Capitulo 2
Estaba recostado sobre su mullida cama, lo sabía por la comodidad que sentía en la espalda. Era conciente, y al mismo tiempo parecía estar ausente de la realidad. Poco le importaba, disfrutaba de esa sensación de paz que le inundaba con solo estar en la comodidad de su habitación.
Miró mejor hacia arriba suyo, ya que estaba boca arriba con la mirada un tanto perdida. Distinguió un par de brillantes orbes que se difuminaban un tanto con la oscuridad, un cuerpo arriba suyo, un hedor agradable al olfato... una sensación ni incomoda pero tampoco totalmente gratificante.
- ¿Qué... qué pasa? -
El ente sobre si solamente sitió una mano sobre sus carnosos labios, pidiéndole en forma implícita que silenciara. Le transmitía paz, le transmitía una gran seguridad... pero a su vez, no podía estar totalmente relajado, cosa que naturalmente le turbaba un poco más de lo estimado.
- Nos conoceremos en su momento. Y solamente juntos estaremos cuando desaparezca aquel que me impide entrar en ti -
- ¿De qué demonios hablas? -
- Pronto te darás cuenta de lo que hablo -
No dijo más, sus manos se ocupaban ahora de actuar acariciando su pecho de principio a fin... no parecía el toque de una mujer, pues no era tímido, pero tampoco aparentaba ser el toque de un hombre, carecía de ese ademán de posesividad... o su mala experiencia le hacía pensar eso.
- ¿Quién eres? -
- Lo sabrás más pronto de lo que imaginas... hasta entonces... ya es hora de que despiertes... -
Bromeó aquel misterioso ente, desapareciendo de inmediato en conjunto con la oscuridad propia de su sueño... si, para esa altura ya había descubierto que lo que vivía no era otra cosa que una visión mental.
Despertó, nunca había obedecido esa orden ni siquiera de su venerable madre ni mucho menos de su hermana... En parte agradecía, pues sentía que había dormido demasiado.
- Debe ser la costumbre de dormir poco -
Bostezó y estiró un poco los brazos para despabilarse de la sensación de sueño que todavía le invadía. Se levantó de su lecho, sin poner atención a los escasos ropajes de dormir que en ese instante portaba. Un bóxer un tanto holgado que cumplía los requerimientos de cubrirle lo 'esencial'. Se aproximó a un espejo de cuerpo completo, su rostro lucía un poco desmejorado... una que otra ojera y opacidad en la piel.
- Bueno, creo que el tiempo que tenga que estar en terapia también lo ocuparé para recobrar mi belleza -
Pasó sus manos por su pecho, memorizando en primera instancia la imagen de aquel sueño... esas manos hábiles explorando la extensión de su tórax, abdomen, entre otras zonas frontales. Pero luego recordó como, sin la misma habilidad y delicadeza, labios y manos habían profanado su suave piel de forma libinidosa y ciertamente desagradable para el joven modelo.
- Borrón y cuenta nueva - inquirió con enfado - Mientras más me haga a la idea de que tengo que vivir con esa experiencia a cuestas, menos tiempo duraré estando en observación... y podré volver a hacer lo que me gusta -
Con eso se auto convenció, regalándose a si mismo una cándida sonrisa que le daba ese toque de seguridad del que tanto requeriría durante un tiempo indefinido.
- ¡Atticus! - reconoció la voz de su rubia hermana - ¡Ya es hora de que desayunes¡Mamá dice que tienes que darte prisa! -
- ¡Ya voy! -
Emitió otro bostezo para finalmente liberarse de su somnolencia restante, y salió de su cuarto sin siquiera preocuparse por ponerse algo más al menos para encubrir un poco la zona superior de su anatomía.
A su pasó se llevaba miradas explicitas de la servidumbre, no había perdido la magia aun a pesar de haber estado días sumido a su propia agonía. Antes de llegar al comedor se topó con Alexis que se sorprendió un tanto al apreciarle semi desnudo.
