Bueno un nuevo capítulo de la historia. Más o menos tendrá unos 10 y ya estoy trabajando en el quinto. Pido un poco de paciencia porque quiero hacerlo tal y como lo veo en mi mente y eso a veces cuesta. Quisiera agradecer de corazón la visita de aquellos que me leéis y me seguís en muchas de mis historias y a los que os pasais sólo de casualidad. Gracias tambien a mionecita,LiRose Multicolor, andromedarw y Ely-Barchu por los reviews del capítulo anterior. Por supuesto nada de eso me pertenece ni saco dinero de esto...

Capítulo 2: Discusiones.

Ron Weasley caminaba silbando por el Callejón Diagon al salir de trabajar. Se iba parando cada vez más inconscientemente en frente de tiendas de ropa para bebé. En parte esto se debía a que quería comprar un traje de los Chuddley Cannons a su recién nacido sobrino, y en parte se debía a que estaba deseando tener que comprar kilos y kilos de ropa de bebe para su hija. La pequeña Rose. Ron todavía no le había comentado a Hermione cómo quería llamarla, ni que quería que fuese niña. Si apenas lo sabían con certeza ninguno de los dos. A pesar que hacía un par de semanas que Hermione tenía esa sospecha, aún no habían recurrido a ningún método para confirmarlo. Hermione había estado liada con el reciente ascenso a la oficina de Ley Mágica y con el nacimiento del pequeño James. De todas maneras, aunque no le hubiese dicho nada a su mujer a cerca del nombre que él deseaba para su hija, sabía que Hermione no pondría ningún tipo de problema, a no ser que pretendiese llamarla Bonifacia Helena o tal vez, Lavender. Ron rió con ese pensamiento en la mente mientras seguía caminado por el Callejón Diagon mirando los escaparates que empezaban a cerrar y mientras se acercaba al Caldero Chorreante. Principalmente iba a hacerle una visita a Hannah, ya que hacía mucho tiempo que no la veía, cosa que le recordó Harry al comentarle que ella y Neville se habían pasado el fin de semana para conocer a James.

Cuando el pelirrojo abrió la puerta del bar se encontró con una sonriente Hannah y el local prácticamente atestado de gente. Desde que ella había tomado las riendas de aquel empleo, todo estaba mucho más limpio, era más acogedor, agradable. Se había convertido en un hotel-restaurante familiar de los más cotizados dentro del desarrollo turístico mágico de Londres. Poco o nada quedaba ya de aquel lugar de paso hacia el Callejón Diagon en el que se transformó cuando estalló la guerra y que tanto daño hizo al negocio entonces regentado por el pobre Tom. Ahora, Hannah tenía trabajando para ella a tres o cuatro camareros más o menos fijos más los camareros extra que pudiese llamar para los fines de semana o la temporada alta, y dos o tres cocineros todos ellos excelentes profesionales. La muchacha, según tenía Ron entendido vivía en el piso más superior del edificio junto a Neville, con quien mantenía una relación desde poco después de la batalla de Hogwarts y la celebración de los funerales. Para Harry, Ron y Hermione, aquella noticia les pilló de sorpresa pues no habían estado presentes en el desarrollo de la relación durante el durísimo séptimo curso de los dos chicos. Ron se sentó en un taburete en la barra y saludó a Hannah sonriendo.

-¡Qué alegría verte por aquí!- Respondió la joven.- Hacía ya un tiempecillo que no nos veíamos.

- Por eso he venido. Dije esta tarde: ¡A ver qué trama últimamente Hannah! Y aquí estoy.- Repuso el chico haciendo reír a su amiga ligeramente.

-¿Qué te pongo?- Preguntó Hannah abriendo los brazos para señalar su repleta barra.- Podrás observar que tengo de todo.- Ron rió. Hannah siempre tan risueña.

- Pues me conformo con una cerveza de mantequilla, gracias, Hannah.

-Marchando. ¿Qué tal está Hermione?

-Bien, supongo que estará en casa. La verdad es que anda algo liadilla. La han ascendido hace poco al departamento de Ley Mágica.- Comentó Ron hinchando el pecho con orgullo mientras Hannah le ponía la cerveza.

-¡Genial!- Exclamó la camarera.- Supongo que estará muy contenta.

