N/A.
Bueno, aqui esta completa la segunda parte. No se si os continuará gustando, yo espero que si. Como siempre, habrá faltas de ortografia, lo siento mucho XD. el tercer capitulo tardaré algo más de tiempo en escribirlo, ya que me voy unos dias con mis danas, itachi, kakuzu y un nuevo grupo de akatsuki XD. prometo tener el capitulo lo antes posible!
Una vez más se lo dedico a mi dana original (kiwi) y a mi nidana, o al dana qdel pasado que ahora me cuida ( mattdreams). sobre todo a este último que me está soportando y enseñando como usar la paguina para añadir capitulos y demas cosas ^^U.
Bueno, no hablo más XD, comentadme lo que querais, y si quereis aportar alguna nueva forma para mejorar mis fics estoy encantada de escucharos ^^. Gracias por leerme!
Silencio.
Eso es lo que había perdido hace 3 años.
El pequeño rubio de ojos azules había crecido en la guarida. Al principio no daba mucha guerra. Pero sin poder evitarlo se habían sumado pequeñas responsabilidades día a día. No eran muchas, pero le molestaba tener que hacerlas. Comprar nueva ropa, responder a sus preguntas, comprar más ropa, responder a más preguntas...
-Vale a lo mejor no es tanto, pero no puedes hacerlo tú?
-Es tu mascota Sasori, no lo pienso cuidar por ti.
-Pero tú eres una chica, seguro que puedes hacer de madre de vez en cuando.
Nunca más volvió a molestar a Konan. Aquella conversación provocó tal ira en esa mujer que todo Akatsuki pagó las consecuencias. Entre todos cuidarían al pequeño Deidara y se encargarían de sus propias habitaciones. Se había acabado eso de tener una sirvienta en el grupo.
-Buenos días gente! Que hay hoy para desayunar hum?
-Nada….te lo vas a hacer tú solito…así no tendremos que cocinar para ti. Quién le enseña?
-El que inventa experimenta.
-AAA, eso no vale Kakuzu! Yo solo he dicho lo que todo el grupo piensa.
-Como siempre.
-¿? Algún problema eh?
-Yo me encargo kukuku.
-Gracias tío Orochi.
El resto del grupo siguió desayunando, ajeno a las lecciones de Orochimaru.
-De nada pequeño, ya me pagarás algún día estos pequeños favores.
-No tengo dinero, asique dudo que te lo pueda pagar tío.
-Ya se verá, ahora atiende para que la próxima vez puedas hacerlo tú kukuku.
Deidara aprendía rápido. Su mente era como una esponja y absorbía todos los conocimientos nuevos que pudiese.
Con el desayuno ya preparado, se sentó en la mesa junto al resto del grupo. Él ya era uno más en esa organización, aunque muchos de sus miembros aun no le aceptaban como tal.
-He pequeño, no te sientes ahí. Ese sitio está reservado.
-Para quién? Ya estamos todos en la mesa.
-Para el aire, asique bájate.
-Kukuku, veo que no soportas a los niños pequeños Kisame.
- Y por qué debería? Son una debilidad, y encima este es un desagradecido.
-No lo soy hum!
-Está bien Deidara, no te enfades. Ven, siéntate a mi lado kukuku.
De mala gana, el joven Deidara se sentó a su lado. No pronunció palabra mientras desayunaba, deseando acabar cuanto antes y volver junto a su maestro.
Casi atragantado con la tostada, Deidara se levantó dejando los platos en el fregadero, dispuesto a marcharse al taller. Sonriente.
-Enano, tienes que lavarlos primero! Maldito hereje.
-No se puede ser hereje por no lavar los platos hum.
-Pero si por no rezar a Jashin! Mequetrefe! Imbécil! Mocoso! Inútil! Piojo…ggg.
Una vez más Kakuzu estrangulaba a Hidan, mientras continuaba apaciguadamente con su desayuno.
Sin hacer caso, el rubio corrió hasta el taller, cerrando tras de sí con un portazo.