- Hermano mejor cámbiate - aconsejó la rubia
- Tranquila, estoy con mi familia... no tiene nada de malo... además, no tengo nada importante que hacer así que me quedaré así un rato -
- Pero... -
Intentó detenerle pero Atticus era terco y además ciego. Le restó importancia al asunto y finalmente entró al amplio comedor donde ya estaban servido esos suculentos alimentos preparados con el mayor cuidado posible. Estuvo apunto de saludar de forma efusiva a su mamá, hasta que reparó en que la mujer no estaba sola en el inmueble.
- Debí decirle a Alexis que te avisara - comentó la mujer, un tanto risueña
Se quedó helado al descubrir que al lado de su madre había un joven muchacho con porte serio que le miraba de forma analítica... demasiado analítica. Aparentemente alto, de tez blanca y brillante, ojos cristalizados de color verde aceitunado, hebras largas de color verde, porte serio y sincero; vestía un traje de dos piezas de color grisáceo tendiendo más al negro, una camisa negra por supuesto por debajo del traje, una corbata discreta de color gris claro y zapatos negros para finalizar.
- ¿Quién es él? - preguntó al fin el moreno, sin siquiera molestarse en disimular un poco su turbación ante la presencia del extraño
- Bueno hijo... él es Zane Truesdale, tu psicólogo - respondió la mujer sin preocupación alguna - Yo misma me encargué de hacer que las citas fueran aquí en casa, pero se me ocurrió también ofrecerle una habitación en nuestra casa hasta que estuvieses totalmente recuperado... Pienso que fue muy amable de su parte -
- No tiene nada que agradecerme - se limitó a decir
Era demasiado joven para los estatutos que el tenía hacia los profesionistas. Imaginaba que le atendería un hombre más maduro, con marcas de edad en su rostro, lentes de fondo de botella, un estrafalario traje y una sonrisa disfrazada de cordialidad que no existía. Pero él rompió con todos esos estereotipos y no conforme con ello le hacía sentirse cada vez más nervioso por su presencia.
- Es la primera vez que veo a alguien que acaba de salir de dos eventos traumáticos consecutivos y no muestra señas de tener alguna secuela psicológica a simple vista -
El de ojos verdes cruzó sus manos por debajo de su barbilla, apoyando los codos en la mesa para sitiar su rostro sobre la unión de ambas extremidades superiores, lo cual le daba una pose más aseriada y le permitía escudriñar mejor a su paciente.
- No eres un caso común -
- Tú tampoco - ya iba a comenzar a retarle - ¿Realmente eres psicólogo? Eres un poco joven a mi parecer -
- Me imaginé que harías esa pregunta - frunció un poco su ceño, eso le daba un aire de presunción - No me sirve de nada mostrarte los títulos universitarios, lo único que puedo hacer para que me creas es tratarte... -
Le pareció increíble como aquel muchacho predijo que el mostrar sus títulos no bastaría para mantener convencido al moreno. Podría haber jurado que había leído su mente, o era un excelente adivino.
- Te advertí que te cambiaras - inquirió la rubia, llegando tras Atticus - Pero nunca me escuchas -
- Yo... -
- No importa, no me incomoda que estés vestido así -
- Bueno - interrumpió la mayor de las mujeres - Mejor vamos a desayunar que la comida ya se está enfriando -
Los hermanos asintieron, sentándose juntos y exactamente opuestos a donde estaba su madre y el joven psicólogo ya disfrutando de la primera comida del día.
Atticus no podía evitar mirarle, algo llamaba poderosamente su atención de ese joven... sería lo adverso de su carácter, su seriedad inusual, el que no haya presentado títulos en un despliegue de vivacidad o simplemente... que le encontraba extrañamente atractivo.
"¡Ni siquiera lo pienses! Es... es un hombre por Dios... ¡Ni remotamente puede parecerme atractivo!"
Negación, primer síntoma de toda enfermedad o anomalía psicológica. Agradeció que el muchacho estuviera demasiado concentrado de momento en su comida como para evidenciar ese pensamiento 'sucio' que había surcado su mente.
Terminó rápido, hacía mucho que no comía tan bien como en su casa y naturalmente el entrañar tan deliciosa comida repercutió en su hambre... No se puso de pie, por cortesía tenía que esperar a que todos los demás saciaran su hambre, cosa que le desesperaba un poco pues quería ir a cambiarse.
- Bueno, tengo que irme - comentó la madre de los hermanos Rhodes - Mi trabajo se ha retrazado esta semana. Hija, por favor no tardes mucho estando en casa de tus amigas... Atticus, espero que hagas pasar a Zane un rato agradable mientras esté en casa... -
- Pero mamá... - empezó a replicar - ¿Qué pasa si ya estoy bien y deseo salir? -
- ¿Ya te sientes bien? - cuestionó dudosa
- De maravilla. El hecho de que esté aquí en ropa interior y frente a Zane sin que me pase nada anormal quiere decir que ya estoy bien¿Verdad? -
Madre e hija se miraron mutuamente, dudando casi totalmente de las palabras del joven modelo. El joven albino, que ya había terminado sus alimentos y solo escuchaba divertido el reproche de su paciente se puso en pie. No dijo nada, solo aproximó su mano hacia el rostro del moreno, manteniendo su sobria mirada fija en los orbes brillantes de Atticus. Intentó resistirse, si quería librarse un poco de la obligación de las terapias tendría que actuar muy bien y fingir que el que otro hombre intentara tocarle no era influyente... todo iba bien, hasta que estuvo demasiado cerca del contacto y escondió cobardemente su cabeza entre ambos brazos, como si tal posición le volviera inmune a las manos ajenas que buscasen contactarle.
- Creo que, después de todo, no estás tan bien como desearías - inquirió el albino, mostrándose serio a pesar del sarcasmo de sus palabras - Tus reacciones son completamente normales después de ambos eventos, sin embargo tu carácter predominante aísla un poco el hecho de inhibición primaria... En otras palabras, es gracias a tu manera de ser por la que no haz corrido a ocultarte cuando me viste en la sala; sin embargo, cuando alguien, sobre todo un hombre, intenté tocarte tu reacción será algo como lo que acabas de hacer... -
Odiaba la terminología, odiaba no tener la razón. Parecía egocéntrico al dar su diagnóstico que cabe decir está completamente acertado en cada una de sus palabras. El psicólogo retomó asiento, mirando de forma atenta a la líder de la familia Rhodes de momento.
- Mi niño, yo se que quieres liberarte rápido de esos problemas... pero mientras más accedas a someterte a terapia más sencillo será y menos tiempo tardarás -
Ese día precisamente si se sentía como un niño de preescolar al que dejaban por vez primera en la escuela y comenzaba a llorar a escondidas de su madre... y berreaba aun más cuando ya estaba dentro del salón de clases.
- En fin, ya debo de irme. Joven Truesdale, como nuestro invitado dispone de todos los servicios, su habitación es la de huéspedes, justo al lado de la de mi hijo. Cualquier cosa ya sabe mi teléfono, lo que quiera puede pedírselo a las sirvientas. -
- Mucho le agradezco su hospitalidad -
- No hay de que. Adiós Atticus, trata de comportarte con Zane -
Y la mujer se fue ya con sus cosas listas siendo seguida por un grupo de sirvientas que siempre le escoltaban hasta su lujosa limusina.
- Bueno Atti, yo regreso hasta un rato más. Les mandaré tus saludos a mis amigas -
- Está bien - el moreno no parecía tan animado como siempre
- Hasta luego joven Zane, espero se sienta bien estando en nuestra casa -
- Diviértase mucho, señorita Alexis -
La joven rubia se sonrojó un poco, para qué negarlo... ese psicólogo no estaba nada mal ante sus ojos. Hizo una pequeña reverencia, se despidió con la mano de ambos y sin más se fue siendo seguida por otro grupo más de sirvientas que servían de escolta hasta las rejas delineadoras entre la mansión y las afueras de ésta.