-Supones bien. – Respondió el chico.- Ya sabes, cuanta más gente tenga a su cargo mejor.- Añadió riendo.

-Como se entere de que has dicho eso te veo dos meses durmiendo en el sofá.- Ron asintió tomando un trago de cerveza.

-Cierto, mejor corramos un tupido velo sobre ese comentario, ¿de acuerdo?- Hannah sonrió asintiendo.- Por el bien del Status Quo. Cambiando de tema. Tú y Neville, ¿qué tal estáis?

Hannah rió ligeramente mientras vigilaba por encima del hombro de Ron a sus camareros.

-¡Vaya! Te has vuelto un auténtico cotilla.- Ron hizo una mueca haciéndose el ofendido.

- ¿Cómo puedes decir eso, queridísima Hannah?- Preguntó riendo.- Harry me dijo que habías ido a conocer al peque el otro día. A sí que si acaso el cotilla es él.- Hannah rió de nuevo.

- Pues sí, la verdad es que estuvimos viéndole y después me llevó a cenar y…bueno.- Terminó Hannah enseñándole el anillo. Ron abrió la boca sorprendido. ¡Por fin! Por fin Neville se había lanzado. Desde que Ron había visto ese anillo hasta que ahora lo veía en el dedo anular de la mano izquierda de Hannah, habían pasado más de siete meses.

-¡Por fin!- Exclamó Ron sonriendo y levantándose ligeramente de la silla para darle dos sonoros besos en la mejilla a Hannah.- Enhorabuena de verdad.- Hannah le sonrió radiante, una sonrisa que Ron apenas le había visto en lo que la conocía. Ciertamente la chica era alegre y risueña, pero con Neville irradiaba pura y auténtica felicidad.

- Me consta que lo sabías desde hace tiempo.- Ron asintió ligeramente, aún emocionado con la noticia. Si había alguien que había sufrido sobremanera con ambas guerras a parte de Harry, ese era sin duda alguna Neville. Y ya era hora que la vida le devolviera el favor.- Neville me dijo que te pidió consejo. Así que supongo que es a ti a quien he de envenenar por la tardanza.- La seriedad en el rostro de la joven al soltar esas palabras hicieron que Ron se atragantara al tomar un sorbo de su cerveza.- ¡Que es broma!- Dijo Hannah, riendo como una loca ante la reacción de su amigo.

-Ya lo sabía.- Repuso Ron intentando recuperar un poco de su dignidad.- En fin sólo falta que Rolf y Luna se decidan de una buena vez.

-No los vi el otro día con muchas ganas. Están bien como están.- Dijo Hannah. Ron apuró el último trago de su cerveza.

- Me voy a ir, Hannah. ¿Cuánto te debo?

- Hoy estás invitado, pero no te acostumbres.- Respondió Hannah riendo.

-Gracias, futura señora Longbottom.- La chica soltó una risita nerviosa.- Nos vemos.- Ron se volvió a dirigir hacia el Callejón Diagon y desapareció.

Segundos después apareció en medio de su jardín. Cómo no, pensó, justo encima del barro. Ron suspiró. Nunca dominaría del todo la aparición, después de todo. Se limpió lo que pudo en un bordillo y abrió la puerta de su casa. Era una casa de dos plantas con cuatro habitaciones y una gran biblioteca que Ron le regaló a Hermione el día que se fueron a vivir juntos. Fue una forma de chantajearle, pensó Ron con una sonrisa. Entró en casa esperando encontrarse a Hermione, como siempre, en el salón leyendo el libro de turno. Silbando alegremente, dejó las llaves en un cuenco horrendo que Hermione mantenía por alguna retorcida razón que Ron no alcanzaba a comprender, colgó su abrigo y se dirigió al salón.

-Hermione, ya estoy…-Empezó a decir. Sin embargo calló al ver que no estaba allí. A lo mejor aún no había vuelto del trabajo, pensó Ron, pero si así fuera, la chimenea no estaría puesta. Ron miró hacia la chimenea que emitía un calor persistente y agradable. Sin embargo dotaba también a la habitación de un color anaranjado que puso por momentos los pelos de punta al pelirrojo.- ¿Hermione?- Se paró a escuchar y oyó unos sollozos acallados desde la habitación que ellos dos compartían.- Hermione.- Susurró el chico notando con el miedo le atenazaba la garganta. Salió disparado hacia su habitación, subiendo de dos en dos los escalones y casi trastabillándose por el camino. Abrió la puerta de su cuarto de forma brusca y se encontró a Hermione acurrucada en posición fetal con la cara surcad en lágrimas. Ron soltó de golpe el maletín que llevaba y se sentó a su lado.

-Hermione, ¿qué ha pasado?- La joven simplemente hipó y siguió llorando. Ron pudo observarla ligeramente y se percató que tenía los ojos terriblemente rojos, como si llevara horas llorando. Las sabanas estaban revueltas, como las de un insomne que la noche anterior se pasó con el café. Ron necesitaba saber que había pasado. Le iba a dar un ataque como la cosa siguiera así. ¿Estarían todos bien? James, Harry, Ginny, sus padres, los de ella.- ¿Le ha pasado algo a alguien?- Hermione negó, se incorporó de la cama y se abrazó a su marido mientras lloraba y lloraba, parecía que de ella tenía que manar todo el Diluvio Universal.- Cálmate, shh, ya está cariño.- Le susurraba al oído. La verdad y siendo sinceros es que estaba acongojado, pasmado de miedo. Su cabeza era un maremágnum de ideas sin sentido y cada una más absurda que la anterior. Decidió guardarse los temores hasta que Hermione se tranquilizara y le explicara lo que sucedía. Sintió que su mujer se relajaba a medida que él pasaba la mano por su espalda. Minutos después Hermione se separó de su marido. Vio su cara pálida y sus ojos azules que la miraban entre expectantes y asustados. La castaña se limpió las lágrimas con la mano y miró de nuevo a su marido.

-Siento haberte asustado.- Dijo ella sin explicar nada. Ron se la quedó mirando sorprendido. ¿Eso era todo lo que le iba a decir?

- Aún estoy asustado.- Repuso el pelirrojo negándose a quedarse sin una explicación medianamente lógica.- ¿Qué ha pasado?- Hermione suspiró sintiendo cómo las lágrimas volvían a su rostro. La chica bajó la cabeza, pero su marido se la levantó y le limpió un par de aquellas lágrimas.

- No estoy embarazada.- Soltó a bocajarro viendo como a su marido se le desencajaba la cara.

Ron comprendió entonces el porqué de aquellos llantos. Sabía que su mujer había estado tremendamente ilusionada con la idea de tener un hijo. Él también, desde luego, pero el deseo de Hermione se había vuelto casi obsesivo los últimos meses. El pelirrojo la abrazó y le besó el pelo.

-No te preocupes, cariño.- Decía Ron una y otra vez tratando de calmarla. La joven, sin embargo comenzó a hipar y a sufrir convulsiones consecuencia del llanto tan agudo que había estado sufriendo desde hacía unas horas.- ¡Eh, eh!- Dijo Ron levantándole de nuevo la cara para mirarla.- Cariño, por favor, cálmate.- Suplicaba el pelirrojo.- Te va a dar algo.- Dijo asustado agarrándole las mejillas y besándole ligeramente en los labios. La joven asintió y apoyó su cabeza en el pecho de su marido, comenzando a respirar lentamente y dejando de hipar al rato. Ron se limitaba a acariciarle la espalda mientras la chica se calmaba poco a poco.

Tras un espacio de tiempo que Ron no supo discriminar si fue largo, corto o medio, Hermione levantó la cara y abrazó por el cuello a su marido, quedando sentada sobre él. Ron la levantó en volandas y la bajó hacia el salón. Notó que la respiración de su mujer estaba bastante más calmada y se permitió relajarse él también. Por lo menos de momento. Le había decepcionado que no fueran a tener un hijo. Si habían pensado hasta en comprar una cuna ya. Pobrecilla, pensaba Ron mientras le acariciaba el pelo según bajaban. Le había asustado muchísimo ver a su mujer perder el control de esa manera. La tumbó en el sofá y le besó la frente.

-Ahora vengo. Voy a hacerte un té.- Hermione asintió, acurrucándose en el sofá, pero ya sin llorar.

