Advertencia: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Shonda Rhimes.
NOTA: Aquí tenéis el segundo capítulo.
Soy muy novata en esto, perdonen mis errores. Espero que les guste. ;)
Capítulo 2: Hogar
Pasaron los días y April pudo abandonar el hospital. No estaba recuperada totalmente, pero sí lista para volver a casa con su bebé. Hope estaba tendida sobre la cama, movía sus bracitos inquietamente mientras su madre la vestía con un hermoso body, comparado por Jackson meses atrás. Terminó de colocarle la ropita y la abrigó con una manta de color turquesa, con mariposas bordadas a mano por su madre. April aún no se movía con ligereza, tenía el vientre bastante hinchado y le molestaba la cicatriz de la cesárea. Todo ello le impedía moverse con fluidez y destreza, sus movimientos eran algo torpes y sus andares lentos. Arizona estaba al otro lado de la cama, colocando en un gran bolso todas las pertenencias de su amiga; mantas, bodies, patucos, baberos, etc. Las dos amigas recorrieron con la mirada cada rincón de la habitación buscando cualquier cosa que pudieran dejarse atrás. Todo estaba en orden.
April cogió a su hija, sosteniéndola entre sus brazos. La arropó para que no pasase frío, acarició la mejilla de la pequeña y le dio un tierno beso en la frente. Se detuvo, mirándola, memorizando cada detalle de su rostro. Sus ojitos sin un color aún definible, su pequeña nariz, su boca, el contorno redondeado de su cara… La amaba tanto. Todo el dolor que sintió al hundirse el bisturí en su vientre, el olor a sangre, los gritos… Todo valió la pena si su niña se encontraba bien.
- ¿April? – preguntó Arizona. Una enorme sonrisa apareció en su rostro -. Sé que es hermosa, pero llevas casi un minuto mirándola embobada.
- Voy. – April le devolvió la sonrisa. Salió de la habitación justo después de su amiga y antes de salir del hospital se encontraron con Owen.
- ¿Cómo está mi princesa? – Hunt miró a la pequeña como si solo existiera ella en el mundo. Le acaricio la cabecita y después miró a su madre -. ¿Cómo te encuentras?
- Bastante bien, con unas ganas enormes de llegar a casa – respondió April. La joven tenía una expresión cansada en el rostro.
- Entiendo, no te retengo más. – Owen le dio un pequeño beso en la frente -. Nos vemos pronto, pequeñaja – dijo esto dirigiéndose a Hope con esa voz risueña que se suele usar para hablar con los bebes. Segundos después el cirujano de trauma se perdió por el pasillo más cercano y las dos amigas, con Hope durmiendo en los brazos de su madre, salieron del hospital.
En el coche, de camino al apartamento, April comenzó a sentirse levemente ansiosa. Un leve cosquilleo le recorría la punta de los dedos, la saliva la sentía más espesa y el corazón le latía más rápido. No era una mala sensación, era normal sentirse de esa manera cuando nuestra vida sufre un cambio, sea éste malo o bueno, como en este caso. Algunas decisiones habían sido tomadas y ella no estaba segura de si éstas fueron las correctas. Miró a su bebé, estaba plácidamente dormida en su silla. Rozó su manita y un momento después logró recuperar la calma.
- Todo saldrá bien – dijo por lo bajito. Dio profundas respiraciones para tratar de normalizar su ritmo cardíaco.
- ¿Decías algo? – Arizona parecía preocupada. Echo un vistazo al espejo retrovisor central para intentar tener una pequeña imagen de sus dos pasajeras.
- Nada. Decía que todo va a salir bien. – April no hizo contacto visual con su amiga porque su móvil sonó en ese momento.
- Ya estamos llegando, ¿nerviosa, Hope?
- Ella no, pero yo desde luego. – Un profundo suspiro salió de los labios de April. Puso sus manos sobre su vientre, costumbre que había adquirido desde que éste se redondeo a causa de su embarazo.
Arizona miró de nuevo hacia el espejo retrovisor, logró cruzar su mirada con la de su amiga. Ella entendía porque April estaba tan nerviosa. Eran varias las razones que la tenían en este estado, pero él era la principal.
Estacionaron el coche justo enfrente de la entrada del edificio. Él estaba allí, con su sudadera gris y sus ojos anhelantes. Antes de que April tuviera tiempo de nada, Jackson abrió la puerta trasera del coche.
- ¿Quieres que te ayude? – Jackson dejo espacio suficiente entre ellos para que April saliera.
- No es necesario. Estáis todos demasiado atentos, no me voy a romper – dijo April alegremente, aunque notablemente nerviosa. Al menos para ella era evidente.
- ¿Cómo estás? ¿Cómo está? – Los ojos de Jackson mostraban ese brillo del que no habían logrado desprenderse desde el nacimiento de su hija. Posó suavemente su mano sobre el hombro de April, pero no fue capaz de dejarla por mucho tiempo.
- Está perfecta. – Los dos se miraron orgullosos.
Jackson se metió en el coche y soltó la sillita del asiento trasero. April invitó a Arizona a subir a su apartamento, sin embargo ésta declino la oferta pues creía que ese primer momento solo debía ser vivido por ellos tres. Las dos amigas se dieron un corto abrazo, una se subió al coche y la otra se dirigió a la entrada de su hogar. Jackson llevaba a Hope y, también, se empeñó en coger el bolso. Ambos estaban nerviosos, aunque ellos no sentían que el otro lo estuviera.
La idea de irse a vivir juntos, al menos durante el periodo de tiempo que durase la convalecencia de April, fue de Jackson. Eran muchas las cosas que debieron plantearse antes de tomar tal decisión, sin embargo en ese momento la tomaron sin pararse a pensar en las consecuencias.
¿Serán capaces de convivir sin que sus sentimientos por el otro se interpongan?
