Harry Potteres propiedad de J. K. Rowling y la Warner Bros., esta historia es sin fines de lucro.

Harry Potter y la historia que debió ser

Lessa Dragonlady

Parte I

"KNOCKTURN Y GRINGOTTS"

Harry se montó en el BMC Mini con la sonrisa más grande de su vida, observó a Hermione, quien estaba terminando de revisar los espejos, complacido de que continuara usando el jersey. El fresco de la madrugada tenía un poco empañado el parabrisas, así que Hermione accionó el aire acondicionado, metió revesa y se alejó del número 4 de Privet Drive.

―¿Te parece si vamos directo a Londres? Haríamos una hora de camino ―dijo la bruja intentando ignorar la sonrisita satisfecha de Harry―. Ahí podemos pasar a Harrods a comprar tu ropa, luego ir al Callejón Diagon por los libros necesarios para el entrenamiento. Incluso nos da tiempo de comer en el Caldero y marcharnos a Cambridge antes de que anochezca. Y deja de sonreír así, honestamente.

―Lo lamento ―dijo sin la menor vergüenza―, pero no todos los días despierto con mi mejor amiga sin corpiño en mis brazos. Ya sé cuál será el recuerdo de mi próximo patronus.

Hermione volvió a sonrojarse ―Me lo quité a la mitad de la noche porque es muy incómodo para dormir. No es como si me hubiera desnudado impúdicamente en tu cama, aún traía el jersey puesto.

―Lo cual vuelve más genial a mi jersey. Pensaba en decirte que te lo quedaras, pero sabiendo que lo usaste sin sujetador… lo quiero devuelta.

Aprovechó un semáforo para darle un "suave" golpe en el brazo. Harry amplió su sonrisa.

―Olvídalo, Potter. Este jersey se queda dónde está. Es mío.

―¿En serio lo quieres?

―¿En serio me lo regalarías?

Harry disimuló pensarlo ―¿Quedarme con mi jersey o regalártelo y saber que lo usarás para dormir sin corpiño? Difícil, difícil…

Lo volvió a golpear ―Eres terrible. Como sea, ni siquiera me dijiste si te parece bien ir a Harrods y al Callejón antes de partir a Cambridge.

―Suena bien. Podemos hacer una visita a Gringotts, así te pagaré los libros que quieras y la ropa.

Hermione asintió, sabiendo que era inútil discutir ese tema con él. Se cambió de carril y tomó la desviación a Londres.

. . .

Harrods era mucho más imponente de noche con sus luces doradas prendidas, que de día, pero igual era un monstruo del consumismo capitalista. A Hermione no le gustaba perder horas en sus interminables tiendas, aunque aceptaba que la sección de golosinas era particularmente difícil de ignorar, así que marchó directo al piso de ropa para caballero. Harry, detrás de ella, se sintió mareado por tanta gente y lujo, desacostumbrado a lugares públicos muggles, la única ventaja, a su parecer, fue que nadie lo reconocía.

―Pantalones, camisas, ropa interior, zapatos, abrigos y ropa de deporte ―explicó Hermione señalando a distintos puntos del piso― ¿Por dónde quieres comenzar?

―Eh… ―giró sobre sí mismo, angustiado de ver los escaparates con tantas opciones y colores― No tengo idea. Supongo que por las camisas, y de ahí seguimos caminando hacia la derecha hasta terminar.

―De acuerdo.

Harry agradeció infinitamente la practicidad de su mejor amiga para escoger tallas y colores. Él sólo tuvo que pararse en medio de cada sección y esperar a que Hermione le enseñara lo que creía que podía gustarle. Después de media hora fue muy sencillo encontrar el "estilo" de Harry, lo cual consistía en colores azules pálidos, verdes muy profundos, sepias y grises. Los zapatos fueron más fáciles, ya que siempre supo exactamente qué tipo compraría si tuviera la oportunidad. En los abrigos se decidió por dos de color negro, un rompe viento gris Oxford y una gabardina color musgo. Cuando vio la cantidad de ropa que llevaba se sintió satisfecho, era justo lo necesario. Del otro lado del piso, en la sección de deportes, eligió cinco pants, dos sudaderas con gorra, y diez camisetas. Finalmente llegaron a la sección de ropa interior y Harry le pidió a Hermione que lo esperara en la fila para pagar; ella, divertida por su obvia timidez, le dio un beso en la mejilla antes de adelantarse a las cajas. Harry le pidió a un trabajador de la tienda que lo asesorara, y diez minutos después alcanzó a su mejor amiga.

―Ahora tú deja de sonreír así ―chistó usando el rompe viento para cubrir sus últimas adquisiciones.

Hermione puso la mejor cara de inocencia ―¿De qué hablas?

Al salir de Harrods fueron hacia el estacionamiento, donde Hermione metió las bolsas en la cajuela. Harry apartó desde antes lo que iba a ponerse, y con un poco de magia se cambió sin ser notado. Ahora traía unos jeans negros y una de las sudaderas con gorra.

