Continuando, que no, no lo había dejado parado =D. Este sería el segundo capi de Amor de las estrellas
y el próximo sería como un epílogo =).


II

Reprodución

Extraterrestre y extraterrestre. Humano y extraterrestre.


Cuando Shiro logró alcanzar ya se había metido en un taxi dispuesta a preguntar ciertas preguntas al conductor que no eran claramente aptas para un hombre que llevaba demasiado tiempo tras un volante y había aguantado todo tipos de insultos.

—¿Por qué me has detenido? —cuestionó ofendida de tal modo que su boca formó una perfecta o entre sus labios.

—Porque no puedes ir por ahí preguntándole a la gente si lleva calzoncillos o va a pelo. Es… irrespetuoso y problemático para la persona a la que se lo preguntas.

Se frotó el ceño intentando comprender cómo podía hacerle entender que la gente no iba por ahí acosando a las personas y preguntando temas tan privados como las prendas interiores. O peor; todavía podía escuchar a la mujer gritando cuando le había preguntado acerca de su órgano reproductor como si fuera un simple tema coloquial.

Mimi simplemente bufaba y dejaba que la arrastrara por el codo en dirección hacia su casa nuevamente. Koushiro hubiera deseado vivir solo para poder ponerse a berrear de ser necesario sin tener que preocuparse por lo que sus padres dijeran. Claro que iba a ser un shock si le vieran entrar con su nueva adquisición, así que se frenó en seco y buscó a su alrededor.

Podía pensar con lógicas en muchas otras tareas. Esa solo se le ocurrió una solución. Un lugar donde las paredes estuvieran insonorizadas y pudiera dar rienda suelta a las palabrotas que se le acumulaban en la garganta. Donde no tendría que preocuparse por otra cosa que no fuera darse una ducha e intentar explicarle a ese extraterrestre cómo funcionaba la vida en la tierra y especialmente, algo de educación y menos descaro.

Así que caminó hacia el único lugar posible para tal evento, con Mimi bien aferrada de su mano y tirando cada vez que veía que se detenía para curiosear cualquier cosa que le llamara lo suficiente la atención como para embobarse el tiempo suficiente para llamar la atención con algún comentario puramente inocente pero que le sacaba los colores hasta el más pintado.

—¿Dónde estamos exactamente, Koushiro?

Él se detuvo cuando la puerta se cerró a su espalda, con las mejillas ardiéndoles y sopesando que quizás podría haber sido la peor mala idea de su vida. Pero si recordaba que horas antes quería suicidarse, quizás no lo fuera.

La habitación olía a desinfectante y las paredes brillaban de blanco y colores llamativos. Todo aquel color que encendiera la sangre de algún modo, ahí estaba. El suelo estaba cubierto por una moqueta oscura, ideal para ocultar manchas que era mejor ni pensar que estaban ahí. Los muebles relucían y en cajitas curiosas escondían lo ideal para pasar una noche fantástica entre esas paredes. Lástima que él nunca estaría ahí para ese cometido.

—¿Koushiro?

Sacudió la cabeza y la miró. Mimi estaba subida en lo alto de la cama, dando brincos y mirando hacia los grandes ventanales que daban una vista increíble de la ciudad. No había sido demasiado caro, pero desde luego, las vistas lo valían.

—Es un… hotel del amor —expresó a regañadientes.

Caminó hacia el cuarto de baño casi tambaleante. Más que nunca en su vida deseaba darse una ducha, refrescarse y por supuesto, esperar que las ideas se le aclararan. Tenía que poner en orden muchas cosas. Uno podía ser un genio, pero eso no quería decir que todo estuviera siempre en su mente en orden.

Cuando abrió el grifo Mimi ya estaba a su lado observando arrodillada junto a la bañera cómo el agua caía del grifo.

—Tenéis cosas muy rudimentarias.

Koushiro enarcó una ceja. Mientras que ella metía la mano bajo el agua ardiendo como si nada, él arrugó la nariz ante la idea de las quemaduras que él tendría.

—¿En tu planeta no son así?

—No. En realidad nosotros no sudamos y no soltamos viscosidad suficiente como para necesitar acicalarnos de este modo. Así que no comprendo vuestra necesidad de estar en el agua todo ese tiempo para quitaros la suciedad.

Y el olor, se dijo a sí mismo tras olisquearse a sí mismo.