-Niñato! No hagas tanto ruido! Como quieres que te lo diga! Me estás hartando!
-No es mi culpa, estaba escapando de Hidan hum.
-Pues córtale la cabeza, así no podrá correr detrás de ti….y a mí no me molestarás!
-Está bien, pero si luego viene a pegarme será tú culpa hum.
-A mi no me hables así, tenme respeto niñato. Y además, sería tu culpa por no correr lo suficiente.
-Si danna. Sigues con Hiruko?
-Sí, estoy diseñando un nuevo mecanismo en su brazo, para poder lanzar más agujas envenenadas y…a ti qué te importa!
-Jijiji, nada.
Sacando una caja de debajo del diván, el joven Deidara empieza a moldear un trozo de arcilla. Sonriente.
Aquella sustancia le encantaba. Suave y blanda cuando esta húmeda, podía esculpir todo lo que quisiese en ella. Cuando se secaba era dura y lisa, perfecta para exhibir su obra de arte en algún estante de la habitación. Cada vez se le daba mejor, no como el difícil y minucioso tallado de la madera. Él nunca podría hacer marionetas como su maestro.
-No, no me digas que ya estás con esa basura.
-No es basura, es arte!
-Niñato! Eso no es arte! El arte debe ser eterno, y tus estúpidos moldeados se rompen con facilidad!
-Pues tus marionetas también se rompen.
-Sí, por tu culpa. Si no te subieses a la estantería para colocar esa basura no se caerían contra el suelo.
- Entonces constrúyeme una escalera para que no tenga que trepar hum!
-Háztela tú mocoso! Si tienes tiempo para andar jugando con eso, puedes hacer algo útil y crear una a tu gusto.
-No. Estoy ocupado con mi arte, gracias dana.
-Insisto en que si tienes tiempo lo aproveches con algo más útil que esa bazofia. Ven, vamos a entrenar.
-Pero si es muy pronto, aun no son las 10.
-Me da igual, ampliamos la clase de hoy.
Cogiéndole del brazo, Sasori lo arrastraba hasta las afueras del refugio.
Rodeados de un espeso bosque, Sasori continuó con su entrenamiento diario. Primero unas nociones teóricas sobre el arte del ninja. Después la puesta en práctica de lo aprendido. Todos los días eran iguales, Deidara ponía gran atención a la teoría pero a la hora de la práctica siempre tenía dificultades.
Primero, batalla cuerpo a cuerpo. No se le daba demasiado bien, pero al menos se defendía. Lo mejor que hacia dentro de este ámbito era esquivar. Sasori siempre le atacaba con marionetas sin veneno, no quería tener que gastar después un antídoto en su torpe alumno.
-Vas mejorando, cada vez te mueves más rápido, pero aun no es suficiente niñato.
-Sí dana.
Segundo, batalla a distancia. Sin lugar a dudas, era lo que mejor se le daba. Su puntería era extraordinaria, capaz de acertar a un objetivo en movimiento a una distancia de 300 metros. Pocas veces fallaba, y esto enorgullecía a Sasori. Demostraba que no estaba perdiendo el tiempo enseñando a defenderse al joven Deidara.
La tercera parte consistía en controlar el chakra. Continuamente le hacía caminar por los árboles o por el agua. Las primeras veces no conseguía caminar de esta forma, pero poco a poco fue logrando un mayor control. Cuando moldeaba a la perfección su chakra, le hacía combinarlo con los sellos para crear nuevas técnicas de elemento Tierra.
-No, no, no! Lo haces mal! No son esos símbolos, y tienes que formarlos más rápido. El enemigo te matará si tardas tanto.
-Hago lo que puedo dana. Se me enredan los dedos y siempre me lio. No es mi culpa que sean tan difíciles.
-Una vez más.
-Hum.
Era nefasto para este tipo de tarea. Tendría que poner más empeño en su alumno si quería que los manejase decentemente algún día.
-No! Por última vez Dei, mira como coloco las manos.
