Siento si los confundí cuando cambié mi nombre, otra vez... Disfruten el capitulo ;)


Disclaimer: Digamos que no soy tan rica como para que Shugo Chara me perteneciera.


Por la manzana

Por Cecilia Martínez

Capitulo 2: Fotografías.


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Idiota. Es lo que soy. Estupideces; lo que tengo en mi cabeza. ¿Por qué no mantuve mi boca cerrada?

— ¿Por qué no mantuviste tu boca cerrada? —Preguntó Rima, aún sin creer lo que había dicho.

— ¡Porque me cae mal…! —Chillé e hice un puchero, regañándome internamente.

Rima tenía razón. Me he metido con Tsukiyomi Ikuto, ahora toda la escuela estará en contra mía y tal vez de los chicos.

— Esa no es una excusa, Amu… me hubieras dicho que fue el… Así hablar con él hubiese sido suficiente —Me explicó Utau. Sus ojos se mostraban preocupados.

Otra vez, todo el mundo tenía razón, excepto yo. Claro.

¿Les mencioné que la familia de Utau y de Tsukiyomi tiene una gran conexión entre ellos? Si, son aliados por las empresas que tienen. Oh sí, mi querida amiga Hoshina Utau es rica. Lo malo es que siempre me acuerdo en los momentos más inapropiados. Un ejemplo de eso, es ahora.

— ¿Y qué vas a hacer ahora? —Preguntó Kuukai, igual de preocupado que Utau.

Ahora nos encontrábamos todos sentados en el pasto del jardín trasero de la escuela. Era un lugar seguro, nuestro lugar secreto.

— Nada… ¿Qué puedo hacer?

— Esperar a que te ataque él, más sus amigos, más los maestros y no olvides a sus admiradoras —Habló Nagihiko con burla en su voz—. En serio Amu, ¿nada?

— Si, Nagihiko. Tienes razón… pero no creo que él pueda hacerme algo. Recuerda, soy mujer —Me señale y rodé mis ojos.

— A eso mismo me refiero, Tsukiyomi no respeta a las mujeres. A ninguna, así que, ¿Qué te hace creer que el te respetará?

— Mi… ¿sentido común? ¿Ignorancia? —Puse los ojos en blanco y la realidad cayó en mí. ¡Tenía razón! ¡¿Qué rayos iba a hacer ahora?

— Amu-chi tiene razón. Ella no puede hacer nada, al menos, no hasta que él le haga algo… —Razonó Yaya con un dedo posado en sus labios. Al fin alguien decía que tenía la razón…

— Es Tsukiyomi Ikuto, hay que esperar todo de él —Sentenció Kuukai con un semblante serio—. Amu, te doy todo mi apoyo.

— Yo igual, Amu-chi —Dijo Yaya y así todos los demás continuaron diciendo esa frase que… atemorizaba.

— Vamos, no es como si me fuera a morir. ¿Lo sabían, no?


Miércoles, 25 de marzo, 2011: Día 1.

Principio de Infierno Escolar.

Si, ya se. Puede que este exagerando… Ok, está bien. Exagero, pero… Es la verdad. Estoy a una cuadra de la escuela y ya me están temblando las piernas y siento a mi estomago en mi garganta. Lo admito, yo, Hinamori Amu soy una cobarde. Yo, que siempre me he creído valiente, actuad valiente, me siento atemorizada. No debería de estarlo. Lo que digan las personas no me importa, pero me importa lo que me hagan físicamente. Es que… esas chicas están locas y los amigos de Tsukiyomi no son muy decentes que digamos.

Pero debo de mantener el control.

Amu, tienes que mantener el control. ¿Qué te pueden hacer? Nada. Nada que sea tan malo…

Ahora solo me faltaba cruzar la puerta, subir las escaleras, doblar a la derecha y entrar al salón; muy poco. Por suerte, hoy llegué tarde. Inicialmente había planeado no venir, pero no. Aún tengo mi orgullo y dignidad. No los dejaré atrás solo por Tsukiyomi. Finalmente, decidí venir gracias a ellos y a mi mamá, que me obligó a venir a pesar de todo.