—Qué suerte pues.

—No creas. Nuestras fosas nasales y el sistema de reproducción necesitan ser lubricados frecuentemente.

Koushiro abrió los ojos tanto que le dolieron las cuencas. La curiosidad empezaba a poder con él.

—¿Cómo hacéis…? No. Mejor no. Sospecho que será algo profundamente asqueroso o al contrario, íntimo. Ahora, si me disculpas…

Mimi le miró con sus ojos grandes y de color miel abiertos de par en par, atenta.

—¿Qué? —cuestionó—. ¿Vas a tener algún tipo de recato masculino cuando he palpado lo necesario? Ahora quiero ver.

Koushiro sintió que el rostro se le enrojecía tanto que podía hacer un concurso de tonalidades con su cabello.

—Es algo íntimo…

—No es algo por lo que avergonzarse. Fuisteis diseñados de ese modo. Quiero verlo todo. Venga, ropa fuera.

Como si de un ejemplo se tratara, ella se llevó las manos dispuesta a desvestirse hacia la camisa. Koushiro estaba tentado a no detenerla pero sus manos le jugaron una mala pasada deteniéndola.

—Mimi. Las cosas aquí no van como crees. La gente no va desnudándose por ahí como si nada.

—Eso no es cierto. Según la información que tenemos hay muchos sujetos que lo hacen. Incluso tenéis que hacerlo para la reproducción.

—Eso son… asuntos diferentes. Podemos estar desnudos para esos temas —explicó lo más serenamente que fue capaz—, pero también queremos tener momentos íntimos para nosotros mismos.

Mimi lo sopesó.

—¿Eso quiere decir que quieres tener un momento para ti y tu palo colgante?

Koushiro abrió la boca de par en par.

—¿QUÉ? ¡No voy a tener un momento con mi…! ¿¡Por qué diablos lo estoy repitiendo? ¡Solo sal! —suplicó empujándola hasta el exterior.

Cerró la puerta con pestillo y tras suspirar y controlar su respiración, se entretuvo en cambiarse y ducharse. Esa hembra iba a volverle loco.

En muchos motivos.

.

.

Mimi miró la puerta con el ceño fruncido, pero se encogió de hombros al rato cuando algo llamó su atención. Venir al planeta tierra para estudiarles era algo muy divertido y aunque Koushiro no le permitiera indagar de más, estaba resultando terriblemente emocionante.

Especialmente, su reproducción, su relación social y su forma de vivir.

Koushiro estaba siendo un espécimen interesante. Mucho más de lo que había esperado. Aunque el mundo estaba realmente de ellos. Y muchos, estéticamente hablando, más atractivos y con mejor olor que el chico que había encontrado. Puede que hasta más abiertos a la hora de dejarle ver ese gusano entre las piernas.

Hizo un mohín y se cruzó de brazos con enfado. Pero no le duró demasiado.

Se acercó hasta una caja que había junto al mueble que había estado saltando antes y que los humanos describían como cama. A su lado, en la mesita de noche, la caja brillaba junto a un cartel que avisaba de la utilización del objeto en su interior.

Lo abrió con sumo interés y sus ojos brillaron mientras su dedos se dedicaron a rasgar y sus dientes a mascar.

.

.

Koushiro se enroscó la toalla en la cintura y abrió la puerta. No podía ponerse la misma ropa hasta que estuviera seca. La había dejado tendida sobre la secadora para esos casos. No es que se sintiera la mar de cómodo en toalla y más con ese espécimen de Alíen rondando por el lugar.

Pero tan pronto como salió la toalla resbaló de su cintura para caer a sus pies cuando la vio inclinada sobre una caja mientras su barbilla se movía. A su alrededor había diversos papeles que reconocería hasta un chico como él. Cuando la vio hacer el primer globo quiso morirse de vergüenza.

—¡Mimi! —exclamó.

Ella se volvió al escuchar su nombre y sus ojos fueron de su rostro a su cintura. Su boca se levantó en una torcida sonrisa.

—Al fin me dejas ver tu gusano.

—¿Qué? ¡No! —se inclinó para cubrirse y atrapó la toalla de nuevo entre sus manos—. ¿Qué diablos estás comiendo?

Ella le miró con inocencia y extendió el paquetito frente a sus ojos.