-Sí, si me sé cómo poner las manos, pero me lio con el orden, no sé mover las manos tan rápido y me acabo golpeando o enredando.
-Está bien, una vez más. Mañana haremos sesión intensiva.
-Sí dana!
La mañana transcurrió rápidamente. Cuando terminó el entrenamiento, Deidara se dejó caer extenuado en la hierba. Se sentía muy contento con su entrenamiento. Pasar todo el día con su maestro era lo mejor para él, aunque fuese de esa manera. Se tenía que esforzar mucho, pero estaba valiendo la pena. Su cuerpo quedó completamente inmóvil por el ejercicio. No podía moverse, aunque si le quedaba energías para un último movimiento. Sonreír.
-Anda, regresamos. Levántate.
-No puedo…no me responde mi cuerpo hum.
Cansado, y subido en la espalda de Sasori, era llevado hasta el taller.
Cuando llegaron al pasillo, Sasori lo dejó en el suelo. No quería que Hidan les viese así.
-Deberías educar a esa mata de pelo!
-Lávate primero la boca y mírate a un espejo. Si tienes algún problema con él, a mi no me hables. Vámonos Dei.
Hidan empezó a gritar y despotricar contra los dos, pero Sasori no perdería el tiempo con alguien inferior. Su paso era firme y decidido. Seguido de cerca por Deidara, llegaron hasta la puerta del taller. Antes de entrar, Sasori lanzó una bomba de humo hacia Hidan.
-QUÉEEE? Cof Cof….me las pagarás! Marioneta Cof de pacotilla. Reza lo que sepas porque voy a gkjjkfjjkdj.
No era capaz de pronunciar una palabra comprensible. Estaba convulsionando en el suelo.
-Jajaja, muy buena dana.
-Ten cuidado porque a ti también te habrá fichado en su venganza.
-No me importa, has visto que patético hum?
-Ya vale Dei, no hay que reírse de las desgracias ajenas.
Era mentira, una gran sonrisa se dibujaba en su inexpresivo rostro. Disfrutaba hacer de rabiar a cualquiera. Y Hidan era un objetivo muy fácil. El joven Deidara también disfrutaba con las peleas de Sasori. Ambos reían en el oscuro taller.
-Bueno, ya hemos tenido suficiente por ahora. Dei, siéntate ahí y cierra los ojos.
-Sí dana jeje.
Sasori sacó un pequeño objeto del cajón de la mesa. Tranquilamente, se sentó a su lado y apartó dulcemente los finos cabellos de su alumno. Enganchando el objeto a su cara, le dio un pequeño beso en la frente.
-Ya puedes mirar.
Sonriente abrió los ojos.
-Feliz cumpleaños niñato.
-Para qué sirve?
-Si pulsas aquí, podrás ampliar tú visión agrandando las imágenes. Es algo así como una lupa muy sofisticada para que me puedas entender.
-Guau! Qué chulo! Muchas gracias dana.
Deidara salió corriendo hacia la ventana, levantando la persiana para poder probar su nuevo regalo. Observó el bosque, cada vez más lejos. Sonriente.
-Pensé que te sería útil. Así podrás mejorar tus técnicas de combate a larga distancia.
Estaba cambiando y lo sabía. Nunca antes había hecho regalos a nadie. Solo a su alumno. Pero no podría nunca admitirlo, debería seguir siendo el solitario y gruñón Akasuna no Sasori.
-"Nadie más que tú verá mi sonrisa. Solo tú que te has abierto por completo a mí, tienes este privilegio" Bueno, no pierdas el tiempo, el gas ya se habrá disipado. Ve a comer algo mientras prosigo con Hiruko.
-Está bien dana, muchas gracias hum!
Dándole antes un fuerte abrazo, Deidara sale corriendo por el pasillo, esquivando el convulsionante cuerpo de Hidan.
-Demasiadas confianzas tiene mi alumno. En fin, veamos cómo puedo mejorarte esto, mi querida marioneta.