Suspirando, Ron se fue a la cocina y preparó el té. Pensó en llamar a Ginny, pero desechó esta idea al segundo por tres motivos. Primero, Ginny acababa de dar a luz hacía un par de semanas escasas. Segundo, Hermione no se lo había dicho a nadie más que a él y seguro que no querrá contarle a nadie lo que había pasado para no sentirse presionada. Y tercero, porque quería ser él, Ron, el que la ayudara a superarlo. Con una taza de té en la mano se dirigió al salón donde Hermione se había incorporado ligeramente y le sonrió mientras le invitaba a sentarse a su lado. Así lo hizo Ron mientras le daba el té.

- ¿Cómo estás?- Preguntó el pelirrojo poniéndose las piernas de Hermione sobre su regazo. Hermione le sonrió tratando de tranquilizarle, supuso el chico. – Me has metido un buen susto. Pensé que le había pasado algo a alguien.

-Siento haberte asustado, de verdad.- Se disculpó por segunda vez Hermione.- La verdad es que me he puesto algo más histérica de lo que creí que me pondría.- Ron sonrió.

-¿Algo? Pensé que tendría que llamar a San Mungo.- Hermione bajó la cabeza, avergonzada.

- Tenía tantas ganas de estar embarazada.- Comentó Hermione dejando la taza en la mesa.

- Primero, a mí me echas unas broncas monumentales por no poner posavasos y yo debería hacer lo mismo contigo.- Dijo levantándose a por un posavasos y colocándolo bajo la taza de Hermione mientras ésta reía.- Y segundo.- Continuó sentándose en la misma posición en la que se encontraba anteriormente.- No es ni mucho menos culpa tuya, cariño. Tenemos mucho tiempo para intentarlo. No te empieces a obsesionar, por favor. Me parte el alma verte como te he visto hoy.-Hermione se acercó a él y le besó ligeramente la mejillas mientras cambiaba de posición para apoyar su cabeza sobre el hombro de su marido, quien le cogió de la mano. El silencio que les acompañó en ese momento era tan cómodo, que ninguno tenía intención de romperlo. Ron notaba como la respiración de Hermione se estabilizaba cada vez más y parecía a punto de dormirse. Él mismo se empezaba a encontrar en un estado de somnolencia importante cuando empezó a sonar ese trasto infernal que era el teléfono. Tanto Hermione como Ron pegaron un brinco. La chica se estiró por encima de Ron para cogerlo, quedando el pelirrojo atrapado entre el cable del teléfono, su mujer y el sofá con un cabreo incipiente.

-¿Diga?- Preguntó la chica con voz pastosa.- Hola mamá. No, es que nos habíamos quedado dormidos. Ajá. Vale. Sí yo se lo comento. Un beso a papá. Adiós.- Ron bufó mientras Hermione colgaba el teléfono. No soportaba aquel cacharro muggle y no comprendería jamás por qué Hermione tenía uno más pequeño, sin cables y que hacía más ruidos al que denominaba "móvil". Hermione volvió a sentarse en la misma posición.

-Era mi madre. Quiere que vayamos a comer el sábado.- Ron asintió aún algo cabreado.

-Vale.-Gruñó él.- Ya no cojo la misma postura ni aunque se aparezca ante mí con bombillitas alrededor y bailando la macarena. ¡Qué mal me ha sentado!

-Como todo, señor Cascarrabias.- Replicó la chica sonriendo. Ron le sacó la lengua infantilmente.- De todas maneras has llegado más tarde de lo normal.- Dijo Hermione cambiando de tema.- ¿Te entretuvo George?- Preguntó la castaña preocupada de que hubiese sido por Verity. No es que no confiara en Ron. Pero la chica le daba mala espina. Ron no notó este arranque de celos de su mujer y sólo sonrió recordando la felicidad de Hannah.

-No, me entretuve hablando con Hannah.- Hermione suspiró aliviada.- Hacía mucho tiempo que ni tan siquiera me pasaba a saludar y decidí hacerle una visita y ver qué tal le iba todo. También quería preguntar por Neville.

-¿Y qué tal están?- Preguntó Hermione pasando un brazo por los hombros de Ron y acariciándole el pelo.

- No te lo vas a creer pero Neville por fin le ha pedido que se case con él.- Hermione abrió la boca, sorprendida.