—Saben curiosamente bien. Unos. No todos. Y se inflan. Pero cansa masticarlos y mis dientes humanos no están adecuados para esto. Quiero probar con los míos propios. He enviado unos cuantos a mi planeta. Seguro que les gustan.

Koushiro se golpeó la frente, incrédulo.

—No son para comerlos. Son condones. Los usan… para evitar que aparezca niños pequeños… que luego seguramente no serán amados. Un error.

Como yo…

Se sentó en la cama apretando el puño contra la frente. Quizás había sido mala idea ir detrás de Mimi y retenerla en su experiencia. Pero no quería que la investigaran o que la tomaran por una loca. No quería que nadie le cortara las alas como hicieran con él. Pero eso no quitaba que no estaba siendo mejor que nadie y que poco podía enseñarle. La aventura que ella quería vivir no podía tenerla al lado de un hombre como él.

Tan imperfecto.

—¿Por qué estás triste?

Levantó la mirada al sentirla apoyar los dedos fríos sobre sus rodillas desnudas. Mimi le miraba con preocupación. Había dejado los condones lejos de su interés para arrodillarse frente a él y buscar una explicación a su tristeza.

Koushiro no pudo más que sonreírle nervioso y negar con un encogimiento de hombros.

—Por nada. Olvídalo. ¿Qué más preguntas tienes? —Intentó desviar el tema.

Mimi apretó los labios y se puso en pie.

—Tengo Muchísimas.

Koushiro hizo un gesto para invitarla a continuar. Mimi se sentó a su lado y movió los pies. En algún momento se había descalzado. Sonreía de oreja a oreja.

—Mi misión tiene un pequeño apartado que no te he comentado —murmuró haciendo un gesto con los dedos en forma de rectángulo—. Tengo que llevar conmigo a un humano capacitado para la reproducción y que pueda explicar ante los líderes todo lo necesario para sobrevivir en la tierra.

Koushiro se quedó con la boca abierta. Literalmente.

—¿Koushiro?

Rojo como un tomate se puso en pie. Ya no le importó demasiado que su toalla resbalara por su cintura.

—¿¡POR QUÉ NO LO DIJISTE ANTES!? ¿Es que… tenéis pensamiento de colonizarnos o algo así? ¡Una destrucción masiva!

Mimi hizo un gesto de incertidumbre ante sus palabras.

—¿Por qué deberíamos de colonizaros? ¿Destruiros? Creo que estás equivocado. Creo que vosotros tenéis de esto en vuestro planeta… lo llamáis… Algo de investigadores… O algo así. No lo sé. El caso es que puramente interés. No tenemos ideas de colonizaros. Somos un planeta normal y corriente y, sobre todo, pacífico. Si quisiéramos la guerra ya te habría matado nada más verte —añadió cruzándose de brazos con puro enfado. ¿O era ofensa?

—Yo… no… —dudó. ¿Qué demonios debía de decir?

Normalmente, hubiera hecho un millón de preguntas. La idea de otro planeta que quisiera estudiarte y no fuera para la destrucción como lo pintaban en las películas de Hollywood era inverosímil pero tan real como el enfado de esa hembra alienígena.

De repente, algo le llegó a la mente.

—¿Puedo saber por qué estás estudiando a los machos en concreto?

Mimi dio un respingo, como si acabara de preguntarle algo tan íntimo como cuál era su clave genética. Sus mejillas se ruborizaron y por un instante, Koushiro deseó poder ver ese rubor en su piel natural. ¿De qué color era antes de que se pusiera el traje que la hacía ver como una humana?

—Pueeees… es una cosa muy curiosa. Ya sabes. Como cuando algo se cae y piensas que puedes recogerlo con la mente. Bueno, yo puedo. Pero tú no. Para que lo entiendas.

Koushiro frunció el ceño.

—No. No lo entiendo. ¿Qué tiene que ver eso con que estudies a los seres humanos machos más exactamente, su reproducción?

Mimi no contestó. Su cerebro entonces funcionó y se percató de que no era necesario ser un genio.

—No puede ser…

Mimi se llevó las manos al rostro.

—Lo es. Es la realidad. No tenemos suficiente machos vigentes. Solo nacen hembras y los pocos que están activos ya están emparejados y que se emparejan lo hacen de por vida.

—Joder.