Con los brazos extendidos como si fuese un avión, Deidara esquivaba a los miembros de Akatsuki que salían de la cocina. Ellos ya habían terminado de comer.
-Tendrás que hacerte tu propia comida, no ha sobrado mucho de lo nuestro.
-No importa, Tío Orochi me enseñó a cocinar. Ahora me hago algo hum.
- Qué es eso que asoma por debajo de tu flequillo?
- Es una super-lupa! Y con ella podré ver lo que quiera tío Itachi. Tú aun ves?
-Mmm…claro que sí, no estoy tan mal.
-Jijiji, de acuerdo, nos vemos luego hum.
Todos habían abandonado la cocina, menos Orochimaru. Esté se acercó al joven Deidara.
-Kukuku, se te ve muy contento.
-Sí, hoy es mi cumpleaños y tengo un regalo.
-Asique hoy es tu cumpleaños. Vaya, si es cierto que este mismo día viniste empapado de sangre. Bueno, entonces que te parece si yo te doy también un regalo.
-Sí? Tienes algo para mí?
-Seguramente tenga algo en mi laboratorio que te pueda gustar. Ven, vamos a buscarlo.
-Pero, dana dice que no puedo entrar allí hum.
-No pasará nada, vienes conmigo no? yo te protegeré y seguro que no le importa si vas acompañado kukuku.
-Está bien, pero démonos prisa, tengo hambre.
Juntos bajaron hasta el laboratorio. Al principio Deidara tenía miedo de ese sitio. Había muchos más botes y mejunjes que en el taller de su dana. Metidos en frascos, no reconocía a ninguna de las criaturas que allí habitaban. Todo tenía un aspecto tenebroso y moribundo.
Agarrado de la mano de Orochimaru, el joven Deidara exploraba con reticencia aquel lugar.
-Aquí trabajáis los dos? No es un sitio muy agradable la verdad.
-A mí me gusta mucho este lugar. Juntos podemos descubrir cosas muy interesantes. Algún día tú también estarás aquí kukuku.
-No lo creo, a mí no me gusta investigar hum. Bueno, donde está mi regalo?
-Ahora mismo te lo doy, no te impacientes.
Orochimaru llevó al joven Deidara hasta el final del laboratorio.
Había poca luz, pero se podía ver fácilmente una camilla vacía. Aupándolo, lo sentó y empezó a quitarle la camiseta.
-Me vas a regalar una nueva?
-Mi regalo es especial Deidara. Tan especial que lo recordarás el resto de tu vida kukuku.
Prosiguió desnudando al inocente rubio, tirando al suelo sus prendas.
-Tío, así tengo frío hum.
-No te preocupes, entrarás en calor créeme.
En ese instante, empezó a lamer su pequeño cuello. Le agarró con fuerza de los brazos impidiendo que se defendiese por ese acto. Con su larga lengua, fue lamiendo poco a poco todo su cuerpo.
-No! Basta! No quiero tu regalo, déjame ir hum!
Ya era demasiado tarde, y por mucho que gritase, nadie acudiría a salvarlo. Estaba a merced de la sucia y perversa mente de Orochimaru. Sin remordimientos acabó con la inocencia del muchacho, como la vil serpiente que era.
-No ha estado mal. Me he sentido más prieto de lo que esperaba kukuku. Ya puedes irte, pero recuerda que esto será nuestro secreto, al menos claro, que prefieras morir enano.
Tembloroso y dolido, el joven Deidara se marcha lentamente mientras una gran sonrisa de satisfacción se reflejaba en la pálida cara de Orochimaru.
Nunca más volvería a bajar al laboratorio y mucho menos se acercaría a su tío. Deseaba llorar en ese instante, pero si alguien le veía podría enterarse de lo ocurrido.
Por fin llegó a la cocina. No tenía ganas de comer. Estaba revuelto, pero necesitaba quitarse el mal sabor. Husmeando en la nevera encontró un poco de leche. Cerró la nevera sin cogerla, le daba asco tan solo mirarla.