Zane tomó un sorbo de té, al parecer té verde. La pose estoica que adoptaba en cada movimiento ponía nervioso al modelo...
"Por lo que más quieras... no vayas a caer ante la tentación..."
El albino alzó la mirada, como si realmente fuese capaz de escuchar lo que el moreno hablaba en pensamientos. Abandonó la taza de té a su lado, limpiando sus delicados labios con una servilleta de terciopelo.
- ¿Hay algún lugar en especial al que te gustaría ir? -
La pregunta le sorprendió un poco¿Para qué querría su doctor saber algo así? Éste solo le miraba de forma fija todavía, esperando pacientemente por lo que el modelo fuese a responderle.
- Pues... - caviló, intentando entrar en confianza - Hace mucho que no voy al acuario y creo que en un día como hoy si me gustaría ir -
- Bien. Entonces alístate... vamos a ir al acuario -
- ¿Para? -
- Es muy simple - sonrió, no muy abiertamente pero le agradó su sonrisa - No puedo tratar contigo sin conocerte previamente, para conocerte necesito que estés en confianza... un lugar que te guste es un buen comienzo¿Te parece? -
- Pues... no le veo nada de malo - correspondió a su sonrisa con una todavía más cándida - No me tardo entonces - la idea de salir le gustaba, el psicólogo había dado de nuevo en el blanco - Ah... - se detuvo - Lamento mucho mi comportamiento -
- No lo lamentes, de hecho agradezco tu sinceridad en primera instancia -
Asintió y corrió hacia su habitación, no fue buena idea por que traía comida en el estomago y el ejercicio físico lo abandonó en todo el tiempo que estuvo en prisión. No había engordado, pero si había perdido la condición inicialmente conservada antes de su ingresó a la cárcel. Llegó a su habitación, descubriendo que ésta estaba totalmente ordenada. No le tomó importancia, ese era el trabajo de sus sirvientas después de todo.
"Creo que es cierto que no debes juzgar a las personas antes de conocerlas. Es agradable... un poco serio, pero agradable"
No reparó que eso que pensaba podía tener cierto trasfondo que repercutiría en sus 'ideales' por así llamarles. Se metió a bañar, siendo modelo estaba acostumbrado a siempre estar perfectamente aseado aun cuando no tuviese un lugar importante al cual ir.
Entró a la tina, no debía demorar mucho pero tampoco quería tomar demasiadas prisas. A fin de cuentas él debía esperarle y podría recorrer la casa o hablar con alguna de sus empleadas... lo que fuera. El aroma del jabón entraba a su nariz, dejándole esa molesta sensación de estar siempre aspirando ese perfume dulce. Pasó las manos parsimoniosamente por su anatomía, expiando la suciedad ganada en la prisión de su bello cuerpo.
Piel suave... como la de una mujer...
Giró la cabeza un par de veces, ni siquiera estando en prisión la voz de su atacante le hubo molestado en lo más mínimo.
"Ahora que lo pienso... ¿Mi intención era matarlo?"
Intentó encontrar en si mismo esa respuesta, pero el esfuerzo era en vano ya que en ese instante no poseía el total control de sus acciones... solo que él no fue conciente de ello.
"Por un segundo... su sangre..."
Recordó sin desearlo con toda sinceridad. El río de sangre de ese cuerpo inerte y mutilado por la bala que impactó en su sien. Imaginó que el agua de su bañera era esa misma sangre esparcida sobre el suelo, metió la mano en el jabonoso líquido, quedando con un poco de éste en su palma.
"Me pareció... que yo deseaba..."
Su mirada se volvió nublosa, su mente estaba totalmente enfocada en ese momento dejando en segundo plano, en ese instante, el tiempo presente. Acercó cada vez más su mano hacia su rostro, mirándole como si la sangre de aquel individuo estuviera contenida en vez del jabón líquido.