— Siento la tardanza —Me disculpé al entrar y me dirigí hacía mi asiento, entre Rima y Utau. No me paré a escuchar lo que me dijo el profesor y tampoco estaba prestando atención a los murmullos que se escuchaban. Pero claro, ahora sí.

Como han de suponer, los murmullos son sobre mí y sobre lo que paso ayer en la cafetería. No se equivocaron. Unos hasta decían que me paré y le lancé la manzana nuevamente. Que idiotez, yo no hubiese lanzado eso. Sin duda hubiese sido algo más grande que una manzana, sin embargo, no tengo la fuerza suficiente ni la puntería. Si, Tsukiyomi Ikuto me cae, en verdad, muy mal.

La clase acabo rápidamente, al igual que las otras dos, ahora era hora del preciado receso nuestro; ¿notaron el sarcasmo?

— ¿Qué tal si comemos afuera? —Propuse antes de que entráramos.

— ¿Qué hay de la comida? Necesitamos comprar las cosas —Observó Utau.

— Tienes razón, pero —Hice una pausa dramática— tenemos a Kuukai. El se los puede comprar, yo ya tengo mi comida —Les mostré mi lonchera, después terminé sacando mi celular y envié un mensaje a Kuukai.

Del rabillo de mi ojo pude ver como Utau se sonrojaba un poco y negaba con su cabeza. Sonreí para mis adentros. Después de un minuto, Kuukai respondió el mensaje con su respuesta positiva. No había nada de qué dudar, les aseguro que después de leer la palabra Utau él había ido a la cafetería a comprar lo que sea. Sin protestar.

A pesar de que en la cafetería estaba la mayoría del alumnado, los patios también eran lugares para comer. Así que no. Mi plan de evitar las miradas, señalamientos y murmullos no se pudo completar. Sin embargo, no son tantas de esas cosas que recibo.

Nos sentamos debajo de un árbol frondoso y esperamos a que los demás llegaran. La primera fue Yaya, que tenía su usual lonchera de corazones a mano. Después llegaron Nagihiko y Kuukai con dos charolas en mano. Nagihiko se la entregó a Rima y Kuukai a Utau. Finalmente, pudimos comer juntos.

— ¿Qué raro, no? —Dijo Utau de la nada.

— ¿Qué cosa, Utau-chi? —Preguntó Yaya.

— Ikuto. No lo he visto por aquí… —Mordió su sándwich.

— ¿Desde cuándo te interesas en él Utau? —Pregunté incrédula, con mi voz una octava más alta.

— No, en esa manera —Rodó sus ojos—. A lo que me refería era que no se ha aproximado hacía ti. Pensé que lo iba a hacer.

— Pues claro que no lo iba ni lo va a hacer. No enfrente de todos. ¿Por qué querría él que lo vieran todos?

No sé porque la pregunté, la respuesta es más que obvia.

— Ikuto es de esas personas que quieren atención excesiva y tiene un orgullo increíble. Pensé que quería que todo el mundo viera lo genial que es —Rodó sus ojos y con sus dos dedos hiso comillas imaginarias.

Aún así Utau, es mejor que no se presente…

Después de eso, seguimos platicando de otras cosas. Las clases pasaron y por fin, por fin, después de cuatro horas de miradas con dagas podía irme a mi casa. A mí cama a dormir. Lo único que me faltaba era ir a mi casillero por mis zapatos. Lo malo es que tenía que ir sola. Utau tenía una cena familiar, hoy había un maratón de comedia y Rima no se lo iba a perder y Yaya… bueno, la muy desgraciada dijo que le daba flojera acompañarme.

Con el ceño fruncido me dirigí escaleras abajo, con todo y mochila. Ya enfrente del casillero marqué la contraseña en el candado y se abrió. Saqué mis zapatos y cuando iba a cerrarlo, una mano lo cerró por mí. Por alguna razón, esto no me da buena espina.