-Te estás tardando demasiado niñato. Ven, el líder ha convocado una reunión. Tienes que quedarte en el taller.
Frotándose los ojos, asintió y se colocó al lado de su maestro. Sonriente.
No pronunció ninguna palabra por el camino. Era extraño, normalmente ya habría soltado alguna tontería. No sabía que era, pero algo no iba bien con su alumno.
-Ven.
Aupándolo hasta la mesa, Sasori empezó a mirarle a los ojos. Estaban acuosos. Suspirando, apartó el flequillo de su cara.
-Qué ha pasado? Te has encontrado con Hidan?
-No.
-Entonces?
-Nada.
-Nada. No tienes nada más que decirme?
-No.
-No tengo tiempo para perderlo contigo enano, asique dime que te ocurre o me voy a la reunión.
- Yo…yo…no me pasa nada.
Mentía, pero por alguna razón no quería decírselo. Qué le estaría ocultando?
Enfadado por su silencio, Sasori lo zarandeo, provocando que gritase de dolor.
-No seas tan exagerado niñato, apenas te he hecho nada!
-Para! No me toques!
-Qué no te toque? Dime ahora mismo qué es lo que está pasando o te mató.
Las lágrimas recorrían su rostro. El fino escudo que había creado se rompió tan fácilmente como su arte.
-Tío Orochi…me…ha prohibido que te lo diga. Él…me…me ha…
Su fina voz se quebró al tiempo que terminaba la frase.
Lentamente Sasori levantó su camisa descubriendo los arañazos y mordeduras de su cuerpo. La ira recorría su artificial cuerpo. Como se atrevía a tocar a su alumno de esta forma. No tenía ningún derecho.
Colocando a Deidara en el diván, le susurró.
-No te preocupes Dei. Haré que lo page. Nadie toca mis cosas sin mi permiso. Espérame aquí, cerraré con llave para que nadie entre, te lo prometo.
-No! No se lo digas, me matará si se entera que lo sabes!
-No si yo puedo evitarlo, esa sucia serpiente debe saber quién manda en este grupo.
-Pero!
Posando su mano en la cabellera rubia, le despeluchó al tiempo que formaba una leve sonrisa.
Debía acudir a la reunión. Allí podría cantarle las cuarenta a Orochimaru si decía algo irritante. Y si no, a la salida, fijo acabaría con su estúpida risa.
-Aguanta como un valiente. Como yo te he enseñado, no tardaré mucho Dei.
Tembloroso, asiente lentamente mientras se tumba de costado en el diván. Confiaba en su amigo. Siempre lo había hecho, por qué iba a ser distinto esta vez? Más que nunca le necesitaba.
Lentamente cerró la puerta de su taller, mirando por última vez el rostro de su alumno. Se esforzaba por mostrarle una leve sonrisa a pesar el dolor que tendría en su pequeño cuerpo. Sin lugar a dudas pagaría por lo que había hecho. Con paso apresurado, se dirigió a la sala de reuniones.
Todos estaban en sus correspondientes sitios. Incluso su ahora aberrado compañero. Cuando Sasori tomó asiento, el líder empezó a explicarles el motivo de la reunión. Debían empezar a capturar a los jinchurikis, para ello recorrerían los distintos países.
Sasori no escuchó nada más de aquella reunión. Solo tenía ojos y oídos para su compañero, pensando de qué forma podría arrinconarlo. La verdad es que no iba a ser una tarea fácil.
Orochimaru se dio cuenta de que estaba siendo acosado por las miradas de Sasori. Comprendió rápidamente que el pequeño muchacho había cantado.
-Y eso es todo. Alguna pregunta?
-Yo no entiendo para qué demonios queremos a esos bichos. Este plan es una mierda líder, y tú un imbécil.
-Nadie tiene algo que decir?
-Y me ignora…bua, mientras pueda seguir haciendo sacrificios supongo que es suficiente. Cómo pedir más a una organización tan cutre?
-Hidan cállate!
-Qué te ocurre Sasori, te encuentro más ausente de lo normal en esta reunión kukuku.
-¡! Sabes perfectamente que me ocurre.
-Basta, no quiero peleas. Hidan siento que no entiendas el cometido tan importante que lleváis sobre vuestras espaldas. Sasori, qué te ocurre?
-"Si saco el tema delante del líder, seguramente no pueda atacar después a Orochimaru. Debo mantener las apariencias como siempre"
-Dice que sé lo que le pasa, quizás tenga que ver con la pequeña reunión que he tenido hace un momento con el joven Deidara kukuku.
-"Maldita serpiente! Se me ha adelantado. Eres muy listo escudándote tras el líder"
-Es eso lo qué te esta rondando por la cabeza Sasori? Qué es lo que ha pasado?
-Nada que deba distraeros líder.
-No, está bien. Contadme que ocurre. Me gusta que mi grupo esté lo mas unido posible y si para ello puedo ayudar no será ninguna distracción.
-Verás, antes de subir a la reunión he disfrutado del cuerpo del rubio y creo que eso le ha molestado a mi compañero, aunque no entiendo por qué, la verdad.
-Entiendo.
-Cómo que entiendes? Y te parece normal? Orochimaru no tenía derecho a tocarle. No es su juguete, si no el mío.
-Entonces deberías haber cuidado mejor de tu mascota. Además, ya te ha durado mucho tiempo tu capricho. Y como bien dije en su día, es él quién lo heredará cuando te canses de jugar Sasori.
-Sí, pero aun no me he cansado. Exijo que me page lo que ha hecho.
-No. Yo no veo que haya hecho nada malo. Solo está empezando a tomar posesión de lo que es suyo Sasori. Tienes que aceptar que ese niño debe acabar como un experimento más. Cuanto antes lo aceptes, mejor será para todos.
Pronunciando esto último, toda la organización fue abandonando lentamente la sala. Todos pensaban que la cosa no quedaría así, pero la palabra del líder tenía que prevalecer por encima de todo.
-Puede que hoy te hayas librado, pero ten por seguro que obtendré mi venganza Orochimaru.
-Estaré esperándote Sasori, pero mientras tanto disfrutaré de la nueva compañía de aquel adorable joven de dorados cabellos kukuku.
-Ni se te ocurra!
-Entonces date prisa en encontrar una solución al problema kukuku.
Victorioso, Orochimaru dejó solo al peli-rojo en la sala. Sabía que tarde o temprano el conflicto llegaría, pero mientras eso no aconteciese, disfrutaría haciendo de rabiar a su compañero.
-No puedo permitirlo. Dei no aguantará una segunda vez. Ni yo tampoco lo soportaría. Debo alejarlo de él. Sea como sea.
Furioso, emprendió el camino de regreso a su taller, parándose enfrente de la puerta.
-Serénate, Dei te necesita, ha estado solo todo este tiempo. Debes comportarte.
Un leve chasquido sonó, abriéndose poco a poco la puerta. Asomando la cabeza comprobó que seguía en el taller, sano y salvo.
-Dana?...dana!
Saltando del diván, corrió hasta su preciado amigo dejándose caer por completo en sus brazos.
Sasori le agarró fuertemente, mientras acariciaba su larga melena. Juntos volvieron a sentarse en el diván, sentándolo encima suya.
-No! Dana…no.
-Tranquilo, no voy a hacerte nada Dei.
Rápidamente le sentó a su lado, sin dejar de abrazar su pequeño cuerpo.
-Todo está arreglado. No volverás a ver a Orochimaru. Tranquilízate.
-Gracias, pero, seguro no me matará? Ni volverá a hacerme eso?
-No. Te lo juro por mi arte Dei, nunca lo permitiré.
Sintiéndose protegido, el joven Deidara se abrazó a su maestro, hundiendo su rubia cabeza en su núcleo.
Poco a poco, Sasori consiguió que ambos cuerpos descansasen tumbados. Sujetaba con ternura el tembloroso cuerpo de su alumno, aun atormentado por los sucesos.