―Espero que esto me evite miradas en el Callejón Diagon ―dijo subiéndose la gorra.

Hermione lo miró tímidamente ―Creo que ocurre lo contrario. Con la gorra sólo se ven tus ojos verdes y los lentes redondos. Te da una apariencia muy… atractiva.

Harry alzó las cejas ―¿Te parezco atractivo?

―¿Me lo preguntas después de habernos besado horas en tu cama?

―Sí.

La castaña sonrió avergonzada ―Claro que eres atractivo…

El mago cortó el espacio entre ellos y puso sus manos en la cintura de Hermione ―Tú también, ¿sabes? Eres preciosa.

―Ya, no tienes por qué decirme cosas que no sientes.

Harry fue cerrando los ojos mientras se inclinaba para besarla. Antes de poner sus labios en ella, susurró ―Preciosa.

. . .

En el Callejón Harry se dedicó a perseguir en silencio a Hermione. Su mejor amiga quería conseguir todos los libros sobre magia sin varita y hechizos avanzados que existieran. Cuando estuvo medianamente tranquila logró convencerla de ir a ver a Fred y George a su nueva tienda de bromas.

―Estoy seguro que guardarán el secreto por nosotros ―dijo Harry entrando a la colorida tienda.

―Eso espero, porque si Dumbledore sabe que estás aquí, el plan será un fracaso.

Harry la tomó de los hombros para reconfortarla. Fred y George salieron a recibirlos, reconociendo a Hermione de inmediato, y luego a Harry.

―Hey, Harry, con esa gorra no sabíamos que eras tú ―dijo uno de los gemelos.

El otro continuó ―Creímos que nuestra Hermione estaba acompañada de un novio o algo así.

―Oh, sí, eso habría vuelto loco a Ronnie.

Harry miró a Hermione tensarse, lo cual le provocó cierta inquietud. ¿Realmente ella estaba interesada en Ron? ¿Cómo no pensó en eso antes de besarla… horas… en su cama?

―¿Cómo van las ventas de la tienda? ―desvió el tema Hermione, sus lindos ojos puestos en los anaqueles llenos de curiosidades.

Fred y George respondieron a unísono ―¡Genial!

Continuaron mostrando los artículos de novedad. Al terminar el tour de la tienda Harry les explicó a los gemelos que nadie podía saber de su visita.

―Me quedaré con Hermione el resto del verano. Aún no sabemos cuándo se supone que Dumbledore irá a buscarme con los Dursley, pero lo resolveremos en su momento. Mientras desearía un poco de discreción.

Los pelirrojos sonrieron astutos.

―Ustedes dos…

―Están…

―Juntos…

―¿Verdad?

Harry no supo qué decir. Sí, estaban juntos, ¿no? ¿o qué significaba que pudiera besar libremente a su mejor amiga? Aunque seguía pensando en ella como su "mejor amiga".

Hermione se cruzó de brazos ―¿Y eso es de su incumbencia por que…?

Fred sacó tres galeones de su bolsillo ―La quínela, pequeña Gryffindor. La quínela.

George continuó ―Hay una apuesta corriendo entre varios integrantes de la Orden.

―¿Cuándo Harry y Hermione terminarán juntos? ―canturreó Fred.

―¿Qué? ¡Honestamente! ―les arrebató los tres galeones― Apostar es un pésimo hábito. No sé por qué esperaba mejor de ustedes…

―¿Sólo de nosotros? ―dijo George inocentemente― Porque incluso Moody apostó.

Harry se talló el rostro ―Increíble ―masculló.

Hermione los señaló con su varita ―¡Ni una palabra de nosotros a nadie! ¿De acuerdo? ―los pelirrojos asintieron, nerviosos.

―Sabemos que no sales bien si te metes con Hermione Granger ―dijo apurado Fred.

―Mi hermoso hermano tiene razón. Eres una bruja temible.

Ella sonrió ―Bien. Vamos, Harry, aún tenemos compras qué realizar ―chistó saliendo de la tienda.

George se giró hacia el moreno ―Eres el epítome de Gryffindor, Harry. Yo no podría con esa chica.

Fred se le colgó del lado izquierdo ―Aunque, aquí entre hombres…

George se le colgó del lado derecho ―Sí, Harry, aquí entre hombres…

Excelente elección de bruja ―dijeron alzando las cejas sugestivamente.

Harry se sintió enrojecer ―No es mi novia… ―explicó patéticamente.

―Claro, claro ―dijo George haciendo gestos extravagantes―, todavía no lo es.

―Son imposibles ―sonrió Harry antes de despedirse.

Cuando los gemelos quedaron a solas se miraron preocupados.

―En serio Ronnie explotará, astuto hermano.

―Igual que un excregunto a punto de poner huevos, querido hermano, igual que un excregunto…

. . .