-¿En serio? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Dónde se casan? Espero que sea en verano, es todo más bonito. Seguro que es el siete de julio, es cuando empezaron a salir. Se lo tengo que contar a Ginny porque…

-Hermione, cariño, tranquilízate.- Repuso Ron sonriendo ligeramente.- Estás histérica. Casi más que en nuestra boda.- Esta vez, fue el turno de Hermione de actuar como una cría y de sacarle la lengua a su marido. Ron miró su reloj. Las nueve y media de la noche. Y él madrugaba al día siguiente. Mucho. Adam estaba malo y no podría atender las exportaciones como siempre hacía.- Entre unas cosas y otras se me ha pasado el hambre.- Dijo entonces Ron intentado contener un bostezo.

-Yo tampoco.- Dijo su mujer. Ron la miró con los ojos entornados, con suspicacia y de manera mantenida.- ¿Qué?- Preguntó ella algo incómoda.

- Que me juego el cuello a que tampoco has comido nada hoy.- La joven se sonrojó.- ¿Lo ves? Te conozco como si te hubiera parido.- Ron no notó que la cara de su mujer se contorsionaba de manera extraña.

- Bueno, la verdad es que no estaba para pensar si tenía hambre o no.- Le recriminó la chica, con un tono de enfado que pasó de lo más desapercibido para su marido. Ron no objetó nada al comentario de su mujer.

-Te creo, no hace falta que me lo jures.- Dijo él medio bromeando.

-¡No me hagas creer que no te ha decepcionado! – Exclamó la joven denotando por fin su grado de enfado, lo que sorprendió por completo a Ron. Hermione se levantó del sofá dándole la espalda. Ron se incorporó con ella.

-¡Pues claro que ha sido un chasco, Hermione!- Dijo Ron, levantando también la voz.- ¡Te recuerdo que siempre te dije desde un primer momento que quería tener hijos contigo!- Se defendió el pelirrojo. Lo que él no podía llegar a pensar es que eso podría apretar el gatillo de una disputa. Quería hacerle entender a Hermione que todo estaría bien. Pero la chica se encontraba en ese momento dominada por sus emociones y se tomó la libertad de añadir otra bomba más.

- ¡Y me has presionado! – Le echó en cara Hermione mientras se dirigía a la cocina.

-¡¿Qué?!- Exclamó Ron siguiéndola, incrédulo.- ¿Qué te he presionado?- Preguntaba él mientras entraba en la cocina.

-¡Sí!- Exclamó ella. Ron se dio cuenta de que estaba llorando de nuevo. Intentó calmarse, porque supo que si él no lograba mantener la cordura de aquello, la cosa no podía salir bien. Hermione siguió gritando.- Me tenías que haber dicho que no te importaba. Que te daba igual.

- Pero Hermione.- Dijo Ron interrumpiendo la barbarie que su mujer estaba diciendo.- ¿Cómo puedes decir eso?- Intentó abrazarla, pero ella le apartó.- Hermione, siempre, toda tu vida has sido más inteligente y más lista que yo. Resuelves los problemas mejor que yo y siempre sabes salir de todos los líos.- Hermione abrió la boca para interrumpirle.- No, escúchame. Pero eso no significa que tengas que salir tú sola de todos los problemas.- A medida que iba hablando se iba acercando más a ella.- Estoy aquí, contigo. Sé que muchas veces puedo llegar a ser extraordinariamente denso y que puedo llegar a no coger muchas cosas. Y si alguna vez te has sentido presionada por mí o por algo que te he dicho, te pido perdón.- Por fin, Ron logró abrazarla mientras Hermione le echaba los brazos al cuello, llorando amargamente.

-Yo quería estar embarazada.- Decía Hermione entre sollozos ahogados por la camisa de Ron. Él, mientras, le acariciaba el pelo.

-Lo sé. Yo también. Pero ya tendremos tiempo. Cuando llegue, llegará.- Aseguró el pelirrojo mientras se separaba y le limpiaba la cara a su mujer.- Y no quiero volver a verte de esa manera. Si tienes dudas, pues hablamos, joder, que estamos casados.- Hermione rió ligeramente entre lágrimas.- No, en serio, a veces pienso que le cuentas más cosas a Ginny que a mí y que te casaste con el Weasley equivocado.- Agregó el sonriendo. Este último comentario le hizo ganador de una colleja.- Auch.