Pasó mucho tiempo hasta que el joven Deidara se quedó dormido abrazando a su compañero. De vez en cuando se oían sollozos.
-Está decidido. Es por su bien. Dei…despierta…Dei…
Su voz era suave. Entre abriendo los ojos el joven Deidara levantó la cabeza para buscar el brillo de las velas en los ojos de su preciado amigo.
-Dei. Ven, tenemos que irnos.
-Eh? A dónde? Tengo sueño.
Levantando el pequeño cuerpo, Sasori lo abraza al tiempo que juntos se esconden en el interior de Hiruko.
Así, marchan lejos. Era el viaje más largo que jamás había hecho el joven rubio. Por el camino, Sasori le explicó que tenían su primera misión juntos. Debían viajar hasta el país de la Roca. Una vez llegasen, Deidara debería infiltrarse en una familia para recabar toda la información posible sobre ese país.
-Guau, de verdad el líder confía tanto en mí?
-Sí, pero estarás solo Dei. Yo tendré que volver a la guarida. Tendrás que usar todo lo que te enseñe. Cuando tengas suficiente información, volveré a recogerte. Entiendes?
-Sí, cuenta conmigo dana, no te fallaré, ya lo verás hum!
-Lo sé, no me has fallado durante todo este tiempo. Ahora calla, vamos a infiltrarnos.
Deslizándose como una sombra entre las murallas, Hiruko penetró en la villa oculta de la Roca sin ser visto. Recorrió varias calles antes de seleccionar la que parecía una familia tranquila y cariñosa. Debía elegir bien.
Hiruko se abrió por la mitad, dejando que Sasori saliera con el joven Deidara todavía en sus brazos. Acerándose a la puerta, le depositó en el suelo y le dio un pequeño golpecillo en el mentón.
-Haz lo mejor que puedas Dei. Y recuerda que más importante que la misión, es que tú permanezcas con vida.
-Sí , dana!
Hinchando sus pulmones de orgullo, el joven rubio permanecía parado frente a él. Denotaba gran valor al aceptar de esa forma la misión, y la repentina separación del equipo formado hace 3 años. Sus ojos brillaban más azules que nunca, iluminados por la luz de la luna. Aun le quedaba inocencia en su esbelto rostro. Siempre sonriente.
Sasori asintió y volvió a introducirse en Hiruko, marchando entre las sombras. Deidara ya no podía verle, pero nunca dejo de mirar en la dirección en la que su maestro se marchó. Al igual que Sasori guardaba con sumo cuidado en su memoria, la última vez que vio la cara angelical de su alumno.
El trayecto a casa se le hizo eterno.
Por fin llegó a las dependencias de Akatsuki. Lentamente entró en su taller.
No estaba cansado, pero su cuerpo se movió involuntariamente hasta tumbarse en el diván. Estaba acostumbrado a pasar la noche pensando mientras Deidara dormía con él.
Frío.
Esa noche hacia frío. Un frío que se clavaba profundamente en su núcleo, al no percibir más el calor de su pequeño alumno.
Enfurecido consigo mismo por abandonar a Deidara, igual que fue abandonado él por sus seres queridos, se levantó y empezó a tirar todo por los suelos. Cogiendo con los hilos de chakra la mesa, la lanzó contra la pared. 2 de las 3 estanterías chocaron entre sí. Le daba igual que sus marionetas cayesen al suelo. Se dirigía a la tercera estantería cuando se paró súbitamente.
Había pisado un objeto. Lo recogió con sumo cuidado, volviéndose a acostar en su vacio diván.
Abrazándolo fuertemente contra su núcleo, empezó a sentir un leve calor. Nunca sería lo mismo que su alumno, pero ambos tenían algo en común. Nunca más volverían a verle.
A partir de ese día, todas las noches durmió abrazado a Tedy, el osito de peluche de su amado niñato.
Solo, en aquella sala, en la más profunda oscuridad y envuelto por el insoportable silencio.