Alcanzó a Hermione a la mitad de la siguiente cuadra, se veía molesta por alguna razón, y Harry sospechó que era por la insinuación sobre una posible relación entre ambos. Eso bajó bastante la autoestima que ganó gracias a ella, irónicamente.

―¿Hermione podemos hablar de…? ―se calló al reconocer a Draco Malfoy escabullirse por uno de los angostillos.

Su mejor amiga respiró profundo ―La verdad… ¡hey!

Harry la jaló hacia el mismo angostillo por el que vio desaparecer a Malfoy. Pegó a Hermione a su pecho y sacó la capa de invisibilidad, cubriendo a ambos.

―¿En qué momento trajiste tu capa de invisibilidad? ―susurró apretando el brazo del mago en su cintura.

―La saqué del baúl en el estacionamiento de Harrods. Pensé que podría ser necesaria en el Callejón, por si alguien conocido se nos acercaba.

Hermione le sonrió orgullosa, consiguiendo que Harry retomara un poco de su seguridad.

―¿Y ahora a dónde vamos? ―le preguntó.

―Seguimos a Draco Malfoy. Este pasadizo llega al callejón Knockturn. ¿No te parece sospechoso?

Lo miró incrédula ―¿O paranoico?

La ignoró y siguió caminando. Doblaron en la esquina justo para ver a Malfoy entrando a Borgin and Burkes. Hermione le señaló una de las ventanas largas que permitía ver hacia adentro.

―No escucharemos nada aquí ―musitó inconforme la castaña.

―O sí ―replicó Harry sacando un par de orejas extensibles―. Fred y George ―fue todo lo que dijo.

―¿Qué necesitará que le guarden?

―Y que le reparen… ¿viste eso? Estoy seguro que tiene la marca oscura.

Hermione le dio un codazo ―Es imposible que hayas visto su brazo desde aquí. No puedes asegurar eso.

―¿Qué otra cosa le mostraría en su pálido brazo de hurón?

―Sé honesto, ¿crees que a Voldemort le interesaría tener al hijo de papi en sus filas?

Harry apretó los dientes. Estaba de acuerdo con eso, pero sentía que Draco ya era un Death Eater.

Lo vieron irse revisando cada segundo tras su hombro. A Hermione le sobrecogió descubrir la mirada de Draco tan roja y alterada.

―Creo que tiene problemas ―murmuró triste.

―Gracias a su encantador papi Death Eater ―replicó Harry―. Hay que irnos.

―No, espera, ya que estamos aquí deberíamos visitar algunas tiendas. Seguro conseguiremos más bibliografía de maldiciones que en otro lugar.

―¿Cómo pretendes comprar eso sin que nos reconozcan?

Hermione lo pensó unos instantes. A Harry no le extrañó que tan rápido se le ocurriera algo ―Dame tu sudadera, con ella puesta y mi voz modificada pasaré lo suficientemente inadvertida. Tú te quedarás bajo la capa de invisibilidad.

―Me parece bien, así podré protegerte sin que lo sepan.

La castaña se sonrojó al escuchar "protegerte", pero no dijo nada.

En la primera tienda Harry tuvo que mantenerse callado mientras veía a Hermione negociar torpemente por unos libros oscuros, cuando no consiguió nada la sacó para explicarle que sonaba demasiado interesada y eso provocaba que le inflaran los precios, además no era bien recibida al darse a conocer como poco familiarizada con las artes negras. Hermione tomó sus consejos, un poco herida por su fracaso anterior, y entró a la siguiente tienda con una actitud que asombró a Harry. Se presentó como Prometea de Hillford, hija de un tal Ewansiha. Cuando el apotecario escuchó el nombre del mago casi se desmaya. Harry supuso que era alguien importante. Hermione fue construyendo la mentira con datos precisos que convencieron al apotecario, luego al vendedor de pociones de la otra tienda, después a la hechicera de objetos malditos, y de pronto cada mago y bruja sabían que la "hija" de Ewansiha estaba en Knockturn. Harry estaba cada vez más nervioso, la atención que Hermione atrajo era demasiada.

―Es momento de irnos, creo que tienes suficiente ―susurró junto a ella.

Hermione asintió suavemente, preparada para marcharse, pero un mago le cortó el paso.

Interesante que el buen Ewansiha de Hillford tenga una hija de la que nunca me habló ―dijo el mago antes de aspirar una pipa violeta. Le echó el humo a Hermione, divertido―, después de todo lo que hemos pasado juntos. Dime, niña, ¿dónde está ahora tu querido "papá"?

Harry miró asustado a la gente rodearlos. Ese tipo sabía perfectamente que Hermione no era la tal Prometea. Escuchó a su mejor amiga responder con seguridad que obviamente papá está en una misión, como todos saben. La gente asintió, tranquilizada, pero el tipo frunció más el ceño. Cuando lo vio alzar la mano para agarrar a Hermione, intervino.

―¡Es Harry Potter! ―gritó acercándose a la gente. Los magos y brujas voltearon hacia la voz, buscando quién habló.

Harry corrió hacia el otro lado y con voz chillona volvió a gritar ―¡Sí, Harry Potter! ¡Está en The Coffin House!

El tumulto se movió hacia esa dirección para comprobar si era cierto. Harry empujó a varias personas, comenzando una pelea. Brincó sobre Hermione, escondiéndola bajo la capa y juntos huyeron corriendo. Al sentirse tranquilos en la familiaridad del callejón Diagon, Hermione abrazó a Harry por el cuello, respirando acelerada.

―Eso fue magnífico ―le dijo todavía un poco nerviosa.

Harry le devolvió el abrazo, de pronto consciente del terror que experimentó cuando ese tipo iba a descubrir a su mejor amiga.

―Joder, Hermione, no vuelvas a asustarme así.

―Harry, lenguaje ―corrigió automáticamente―. No te preocupes, no volveré a hacerlo. Vamos a Gringotts, por fin se nos terminaron los galeones que traías. Creo que gastamos una pequeña fortuna.

―Espero que valga la pena. Vamos.

Por cualquier cosa Harry decidió agarrar a Hermione de la mano, y no la soltó durante el resto del día.

. . .

Griphook, el duende de Gringotts encargado de la cuenta de la Casa Potter sonrió amargamente al tenerlo en su oficina.

―¿Cómo llegó hasta aquí, señor Potter?

Harry se encogió de hombros ―Un duende en la entrada me mandó para acá cuando le expliqué que yo no tenía la llave de mi cámara de Gringotts. Creo que eso lo hizo enojar.

La bruja junto a él asintió ―Nos echó un buen pleito pensando que Harry se estaba tratando de hacer pasar por… bueno, por él. Quiero decir, que era un impostor.

Griphook respiró profundo ―Y, por todos los viejos duendes guerreros, ¿por qué rayos usted no tiene su llave, señor Potter?

―Creo que Molly Weasley la tiene en su custodia. Siempre me ayuda a comprar mis cosas para Hogwarts. O tal vez Dumbledore la tiene. No lo sé. Sólo necesito sacar otro tanto de galeones… por favor ―agregó.

―Dumbledore ―masculló Griphook― me ha dejado muy mal parado en Gringotts. Siempre anda metiéndose en asuntos de la Casa Potter, una de las cuentas que yo manejo, y por más que he intentado mantenerlo a raya ha sido imposible. Sobre todo porque usted, señor Potter, no ha tenido la delicadeza de revisar sus negocios. Bueno, creo que es una gran oportunidad de ponerlo al corriente. Le haré una llave para su cámara, espero que esta vez tenga la delicadeza de guardarla para usted en vez de andarla prestando. La Casa Potter es una cuenta de alta estima en Gringotts, sus representantes siempre han sido bienvenidos entre los duendes, desde más allá del famoso Gryffindor e incluso el señor Peverell.

Harry y Hermione se miraron sorprendidos.

―¿Soy pariente de Gryffindor?

―¿Y quién es el señor Peverell? ―agregó Hermione suponiendo que si fue mencionado tras Godric Gryffindor debía ser importante.

Griphook mostró los dientes puntiagudos ―Una lección de historia no les caería mal. Investiguen eso por su cuenta, no tengo tiempo de además educarlos.

Hermione no se mostró conforme, pero Harry le dio la razón al duende: él también ya quería marcharse.

Estuvieron un par de horas revisando los últimos cierres de los negocios de la Casa Potter. Harry no podía creer la cantidad de propiedades y objetos mágicos extraordinarios que estaban a su nombre. Cada vez estaba más enojado de haber crecido con los Dursley cuando pudo tener otras posibilidades. A la mitad de la explicación Hermione interrumpió.

―¿Por qué Harry nunca fue notificado sobre esto? ¿Sus padres no dejaron testamento?

Griphook asintió ―El testamento de los Potter, al igual que el de Sirius Black, está en manos de Dumbledore, guardián legal del joven Potter.

―¿Por qué es su guardián legal? ―insistió Hermione― No me imagino a los Potter decidiendo dejar la vida de su único hijo en manos del director de una escuela. Primero pensaron en Sirius Black, en caso de que él no pudiera realizar sus tareas como padrino, lo cual era muy probable por la guerra, debieron señalar a alguien más.

Griphook volvió a asentir ―Remus J. Lupin, pero al ser considerado mitad bestia por el Ministerio, se le anularon sus privilegios, después quedó Peter Petigrew, ya sabemos qué pasó con él. Así, el señor Potter quedó sin guardián legal. Cuando eso ocurre en la sociedad mágica, el menor pasa a ser protegido del mago encargado de su educación, en este caso…

Dumbledore ―siseó Hermione―, por eso él ha decidido tanto sobre la vida de Harry, está en su derecho.

Harry se cruzó de brazos ―No me parece justo.

Griphook miró evaluador a Hermione ―Hay una posibilidad de cambiar eso. Dígame, señor Potter, ¿qué tanto confía en la bruja que está a su lado?

―Con mi vida.

El duende mostró de nuevo sus dientes ―¿Casualmente usted es mayor de edad, señorita Granger?

. . .

Harry miró pasar el señalamiento Welcome to Cambridge, y sintió algo parecido a tranquilidad. Volvió a cerrar los ojos, descansando. A su lado, Hermione prendió los faros para distinguir mejor el camino, pues la noche estaba cayendo sobre ellos. De pronto la voz de Harry la distrajo.

―¿Crees que Dumbledore venga mañana?

―Por supuesto, en cuanto Griphook le mande la notificación como se lo pedimos. Para entonces ya tendremos arriba los escudos, así que tendrá que aparecer fuera de mi propiedad. Hasta que se vaya activaremos el Fidelius.

―Lamento seguir metiéndote en esto, Hermione. Estoy muy agradecido que hayas decidido ser mi guardiana legal, pero tengo miedo de que algo te pase.

La castaña puso la direccional antes de dar vuelta la izquierda, sus ojos no se separaron del camino a pesar de responder con claridad a su mejor amigo ―Ya tuvimos esta discusión, Potter. Dondequiera que vayas, iré contigo. ¡Mira! Esa es mi casa.

Harry esperaba ver un clásico hogar suburbano con jardín y techo de doble agua. En cambio estaba un edificio de cuatro pisos, hecho con ladrillos color azul rey, lleno de ventanas en forma de arcos con pequeños balcones floreados. Para entrar había cinco escalones de piedra caliza que llegaban a un portón, cuyo arco era más pronunciado que el de las ventanas, hecho de losetas de mármol, rodeando una puerta doble de cristal.

―¿Todo eso es tu casa?

Hermione sonrió ―No, mi departamento es el último. Abajo están los McKenzie, los Juliard y en la planta baja está la señora Farleone, vive sola. El barrio es bastante tranquilo y seguro; papá y mamá tenían aquí su clínica de ortodoncia, se iban caminando. El resto de los edificios alrededor son muy parecidos, se dividen en hogares y en cuartos para los estudiantes de la Universidad de Cambridge que está muy cerca de aquí. La zona comercial queda a quince minutos en carro.

―Se ve elegante ―comentó Harry quitándose el cinturón de seguridad.

La bruja terminó de estacionarse frente al edificio y finalmente apagó el carro.

―Espero que te guste, ahora que soy tu guardiana legal éste será tu nuevo hogar hasta que cumplas la mayoría de edad y decidas qué hacer.

Harry le sonrió tranquilizador ―Mientras esté contigo cualquier lugar me parece perfecto, así que no te preocupes por eso. De verdad gracias por lo que estás haciendo por mí.

―Para eso son los mejores amigos.

El moreno ignoró la punzada que sintió al escuchar eso. "Amigos" se repitió bajándose del carro. Lo rodeó para llegar a la cajuela donde Hermione ya estaba sacando las bolsas. Todo lo conjuraron para que no pesara, así que cargaron sin esfuerzo las compras y el baúl.

Al llegar al portón leyó la placa de piedra con letras doradas: 28B Pembroke Street.

―Bajando la calle hay una tienda de antigüedades que cualquiera pensaría es mágica ―comentó Hermione mientras subían las escaleras internas―. A media cuadra está un molino de abarrotes y semillas. Los sábados se pone un mercado de ruedas que tiene lo que te puedas imaginar. Ah, y a diez calles hay una biblioteca.

Llegaron al último piso, la única puerta de madera tenía una pequeña placa que decía "Granger Household". Hermione quitó tres chapas para conseguir abrir. Harry entró tras ella, sorprendido por el enorme techo y los grandes ventanales.

El departamento podría describirse como un loft industrial, con los muebles básicos y los pisos de madera oscura bien lustrada. A pesar de tener ese aire minimalista Harry lo encontró muy cálido y familiar. Había fotos de la familia Granger en cada pared, y claras señales de uso en el comedor y la sala. Era una casa limpia, pero no muerta como la de Petunia.

―Sólo tiene dos habitaciones ―explicó Hermione prendiendo las luces―, allá está el baño de visitas, no tiene regadera. Ese pasillo lleva a los cuartos, ahora te paso, primero quiero mostrarte el jardín.

Harry la miró curioso ―¿Tienes jardín en el último piso de un edificio?

Un maullido los alertó. Crookshanks brincó de uno de los barrotes hacia los brazos de su dueña, ronroneando feliz por su regreso. Le echó una mirada a Harry y sin más caso se echó a dormir.

Hermione continuó caminando hacia la delgada escalera en la esquina del loft. Harry subió tras ella, divertido por la expresión del enorme gato naranja al ser acariciado. En la azotea del edificio había un jardín de plantas multicolores, una pequeñísima alberca de dos metros de profundidad y una mesa redonda con sombrilla. La orilla de la azotea estaba delimitada por una cerca blanca de madera. Alrededor del edificio se veían el resto de azoteas muy parecidas, y a lo lejos la universidad de Cambridge iluminada por reflectores. La noche se cernía como una ola de estrellas blancas.

—¿Cuánto mide?

—Ciento ochenta metro cuadrados —respondió la castaña—, cada piso.

―Es el lugar más hermoso en el que he estado ―susurró Harry.

―¿Incluyendo Hogwarts? ―bromeó Hermione.

Él la miró seriamente ―Incluyéndolo. Aquí es tu hogar.

―Ahora también es el tuyo.

No quiso contenerse. Cortó el espacio que los separaba y la besó. El viento de la noche y el sonido del agua en la alberca fueron increíblemente relajantes. Hermione cerró los ojos para disfrutar la caricia dócil que encendía su cuerpo sin límites.

Crookshanks levantó el hocico, lamiendo las barbillas de ambos.

Harry se separó riendo ―¿Tu gato acaba de unirse al beso?

―Creo que sí ―contestó divertida―. Vamos, te mostraré las habitaciones.

Bajaron tomados de la mano. Desde ese punto en la escalera Harry alcanzó a ver una pequeñísima chimenea que dividía la sala y la cocina.

―¿Sirve esa chimenea?

Hermione asintió ―Pensaba conectarla a la Red Flu, pero no sé si tenga efecto una vez que coloquemos el Fidelius.

―Tampoco estoy seguro.

Siguieron por el pasillo que mencionó Hermione al entrar al departamento. Harry sonrió al ver un tragaluz a lo largo del pasillo, desde donde se distinguían algunas hojas del jardín superior.

―Este es el baño principal ―dijo abriendo la puerta del fondo―. La regadera necesita un ajuste, para utilizar el agua caliente debes girar la perilla dieciocho veces, es absurdo. La tina, en cambio, está perfecta, por si la quieres usar cuando desees. Papá y mamá se llevaron todas sus cosas, antes ellos las ponían en este mueble; me refiero a cepillos, toallas, artículos de higiene personal, ahora tú puedes usarlo. El mío es el de junto. El lavabo doble tampoco funciona correctamente, las llaves del de la izquierda no responden. Hay que contratar un albañil para que lo revise.

—O usar magia…

La bruja miró sorprendida el lavabo —Creo que sigo procesando que el departamento es realmente mío.

—Con el tiempo te acostumbrarás. No hay prisa —dijo Harry con los ojos aún clavados en la tina. La única vez que estuvo en algo parecido fue en cuarto grado, cuando Cedric le dio la contraseña del baño de prefectos. Nunca olvidó la sensación indescriptible de estar en el agua caliente.

Hermione le dio un suave empujón, divertida ―Si quieres puedes usar la tina antes de dormir.

―Sería fantástico ―respondió apenado.

Continuaron de nuevo al pasillo.

―Esta es la recámara de mis padres. Bueno, era.

Entraron a la habitación principal, muy amplia y con balcón. Harry se entretuvo en mirar el candelabro que colgaba del techo. El resto estaba vacío.

―No sé por qué decidieron quitar su cama y los burós ―dijo Hermione mirando un espacio en específico―. Creo que fue parte de hacerme entender que realmente este lugar es solo mío.

―¿Los extrañas? ―preguntó empático.

―Siempre. Incluso cuando estoy con ellos. Desde hace mucho nuestra relación se enfrió.

Harry pasó un brazo por sus hombros. Intentando subirle el ánimo dijo ―Por lo menos ahora Crookshanks tendrá su propio cuarto.

El gato maulló, feliz.

Hermione soltó una carcajada ―¡Olvídalo, Crookshanks!

Fueron a la recámara de Hermione. Contraria a la anterior era bastante pequeña, con una cama individual y un clóset de piso a techo. La ventana ocupaba casi una pared completa, no tenía balcón. Harry admiró el mini escritorio de cristal donde había un portarretratos con la foto de Ron, él y Hermione a los doce años de edad.

―Me la dio Colin ―murmuró Hermione atrás de él―. Nos vemos muy graciosos, ¿no? Ve mi cabello. Ronald todavía no te pasaba de estatura. Y tú seguías tan delgaducho.

La miró juguetón ―¿Insinúas que ahora estoy gordo?

―¡Qué va! Por fin tienes carne en los lugares indicados. Me da gusto que ya no estés así.

Harry siguió curioseando el cuarto. Además de libros (naturalmente), los objetos personales de Hermione consistían en pequeños recuerdos de Hogwarts, banderines de Gryffindor y una caja de metal donde guardaba la correspondencia de él y Ron. La lámpara del techo era redonda, con flores pintadas a mano. Pero lo mejor era el olor. Libros, madreselva y algo dulce que le provocaba un escalofrío excitante.

―¿Por qué sonríes así? ―preguntó la castaña.

―Por ti ―satisfecho la miró sonrojarse―. ¿Tienes hambre? Puedo hacer la cena.

―Oh, no, ya lo hiciste en Privet Drive. Es mi turno. ¿Por qué no usas la tina mientras cocino?

―Es un plan demasiado atractivo para rechazarlo.

Regresaron al baño principal donde Hermione le explicó cuál era la llave caliente y cuál era la fría, y le mostró dónde estaban las toallas secas.

―Debimos pensar en esto antes ―murmuró frunciendo el ceño al ver todos sus jabones y fragancias―. Olerás a niña con todo esto.

Harry se encogió de hombros ―Luego compraré algo que me devuelva el olor a macho rudo, por ahora tomaré ese de violetas…

Hermione siguió riendo al cerrar la puerta.

El mago estuvo sumergido en las burbujas hasta que el agua lamentablemente se enfrió. Salió escurriendo con cuidado de no resbalarse, y buscó en el mueble una de las toallas que le dijo su mejor amiga. Casi de inmediato supo cuál era de ella, pues su aroma estaba en cada fibra. La sostuvo entre sus manos, curioso de saber por qué de pronto hasta el olor de Hermione le parecía fascinante. Después de un rato la regresó al mueble y cogió otra.

Al salir del baño alcanzó a escuchar la voz de un hombre.

―…que disfrute la cena, señorita.

―Gracias ―respondió Hermione cerrando la puerta del departamento. Al girarse casi tiró las bolsas de comida tailandesa cuando vio a Harry frente a ella, con la ropa nueva enmarcando su atractiva figura y el cabello empapado goteando en su rostro; iba descalzo.

―¿Y eso? ―señaló la enorme bolsa de papel con letras naranjas que decían Bangkok Thai Food - Take out.

―Ah, es que… ―dirigió una mirada nerviosa a la cocina. Harry también miró hacia allá: dos sartenes estaban quemados y una espátula parecía haber sobrevivido una pequeña explosión.

―¿Qué sucedió? ―dijo a punto de reír.

―No importa, se me antojó más comida tailandesa…

―Oh, Hermione, por fin algo en lo que no eres buena ―recibió un golpe en el brazo.

―Acabas de perder un rollito primavera por ese comentario, Potter.

. . .

Tras cenar y limpiar la cocina, Harry y Hermione se sentaron en la sala para seguir conversando. El mago estaba muy entretenido, como siempre que pasaba tiempo con su mejor amiga, y en ese momento le pareció que podía estar así siempre. La plática fluía en infinidad de temas, algunos graciosos y otros importantes, luego contaban algo de su infancia y se sorprendían de comprender al otro perfectamente. Ambos fueron niños sin amigos, víctimas de bullying, con la eterna sensación de no pertenecer. Cuando estaban con Ron era imposible llegar a ese punto de intimidad, el pelirrojo interrumpía para hablar de Quidditch o quejarse directamente con Hermione sobre algo. Harry se descubrió no extrañando a su mejor amigo mágico.

Hermione soltó un gran bostezo. Echó una mirada al reloj de la sala ―Merlín, ¿ya viste la hora?

―¡Las cuatro de la mañana! Si no vamos a dormirnos ya, no estaremos listos para Dumbledore.

La castaña se levantó, estirándose. Crookshanks cayó de su regazo y se escabulló por los anaqueles de la cocina.

―¿Tienes una cobija o algo? ―preguntó Harry.

―Sí, varias, ¿por qué?

―Para que no me dé frío en la madrugada ―dijo señalando el sillón.

Hermione giró los ojos ―¿Crees que te voy a dejar aquí a que te congeles? El departamento puede volverse un iglú, incluso en verano. Ya dormimos juntos en Privet Drive, ¿o te molesta volver a compartir cama conmigo? ―lo último lo dijo quedito.

Él soltó un bufido ―Primero me dejaría de gustar la magia, Hermione, en serio.

Obtuvo una gran sonrisa por ese comentario. Apagaron las luces y se retiraron a la recámara de la bruja. Estuvieron otro rato lavándose los dientes y, en el caso de Harry, poniéndose la ropa de dormir; Hermione se mantuvo con el jersey, pero agregó un par de licras que le llegaban a medio muslo para estar más cómoda.

―Pondré la alarma a las nueve. Sólo serán cinco horas, así que debemos dormir ya, no seguir platicando hasta que amanezca.

Harry sonrió, metiéndose a la cama. Las sábanas frescas lo recibieron como un bálsamo. Extendió los brazos para atrapar a su mejor amiga, acomodándose en la delgada cama.

―El colchón de Dudley era más amplio, ¿no? ―susurró Hermione dejándose abrazar por atrás.

―Seguro con su peso lo aplanó como un panqueque…

―Oh, panqueques, buena idea para el desayuno.

―Esta vez yo los hago, ¿de acuerdo? Dejemos que la cocina sea mi territorio.

―Hey, hacer panqueques no es difícil. Harina, huevo y mantequilla. Cualquiera puede hacerlo.

―También llevan leche.

―Claro ―chistó sonrojada.

Harry volvió a reír, enterrando su rostro en la melena incontrolable de Hermione. Subió su mano derecha por la cintura femenina; el brazo izquierdo estaba atrapado bajo su mejor amiga. Intentó concentrarse en dormir, pero seguía muy entretenido en acariciarla y sentir sus tersas piernas pegadas a las de él. Bajó la mano hacia la costura del jersey, pasando sus dedos por el muslo femenino, y la introdujo al calor del vientre de Hermione, encontrando piel que jamás pensó desear tanto. Escuchó una respiración acelerada, creyó que era él hasta que notó que era Hermione quien tenía su corazón latiendo velozmente. Eso detuvo a Harry, ¿estaba excitada o incómoda o molesta o qué? De pronto sintió la mano femenina colocarse sobre la suya y guiar el camino hacia arriba, pasando por su abdomen, hasta que la punta de los dedos de Harry tocaron el inicio de sus senos. Ambos gimieron.

Hermione se giró, cuidadosa de no estirar la piel lastimada de su costado izquierdo, recargándose en el brazo de Harry. Al quedar frente a él, con su mano aún atrapada entre su piel y el jersey, inclinó el rostro para besarlo de nuevo. Harry reaccionó enseguida, apretándola y profundizando el beso, de pronto con la sangre vuelta humo y el cerebro desconectado. Su cuerpo únicamente respondía al de Hermione. Subió más la mano, atrapando un seno bajo su palma. La escuchó suspirar. Él instintivamente alzó la pelvis. Ella brincó al sentirlo tan duro.

Harry deseó poder ocupar sus dos manos, eran apenas suficientes para abarcar el precioso cuerpo que ahora estaba hirviendo junto a él. Movió su brazo izquierdo, cargando con suavidad a Hermione, colocándola sobre su pelvis. Volvieron a gemir. Harry metió la mano recién desocupada por el jersey, trazando la espalda femenina. Mientras tanto sus labios seguían inmersos en el beso más desesperado que habían compartido. Cuando intentó bajar su mano por el costado de Hermione, ella se quitó bruscamente, casi desequilibrándose y cayendo de la cama. Harry alcanzó a sacar sus manos del jersey para agarrarla de los brazos, evitando la caída.

―¿Estás bien? ―preguntó con el corazón en la boca. Seguía estúpidamente excitado a pesar del miedo que lo embargó por el súbito rechazo.

Hermione asintió, igual de agitada ―Lo siento, fue… fue demasiado.

"¿Demasiado qué? ¿Malo, desastroso, incómodo?" Se preguntó Harry, aunque prefirió callarse. Miró aturdido los pezones marcados bajo el jersey de Quidditch, muestra clara de que sus atenciones no fueron tan mal recibidas. Además ella lo incitó a continuar, entonces qué rayos estaba pasando. Quizá lo deseaba física, pero no emocionalmente. Por eso le repetía que eran mejores amigos, porque ellos no hacen ese tipo de cosas… ¿verdad?

―Harry, respira, no hiciste nada malo ―le dijo con una media sonrisa.

El moreno frunció el ceño ―¿Ah, no?

Hermione le dio un suave empujón, consiguiendo que volviera a acostarse, luego ella se deslizó sobre él, como un manto increíblemente seductor. Harry desvió la mirada al techo, demasiado consciente del problema entre sus piernas y que ahora estaba clavado en el vientre de su mejor amiga. Intentó relajarse, pensar en Snape o algo así para perder la erección, pero fue imposible.

―Debemos hablar.

Oh, no. La miró preocupado. Aquí es cuando le decía que no quería nada con él. Joder, ni siquiera Harry estaba seguro de querer algo más. ¿Qué pasaría con su amistad, se eliminaría para dejar sólo una relación física y cursi? Eso funcionó para perder la erección. Le daba asco pensar que Hermione y él terminaran en algo tan patético y vacuo a comparación de la increíble relación que tenían ahora.

―Mañana cuando se vaya Dumbledore, ¿te parece? ―continuó Hermione, ajena a sus demonios.

Harry asintió lentamente. Comenzó a moverse para darle espacio, pero ella colocó la cabeza en su pecho, acomodándose para dormir. Su cadera se deslizó un poco hacia el colchón, así que subió la pierna para hacer contrapeso. Harry sintió el muslo de su amiga quedar encima de su pelvis, y mágicamente tuvo otra erección.

Iba a ser una noche muy larga.

Notas:

Gracias por leer, espero sus comentarios.

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