"... yo deseaba..."
Pronto su mano estuvo a la altura ya de su barbilla, todavía observaba absorto esos restos de jabón contenidos en su mano derecha. Con delicadeza aspiro primero el líquido, más tarde se arrepentiría pero parecía haber entrado a una especie de trance. Sacó la lengua, bebiendo del agua enjabonada como si bebiese agua natural o algo por el estilo.
"Beberla... beber cada gota... y después..."
Dejó de lado la preparación jabonosa, apretando su mano y salpicando invariablemente su alrededor.
"Eliminarlo..."
Sacudió su cabeza, finalizando el extraño trance en el que se había sumergido después de aquella visión aberrante. Todavía estaba en la bañera, con mil y una dudas en la cabeza. Alguien llamó a la puerta de aquel amplio cuarto de baño... y al no recibir respuesta empezó a forzar la cerradura para entrar.
- ¿Quién es? - cuestionó en voz alta el moreno
- ¡Joven Atticus pensé que algo le había sucedido! - la voz madura de la mandataria entre su servidumbre le ofreció disculpas - Me ha dicho el joven Zane que le pida que se de prisa -
- Impaciente - murmuró por lo bajo, desde su punto de vista era demasiado exigente para ser simplemente un empleado más de su mamá - ¿Puedes decirle que no tardaré? -
- Como usted diga joven Atticus -
Puso atención en el ruido de los pasos de su empleada, oyéndose cada vez más débiles hasta el punto en que pudo calcular que ya no estaba más en su habitación.
Se secó, se cambió y arregló un poco su aspecto. No se puso nada demasiado llamativo para que nadie atinara en reconocerle en el acuario... Por vez primera experimentaría lo que es ir al acuario como una persona completamente normal. Se aseguró de que su piel estuviera perfecta, sus ojeras bien disimuladas bajo unos lentes negros de cristal delgado que combinaban a la perfección con su traje más casual... simple pantalón negro, simple camisa blanca con mangas cortas y cuello en V, simples tenis de marca confortables, pero todo aquello dejaba de ser tan simple con solo embonar en el cuerpo del modelo.
Salió, buscando a Zane en la entrada de su hogar, le sorprendió no encontrarle ya que el mismo mando a buscarle para que se diera prisa.
- Al final solamente hizo que me apurara en vano -
Pero no por mucho tiempo estuvo solitario en aquella antesala tan amplia. El psicólogo hizo acto de aparición invariablemente, esta vez con ropas menos formales que cuando hubo arribado a la mansión que era su nuevo hogar. Pantalón de mezclilla azul claro no muy ajustado, simple camisa de manga ¾ que dejaba ver en sus brazos la imagen de un dragón tatuado muy semejante al dragón blanco de ojos azules (ni en un universo alterno puedo hacer que se deslinde de su gusto por los monstruos del duelo), al final un par de zapatos negros que eran el contraste entre el resto de su traje.
- Me cansé de esperar y decidí cambiarme de ropa. Me imagino que no querrás llamar la atención, es algo que tenemos en común -
A cada momento le sorprendía un poco más la forma tan poco ortodoxa pero muy atinada de actuar del psicólogo. No sabía si se llevarían bien una vez que entraran en materia, pero de momento no era la persona desagradable que en primera instancia tuvo la impresión que sería.
- Bueno, mejor vamonos ahora... -
- ¿Tenemos prisa? -
- No, pero calculando tu intención de 'pasar desapercibido' es mejor darnos prisa ya que más o menos en 1 hora el lugar estará abarrotado... - aseguró con tal certeza que daba la impresión de que trabajaba en el acuario
El moreno se encogió de hombros solamente, entre impresionado y resignado por lo meticuloso que podría llegar a ser el albino si realmente se lo proponía. Sin más salieron de su morada, también siendo escoltados por un grupo mucho muy numeroso de sirvientas... naturalmente, no todos los días apreciaban a dos hombres bastante guapos juntos...
