mar de lágrimas. El dueño de los azulinos ojos, tan similares y a la vez tan distintos a los de ella, se había acercado a abrazarla para ofrecerle consuelo.

Estuvo con ella toda la noche, hasta que la mujer que se encontraba hipando, se soltara del agarre de su joven hijo, se levantó lentamente, y se limpió las lágrimas que brotaban sin cesar de esos pozos azules tan cálidos, que se encontraban hinchados de tanto llanto, y que resbalaban sin cesar por sus rosadas mejillas.

Aún rememoraba sus palabras:

- Todo estará bien, Bankotsu-.

Pero la verdad era que las cosas no marchaban para nada bien, y ése episodio tan reciente y a la vez tan lejano, aún traía un sabor amargo a la boca del moreno...


Sintió un suave agarre que se aferraba con decisión a su brazo.

Salió de su ensoñación, para encontrarse con la azabache que lo tironeaba de la camisa.

- Tierra llamando a Bankotsu, Tierra llamando a Bankotsu-. Gritaba la chica a viva voz, haciendo que las personas que pasaban, se giraran a verlos con una sonrisa en el rostro.

Porque así era Kagome, y eran sonrisas las que provocaba a su alrededor.

El joven al ver que estaba llamando la atención más de lo necesario, plantó la palma de su mano en la cara de la joven.

- ¿podrías hacer menos ruido? Eres demasiado escandalosa- murmuró el moreno con arrogancia, mientras quitaba su mano de la cara de la chica.

La azabache infló sus sonrosadas mejillas y frunció el ceño, haciendo un puchero con sus labios.

El moreno rió internamente. Se veía infantil y tierna con esa cara.

¿Eh?

¿Tierna?

¡¿Qué mierdas estaba pensando su mente?!

La oji café, al sentirse ignorada nuevamente, tomó al joven de la oreja, y halándolo lo introdujo al gimnasio.

Ya que se encontraban dentro, soltó la oreja del joven atleta, que ya se encontraba roja por la presión que hacían sus pequeños dedos, y posteriormente, volvió sus pasos, para cerrar con llave las puertas dobles tras de sí.

- No sabía que tuvieras pensamientos tan indecentes sobre mí, Higurashi- le dijo el moreno, haciendo que la chica se sonrojara furiosamente por el comentario.

- Eres un adulador- mencionó la azabache despectivamente, agitando su mano.

Se acercó a las canchas, siendo seguida por el oji azul.

Entró al armario y sacó de éste un balón de baloncesto. Y volvió con este, lanzándoselo al moreno, que lo atrapó entre sus manos.

La miró interrogante.

- ¿Qué demonios pretendes?- cuestionó el moreno.

- Ya te dije que quiero mi helado- respondió con calma la azabache- Te propongo un trato, Si tú ganas en un partido contra mí, puedes irte y no te volveré a fastidiar, pero, si yo gano, vas a salir conmigo, ¿Trato?-.

El moreno sonrió con autosuficiencia.

Seria pan comido.

- Trato- murmuró.

Y cerraron su acuerdo con un apretón de manos.

Pero Bankotsu no contaba con algo.

La azabache no estaba dispuesta a perder

Linitha-Chan*


Hola hermanas vengo con otra historia que será cortita, ya que no le estimo más de diez capítulos. En los sigs. caps se explicará más sobre la razón principal del fic, y las memorias de Banktosu. El epílogo de la historia será dedicado a Kagome y a sus pensamientos.

Espero que les guste y que por un review me comuniquen cuál es su opinión del capítulo.

Al rato actualizo Tal vez Algún Día y estoy escribiendo el capítulo de Ya No Quiero.

Nos leemos pronto.

Saluditos :*