Eso también sonaba a peli. Pero a una de esas eróticas que vendían baratas por tener una trama tan cliché que solo invitaba a tener relaciones sexuales duras y puras, con muchos fluidos y detalles en los que no quería pensar, pero que tenían a una chica nueva en la ciudad o algo parecido que iba en busca de un buen semental que la fecundara para su repoblación.

No es que él lo conociera mucho… al cuerno. ÉL los había visto como investigación. Al menos eso lo hacía sentir menos guarro mientras miraba a Mimi, quien realmente parecía tener esa clase de problema.

—¿Los humanos no somos menos… mejores especímenes para vuestra sangre y vida? Quiero decir: Sois una raza muy inteligente que tenéis inventos increíbles. Diablos, puedes ponerte una coraza humana y hablar desde la tierra hasta tu planeta. Nosotros todavía tenemos problemas para robarle el wifi al vecino.

Se llevó una mano al mentón.

—Quizás podríais usar incubadoras o algo así. Esos machos que están emparejados no pueden tener relaciones con otras hembras. ¿Verdad?

Mimi asintió. Sus ojos estaban muy abiertos y casi podía percibir un leve movimiento en sus orejas que aseguraba que le prestaba una profunda atención; interesada.

—¿Y todavía pueden masturbarse libremente?

—¿Masturbarse?

Koushiro tragó. Sus mejillas se cubrieron nuevamente del rubor que le empezaba a atorar la garganta. Sacudió la cabeza para sacarse malos pensamientos. Era un asunto grave lo que ocurría con ella.

—Sí. ¿Vuestros machos no tienen… estos gusanos, como tú los llamas? —inquirió haciendo un gesto hacia su sexo.

Ella negó.

—Es algo parecido. En realidad, ustedes son la especia más cercana a ellos en reproducción. Vuestro extraño líquido tiene las capacidades suficientes como para fecundarnos.

—Me refiero… ¿Ese líquido de vuestros machos, no podéis almacenarlo y fecundar a otras hembras? —cuestionó sintiéndose estúpido por utilizar esos términos.

Ella le miró ofendida de nuevo.

—¿Qué dices? ¡Eso sería como engañarnos! ¿A ti te parecería bien que, si tú y yo estuviéramos en un tipo de relación completamente conectada me fuera con otro macho para tener un hijo?

—No sería lo mismo exactamente porqué yo podría dejarte embarazada… creo.

Mimi rodó los ojos con enfado.

—Solo imagínate que fuera el caso de que solo gracias a mí pudiéramos fecundar. No te haría gracia. ¿Verdad? Que otro fuera dándome sus genes cuando tú eres mío.

La forma de decirlo lo estremeció. Por un instante estuvo a punto de divagar por ese sendero maravilloso de sentirse amado, necesitado, querido… provechoso.

Pese a todo, podía entender a lo que Mimi se refería.

—Pero…

Sí, todavía había un pero. Y por la forma en que Mimi arrugó el ceño comprendió que eso que eso le molestaba.

—Están aquellos que no están emparejados.

—Estamos en las mismas. No quiero un macho que haya tenido hijos con otra hembra sin siquiera saberlo y que no haya reconocido. ¿Qué clase de cobardía es esa? No. Un macho ha de atenerse a sus consecuencias y sus labores. Si ha copulado con otra hembra o simplemente su simiente ha caído en el núcleo de otra, que se haga responsable.

Koushiro parpadeó por el modo en que se expresaba. Hasta gesticulaba con enfado.

—Tu planeta es un matriarcado o qué… —farfulló—. O un mundo lleno de hembras celosas que controlan a sus machos bien a fondo antes de emparejarse a ellos.

Mimi abrió la boca con sorpresa.

—¿Por qué tendría que conformarme con menos cuando soy tan apta y fabulosamente capacitada para engendrar futuros hijos hermosos y cualificadamente inteligentes? Soy… ¿Cómo le decís aquí? ¿Glamurosa?

—Aquí podemos llamar de mucho tipo a personas así —murmuró entre dientes. Aunque no podía negar que ella fuera increíblemente atrayente. Fuera del ámbito sexual.

Mimi continuó en sus trece. Relatándole la importancia de que los machos fueran fieles. Recalcando que las hembras se lo merecían y detallando un sinfín de formas de maltratar al macho que osara infligir sus reglas. No podía ni quería ni imaginárselo.

—Según tengo entendido por aquí, hay muchos hombres así y mujeres. Así que dudo que un macho de aquí os satisfaga realmente.