— ¿Así que idiota, eh? —Preguntó alguien a mis espaldas, con voz ronca y masculina. Tsukiyomi

— ¿Algún problema con eso? —Le espeté sin darme vuelta.

— En realidad no, eso podría tomarlo como un halago. Me vale muy poco lo que me dicen, en especial alguien como —Su aliento chocaba con mi cuello y hacía que se me erizaban mis bellos, pero eso no me importaba. Era su maldito tono de voz, lleno de arrogancia y desdén.

— ¿Qué tiene de malo las personas como yo? —Me voltee con el ceño fruncido, mi rostro a pocos centímetros del suyo. .

Hizo una mueca de disgusto y se separó de mí. Idiota, pensé.

— No puedo decirte. Es… privado… —Rodé mis ojos.

Ahora se cree la gran cosa… Oh, no, eso ya lo cree.

— ¿Viniste solo para eso, Tsukiyomi? Necesito irme y estoy perdiendo mi tiempo contigo… Así que, nos vemos luego —Guardé mis zapatos normales, no importándome que aún tuviera los de la escuela. Tenía que salir de ahí lo más rápido posible.

Hice un breve ademán de adiós y cuando estaba por darme la vuelta, una fría mano me agarro de la muñeca. Sacudí mi muñeca, sin siquiera molestarme en voltearme.

No funcionó.

Segundo después me encontraba entre los casilleros y el gigante cuerpo de Tsukiyomi Ikuto. No es que me gustara ni nada, pero no pude evitar sonrojarme. Esta posición… si alguien nos miraba… pensaría algo más… es demasiado comprometedora.

— ¿Qué es lo que quieres? —Gruñí, frunciendo el ceño. Aún con mi sonrojo.

— Quiero que me ayudes —Susurró cerca de mi oído y mis bellos se volvieron a erizar y mi sonrojo aumentó.

— ¿Por qué habría de hacerlo, huh?

— Porque si no, mostraré imágenes tuyas que no quieres que nadie más vea —Pegó sus labios a mi oreja. Que idiota, como si le creyese.

— Como si tuvieras fotografías —Espeté y rodé mis ojos.

— ¿Quieres probarme? —Se separó de mí y de su bolsillo sacó dos fotografías… donde estaba en situaciones que nunca he querido que me vean.

¿Recuerdan que mencioné que era una persona normal y que no tenía fachadas? Bueno, en realidad… mentí. Si tengo fachadas… al menos una. La de la hermana mayor perfecta.

Siempre trato de actuar responsable y divertida al lado de Ami. Eso significa que tengo que darle consejos, apoyarla y jugar con ella. Que significa… actuar como niña pequeña. En todo lo referente a esto.

Las imágenes me mostraban a mí y a Ami en la feria del estado, en el carrusel de caballos. Yo con una sonrisa como si me hubiesen regalado un dulce, junto con Ami, con la misma expresión. La otra imagen me muestra a mí, en mi casa, jugando con Ami a las muñecas…

— ¡¿De dónde sacaste eso? —Grite aterrorizada y el solo sonrió de lado y me señalo que guardará silencia con su dedo.

— Es un secreto… pero ahora que sabes que tengo pruebas, me tendrás que ayudar —Guardó las fotografías. Solté un suspiro de resignación.

— ¿Qué es lo que quieres? —Gruñí.

— Que me ayudes con Utau.

¿Perdón? ¿Escuché bien? ¿Tsukiyomi Ikuto… Hoshina Utau…? Ese día, mis ojos no pudieron estar más grandes.


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Me decepcioné mucho, pensé que iba a recibir más de tres reviews… No sean flojos D: Manden reviews, no importa que tan largos sean, pero con que digan palabras de aliento… o algo malo del fic… Con que sean reviews…

¿Me mandan...?(: Ayudaran a mi temperamento emocional...

Agradezco a las personas que me agregaron a Story Alerts & Favorite Stories(: