LUEGO LLEGÓ EL AMOR
.
.
.
Después del viaje de una hora, al fin llego a mi destino. Takayama.
-¡Qué bien se siente! – digo entusiasmada estirando mis brazos. Como tuve algunos pendientes en la mañana, mi salida la programé para las tres. Él sol seguía en su apogeo y con un bonito sombrero y lentes oscuros me protejo de tan caluroso clima.
-Bueno, en marcha. A ver... - Observo el mapa junto al anden. Caray, la ciudad es muy pequeña, más bien parece un pueblo rural. Ahora que recuerdo, de niña acompañaba a mamá a una tienda conocida cerca de aquí, siendo el único lugar donde podía encontrar algunos productos personales muy buenos a mitad de precio. Sin embargo mi mente esta bloqueada y no se por donde empezar. ¡Rayos! la única manera es preguntar.
Camino más de la cuenta alejándome de la estación y no logro divisar a ningún oficial ¿Qué hago? Ni siquiera he recorrido casi nada y ya me siento cansada. Me desplomo en la primera banca que encuentro y suspiro fatigada. ¿A quien se le ocurrió venir hasta aquí? A mi, por supuesto. Y si mejor regreso y me resigno a quedarme con mamá. ¡No! no me voy a dar por vencida, a penas es el comienzo de mi búsqueda. Al levantar la mirada, me percato que me encuentro en un pequeño parque, hay muchos arboles que protegen del calor abrasador. Cierro los ojos un momento al sentir la fresca brisa en mi cara.
-¿Estas perdida, cariño?
-aaaaaaaa - ¿pero quién? una señora menuda se encuentra al lado mío. Cielos, es tan pequeña.
-Lo siento, jovencita. Discúlpame si te asusté.
-No se preocupe señora, solo me tomo desprevenida - Si como no, me dio un susto tremendo, ¿de donde habrá salido? que no la vi.
-Nunca te había visto por aquí ¿estás de visita?
-Bueno, algo así - por alguna razón no quise decirle a lo que vengo. Nos quedamos en silencio un rato.
-¡Ah, ya se! Vienes a ver a tu novio.
-¡Queee! No, no. No tengo novio, señora.
-Oh, es una verdadera pena. Una jovencita tan bonita como tú y sin novio. Que les pasa a los muchachos de hoy en día. Los hombres pueden llegar a ser demasiado ciegos.
Una gotita de sudor se resbala por mi frente, si supiera que por el momento de hombres no quiero saber. El silencio nos invade nuevamente, únicamente el sonido de las cigarras se escucha a nuestro alrededor.
-No desaproveches ninguna oportunidad, el que estés aquí no es ninguna casualidad.
-¿eh? – pero, porque de repente me habrá dicho eso.
-¡Abuela!
-Oh, Ryo, cariño. Aquí estoy.
Un chico muy guapo se va acercando hacia nosotras.
-Abuela, al fin te encuentro. Mamá está preocupada.
-Ay hijo, ya sabes que me gusta pasar el rato en el parque. Es tan tranquilo y mira, acabo de conocer a una hermosa chica. ¿Uh? Pero que modales los míos. Por cierto linda ¿cómo te llamas?
-Soy Kyoko. Kyoko Inaba.
-Mucho gusto, soy Akiko Murakami. Y él es mi nieto, Ryo.
-Hola, mucho gusto y una disculpa si mi abuela te causo alguna incomodidad.
-No, para nada. El gusto es mío.
-Creo que ya es tiempo de retirarme, linda. Si no tienes a donde ir te invitamos a cenar ¿Qué dices? A mi nieto le tocó hacer la cena y he de decir que es un excelente cocinero.
-Abuela - le dice el muchacho con un sonrojo en su rostro que me pareció tan adorable.
-Me encantaría pero creo que será en otra ocasión. Tengo algo de prisa, estoy buscando un lugar en especifico y no sé dónde empezar a buscar.
-¿Me permites?
Sin dudarlo le entrego el papelito que sostenía en mis manos. Al verlo, su expresión denota sorpresa pero de inmediato cambia su semblante.
-Estas de suerte, está de camino a nuestra casa, si gustas te podemos llevar.
-¿En serio? ¡Muchas gracias!
Mientras caminamos, no puedo evitar suspirar en silencio, este joven es muy atractivo. Tiene el cabello negro, ojos azules, es alto y huele rico ¡Ay, pero que te pasa, Kyoko! acordamos que nada de hombres. Estate tranquila con esas hormonas, mujer. Acuérdate del inútil de Hiroshi. Tienes veintidós años y ya no eres una adolescente. Te pareces a Miki.
-Tu abuela es muy rápida a pesar de su corta estatura - le comento para distraerme.
-Es porque a ella le encanta hacer ejercicio y comer sanamente – Me dice sonriendo. ¡Por kami sama! tiene una sonrisa de ensueño.
-Disculpa que me entrometa pero ¿conoces a la persona que vive allí?
-No, la verdad es que estoy buscando un lugar donde vivir y después de buscar hasta por debajo de las rocas, esta fue la más aceptable.
-Ya veo.
-¿Por qué? ¿Ocurre algo malo?
-¿Eh? No, nada. Es solo que es una persona muy solitaria.
-¿Le conoces?
-Solo lo saludo de vez en cuando. Es algo misterioso, pienso que no le agrada la gente. No lo digo para asustarte ni nada por el estilo.
-Estás hablando con alguien que ha convivido con lo sobrenatural y el peligro desde niña, ya estoy acostumbrada – Sonrío guiñándole un ojo.
-Que tanto hablan jovencitos que no me incluyen en su plática.
-Nada abuela, cosas de fantasmas. Hemos llegado. Tienes que subir esa colina, no se ve tan empinada como parece.
-Muchas gracias por su ayuda.
-De nada. Bueno, aquí nos despedimos. Aunque creo que nos estaremos viendo seguido. Mira, nuestra casa es aquella, la primera de todas por si gustas ir a visitarnos si es que decides quedarte.
-No dudes que lo haré. Adiós, hasta luego señora.
-Hasta luego, cariño.
Los veo alejarse poco a poco. He de confesar que Ryo me deslumbró, es muy apuesto y educado. En fin, a lo que vengo.
¡Al fin! ¡Qué interminable! Creo que necesito acondicionamiento físico. Que le habrá picado a este sujeto por vivir aquí, o mejor dicho que me habrá picado por elegir este lugar para vivir. De inmediato me retracto lo que dije. ¡Tiene una vista esplendida! Contemplo el tono rojizo y anaranjado del atardecer, el sol esta ocultándose en el horizonte y el pueblo parece una maqueta en miniatura. Que maravilla. Sin demorar, me encamino a la puerta y toco el timbre, espero un momento y nada, tal vez no escuchó. Toco por segunda vez, espero unos segundos y nada. Dame paciencia, kami. Vuelvo a insistir por tercera vez y... nada ¡pues que se cree esta persona! vuelvo a tocar una y otra vez. La paciencia no es una de mis virtudes.
-Quien osa tocar así el timbre. Me costó un ojo de la cara para que alguien venga a descomponerlo.
Me quedo inmóvil ante el hombre que sale como si nada, con el torso descubierto y bien formado, con tan solo una toalla enrollada en sus caderas… ¡¿Pero qué le pasa?!
-¡Tápese! ¡Sin vergüenza! ¡Que se cree en salir de esa manera!- le digo toda roja tapándome los ojos. Sí que soy una pudorosa.
-Óigame pero si vivo aquí, además estaba tomando una ducha, escuché el timbre y no me dio tiempo de vestirme. Y… ¿se puede saber a qué viene?
-¡Como que ha que vengo! ¡Vengo por lo del anuncio! – Aish, menudo tonto.
-¿Era hoy?
Un momento, su timbre de voz me parece tan familiar, esa cara de tonto que hace al no recordar nada y esas grandes cejas. Noto también que en su mano izquierda que sujeta el nudo de la toalla trae puesto un guante. No puede ser. Acaso él es...
-¿Nube? – Mi voz sale en un susurro. Su rostro muestra una expresión entre duda y sorpresa.
-¡Soy Kyoko! ¿No me recuerdas?
-¡Kyoko!
No puedo evitar derramar unas lágrimas, siempre le he tenido un gran estima a Nube desde niña así que sin pensarlo me lanzo a sus brazos y lo abrazo.
-¿Kyoko? ¿En serio eres tú? ¡Qué sorpresa! - Me dice abrazándome más fuerte. Río ante su acción pero me percato que está en paños menores y me ruborizo al instante separándome de él.
-Claro que soy yo, tonto, quien más si no. Oye ¿no puedes ponerte algo de ropa?
-Uy, qué carácter. Sigues siendo la misma niña enérgica y mandona que conocí.
-¡No soy una niña!
-Jajajajaja… pero pasa. Así que tú eras la chica que me habló ayer.
-No puedo creer que hayas estado aquí todo este tiempo – entro ignorando su comentario - ¿Qué has hecho?
-Las preguntas para después ¿no quieres que te enseñe la casa? A decir verdad, jamás imaginé que alguien se interesaría en esto de compartir pero como vez estoy escaso de dinero.
-Ya me lo suponía. No cambias.
-Oye, el dinero escasea cada vez más. Por cierto, me alegra que seas tú la interesada, quien sabe con qué fulano me hubiera tocado.
-Ni hablar.
-Enseguida vuelvo. Siéntate, estás en tu casa.
-Gracias.
Desaparece por las escaleras y me dedico a observar el lugar. Tiene una salita muy bonita y acogedora. Enfrente hay un ventanal que permite ver el panorama en la parte de atrás y diviso un pequeño lago a lo lejos. Al lado hay una repisa con algunas fotografías, con nostalgia veo que somos nosotros cuando estábamos en primaria. Qué tiempos aquellos… Qué raro, no hay ninguna de Yukime o alguna otra mujer, eso me da a entender que no está viviendo con nadie.
-Disculpa la tardanza.
-Descuida. Oye Nube y ¿cómo es que conseguiste esta casa?
-Aunque no lo creas, tengo una cuenta de ahorro. Toda mi paga se iba allí por eso es que andaba sin dinero.
-Y ¿porque desapareciste tan de repente dejando la escuela? ¿Y…Yukime? - le pregunto con cautela. Su rostro en seguida se pone serio.
-No quiero ser grosero Kyoko, pero eso es algo que no me apetece hablar.
-Ya, ya, no te pongas melodramático. Mejor enséñame el lugar – Aunque muy en el fondo deseo saber.
-Claro, sígueme.
Y fue así que empezamos con el recorrido. No es muy grande pero es perfecta para dos. Sabía que Nube podía llegar a ser tan desordenado pero me sorprendió ver que estaba limpia y ordenada, a excepción de su habitación que abrió por error. Ay Nube, nunca cambiaras…
Continuará…
Ay pero que tristeza, ya me lo temía, no hay nadie en estos lares, solo una persona ha leído esto, en fin… aun así seguiré publicando, la verdad que quiero plasmar esta historia, no importa si no hay vistas o reviews :C
Hasta la próxima.