- No seas tonto.- Replicó ella secándose las lágrimas.- Siento haberme puesto así. Tuve que irme antes del trabajo, porque casi hice llorar a mi secretaria. Pobre Maddie. Le pedí perdón enseguida.- Continuaba Hermione.- Pero consideré que lo mejor era venir para casa. Me tumbé en la cama y empecé a llorar y no he parado desde que llegaste.- Ron le levantó la barbilla para obligarla a mirarle.

-Y no comiste nada.- Hermione negó. Ron le besó ligeramente en los labios.- Pues ahora te voy a preparar un sándwich y nos vamos a dormir, ¿de acuerdo?- Hermione hizo el amago de protestar.- Ni aunque me lances un Confundus vas a conseguir irte sin cenar. No tienes nada en el estómago desde esta mañana. Es una locura.- Ron la dirigió hacia una silla y la obligó a sentarse.- Ni te muevas.- Amenazó Ron mientras preparaba el bocadillo. Se lo puso a su mujer delante mientras él bebí una botella de cerveza de mantequilla. Hermione comió lentamente hasta completar la mitad del sándwich. Lo dejó en el plato y le miró.

-Ron, si como un poco más tendrás que lidiar con una vomitona.- Ron hizo una mueca entre el asco y la exasperación.

- Está bien. Dame lo que te queda.- Hermione se lo pasó y él se lo comió en dos bocados.- Vamos a dormir, que mañana madrugo.- Hermione le miró inquisitivamente.- Adam está enfermo. Tengo que ayudar con las exportaciones.- Hermione se tensó significativamente. Ron supo por qué. Exportaciones significaba que Verity estaría revoloteando a su alrededor y que ambos estarían a solas.- Cariño.- Llamó él.- De verdad que no me interesa ella ni me interesa lo que pueda decirme fuera del terreno profesional.- Llegaron a la habitación y, mientras se ponían los pijamas, Ron observó el rostro crispado de su mujer.- Pero si quieres le digo a George que vaya él.- Ron la miraba mientras se metía en la cama.- ¿Herm?- Ella no respondió mientras se giraba para dormir. Ron suspiró.- No soporto que no confíes en mí con este tema.-Dijo mientras se metía en la cama y le daba la espalda a su mujer.- Ni tampoco soporto que te enfades conmigo por esto. En otras cosas seré un imbécil, pero no lo soy tanto como para dejarte escapar. -Cerró los ojos sin esperar una respuesta de Hermione.

"Ha tenido un día muy duro, Ron."- Le dijo su conciencia con una vocecilla tremendamente parecida a la de Ginny.

"Ya, pero yo también. Vengo a casa y me como dos broncas que no me merecía" Replicaba ahora otra parte de su cerebro. La voz de Ginny volvió a hablar.

"Sí tienes razón, pero tienes que tener en cuenta que Hermione tiene cierto complejo de inferioridad en estos temas."

"¿Qué complejo?" Pensaba Ron perplejo.- "¡Estoy casado con ella!"

"Pero mira que eres pavo" Replicaba la voz.-"Tiene miedo de que un día decidas que no es a ella a quien quieres y decidas dejarla"- Ron suspiró.

"Eso jamás pasará"

"¿Y se lo has dicho a ella últimamente?" Preguntó la voz pesada de su hermana menor. Ron abrió los ojos. Se giró hacia la espalda de su mujer y la abrazó, besándole ligeramente la frente. Se acercó a su oreja.

-Te quiero.- Susurró pensando que ella estaba dormida. No notó que su mujer lloraba ligeramente en silencio pateándose mentalmente por el ridículo general que había hecho en ese día. Inmediatamente se propuso enmendarlo. Por lo menos hoy ligeramente. Porque lo que más deseaba era dormir y que se acabara aquel horrendo día. La joven se giró y quedó acurrucada en el pecho de su marido.

Tras unos segundos ambos se durmieron pensando que, probablemente, el día siguiente sería mejor.

Lástima de error.

Quería explicar el comportamiento de Hermione. Es una mujer que desea tener un hijo y que ve que su esperanza que tan real le había parecido, se desvanece. A parte considero que nosotras, las mujeres, muchas veces sobre reaccionamos…xDDD. Gracias por leer.