Mimi abrió tanto la boca que casi parecía sacada de una caricatura.

—¿Estás de broma?

—Ya. Yo tampoco me lo creo —concedió.

Si lo pensaba, los rumores de rotura que había escuchado alguna vez en la vida habían sido claramente porque alguien de la pareja había engañado al otro con un tercero en discordia. Incluso muchos matrimonios comenzaban con que el uno o la otra era la amante.

Koushiro desconocía ese mundo. La vida no le había tratado de maravillas como para si quiera tener una amante que le rompiera la cartera a deudas. Por un lado estaba bien. Por otro…

Miró a Mimi con las gruesas cejas fruncidas en un gesto de lástima.

—Lamento no poder ayudarte en más, pero la naturaleza humana no es tan perfecta como queréis verla.

—Eso es lo que nos interesa. Que no sois perfectos y aun así, bajarle los pantalones a un hombre para ver su gusano lo ves incoherente.

—¿Por qué?

—Ocultáis la sexualidad como si fuera algo recatado que nadie debe de ver. En nuestro planeta uno se siente orgulloso de lo que tiene. Y créeme —se llevó las manos a ambos senos y los apretó. Koushiro sintió que la libido le subía de la garganta para bajar hasta su zona más sensible—, esto son encantos para lucir divinamente. Pero te has empeñado en cubrirlas. Jo.

Koushiro no quería pensar en sus tetas. No realmente. Pero la imagen mental no se la podía quitar nadie.

Bien. De nerd incomprendido con una capacidad mental superior a la masa humana que pisa la tierra y te vuelves un condenado pervertido que solo piensa en las mamas de una hembra. Genial. Has madurado. De idiota has subido al nivel de genio pervertido.

—Porque sería problemático que fueras enseñándolas. Podrían ocurrir muchos temas y todos basados en la social relación que tiene la humanidad con lo correcto y con lo incorrecto. No es correcto que una mujer vaya por ahí desnuda sin que se arriesgue a arrestos, como algo bueno y normal, a violaciones, algo horrible y para nada bueno.

Mimi movió las cejas con cinismo.

—¿Eres consciente de que aunque te he dejado que me arrastraras contigo soy mucho más fuerte que tú incluso llevando esta corteza terrestre? En cualquier momento puedo abandonarla y te aseguro que mis dientes no son algo dulce. De todas maneras, no lo comprendo.

—¿El qué? —cuestionó intentando sacarse de la cabeza una imagen que mezclaba a Hulk con un cocodrilo.

—¿Por qué tenéis que forzar algo que es tan… placentero?

Koushiro se rascó la nuca, incómodo.

—Muchas personas no entienden el concepto del no.

—No comprendo —dudó.

—No siempre tienes ganas de estar teniendo sexo. ¿Verdad?

Ella cabeceó afirmativamente.

—Hay muchas otras que hacer.

—Bien. Pues imagínate, tú que hablas del concepto de ser fiel, que vas por la calle para encontrarte con tu pareja en un bar en el que habéis quedado. Te interceptan varios hombres y por más que quieras deshacerte de ellos, te maniatan, golpean y abusan sexualmente de ti. Y te aseguro que tú te has negado repetidas veces, pero a ellos no les importa nada tus negativas. Solo quieren tu cuerpo, usarte, destruirte...

Apretó los labios y se frotó la frente con el puño cerrado. El dolor de cabeza debido a soportar las ganas de llorar empezaba a hacer mecha en él.

Mimi estaba a su lado, callada, como si intentara absorber toda esa información. Cuando pareció que era suficiente, se puso en pie, con los puños cerrados.

—Bien. Razón de más para que haya hecho mi investigación.

—¿Tu investigación?

Ella cabeceó. Le puso una mano en el hombro y sonrió abiertamente.

—Ya he escogido compañero.

Koushiro abrió la boca para negarse.

—Vendrás conmigo, Koushiro.

Pero por más que lo hiciera, no existiría negativa alguna.

Esa mujer había decidido. Y él, era su presa.

Un Alienígena había llegado a su casa para desbaratar sus planes. No solo le había llevado a locas situaciones. Si no que encima, lo escogía a él como futuro macho de emparejamiento.

Guau.


Notas de autor:

Intenté que Mimi la liara parda. Espero haberlo conseguido a su modo. Ya el próximo final, final =).